La matriz celeste en Jorge Eduardo Eielson*

Claudia Posadas **
cposadas@avantel.net


 

   
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La vida y el arte constituyen un sólo tejido en cuyos anudamientos se purifica (y por tanto se libera para fluir) la corriente que precisamente alimenta existencia y creación, creación y existencia.

Así es el corazón del trabajo de Jorge Eduardo Eielson (Lima, Perú, 1924), uno de los artistas más importantes e innovadores de nuestro continente, un nudo en cuyo centro brilla una esfera de silencio infinito: lo sagrado y su misterio; así es el telar de su actitud estética: la construcción de la vida como si fuera una obra de arte, y la concepción de éste como forma de vida.

Radicado en Milán, Italia, desde hace medio siglo, el nudo es el núcleo donde se entrelaza la multidisciplinariedad de lenguajes de los que da cuenta este creador quien, a través de los puntos de intersección que establece entre su pintura, su poesía, su narrativa, su escultura, el performance, las instalaciones y actos artísticos varios, la música, la ciencia y la vida, se acerca a una especie de red que no es sino una metáfora de la existencia entendida ésta, de acuerdo con el crítico peruano José Miguel Oviedo, “como parte de una experiencia del cosmos”.

Es decir, a través de las interacciones entre los lenguajes que atiende no sólo a nivel formal sino temático, Eielson crea lo que podríamos llamar una matriz celeste (que él ha nombrado “matriz musical”) que no sería sino un espejo de ese “paisaje infinito”, de ese “trabajo azul de las estrellas” al cual pertenecemos como especie.

Asimismo, al igual que el universo teje una red de relaciones dinámicas en constante movimiento para crearse y recrearse, la matriz de Eielson no es estática. Cada lenguaje en que el autor se expresa cumple una trayectoria espiral, es decir, retoma elementos de otros lenguajes y de sí mismos, ya sea anteriores o presentes, los cuales va asimilando sin llegar a una expresión definitiva. Como dice el crítico peruano Julio Ortega, “son nudos y anudamientos de un mapa en construcción permanente”.

Basta observar, por ejemplo, en su quehacer plástico, el desarrollo de su serie Paisaje infinito de la costa del Perú, o la serie de los “Quipus” (que es un homenaje a un sistema incaico para preservar información basado en cuerdas, nudos y colores), la cual descompone en variantes y le agrega partituras y escritos, o reinterpreta al anudar banderas y prendas de vestir (motivo último que en sí mismo conforma otra serie). También, destaca su serie de nudos que lo mismo guardan en su centro una esfera cósmica, o son la alegoría del vuelo áureo en la instalación Homenaje a Leonardo y última Cena (1993), uno de sus trabajos más atendidos en este campo. Un panorama completo de este quehacer puede observarse en el catálogo Jorge Eielson, editado por la Galería de Arte Nicoli Arte Moderna, Parma (344 pp), con motivo de una retrospectiva del artista que tuvo lugar de noviembre de 2003 a febrero de 2004.

En el caso de la poesía, que es el trabajo más conocido en América Latina puesto que su plástica se ha expuesto en Europa, la crítica la ha señalado “como si en ella se compendiase toda la historia de la poesía escrita en nuestro idioma: Gongorismo, clasicismo, misticismo, simbolismo, surrealismo, poesía concreta, visual, poemas objetuales”. Obra complejísima, cuyo cambio radical fue a partir de Habitación en Roma (1952) y Tema y variaciones (escrito en 1950 pero publicado después), puesto que desde Visiones y morada del amor entero (1942) hasta Bacanal (1946), pasando por el poema épico Canción y muerte de Rolando (1943), estábamos ante un poeta más “clásico” y “europeizado” en sus temas, la poesía del autor nunca se repite a sí misma. Como dice Julio Ortega, ésta se encuentra “en el vértigo de lo reciente y la promesa de lo nuevo”. Así, sus juegos de sentidos y rupturas de campos semánticos, transfiguraciones de un elemento en su consecuencia y/o en su opuesto, sus improvisaciones a partir de una escena, su poesía concreta y objetual donde el papel es la materia del poema (poesía incluida en sus libros peruanos de 1960, Canto visible, 4 estaciones, 4 poemas virtuales y papel,) se depuran y reinventan hasta sus recientes libros, Sin título (2000 -en cuyos textos brevísimos se condensan las preocupaciones éticas y estéticas del autor-), Celebración (Lima, 2001), Canto Visible (2002) y Vivir es una obra maestra (Ave del paraíso, 2003), la más reciente y completa reunión de su poesía que acaba de editarse en España.

