La esencia del habla: el habla de la esencia.
Acercamiento al texto "La esencia del habla"
de Martin Heidegger

Gloria Inés González Ramírez

Departamento de Psicopedagogía
Universidad Tecnológica de Pereira (Colombia)
jigonzalez10@utp.edu.co


 

   
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RESUMEN
   El presente trabajo se plantea el análisis filosófico de las 3 conferencias M. Heidegger que componen su tema “La esencia del habla”. Se convierte en la posibilidad de hacer una experiencia con el habla, desde el ámbito, la región del habla; no sobre ni acerca del habla. El documento comparte la experiencia recorrida de la mano de Jaime Hoyos, SJ, en sucesivos seminarios sobre el autor. En la primera conferencia y escogiendo la filología como vía de acceso a la región del habla, encontramos que la palabra se abre, se rompe y así se convierte en posibilitadora para dejar ver-oir lo que está en el fondo. Para que la cosa sea es necesaria la palabra. Pero el análisis técnico no es suficiente. La cosa no sólo es y cómo es, está inmersa en el nombre de su nombre. Tampoco es suficiente reconocer al hombre como custodio de la mostración del ser y de la palabra. Se plantea entonces, en la segunda conferencia, un camino y un caminar ese camino no desde el método científico sino desde el pensamiento filosófico y en la vecindad habla-poesía es el poeta quien hace la experiencia cuando desecha la presunción de poseedor y proveedor de la palabra: cuando se da sin restricción a cantar cantos, decires de su conciencia que lo con-vocan. Es su caminar por las regiones del habla que el camino se convierte en la palabra inaugural del habla. La tercera conferencia parte de habernos situado en el camino para que así podamos alcanzar lo que con propiedad de-manda nuestra esencia. La vecindad Poesía-pensamiento con-voca la esencia del habla que es el habla de la esencia. La proximidad, la projimidad de todas las instancias del universo que deben ser dichas para que aparezcan en donación y des-en-cubrimiento de manera que se construya el tejido universal de la relación de las relaciones de todas las regiones del mundo. El “es” se da donde se rompe la palabra.

Palabras claves: Ser, esencia del habla, experiencia, poesía, pensamiento, mundo.

ABSTRAC
   Present work establishes the philosophical analysis of the 3 Martin Heidegger conferences about his theme “La esencia del habla”. It offers the possibility for doing a “speaking experiment”, from the point of view of the speaking region; nothing about neither around the speaking act. This document shares the experience wined of the hand of Jaime Hoyos SJ through diverse seminaries about this autor.
   In the first conference and choosing the philology as an access way to the speaking region, founding that the word is opening and it breaks up, then it turns in the form to let “see hear” what is the background.
   That’s why the word is needed. But technical analysis is not enough. It is not only what and how it is, it is inside the name of its own name. Neither it is enough to accept the human been as the watcher of the been and the word show.
   Then the second conference is a way and a running of the way, never from the scientific method but from the philosophical thought and in the neighborhood. Speaking-poetry is the poet who makes the experience when refuse the possibility of being the owner and purchaser of the word: when it happens without restrictions to sing song, expressions of his mind that invite him. It is in his walking that the speaking regions that the way changes to the initial word of the speaking.
   Third conference starts of being on the way in order to reach what our essence demands. The neighborhood poetry-thought demands the speaking essence what is the speaking of the essence. The proximity, the interpersonal relation of all instances of the universe, which must be saying in order to appear in donation and opened so it is constructed the universal weave of the relation of all the relations between the world regions. The “is” is given where the word is broken up.

Key words: Be, speaking essence, experience, poetry, thought, world.

 

Antecedentes.

El habla se constituyó en uno de los cinco temas principales de Heidegger en su madurez, esta época corresponde alrededor de la década de 1950. Hans Georg Gadamer, en su conferencia en Bogotá en marzo de 1981, señala como temas de Heidegger en esta época los siguientes: la cosa, el lenguaje, la obra de arte, la técnica y das Gestell.

