Retomando los hilos

Luis Felipe Fabre*
luisfelipefabre@hotmail.com


 

   
Localice en este documento

 

El diálogo infinito. Jorge Eduardo Eielson. Una conversación con Martha L. Canfield (1995) es un libro construido a partir de las conversaciones que Eielson sostuvo con Martha L. Canfield (Montevideo, 1949), su más importante crítica y biógrafa, y reconocida poeta. Sin embargo, no se trata tan sólo de una larga entrevista en torno a la obra del poeta y artista peruano, sino de una obra en sí misma: un ensayo a dos voces. Dos hilos que se alían en un mismo nudo, en este caso, un libro. Si bien, este libro no es un mero pie de foto ni un comentario al calce de la obra, los poemas y las imágenes que reproducen el trabajo de Eielson tampoco aparecen aquí como simples ilustraciones sino como interlocutores del texto. El diálogo infinito sucede en un entre. Un diálogo es siempre un entre.

El nudo (quizá la imagen más emblemática del trabajo de Eielson) encuentra en el entre la manera de transformarse en mecanismo verbal. El diálogo infinito es producto de ese mecanismo: la conversación entre Eielson y Canfield que se multiplica en la conversación entre el texto y las imágenes que a su vez se multiplica en la conversación entre el libro y el lector.

El entre es también el tema implícito del ensayo. A lo largo del libro, Eielson reflexiona sobre la relación entre las cosas. Los momentos en los que lo distante y lo diverso se abraza en nudos. Así, la conversación transcurre atando nudos entre la ciencia y el budismo, entre el mundo prehispánico y el jazz, entre los gatos y el arte, entre la nada y la sociedad. Y si un hilo queda suelto, Canfield, autora también de otro libro sobre el artista, Jorge Eduardo Eielson. Nudos y asedios críticos (2002), lo pone entre signos de interrogación, se lo ofrece a Eielson a manera de pregunta y éste, a su vez, se lo devuelve en su respuesta y así, la conversación se anuda.

La amplia gama de intereses que Eielson pone de manifiesto en las páginas de El diálogo infinito es la misma que alimenta la diversidad de su trabajo artístico. No resulta extraña, entonces, la fascinación que Eielson profesa por Leonardo da Vinci, paradigma del artista polifacético que conjunta también al hombre de ciencia. Pero hay algo más: la ambigüedad de su obra. La ambigüedad que se sitúa en el entre y vuelve imprecisos los límites. Como en el título de una de sus novelas, El cuerpo de Giulia-no, donde se enuncia al mismo tiempo a un hombre y a una mujer, en las pinturas de Leonardo, las figuras humanas titubean entre lo masculino y lo femenino y están envueltas en una atmósfera indecisa entre la luz y la tiniebla. Claroscuro. Eielson descifra un entre (un nudo) en la sonrisa de la Gioconda.

Y en medio del nudo, el silencio: una boca entrecerrada, una boca entreabierta. Y en medio del medio, en el entre: el vacío. El vacío que es el corazón del átomo. El silencio que es el centro que sostiene y unifica, en su fascinante diversidad, el trabajo poético y artístico de Eielson que, en su caso, tampoco es separable de su vida. Dice Eielson, en un momento de la conversación, refiriéndose a la misma: “Puedes creerme que me avergüenzo de tantas palabras. (...) ¡Y pensar que nada hay más importante para mí que el silencio! ¡Qué terrible contradicción!” Pero más adelante, a instancias de un comentario de Canfield, reflexiona: “Sí, es verdad. La contradicción está en la raíz de la existencia. Esa es, a la vez, nuestra debilidad y nuestra capacidad de subsistencia, nuestra inagotable invención. De otra manera no seríamos ya sino cristales”. Y la conversación continúa.

Los hilos que se anudan en El diálogo infinito lo anteceden y lo continúan. Prosiguen fuera del libro. Desde y hacia la nada. En la vida, que también es entre. Y, entretanto, el ensayo-conversación funciona como una especie de conmutador que conecta a la estrella con el árbol y al árbol con un zapato y al zapato con Dios y a Dios con el átomo y al átomo con el vacío. El diálogo infinito es un libro que no empieza. O, al menos, que no empieza donde empieza. Por ello, el apartado que abre el volumen se titula, precisamente, “Retomando los hilos...” Habría que agregar que tampoco termina donde termina. La conversación continúa, al infinito.

 

* Luis Felipe Fabre (México, 1974) es doctor en Letras hispanoamericanas por la Universidad Iberoamericana, México, y Salamanca, España. Es autor de los poemarios La vida quieta y Una temporada en el Mictlán.

 

© Luis Felipe Fabre 2004
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero28/hilos.html