Similitudes inquietantes.
La sociopatía en la novela ”joven” española
y la elaboración de la opresión totalitaria en la novela antiutópica

Inger Enkvist
Universidad de Lund, Suecia


 

   
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Este trabajo compara la novela “joven” española con las novelas clásicas dentro de la tradición de la antiutopía, y el resultado es desconcertante e inquietante por las muchas semejanzas. Los valores impuestos por las sociedades totalitarias inventadas por la novela antiutópica y presentados como negativos coinciden en gran medida con los valores presentes, sin valoración negativa, en la novela joven española. Si utilizamos los binomios típicos del estructuralismo podríamos distribuir este contenido común en campos marcados por un plus o un menos. El signo “-“ significa ausencia o valoración negativa y el signo “+” la presencia o la valoración positiva por parte de los personajes del mundo narrado. Más tarde se hablará del narrador y el autor implícito.

 

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+
Trabajo productivo Droga
Estudio / lectura Violencia
Familia Sexo
Responsabilidad personal Vaciedad psicológica
Buenas relaciones personales Desprecio por mujeres, padres y ancianos
Lenguaje rico en matices Lenguaje pobre, jerga

 

La novela joven española

En 1999, Ignacio Echevarría escribe un artículo sobre el concepto de ”narrativa joven” y apunta con fina ironía que éste es el nombre que ha empezado a utilizarse en lugar del de ”nueva narrativa”. Se trata de una iniciativa de mercadotecnia, porque la literatura nunca se ha calificado según la edad del autor. Así pues, con el adjetivo ”joven”, lo que las editoriales esperan es atraer a los compradores jóvenes que quizá se sientan particularmente interpelados por ese adjetivo hasta el punto de juzgar que esas novelas han sido escritas especialmente para ellos.

Echevarría cree que estos autores ”jóvenes” se han convertido en reporteros de sus propios hábitos y de su propio sentimentalismo y que sus textos dan prueba de la influencia de su pasatiempo favorito, el cine. Echevarría habla de ”autorreferencialidad” y de un exhibicionismo ”supuestamente provocador” que se obtendría al describirse su propia realidad. Calvo (1999) se refiere a lo mismo cuando dice que estos autores casi eliminan los mecanismos de ficcionalización de la experiencia. En otras palabras, casi no se trata de textos novelísticos sino de reportajes, quizá ”autorreportajes” o diarios. En un artículo anterior, Echevarría (1995) dice que quizá hasta se podría hablar de ”safaris antropológicos” para referirse a las incursiones que estos autores hacen en la ”jungla” joven de las ciudades - o quizá incluso de costumbrismo ya que, como el costumbrismo del siglo XIX, esta nueva variante literaria proporciona no sólo descripciones detalladas de los lugares sino también muestras de diálogos triviales y expresiones típicas del ambiente social.

Dentro de esta corriente destacan escritores como Ray Loriga, José Ángel Mañas y Lucía Etxebarría cuyos lectores suelen apreciar el ”realismo” de los textos porque dicen reconocer en ellos su propia vida y la de sus compañeros. Si esto es así, parece una mala noticia para la sociedad, y el hecho queda más claro todavía al comparar estas obras con la llamada novela antiutópica.

 

Degradación

Vamos a ejemplificar esta nueva narrativa joven a través de un libro de Mañas, Historias del Kronen (1994), y de otro de Etxebarria, Amor, curiosidad, prozac y dudas (1997), textos en los que puede verse un ambiente humano degradado. Sus personajes carecen de vida interior con recuerdos, sueños, proyectos de futuro, fantasías o sentimientos. No actúan realmente sino más bien reaccionan y, psicológicamente, son curiosamente pasivos. Las relaciones sociales que mantienen se caracterizan por la superficialidad. En estos textos apenas se describen amistades profundas pese a lo mucho que se habla del compañerismo. Las relaciones de pareja también carecen de solidez. Se privilegia lo joven, y se silencia o se desprecia no sólo a los padres o los abuelos sino también a los niños, y muchas veces a las mujeres. La vaciedad caracteriza también el lenguaje de los personajes, marcadamente estereotipado.

En el libro de Mañas encontramos el tema de la droga, la promiscuidad y la violencia combinado con una ausencia de trabajo productivo, de estudios o lecturas y de vida familiar. Los protagonistas, estudiantes universitario entre los veinte y veinticinco años, no tienen que ganarse la vida. Sin embargo, no estudian y apenas leen. Su consumo cultural es el vídeo superviolento, por ejemplo La naranja mecánica, y la música rock también agresiva. La ideología del protagonista Carlos es hedonista y nihilista, y el cine constituye su principal referencia cultural, lo único por lo cual muestra algún entusiasmo. Vive en función de su cuerpo, y habla constantemente de droga y alcohol, de sexo, de la evacuación del cuerpo y de cómo se siente. Y puesto que está aplicándose con esmero a destruir su cuerpo no es extraño que se sienta enfermo. Es un irresponsable total en el plano social, un parásito. Su falta de responsabilidad se muestra claramente cuando conduce en estado de ebriedad. Carlos tiene una familia pero vive como si no la tuviera. La explota económicamente, roba a sus padres y una y otra vez los trata despectivamente, y trata de modo feroz a su abuelo moribundo, a sus novias sucesivas, a sus compañeros y, finalmente, se convertirá en el asesino de uno de sus amigos.

