Problemas de puntuación
en La fiesta del chivo, de Mario Vargas Llosa

Miguel Ángel de la Fuente González
Escuela Universitaria de Educación de Palencia


 

   
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La Fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa, es una obra de lectura apasionante; por ello, quizás muchos lectores no se hayan dado cuenta de algunos detalles de su puntuación. Aunque nuestra lectura, en principio, no tenía otro fin que el mero disfrute literario, pronto advertimos y fuimos señalando, de paso, algunos casos cuestionables de puntuación. Nuestra localización de ejemplos no fue exhaustiva; pero, dada la naturaleza de los problemas ortográficos en juego, los casos localizados son suficientes como para que les prestemos nuestra atención. Posteriormente, y tratando de establecer cierto contraste, hemos buscado, aunque tampoco de forma exhaustiva, casos similares en dos obras anteriores del mismo autor; ¿Quién mató a Palomino Molero? (¿QmPM?) y Los cuadernos de don Rigoberto (CdR). Todo ello nos da pie para abordar los siguientes problemas de puntuación:

1) Puntuación después de conjunción.

2) Conjunción precedida de coma.

3) Sujetos puntuados.

4) Complementos circunstanciales separados del verbo.

 

l. PUNTUACIÓN DESPUÉS DE CONJUNCIÓN

Obsérvense los siguientes ejemplos:

A) Pero él no tenía ganas de reírse con las cosas que le dijo la muchacha.

B) Pero, con las cosas que le dijo la muchacha, él no tenía ganas de reírse.

C) Pero*, él no tenía ganas de reírse con las cosas que le dijo la muchacha.

D) Empero, él no tenía ganas de reírse con las cosas que le dijo la muchacha.

La puntuación después de conjunción (casos B y C) es teóricamente un problema ya que, si se interpreta la coma como una pausa, la conjunción, que es normalmente palabra átona, pasa a ser tónica, lo cual es una distorsión. Otra cosa es que, aunque figure coma, no se llegue a realizar pausa y se considere como una forma meramente visual de delimitación por seguir un inciso o una interposición (caso B). Sin embargo, cuando a la conjunción sigue el verbo o el sujeto (caso C), la coma resulta inaceptable, ya que ni delimita ni indica, o debe indicar, pausa.

La puntuación tras conjunción es frecuente en las obras citadas de Vargas Llosa. En tales circunstancias, las conjunciones de más frecuente aparición son pero e y, aunque hemos localizado casos esporádicos de otras, como porque, cuando, que, aunque, o, sino. Por ejemplo:

Se aplicó en el caso de Radhamés, si es que murió así. Porque*, nada se ha comprobado (FCh: 141).

Cuando*, algunos asistentes, reaccionando, intentaron sacar a las putas fuera de la iglesia [...], irrumpieron los caliés [...] (FCh: 241).

Aunque*, esos juegos y burlas picantes tramados y disfrutados por los hermanos no correspondían al sentido irónico en el que el poeta-bibliotecario utilizaba el verbo compartir (CdR: 131).

Cuando comenzó a contar, lo hizo con el lujo de fechas y detalles de un testigo de lo que contaba. O*, protagonista, pues ponía la emoción de quien lo había vivido en carne propia (CdR: 116).

No se encierra ahí, para leer, ver pinturas ni oír sus discos. Sino*, para pensar en ti (CdR: 202).

Mención aparte merecen estos dos casos:

Así que*, no vuelvas a decir disparates, si no quieres que me enoje (CdR: 239).

Y que*, la modelo vista de frente no era la de carne y hueso, sino la imagen del espejo (CdR: 274).

Aunque la mayoría de los casos se encuentran en inicio de oración, también los hemos encontrado localizados en interior de frase (seguramente en menor número). Ejemplos:

Sus ojos eran grandes, seguros de sí, dueños del mundo (cuando no estaba cerca del Jefe); pero*, esas dos ranuras que la miran fijamente son pequeñitas, ratoniles y asustadizas (FCh: 64).

Es que, Rigoberto, perdona que abuse, pero*, eres la única persona aquí con la que tengo confianza (CdR: 215).

Después de esta primera aproximación, y sobre el problema de coma detrás de conjunción, abordaremos los siguientes apartados:

1.1. Conjunción (coma) sujeto.

1.2. Conjunción (coma) verbo.

1.3. Conjunción (coma) CC.

1.4.. Elementos coordinados.

1.5. Casos varios.

1.1. CONJUNCIÓN (COMA) SUJETO

En los casos de coma entre la conjunción y el sujeto de la oración, el sujeto puede tener muy diferentes realizaciones: sustantivo, sustantivaciones, pronombres, proposiciones, etc. Algunos ejemplos:

Pero*, la aniquilación parecía excluida (FCh: 269)

Pero*, el Presidente sabía que, hombre práctico, en vez de reaccionar con una bravata estúpida, aceptaría el mal menor (FCh: 462).

Pero*, Balaguer sabía que el hijo de Trujillo jamás dejaría salir libres a los ajusticiadores todavía vivos (FCh: 472).

Pero*, eso mismo lo vuelve insalvable en estos momentos (FCh: 461)

Pero*, lo que me intriga es que a ese engendro haya podido hacerle hijos (FCh: 97).

Pero*, yo no soy militar (FCh: 106).

Pero*, gobernar tiene una cara sucia, sin la cual lo que usted hace sería imposible (FCh: 304).