Nudos “que son sombras / De infinitos nudos / celestes”, “Divinos nudos nacidos / Entre dos manos / Unidas”, la obra de Jorge Eduardo Eielson, por su aporte universal a la visión del arte, merecería alguno de los reconocimientos más importantes del orbe hispánico como el Premio de Poesía y Ensayo Octavio Paz, el Miguel de Cervantes, o el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo.

 

Ha mencionado que a través de los lenguajes en los que se ha expresado, no busca, como concepto intelectual y definitivo, un “arte total” y, como consecuencia, un objeto artístico totalizante- totalitario, sino una exploración de los límites de dichos lenguajes. Es decir, buscaría un “arte total” no como un fin estático, sino como una matriz abierta que los exprese. ¿Cómo es el proceso creativo para lograr estas expresiones? Al mismo tiempo, ¿hasta qué grado esta visión ha sido una alternativa artística frente a las convenciones estéticas, y hasta qué punto ha explorado estas posibilidades? Por otra parte, ¿ha realizado o pensado algunos objetos o unidades artísticas que se acerquen a esta visión? O, en todo caso, ¿en cual o cuáles de sus expresiones considera se ha plasmado esta interdisciplinariedad?

Su pregunta es amplia y tiene muchas facetas. No sé si podré responder a todas ellas con la precisión que me gustaría. Lo que usted dice es cierto, nunca he buscado una forma de arte total. Ésta es una reducción al mismo tiempo reductiva y pretenciosa, que no quiere decir nada. Dejando de lado, con el debido respeto, la utopía romántica de Wagner y Goethe, me atrevería a decir que esa opción hoy se realiza plenamente en el espectáculo. A partir de la ópera y el ballet, hasta los video clips comerciales y los trabajos de Robert Wilson, la multimedialidad es un lugar común para una gran cantidad de sucesos que muy poco tienen que hacer con la exploración artística. Personalmente, lo que siempre me ha interesado es el hallazgo de una suerte de núcleo, o matriz dinámica (como usted muy bien lo ha entendido) que me permitiera expresarme en cualquier lenguaje o código artístico. Para eso, evidentemente, hay que tener algo que decir de propio, cosa de la cual no estoy muy seguro, y además tomar distancia de la historia y de un subjetivismo todavía demasiado prioritario en el campo artístico. Tuve la suerte de crecer en una familia amante de la música y fui amigo de algunos jóvenes compositores que habían estudiado con Monegger, Messiaen y Schoenberg, hacia mediados de los 40. Luego, yo mismo viajé a París, y más adelante me radiqué en Italia. Conocí a Luigi Nono y algo a Luciano Berio. Pero ya antes me había cruzado con los tres Pierres de Francia: Pierre Boulez, Pierre Henry y Pierre Schaeffer, en la época de la música concreta, y después electrónica. Algo más tarde, paralelamente al serialismo musical, descubría el trabajo de John Cage, con su gozosa propuesta aleatoria, y estas dos posiciones, contrapuestas y complementarias, fueron determinantes para el encuentro de mi propia vía. Cuando fui invitado a anudar todas las banderas del mundo en los Juegos Olímpicos de 1972, en Munich, pensé en recurrir al bellísimo “Canto de la Juventud” de Stockhausen, para la fase final de mi performance, cuando quemaría todas las banderas en un gran anillo. Desgraciadamente esto último no pudo realizarse debido a los trágicos eventos terroristas que interrumpieron, por voluntad de los artistas, la parte cultural de la manifestación. Si le cuento todo esto es para decirle que mi búsqueda, o como quiera llamársela, no ha sido sólo una aventura intelectual, sino una instintiva forma de concebir la creatividad como algo inseparable de la vida real. En cuanto a si he logrado algo que se acerque más a esta actitud interdisciplinar, pues bien, primero, yo no aplicaría este término a la creación artística, y segundo, no, no “he logrado” nada. No se logra nada trabajando de esta manera. Es decir, se pueden hacer varias cosas que correspondan a lo que se llama arte, pero no se logra nunca nada definitivo, puesto que se trata de un proceso, si queremos llamarlo así. Éste es el problema con nuestro lenguaje verbal de Occidente, que no posee la infinita gama de matices del oriental, incluida su maravillosa caligrafía, a caballo entre lo visual y lo verbal. Por eso, yo diría que lo que estoy haciendo ahora es lo mismo de siempre. Quizás en un peldaño algo más alto de la infinita escalera, pero es todo.

