Interpretación del Lazarillo de Tormes

Francisco Calero
Departamento de Filología Clásica
UNED


 

   
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Lo que pretendo en este trabajo es profundizar en el conocimiento de la forma y del significado de la obra cumbre del Renacimiento español. Tal tarea ha sido intentada por casi todos los que se han ocupado del Lazarillo desde presupuestos literarios muy diferentes. La bibliografía es tan numerosa que podría dar la impresión de que se ha escrito todo lo humanamente posible. Pero no es así. Si me dispongo a aportar algo nuevo es porque estoy convencido de que no se ha llegado a explicar el significado último de la obra. Creo que la mayor parte de las interpretaciones se han pasado, esto es, han ido más allá de lo que pensó el autor. Creo también que las metodologías utilizadas no han sido las adecuadas a la finalidad propuesta. En efecto, las modernas teorías literarias se acomodan mejor a la interpretación de las obras actuales que a la de las renacentistas. Quiero decir que las obras renacentistas han de ser explicadas fundamentalmente con los instrumentos interpretativos de aquella época, si no se quiere caer en anacronismos. Ocurre igual que en la interpretación de los hechos históricos o del pensamiento.

En el caso concreto del Lazarillo se trata de una obra que gusta tanto a los especialistas en literatura como a las personas de escasa cultura. Se puede decir que incluso los niños entienden y se lo pasan bien con su lectura. Y, sin embargo, muchas interpretaciones de grandes críticos son díficiles de leer y de comprender. Es una más de las paradojas que acompañan a nuestro Lazarillo.

Otra de las ideas arraigadas que quisiera desterrar es la de los que defienden que es mejor que la obra sea y siga siendo anónima. El primero que la propuso fue nada menos que Américo Castro1: “Pero como una biografía de tan minúsculo personaje habría carecido de toda justificación (estaba muy lejos el Romanticismo del siglo XIX), el autor hubo de inhibirse y ceder la palabra a la criatura concebida en su imaginación. El estilo autobiográfico resulta así inseparable del mismo intento de sacar a la luz del arte un tema hasta entonces inadvertido o desdeñado. La persona del autor (¿un descendiente de judíos?) se retrajo tanto, que ni siquiera quiso revelar su nombre. El autobiografismo del Lazarillo es solidario de su anonimato”. Desde otros presupuestos y desde otra perspectiva afirma Aldo Ruffinatto2: “En mi opinión, como ya dije más de una vez, una parte del encanto del Lazarillo reside justamente en su anonimato; borrarlo significaría quitarle al lector el placer de moverse entre los miles de significados posibles de la obra, libre de la angustiosa restricción debida a un agente externo (en este caso, el aspecto físico de un escritor) que podría disminuir de manera radical sus márgenes de ambigüedad”. Pocos años después vuelve a la misma idea3: “En un mundo en que todos los individuos no llevan nombres (a excepción del protagonista y su entorno familiar), la coherencia requiere que el mismo autor se quede en el anonimato o, por mejor decirlo, abandone sus características individuales para asumir exclusivamente un papel actancial haciéndole corona, con todos los demás actantes, al único, verdadero autor y «actor» de la historia: Lázaro de Tormes, hijo de Tomé González y de Antona Pérez, naturales de tejares, aldea de Salamanca”. Por su parte, Francisco Rico nada entre dos aguas4: “El Lazarillo estaba avocado al anonimato.... El novelista, así, no ofrecía tanto una ‘ficción’ cuanto una ‘falsificación’: un apócrifo, mejor que un anónimo... El anonimato, pues, coincidía con la peculiaridad del Lazarillo en el horizonte literario del momento... Tampoco exageremos tanto esa integridad o autonomía de la obra, que lleguemos a juzgar que la identificación del autor es cuestión de nula o escasa importancia... En concreto, el cambio de autor o de nuestra idea del autor afecta decisivamente a la comprensión y apreciación del texto literario”. Estoy de acuerdo con la última parte de la cita de Rico, y avanzaría para afirmar que es importantísimo saber quién es el autor de una obra, porque el conocimiento de la vida y del pensamiento del autor ayuda a penetrar en el significado de su producción.