Pero*, un instinto le diría que*, ese hombre que venía puntualmente a visitarla cada tarde, era un ser querido (FCh: 367).

De una revisión rápida de Los cuadernos de don Rigoberto (CdR), extrajimos, entre otros, los siguientes ejemplos:

Pero *, mi concepción de mi futuro hogar es la opuesta (CdR: 16).

El corazón de doña Lucrecia, que había comenzado a serenarse, se aceleró de nuevo; pero*, lo que más la turbó fue la sonrisita de Justiniana (CdR: 38-39).

Pero*, esa docilidad suya era también parte del juego (CdR: 61 ).

Pero*, este juego se iba enturbiando (CdR: 114)

Pero*, eso era adelantarse (CdR: 117).

Y*, doña Lucrecia, desde niña, había sentido fascinación por asomarse a los abismos [...] (CdR: 160).

Sin embargo, en ¿Quién mató a Palomino Melero? (1992), hemos encontrado solamente tres casos de sujeto:

Tenía ganas de fumar, pero*, prender un cigarro, ante el dolor de esta señora, le parecía una irreverencia (¿QmPM?: 18).

Pero*, el joven, al oírlo, dio media vuelta y se precipitó hacia él [...] (¿QmPM?: 99).

Y*, ustedes dos, también estréchense la mano [...] (¿QmPM?: 101).

A pesar de todos los ejemplos anteriores, a lo largo de La Fiesta del Chivo, igual que en la otras obras, también encontramos puntuaciones normales como estas:

Pero Urania no tiene fuerzas para disimular (FCh: 263).

Pero los diminutos ojillos, aunque no se apartaban de Urania, se mantienen inexpresivos (FCh: 65).

Pero Trujillo detestaba ese aire postizo que resfriaba, esa atmósfera mentirosa" (FCh: 154).

Pero ella aún no se ha ido a la cama (FCh: 340).

En otros casos, el sujeto está rematizado o precedido de la conjunción ni, lo que, en cierto modo, podría explicar una pausa previa, aunque no justifique su puntuación con coma:

Pero*, ni siquiera eso fue lo peor (FCh: 115).

Pero*, ni Negro ni yo tenemos afuera casas, acciones, ni cuentas corrientes (FCh: 481).

Pero*, ni la lavandera ni Sandy ni ninguna de las experiencias casuales o mercenarias de su mitología, se podía comparar con la de ahora [...] (CdR: 190).

1.2.CONJUNCIÓN (COMA) VERBO

No siempre Vargas Llosa puntúa entre conjunción y verbo, por lo que, en las tres obras mencionadas, podemos encontrar casos normales, como sucedía en el apartado anterior. Estos son algunos de los casos puntuados:

Pero*, soy un hombre de honor (FCh: 119).

Pero*, no metería mis manos al fuego por su lealtad (FCh: 99).

Pero*, hay que hacerlo bien (FCh: 182).

Pero*, permítame una aclaración, Excelencia (FCh: 94).

Pero*, se mataba, se golpeaba, se torturaba y se desaparecía (FCh: 128).

Pero*, quise verificarlo, que no quedara duda (FCh: 217).

Y*, había tomado también la precaución de disimular en el tacón hueco de su zapato un veneno a base de cianuro [...] (FCh: 125).

Es que*, resulta tan increíble, tía (FCh: 257).

Es que*, estoy desconcertado (FCh: 343).

Hay casos en que la puntuación salta más a la vista, por tratarse sólo de conjunción y verbo, lo que no impide que, en tan mínimo espacio, se use la coma: "Pero*, fracasé" (FCh: 508); "Pero*, irá" (FCh: 41); "Pero*, me extrañaría" (FCh: 283).

También en nuestra rápida revisión de Los cuadernos de don Rigoberto hemos encontrado casos de puntuación entre conjunción y verbo:

Pero*, era tarde (CdR: 69).

Pero*, no importa (CdR: 43).

Pero*, sabes que nada de eso hará falta, y que, en esa semana, el buen Modesto [...] será tan respetuoso contigo como hace años [...] (CdR: 49).

Pero*, tuve miedo todo el tiempo (CdR: 54).

Pero*, era la más cara (CdR: 55).

De cuando en cuando, le recorría un escalofrío. Pero*, se fue sosegando y, sin apartarse de ella, […] comenzó a hablar (CdR: 115).

La muchacha vaciló, por primera vez desconcertada; pero*, se recompuso de inmediato (CdR: 104).

Sin embargo, en ¿Quién mató a Palomino Melero?, hemos encontrado tan sólo cinco casos con verbo:

Pero*, ven, siéntate, fúmate este pucho (¿QmPM?: 70).

Pero*, dígame al menos qué tengo que hacer ahora (¿QmPM?: 103).

Pero*, no se hagan ilusiones (¿QmPM?: 162).

Pero*, te aconsejo que por el momento no hagas nada, salvo echarte a dormir (¿QmPM?: 169).

Porque*, le juro que no he visto a un hombre tan templado de nadie como a él de usted (¿QmPM?: 79).

Apartado especial merecen los casos en que interviene la modalidad interrogativa o exclamativa. Hay dos posibilidades con respecto a la conjunción: que se encuentre fuera o dentro de los signos de interrogación o exclamación.

Lo encontramos normalmente sin coma cuando no se incluye (una de las posibilidades ortográficas aceptadas). Por ejemplo:

Pero ¿viene o no viene? (FCh: 107).

