La Sociología de la Literatura:
Estudio de las letras desde la perspectiva de la Cultura

Mercedes Ortega González-Rubio
merr19@yahoo.com
Magister en Literatura Hispanoamericana
Seminario Andrés Bello - Instituto Caro y Cuervo
Bogotá - Colombia


 

   
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Los estudios que se agrupan bajo el nombre de Sociología de la Literatura (sin apartarse de su actual tendencia, la socio-crítica francesa), parten del presupuesto de que la vida del hombre es fundamental para la comprensión y explicación de la obra literaria. En general, los métodos sociológicos inscriben a todas las artes, incluyendo a la literatura, en el ámbito de la cultura. En el capítulo final de su libro Una Introducción a la Teoría Literaria, Terry Eagleton concluye que todas las esferas del pensar y actuar humanos, incluyendo la literatura, la teoría y la crítica literarias, están determinadas por “la forma en que organizamos nuestra vida social en común” y por “las relaciones de poder que ello presupone”1. Esta enunciación no es más que otra definición de cultura. La vida del hombre se encuentra inmersa en la cultura, en ocasiones reproduciéndola, otras veces modificándola.

El concepto de cultura se refiere a las estructuras mentales comunes que se generan al interior de un grupo de individuos que se encuentra en una situación análoga, realizando una actividad conjunta. Estas estructuras están conformadas por conocimientos, tanto comunes como científicos, y por valoraciones del mundo, éticas y estéticas, que se encuentran categorizados de forma particular en cada grupo. Para la Sociología de la Literatura, el autor de una obra literaria es un miembro más del grupo al que pertenece, y su escritura lo convierte en su vocero; a la vez, el escritor posee una lucidez, consciente o no, que lo hace plasmar en la obra literaria, de manera crítica, su axiología.

La Sociología de la Literatura aclara de manera enfática que las obras literarias no son una fotocopia de la vida, una reproducción exacta de los rasgos de una sociedad dada. La relación entre la vida del hombre y la literatura no es de contenido sino de correspondencias y semejanzas de estructuras mentales. No existe una analogía entre las artes y la sociedad -entidad concreta- sino una homología entre la cultura -constructo mental- y ellas.

Se tiene entonces que la cultura a la que se hace referencia aquí no es la sociedad empírica, sino las elaboraciones mentales que los grupos humanos han hecho de la realidad, sus conceptos del mundo. Los tres autores básicos de la Sociología de la Literatura, Georg Lukács (1885-1971), Lucien Goldmann (1913-1970) y Mijail Bajtín (1895-1975), están de acuerdo en que en la literatura se produce una evaluación crítica y sistemática sobre las concepciones del mundo de la cultura. Esta es la esencia de la literatura. Los estudios con un enfoque sociológico buscan ubicar en las obras su axiología, su ética particular, en relación con una cultura dada.

El sociólogo de la literatura busca develar las conexiones entre la vida cambiante y las obras literarias. Primero Lukács, luego Goldmann, inspirado por los escritos de aquél, y después Bajtín, han teorizado acerca de la relación literatura-cultura. Los tres han encontrado que al variar las relaciones hombre-destino-mundo, las tomas de posición del hombre también se modifican. Lukács sostiene que “la poesía representa las conexiones últimas entre el hombre, el destino y el mundo, y sin duda ha nacido de la correspondiente profunda toma de posición, aunque a menudo no se sabe nada de su origen”2.

A su vez, al haber distintas visiones del mundo, las correspondientes formas literarias también deben cambiar. Por ejemplo, la novela es la manera como la modernidad ha plasmado su concepción de la vida; la tragedia y la epopeya, en su momento, fueron las formas en que otras sociedades mostraron su valoración del mundo. Las formas de la literatura son variantes porque la axiología de los seres humanos también lo es, depende de su inscripción en una cultura y una época dadas.