Del tema sobre el lenguaje, merece destacarse el libro “De camino al habla” que contiene la conferencia objeto de este trabajo: “La esencia del habla”. Se toma la versión castellana de Ives Zimmermann, 1 Odos, Barcelona, 1987. Traducción sacada de la 6ª edición alemana de la edición separada en la Editorial Gunter Neske, Pfullingen, 1979. Las tres conferencias que componen “La esencia del habla” fueron dadas por Heidegger en el Studium Generale de la Universidad de Friburgo im Breisgau, los días 4 y 189 de diciembre de 1957 y el 7 de febrero de 1958. Las referencias que aparecen se refieren al texto citado.

 

Primera Conferencia

Las tres conferencias pretenden llevarnos ante la posibilidad de hacer una experiencia con el habla. Experiencia en el sentido más estricto. Hacer una experiencia con algo implica que ese algo nos alcance, que se apodere de nosotros y nos transforme, que aquello que estamos experimentando nos someta a sí, lo tomemos.

En la experiencia, lo que experimentamos nos sale al camino, nos toca, se nos viene encima, nos conmueve y transforma, pero no somos dueños de esa experiencia. “Hacemos” experiencia no como actuantes sino como bañados, como sobrecogidos por esa experiencia a la que nos prestamos, nos abrimos. Ella nos cobija, nos inunda como el mar a la playa.

¿Cómo podemos nosotros, hombres de hoy, hacer una experiencia con el habla?, ¿dónde situarnos para que podamos vislumbrar si no la esencia misma del habla fundamental, sí por lo menos el camino correcto que nos coloque en la posibilidad de esa experiencia sublime?, ¿cuál es el habla que nos está demandando?

Dentro de nuestro modo común y diario del mundo y sus cosas, ellas se colocan allá y nosotros acá y entonces vemos y hablamos de ellas, sobre ellas. Así, del habla hablamos y lo hablamos, lo cual da como resultado acumulación, suma de conocimientos sobre el habla y serán tantos y tan diversos esos conocimientos que podemos agruparlos en disciplinas diversas como la lingüística, la filología, la psicología, la filosofía del lenguaje. Aún más, investigando sobre el habla, el lenguaje, llegamos al metalenguaje, al supralenguaje de una metalingüística. ¿Es metafísica esta profundización en el lenguaje? Sí lo es, si ese lenguaje es forma operatoria de comunicación. La metafísica de la tecnificación absoluta general del lenguaje es metalinguística. “Metalenguaje y satélites, metalingüística y tecnología espacial son lo mismo.” (p. 144).

Pero la experiencia que propone Heidegger no es sobre el habla, incluso la pretensión no es la experiencia con el habla, sino la posibilidad de hacer una experiencia con el habla. La investigación científica y filosófica sobre el habla es importante y además insalvable en el mundo moderno, pero ese no es nuestro objetivo. Lo que no podemos perder de vista es el objetivo del trabajo que se emprende: “Que el intento de llevarnos ante la posibilidad de hacer una experiencia con el habla sea coronado con éxito” (p.144). Supongamos que ello se logra, ¿cuánto influirá en nosotros, cuánto nos transformará ese logro? Ello no depende de nuestra voluntad pero sí es necesaria una mirada tan amplia como la luz del sol, como el arrullo del viento.

Teniendo claridad sobre el objetivo principal del trabajo al cual nos abocamos, busquemos el camino para realizarlo. De igual manera que requerimos de toda nuestra atención responsable para delimitar el objetivo, necesitamos explorar las vías conducentes a él con reserva de inventario. Explorar, y explorar en sentido amplio, porque como experiencia fundamentadora no basta sólo con otear el horizonte, ¿cuántos rincones ignotos e incógnitos podrían quedar velados? Corremos el riesgo de pasar por alto, sin saberlo, el toque justo, preciso para la feliz culminación del trabajo en que nos empeñamos. Para reconocer el camino correcto para y con la esencia del habla no tenemos otra alternativa que caminar caminos diversos y así reconocer el verdadero, nadie podrá hacerlo por nosotros, a nadie le representará lo que represente a cada uno, nadie vivirá igual que otro esta experiencia, a cada uno le tocará su “alma” de diferente manera.

