La unificación del sueño en Mantra de Rodrigo Fresán

Carolina A. Navarrete González
Pontificia Universidad Católica de Chile


 

   
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“Vivir es sentirse perdido-, el que lo acepta ya ha empezado a encontrarse, ya ha comenzado a descubrir su auténtica realidad.”
José Ortega y Gasset. La rebelión de las masas.

 

El presente trabajo tiene por objeto llevar a cabo una relectura de Mantra1 desde una perspectiva interpretativa comprensiva centrándonos en el episodio que gira en torno al sueño del narrador situado en el segmento llamado “Piscinas (terrorismo multidimensional de las)”. El análisis pretende caracterizar y desentrañar tanto su articulación como su funcionamiento dentro de la obra, intentando con ello hallar un posible sentido dentro del aparente caos que nos ofrece este mundo novelesco.

“Yo creo que no hay nada con mayor... potencia unificante que el agua, ¿no? Todos venimos de ahí, flotamos en el vientre de nuestras madres que no es más que una versión reducida de ese océano original al que algún día dejamos atrás seducidos por la promesa de una orilla” dice María-Marie al referirse al Terrorismo Multidimensional de las Piscinas, certeza de que existe algo común a todas las dimensiones posibles. Este postulado sirve como precedente al segmento que nos proponemos analizar.

Al inicio nos encontramos con la voz de un narrador en primera persona singular cuyo narratario corresponde al personaje María-Marie, a quien le refiere el episodio de la chica que se cayó a la piscina, lo cual permite hacer la relación con el capítulo precedente dónde el narrador comenta este mismo suceso como temática de un sueño que reviste características alucinatorias:

Esa noche yo tengo un sueño raro, asmático, lleno de nombres propios y ajenos. Un sueño donde el aire huele a cloro. Es un sueño al que vuelvo, tiempo después, despierto y con los volcanes de mi nariz llenos de crackatoa, de ceniza volcánica y alucinógena. [...] Un sueño con una chica que cae en piscinas. (412)

Como podemos apreciar este enunciado nos prepara al enfrentamiento con una situación que está entre el desvarío y la fantasía y en la que, por lo tanto, va a predominar una cohesión debilitada dentro de la confusión del sueño. Por lo pronto trataremos de elaborar el trazado de este segmento ciñéndonos al orden de aparición de los sucesos. En primer lugar el narrador nos conduce a la interrogante sobre el origen de la caída de la chica: “¿La empujaron o saltó?” Dándonos a entender que la resolución a esta pregunta reside en la evidencia de la propia caída del hombre y por consiguiente en la muerte como única manera de acceder a la libertad humana. Al respecto el narrador establece la relación entre Zen y el arte de la chica cayendo a la piscina, por lo que la vinculación entre este segmento y el llamado “Zen (Koan)” configuran uno de los sentidos del episodio:

“Si te encuentras con el Buda en el camino y te cierra el paso... ¡mátalo! Si te encuentras con los grandes maestros zen del pasado, ¡mátalos! Si te encuentras con tus padres, ¡mátalos! ¡Ésa es la única manera de ser un hombre libre!.”(504)

Este modo de percepción de las cosas donde el derrumbamiento y la destrucción total son protagónicos, nos remite a una baja representación de la realidad y a una matización de la comprensión de superrealismo, lo que será desarrollado adecuadamente más adelante.

Continuando con el trazado de los acontecimientos, resuena la idea de la piscina como elemento inalterable en oposición a la chica en cuestión concebida como elemento móvil. El elemento intermedio y unificador del sueño será el agua ya que cumpliría la función de remitir a lo que Jung llamaría “la sensación de totalidad, una sensación poderosa y completa de sí mismo que cada ser humano tiene originariamente”2. Es interesante hacer notar que para María- Marie las piscinas constituyen una meta y un motivo de búsqueda ya que en su profundidad puede acceder a la resolución de los grandes enigmas: “Yo estoy convencida, entonces, de que tiene que haber una piscina que es la mía, la mejor, la piscina en la que yo nado como nunca y en la que debajo de su agua se esconden todos los misterios y los olvidos”. (412) Mientras que para el narrador y testigo de las afirmaciones de Maria-Marie, las piscinas le remiten a la destrucción: “Las piscinas[...] me recuerdan siempre a la palabra entropía, a algo más cerca de la disolución que de la construcción”. (412) Entonces podríamos señalar que en estas dos visiones respecto a un mismo elemento encontraríamos una mezcla entre la totalidad y la fragmentación donde el principio de la entropía actuaría como modelador o punto de referencia del aparente desorden de la narración, lo cual encuentra su correlato en la alusión al cuadro Birthday de Marc Chagall, donde podemos apreciar la irrealidad y el juego entre un hombre y una mujer que intentan fusionarse en un beso: ella con los pies en la tierra, con su figura completa y total mirando hacia arriba con sus manos en señal de ofrenda hacia un horizonte promisorio y él, en cambio, con los pies en el aire, sin brazos con sus ojos cerrados y su rostro vuelto hacia abajo en medio de su propia diseminación. En otras palabras, este cuadro representaría las búsquedas de los personajes: Maria-Marie hacia su construcción y el narrador-personaje hacia su disolución.

