San Juan de la Cruz: fuentes de su poesía

Vivian Diana Aguirre-María Araceli Laurence
Facultad de Ciencias Sociales
Universidad Nacional de Lomas de Zamora
Argentina


 

   
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San Juan de la Cruz, poeta y místico. O poeta místico. ¿Cómo leer su obra?. Hay diferentes posturas frente al poeta. Algunos opinan que hay una sola lectura posible: la mística. Otros encuentran que su poesía permite una lectura polisémica.

Para adentrarnos en sus textos creemos que uno de los elementos imprescindibles son las fuentes a las que recurrió el autor.

San Juan de la Cruz es, fundamentalmente, un poeta a lo divino. Su producción intelectual derivó de: el misticismo, la Biblia y la poesía profana.

 

El misticismo:

Históricamente, la palabra misticismo va asociada a las religiones de misterios o cultos mistéricos que florecieron en el mundo grecorromano en los primeros siglos de la era cristiana (eleusinos, órficos, dionisíacos). El místico (mustes) era el iniciado que bajo juramento de guardar el secreto prometía callar sobre la actividad interna de su recién fundada religión. En su sentido original, pues, la palabra misticismo está asociada con el misterio, el secreto y lo oculto.

Luego pasó al neoplatonismo donde significó cerrar los ojos a todas las cosas externas, práctica que se hizo central en la meditación neoplatónica, se excluía al mundo para poder levantarse hasta el Uno y estar “solo con el solo”. Mientras los ojos del cuerpo estaban cerrados, el ojo interior permanecía abierto y buscaba la sabiduría.

La palabra mística fue introducida por el cristianismo por un monje siríaco desconocido, un neoplatónico cristiano de finales del siglo V o principios del siglo VI, que escribió varios tratados teológicos, uno de ellos llamado Mystica Teologia. Sus obras, aunque poco apreciadas, recorrieron el mundo intelectual de Europa después de haber sido traducidas al latín en el siglo IX. Alberto, Santo Tomás de Aquino, Buenaventura y los escolásticos recibieron al autor con entusiasmo, haciendo numerosos comentarios sobre sus obras. Esta obra, la Mystica Teologia, fue traducida al inglés por el autor anónimo de La nube del no saber (tal como la conocemos hoy), en el siglo XIV.

La obra se abre con un pasaje que describe como el alma asciende al área de la supraconceptualidad y del silencio interior, trascendiendo todas las imágenes y pensamientos:

Trata, pues, en tu intento de practicar la contemplación mística, de dejar atrás los sentidos y las operaciones del intelecto, así como todas las cosas que pueden percibir los sentidos y el intelecto y todas las cosas que no son y las que son. Lánzate a lo desconocido, en cuanto es posible, hacia la unión con aquel que está por encima de todas las cosas y de todo conocimiento. Solo por una incesante y absoluta negación de ti mismo y de todas las cosas en pureza, abandonándolo todo y liberándote de todo serás transportado al rayo de la divina oscuridad que supera todo ser” (La nube del no saber, Anónimo inglés, 1981, p. 47)

Estas son algunas de las definiciones clásicas de la teología mística que eran comunes en la Edad Media y, más tarde, en San Juan de la Cruz:

  1. Juan Gerson (1363-1429) canciller de la Universidad de París: “La teología mística es el conocimiento experimental de Dios por medio del abrazo del amor unitivo”.

  2. Buenaventura (1217-1274): “La teología mística es el ascenso de la mente a Dios por medio del deseo amoroso”.

  3. San Juan de la Cruz (1542-1591): “Contemplación es la teología mística que llaman los teólogos secreta sabiduría, la cual dice Santo Tomás que se comunica e infunde en el alma por amor” (Noche oscura).

