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Txetxu Aguado

LA TAREA POLÍTICA
NARRATIVA Y ÉTICA
EN LA ESPAÑA POSMODERNA

   

LA TAREA POLÍTICA, NARRATIVA Y ÉTICA EN LA ESPAÑA POSMODERNA
Julia Otxoa

Hay libros que iluminan nuestra esperanza con poderosas razones, éste de Txetxu Aguado es uno de ellos “La Tarea política, narrativa y ética en la España posmoderna” trata fundamentalmente de la ética como herramienta esencial en la reformulación del espacio político actual, y lo hace elaborando sus reflexiones desde la Filosofía de la Historia y la Literatura. Txetxu Aguado, profesor de literatura y cultura española en la Universidad de Darmouth en EE.UU, comparte la teoría de Claudio Magris, quien sostiene en una de sus obras que: “la historia nos habla de los sucesos, los acontecimientos, la literatura los traduce para la vida , convirtiendo en carne el verbo que los nombra“.

Dentro de este libro dialogan distintos filósofos y escritores como Habermas, Lyotard, Derrida etc. con discursos a veces coincidentes, a veces radicalmente opuestos sobre el análisis de nuestro caótico tiempo y las posibles alternativas para salir del actual estado de cosas. En el texto se analizan además, desde parámetros culturales, sociales y políticos, determinadas obras como “El estrangulador” y “Autobiografía del general Franco” de Manuel Vázquez Montalbán, “Netchaiev est de retour” y “L’ecriture ou la vie” de Jorge Semprún, “El sitio de los sitios” de Juan Goytisolo, y “Temblor” de Rosa Montero.

A veces la razón produce monstruos, y la cultura europea algo sabe de ello, las sucesivas barbaries cometidas en base a una extralimitación de un supuesto y perverso ejercicio racional de liberación de los seres humanos, desde la Revolución Francesa a los distintos regímenes totalitarios desde el comunismo al fascismo etc. ha devenido en la esclavitud cuando no el exterminio de esos mismos seres humanos que se pretendía liberar.

Mirar hacia atrás y ver la devastación producida por las grandes narrativas ideológicas, lleva a considerar al filósofo Habermas que esa desolación moral ha traído consigo la convulsa oscuridad de ahora, el que la Humanidad desprovista prácticamente de cualquier tipo de resistencia haya caído en brazos de un capitalismo atroz, terrible máquina de explotación y muerte extendido por todo el planeta. Frente a ello Habermas defiende la intervención ética para la puesta en marcha de alternativas de mejora de las condiciones de vida en lo individual y en lo colectivo de todos los ciudadanos del mundo. Defiende la utopía, ese hermoso sueño sustentado en principios fundamentales universales como la justicia, la igualdad, la fraternidad, esenciales para todos los seres humanos, especialmente para los de nuestro tiempo, desconcertados, desposeídos de sí mismos, denigrados y transformados, para mayor gloria del neoliberalismo, tan sólo en grandes consumidores.

Es decir, se trataría según Habermas de defender la razón, pero esta vez iluminada por la ética, de tal modo, que las posibles soluciones a los males de nuestro tiempo: desigualdades, hambrunas, barbaries, guerras, terrorismo etc pasaran por el respeto de los derechos individuales con primacía sobre los colectivos, de forma que cada comunidad humana estuviera sustentada en la salvaguarda de los derechos de cada una de las personas que la integran.

Una nueva cartografía de las ideas y la moral en la que las ideas respiren en la percepción sensible de las cosas, sobre la multiplicidad de lecturas de las mismas y sobre la posibilidad de que algunos discursos de la realidad no sean aceptados por el otro y sea preciso ejercer el diálogo, el contraste de ideas para el enriquecimiento y formación de un horizonte más plural, más abierto ágil y efectivo en la consecución de la puesta en práctica de un ideario democrático.

Por el contrario, desde la llamada Posmodernidad Complaciente, el filósofo Lyotard ve las cosas de otro modo, para él los principios de la razón han fracasado y el sujeto que se sustentaba en ellos se ha disuelto en el Gran Mercado del Mundo. Ante ello Lyotard no opta por la intervención, ni por la resistencia ética, no busca propuestas de cambio que acaben con la injusticia, sino que ofrece un extraño tipo de convivencia basada en un discurso peligrosamente relativizador, muy cercano al nihilismo. El establecimiento de sus famosos “Juegos de lenguaje”, sustentados en la no aceptación de la universalidad de los principios fundamentales de fraternidad, justicia, igualdad, libertad etc. sustituyen aquellos por otros consensuados según la conveniencia del contexto en el que se debatan.