En el caso del Lazarillo saber que su autor fue Luis Vives5 abre unas perspectivas amplísimas a la interpretación, ya que conocemos bastante bien su vida y podemos profundizar en su amplísima obra, tanto latina como castellana. Es lo que voy a hacer en este trabajo en relación al significado de su Lazarillo.

 

¿Qué es el Lazarillo?

1. En cuanto a la forma

Lo más extendido es considerar el Lazarillo como una novela. Puede servir como opinión autorizada la de Rico6: “El anónimo no ignoraba ni las mañas más sutiles del género que estaba brotando de su pluma: la novela”. Pero ¿es realmente una novela? En un trabajo reciente Luis Iglesias Feijoo sostiene que no lo es7: “Por tanto en el momento de encararnos con La Vida de Lazarillo de Tormes... no debiera nacer en nuestra mente ninguna relación automática con el género [novela] tal como lo entendemos hoy después de dos siglos de intenso cultivo del mismo “. Si no es novela, ¿qué es? Creo que se le puede aplicar un término utilizado por Luis Vives en El alma y la vida8:

Así, pues, damos crédito más pronto a una historieta [fabella] narrada con sencillez que a argumentos dispuestos de antemano para la pugna y la rivalidad, y, por ello, para inspirar confianza a la gente es más útil la retórica que la dialéctica.

Una historieta narrada con sencillez bajo las normas de la retórica cuadra muy bien al Lazarillo. También le va bien lo que escribió al duque de Béjar9:

Me pareció que debía escribirte este relato porque me consta que te agradan esas fábulas, gracias a las cuales nuestro espíritu se halla mejor dispuesto para la virtud.

Por su parte, Erasmo hizo las siguientes afirmaciones en el Elogio de la estupidez10:

Porque, a ver ¿no es una injusticia no permitir ninguna broma en absoluto a la erudición, cuando autorizamos las propias a toda condición de vida, sobre todo si las bobadas conducen a cosas serias y se tratan las chanzas de forma que un lector que no sea obtuso del todo saque de ellas algo más de provecho que de los temas siniestros y pomposos de algunos?

El humor y la moralidad resaltan en las palabras de Erasmo, al igual que en las de Vives en La verdad maquillada11:

Puesto que es razón que se hagan amplias concesiones a la mejoría de las costumbres, todo cuanto se refiere a la moralidad o algún provecho de la vida quedará libre a los escritores, hasta el punto que se podrá dar rienda suelta a la fantasía y a la invención de apólogos; se podrán escribir comedias nuevas, donde se pinten las pasiones humanas, y componer diálogos que tienen gran semejanza con las comedias.

Con los cuatro textos citados creo que hemos hallado la forma literaria del Lazarillo, al tiempo que hemos descubierto la importancia de la moralidad o mejoría de las costumbres en cualquier obra de ficción.

 

2. En cuanto al contenido

Casi todas las interpretaciones del significado del Lazarillo coinciden en apartarse de la literalidad de la obra, mediante el recurso a la ironía, a la parodia o al sarcasmo. En este sentido uno de los últimos libros dedicados a su estudio lleva el significativo título de Razones retóricas para el Lazarillo. Teoría y práctica de la paradoja, escrito por Valentín Núñez Rivera. Pero cabe preguntarse si es viable la interpretación literal y si ha sido puesta en práctica alguna vez. Creo que solamente ha sido defendida por Roger Wright en un breve pero importantísimo artículo, cuya conclusión reza así12: “La sutileza que ha sido utilizada mostrando que el libro significa lo opuesto de lo que dice es innecesaria y probablemente anacrónica. El Lazarillo de Tormes tiene significado si lo tomamos al pie de la letra”. Es de lo más acertado que se ha escrito sobre el Lazarillo, y es algo a lo que yo había llegado antes de la lectura de dicho artículo. Resulta reconfortante hallar confirmadas las deducciones obtenidas desde distintos presupuestos. Empleando dicha metodología Wright llega a la conclusión anunciada en el título, esto es, al “éxito de Lázaro”. Esto significa que no hay reticencias ni sarcasmo en sus palabras finales, p. 135:

Pues en este tiempo estaba en mi prosperidad y en la cumbre de toda buena fortuna.