La acción está contada desde la perspectiva de Carlos, y lo más notable es que esa perspectiva sea de notable frialdad, de ausencia de intereses, sentimientos o cualquier cosa más allá de las drogas, en primer término, y el sexo y la música en segundo. La única actividad que planifica es la adquisición de su próxima dosis, pero, en todo lo demás, vive al día. El lenguaje descriptivo de la novela es tradicional, pero en los diálogos entre los personajes amigos el autor utiliza un lenguaje coloquial muy pobre, la mayor parte de las veces insultante para los supuestos amigos. Esta jerga juvenil se caracteriza por los monosílabos y las expresiones argóticas del vocabulario del sexo y la droga, junto con una buena colección de palabrotas y bastantes anglicismos. Para los lectores jóvenes, la familiaridad con el lenguaje seguramente retrasa la realización del verdadero carácter del protagonista. Éste parece ser un chico ”como ellos”, se mueve en ambientes madrileños que el lector más o menos conoce, entre estudiantes como el propio lector, va a discotecas, toma alcohol y busca el sexo fácil.

Un ejemplo para ilustrar el estilo de Mañas:

Me jode ir al Kronen los sábados por la tarde porque está siempre hasta el culo de gente. No hay ni una puta mesa libre y hace un calor insoportable. Manolo, que está currando en la barra, suda como un cerdo. Tiene las pupilas dilatadas y nos da la mano, al vernos.

-Qué pasa, chavales. ¿Habéis visto el partido, troncos? - pregunta.

-Una puta mierda de equipo. Del uno al once, son todos una mierda - dice Roberto.

(Historias del Kronen, primer párrafo)

Etxebarria construye un mundo narrativo basándose en los mismos rasgos: el sexo fácil y frecuente, la droga y la violencia. Su protagonista, Cristina, se gana la vida trabajando en un bar y, psicológicamente, es un personaje a la deriva. Casi no mantiene contacto con la familia, ha dejado los estudios, y se aturde con la música rock, el alcohol, el sexo y la droga. En comparación al mundo narrado de Mañas hay más sexo y menos droga, pero la vaciedad existencial es la misma y el lenguaje similar al de Mañas con palabrotas y modismos, sobre todo anglicismos. Cristina mantiene una relación con Ian, pero es obvio que éste no la estima : por ejemplo, le oculta de dónde provienen sus ingresos y la existencia de otra novia en su país de origen. Las hermanas de Cristina también tienen dificultad para enfocar sus vidas de manera positiva. Todos los personajes tienen problemas para relacionarse con otras personas. El yo narrativo es infantil, supersticioso, procaz, emocionalmente inestable y vive para aturdirse. Si cabe hablar en esta novela de una ideología sería la del hedonismo.

El texto de Etxebarria es más superficial y fragmentario que el de Mañas. Mañas mantiene una sola perspectiva y un solo lenguaje, y el proyecto de vida del protagonista sólo puede terminar mal. La escritura de Extebarria fluctúa tanto como las vidas de las hermanas protagonistas. Los eventos narrados son fortuitos, casuales y dispersos. Quizá por eso, el texto parece menos lúgubre que el de Mañas pues el lector se queda con la impresión de que, aunque sólo fuese por casualidad, alguna cosa podría arreglarse. A continuación se da una idea de los ambientes y del lenguaje de Etxebarria:

En la pista la masa baila en comunión, al ritmo de un solo latido, una sola música, una sola droga, una única alma colectiva. El DJ es el nuevo mesías; la música, la palabra de Dios; el vino de los cristianos ha sido sustituido por el éxtasis y la iconografía de las vidrieras por los monitores de televisión. Es el regreso del tribalismo ancestral, heredado genéticamente, dicen, en el inconsciente colectivo. (Amor, curiosidad, prozac y dudas p. 42)

 

El narrador y del lector

¿Cuál es el posicionamiento del autor, del narrador y del lector? En el caso de Mañas podríamos hablar de un narrador no fiable. Ya que el protagonista parece muy normal, sobre todo al comienzo, y ya que el narrador no muestra reticencia alguna sobre él, el lector está dispuesto a confiar en Carlos. Seguramente, sucede esto con más facilidad si el lector es de la misma edad que Carlos y se mueve en ámbitos similares. El lector hasta podría pensar que los episodios en los que Carlos se comporta mal podrían aumentar la verosimilitud del relato. Sin embargo, cuando Carlos al final del relato se convierta en un asesino, el lector tendrá que aceptar la incómoda posición de haberse identificado con un personaje negativo.

En Etxebarria, el lector sigue a un yo inmaduro y bastante vulgar que, para merecer nuestra atención, no puede reclamar otra cosa que la de ser lo suficientemente joven y bonita. Ya que el formato es el del diario privado, apenas hay distancia entre el mundo del personaje y la posición del narrador. Como la autora además -y según la prensa- pertenece a los mismos ambientes que está describiendo, podría resultar escasa la ficcionalización, tal como lo había notado Calvo.

A causa de la ambigüedad del punto de vista del narrador, el lector de las novelas se encuentra atrapado en una posición de ”voyeurismo” y de complicidad. Seguir leyendo es similar a admitir estar gozando de algún modo de lo que está sucediendo en los mundos narrados. Todo esto es bien diferente de lo que ocurría en las novelas antiutópicas en las que, ante situaciones similares, el narrador se mostraba de acuerdo con el protagonista al señalar el horror del mundo narrado, y el lector era invitado a adoptar la misma actitud.

Como ya se ha dicho, es frecuente que los lectores jóvenes españoles digan que Mañas y Etxebarria han escrito novelas ”realistas” y que, como lectores, se reconocen en sus mundos narrados. El trasfondo social y económico de las dos novelas es la España próspera y democrática de hoy en la que los jóvenes se dedican a lo suyo, que parece ser disfrutar lo máximo posible. Ningún personaje, en ningún momento, hace alusión a preocupación alguna por la sociedad o por la supervivencia de su familia o incluso de ellos mismos. Si algún problema llegan a tener es el de que la vida entregada sólo a los placeres se vuelve aburrida y solitaria, y les hace sentirse insatisfechos. El exceso de placer y la total ausencia de obligaciones conlleva una vaciedad que cabe llamar espiritual. Esta vaciedad está articulada verbalmente en Etxebarria, mientras que en Mañas está indicada por las acciones cada vez más bruscas y erráticas del protagonista.