¿Acaso la música no es la medida
La suma total de cuanto existe
Y nuestra propia vida sólo el sonido
De una orquesta que se afina noche y día?
(...)
(Con nosotros
Nace el ritmo
Que no es tiempo ni sentido
Ni tampoco alborozo
Sino más bien latido
Tambor de piel humana
Que se quema
Huwesoso que no son huesos
Sino vacío
Infinitas flautas
De oxígeno divino
)

¿En qué momento de su trayectoria creativa concibió la interdisciplinariedad, o cómo se fue dando ésta? ¿Podría ubicar un momento de reflexión o revelación, necesidad expresiva en el cual hubo esta necesidad de integrar los lenguajes? ¿Qué lenguaje lo llevó a buscar otro lenguaje o todo ha sido un proceso paralelo?

Desde niño comencé a hacer cosas, no recuerdo cuál primero que la otra, eso no tiene importancia, y he continuado siempre así. El hecho de ser autodidacta, latinoamericano, y de tener ancestros peruanos, españoles, escandinavos e italianos me ha ayudado mucho. Todos los americanos, sobre todo los del sur, que provenimos de culturas más antiguas, nacemos ya multiétnicos y multiculturales. Es decir, somos mestizos, y ésa debería ser nuestra fuerza y nuestro orgullo.

A la par de que se define como artista plástico en esencia, también ha manifestado que su visión integral responde a una “concepción poética” del arte. ¿Es la poesía en sí, o la visión, o ambas, poesía y concepción poética del mundo, el centro y por qué? ¿A qué se refiere con esta visión poética del arte, de la vida?

Para mí, arte y poesía son los dos aspectos de la misma medalla sobre la cual se sostiene todo el fenómeno artístico-creativo. Y no vamos a detenernos, como ya lo observé antes, en cuestiones específicamente ligadas al lenguaje verbal occidental. No sólo no tengo la competencia sino que sería demasiado aburrido. Sencillamente, yo creo en la belleza, así como otros creen en Dios, en la realidad socio-económica o en el demonio. Y cuando digo belleza no me refiero sólo a la belleza formal, artística o natural, sino también a la del puro pensamiento, a la suprema elegancia de algunas teorías físicas y filosóficas y, sobre todo, a la belleza de un corazón puro, generoso, altruista, lleno de amor y compasión por todas las criaturas de este mundo. Desde este punto de vista me considero un privilegiado. Hace ya varias décadas tuve un gran maestro de budismo japonés, de la escuela zen soto, Taisen Deshimaru, que me descubrió lo que realmente era, y además me reveló (esto es lo extraordinario) que ya tenía un verdadero maestro a mi lado, es decir un guía, aunque al mismo tiempo era mi mejor amigo y mi hermano, el pintor Michelle Mulas, como lo fue también el poeta Javier Sologuren, a quien debo mi existencia literaria, pues fue él quien generosamente quiso publicar mis primeros poemas, apenas los leyó. Ninguno de estos seres maravillosos está ya en este mundo, pero yo trato de seguir la senda que ellos me trazaron, y la seguiré hasta el fin de mis días.

En la poesía como en la vida
Lo principal (hay que ser inteligente)
No es lo que se queda
Sino lo que se va
Como amablemente enseña el oriental
Y como felizmente he llegado al final.

Siendo coherente con sus preocupaciones fundamentales, ¿es posible que esta visión integradora sea la manera de plasmar su inquietud de indagar el misterio de la existencia “como un hecho del cosmos”, en el sentido de que una matriz integral, exprese esa necesidad de buscar, mostrar, acercarse, a una matriz del universo (y por tanto a su misterio) en la que caben y se mueven todos los lenguajes?