Me lo hubiera traído aquí. Pero ¿dónde, en esta ratonera? (FCh: 253).

Pero ¿y mi mujer y mi hijito? (FCh: 391).

Curiosamente, si incluye la conjunción dentro del espacio flanqueado por los signos de interrogación o de exclamación, sí puntúa tras la conjunción, lo que no creemos que resulte aceptable. Algunos ejemplos:

¿Pero*, cómo hemos terminado hablando de los hijitos de tu Jefe, papá? (FCh 139)

¿Pero*, por qué partir como huyendo? (FCh: 195).

¿Pero*, qué carro conseguir? (FCh: 391).

¿Pero*, qué batalla era ésta? (CdR: 76).

¡Pero*, qué es esto! (FCh: 195).

Para estos casos de conjunción cercana a cambios de modalidad, los ortógrafos tienen posturas opuestas. Por ejemplo, Carnicer (1992: 50) advierte que "como elementos de enlace que son [las conjunciones], tanto pertenecen a uno como a otro de los términos u oraciones enlazados". A ello atribuye que nos encontremos dos formas diferentes de puntuación:

Pues ¿qué sucede? // ¿Pues qué sucede?

Pero ¿llegarán? // ¿Pero llegarán?

Y ¿quién lo ha traído? // ¿Y quién lo ha traído?

José Polo (1974: 323) prefiere la forma puntuada ("Pero, ¿llegarán?"; "Y, ¿quién lo ha traído?"), porque "se marca mejor el contraste entre dos partes prosódicas. Además, esta segunda solución confirma la ausencia de coma tras esos vocablos cuando van dentro de la interrogación". Es decir: que excluye las posibilidades que usa Vargas Llosa: "¿Pero*, llegarán?"; "¿Y*, quién lo ha traído?", por ejemplo.

Como, cuando hay una palabra interrogativa o exclamativa, Vargas Llosa omite, con frecuencia, los signos de puntuación correspondientes, los ejemplos que siguen también parecen cuestionables:

Pero, qué importaba (FCh: 358).

Pero, cómo vas tú a quejarte, muchacha (FCh: 513).

Pero, cómo ha sido eso (FCh: 192).

1.3 . CONJUNCIÓN (COMA) ELEMENTO CIRCUNSTANCIAL

Se trataría de lo que llamamos "interposición": un complemento circunstancial que se coloca entre la conjunción y el sujeto o el verbo de la oración, por ejemplo. En estos casos, existen cuatro posibilidades de puntuación que ejemplificamos a continuación:

A) Pero a los pocos minutos llegó la esperada noticia.

Sin comas; su aceptabilidad dependería de la longitud del elemento interpuesto o del contexto, aunque no hay normativa oficial al respecto (no nos estamos refiriendo a casos de oraciones en inciso).

B) Pero, a los pocos minutos, llegó la esperada noticia.

Comas en los flancos del elemento interpuesto (puntuación plena).

C) Pero a los pocos minutos, llegó la esperada noticia.

Sólo la segunda coma; lo denominamos puntuación parcial o “laxa”.

E) Pero *, a los pocos minutos llegó la noticia esperada.

Poner sólo la primera coma suele considerarse inaceptable.

Aunque la normativa de la Real Academia, ni en su versión antigua ni en la actual, se refiere a la puntuación de estos casos, pueden encontrarse referencias en algunos ortógrafos. Las opiniones varían. Veremos tres.

J. A. Benito Lobo (1992: 82-83) admite la puntuación plena como forma de "destacar el complemento" (Él continuaba hablando, pero, al mismo tiempo, recorría con la mirada su alrededor); y desecha la puntuación parcial o laxa (sin la primera coma): Él continuaba hablando, pero al mismo tiempo, recorría con la mirada su alrededor, porque "la conjunción no afecta sólo, ni fundamentalmente, al complemento de tiempo, sino a toda la oración" (razón de tipo sintáctico, no fonético).

Sin embargo, según Adelino Álvarez (1983, 51-52), si lo que precede al inciso es corto, "tiene poco cuerpo" (como el caso que nos ocupa: una simple conjunción), se omite con frecuencia la primera coma, aunque advierte que "el uso de esta coma marca mejor la relación sintáctica".

Ramón Sol (1992, 30) critica a los correctores que se empecinan en la "simetría de las comas": "coma que se abre, coma que se cierra, o a la inversa"; y advierte: "Pero en buen castellano no ha de ser forzosamente así". No aclara demasiado, la verdad.

En conclusión, no encontramos a nadie que defienda una puntuación que se limite a la primera coma (tipo D).

En La Fiesta del Chivo, encontramos casos de puntuación de los cuatro tipos mencionados. Veamos el cuarto tipo (el D), que es el que más nos interesa aquí (ponemos barra en el límite del elemento interpuesto, donde debería ir la segunda coma):

Pero, * inmediatamente/ decidió que había que ir con las amonestaciones hasta la cabeza (FCh: 169).

Y, entonces/ se le ocurrió: “Un remedio igual a la enfermedad” (FCh: 170).

Pero*, varias veces/le apedrearon (FCh: 197).

Pero*, para eso/ no tengo voluntad (FCh: 368).

Pero*, ni siquiera por esas/ malicié nada (FCh: 71).

Pero*, a los pocos momentos/ se calma, sus ojos siempre clavados en ella (FCh: 65).

También en Los cuadernos de don Rigoberto hemos localizado casos similares:

Pero,* en todas ellas/ hay emboscado siempre un censor, un comisario, un fanático [...] (CdR: 169).