Algunos jóvenes lectores dicen que las novelas de Mañas y de Etxebarria son ”denuncias” de la sociedad. Es difícil sostener una afirmación de este tipo. En el caso de Mañas, el efecto literario se obtiene en gran medida por la neutralidad del narrador, que no comenta los actos de su protagonista Carlos. Ni siquiera cuando éste se convierte en asesino hay una condena clara. Se podría hablar de una calculada ambigüedad por parte de Mañas puesto que es posible leer este texto como un relato complaciente que acepta y celebra como ”joven” el mundo que narra.

El texto de Etxebarria da la impresión de ser un producto comercial en el que se introducen conscientemente los elementos propios de las series televisivas que tanto éxito suelen alcanzar. La fragmentación queda subrayada por el uso de palabras sueltas en orden alfabético para encabezar los capítulos, palabras que no tienen mucho que ver con el contenido del capítulo en cuestión. Cristina vive como si estuviera protagonizando una serie televisiva. Nos encontramos frente a una conducta frívola, libremente escogida, que termina por amenazar la supervivencia física de la protagonista. Al final, la protagonista ve que tendrá que cambiar, no tanto porque esté mal lo que está haciendo sino porque su cuerpo no puede más.

¿Cómo entender que textos como éstos sean percibidos como normales o como realistas? Las respuestas interesantes se encuentran entre los psiquitras y no entre los críticos literarios. Para sólo mencionar un ejemplo, el psiquiatra norteamericano, Krauthammer (1994), menciona que ha observado que hay una ideología antisocial entre muchos artistas y universitarios de nuestros días. Ve entre sus pacientes un aumento notable de conductas anormales y se ha dado cuenta de que las élites culturales más bien dificultan el trabajo de la psiquiatría presentando como normales los trastornos de los pacientes y, al contrario, mostrando como anormales instituciones como la familia. En vez de ayudar a disminuir la criminalidad y la enfermedad mental, las élites quieren ”deconstruir” la normalidad social empezando por la familia. Krauthammer no cree que sea fortuito el énfasis que se da últimamente a la pedofilia y a la violación, temas que presentan a los varones como monstruos, ya que así se da a entender que el matrimonio y la familia constituyen una amenaza para las mujeres y los niños. Se presenta como sospechoso lo que antes se nos solía ofrecer como seguro, como la familia, la aceptación de leyes y el equilibrio psíquico. Lo que relaciona la presentación de Krauthammer con nuestro tema es que éste cree que los que defienden estas sociopatías son las mismas personas que antes solían defender las ideologías totalitarias. Los ideólogos huyen del vacío, cree. Es decir que el objeto de odio de estas personas y su propósito de destrucción serían los mismos pero el punto de ataque diferente.

 

Las novelas de la antiutopía: Huxley, Orwell, Bradbury y Burgess

Aldous Huxley escribió Un mundo feliz en 1932 cuando Europa no había entendido todavía el fenómeno totalitario. Imagina un Estado opresor que se apoya en el conocimiento científico, una sociedad de castas de seres “clonados”, exactamente iguales. La “programación” de los niños se realiza durante el sueño a través de repeticiones de consignas, de forma que el niño llegue a asociar el mal con lo que más convenga al régimen. Ya que el Estado se ocupa de los niños, la mayoría de las mujeres están ”disponibles” para el sexo ”libre” y, además, hay libre acceso a una droga llamada ”soma”. Si alguien se siente triste o preocupado debe ingerir unos gramos de soma y dejarse distraer por el sexo o por las películas táctiles, importantes en una sociedad que privilegia la sensación física y no el pensamiento. El leer es sospechoso porque denota insatisfacción y conducta antisocial. Los libros antiguos no se consiguen. El resultado parece ser ”un mundo feliz” porque la tiranía política del mundo de Huxley está disfrazada y ser feliz es una obligación.

El protagonista es Bernard Marx y no llegará a ser tan conformista como los otros por un descuido durante su periodo de ”programación”. Cuando va de vacaciones a una reserva de indígenas en Nuevo México, entra en contacto con el concepto de vida familiar, nuevo para él, porque mencionar la conexión biológica entre padres e hijos se considera indecente en su mundo. En la reserva encuentra a una inglesa, Linda, y a su hijo John, medio salvaje, y allí hay libros, y sobre todo le impresionan Shakespeare y la Biblia. El protagonista lleva a Linda y a John a Londres, y se hace famoso como intermediario entre el ”salvaje” y la gente importante. Linda se dedica a drogarse constantemente y muere. John odia la vida que se lleva en Londres y un día desaparece, con lo cual el protagonista pierde la protección de sus superiores.

La violencia del mundo narrado es estatal. Con helicópteros, policías y perros, el régimen busca y aniquila a los disidentes lo cual raramente es preciso hacerlo porque la droga y el sexo mantienen ocupados y tranquilos a los ciudadanos. Ya que los personajes Bernard y John ofrecen un contraste con estos personajes, el narrador nos recuerda conceptos como la dignidad del individuo y la importancia del lenguaje y de la cultura.

En la novela de George Orwell, 1984, de 1949, se habla también de un Estado totalitario organizado en castas. El protagonista, Winston Smith, pertenece a una de las capas superiores de la sociedad y apenas conoce el mundo de los ”proles”. Trabaja en el ”Ministerio de la verdad”, y su trabajo consiste en cambiar los textos de los archivos según la necesidad de la actualidad política. En otras palabras, falsifica la historia. En este mundo está prohibido leer libros no especialmente aprobados y, en particular, está mal visto leer libros escritos antes del acceso al poder del régimen. Se desaconseja dedicarse demasiado a la familia. La violencia de la sociedad es extrema y es ejercida por las autoridades. Los sospechosos simplemente desaparecen, y sus huellas son borradas de los archivos. En algunos casos, un disidente es torturado y ”reacondicionado”, no tanto para reeducarlo como para destruir completamente su individualidad antes de matarlo o antes de que se suicide.