Pues sí. Mi actitud es una manera de acercarme, muy tímidamente, por cierto, al gran misterio de la existencia y del cosmos. Pero yo no sería tan genérico ni tan solemne. La estructura del universo (que hipotéticamente contiene todos los lenguajes) no es algo que está “allá afuera”. No. Nosotros mismos somos parte del fenómeno cósmico. O sea que éste no puede existir sin nosotros. Por lo menos, en el mundo de lo infinitamente pequeño, esto ha sido científicamente probado, en sucesivos experimentos de mecánica cuántica. Tampoco es un hecho que tiene un principio ni un fin definido. El universo es un continuo acontecer, y si bien conocemos algunas de sus leyes, es seguro que muchas otras nos son desconocidas. Ni sabemos si se trata realmente de “leyes”…

Existirá una máquina purísima
Copia perfecta de sí misma
Y tendrá mil ojos verdes
Y mil labios escarlatas
No servirá para nada
Pero tendrá tu nombre
Oh eternidad

A la par, su poesía en sí tampoco es un hecho estático y en ella ha manifestado el cuestionamiento del lenguaje escrito y verbal. Desde Doble Diamante y Tema y variaciones, la crítica observa exploraciones que, hasta cierto punto (porque en la actualidad las retoma selectivamente en los poemas “escritos”), desembocan en su poesía visual, es decir, en una indagación no sólo del lenguaje, sino de la materialidad del poema. El poema “como una realidad viva”, ha dicho. En primer lugar, ¿qué proceso u hallazgo a nivel de la forma lo llevaron a esta ruptura tomando en cuenta que sus primeros libros eran más convencionales y clásicos? En segunda, ¿en qué etapa se encuentra este proceso? En la poesía escrita, ¿ha llegado a una asimilación selectiva de sus indagaciones? En la poesía visual, ¿hasta dónde se ha desarrollado, la interdisciplina sería la consecuencia de dicho ejercicio? ¿Cómo ve esta parte de su trabajo en retrospectiva?

La matriz musical, de la que hablaba más arriba, se podría rastrear incluso en la escritura de mis poemas de la adolescencia, si bien entonces como tonalidad, ritmo sosegado, armonía, en concordancia con los temas europeos que me habían subyugado. Más no hay que olvidar que esos poemas los escribía durante la Segunda Guerra Mundial. Tal conjunción de sublime literatura con las terribles noticias que leía en los periódicos, me marcaron profundamente. Fue una cruel constatación, cuando llegué a Europa, en 1948, y la encontré casi en ruinas, con millones de seres humanos material y moralmente destruidos. Era natural que mi visión poética cambiara radicalmente y que mi escritura se volviera más inmediata y concreta, casi autobiográfica. Habitación en Roma es el resultado de esa revolución interior, aunque no estrictamente privada. Señalo, sin embargo, que ello no ocurrió de golpe, sino después de una breve purga lingüística, así la llamo yo, que realicé durante el año que pasé en Suiza, y que me fue necesaria para desintoxicarme de tantos oropeles. Así nació Tema y variaciones, cuyo título musical me parece significativo. Más adelante, dado mi creciente interés por los demás lenguajes artísticos, comencé a explorar, a mi manera, la materialidad y los bordes mismos del poema. Anoto que, por entonces, en Italia, no se sabía nada del concretismo brasileño ni nada parecido. Siendo la cuna de la cultura mediterránea (junto con Grecia) que es también la nuestra, éste es un país que, por muchas razones, vive en una especie de casi aislamiento, aún dentro del contexto europeo. Quizá porque si bien cuenta con varias grandes ciudades, no posee una verdadera metrópoli como París, Londres, o Nueva York. Sólo recientemente se está metropolizando, con notable retardo. Por otra parte, mis textos de 1960, como Canto visible, 4 estaciones, 4 poemas virtuales y papel, son más bien asimilables al llamado arte conceptual, tan es cierto que han sido expuestos en museos y galerías de arte, como más tarde sucedió con mis “esculturas subterráneas” y otros trabajos invisibles que no detallaré aquí.

apareces
y desapareces
eres
y no eres
y eres nuevamente
eres todavía
blanco y negro que no cesa
y sólo existes
porque     te amo
                           te amo
                           te amo
                           te amo
                           te amo
                           te amo
escultura de palabras
escultura de palabras
escultura de palabras
escultura de palabras

¿Podría, por favor, hablarnos sobre esos primeros libros, Canción y muerte de Rolando hasta Bacanal? ¿A qué necesidad expresiva y momento creativo respondían, por qué la referencia a literaturas europeas? A nivel temático, ¿quizás el Eielson más cercano a sí mismo empezó a hablar a partir de la ruptura con este primer lenguaje? ¿Ya no hay posibilidad de buscar este tono?

Creo que mi respuesta anterior atiende también a ésta. En cuanto a la posibilidad de volver al tono de los poemas juveniles, me parece imposible, y no deseable. Que exista un proceso de filtro y de síntesis de todo lo anterior en los libros más recientes, en cambio, lo encuentro positivo, y me alegro que lo haya notado. En realidad se escribe siempre sobre las mismas cosas, las propias, sólo que yo lo hago siempre de manera diferente. ¡Y no sólo las escribo!