Pero*, inmediatamente/ recordó que citaba (CdR: 182).

Pero*, en eso/ apareció Gulliver, salvando a la Emperadora de Lilliput [...] (CdR: 174).

Sin embargo, también en La Fiesta del Chivo tenemos localizado algún caso de interposición puntuado de manera parcial o laxa:

En un momento, Antonio de la Maza encendió la radio, pero/ apenas compareció la voz acaramelada del locutor de la Voz del Trópico anunciando un programa dedicado al espiritismo, apagó (FCh: 174).

Vive, pero/ en lo que concierne a este régimen, dejó de existir (Fch: 224).

Sin embargo, suele darse puntuación plena cuando los elementos interpuestos son más de uno, como sucede en los siguientes ejemplos:

Pero, fuera del campo sentimental, en el político, él se había sentido siempre un clásico (FCh: 94).

Y, entonces, la víspera del día indicado, el 14 de junio de 1959, ocurrió en las montañas de Constanza aquel sorprendente aterrizaje [...] (FCh: 177).

Pero, ahora, en el despacho, al mencionarle la conspiración de Juan Tomás, noté algo raro (FCh: 373).

Pero, como el general Ramfis tiene poderes de usted, y en otras ocasiones ha retirado fondos, sería conveniente hacer saber al Lloyd's que hubo un malentendido (FCh: 158).

l.4. CONJUNCIÓN (COMA) ELEMENTO COORDINADO

Se trata de casos en que se coordina un elemento perteneciente a la oración anterior, separada con punto, y que muy bien podría haber sido simplemente coma (el punto, en estos casos, tendrían un valor enfatizador). Algunos ejemplos:

Cuando sus amigos lo cargaron para meterlo en el Chevrolet Bel Air, el dolor fue tan vivo que perdió el sentido. Pero*, por pocos segundos, pues cuando recuperó la conciencia aún no partían (FCh: 313).

Está peor que tú, cosido de balas de la cabeza a los pies. Pero*, vivo (FCh: 323).

Pero*, no era eso lo que ahora le atormentaba. Sino*, darse cuenta de que, aunque hubiera matado al Jefe, las cosas no habían salido como estaba planeado (FCh: 330).

Mi papá tiene libros. Pero*, en alemán (CdR: 155).

También hemos encontrado casos correctamente puntuados:

Como estaban en estado floreciente, sobreviven. Pero no de manera indefinida (FCh: 153).

Tú has sido su adoración. Y su tormento (FCh: 278).

Le habían quitado la oficina del Congreso y el auto oficial, y su carnet del Country Club, donde hubiera podido refugiarse, tomar una bebida fresca, viendo, desde el bar, ese paisaje de jardines cuidados y remotos jugadores de golf. O ir donde un amigo, pero ¿le quedaba algún amigo? (FCh: 279).

1.5. CASOS VARIOS

Aquí vamos a comentar diversos casos, quizás menos frecuentes, de puntuación problemática, como algunos que tienen que ver con la elipsis verbal, conjunciones expletivas y oraciones incompletas.

1.5 .1. Casos de elipsis. La coma escrita detrás de la conjunción distorsiona la frase, pues la pausa no corresponde a dicho lugar:

Gisela, la hermanita mimada, la preferida de Salvador. Y, * mucho más desde que abrazó la vida religiosa (FCh: 244). [Y mucho más, desde que abrazó la vida religiosa].

Pero*, no (FCh: 319). [Pero no].

Pero*, no, en vez de a La Cuarenta lo llevaron a El Nueve [...] (FCh: 422). [Pero no, en vez de a La Cuarenta, lo llevaron a El Nueve].

-Nos matan a nuestros padres, a nuestros hermanos, a nuestros amigos. Ahora también a nuestras mujeres. Y*, nosotros, resignados, esperando nuestro turno (FCh: 181). [Y nosotros, resignados, esperando nuestro turno].

1.5.2. Elipsis de verbo dicendi. Aunque también hay casos en La Fiesta del Chivo, pondremos aquí algunos localizados en ¿Quién mató a Palomino Melero?:

-Un pan de dios -la oyó decir. Y*, luego de una pausa-: Un angelito caído del cielo (¿QmPM?: 120) [-la oyó decir. Y luego de una pausa-:]

-¿Se ha matado? -insistió Lituma. Y*, estirando el brazo-: ¿Me la deja ver, mi Teniente? (¿QmPM?: 167) [-insistió Lituma. Y estirando el brazo-:].

-Bueno, me voy -anunció, harto de todo y de todos. Y*, a Lituma-: ¿Tú te quedas? (¿QmPM?: 177) (-anunció, harto de todo y de todos. Y a Lituma-:].

1.5.3. Casos en que aparece pero con valor expletivo. Algunos ejemplos:

-Pero*, si estás en traje de deporte -advirtió Lucinda, cuando ya están en la sala, junto a la ventana que da al jardín (FCh: 198).

Compárese con estos tres ejemplos:

Pero, si estás en traje de deporte, te moverás mejor.

Pero si estás en traje de deporte...

¡Pero si estás en traje de deporte!

Otros ejemplos localizados:

Pero*, si no pueden ser más naturales (CdR: 264).

Pero*, si hace un ratito dijiste que era el niño más normal del mundo (CdR: 203).

Pero*, si estás temblando (CdR: 364).