Caminemos esos caminos despacio, sintiéndolos y sintiéndonos en ellos. El tiempo como elemento esencial del ser-ahí “se venga de todo lo que no se hace con su concurso”. Ellos, los caminos están ahí, muchas veces estamos sobre ellos pero no en ellos y así no conducen el habla a lo esencial del habla, porque en aquellos el habla se retiene, se oculta en su esencia para poder así de esta manera retenedora hablarse el habla, hacerse proposiciones de y sobre cosas, intercomunicarnos. Lo otro, el habla que habla como tal en la palabra está en aquellas situaciones límite donde lo que nos toca es impronunciable, nos descentra y nos desestabiliza de nuestra pretensión de amos y señores omnipotentes del mundo y sus alrededores. Esta habla que nos habla es experiencia única, personal, intransferible. Todo lo anterior indica que no somos nosotros quienes llamamos al habla, ella da o deniega la palabra.

Comencemos, entonces, a explorar un primer camino: el de la poesía. ¿El poeta cómo habla su experiencia con el habla? Poéticamente y para comprender mejor ese hablar poético del habla del poeta, Heidegger conversa, analiza, desglosa, no científicamente según el sentido de lo científico moderno occidental, el poema “La palabra” de Stefan George, que data del año 1919:

Sueño o prodigio de la lejanía
Al borde mi país traía

Esperando a que la Norna antigua
En su fuente el nombre hallara -

Después denso y fuerte lo pude asir
Ahora florece y por la región reluce ...

Un día llegué de feliz viaje
Con joya delicada y rica

Buscó largamente e hízome saber:
“Sobre el profundo fondo nada así descansa”

Entonces de mi mano se escapó
Y nunca el tesoro mi país ganó ...

Así aprendí triste la renuncia:
Ninguna cosa sea donde falta la palabra.

Son siete estrofas de dos versos cada una, divididas en tres iniciales, tres posteriores y una estrofa conclusiva. Es justamente esta última estrofa, en su último verso, nuestra directriz. “Pues él lleva la palabra del habla, lleva el habla misma a su habla y dice algo acerca de la relación entre palabra y cosa.” (p. 146).

Ninguna cosa sea donde la falta la palabra dice la traducción de I. Zimmerman; Que cosa alguna sea allí donde falla la palabra, traduce Jaime Hoyos, SJ, diferenciando fehlen (faltar) y Brechen (fallar). En su versión original la expresión es wort gebricht (falla la palabra). Atenidos a esto último la palabra se rompe, se resquebraja, se hiende para centellear en su fondo el habla del habla misma como un verso susurrante, cantador, acariciante. La palabra no falta, no está ausente, no está lejos de nosotros, en otro lugar. Ella está aquí pero abierta para dejar ver-oir lo que está en el fondo.

Cuando la palabra falla algo no tiene, de algo carece: poder nombrar la cosa. Sería muy prosaico si no atuviéramos a indicar con nombrar la cosa sólo señalarla, el signarla. El nombrar de la palabra que falla será mandatorio, autoritario y autorizado por la dignidad como de rey o de Dios, el cual acata sin reparos el poeta, pensando las palabras allende las significaciones primarias, porque para llegar a un poema como el de Stefan George es necesario pensarlo. Pensarlo el poeta y pensarlo quienes lo desentrañan, pensarlo a conciencia, sapiencial, meditativamente, con cuidado de joya.

Así las cosas, volvamos al último verso del poema Que ninguna cosa sea allí donde falla la palabra y transcribamos: Ninguna cosa es donde carece de palabra, para que la cosa sea es necesaria la palabra. En estos términos Dios es porque la palabra es dios, dios lo hace, la palabra confiere el ser. Pero ¿es así de simple? ¿es así para todo caso, para toda situación? Evidentemente no. Lo que se ha denominado sputnik y cada cosa tangible independiente de su posibilidad de alternancia de nombre es en todo “diferente de lo que nombra el poeta en la primera estrofa de las tres iniciales:

Sueño o prodigio de la lejanía
Al borde de mi país traía.” (p.148)

Esta diferencia puede no hacérsenos evidente a primer golpe por nuestra sumisión, las más de las veces irreflexiva, a la ciencia y técnica modernas. Por ellas rechazamos de plano el que sea la palabra quien confiera el ser, ellas sólo se atienen a hechos palpables, medibles. El hombre está sometido a lo que disponga el apresuramiento de máquinas y aparatos modernos. Pero si nos detenemos un poco, si pensamos calmadamente la cosa, lo que es y cómo es, está inmersa en el nombre de su nombre.