El intento de rebelión del protagonista consiste en los encuentros con la bella Julia y la lectura de libros subversivos, pero es capturado y ”reeducado”. La vida personal es considerada antisocial, y el régimen intenta controlar el pensamiento de los súbditos, introduciendo un nuevo lenguaje reducido que sólo permite los pensamientos aprobados por el régimen. Lo que se intenta es impedir que pueda formularse conceptos prohibidos, llamados el ”crimenpensar”. Al contrario, se recomienda que se acepten las contradicciones, el ”doblepensar”, en esta nueva variante del inglés que es la ”neolengua”. Lógicamente, el ”viejopensar” se desaconseja vivamente. Se prohíben los libros ”de antes” porque podrían revelar las mentiras del régimen y sugerir otros modelos de vida. Se reescriben las novelas antiguas en un lenguaje pobre y resumido antes de suprimirlos totalmente. Orwell relaciona una vida humana digna con los conceptos de verdad y de cultura.

Ray Bradbury ha dado a su novela de 1954 el título de Farenheit 451, una referencia a la temperatura a la que arde el papel. Su protagonista, Guy Montag, es bombero, sólo que de un nuevo tipo. Estos bomberos incendian los libros, todos los libros. Vive en una sociedad opresora que controla el pensamiento de los súbditos. El régimen no permite ningún tipo de cultura, y los libros sólo se consiguen de contrabando y son quemados inmediatamente si las autoridades los descubren. Lo poco que existe de historia es pura falsificación de datos. La familia apenas existe porque la gente se divorcia con mucha frecuencia pero, como los personajes apenas tienen una personalidad propia, lo mismo da una persona que otra. Guy Montag está casado con Mildred, ama de casa que pasa su vida viendo culebrones en su televisor interactivo de tres paredes. Hay fácil acceso a las drogas, y los intentos de suicidio son tantos que hay equipos de técnicos especializados en reanimar a los que intentan suicidarse. Nadie quiere tener hijos.

Todo el énfasis del libro se pone en el método empleado para de vaciar las mentes de las personas. Mildred apenas sabe hablar porque no utiliza su cerebro. Habla en monosílabos y no piensa: repite las consignas oídas en la televisión. Montag empieza a pensar, estimulado por su encuentro con una joven, Clarisse, que le confiesa que en su familia las personas se acuerdan del pasado, conversan y piensan, y por eso han sido consideradas como unos antisociales peligrosos. Al final, Mildred denuncia que su marido tiene libros escondidos en casa. Los bomberos incendian la casa, Mildred se va y Montag huye. Con la ayuda de un antiguo profesor de literatura inglesa, Montag encuentra a unos vagabundos que viven escondidos y que han aprendido de memoria diferentes libros para poder volver a imprimirlos si la ”Edad oscura” termina alguna vez.

Anthony Burgess publicó La naranja mecánica en 1962 y la novela fue llevada al cine por Stanley Kubrick. Cuesta trabajo leer el texto porque está escrito en una jerga juvenil inventada por Burgess. La perspectiva fundamental es la del protagonista, Alex, de quince años y extremadamente violento. Alex trata muy mal a sus padres, miente constantemente y cuando se expresa correctamente es porque quiere manipular a alguien. La primera parte del libro consiste en una enumeración de las fechorías cometidas por él y sus tres compañeros. Atacan a un viejo profesor, a un matrimonio en una tienda, roban un coche, atacan a otro matrimonio violando a la esposa delante del marido y después destruyen todo lo que hay en la casa. En otra ocasión entran en una casa, matando de paso a la vieja que vive allí. Después del asesinato de la vieja, Alex es mandado a la cárcel, donde mata a otro prisionero. Es elegido para un programa de ”reeducación”. Le ponen inyecciones y le obligan a mirar películas ultraviolentas para que asocie la ultraviolencia con un fuerte malestar. Al poco tiempo, Alex ha cambiado y lo sueltan. Al ser liberado, se da cuenta de que nadie quiere tener trato con él a causa de su conducta anterior. Curiosamente, la novela termina con otra reeducación de Alex por parte de los enemigos del régimen que consideran intolerable que un ser humano no pueda elegir libremente su conducta, aunque ésta sea mala.

 

La novela antiutópica y la sociopatía

Si resumimos los rasgos principales de las sociedades totalitarias imaginadas por estos cuatro autores de antiutopías, lo importante es la vaciedad interior de los personajes y su soledad existencial. Los personajes mantienen pocas relaciones sociales, no pueden confiar en nadie, no viven arropados por una familia y ni siquiera tienen un hogar, en el sentido de un lugar para relajarse y estar con gente de confianza. Las relaciones sociales son tan destructivas que apenas permiten la supervivencia física de los individuos. La violencia es omnipresente: además de guerras continuas pero lejanas, hay suicidios y asesinatos.

El vacío psicológico se manifiesta en el lenguaje extremadamente pobre de los personajes. Los cuatro autores elaboran con mucho detalle la manera en que la sociedad prohibe el acceso a la cultura. Se quiere evitar todo lo que impida la placidez casi animal de los súbditos (Huxley), para evitar la disidencia (Orwell) o para evitar cualquier actividad mental, ya que el pensamiento parece ser visto como potencialmente subversivo (Bradbury). En Burgess, los protagonistas ”pasan de” la cultura por pereza y desinterés. Indirectamente nos están diciendo los autores que el lenguaje y la vida mental forman lo típicamente humano y que la lectura refuerza el desarrollo humano. ¿Por qué este odio extremo por la cultura por parte de las autoridades? La razón que se sugiere es que la cultura es la base de la libertad intelectual y la facultad de tomar decisiones propias. La información y la toma de decisiones tienen que ver con la voluntad, y los Estados totalitarios no quieren que los súbditos tomen otras decisiones que no sean las de obedecer.