De acuerdo con Wright el éxito es doble: material y social. El éxito material consiste fundamentalmente en haber conseguido un cargo real, que le daba una situación económica estable. Con toda sinceridad, claridad y alegría lo expresó Lázaro, p. 128:

Y pensando en qué modo de vivir haría mi asiento, por tener descanso y ganar algo para la vejez, quiso Dios alumbrarme y ponerme en camino y manera provechosa. Y con favor que tuve de amigos y señores, todos mis trabajos y fatigas hasta entonces pasados fueron pagados con alcanzar lo que procuré, que fue un oficio real, viendo que no hay nadie que medre, sino los que le tienen.

Cuatro ideas destacan en este significativo párrafo: 1ª Dios ilumina o alumbra a Lázaro para conseguir algo provechoso, 2ª Lo obtiene gracias a la ayuda de amigos y señores, 3ª Es tan bueno que Lázaro da por pagados todas las adversidades sufridas, 4ª El oficio real es la única forma de ascender en aquella sociedad. Todo esto lo dice el protagonista y no hay razón para dudar de su sinceridad.

A pesar de ello se ha escrito mucho sobre la bajeza del oficio de pregonero, dando a entender que no es verdad lo que dice Lázaro. Aunque “es oficio muy vil y bajo” (Diccionario de Autoridades), para Lázaro representaba lo más alto a lo que podía llegar y, en consecuencia, encontró colmadas sus aspiraciones, sobre todo en el aspecto económico. “Pero, por otro lado, tampoco hay que olvidar que el cargo proporcionaba unos buenos ingresos”, afirma Rico13, trayendo a colación las Ordenanzas municipales de Toledo de 1562. A la misma conclusión llega a M.J. Woods tras un profundo estudio del cargo de pregonero14: “Pero básicamente era un vendedor y subastador de toda clase de objetos de segunda mano, de los que el pregonero obtenía la mayor parte de sus ingresos, pues retenía una comisión del dos al tres por ciento de todas las ventas”.

Por lo que se refiere al éxito social, también es señalado por las palabras de Lázaro, p. 130:

Hame sucedido tan bien, yo le he usado tan fácilmente, que casi todas las cosas al oficio tocantes pasan por mi mano; tanto, que en toda la ciudad, el que ha de echar vino a vender, o algo, si Lázaro de Tormes no entiende en ello, hacen cuenta de no sacar provecho.

En este tiempo, viendo mi habilidad y buen vivir, teniendo noticia de mi persona el señor arcipreste de Sant Salvador...

Dadas las características del cargo del pregonero, era natural que Lázaro entrase en contacto con la clase media y alta de la sociedad toledana, y así es como conoció a su benefactor, el arcipreste de San Salvador. De nuevo vienen bien unas líneas del excelente trabajo de M.J. Woods15: “A pesar de los aspectos más desagradables del cargo de pregonero, si miramos a la totalidad de las actividades vinculadas en él, no hay la menor duda de que el puesto representa un sustancial avance social para Lázaro. No sólo disfruta de una mayor seguridad que antes, sino que ahora tiene un estatus oficial, es invitado a demostrar nuevas habilidades y goza del contacto regular con la gente de la clase social alta”.

Después de haber demostrado, tanto con las propias palabras de Lázaro como con las de los mejores estudiosos, que en la vida de Lázaro tiene lugar el éxito, material y social, y que, por tanto, se produce un ascenso, es fácil conectar tal éxito y ascenso con lo que se anticipa en p. 9:

y vean que vive un hombre con tantas fortunas, peligros y adversidades

en p. 11:

y también porque consideren los que heredaron nobles estados cuán poco se les debe, pues Fortuna fue con ellos parcial, y cuántos más hicieron los que, siéndoles contraria, con fuerza y maña remando salieron a buen puerto.

en p. 24:

para mostrar cuánta virtud sea saber los hombres subir siendo bajos, y dejarse bajar siendo altos cuánto vicio

y en p. 126:

Éste fue el primer escalón que yo subí para alcanzar buena vida.