Al igual que la interdisciplinariedad no es estática, ya que asimila y excluye lenguajes y recursos, cada lenguaje en que usted se expresa cumple esta dinámica. En el caso de la poesía, se observa que hay una “asimilación selectiva” de los recursos con que ha experimentado. Llega a un modo de expresión que rompe en otro poemario, pero que en el próximo, retoma elementos tanto del primero como del segundo, y así, e incorpora nuevos. Por ejemplo, los recursos experimentales que usted ha atendido siguen apareciendo en recientes textos, aunque muy decantados. ¿Podría explicar a qué responde esta dinámica no lineal y por qué no podemos hablar de estancias definitivas en su poesía? ¿Habría llegado a una etapa más definitoria, acaso, con los más recientes libros, Sin título, donde la brevedad y concisión no excluyen los recursos experimentales, o en Celebración, donde hay poemas de largo aliento en los que da cauce a toda su trayectoria, pero siempre de una manera ya muy asimilada? ¿Cómo ve, en este sentido, la reciente compilación de su poesía?

La dinámica no lineal que observa en mis escritos está en el corazón de toda mi actividad. Como le decía más arriba, nunca he concebido mi trabajo separado de mi existencia personal, y mucho menos de la existencia real a la cual pertenecemos todos. Pero ésta fue una toma de conciencia (llamémosla así) que, repito, sólo me fue posible en Europa. Comprendí que mi desazón con las palabras no era culpa de las palabras, sino del uso que yo hacía de ellas. Siempre las he amado mucho y, sigo amándolas todavía, hoy más que nunca. No llamaré a colación a Derrida, ni su sobre expuesta desestructuración (que por otra parte estimo mucho) pero algo así fue lo que intenté con el lenguaje, y no teóricamente, sino en la práctica artística: desarmar el juguete para ver cómo funciona. Lo cual quería decir simplemente que las palabras no me bastaban. Salirme de ellas y explorar el inmenso mundo de la creatividad artística tout court, fue natural para mí, como lo fue cuando era niño. Pero claro, eso no se puede seguir haciendo de grande, como una simple descarga de las propias pulsiones y emociones. Por eso, prácticamente para seguir siendo niño, comprendí que necesitaba de un concepto básico, abierto y dinámico, de una matriz, como le dije al principio de esta conversación, y esto lo encontré en la música serial, temperada por la luminosa sonrisa de Cage. Dentro de este esquema, al mismo tiempo preciso y flexible, profundamente emotivo y también objetivo, como sólo puede serlo la naturaleza (por eso hablo del poema como “una realidad viva”) me encontré finalmente cómodo, libre y dueño de mis propios recursos, por modestos que ellos fueran. En los últimos libros, efectivamente, hay una mayor sencillez en la escritura, a la par que una mayor concentración y claridad en los contenidos. No es mucho, pero me siento más cerca de lo que mi verdadero ser poético realmente deseaba. Quizá porque se trata de una conquista, y no de un tesoro absurdamente llovido del cielo, que era como yo vivía mi condición de poeta en mis años juveniles. Espero que en Vivir es una obra maestra, esto sea perceptible.

Nudos que no dicen nada
Y nudos que todo lo dicen

Quisiera detenerme en Sin título porque en poemas tan breves incluye sus indagaciones formales, pero, también, va al corazón de sus temas, es decir, llega a una especie de conclusiones de todo aquello que le ha preocupado: el misterio de la existencia (“quizá el universo es una pompa de jabón..”), la soledad e incertidumbre (“nacemos desnudos, completamente solos...”), lo celebratorio (“tomar un vaso de agua es una operación luminosa…”), la vida y la poesía (“no hay poesía, sólo vida...”), lo amoroso, el Perú y su visión escéptica sobre la sociedad contemporánea. ¿Por qué la necesidad de esta brevedad y de este tono tan definitivo, y qué ocurrió de tal modo que la expresión poética volvió a expandirse?

Sin título es una suerte de resumen de casi todos mis temas, con algunas ligeras innovaciones formales, que me parecieron necesarias. Pero no es un “punto de llegada” sino más bien un breve balance. Como se deduce de todo lo que he dicho, en mi actividad no hay ningún punto fijo. Sin título es sólo mi balance más reciente. Lo que no excluye otros, como todos los balances.

