Espéculo

  Reseñas, críticas y novedades

 

 


Jaime Muñoz Vargas

Tientos y mediciones.
Breve paseo por la reseña periodística
 

  

 

Tientos entre prisa y prosa

Vicente Rodríguez Aguirre

 

Todo libro implica dos abismos. El primero nace de la distancia que hay entre él y los lectores en potencia. A pesar de la intensa oferta editorial que hay en México -que nunca será suficiente-, zarpar desde la página inicial de cualquier volumen es una expedición cada vez menos llamativa. Pero además hay otro precipicio, explicable para quienes hemos enfrentado la zozobra de llegar al final de un volumen entrañable: es difícil zamparse en seco la última página de un libro y descubrir, más allá del punto, un despeñadero de nostalgias que nos obliga a volver al principio. No me refiero sólo a obras literarias. Esta añoranza la sufrí por primera vez a los seis años, cuando descubrí que las tiras cómicas de Mafalda no eran infinitas: al terminar de leerlas opté por dar reversa para recomenzar de atrás hacia adelante, y veintiún años después no he podido salir del laberinto de utopías construido por Quino.

Sin embargo, estos obstáculos no son definitivos: hay herramientas y fórmulas que nos permiten levitar sobre el barranco y alcanzar un atisbo del contenido de los libros. De estos artificios el que más celebro es la publicación de reseñas, porque son un sólido puente entre el libro y quienes habitamos los espacios antes de la dedicatoria o después del colofón. Una reseña no tiene desperdicio: para quien ya leyó el libro comentado resulta un diálogo que evoca horizontes conocidos, y para quien no lo ha hecho es un anzuelo tentador. La reseña en manos de maestros, es también una brújula utilísima para navegar librerías y bibliotecas.

Afianzado ya como escritor de calidad indiscutible por entregas como el volumen de cuentos El augurio de la lumbre, el poemario Pálpito de la sierra Tarahumara o las novelas El principio del terror y Juegos de Amor y Malquerencia, Jaime Muñoz Vargas confiesa, en un nuevo título, su adicción de lector voraz e irredimible. Después de leer Tientos y mediciones. Breve paseo por la reseña bibliográfica, resulta fácil imaginarlo retozando entre párrafos y colofones, entre páginas legales y cuartas de forros, entre metáforas y guiones parentéticos.

Tientos y mediciones es un libro conformado por reseñas breves escritas por Muñoz en el período 1995-2003, publicadas en diferentes espacios del territorio nacional y aún más allá de nuestras fronteras. En los treinta trabajos que integran el volumen, el autor aborda no sólo títulos de indiscutible naturaleza literaria como novelas, cuentos, muestras de ensayo o de poesía: además digiere biografías de leyendas futbolísticas, manuales de redacción e ironías de tinta trazadas por cartonistas destacados. Si bien la columna vertebral del libro es el ejercicio de la reseña, se trata de un mosaico desenfadado, libre, en donde conviven juicios e impresiones desatados por libros de carácter diferente, no por una colección exhaustiva y especializada que orbita un solo tema.

Diestro en el manejo de la palabra, el autor mata seis pájaros de un tiro (¿o debiera decir de un tiraje?): propicia el interés de otros en la lectura, ejerce una crítica ligera y calisténica, repiensa libros ya leídos, afina sus obsesiones estilísticas, se gana algún dinero y e impulsa a los lectores a embarcarse en lo que Mario Benedetti llama el ejercicio del criterio.

Este último objetivo, no enumerado por el escritor en el prólogo, me parece muy destacable no sólo por los treinta ejemplos que conforman el paseo, sino por la lucidez del texto preliminar que consigue acotar los difíciles territorios de la reseña. Desde un principio nos deja en claro que aquí impera la libertad, no “las condenas de los críticos cejijuntos” o el respeto absoluto de las formas. No estamos ante un llamado a la anarquía, sino ante una propuesta que avanza con cuidado para no aplastar creatividades y entusiasmos. Con argumentos contundentes, Muñoz Vargas traza un perfil de la reseña bibliográfica basado no sólo en su experiencia personal, sino en las reflexiones de escritores y periodistas como Vicente Leñero, Ignacio Trejo y Federico Campbell.