Todas las frases citadas tienen pleno sentido tomadas en su literalidad, por lo que no hace falta en absoluto suponer ironías, burlas o sarcasmo. Es más, se ven reforzadas por la simpatía del autor hacia su personaje, hasta el punto de involucrar a Dios en el proceso ascensional de Lázaro, como se puede comprobar en las siguientes citas, p. 51:

Vime claramente ir a la sepultura, si Dios y mi saber no me remediaran

p. 53:

porque, viendo el Señor mi rabiosa y continua muerte, pienso que holgaba de matarlos por darme a mí vida

pp. 54-55:

un caldedero, el cual yo creo que fue ángel enviado a mí por la mano de Dios en aquel hábito

p. 55:

alumbrado por el spíritu Sancto, le dije

p. 59:

Mas el mesmo Dios, que socorre a los afligidos, viéndome en tal estrecho, trujo a mi memoria un pequeño remedio.

Llegados a este punto, hay que dar el paso siguiente, que consiste en la identificación del ascenso de Lázaro con la moralidad o enseñanza de la obra. Que ha de haber tal moralidad se desprende de lo dicho en el Prólogo, p. 5:

pudiendo sacar della algún fructo,

así como de la insistencia en la decisión de acercarse a los buenos, p. 15:

determinó arrimarse a los buenos

p. 22:

procura de ser bueno

y p. 133:

yo determiné de arrimarme a los buenos.

Algunos críticos han interpretado estas frases en sentido irónico, dando por supuesto que tales buenos no lo son, incluyendo al protagonista. Así B.W. Wardropper, después de analizar el significado del adjetivo ‘bueno’ en la obra, llega a conclusiones que considero totalmente desacertadas, como16: “el libro todo [es] un ensayo por investigar las consecuencias sociales y personales de una moral pervertida”, “La novela nos enseña la corrupción moral de un muchacho fundamentalmente bueno”. El desenfoque en este sentido procede de no haber mostrado atención al papel que tiene en la obra la caridad, verdadero fundamento de una moral auténtica en tanto que es el principal mandato de Cristo. La importancia de la caridad en el Lazarillo se refleja en los siguientes pasajes, p. 49:

Pues ya que conmigo tenía poca caridad, consigo usaba más

p. 72:

porque ya la caridad se subió al cielo

p. 87:

aunque en este pueblo no había caridad

y ha sido puesta de relieve por D.T. Jaén17: “La caridad, como virtud máxima, se salva y su existencia en un sujeto como Lázaro subraya la fina ironía y le da complejidad e individualidad al personaje sin violentar el «decoro», la coherencia del personaje, que admiraban Sigüenza y Bataillón”.

Muy en relación con la caridad está la piedad o compasión, que Lázaro pone de manifiesto en el episodio del escudero, p. 89:

Tanta lástima haya Dios de mí como yo había dél, porque sentí lo que sentía...

p. 89:

Con todo, parescióme ayudarle, pues se ayudaba y me abría camino para ello

p. 91:

con todo, le quería bien, con ver que no tenía ni podía más, y antes le había lástima que enemistad. Y muchas veces, por llevar a la posada con que él lo pasase, yo lo pasaba mal

y p. 94:

Y no tenía tanta lástima de mí como del lastimado de mi amo, que en ocho días maldito el bocado que comió.

Teniendo en cuenta estos textos F. Courtney Tarr llega a la siguiente conclusión18: “Lázaro... se ha humanizado y ennoblecido por su piedad, su lealtad y su sacrificio”. Sobre la piedad en el Lazarillo ha escrito unas páginas muy bellas J.M. de Prada19: “Descubrimos que esta humanidad sangra y es doliente, de ahí que yo crea que el Lazarillo es superior a toda la novela picaresca posterior, porque tiene la grandeza de compadecerse de sus personajes... Son muy pocos los autores, en la literatura española, que han logrado esa cima de piedad. Y del mismo modo que los personajes se apiadan entre sí, el autor se apiada de ellos”.