  4. El mismo San Juan de la Cruz, comentando su propio poema, habla de una “ciencia sabrosa y amorosa”, y escribe: “La ciencia sabrosa que dice aquí que la enseño es la teología mística, que es ciencia secreta de Dios, que llaman los espirituales, contemplación, la cual es muy sabrosa, porque es ciencia por amor, el cual es el maestro della y todo lo hace sabroso” (Cántico Espiritual)

De esto se desprende que el misticismo es sabiduría o conocimiento que se encuentra a través del amor, es un conocimiento amoroso. Además, es un conocimiento experimental comparable a la sensación o al tacto, diferente del conocimiento abstracto, y este conocimiento experimental de Dios solo se puede obtener a través del amor. Esta es la doctrina de la primera carta de San Juan y es la doctrina del autor de La nube del no saber, que escribe: “Pues por amor podemos encontrarle, sentirle y alcanzarle por sí mismo” (1981, p. 78). Y en otro lugar también dice: “Aunque no podamos conocerle, sí podemos amarle. Por el amor puede ser tocado y abrazado, nunca por el pensamiento” (1981, p. 78)

Otros autores medievales sostienen que los conceptos pueden alcanzar a Dios tal como es en la creación, pero solo el amor puede alcanzar a Dios tal como es en sí mismo. Santo Tomás de Aquino sostiene que la infinitud de Dios supera cuanto la razón pueda alcanzar, porque lo finito no puede comprender adecuadamente lo infinito. Por esto los misterios de Dios no son antiracionales sino supraracionales. Frente a esta incapacidad del hombre para alcanzar el misterio de Dios, San Juan de la Cruz invita a una búsqueda que deja de lado lo intelectual, cierra los ojos del entendimiento y de los sentidos, y por el camino de la negación y del amor se encuentra con su Amado.

Cabe señalar que la inspiración fundamental de los místicos de la Edad Media proviene de los Evangelios, las Epístolas de San Juan, los Salmos, el Cantar de los Cantares, es decir la Biblia.

En otras palabras, la experiencia mística fue interpretada así: Dios que es amor infunde su don de amor en el alma. Cuando el alma responde a esta llamada recibe el espíritu santo que es el amor personificado. Para San Juan la experiencia mística es la “llama de amor viva”.

“¡Oh, llama de amor viva
Que tiernamente hieres
De mi alma en el más profundo centro!”

Llama de amor viva, primera estrofa

 

La Biblia

Otra de las fuentes fundamentales en la obra de San Juan de la Cruz es la Biblia, especialmente, el Cantar de los cantares: obra de contenido poético, considerada como perteneciente al grupo de los llamados libros sapiensales. Narra los desposorios del rey Salomón con la reina del rey de Egipto, pero Salomón simboliza a Cristo y la hija del faraón a la Iglesia y las almas unidas a Jesús por caridad. El objeto principal de este canto es el desposorio de Jesucristo con la Iglesia. No se trata de un amor platónico, sino de uno concreto, dinámico entre el alma, la esposa y Cristo. El Cantar de los Cantares trae una dimensión abierta que permite sustentar una experiencia de Dios real.

 

La literatura española de su época:

La poesía tradicional:

Lo mismo que se venía haciendo desde los siglos XV y XVI con los versos de Petrarca, Ariosto y Tasso en Italia y en España con Garcilaso y con Boscán, se hizo con la poesía a lo divino, tomando como fuente la poesía profana. De la simbiosis con lo cortesano (poesía italianizante) y lo popular (poesía tradicional) deriva la poesía a lo divino. Algunos elementos dan prueba de esto, a saber:

El conceptismo:

Como muestra de esto podemos mencionar una copla que venía rodando desde hace casi un siglo cuando llega a las manos de San Juan:

Vivo sin vivir en mí
Y tan alta vida espero
Que muero porque no muero

Lo que interesa es el tema mismo, la posición muerte-vida, el juego conceptual (conceptismo), es bien elocuente. Viene del gusto por esos contrastes que hay en la poesía trovadoresca y que no es ajeno a la popular. Tanto San Juan de la Cruz como Santa Teresa de Ávila hacen uso de esta dualidad de conceptos para elaborar su poesía a lo divino.

El “no sé qué”:

El tema del “no sé qué” era ya parte de la poesía tradicional. En la siguiente coplilla, San Juan de la Cruz con una leve sustitución de la palabra “sola” por “toda”, ha cambiado el sentido de un tema que estaba ya próximo al plano del espíritu, porque la copla popular se refiere al amor humano, aunque al más alto, al menos material.

Por sola la hermosura
Nunca yo me perderé,
Sino por un no sé qué
Que se halla por ventura.

                       

Por toda la hermosura
Nunca yo me perderé,
Sino por un no sé qué
Que se alcanza por ventura.