Sin embargo, también hemos encontrado: "Pero si eres tú, Toñito" (FCh: 359).

1.5.4. Oración incompleta, con valor entre exclamativo e interrogativo:

Usted es una excepción, doctor Balaguer. ¡Pero*, los otros! Una recua de canallas (FCh: 295). [¡Pero los otros...!].

Había visto pañuelos blancos, azules, grises. ¡Pero*, rojos! Vaya capricho. (FCh: 56). [¡Pero rojos...!].

1.6. REFLEXIONES SOBRE LA COMA DESPUÉS DE CONJUNCIÓN

Todos los casos de puntuación que acabamos de examinar en este primer apartado tienen, al menos, dos vertientes que merecen comentario: la ortográfica y la fonética; aunque, al final, acaben confluyendo.

1.6.1. Desde el punto de vista ortográfico, creemos inadmisible la puntuación tras nexo, a no ser que siga una oración de inciso o una interposición. Es verdad que no hemos localizado en los ortógrafos consultados ninguna referencia ni condena a tales casos, pero es que tampoco se trata de una práctica puntuaria frecuente en otros autores, al menos que nosotros sepamos. Aunque nos puede haber pasado desapercibida, pues, en dos calas de obras de muy diferentes épocas, nos hemos llevado alguna sorpresa. Así, en El valle de Josat (VJ), de 1944, de Eugenio d'Ors, hemos encontrado, en una revisión rápida, estos cinco casos:

Pero*, uno se ha sentido, en cierto punto de la existencia, con obligación perentoria de esculpirse a sí mismo (VJ: 11).

Y*, como quien se cansa pedaleando es él... (VJ: 43).

Pero*, ha pasado un siglo (VJ: 110).

Pero*, hay La ciudad de Dios, primera gran historia de la cultura […] (VJ: 129).

Pero*, hagamos el esfuerzo (VJ: 136).

En la Crónica del rey pasmado (Crp), de Torrente Ballester (1993), hemos localizado solamente dos casos:

-Admito que también fuese la obligación del Rey; pero*, quien va obligado no va libre (Crp: 58).

-Y*, lo nuestro, ¿qué es? (Crp 94).

A la coma, en tales casos, al igual que en las obras de Vargas Llosa, no la podemos atribuir un valor delimitador: la conjunción no puede independizarse de aquello que une, para formar grupo fónico independiente. Aunque, claro, echando a volar la imaginación, podríamos considerar a las conjunciones así puntuadas, y tónicas, como aspirantes a enlaces supraoracionales, similares a sin embargo o empero (para los casos de pero) y además (para los casos de y), lo cual seguramente será ir demasiado lejos.

El Esbozo (1973: 72) recuerda que pero es palabra tónica en italiano, en judeoespañol de Marruecos y en catalán (explicación posible para d'Ors). Y, desde luego, no hay que olvidar la tendencia al énfasis y la circunstancia de que se puntúa tras conjunción cuando le sigue un inciso, todo lo cual puede llevar a cierta confusión o automatismo cuestionable.

Ángel Rosenblat (1971: 66) ya advertía que la pausa debe producirse antes de la conjunción, no después, aunque sea donde suele escribirse la coma; y reflexionaba sobre las consecuencias no deseables que esa simple coma podría tener en el habla:

Esa pausa inadecuada después de la partícula que, y, o, se observa con frecuencia creciente en Hispanoamérica, y también en España. Lo cual prueba que una pequeña coma, impuesta por las modernas reglas ortográficas, puede tener tanta fuerza, que llega a suplantar al sentimiento innato de la lengua.

Con anterioridad, en 1967, Ramón Carnicer (1992: 11) se lamentaba por la puntuación tras conjunción (pues la convierte en tónicos) en casos que hoy, sin embargo, consideraríamos normales:

Ya no vale la pena de aludir, porque al parecer no tiene remedio y porque todos caemos en él, al absurdo de poner coma después del relativo "que" y de las conjunciones "que", "y", "o": "Aún nos ofrece abundantes rincones en que, olvidados de hoy, gozamos de la maravilla... "; "Observamos que, durante el día, no entró una sola vez"; "Fue otra y, desde luego, la más grávida en consecuencias"; "Aquello le podía costar el encarcelamiento o, al menos, caer en desgracia".

1.6.2. En La Fiesta del Chivo se alternan lógicamente partes narrativas y dialogadas. Pero, aun separando los casos puntuados en diálogo, de los casos narrativos, tampoco creemos justificable la puntuación con coma. Si presuponemos que Vargas Llosa, al puntuar tras conjunción, trata de reflejar las pausas de la comunicación oral, no creemos que sea la coma el signo de puntuación más adecuado. Además, pensamos que, en muchos de los casos vistos, hacer una pausa tras la conjunción es bastante improbable, aunque dependiendo de hablantes y circunstancias, la emisión puede hacerse muy cortada y enfática, lo que, de todas formas, no sabemos si resulta aconsejable reflejar en textos literarios. (Una transliteración fiel de una comunicación oral suele resultar ilegible). Desde luego, no creemos aconsejable marcar esa pausa con un signo tan saturado como la coma.

Aunque las cosas han cambiado mucho, volvemos a Carnicer (1992 47): "¿Qué es esto? En diálogo directo con alguien, ¿quién se atrevería a incurrir en semejantes excesos?". Bien es verdad que Carnicer se refería a casos de pausa después de posesivo o artículo ("Tras la, en todos los aspectos, brillante victoria... "), pero creemos que se puede aplicar a muchos de los ejemplos de Vargas Llosa vistos arriba.