Así, pues, Lázaro tiene las principales virtudes cristianas: la caridad y la piedad. Pero ¿puéde transmitir su vida una enseñanza moralizadora? ¿No está impedida por completo tal moralidad por la relación con su esposa por una parte y, por otra, por la relación con el arcipreste? Para responder a esta última pregunta voy a recurrir al excelente estudio de M.J. Woods sobre tales relaciones. He aquí sus palabras20: “Hasta ahora mis argumentos se han basado en la asunción de que Lázaro es cornudo y de que lo sabe. Sin embargo, la probabilidad es que él no sabe más que sus amigos. Lo que él ve es lo que ven ellos: las idas y venidas de su esposa de la casa del arcipreste son bastante para proporcionar una sospecha, pero no una prueba. Al lector ni siquiera se le ha dicho que tales visitas caen fuera de las horas en las que normalmente la sirvienta puede ser necesitada. Sin prueba Lázaro no tiene derecho a separarse de su mujer... En esta falta de una firme evidencia de adulterio está la sutil trampa para el que presume de moralizador. Asumimos que el arcipreste es culpable porque eso va bien para ser interpretado de la forma más cómica, y porque es consecuente con el anticlericalismo del resto de la novela. Pero, si llegamos a condenar a Lázaro con ese fundamento, cuando la única información que tenemos son las habladurías, entonces otra vez estamos revelando nuestra propia debilidad moral: nuestra prontitud para criticar a los demás. Nosotros no somos mejores que los propios propagadores del escándalo. La ironía de esta situación es que la persona misma a quién acusamos es superior a nuestra moral”.

Los razonamientos de Woods me parecen convincentes, y a ellos se pueden añadir dos más tomados del Elogio de la estupidez de Erasmo, que nadie podrá tachar de anacrónicos21:

En cambio, cuando uno jura que su mujer -que comparte con muchos- vale más que Penélope y se felicita de modo mayúsculo, feliz en su engaño, a ése nadie le llama loco, porque ven que eso les sucede a los maridos en todas partes.

Así, pues, lo que le sucede a Lázaro, en caso de que sean verdad los rumores, es tan común que ni siquiera merecería que le llamasen ‘loco’. Pero, dando un paso más, incluso tal situación puede salvar su matrimonio y, en todo caso, es mejor que los celos22:

Más aún, lo que queda dicho de la amistad hay que considerarlo con mucho mayor motivo en el caso del matrimonio, que en verdad no es nada más que la unión indivisible de la vida. Dios mío, ¡qué divorcios o cosas aún peores que los divorcios ocurrirían por todas partes, si el trato doméstico del hombre y la mujer no se apoyase y alimentase con la adulación, la broma, la amabilidad, el engaño y el disimulo, que por lo general forman mi cortejo! Ay, ¡qué pocos matrimonios se formarían si el novio investigase con previsión en qué juegos ya se había entretenido esa, en apariencia, delicada y pudorosa doncellita mucho antes de la boda! ¿Y cuántos menos permanecerían unidos, si la mayor parte de lo que hacen las mujeres no quedase oculto gracias al desinterés y estupidez del marido? Y estas cosas se le atribuyen con razón a la estupidez, y en verdad es ella la que posibilita que la esposa sea agradable para su marido y el marido lo sea para su esposa, que la casa esté tranquila y que perviva la concordia. Es objeto de burla el muy cornudo, curruca y... —¿qué no se le llama?— cuando apura a besitos las lágrimas de la adúltera. Pero cuánto más feliz es equivocarse de ese modo que consumirse con la preocupación de los celos y tomárselo todo a la tremenda.

Con estos testimonios, nada menos que de Erasmo, puede comprobarse que puede haber una moralidad en la vida de Lázaro, consistente en resaltar el mérito de una persona que, a pesar de sufrir tantas adversidades, llega a obtener un trabajo digno con que ganarse la vida y formar una familia. Esto es lo que el autor quiso enseñar entre burlas y veras.