La crítica ante esta postura de Lyotard es clara y contundente por parte de Txetxu Aguado, y es que esos peligrosos planteamientos de las reglas del juego posmoderno darían lugar a un sistema de valores en el que determinados grupos de poder, gobiernos o comunidades podrían abolir según les conviniera, derechos fundamentales individuales o colectivos de otros grupos más débiles.

Con esos “juegos de lenguaje”, Lyotard diluye la esencia misma de la palabra, empobreciendo al máximo su origen primigenio, su etimología griega de “parábola”, símbolo y metáfora de comunicación, para sustituir su poderosa capacidad de alegoría por un mero juego táctico dentro de una escenografía de reglas para una partida difusa, en la que la excesiva relatividad de los cimientos que la sustentan, muestra claramente un aniquilador sentimiento de bloqueo y no intervención social de cualquier intento para superar los males del presente.

Nihilismo complaciente y conservador sirviendo de poderoso pilar para un neoliberalismo cada vez más poderoso y despiadado. Los conceptos éticos no parecen entrar en este tipo de conocimiento posmoderno. ¡Qué lejos de esa retórica diletante y vacía el lenguaje creador!, ¡la palabra que sueña y busca la belleza!, ¡la fraternidad con el otro!, ¡el lenguaje que penetra en la oscuridad para descubrir lo inexpresable y nombrar el instante! La palabra como rebelión que no se resigna a designar tan solo las apariencias, que quiere ir mas allá, fuera de sus límites para abrir la percepción y convertir la imaginación en posibilidad. ¡Qué lejos de la utopía y el pensamiento progresista ese palabrerío críptico, convenido, carente de misterio!

Lenguaje como estrategia o lenguaje como vida. La palabra pierde en Lyotard su necesidad poética, para hacerse opacidad intercambiable, objeto, pieza de ajedrez. Vaciado el lenguaje de su capacidad simbólica de sentido, disuelto el sujeto en el gran mercado, ¿quién nombrará el mundo?, ¿quién le plantará cara a la medusa?

La crítica a la Modernidad y el sentido de relatividad acompaña a ambos filósofos, pero mientras que Habermas persigue la utopía dentro de la relatividad temporal que supone todo lo vital, en Lyotard en esa relatividad no hay lugar para la aceptación de universalidad de los principios universales que dibujan la utopía.

Habermas defiende además como posible salida al laberinto en el que nos encontramos, un estado posnacional, en base no a características definidas por identidades raciales, lingüísticas ó étnicas, sino en base a la inclusión del otro, en el acercamiento y respeto hacia lo diferente, de este modo no se uniforma la extrañeza ni se desactiva su contenido de diferencia. Es lo que Habermas llama la construcción colectiva de una comunidad moral.

Frente al sujeto no interviniente de Lyotard se dibuja nítidamente su contrario, el sujeto resistente, la rebelión ética representada en las obras “La Autobiografía del general Franco) de Manuel Vázquez Montalbán, “L’Ecriture ou la vie” y “Netchaiev est de retour” de Jorge Semprún, todas ellas hablan de la importancia de la memoria personal e histórica en la asunción del horror pasado, caso del Franquismo en “La Autobiografía del General Franco” y del internamiento de Jorge Semprún en el campo de concentración de Buchewald en época del nazismo en “L’Ecriture ou la vie” del mismo Jorge Semprún, ambos autores sientan las bases de una sociedad basada en la fraternidad, la solidaridad, la piedad y la comprensión hacia el dolor del otro, aunque el otro sea considerado como enemigo, una sociedad, donde la memoria del pasado solo pueda ser recuperada en el momento que forme parte del bagaje político de todos sus integrantes.

Se habla también en este magnífico libro del problema del bien y del mal, de la crueldad humana a través del asesinato en “El Estrangulador”, novela de Manuel Vázquez Montalban, o del terror y la tortura en las dos novelas de Jorge Semprún “Netchaiev est de retour” y “L’ecriture ou la vie”. De los aparentes paraísos que esconden fríos intereses de grupos de poder en “Temblor” de Rosa Montero o de los flujos de inmigración debidos a la pobreza, o las guerras y de la necesidad de pensar en Occidente un nuevo modo de pensamiento integrador de etnias y culturas distintas, representado todo ello en la obra “El sitio de los sitios” de Juan Goytisolo.

Para terminar decir que este libro de Txetxu Aguado, de obligada lectura para todo aquel interesado en la regeneración ética de lo político, supone una lúcida rebelión frente a un mundo pleno de injusticias, engaños y barbaries, desde unos sólidos planteamientos intelectuales que interrelacionan lo filosófico y lo literario en una lograda simbiosis de responsabilidad y sentido frente a la apatía y la indiferencia,

 

8/08/2004


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Espéculo. Revista de estudios literarios
(Universidad Complutense de Madrid) 2004