Podría aducirse que se trata de una práctica enfática, y recordar a Unamuno (1947: 76), que de una tesis de critica literaria de un peruano (simple casualidad que lo sea también Vargas Llosa), acotó este párrafo: "La verbosidad, el amor a la retórica, al lenguaje sonoro y enfático, son comunes a españoles y criollos [...]". Y en otro escrito, donde trata el europeísmo, exclama (Unamuno 1947: 127): "¡Énfasis! ¿Y si el énfasis nos es natural? ¿Si la expresión enfática es la expresión espontánea de nuestro natural?".

1.6.3. Para cerrar este apartado, y en lo que respecta a la puntuación tras conjunción, nos planteamos la posibilidad de una progresión en la obra de Vargas Llosa. A tal conclusión llegamos, a pesar de que nuestros datos no son exhaustivo, al comparar las siguientes obras, fechas y cifras:

¿Quién mató a Palomino Melero? (1986/1992): 16 casos en 187 páginas

Los cuadernos de don Rigoberto (1997): 74 casos en 384 páginas

La Fiesta del Chivo (2000): 127 casos en 518 páginas.

Sin embargo, tales cifras son aproximadas, y es posible que una búsqueda exhaustiva localizaría seguramente más casos que nosotros.

 

2. CONJUNCIÓN PRECEDIDA DE COMA

No son muchos los casos que hemos localizado, pero resultan de interés porque parecen seguir la tónica de los estudiados hasta ahora: la tendencia a aislar a la conjunción.

2.1. Casos de que aislado, con coma previa indebida (la segunda se justifica porque sigue interposición o inciso):

¿Te parece bien*, que, a la entrada de la Base Aérea más importante del Caribe, reciba al visitante esta mierda de basuras, barro, malos olores y alimañas? (FCh: 380).

-¿Podría permitir*, que, como en esos veintidós años de ocupación, los negros asesinaran, violaran y degollaran hasta en las iglesias a los dominicanos? (FCh: 218).

Entró [...] y una simple ojeada a la veintena de oficiales de alta graduación reunidos en su despacho, le bastó para saber*, que, pese a las oportunidades perdidas, se le presentaba todavía una ocasión de poner en marcha el Plan (FCh: 406).

2.2. Casos, similares a los anteriores, en que la conjunción y se encuentra flanqueda por comas:

Reconoció, en el volante, a Tony Imbert, y, a su lado, a Antonio de la Maza" (FCh: 313).

Desde ese momento, y en todos los minutos y horas siguientes, tiempo en el que se decidió su suerte, la de su familia, la de los conjurados, y, a fin de cuentas, la de la República Dominicana, el general José René Román supo siempre, con toda lucidez, lo que debía hacer (FCh: 403).

Debía descansar más -desde la muerte de Trujillo dormía tres o cuatro horas apenas-, hacer ejercicio, y, los fines de semana, distraerse (FCh 469).

2.3. Puntuación ante conjunción, en casos cuestionables y, algunos, desechables:

Bailamos dos boleros*, y una guaracha de Toña la Negra" (FCh503-504).

Pero, no tienes ganas de eso. Más bien, de ir al aeropuerto, tomar el primer avión a New York y reanudar tu vida en el atareado bufete*, y en tu departamento de Madison y la 73 Street (FCh: 212).

A menos que se apoderara de un avión militar y se hiciera llevar a Haití, Trinidad, Puerto Rico, las Antillas francesas*, o Venezuela, donde lo recibirían con los brazos abiertos (FCh: 409).

No se podía decir que el Presidente fantoche fuera un hombre elegante [...], pero vestía con la corrección que hablaba, respetaba el protocolo*, y era un trabajador infatigable para el que no existían fiestas ni horarios (FCh: 283).

 

3. SUJETOS PUNTUADOS: SUJETO (COMA) VERBO

Sobre la prohibición de puntuar entre sujeto y verbo no hay dudas en la nueva normativa, aunque no se mencionara en las anteriores. La normativa última de la Real Academia (1999: 63) advierte: "Debe evitarse separar el sujeto y el predicado mediante coma". Sin embargo, hay que tener en cuenta tres factores que pueden motivar, aunque no justificar, la puntuación tras sujeto:

A) La frecuente pausa entre sujeto y predicado.

B) La práctica de puntuar tras los sujetos, más o menos extendida y justifica por motivos de longitud

C) La función de ayuda que a veces tienen los signos de puntuación, y que, en algunos casos de sujeto extenso, no nos parece despreciable.

En La Fiesta del Chivo, además de sujetos sin puntuar, encontramos casos muy diversos de sujetos puntuados; los vamos a clasificar en tres apartados: sujetos complejos, sujetos múltiples (casos de enumeración) y sujetos extensos.

3.1. Sujetos complejos. Son los que contienen algún verbo:

Oírlo hablar de las cosas de antes*, le hizo mal efecto (FCh: 371).

Ir allí ahora*, sería meter la cabeza en la boca del lobo (FCh: 114).

Lo que esté haciendo entre tantas mujeres*, es cosa suya (FCh: 228).

Amado Alonso y Henríquez Ureña (1967, 1, 206) se muestran contrarios a puntuar estos casos, aunque advierten: "Cuando el sujeto es muy complejo, especialmente si incluye verbos, hay quienes acuden a la coma como recurso para aclarar una construcción que resulta confusa".