Dichos testimonios sirven también para quitar importancia al llamado caso o ménage à trois, que tanto ha atraído la atención de los críticos. El primero en ocuparse por extenso del caso fue F. Rico en 1966, de donde extraigo las principales ideas23: “El núcleo del Lazarillo, a mi modo de ver, está en su final: a el ««caso»» (acaecido en último lugar y motivo de la redacción de la obra) han ido agregándose los restantes elementos -preludios e ilustraciones- hasta formar el todo de la novela; y la percepción de tal circunstancia me parece decisiva para un correcto entendimiento de la unidad y de la estructura del libro... «La honra cría las artes»: la deshonra de el «caso»... ha engendrado la novela... la técnica selectiva del Lazarillo recuerda la de algunas obras de justificación histórica... en que insistencias y silencios tienen idéntico sentido, enderezados como están a legitimar o disculpar una determinada actitud, un logro o un traspiés, toda una política; en La vida de Lazarillo de Tormes, enderezados a explicar precisamente «el caso», pretexto y asunto de la novela”. Así, pues, Rico considera «el caso» lo más importante del Lazarillo, y en esto no ha rectificado, pues en la Introducción de su edición escribe24: “Pero en la última página se descubre que el episodio en cuestión son los rumores que corren por Toledo sobre si la mujer del pregonero es o no es barragana del Arcipreste: «hasta el día de hoy nadie nos oyó sobre el caso». Y entonces se advierte, retrospectivamente, que las estampas de su vida que Lázaro ha ido presentando están en buena parte orientadas a explicar el comportamiento que practica o se le atribuye en relación con tal «caso». En la nota 1 se lee25: “Esa es la interpretación generalmente aceptada a partir de F. Rico [1966]”.

Tal “intepretación generalmente aceptada” recibió en 1975 una durísima crítica de parte de Gonzalo Sobejano26: “Para Lázaro como para Rico el "caso" es el "ménage à trois," alianza murmurada en la ciudad y por la cual Vuestra Merced preguntaría al pregonero. No estoy yo tan seguro de que ése sea el "caso" y creo más bien que tal contubernio no es sino la última anécdota del proceso cuya declaración habría solicitado Vuestra Merced: el proceso de cómo Lazarillo, con fuerza y maña, venció la fortuna contraria hasta salir a buen puerto. Parece inverosímil que un señor pida al humildísimo criado de un amigo suyo que le cuente qué hay de cierto en lo que se rumorea acerca de su vida marital con la manceba de dicho amigo (circunstancia que debía de conocer sobradamente si frecuentaba el trato del Arcipreste), y más inverosímil aún que el criado, para satisfacer esa curiosidad —en rigor, superflua— invierta numerosas páginas en referirle toda su vida de niño a hombre y dedique sólo dos al supuesto "caso" por el que se le preguntaba. Cabe además dudar de si el "caso" aludido en el prólogo ("Y pues Vuestra Merced escribe se le escriba y relate el caso muy por extenso...") es el mismo aludido al final de la epístola ("Y así quedamos todos tres bien conformes," "Hasta el día de hoy nunca nadie nos oyó sobre el caso"). Según es bien sabido, caso pertenece al número de esos comodines, vocablos "ómnibus" o términos vicarios, como "asunto", "cosa", "negocio", que tienen valor de pronombres demostrativos: 'ello,' 'eso.' Podría ocurrir, pues, que el "caso" primero significase 'cómo llegó Lazarillo de mozo de ciego a posesor de un oficio real' (o sea, cuál fue el proceso de su fuerza y maña), y que el "caso" final significase 'nadie nos ha oído disputar sobre esto' (sobre este punto de nuestra convivencia)".

Con la crítica de Sobejano se mostró de cuerdo V. García de la Concha tras un extenso análisis de la problemática del caso27: “El primer argumento de Sobejano cobra aquí toda su fuerza redarguyente: ¿Cómo es que le pide explicaciones al pobre diablo de Lázaro y no a él?.. Decididamente, el caso del tratado VII no parece ser el caso fundamental propuesto en el «Prólogo» como objeto de interrogatorio y noticia”.