Sin embargo, estas variantes que presentan las formas de la literatura, son reducidas y cíclicas. Lukács y Goldmann las consideran ahistóricas, atemporales: siempre que se den los mismos factores dentro de una sociedad, se repetirán estas formas. El hombre posee sólo algunas posibilidades de ser. En su Introducción a los Primeros Escritos de Georg Lukács, Goldmann explica que el autor húngaro trata de “describir un cierto número de esencias atemporales, de «formas» que corresponden a la expresión literaria de ciertas actitudes humanas coherentes“3.

Una de estas formas es la visión trágica del mundo. Una clase social que no tenga el poder o que lo haya perdido, desarrollará este tipo de visión, plasmándolo en forma de tragedias. La visión trágica es una posición frente al mundo en la cual el hombre se niega categóricamente a vivir en la sociedad que le ha tocado, puesto que ésta no lo comprende. Los valores del héroe trágico han dejado de ser válidos para el sistema de vida en que se encuentra; entonces niega toda posibilidad de conciliación entre él y la cultura en la que vive. Al final, el mundo sigue su curso y el héroe trágico no encuentra cabida en él. Acontecimientos históricos llevaron a que esta situación se presentara en la Grecia Antigua, en el siglo XVII francés y en el Renacimiento en Inglaterra, por lo que se escribieron obras como las de Esquilo, Sófocles, Racine y Shakespeare.

Estas formas que presenta la literatura no son un mero reflejo de la sociedad, sino una crítica ante el mundo: esa es la esencia de todo arte, lo que lo hace ser especial. Lukács afirma que “con relación a la vida, el arte es siempre un «a pesar de todo»; la creación de formas confirma de la manera más profunda la existencia de esa disonancia”4. Es por la particularidad de la visión de mundo en la literatura que, para Goldmann, este concepto resulta un instrumento ideal, objetivo y controlable, que hace parte del análisis científico de la obra literaria. El autor define la concepción del mundo como “conjunto de aspiraciones, de sentimientos y de ideas que reúne a los miembros de un grupo (o lo que es más frecuente, de una clase social) y los opone a los demás grupos”5, lo que hoy no es otra cosa que la cultura y el concepto de identidad a partir de ella.

Goldmann plantea un método, el estructuralismo genético. En él, la visión de mundo constituye la estructura significativa de la obra artística. Al describir esta estructura, se realiza el proceso de comprensión del texto. Este autor estudia de manera rigurosa los Pensamientos, de Pascal, y las tragedias de Racine, llegando a la conclusión de que ambos plasman una visión del mundo trágica.

Pero el análisis de una obra no puede quedar en su comprensión, porque “una idea, una obra, sólo obtienen su verdadera significación cuando se han integrado en el conjunto de una vida y de un comportamiento. Además, frecuentemente el comportamiento que permite entender la obra no es el del autor, sino el de un grupo social”6. Por esta razón, se debe relacionar la visión de mundo presentada en la obra con una estructura englobante, que constituye su explicación.

En la explicación de la obra, el estructuralismo genético busca determinar quién es su autor, no desde el punto de vista personal, sino del grupo social. Según Goldmann, el autor de la obra literaria es un sujeto transindividual, colectivo. Por ejemplo, para el caso de las tragedias de Racine, la situación de la nobleza de toga durante el siglo XVII y de los jansenistas, con los que Racine tuvo estrechos vínculos, generó esa visión trágica del mundo, puesto que se trataba de una clase social perdedora, destituída de sus cargos. Se tiene así que mediante los procesos de comprensión y explicación de la obra artística, se realiza un análisis sistemático de las conexiones existentes entre ella y la cultura que la genera.

Goldmann afirmó que la validez y riqueza de una obra residía en ser una afirmación coherente y unitaria de una visión de mundo. Pero en Sociología de la Creación Literaria7, acepta la posibilidad de que dentro de la obra se plasme más de una concepción del mundo. Esta multiplicidad de voces, este diálogo de posiciones frente a la vida, constituiría también la particularidad de la literatura. El autor que por excelencia trabaja el concepto de dialogismo en la obra literaria es Mijaíl Bajtín. Para él, una obra posee diferentes voces, independientes pero interrelacionadas, siendo el lector quien finalmente genera la coherencia.