También encontramos casos de sustantivos modificados por una proposición de relativo especificativa, como los siguientes:

Este nuncio que le manda el Vaticano*, es como el que me mandó a mí [...] (FCh: 243).

La camioneta con tres guardias armados que, cumplido el trámite judicial en la carretera, regresaba a los prisioneros a La Victoria*, había desaparecido (FCh: 478).

Por fin, el carcelero que les traía la comida*, preguntó quiénes querían un cura (FCh: 435).

Antes de la nueva normativa, José Martínez de Sousa (1985, 147) advertía que "en algunos casos de sujeto extenso y muy explicativo, la coma no sólo puede sino que debe colocarse entre el sujeto y predicado". Y daba un ejemplo de un sujeto con proposición de relativo especificativa, como los anteriores ejemplos.

3.2. Sujetos múltiples o sujetos en enumeración

En la nueva normativa de la Real Academia (1999: 58) se advierte: "Cuando los elementos de la enumeración constituyen el sujeto de la oración o un complemento verbal y van antepuestos al verbo, no se pone coma detrás del último: El perro, el gato y el ratón son animales mamíferos".

Sin embargo, no es infrecuente encontrar coma entre sujeto y predicado. Salvador Fernández Ramírez (1987, 249) recuerda esta práctica en "escritores ilustres", y se refiere concretamente a la puntuación "tras el último elemento de una serie", casos de enumeración.

Incluiremos, en tres apartados, algunos de los casos de enumeración encontrados en La Fiesta del Chivo.

3.2.1. Enumeraciones completas (con sus dos últimos elementos unidos por conjunción), como las siguientes:

La taza de café o el trago de ron debían saber mejor, el humo del tabaco, el baño de mar un día caluroso, la película de los sábados o el merengue de la radio*, debían dejar en el cuerpo y el espíritu una sensación más grata [...] (FCh: 191).

3.2.2. Enumeraciones intensificativas (con conjunción uniendo cada elemento):

Ni la rata del Palacio de Miraflores, ni Muñoz Marín, el narcómano de Puerto Rico, ni el pistolero costarricense de Figueres*, lo inquietaban (FCh: 34).

Ni Kennedy, ni la OEA, ni el negro asqueroso y afeminado de Betancourt, ni el comunista Fidel Castro*, van a hacer correr a Trujillo del país que le debe todo lo que es (FCh: 227).

3.2.3. Enumeraciones incompletas (sin conjunción entre los dos últimos elementos):

Montecristi, Santiago, San Juan, Azúa*, hervían de haitianos (FCh: 216).

La ciudad colonial, el parque Independencia, El Conde, los contornos del Palacio Nacional*, vivirían un verdadero carnaval, celebrando la libertad (FCh: 320).

Atacar a Betancourt, a Figueres, a Muñoz Marín*, no es suficiente" (FCh: 371).

3.3. Sujetos extensos

Según Leonardo Gómez Torrego (1998: 499), "el sujeto nunca se separa de su verbo con una coma, a no ser que esté formado por una secuencia muy larga". No sabemos si para Vargas Llosa constituye la longitud un factor importante. Daremos algunos ejemplos de diversas extensiones:

Y esa supuesta comisión investigadora de mi gestión en el Ministerio de Obras Públicas*, es otra patraña (FCh: 259).

Pero, como a muchos dominicanos, la tragedia de aquella muchacha de Salcedo*, lo trastornó (FCh: 314).

El rechazo de sus compañeros*, provocó en De la Maza una de esas rabietas destempladas de los últimos tiempos (FCh: 387).

Él quería ver el cadáver de Trujillo a sus pies; lo demás*, le importaba menos (FCh: 173).

Pasó y no tiene remedio. Otra*, lo hubiera superado, quizás (FCh: 512).

En Los cuadernos de don Rigoberto, hemos encontrado algunos casos mínimos, de sujeto pronominal:

No sé, no sabía nada, no me importó nada. Yo*, volaba (CdR: 106).

Tú*, los estás desperdiciando (CdR: 203).

Yo*, no soy de esos (CdR: 207).

Ella*, iba a colocarse cada mañana en un lugar estratégico [...] (CdR: 369).

3.4. También hemos encontrado algunos casos de sujeto en inciso (entre conjunción y verbo) que consideramos discutibles. La primera coma la interpretamos como la que emplea Vargas Llosa tras conjunción, como ya hemos visto; y la segunda, para separar el sujeto del predicado. Ejemplos:

Y*, las chicas, todavía son más tontas (CdR: 204).

Pero*, lo que tengo, es bastante, a condición de sacarle el provecho debido [...] (CdR: 214).

Pero*, tú, eres el niño más normal del mundo (CdR: 201).

¿Y*, ella, no la reconoció? (CdR: 316).

Y*, yo, no hubiera ido a la cita sin esos anónimos tampoco (CdR: 383).

Curiosamente, hemos localizado un caso en Torrente Ballester (1993):

-No me atrae. Prefiero las brumas y los peligros de Londres.

-Aquí no hay brumas, pero*, peligros, no faltan (Crp: 168).

Una posible justificación de la coma tras sujeto es el motivo enfático (topicalización o construcción contrastiva). Sin embargo, la coma no parece la mejor solución. Y menos, si tenemos en cuenta la actual normativa ortográfica. Advierte Polo (1974: 305):

Una coma perturbaría nuestro sistema puntuario: Yo, nunca haré eso. En cambio, los puntos suspensivos resolverían airosamente la cuestión: Yo... nunca haré eso; o incluso: Yo... ¡nunca haré eso!".

