Espéculo

  Reseñas, críticas y novedades

 

 

Miguel Catalán

Breve historia

     

 

Dr. Gonzalo García-Aguayo

Prf. de Crítica literaria
Univ. CH-CEU, Fc. CC.II. Valencia

 

Desde la aventura fronteriza entre el ensayo y la narración corta, en línea con la aportación borgiana al cuento literario, Miguel Catalán presenta una serie de calas en la historia del hombre que, significativamente, comienza con un pesimista contraste entre ferocidad animal y ferocidad humana. Así, con el significativo título de Por qué son tan grises los peces grises, procede el autor a la acometida contra el primer mundo y sus hallazgos científicos confrontándola con la realidad de las tribus oceánicas, las de Vai Noa, donde se encuentra este pez caníbal, quienes a través de su brujo aseguran que la espantable actividad de los peces grises sólo es el espejo donde se miran los respetables turistas que llegan a la zona. De esta manera la evolución de esa especie parece seguir la propia del hombre civilizado: desde el primitivo respeto al semejante hasta su punto final de ingestión.

El punto de vista antropomórfico adoptado no esconde una pretensión literaria próxima a la del Cortázar de Prosa del Observatorio. Sin embargo, el beastiario cortaciano, tan complejo en su orden metafísico, se vuelve transparente en esta representación implacable que confronta el estudio zoológico con el parangón evolucionista. El método utilizado es la observación humilde a través de una prosa impecable donde toda subjetividad parecería el peor defecto del relato-ensayo.

La colección de relatos de Breve historia comienza pues con este prólogo espeluznante que indica, de otra parte, la ucronía de todo fenómeno temporal e histórico. El propio autor nos dice algo en su prefacio -breve noticia-, con una pretensión demasiado ingenua para la ambición que revela el título con el logro indudable del resultado. Estos relatos están intercalados en una anterior novela de Miguel Catalán, El último Juan Balaguer, y publicados con variaciones en esta ulterior entrega. Respeta el espíritu del protagonista de la novela, “quien decía indagar en la historia la huella de los diferentes -la cursiva es mía- que a riesgo de sus vidas fundaban nuevas ciudades, pero también el espíritu del narrador, quien aspiraba a recrear en puntos imaginarios del pasado algunas figuras de la condición humana más que a restaurar gestas celebradas de la historia.”

Cuando el autor habla de diferentes está dando una clave para interpretar la obra objeto de este análisis. No se trata de originalidad, en el sentido de distancia con el resto de la población humana, cuando se habla de seres no absorbidos por la marea de la vida. Por el contrario, entiendo que la oposición a la marea es lo que hace posible las mutaciones de la historia. La grandeza de esos seres poco conocidos del gran público es precisamente la de no aparecer en gruesos caracteres como “gestas celebradas de la historia”.

La naturaleza poética del siguiente relato da paso a una fábula donde el origen del hombre - así reza el título- viene a repetir el paralelismo con los peces grises en la destrucción del semejante. Es interesante notar el cambio de registro lingüístico entre ambas narraciones, donde el discurso referencial del primero deja paso a un discurso sustentado en la descripción a partir de tropos e imágenes líricas.

Sigue una pieza que retoma la voz bíblica, Blasfemia del eco, ateniéndose a su lenguaje sentencioso, con la entrada de un Dios iracundo e impotente para acallar al eco idólatra. Opta este dios con minúsculas por castigar al pueblo elegido que se ha atrevido a poner en duda su poder. Su condena hará al pueblo hebreo errante por desiertos sin eco. La plurisignificación de esta réplica de las Sagradas Escrituras podría conducir a interpretaciones inactuales en el sentido azoriniano: el eco como “flatus vocis” de un pueblo que no está a la altura de ser el elegido por Dios o a cualquier variación machadiana sobre la dificultad de distinguir las voces de los ecos o la mediocridad de un hombre limitado a ser simple eco, lo que desata el silencio perdurable de Dios. Dios o Idea, es algo demasiado temido y demasiado lejano: el hombre parece escucharse sólo a sí mismo en su reverbero. Aquí es donde se encuentra la ironía del relato que le salva de la transcendencia del mensaje. Insistiendo en su carácter paródico, inapreciable en una primera lectura, el irrevocable eco reproduce la palabra divina, la última de las diferentes secuencias con que se manifiesta verbalmente Yahveh. Y estas últimas palabras forman otra secuencia que es una burla al hieratismo divino.

La paradoja borgiana de El vigía ciego, asume también el lenguaje literario del maestro argentino. La última batalla -de nuevo la destrucción- que acabaría con el último reducto tirreno, Magura, en manos de las centurias romanas no se produce gracias al terror que causa en las huestes la inmovilidad de un vigía. Resulta ser el esclavo ciego elegido como vigía. La respuesta a este nuevo oxímoron no es otra que la interpretación romana de que algún arma secreta escondían los tirrenos al ver la inmovilidad del vigía que ni siquiera avisaba a su pueblo de la presencia a tiro de piedra de los sitiadores. Sin embargo, los sitiados, que sabían de su derrota segura, daban a entender así su deseo de no defenderse.

La habilidad discursiva de Miguel Catalán en el planteamiento de su Breve Historia recurre, en La flor de Kiûsû, al poder inextricable de los sueños en una peripecia romántica de amor imposible por enemistad de los pueblos que da lugar al juego de conjeturas sobre la certeza de la historia.

A partir de Milenio, ambientada en los terrores del fin del mundo, con La guerra de los mil años, Tiempo lagarto y Marionetista, el autor cierra el ciclo occidental y el libro. El segundo relato es el que más deliberadamente adopta un tono humorístico que podría servir como parodia de cualquier guerra. Sorprende la estructura poemática de Tiempo lagarto, el menos narrativo de todos los relatos que hace del tiempo el protagonista diabólico en una pequeña aldea del Orinoco con un fraile como personaje principal.

El constructor de marionetas del último cuento y la anécdota de su vida nos traslada al lado realista de la literatura, en contraste con el resto de relatos y en especial en contraposición al discurso antropológico del primero. Nos hallamos en la transición de la Rumanía de Ceaucescu y la actualidad. El protagonista es el paradigma del hombre sin nación que decide evitar cualquier contacto con el lado destructor de la naturaleza humana. Quizás sea lo más apropiado para interpretar el mundo de Miguel Catalán, más allá de la metáfora literaria: no resistir al mal, citando el Antiguo Testamento.

 

© Gonzalo García-Aguayo 2005

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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Espéculo. Revista de estudios literarios
(Universidad Complutense de Madrid) 2005