La reseña es, como aclara Jaime Muñoz en Tientos y mediciones, un espécimen periodístico bien definido y que además resulta un útil auxiliar en labores de investigación. Si bien hablamos de un producto con rasgos muy visibles, no es necesario enunciar recetas, si acaso quince lineamientos generales muy útiles que ayudarán a despegar y tomar rumbo a nuevos reseñistas. Además, consciente del riesgo de petrificar lo que es volátil, Muñoz Vargas plantea dos clasificaciones para la reseña: de acuerdo a su extensión, ésta puede ser breve (si no excede las tres cuartillas), mediana (si abarca entre tres y cinco cuartillas), o larga (si rebasa las cinco cuartillas). La segunda clasificación atiende al tema abordado en el trabajo, de forma que es posible meter a estas notículas a diferentes rediles: literarias, de cine, políticas, científicas, históricas y filosóficas.

A los jóvenes estudiantes interesados en la disección de volúmenes, Tientos y mediciones les lanza una advertencia: este tipo de textos son escritos para espacios periodísticos, por ello hablamos de territorio movedizo. Es precisamente la actualidad del tema, sumada a la agudeza de los juicios emitidos, lo que le da carácter periodístico a estos estudios.

Después del prólogo, Muñoz Vargas da paso a algunos ejemplos de su propia cosecha. Se trata, como él mismo lo aclara, de reflexiones detonadas por obras de edición reciente y por lo tanto están armadas “sobre las rodillas y siempre a vuelatecla”. Este carácter de urgencia no debe ser entendido como defecto, sino como esencia del trabajo reseñístico: determina la oportunidad de los anzuelos lanzados. A pesar de ser forjados bajo el peso del reloj, los comentarios de Muñoz Vargas resultan agradables por su prosa fluida y sus ideas contundentes. Es por ello que este trabajo rebasa los límites del mero instructivo o la referencia escolar. El estilo deslumbrante, ágil, y la precisión del bisturí que realiza las disecciones convierten a Tientos y mediciones en un buen punto de entrada para quienes, por placer, quieren convertirse en catadores de libros.

Por las páginas del volumen circulan fantasmas conocidos, como el rechoncho y prolífico Paco Ignacio Taibo II. De este célebre mexicano-español Muñoz aborda Arcángeles, un puñado de biografías de personajes clave para la izquierda internacional. Si a primera vista el común denominador de los doce radicales seleccionados por Taibo es la derrota, las reflexiones de Jaime Muñoz Vargas develan la verdadera columna vertebral de ese volumen: en los inconformes el fracaso sólo es aparente, pues sus figuras aún pelean desde la trinchera de la historia. Cito un fragmento de la reseña: “casi todos los que rebasan la treintena guardan en la faltriquera alguna historia con tintes arcangélicos. Yo, por ejemplo, recordé con este libro a los viejos del partido. Hombres que me llevaban treinta o cuarenta años de lucha y que, hacia finales de los ochenta, ya dibujaban en sus rostros el pliegue de la frustración. Vi fracasados de izquierda, y muchos, pero no sé por qué nunca me parecieron un mal ejemplo. Así miro hoy a los personajes desempolvados por Paco Ignacio”.

Los tientos abordan además las labores periféricas de un peruano enorme y polémico: Mario Vargas Llosa. Muñoz aclara que el título analizado no corresponde a la maestría de obras como Conversación en La Catedral, La fiesta del chivo o La guerra del fin del mundo. Se trata de El lenguaje de la pasión, un manojo nada desdeñable de artículos esbozados para el diario español El País. Coincido totalmente en que los cuarenta artículos perfilan un Vargas Llosa de cuerpo entero, de intereses múltiples y prosa única. Sin embargo el autor lagunero sabe conservar una sana distancia ante el canto de sirenas que son las plumas impecables. Por ello, se planta ante la obra del peruano y reafirma su derecho a no estar de acuerdo con algunos de sus apasionados planteamientos: (Vargas Llosa) nunca se ha calzado los guantes de la crítica sólo para exhibir un bello esgrima. Más bien, es muy conocida su educada beligerancia, su gusto por el debate, la defensa ardiente de sus viejas y sus nuevas filias, así como la detestación inclemente, a veces tupidamente encorajinada, de todo aquello que no embona en sus opiniones. Estemos de acuerdo o no con el sudamericano, es incontrovertible su presencia ubicua en occidente como atizador político y cultural, como icono del pensamiento en la cultura de nuestro tiempo”.