Por mi parte, creo que la argumentación de Sobejano es impecable y que incluso se queda corta al decir “parece inverosímil”. Yo diría que es completamente absurdo que en la carta que escribió Vuestra Merced a Lázaro (que es el origen de la obra) le dijese: “se dice que tu mujer y mi amigo el arcipreste por los negocios, están liados, pero cuéntame tú, Lázaro, extensamente si es verdad o no”. Lo lógico es pensar que Vuestra Merced, enterado de que un pobre diablo, relacionado con su amigo el arcipreste por los negocios, había llegado a pregonero de la ciudad, le pidiese que contase cómo había llegado a tal cargo o, con palabras de Sobejano, “el proceso de cómo Lazarillo, con fuerza y maña, venció la fortuna contraria hasta salir a buen puerto”. Esto sí que tiene sentido, y obsérvese que coincide con la moralidad establecida por mí. Por distintos caminos hemos llegado al mismo punto, y me complace coincidir con lo defendido por tan ilustre crítico hace casi treinta años (al proceder yo de la filología clásica, tal vez pueda disculpárseme por no haber leído en su momento el luminoso artículo de Sobejano).

En relación a la escasa importancia del caso o ménage à trois en el Lazarillo, acabo de conocer un trabajo póstumo de Manuel Ferrer-Chivite publicado en el Homenaje al gran hispanista Agustín Redondo. En él trata de un Ur-Lazarillo o Lazarillo primitivo con ocho tratados, en los que ni siquiera figuraba el caso. He aquí sus palabras28: “De ser así, obviamente tendríamos un Ur-Lazarillo en que ni siquiera se habría dado ese caso que da pábulo al empeño de esos críticos. Sugestiva posibilidad que hay que dejar para una futura consideración”. Dejado el caso en el sitio que le corresponde, llegamos a la conclusión de que lo realmente importante (y decisivo en el origen del Lazarillo) es la moralidad como, por otra parte, es lógico y congruente con lo defendido por Erasmo y los humanistas de su entorno.

 

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Notas:

[1] Castro, A., “El Lazarillo de Tormes”, pp. 94-95.

[2] Ruffinatto, A., Las dos caras de Lazarillo, p. 381.

[3] Ruffinatto, A., “Lázaro González Pérez, actor y autor del Lazarillo”, p. 13.

[4] Rico, F., Introducción a su edición del Lazarillo, pp. 31-33.

[5] Calero, F., Introducción a su edición del Lazarillo.

[6] Rico, F., Introducción, p. 127.

[7] Iglesias Feijoo, L., “El Lazarillo y la novela”, p. 181.

[8] Vives, J.L., El alma y la vida, p. 143.

[9] Vives, J.L., Carta al duque de Béjar, p. 572.

[10] Erasmo, Elogio de la estupidez, p. 72.

[11] Vives, J.L., La verdad maquillada, pp. 891-892.

[12] Wright, R., “Lázaro`s success”, p. 533.

[13] Rico, F., Nota 12, p. 129 de su edición.

[14] Woods, M.J., “Pitfalls for the Moralizer in Lazarillo de Tormes”, p. 582.

[15] Woods., M.J., “Pitfalls for the Moralizer in Lazarillo de Tormes”, p. 585.

[16] Wardropper, B.W., “El trastorno de la moral en el Lazarillo”, p. 447.

[17] Jaén, D.T., “La ambigüedad moral del Lazarillo de Tormes”, p. 134.

[18] Courtney Tarr, F., “Literary and artistic unity in the Lazarillo de Tormes”, p. 134.

[19] Prada, J.M., “Los avatares de Lázaro de Tormes”, pp. 171-174.

[20] Woods, M.J., “Pitfalls for the Moralizer in Lazarillo de Tormes”, p. 594.

[21] Erasmo, Elogio de la estupidez, p. 118.

[22] Erasmo, Elogio de la estupidez, p. 94.

[23] Rico, F., “Problemas del Lazarillo”. Cito por Problemas del ‘Lazarillo’, pp.16-23.

[24] Rico, F., Introducción, p. 45.

[25] Rico, F., Introducción, nota 1, p. 45.

[26] Sobejano, G., “El coloquio de los perros en la picaresca y otros apuntes”, pp. 30-31.

[27] García de la Concha, V., Nueva lectura del Lazarillo, p. 46.

[28] Ferrer-Chivite, M., “Sobre un Ur-Lazarillo con ocho tratados”, p. 461.

 

© Francisco Calero 2005
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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