A PESAR DE TODO LO VIVIDO
Y lo soñado mi única corona
Es mi pobreza
Y mi sangre púrpura y cansada
Mi único manto en la vida
Eterno príncipe de nada
Nada me vuelve más feliz
Ni más ligero
Que mi corona

En cuanto a sus temas, hay uno que quizá, sea el más atendido, que es esa indagación “del misterio de la existencia como hecho del cosmos”, el cual es posible que tenga por origen una búsqueda o sentido religioso. Me explico. Hay poemas en los que hay un reclamo al absurdo y grotesco del mundo; posteriormente hay una actitud de pérdida de fe y aparece cierto vacío y soledad como centro. Sin embargo, va emergiendo un tema muy hermoso, donde se expresa la existencia dentro de una “dimensión cósmica”. Entonces, ese vacío y esa soledad se enmarcan dentro de dicha dimensión y se acepta la existencia como tal. ¿Por qué este tema? ¿Cómo ha sido la trayectoria, a nivel humano y estético para llegar, en el poema, en el arte, a esta visión?

El misterio de la existencia y su relativa dimensión cósmica, creo que es el tema central de todo arte, ciencia, religión, magia, filosofía. Es un tema mayor y genérico que hasta podría considerarse obvio en cualquiera de estas disciplinas, que por lo demás nacen íntimamente ligadas. Ésta es su grandeza y también su peligro. Pero, vayamos por partes, aunque sea a grandes rasgos. Desde que el hombre comenzó a observar el cielo estrellado (época que los antropólogos sitúan en el periodo magdaleniano, hace más o menos unos 20 mil años) comenzó también a interrogarse sobre su origen, su lugar en el cosmos y su destino, incluida su propia muerte. En esta primera mirada a las estrellas está ya comprendida toda la extraordinaria aventura humana. Pero hay que esperar muchos siglos más para que esta revelación se cristalice en formas accesibles a un número siempre mayor de personas, pasando por diferentes tipos de estratificaciones y jerarquías sacerdotales, señoriales, monárquicas, imperiales, filosóficas, chamánicas, y demás. El misticismo es entonces la nostalgia de una entidad cósmica (representada por el cielo estrellado) que todo lo contiene y que la mayor parte de la humanidad llama Dios. El cristianismo, el Dios encarnado, no es sino una de sus formas, aunque para nosotros tenga una mayor vigencia, gracias al milagro de la encarnación. Es el Dios que sentimos más cercano porque fue hecho a nuestra imagen y semejanza. Que es, por otra parte, lo que dice el Génesis, en un arcano ciclo mítico-religioso que no puede no evocar los ciclos cósmicos… Pero dejemos de lado estas complejas consideraciones, que nos están llevando fuera de nuestro argumento. Pues bien, para no caer en ninguna forma de fundamentalismo, hay que aceptar que el espíritu humano no es una invención del pueblo hebreo. Las religiones orientales, paralelas, anteriores o posteriores al cristianismo, merecen igual respeto y conocimiento, sobre todo hoy que se habla tanto de “choque de civilizaciones”, una expresión apresurada e irresponsable, que no habría que tomar en cuenta. Entre todas ellas, el budismo, por la profunda y serena belleza de sus fundamentos, ha sido para mí, desde que lo descubrí, hace más de 40 años, una fuente inagotable de bienes y enseñanzas que nunca cesarán. Creo sea la filosofía (en mi caso no lo acojo como religión) más cercana a la creatividad artística, cuando se cree firmemente que la vida es un arte, el más alto y difícil de todos. Lo que usted llama “soledad y vacío” que desembocan en una aceptación de la existencia como tal y nada más, lo debo al budismo. Que ello se refleje en mi trayectoria creativa, es natural. Pero no me ha servido para lograr nada extraordinario, porque no hay nada más extraordinario que vivir. Se trata de una visión tan sencilla (como lo enseña el budismo) que resulta incomprensible para un occidental.

Una luz
Más clara que la misma luz
Del cielo pero más humilde
Más cercana a nuestra mano
A nuestra pobre luz de cada día
Hecha de millares y millares
De cosas sencillas
De átomos que nacen
Y átomos que mueren
De centelleantes fragmentos
De otras cosas
Que igualmente nacen resplandecen
Y perecen

Ha reiterado en varias ocasiones su admiración por el arte antiguo en tanto éste se enmarcaba dentro de una unidad con lo sagrado. En el fondo, ¿su búsqueda estética y existencial es una búsqueda de lo sagrado? ¿Cómo puede ejercerse una visión de este tipo en una época de total ruptura con nuestro ser y de pérdida de utopías y valores? ¿Cómo es el arte que nace de esta intención, pero que se enfrenta con esta crisis?