Otro intento en la misma vía. A partir de una nueva expresión del enunciado guía: “algo es solamente cuando la palabra apropiada -y por tanto pertinente- lo nombra como siendo y lo funda así cada vez como tal” (p. 149). Esta no es una elaboración poética, sí una acertada reelaboración conceptual de la expresión contenida en “Carta sobre el humanismo”: el habla es la casa del ser, y el hombre, como custodio de la mostración del ser, puede llamarse custodio de la palabra.

¿Qué tenemos hasta aquí? “La cuestión permanece enigmática: la palabra del habla y su relación con la cosa, a todo lo que es -el hecho que es y el modo como es” (p.148). O sea que este primer camino de simple análisis filológico no nos conduce a nuestro objetivo. Pero los esfuerzos en él empleados no son despreciables. Como preparación de una posible experiencia con el habla tiene elementos altamente capitalizables. Ya probamos que el apresuramiento no sirve al oficio de poeta, caminemos despacio y atentamente hagamos otro intento de encontrar el camino directriz que nos conduzca ciertamente a la posibilidad de una experiencia exitosa con el habla.

Retomemos completa la última estrofa y no solo el último verso:

Así aprendí la triste renuncia:
Ninguna cosa sea donde falta la palabra

¿Qué indican esos dos puntos? ¿Una declaración directa? ¿Un indicativo? Parece como si los dos puntos sí indicaran. Y en realidad indican aquello a que el poeta está renunciando. Indican la renuncia, renuncia no declarativo, renuncia que es un modo de decir acusativo, mostrativo, un dejar-ver-mostrando que no da ni pide reivindicación, comprometida con lo que renuncia la renuncia. ¿A qué, entonces, está renunciando el poeta, qué se está comprometiendo a negarse? Esa renuncia que aprendió como un devenir sabedor, como una visión en su via-(a)ndancia, ¿a qué es?

En el caminar por su región, su paraje propio que es la poesía está acostumbrado a, se siente dueño de palabras que le representan lo existente, pero un día, en su viajar llega con una joya tan singular que la Norna no encuentra para ella nombre y no puede darle con él, nombrándola, aquel álito de vida que antes siempre había logrado. Ausente la palabra que la nombra, la joya se retrae, desaparece como tesoro del que el poeta pueda ser depositario y se revela así una esfera especialísima del decir: “Es sólo la palabra la que otorga la venida en presencia, es decir, el ser, aquello en que algo puede aparecer como ente. ... El poeta debe abandonar la exigencia de que, con toda seguridad y a demanda suya, le sea dado el nombre para lo que él ha puesto como verdaderamente existente” dice Heidegger en su conferencia “La Palabra”, y esta certeza da al poeta una templada tristeza, una serena disposición de ánimo que le hace decir: Ninguna cosa sea donde la palabra falta, lo cual enuncia un nuevo modo de relación palabra-cosa. La palabra misma es la relación retenedora de la cosa como siendo.

El poeta fue tocado esencialmente por su experiencia con el habla, ¿podemos nosotros alcanzar esa vivencia en forma adecuada? Estamos dispuestos a dejar a estas tres conferencias “llevarnos ante la posibilidad de hacer una experiencia con el habla”? (ps. 143 y 156).

Si reconocemos al pensamiento como lo que abre surcos en el campo del ser, si tenemos la sensibilidad para poder aspirarlo como una “vigorosa fragancia de un campo de trigo en una tarde de verano” (p.155) en el decir nietzscheano, podemos separarnos del pensar calculador, proeficiente materialmente.

Poesía y pensamiento calculador son irreconciables. Pensémoslos como vecinos, se necesitan mutuamente, cada uno a su modo, cada uno en su límite. La región para cada uno es diferente pero su ámbito es el mismo.