Es interesante pensar en los conceptos de psicópata y sociópata en conexión con estas obras. Los protagonistas de Orwell, Huxley y Bradbury son más o menos normales y eso les convierte en anormales en las sociedades totalitarias en las que viven. La patología reside en la sociedad y no en el protagonista. En Burgess, casi todo es patológico: en primer lugar la conducta de los adolescentes ultraviolentos, pero es cuestionable también la conducta de las autoridades y de los personajes secundarios. Los cuatro textos tratan de la relación entre el individuo y la sociedad. Podríamos hablar de estudios antropológicos en el sentido de intentos de definir la relación entre el hombre y la sociedad.

 

La novela ”joven” y la novela de la antiutopía

Orwell, Huxley y Bradbury hablan de sociedades opresoras en las que la opresión ha sido organizada para servir propósitos políticos. La lucha contra la cultura es consciente y tiene por finalidad controlar a los súbditos. Se realiza un lavado de cerebro permanente a través de las amenazas y del desconocimiento programado, de la manipulación genética y de las drogas.

Lo que tenemos en Mañas y Etxebarria es a unos protagonistas que se someten a un lavado del cerebro inventado por ellos mismos, contra la voluntad de la familia y de la sociedad. En las novelas de la antiutopía, la amistad, la familia y el amor eran considerados antisociales y aparecían en la narración sólo como destellos de felicidad. Los protagonistas de Mañas y Etxebarria tienen a mano la cultura, la familia y el hogar, lo que humaniza al ser humano según la novela de la antiutopía, pero rechazan la cultura porque creen gozar más a través de la droga, el alcohol, el sexo y la música rock. En las novelas de la antiutopía, tomar drogas, dedicarse al sexo con diferentes parejas y aceptar la violencia de las autoridades eran signos de ”adaptación”, y lo antisocial era la amistad, el amor, el pensamiento, el recuerdo y la lectura. Estos valores son los recomendados por la sociedad democrática, libre y rica y aun así los jóvenes protagonistas deciden, perversamente, buscar lo que los convierte en menos humanos.

La comparación con la novela antiutópica permite identificar en las novelas de Mañas y de Etxebarria algo más profundo que el “realismo” que han encontrado algunos lectores jóvenes: una perspectiva filosófica hedonista y nihilista; una perspectiva política nihilista que, además, recuerda diferentes totalitarismos; una psicología egocéntrica o narcisista; y una actitud antisocial de parasitismo. Para caracterizar la novela según la terminología de la crítica literaria, podemos mencionar no sólo el posmodernismo sino también el tremendismo, el malditismo y el Bildungsroman negativo:

Perspectiva
Caracterización
Filosofía Hedonismo, nihilismo
Política Nihilismo
Sociedad Sociopatía, parasitismo
Psicología Narcisismo, egocentrismo
Corriente literaria   Tremendismo, malditismo, Bildungsroman negativo

 

Ética y estética

La estética de los mundos narrados por Mañas y Etxebarria está centrada en los valores ”jóvenes”. Ser joven y guapo es el ideal. Se buscan la belleza exterior, la velocidad, el placer corporal y la música para aturdirse. Es una estética narcisista o egoísta ya que estos jóvenes se colocan a sí mismos como centro de su propio sistema de valores. En este vacío ético, la estética ocupa todo el espacio de los valores. También se podría hablar de una ética basada en una estética que deja fuera a todos los que no pertenecen al grupo de compañeros como los ancianos, los niños, los feos, los gordos, los extranjeros y muchas veces a las mujeres.

En la novela joven, sin que estrictamente medie obligación alguna, los personajes se imponen a sí mismos una vida de aquí y ahora, sin sentido, similar a la de las personas que viven en situación de marginalidad, ciertos enfermos, los niños y los animales. Gutiérrez Resa (2003) habla de “presentismo” y de una vida sensorial. En vez de vivir como adultos, se dejan distraer y aturdir por la música y la televisión. Navajas (1996) añade cierta apatía para enfrentarse con la vida.

Newman (1993) destaca que la estética contemporánea da énfasis a lo inmediato y a la intensidad de la emoción con el cine como modelo ético y estético. El cine da una impresión de mostrar la realidad, algo que existe y que además tiene ”glamour”. No fomenta la reflexión sino la emoción, una conexión con los filósofos que desde hace más de cien años abogan por la ”vida inmediata” como valor en contraste con la cultura que requiere un esfuerzo. Esta valorización de la “vida” y lo físico se combina con una minusvaloración de la cultura y del pensamiento. Además, no se habla de responsabilidad y de esfuerzo. Precisamente, los personajes Carlos y Cristina viven en el momento y se guían por criterios estéticos.

Los ideales oficiales imaginados en las novelas antiutópicas son similares. En Huxley, el personaje Linda es fea, gorda y vieja y nadie quiere tener trato con ella excepto su hijo. En Burgess, la banda juvenil a la que pertenece Alex cuida mucho la apariencia y se viste a la última moda. Cuando Alex ve alguna acción particularmente sangrienta o cruel utiliza la palabra ”hermoso” para referirse a ella. En Orwell y Bradbury se habla de hacer desaparecer de manera discreta y eficaz no sólo a los disidentes sino también a los viejos. Esta comparación podría estar indicando que la novela joven quizá mantenga sus vínculos con una ética y estética totalitaria. Tanto la propaganda nazi como la soviética solían idealizar a la juventud, y en sus carteles predominaban los jóvenes de buen parecer.