De hecho, en una sociedad laica como la nuestra, al borde de una barbarie tecnológica sin precedentes, la religión de nuestro tiempo, como todas sus aberraciones, podría ser el arte. Es un dato antropológico que toda invención humana, por sofisticada que sea, es una forma de supervivencia. Por ejemplo, algunas conchas, consideradas patológicas por su rareza, generan perlas, o ciertas especies de gusanos producen seda o se vuelven mariposas. Así algunos hombres y mujeres son artistas. Por lo que se deduce que, en la naturaleza, también “lo inútil”, es necesario. Y no se trata de darwinismo a ultranza, sino, al contrario, de una visión más amplia, más flexible y más prolífica, es el caso de decirlo, del darwinismo ortodoxo y reduccionista, como lo demuestran los magníficos estudios de Stephen Jay-Gould. Le digo esto porque pienso que el arte podría ser una religión laica inseparable de la naturaleza. Una de las tantas formas de panteísmo o animismo, jamás definitivamente suplantadas por las grandes religiones. En cuanto a los objetos antiguos, es cierto que siempre he sido fuertemente atraído por el arte del pasado, con particular atención en la arqueología pre-colombina, en las artes tribales de África, América y Oceanía. Quizá porque dichos objetos denotan siempre su estrecha relación con patrones espirituales antiquísimos y con un orden cósmico superior. En ellos se palpa, literalmente, dicha relación. Que esto sea lo sagrado, ¿por qué no? Que a mí vez, en mi modesta búsqueda, yo intente algo semejante, ¿por qué no? Es verdad, como usted dice, que en nuestra sociedad brutalmente secularizada, esto parece sin sentido, muy difícil, por no decir imposible, y para muchos, hasta idiota. Pero no es así. La búsqueda de lo sagrado no terminará, jamás, en el arte, en la religión, y fuera de ellos, no importa cuáles sean los canales elegidos. Y hoy más que nunca ella pasa por lo humano, se confunde con lo humano, se tiñe de implicaciones sociales, políticas, económicas. La pérdida de identidad humana (no localista, regional, nacionalista, social, religiosa ni cultural, que son sus efectos colaterales) es un fenómeno planetario sin precedentes, acelerado por la nueva tecnología informática y por las migraciones masivas, miserables y opulentas, que recorren el globo, creando inestabilidad, temor, rencores, terrorismo, guerras. Si a todo ellos agregamos la cínica indiferencia y prepotencia del mercado, hoy día global, parecería que ya no hay espacio para ninguna otra instancia. Sin embargo, la búsqueda de lo sagrado (en los términos apenas expuestos) prosigue. La esperanza se asoma por doquier. Desde la misma navegación en la red, pasando por las drogas, los grandes rituales deportivos, las discotecas, las muchedumbres de jóvenes que aplauden por igual al Papa y a los cantantes pop, las marchas por la paz, las diferentes organizaciones humanitarias y ecológicas como Médicos sin Fronteras, el WWF, Greenpeace, Amnesty International, el voluntariado de millares de jóvenes europeos en los países pobres, la continua campaña mediática en ayuda de África, etc., etc. Con todos los defectos que se puedan encontrar en estas manifestaciones de solidaridad, es evidente que ésta existe y una parte de ella se concreta realmente. Otro motivo de esperanza es la irresistible difusión de la feminidad en varios niveles de la existencia, real y civil. Quizás la tan anunciada decadencia de Occidente sea sólo la decadencia del poder masculino. Yo, que me considero un ex combatiente del Mayo del 68 parisino (con algunos amigos, entre los cuales Roberto Matta, escribimos varios de los slogans más difundidos de entonces, pegamos carteles, distribuimos volantes y, por supuesto, ayudamos a los muchachos en las barricadas) creo saber lo que estoy diciendo: bajo una apariencia burguesa y discreta, la mujer, prácticamente, seguía sometida al viejo modelo patriarcal, fuera del cual no había sino prostitutas. Si Mayo del 68 falló en su tentativa política (cosa que en realidad no intentó), en cambio revolucionó las costumbres. No fue una mera utopía. No cambió el mundo, es cierto, pero lo transformó. Y dentro de esa transformación, el universo femenino comenzó su larga marcha, pasando, durante los años 70, por varias formas extremas, como sucede en todas las revoluciones, hasta llegar a la mujer de hoy, más madura, más libre, más dueña de sí misma. Su influjo es tan amplio y persuasivo que hasta los mismos varones se feminizan, muestran su lado débil, su sensibilidad, su necesidad de amor, de paz, de amistad. Las fronteras entre ambos sexos se adelgazan y hasta el cuerpo físico de ambos parece casi intercambiable. Es cierto que también en esto se exagera y se produce una gran confusión. Pero, ¿por qué observar sólo el lado negativo de las cosas? Cuando reina el equilibrio, en cambio, cuando la armonía de los contrarios encuentra su eje, su justo equilibrio, su propia regla de oro, entonces comprendemos por qué el modelo arcaico-occidental y oriental, ya que el primero procede del segundo (a oscuras de la tragedia cristiana) haya triunfado durante siglos en civilizaciones muy alejadas las unas de las otras, si bien estrechamente unidas a los ritmos naturales y al eterno ciclo cósmico, como lo fueron el ying y el yang taoísta, la danza de Shiva hindú, las festividades dionisiacas, los gimnasios y los convivios griegos, las sublimes orgías del templo de Angkor, sin contar las diferentes tradiciones carnavalescas que, de alguna manera, han llegado hasta nosotros. Todo lo cual testimonia una antigua necesidad humana de celebrar el misterio y el goce de la existencia, cosa muy diferente al culto de la fertilidad (igualmente existente) como lo definen apresuradamente los antropólogos, casi todos cristianos, por cierto. En fin, es posible que el Tercer Milenio asista al triunfo de lo femenino y ellos sin duda es motivo de gran esperanza.