En sus escritos, Bajtín delimita muy bien su objeto de estudio. El método planteado por él es exclusivo para el análisis de lo estético, una de las esferas que integran el conjunto de la cultura humana. Lo estético se da plenamente en el arte y de manera no pura en otras formas híbridas. Para Bajtín -en contraposición a Goldmann, quien no hace una clara diferenciación al aplicar su método a la literatura o a la filosofía-, la estética se debe orientar primordialmente al estudio del arte y luego a los híbridos.

Bajtín considera absolutamente necesario diferenciar de manera sistemática el concepto de lo estético de lo cognoscitivo y lo ético, para construir una ciencia válida sobre un arte, una verdadera estética. La poética debe ser vista como un tipo especial de estética, como la estética de la creación verbal.

La cultura está integrada por lo cognoscitivo, lo ético y lo estético, es decir, por el mundo cognoscible, los juicios de valor sobre este mundo y el arte. Cada uno de ellos es autónomo, pero se interrelacionan entre sí de manera estrecha. Bajtín plantea que “la unidad sistemática de la cultura se extiende a los átomos de la vida cultural, reflejándose como un sol en cada una de sus partes”8.

La definición de Bajtín sobre lo estético se estructura de una manera compleja. Está constituida por el contenido, el material y la forma. Se deben estudiar los tres componentes para llegar a una poética completa.

Del ordenamiento del material, en el caso de la literatura, del material verbal, surge la forma composicional de la obra de arte: la novela, el drama, la tragedia, el poema. Lo cognoscitivo y lo ético -la realidad para Bajtín- constituyen el contenido del arte, que los presenta de manera artística y multilateral.

La forma -para Bajtín, forma arquitectónica- está constituida, en cambio, por los procedimientos de organización y unificación de esos valores cognoscitivo-éticos del contenido. Las formas arquitectónicas se realizan con determinados procedimientos composicionales. Las primeras determinan la elección de las segundas y son comunes a todas las artes.

Así, por ejemplo, la epopeya es una forma composicional cuya forma arquitectónica es lo épico. Lo épico deviene el nombre que se la da a cierta “visión del mundo”, para hablar en términos goldmannianos, de la cultura occidental de la Antigüedad y del Medioevo. Al iniciarse un proceso de cambio de las fronteras de las esferas de la cultura en el Renacimiento y completarse esa transformación plenamente en la modernidad, hubo de igual manera un cambio en la relación hombre-mundo-Dios, por lo que las formas arquitectónicas y consecuentemente las composicionales variaron también. Surge así la novela con su héroe problemático, su risa familiarizante y sus valoraciones individual-personales.

Al estudiar la obra de estos tres autores, Lukács, Goldmann y Bajtín, se llega a la conclusión de que, a pesar de sus diferencias metodológicas, coinciden en considerar como primordial en las artes y, específicamente, en la literatura, su conexión con la cultura. Para comprender, en fin, la significación de una obra de arte desde la perspectiva de la Sociología de la Literatura, es necesario que se analicen sus vínculos con la cultura en que se inscribe.

 

NOTAS:

[1] Georg Lukács. El Alma y las Formas. México, Grijalbo, 1985. p. 21.

[2] Lucien Goldmann. “Introducción a los primeros escritos de Georg Lukacs”. En: Teoría de la Novela. Barcelona, EDHASA, 1971. p. 183.

[3] Terry Eagleton. Una Introducción a la Teoría Literaria. Bogotá, FCE, 1994. p. 231.

[4] Georg Lukács. Teoría de la Novela. Barcelona, EDHASA, 1971. p. 75.

[5] Lucien Goldmann. El Hombre y lo Absoluto. Barcelona, Ediciones 62, 1985. p. 29.

[6] Ibid. p. 17.

[7] Lucien Goldmann. Sociología de la Creación Literaria. Buenos Aires, Ediciones Nueva Visión, 1971.

[8] Mijaíl Bajtín. Problemas Literarios y Estéticos. La Habana, Arte y Literatura, 1986. p. 31.

 

© Mercedes Ortega González-Rubio 2005
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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