La filosofía personal de los protagonistas en la novela joven es el nihilismo. El nihilista no carece de información sobre la bondad sino que niega la maldad de la maldad. Carlos y Cristina viven sin preguntarse si lo que hacen está bien o mal. Son amorales más que inmorales. Podríamos recordar la fórmula de Hannah Arendt sobre la banalidad del mal. Carlos es claramente malo, pero sus compañeros no se dan cuenta cabalmente.

Burgess, Bradbury y Huxley señalan que cuando no podemos elegir nuestra conducta, no somos plenamente humanos. Mencionan el concepto de libre albedrío y el cristianismo. Orwell dice lo mismo pero sin referencia al cristianismo. En Huxley, un personaje afirma que quiere tener el derecho de ser infeliz si le apetece. En Burgess, se dice que Alex es más humano siendo gratuitamente cruel que condicionado para ser ”bueno”. Los cuatro autores repiten sin cesar que cuando no se acepta la responsabilidad de los propios actos es como si no se estuviera viviendo.

Las novelas de antiutopía denuncian la instrumentalización del sexo por parte de las autoridades. La disponibilidad de todos en todo momento resulta similar a las escenas del marqués de Sade, un tipo de esclavitud, porque convierte a las personas en meros cuerpos. Volviendo a Mañas y Etxebarria, es obvio que el protagonista de Mañas ve a los otros personajes como cuerpos, no como personas. Algunos de los personajes de Etxebarria también tienen esta actitud, por ejemplo Ian. Los personajes femeninos buscan otro tipo de relación pero no son consecuentes y no logran acercarse a este ideal.

No nos produce sorpresa que los protagonistas de Mañas y Etxebarria desistan de la posibilidad de adquirir cultura, porque es actitud frecuente en nuestros días. Los autores de la antiutopía, por su parte, convierten el tema en uno de los núcleos de sus relatos. En las ”conversaciones” entre los personajes Montag y Mildred, Bradbury nos muestra la falta de calidad de vida de quienes dedican su vida al entretenimiento vacío. Mildred tiene un vocabulario tan limitado que apenas puede decirse que posea un lenguaje. Pronuncia palabras sueltas pero no habla, al menos en el sentido que solemos dar a la noción de lenguaje. No tiene recuerdos ni conocimientos de ningún tipo. Considera que los personajes de los culebrones son su familia. Para explicar cómo se ha llegado a esta situación, Bradbury denuncia los cambios sucesivos en la educación: se empezó haciendo resúmenes de resúmenes y todo debía ser rápido. La escolarización se abrevió, la disciplina se abandonó y se quitaron asignaturas consideradas inútiles como la filosofía, la historia y las lenguas extranjeras. El estudio de la lengua materna se simplificó abandonando la insistencia en la ortografía. ¡La vida es inmediata, sólo cuentan el trabajo y el placer que te espera después de la jornada de trabajo! ¿Por qué aprender cosas inútiles? El entretenimiento es sensorial y no tiene que ver con la inteligencia. El contraste con todo esto se ve en lo que dice otro personaje, el viejo profesor de inglés, Faber, quien cree que es preciso tener acceso a una información de buena calidad e invertir tiempo si se quiere pensar. Cita el famoso dicho del presidente Jefferson: Si una nación espera ser ignorante y libre, espera algo que no ha existido nunca y que nunca existirá.

Los autores de las antiutopías se preocupan profundamente por el desarrollo del lenguaje. Dicen una y otra vez que hay una conexión entre lenguaje y verdad. El ambiente moral de los textos está descrito a través del ”ambiente verbal”. El discurso tanto oficial como privado de una sociedad nos indica cómo es esa sociedad. Sin embargo, la relación de Mañas y de Etxebarria con el lenguaje parece de sólo mimetismo ya que si bien han sabido captar una manera de hablar no parecen entender toda la significación de esta manera de expresarse.

Los valores actuales de los jóvenes podrían ser valores sociológicos más que éticos, según unas encuestras recientes. Los valores más citados son la familia, el trabajo, los compañeros y el ocio (Gutiérrez Resa, 2003). Lo que vemos en las vidas de Carlos y Cristina es que el ocio, que incluye a los compañeros, es prácticamente su único valor que, sin embargo, queda degradado al no asociársele el valor del trabajo. Otro gran ausente es la familia.

Con esta constatación, vemos que los protagonistas se han alejado de toda clase de valores humanos. La antropología suele explicar nuestra inclusión en el mundo físico y simbólico como un hecho que acompaña nuestro nacimiento. El niño despierta al mundo a través del cuidado, las caricias, la sonrisa y el lenguaje de la madre y del resto de la familia. Nace dentro de una comunidad humana con su lengua propia y su cultura específica. Para permitir la continuada conviciencia son necesarias ciertas reglas de conducta que no forman una imposición sino que recogen la constatación de cómo funcionan los grupos humanos y que el niño necesita aprender desde el principio. Los personajes Carlos y Cristina son “libredisfrutadores” o -con una palabra más tradicional- parásitos sociales ya que no apoyan al Estado bajo cuya protección viven, para no mencionar que sobre todo Carlos comete una serie de actos directamente criminales. El mensaje que quieren difundir los autores de las novelas antiutópicas es, por el contrario, que si no aceptas la responsabilidad de tus actos y tu responsabilidad por las personas alrededor de ti, no tienes una vida digna, casi ni siquiera vida.