Otro aspecto interesante del relato lo constituye la multiplicidad de voces que se presentan, todas ellas articuladas en torno a un núcleo- mujer que se lanza a la piscina- y que contribuyen a la configuración de la pluralidad de dimensiones de la realidad. Primero tenemos a una mujer, la cual asume ser la primera en presenciar a la chica lanzándose a la piscina evidenciando tras esto una locura desmedida en el ataque a sus progenitores:

Recuerdo que yo fui la primera que la vi. De eso estoy plenamente convencida. [...] Entonces algo me pasó. Entonces me volví loca para los otros y cuerda para mí: supe que tenía que hacerlo y lo hice. [...] Le prendí fuego a mi casa con mis padres y mi perro adentro. No me arrepiento de nada.(422)

Esta manifestación de locura es trasladada, casi inmediatamente, a la voz de un médico el cual se encarga de abrir la cabeza a la mujer ya citada sin siquiera mancharse los guantes con sangre, afirmando, pues, su condición baja y sus aproximaciones a Dios y a la Muerte: “Soy un médico mediocre, jamás correría ese dulce riesgo de sentirme Dios, de arrancarle a alguien los bisturíes de la muerte”. (422) Además recrea el cuerpo de la chica que se tira a la piscina como traslúcido y hecho de tumores. En este punto el narrador confiesa que tuvo la intención de caer con ella, sin embargo su propósito se pierde en la incoherencia de su relato: “Quise caer con ella y lo hubiera hecho, [...] de no haber estado vacía la piscina. Recuerdo que la piscina estaba llena hasta los bordes y que el leve peso de la chica que cayó en ella aquella noche provocó una tempestad mínima” (423, el subrayado es mío). Esta evidente contradicción pone en claro las dimensiones de un mundo caótico regulado por el sueño, constituyéndose éste en percepción de la vida. En este sentido cabe señalar lo que ya habíamos anticipado, es decir, la constatación de un superrealismo matizado en el funcionamiento de la historia. Para los superrealistas la realidad absoluta se daría en la fusión armoniosa del sueño y de la realidad llevando a cabo un denodado buceo en los más oscuros paisajes del espíritu, lo cual es reflejado por esta especie de obsesión por la chica que cae en la piscina la cual representaría bajo un punto de vista interpretativo el sumergimiento hacia el mundo de lo subconsciente intentando captar una visión del mundo primario e irracional. Como ya lo señala Cirlot: “la inmersión en las aguas significa el retorno a lo preformal, con su doble sentido de creación y destrucción”3. De esta manera la atención superrealista por lo misterioso y lo fantástico junto con su creencia en la realidad superior del instinto y del sueño cumplen, en esta novela, la función de puentes hacia la comprensión de las múltiples y posibles dimensiones del universo manifestado por chicas cayendo a piscinas:

Me refiero ahora a esa piscina y a esa chica que contienen a todas las chicas y a todas las piscinas. Una chica-aleph zambulléndose en una piscina aleph que conviertan a esa chica y a esa piscina en las coordenadas desde las que puedan verse todos los ángulos, sin confusión alguna ni mezclarse, todo lo que ocurrió y va a ocurrir, al mismo tiempo [...] (428)

Podríamos decir, entonces, que la idea de totalidad ejerce una especial atracción en el relato, donde la chica sería el centro, es decir, el principio unificador y absoluto. En oposición al narrador, el cual revelaría un principio vinculado con la fragmentación y el deterioro: “yo sigo aquí sólo y en mi cama, tratando de que se me ocurra como es que voy a hacer para curarme, para que la enfermedad no avance” (428) Queda como reflexión si el salto o la caída a la piscina constituyen un remedio para destrucción de la vida o bien, para el aniquilamiento total. Si Breton dice que: “el acto Surrealista más simple consiste en bajar a la calle con el revólver en la mano y disparar al azar todo el tiempo que se pueda contra la muchedumbre sin un significado más que de exhibición y de búsqueda de lo espontáneo psíquico como tal”4, Mantra, nos remite a una fulminación distinta, el acto de pérdida de sí mismo guarda relación con un sentido que va más allá de lo puramente espontáneo: la muerte o el sumergimiento en las aguas se convierte en vía unificadora hacia la comprensión de la totalidad.

 

Notas

[1] Rodrigo Fresán. Mantra. Barcelona: Mondadori, 2002 ( p. 411)

[2] Carl G. Jung. “Mandalas” en Mandala Symbolism, trad. R.F.C. Hull, Princeton: Princeton University Press, 1973, pp.3-5.

[3] Juan Eduardo Cirlot. Diccionario de símbolos. Editorial Labor, Colombia, 1994 ( p. 55)

[4] Bompiani. “Surrealismo”. En: Diccionario literario. Barcelona, Tesys, 1992.

Bibliografía

- Bompiani. Diccionario literario. Barcelona, Tesys, 1992.

- Cirlot, Juan Eduardo. Diccionario de símbolos. Editorial Labor, Colombia, 1994.

- Goic, Cedomil. “Las voces de El Juguete Rabioso (1926) de Roberto Arlt”. Pontificia Universidad Católica de Chile.

- Fresán, Rodrigo. Mantra. Barcelona: Mondadori, 2002.

- Ortega y Gasset, José. La rebelión de las masas. Madrid: Alianza, 1986.

- Roselló, José Miguel Segura. “Glosario de Narratología”, 2001.

- Solotorevsky, Miran. “Estética de la totalidad y estética de la fragmentación.” Universidad Hebrea de Jerusalén.

 

© Carolina A. Navarrete González 2004
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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