El tema es recurrente en San Juan quien al no hallar palabras que puedan expresar su experiencia de unión con Dios, usa la expresión para referirse a ella del “no sé qué”. San Juan encuentra que lo que de Dios conquista al alma es un no sé qué indescriptible.

La caza cetrera de amor:

Hay toda una serie de coplillas profanas que comparan el amor con una cacería. Entre los distintos tipos de cacería aparece la de cetrería, donde su utiliza un ave de presa. Tanto en la de tipo general, caza de amor, como la de tipo especial, caza cetrera de amor, encontramos versiones a lo divino. En esta tradición se vincula, obviamente, la poesía de San Juan de la Cruz.

Comparamos una poesía anónima, profana y amatoria con una de San Juan de la Cruz.

Tras de un amoroso lance,
aunque de esperanzas falto,
subí tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.
Fue tanto mi atrevimiento
y tan alto me vi,
que con las obras subí,
más alto que el pensamiento:
no hay cosa que no se alcance,
pues yo de esperanzas falto,
subí tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.

En tanto la poesía de San Juan dice:

Tras de un amoroso lance,
y no de esperanzas falto,
volé tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.
Por una extraña manera
mil vuelos pasé de un vuelo,
porque esperanzas del cielo
tanto alcanza cuanto espera;
espere solo este lance,
y en esperar no fui falto,
pues fui tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.

Una ligera modificación y una nueva glosa bastan a San Juan para convertir la cancioncilla amatoria en un poema a lo divino.

La poesía italianizante:

En el año 1575 apareció Obras de Boscán y Garcilaso, trasladadas a materias cristianas y religiosas por Sebastián de Córdoba. Está probado que San Juan leyó este libro, en su poesía hay abundantes reminiscencias de Garcilaso, algunas proceden directamente del poeta profano, otras le llegaron a través de Córdoba.

Hay una serie de coincidencias entre San Juan y Garcilaso, todas muy breves, apenas un adjetivo, un sustantivo, una corta frase. Transcribimos la más clara de todas.

...el viento espira,
filomena sospira en dulce canto...

Garcilaso

...el aspirar el aire,
el canto de la dulce Filomena...

San Juan de la Cruz

Las imágenes de oscuridad e iluminación en el Garcilaso amatorio fueron usadas y desarrolladas en la divinización por Córdoba: las imágenes del poeta profano se cargaban así de sentido espiritual.

La fuente que tanta importancia tiene en la Egloga II de Garcilaso es cargada de sentido simbólico en Córdoba y es luego la fuente de la fe en San Juan de la Cruz.

A lo largo de este trabajo hemos intentado hacer un recorrido por las distintas fuentes de la obra del gran poeta místico San Juan de la Cruz. La profundidad de su poesía no es alcanzable en un solo y primer acercamiento. Solamente hemos iniciado un camino que requiere un largo recorrido.

 

Bibliografía:

Anónimo inglés, La nube del no saber, ediciones Paulinas, Madrid, 1981

Arintero, Juan, La evolución mística en el desenvolvimiento y vitalidad de la Iglesia, segunda edición, Biblioteca de autores cristianos, Madrid, 1968.

Alonso, Dámaso, “El misterio técnico de la poesía de San Juan de la Cruz” y “San Juan de la Cruz, poeta a lo divino” en Poesía española. Ensayo de métodos y límites estilísticos, Gredos, Madrid, 1981.

Bousoño, Carlos. “El símbolo” en El irracionalismo poético, Gredos, Madrid, 1981.

Camón Aznar, José, Arte y pensamiento en San Juan de la Cruz, Biblioteca de autores cristianos, Madrid, 1972.

De Santiago, Miguel, San Juan de la Cruz, poesía completa, Ediciones 29, Barcelona, 1989.

Menéndez Pelayo, Marcelino, De la poesía mística, Marcos Sastre, Buenos Aires, 1953.

Pacho, Eulogio, San Juan de la Cruz, temas fundamentales, Tomo I, Monte Carmelo, col. Carmel, Burgos, España, 1984.

Valente, José Angel, La piedra y el centro, Taurus ediciones, Madrid, 1991.

Yndurain, Domingo, “La caza cetrera” en Aproximación a San Juan de la Cruz, Las letras del verso, Cátedra, Madrid, 1990.

 

© Vivian Diana Aguirre-María Araceli Laurence 2004
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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