Espéculo

  Reseñas, críticas y novedades

 

 

 

Rosa Navarro Durán (Ed.)

Novela picaresca I

 


Francisco Calero
UNED

El primer volumen dedicado a la novela picaresca en la Biblioteca Castro incluye La vida de Lazarillo de Tormes y Guzmán de Alfarache. La segunda obra no encierra ningún problema sobre su autoría, mientras que la primera sí y, por cierto, muy debatido, ya que en los últimos años se ha atribuido a Alfonso de Valdés, a Francisco de Cervantes de Salazar y a Luis Vives. Rosa Navarro, como en sus dos ediciones precedentes, da por supuesto que el autor es Alfonso de Valdés, y digo “da por supuesto” porque no sólo no lo demuestra, sino que además no aporta ningún argumento a su teoría.

En la primera página de su Introducción dice Navarro: “Alfonso de Valdés dejó en su espléndido relato huellas de sus lecturas”, y lo que hace en las páginas siguientes es identificar tales lecturas, pero las lecturas no pueden servir como argumentos para descubrir al autor de una obra anónima. Primero hay que demostrar con argumentos quién es el autor y después de eso se podrá identificar sus lecturas. Mientras no sepamos quién es el autor, sólo se podrá hablar de las lecturas del autor de la obra anónima.

Para descubrir la autoría de una obra anónima hay dos clases de argumentos: externos e internos. Externos son los que se hallan fuera de la obra en cuestión. Como tales figuran los documentos y los testimonios encontrados en otras obras. Internos son los que están basados en la obra misma, considerada en su totalidad de forma y contenido, y se obtienen por la comparación de las características lingüísticas (fonéticas, morfológicas, sintácticas, léxicas y estilísticas) y las del contenido (ideas, datos relativos a costumbres, historia etc.) La comparación puede establecerse dentro de una misma obra a fin de saber si toda ella pertenece al mismo autor (así se ha hecho en relación a los poemas homéricos), pero normalmente se hace entre obras del mismo autor. Es lo que yo he llevado a cabo en mi libro Juan Luis Vives, autor del Diálogo de Mercurio y Carón, en el que comparo ideas o características de esa obra con las expuestas en otras obras de Vives. Si las concordancias son muy numerosas puede llegarse a la seguridad de la autoría, aunque en este caso ocurra en contra de la teoría del gran hispanista Marcel Bataillon. No es el primer caso, ya que en la actualidad se pone en duda la autoría del Dr. Laguna respecto al Viaje de Turquía, siendo así que Bataillon la defendió en varios trabajos. En caso de discrepancia entre argumentos externos e internos, éstos pueden prevalecer sobre los primeros. Como ejemplo puede servir el de una obra importante publicada en 1587: Nueva filosofía de la naturaleza del hombre no conocida ni alcançada de los grandes filósofos antiguos: la qual mejora la vida y salud humanas. Compuesta por Dª Oliva Sabuco. En el siglo XVIII surgieron dudas sobre tal autoría, en el sentido de que tal obra no podía haber sido escrita por una mujer, y en los comienzos del XX se pudo demostrar que no había sido escrita por Dª Oliva. En efecto, al autor fue su padre, el bachiller Sabuco, quien así lo declaró en su testamento. De esta forma hubo confluencia de argumentos internos y externos.

Completamente distinto es lo referente a las lecturas. Admitimos con Navarro que el autor del Lazarillo leyó a Plauto, pero a Plauto lo leyeron en la época cientos de escritores. Por tanto, la lectura de Plauto de ninguna manera puede constituir un argumento para descubrir al autor del Lazarillo.

Pasamos al polémico juicio del cardenal y confesor de Carlos V García de Loaysa: “suplico á vuestra merçed tomeys un gran latino y no lo es Valdés, porque aca se burlan de su latinidad y dizen que se atraviesan algunas mentiras en el latín que por aca se enbia escryto de su mano”. Para defender su teoría y quitar fuerza a ese durísimo juicio Navarro se extiende en demostrar que era enemigo de Valdés. Ahora bien, el que fuese enemigo suyo no quiere decir que eso era mentira; más bien hay que interpretarlo como un ataque al punto débil de Valdés. En efecto, si se lee el latín de sus cartas, inmediatamente salta a la vista que era verdad lo que decía García de Loaysa, como admitió Bataillón y más recientemente Ángel Alcalá. Con toda seguridad, Valdés no era un gran escritor.

Por último, me llama la atención que Navarro no cite a Joseph Ricapito, siendo así que antes que ella estableció la conexión entre el Diálogo de Mercurio y el Lazarillo.

 


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Espéculo. Revista de estudios literarios
(Universidad Complutense de Madrid) 2005