¿Tiene algunos proyectos a futuro?

Sí, varios. Después de mis recientes exposiciones en Parma, Milán y Boloña, particularmente dedicadas a mi trabajo con los nudos, preparo una nueva instalación para el coleccionista Giuliano Gori, en Toscana, otra para una bellísima biblioteca de libros antiguos, cerca de Milán, y se comienza a configurar una vasta muestra que incluiría todo mi trabajo, cosa que, francamente, me parece poco factible, dado su enorme costo y mi escaso tiempo en este planeta. Pero, si se realiza a tiempo, finalmente podré presentar mi propia existencia real como una obra de arte, cosa inédita hasta el momento. Para ello me valdré de un material de trabajo insólito, no sólo yo mismo, sino toda mi simpática familia escandinava (la peruana la perdí hace ya mucho tiempo) que es como la encarnación de carne y hueso de mi idea de los anudamientos, del diálogo, de la anulación de las falsas identidades burocráticas, económicas, políticas, de todo tipo de nacionalismo o fundamentalismo o discriminación, que no hacen sino avivar el odio. Por eso he anudado y quemado banderas, vestidos, papeles (en este caso, mis propios papeles) y demás, para llegar más directamente a lo que todos deseamos: el amor, la paz, la celebración de nuestra existencia.

A este respecto confieso que me ha dado mucho gusto la reciente aparición de la revista R. D. T Magazine de la Comisión de Cultura de la Comunidad Europea, con sede en Bruselas, que en su último número, consagrado a las relaciones entre arte y ciencia, entre tantísimos artistas europeos, han tenido la generosidad de reservarme un espacio y, lo que no me esperaba, dedicarme la carátula de la revista. Repito, es un reconocimiento que aprecio mucho y que dedico a los seres que han estado siempre cerca de mí y que han creído en mis devaneos.

Todo dispuesto en círculos inútiles
De misteriosa materia
Que resplandece y que muere

Tal cual como nosotros
Que jamás sabremos
A quién debemos la noche
La indescriptible belleza
De cada instante y cada cosa
En qué supremo minuto
Apareció nuestro corazón sobre la tierra
Más fulgurante y antiguo
Que el universo entero

 

* Esta entrevista fue realizada con el apoyo del Programa de Fomento a Proyectos y Coinversiones Culturales del Fonca / Conaculta, 2004, México.

** Claudia Posadas (cposadas@avantel.net) es periodista cultural mexicana. Ha participado en diversas publicaciones especializadas dentro del ámbito hispánico como Inti, La estafeta del viento, Hostos Review y Anthropos. Huellas del conocimiento. Por su trayectoria periodística obtuvo una beca del Conaculta, institución cultural de su país, para realizar un libro de entrevistas con escritores hispanoamericanos.

 

© Claudia Posadas 2004
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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