También la solución de los puntos suspensivos aparece en María Moliner (1985: 889-890) y en Benito Lobo (1992 B, 76).

 

4. VERBO (COMA) COMPLEMENTOS CIRCUNSTANCIALES

En la sucesión de elementos dentro de la oración, el lugar que, teóricamente, le corresponden a los complementos u oraciones circunstanciales es el final; por ello, parece lógico en principio, que no medie coma alguna. Sin embargo, en La Fiesta del Chivo, y en otras obras de Vargas Llosa, se encuentran casos puntuados. Recurrir a motivos enfáticos sería la única explicación, aunque pensamos que, a parte de que no debe abusarse del énfasis, la coma no es el mejor signo.

4.1. Es difícil justificar algunos ejemplos en que al verbo sigue, inmediatamente, el complemento circunstancial. Aunque la Real Academia nada dice sobre esto, parece que no existe una justificación que no sea la enfática o cierto automatismo del autor. Algunos ejemplos:

Amadito, inclinándose, palpó la cabeza del tendido -estaba quieto y mudo- y volvió a disparar, a quemarropa" (FCh: 59).

El Benefactor reflexionó, un momento (FCh: 93).

Antonio recordaba su sorpresa al oír a Aída increpado, delante de sus padres y Ernesto (FCh: 121).

Sale, cerrando la puerta" (FCh: 128).

El inválido pestañea, dos, tres veces (FCh: 131).

Le vio negar, con enérgico movimiento de cabeza (FCh: 306).

Alertados por Ligia, aguardaron, con los revólveres listos (FCh: 391).

¿No ocurrió, algunas veces? (FCh: 280).

Lo hizo, sin preguntar nada (FCh: 421).

Tienes que irte, cuanto antes (FCh: 484).

También encontramos casos de verbo seguido simplemente por predicativo: "Aguardaba, inmóvil" (FCh: 286); "Retrocedía, espantado" (FCh: 297).

4.2. Quizás tampoco la coma resulte más justificada si media algún elemento entre el verbo y el complemento circunstancial, como en los siguientes casos:

-Me he dado cuenta, perfectamente, Jefe (FCh: 155).

No había brisa, ahora (FCh: 185).

Lupe me salvó la vida, una vez (FCh: 97).

No es ningún secreto, ahora (FCh: 102).

La vida es eso, aquí (FCh: 514).

Cuando se despidió del hijo de Trujillo, bebió un vaso de agua, a sorbitos (FCh: 460).

4.3. Puede considerarse una práctica tradicional (aunque no sabemos si defendible) la puntuación de complementos circunstanciales que siguen a los verbos "dicendi". También lo hace Vargas Llosa. Sólo veremos algunos ejemplos:

-La orden sigue en pie -repitió, en tono que no admitía discusión (FCh: 94).

-Si me matan, lo hará alguien próximo, un traidor de la familia, digamos -dijo, como hablando a otra persona (FCh: 96).

-Si cambio de opinión sobre los obispos, se lo haré saber -dijo, a modo de despedida (FCh: 99).

-Doña María, usted es una mujer excepcionalmente fuerte -le dijo, con afecto (FCh: 455).

-Porque no era tan buen padre corno crees, tía Adelina -dice, al fin (FCh: 273).

-Llámalo de nuevo -ordenó, de mal modo (FCh: 376).

 

EPÍLOGO UNAMUNIANO

Antes de cerrar este artículo, y para que lo que antecede no se malinterprete, no vendrá mal recordar una anécdota unamuniana, que dedicamos, directamente, al autor de La Fiesta del Chivo, e, irónicamente, a su casa editorial.

El bailaor y pintor Vicente Escudero, que acababa de escribir La pintura que baila, le comentaba a Unamuno los problemas ortográficos que se le presentaban; a lo que éste le contestó: "Verá usted, Escudero, en realidad la ortografía es solamente un estorbo. Usted tiene cosas más importantes de que preocuparse" (Rodrigo 1984: 264).

A punto de terminar este trabajo, me topo, en un texto de Unamuno (1947: 138), con un párrafo que, por encontrado y no buscado, parece destinado a ser incluido aquí a modo de cierre:

Porque el homenaje más digno que a un publicista [o a un escritor] se le puede hacer, el único verdaderamente digno, es leerle y estudiarle, aunque sea para rebatirle. La refutación honrada es un nobilísimo tributo.

 

BIBLIOGRAFÍA

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FERNÁNDEZ RAMÍREZ, Salvador (1987): Problemas y ejercicios gramaticales. Madrid: Arco/Libros

GÓMEZ TORREGO, Leonardo (1998): Gramática didáctica del español. Madrid: SM

MARTÍNEZ DE SOUSA, José (1985): Diccionario de Ortografía. Madrid: Anaya

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UNAMUNO, Miguel de (1947): Algunas consideraciones sobre la literatura hispanoamericana. Madrid: Espasa-Calpe

VARGAS LLOSA, Mario (1992): ¿Quién mató a Palomino Molero? Barcelona: RBA

__(1997): Los cuadernos de don Rigoberto, Madrid: Alfaguara

__(1999): La Fiesta del Chivo, Madrid: Alfaguara

 

© Miguel Ángel de la Fuente González 2004
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero28/punchivo.html