En el camino al habla y su esencia precisamos del habla y la esencia mismas, de su consentimiento para abordarlas y cuestionarlas, precisamos del saber sonoro de ese consentimiento, para pensar la esencia como profundización y fundamentación, para preguntar. Este preguntar debe entenderse como una devoción obediente al pensamiento que previamente ha escuchado el consentimiento de aquello a quien vamos a preguntar su esencia, esto es, “la esencia del habla deviene habla de la esencia” (p.158).

Así, el título original de las conferencias “La esencia del habla” pasa a ser sólo eco de una posible experiencia y la nueva declaración: “La esencia del habla: El habla de la esencia” una frase directriz conductora en el camino de la experiencia, acompañados, de la experiencia poética previa y asumiendo íntegramente la nueva relación palabra-cosa: “La palabra misma es la relación en tanto que sostiene toda cosa hacia su ser y la mantiene en él” (p.158).

 

Segunda conferencia

La segunda conferencia inicia con una clara reducción fenomenológica heideggeriana: experimentar es alcanzar algo en el caminar el camino, alcanzar es llegar a ese algo y llegar a algo es haber escuchado su demanda hacia ello mismo.

Si estamos tratando de llegar a una posible experiencia con el habla, esa experiencia supone caminar un camino. Pensemos el estar de camino y el camino mismo, tanto de las ciencias como del pensar.

“Las ciencias conocen el camino al conocimiento bajo el término de método” (p.159). Nietzsche denuncia y critica acervamente el poderío el método adquiere en el ámbito de las ciencias y el positivismo. El método es como el motor sin freno de las ciencias en su frenética carrera a ninguna meta, el método propone el tema, lo implanta y lo dirige.

En el caso del pensamiento filosófico no hay método, ni tema, hay una región, un paraje. Este paraje se caracteriza como un camino que se-nos-viene-en-cima, nos ad-versa, viene a nuestro encuentro ofreciéndosenos obligatoriamente para que lo caminemos. No se trata de todo pensamiento. Se trata del pensamiento que permitirá hacer una experiencia pensante con el habla, pero de tal manera que en cada eventualidad se nos ofrece una pluralidad de caminos. El que escogemos es el nuestro. El paraje de que nos habla Heidegger es nuestra inmediatez primera, nos constituye en la ineludible tarea de cargar, de llevar nuestra existencia, en-caminando-nos en nuestra via-andancia. Podemos decir que es el diseño de la espacialidad del desarrollo de nuestro ser, punto de largada y de llegada de todas las otras dimensiones espaciales que propician el des-alejamiento del ser-ahí. El paraje obsequia con un en-frente, libera lo que el pensamiento tiene por pensar. El pensamiento mora en esta región al caminar los caminos de esta región. Aquí el camino pertenece a la región, Una aclaración, región es expresión correcta en cuanto léxico, pero nominalmente paraje tiene una mayor fuerza de palabra inaugural.

Cuando hablamos estamos repitiendo lo previamente dicho por el habla. El habla nos pre-cede, estamos a su zaga. De lo que vamos a hablar debe habérsenos dado previamente para poder hablarlo. En consecuencia, no igualemos el hablar ordinario sobre cosas y asuntos también ordinarios que es un abrir camino, un ir hacia delante, y el hablar sobre el habla misma que es un ir tras algo que nos pre-cede: el habla.

Pensemos sapiencialmente el camino de una experiencia con el habla y la región, el paraje donde mora el pensamiento es la vecindad con la poesía. En esa vecindad poesía-pensamiento del camino del pensamiento, retomemos los asuntos de que trata la primera conferencia:

Primer asunto: La experiencia poética con el habla.

Segundo asunto: Las características de esa experiencia poética serán las características de la experiencia del pensamiento que se prepara para nosotros.

Tercer asunto: La transformación del título de las conferencias.

Ahondando en el segundo asunto vemos que preguntar por la esencia de algo está signado por el ofrecimiento, el decir confiador de lo cuestionado, lo que tiene ahora que hacer el pensamiento sapiencial es escuchar el decir confiador desplegado en un preguntar que, repitámoslo, no es el preguntar metódico científico. Aquí el pensamiento debe atender a lo que se le da a pensar.