 

Comentarios extraliterarios de los autores de la antiutopía

En su estudio, Una nueva visita a un mundo feliz, de 1959, Huxley habló del esfuerzo que la naturaleza ha realizado para lograr que seamos diferentes los unos de los otros. Mental y físicamente, cada uno de nosotros es un individuo original. Las sociedades que por razones de ingeniería social, política o religiosa se niegan a aceptar esto van en contra de la naturaleza humana. Los humanos buscamos el sentido, la relación y el valor individual. Y Huxley añade que una sociedad no puede progresar si sus miembros no colaboran con la sociedad. Es decir, que combate a la vez el conformismo totalitario y la pereza democrática.

Huxley también denuncia el ilusorio mundo presentado por la televisión. Cree que los televidentes no van a tener fuerza para oponerse a los que puedan querer manipularlos. Ya en 1959 tiene la clarividencia de notar cómo en los países occidentales, el entretenimiento constante amenaza con ahogar en un mar de irrelevancia lo que se necesita para mantener la libertad y las instituciones democráticas. Ve Huxley cómo las elecciones son influidas por las encuestas previas, por las políticas populistas y por la presentación física del candidato más que por su mensaje. Los expertos en comunicación y el glamour deciden quién saldrá elegido. Los mensajes televisivos de cinco minutos convierten en imposible un verdadero debate. Como los otros autores, Huxley insiste en que hay que educar a los jóvenes en el buen uso del lenguaje porque sólo así serán conscientes de lo que intentan los manipuladores. El uso correcto del lenguaje es el sine qua non de la libertad. Cree que no sólo debería haber un ”habeas corpus” sino un ” habeas mentem”.

Para los autores de la novela antiutópica, la verdad y la historia son temas de primera importancia. Despreciar la verdad está en el meollo mismo del pensamiento totalitario. En 1984, Orwell describe minuciosamente cómo el Estado controla a los súbditos. Dispone de una policía del pensamiento y utiliza a los hijos para vigilar y denunciar a los padres. Destruye archivos y libros y rebautiza calles y plazas, porque cuando los datos han sido cambiados o borrados, no se puede probar nada. La historia se ha parado y sólo existe el ahora. Orwell insiste en que no es suficiente para un régimen totalitario borrar los datos, primero tiene que introducir la confusión. Con la ”neolengua”, la palabra nueva ”oculta” a la antigua y la desplaza, con lo cual es más difícil acordarse de la que fue primero. La historia se vuelve un palimpsesto, y todo es cambiable. Con un poco de práctica, la gente se acostumbra a aceptar contradicciones como ”la guerra es la paz”, ”la esclavitud es la libertad”, ”la ignorancia es el poder”, ejemplos del ”control de la realidad” o del ”doblepensar”.

En un texto breve pero importante, ”Looking back on the Spanish war”, Orwell discute el concepto de la verdad. Ya que había visto de sus propios ojos cómo era la situación en España, se dio cuenta de las mentiras presentadas por la prensa en diferentes países, a veces por ignorancia a veces para que los partidarios del periodista salieran favorecidos. Orwell menciona un tipo de ceguera especialmente frecuente en Gran Bretaña, una conexión entre las creencias políticas y la literatura: ”Nosotros en Inglaterra, subestimamos el peligro de esas cosas porque nuestras tradiciones y nuestra antigua seguridad nos ha dado la idea sentimental que todo se arregla al final y que lo que más temes no va a suceder. Alimentados durante cien años con una literatura en la que el bien siempre vence en el último capítulo, creemos medio instintivamente que el mal siempre se devora a sí mismo a largo plazo. El pacifismo, por ejemplo, está basado casi totalmente en esta creencia. No te opongas al mal y se destruirá él mismo de alguna manera. ¿Pero por qué sucedería eso? ¿Qué prueba hay de eso?”(pp. 480 - 481. Mi traducción.)

 

Una antropología novelada

Un breve esquema puede ayudarnos a ver hasta qué punto los temas de estos libros coinciden:

 

Malas relaciones personales Desprecio por otros Violencia del Estado Sexo fácil Droga Violencia de maleantes Violencia de familiares
Orwell
X
X
X
Bradbury
X
X
X
Huxley
X
X
X
X
X
Burgess
X
X
x
X
X
X
X
Mañas
X
X
X
X
X
X
Etxebarria
X
X
X
X
X
X

“X” con mayúscula significa tema importante
y “x” con minúscula tema presente pero de manera menos destacada.

Si empezamos a atar los cabos, es llamativo que en todas estas novelas, predominen las malas relaciones personales y la soledad existencial. En las novelas de Orwell y Bradbury, los protagonistas intentan establecer una relación más íntima con otra persona pero sólo lo logran en algún que otro momento. Acompaña a esta vida solitaria generalmente el desprecio por otras personas, en particular por los ancianos, los niños, los extranjeros y muchas veces las mujeres. En Orwell y Bradbury se trata de una opresión más clara, y toda la violencia es ejercida por el Estado.

En Huxley y en Burgess, se repiten los rasgos de la soledad existencial y del desprecio por los que no son como los protagonistas, pero los protagonistas son corresponsables de su propia opresión porque toman drogas, no intentan vivir otra vida que la por la cual han sido acondicionados. Hay alguna excepción como el personaje John y en parte Bernard en Huxley y algunos personajes secundarios en Burgess como el escritor y el profesor, víctimas del protagonista. Otra diferencia es que en Huxley la violencia del Estado es algo menos visible. Parece un mundo feliz. En Burgess, la violencia viene de los protagonistas, jóvenes superviolentos, y es el Estado el que intenta poner coto a la violencia del protagonista metiéndolo en la cárcel. El Estado también lo reeduca para que ya no sea tan violento. En conclusión, la violencia sigue siendo protagonista, pero no es una violencia impuesta por el Estado sino combatida por el Estado, aunque ineficazmente.