Es esa misma distancia, ese mismo antídoto contra los hipnóticos recursos de los maestros de la literatura mundial, lo que nos plantea ante Inquisiciones y El tamaño de mi esperanza, los primeros trabajos ensayísticos del inmortal Jorge Luis Borges. Por supuesto, resulta paradójico leer que Muñoz Vargas, con su nutrida prosa, señale los riesgos de que la poesía tome por asalto a la razón, pues a la resistencia parcial que nos pide frente al magnético lenguaje de Vargas Llosa y de Borges, debemos evitar la tentación de engolosinarnos con los artificios verbales del autor de Juegos de amor y malquerencia. Párrafos como este son entonces peligrosamente atractivos: (…) Salvadas las maravillas de su combinatoria verbal, el Borges novel -¡y nunca Nobel!- tiene ya puntería de arquero medieval cuando se trata de descubrir valores artísticos en lo que examina. Si el usuario se acostumbra a esa prosa invadida de diamantes, puede paladear mejor el sentido de las afirmaciones y entonces lograr el pleno disfrute de la obra.

“Luego del primer asombro, el de leer a un Jorge Luis Borges que aún no es, a secas, Borges, el lector tiene ante sí el inventario de los asedios primigenios emprendidos por el joven. 24 ensayos breves constituyen este alboral itinerario (…) Lo mismo revisa autores que libros en específico, lo mismo desmenuza corrientes estéticas que abstracciones sociológicas. Es, como se dice, un cajón de sastre ensayístico”.

Ya entrado en el territorio de la pluma, el autor no se limita a la palabra y explora mundos vecinos: es así como llega al trazo, al mono y la historieta. Haciendo hincapié en los requerimientos de todo buen cartonista, Muñoz descubre en El Sexenio me da risa, la historieta no oficial, las líneas ácidas con las que Rafael Barajas -El Fisgón- y Antonio Helguera lamentan el paso de Carlos Salinas de Gortari por la Presidencia de México. Resulta grato ver, años después de la publicación original de este texto, que la historia confirmó la visión de Muñoz cuando escribió: “este librito de monos es una curiosa y quizá involuntaria profecía de lo que hoy estamos viendo con lo de Chiapas, con lo de Colosio, con lo del PRI que cruje y con el presidencialismo y la paz social cuestionados como nunca antes”.

Decíamos al principio que además del abismo de miedo y abulia que separa a cualquier libro de sus lectores en potencia, aparece otro justo después del final del volumen. Detrás del colofón, cuando muere la tarea de poetas y novelistas, de ensayistas y moneros, comienza la labor de los lectores. Reseñar una obra es promoverla, es darle vida, es favorecer el rebote de ideas. Estos Tientos y mediciones son entonces una magnífica excusa para celebrar los libros, para visitar antiguas lecturas o para zarpar en busca de nuevos puertos. Con certeza, nacerán nuevos lectores de estos textos y en un mediano plazo estaremos festejando nuevos textos de esos lectores. De este modo, en un ciclo constante, se conserva y se renueva la relación lector-libro, es decir el intercambio de ideas entre los hombres. Creo que así lo asume Jaime Muñoz Vargas en estos viajes presurosos y precisos por los mundos de la tinta, y sus lectores lo celebramos sin mediciones.


 El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero28/tientos.html



Espéculo. Revista de estudios literarios
(Universidad Complutense de Madrid) 2005