En Mañas y Etxebarria volvemos a encontrar los mismos elementos: malas relaciones personales, deprecio por los personajes que son distintos de los protagonistas, drogas, sexo fácil y violencia. Lo que ha cambiado es que ahora la droga y el sexo no son medios propuestos por el Estado para asegurarse de la sumisión de los ciudadanos sino algo elegido por los propios protagonistas en contra de la voluntad del Estado. Para algunos, quizá se trate de comportamientos más o menos tolerados por la sociedad. Un tema que se ha ”desplazado” es la violencia, ejercida aquí por amigos y familiares. Hay también ejemplos en la novela de violencia contra uno mismo como el suicidio y la sobredosis, presentes también en otras novelas.

En los mundos narrados por Mañas y Etxebarria, los protagonistas viven como si no tuvieran futuro, como si no tuvieran posibilidad de convertir sus vidas en algo fructífero. La droga y la desvinculación de sus próximos -con la consiguiente soledad existencial- han convertido a los personajes en seres tan poco libres como los personajes de las novelas de las diferentes dictaduras inventadas por los autores de la antiutopía. En particular notamos que ha desaparecido el hogar como lugar de inclusión y de calor humano y ha desaparecido la familia como lugar de educación. Hogar y familia sólo quedan como referencias espaciales o cronológicas. El hecho de no tener verdaderamente un hogar y una familia es lo que comparten los personajes de todas las novelas estudiadas, junto con la característica de no leer ni cultivarse. Curiosamente, los protagonistas de Mañas y Etxebarria tienen familias pero apenas sí tratan con ellas y son estudiantes universitarios y tienen acceso a libros pero no les gusta estudiar. Tienen acceso a lo que estaba prohibido para los protagonistas de las otras novelas pero prefieren “pasar de” la cultura.

¿Cómo debemos calificar esta actitud? ¿Autodestrucción? ¿Odio hacia sí mismo? ¿Profunda ignorancia de las condiciones de la vida humana? Los personajes de Mañas y de Etxebarria viven en una sociedad democrática de bienestar que no les impone ningún credo político ni religioso. Eligen ellos mismos el hedonismo y descartan ellos mismos toda responsabilidad por los otros, en particular por la familia. ¿Autocomplacencia? Mañas y Etxebarria no sugieren ninguna interpretación; sus novelas son obras “abiertas”. Dejan a sus lectores la tarea de evaluar los eventos del mundo narrado.

Lo que nos dicen Huxley, Orwell, Bradbury y Burgess es que las buenas relaciones personales y la cultura son esenciales para el ser humano. La violencia, la droga y el sexo indiscriminado nos dañan y nos convierten en menos humanos. Si nos imponemos una vida que nos perjudica, no hemos entendido lo que es y lo que puede ser la vida humana. Por eso, estas novelas nos embarcan en un viaje de descubrimiento de la condición humana.

Symons (1992) cita en su introducción a 1984 a Robert Conquest. Cuando éste estaba en la Unión Soviética, le preguntaron una y otra vez cómo Orwell había podido describir el sistema soviético con tanta precisión sin haber visitado el país, y cómo otros, por ejemplo Wells, que sí habían visitado el país, no habían visto nada. La repuesta de Conquest fue que éstos no habían visto lo que no querían ver. En nuestra época, ¿será que no estemos queriendo ver que la conducta de los personajes de Mañas y de Etxebarria es antisocial y patológica? Eso es lo inquietante. Sin embargo, esta relación entre la conducta antisocial y la tiranía ya la había visto Platón cuando afirmó en La República VI: ”Cuando los padres se habitúan a dejar hacer a los niños /…/ cuando los maestros tiemblan frente a sus alumnos y prefieren halagarlos, cuando los jóvenes desprecian la ley porque no reconocen nada más allá de ellos mismos, entonces comienza la tiranía.”

 

Bibliografía

Burgess, Anthony. A Clockwork Orange. Londres: Heinemann, [1962],1972.

Bradbury, Ray. Farenheit 451. Bath: Chivers press, [1954], 19 88.

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Echevarría, Ignacio. ”Safari por los Peligros del Asfalto”. Babelia. El País. 9 de diciembre de 1995 (reseña de Mensaka de J.A. Mañas)

Echevarría , Ignacio. ”Oiga usted, joven.” El País, 30 de octubre de 1999.

Extebarria, Lucía. Amor, curiosidad, prozac y dudas. Barcelona: Plaza&Janés, [1997], 2000.5a ed.

Gutiérrez Resa, Antonio. Sociología de valores en la novela contemporánea (La generación X). Madrid: SM, 2004

Huxley, Aldous. Brave new world. Londres: Hogarth Press, [1932],1984.

Huxley, Aldous. Brave new world revisited. Londres: Hogarth, [1959], 1984.(En español: Nueva visita a un mundo feliz. Buenos Aires: Sudamericana,1960)

Krauthammer, Charles. ”Den allt svårare konsten att vara normal”. Moderna Tider, octubre de 1994. (Traducción)

Mañas, José Ángel: Historias del Kronen. Madrid: Destino,1994.

Navajas, Gonzalo. Más allá de la posmodernidad. Estética de la nueva novela y cine españoles. Barcelona: EUB, 1996

Newman, Amy. ”Aestheticism, Feminism, and the Dynamics of Reversal”. Hein, Hilde & Korsmeyer, Carolyn. Aesthetics in Feminist Perspective. Bloomington, Indiana: Indiana University Press, 1993.

Orwell, George. Homage to Catalonia and Looking back on the Spanish war. Hammondsworth: Penguin, 1966.

Orwell, George: Nineteen eighty-four. Londres: Random House, [1949],1992.

Symons, Julian. “Introducción”. Orwell, George: Nineteen eighty-four. Londres: Random House, 1992.

 

© Inger Enkvist 2004
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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