El tercer asunto, el del cambio de título de las conferencias, desvirtuando lo pretencioso que la acción pueda parecer cuestionando la nueva versión por medio de un interrogante, pero si el pensamiento en que estamos es el del decir confiado, el de la escucha, no debemos interrogar de esa manera. Pensa el habla implica que el habla misma se nos confíe, incluso se nos haya confiado previamente.

El habla nos habla constantemente y su esencia es lo hablado, pero ni oímos ni leemos correctamente ese decir confiador y el título modificado “es la tentativa de avanzar un primer paso hacia la región (el paraje) que nos tiene reservadas las posibilidades para una experiencia pensante con el habla. El pensamiento encuentra en esta región (paraje) la vecindad con la poesía” (p.162).

La experiencia poética está resumida en:

Así aprendí la triste renuncia:
Ninguna cosa sea donde falta la palabra

Y fue el poeta quien hizo la experiencia, no nosotros y lo hizo en éxodo, en alejamiento de la presunción de poseedor y proveedor de la palabra. El libro de George, 1928, “El nuevo reino” en que apreció el poema “La palabra”, su última parte lleva por título “El canto”. Hölderlin, como los antiguos, llama canto a la poesía. El canto es canto en el cantar, no después. El poeta del canto es el cantor, aquel juglar que en su siempre caminar recoge y entona las cantas de un pueblo en sus más sentidas vivencias, sus decires legendarios. Decires de su conciencia mítica que con-vocan.

En el himno “Fiesta de la paz”, Hölderlin dice:

Mucho desde la mañana,
Desde que somos una plática y oímos los unos de los otros,
Ha aprendido el hombre; pero pronto canto seremos (nosotros).

Se convocan hombres (los unos) y dioses (los otros) y se canta el advenimiento de los dioses como silencio, pero no silencio como opuesto al diálogo sino como íntima afinidad. Canto es habla. Nietzsche en “Así habló Zaratustra” dice: “Oh mi alma, ahora te lo he dado todo y también mi último bien, y contigo todas mis manos se han vaciado; que yo te pudiera cantar, ves, éste era mi último bien!”.

En el mismo libro de George “El nuevo reino”, bajo el título “El canto”, dice:

Lo que todavía saboreo y lo que todavía logro conjugar
Lo que todavía amo porta los mismos rasgos familiares

Enuncia aquí la renuncia del poeta a la primera relación palabra-cosa. Recordemos que la Norna no puede nombrar la preciosa joya que tiene en su mano el poeta y entonces esta se le retrae, no desaparece. Esa joya le fue dada, obsequiada como signo de favor particular al poeta para ser su custodio, en el camino determinado por la nueva relación palabra-cosa. Joya, favor y huésped dichos en un decir innombrable, sus nombres no están silenciados, el poeta no los sabe, como lo reconoce en el verso:

En lo que yaces - esto tú no lo sabes.

La palabra está en la oscuridad, está velada, pero vecina al ámbito del pensamiento. Y no es que sea más expedito el camino a la claridad por el pensamiento que por la poesía; tenemos que forzar el pensamiento a oír de un modo correcto el decir confiador dentro del cual hable la esencia del habla en tanto que habla de la esencia en suposición de que habla y pensamiento pertenecen a una misma vecindad, esto lo hemos invocado en el decir de la renuncia: “Ninguna cosa sea donde falta la palabra”, algo que, en verdad, es cotidiano en el pensamiento occidental. Tanto así que logos, dice simultáneamente ser y decir. Así las cosas, lo dicho por George no es nada nuevo aunque impensado. De donde “Ni la experiencia poética con la palabra, ni la experiencia con el decir llevan el habla al habla en su ser propio” (p.166) ¿Por qué?

La esencia del habla se niega reiteradamente a llegar al habla, este retenerse le es característico. Por este atener-se-a-sí-misma de retención de su origen les deniega su esencia a nuestras nociones habituales. A pesar de todo “cuál puede ser la razón por la que pasa tan fácilmente inadvertida el ‘habla’ propia del despliegue del habla”? (p.166). Una causa puede ser el haber inadvertido la vecindad de poesía y filosofía como modos también eminentes del decir. Otra explicación, la “y” de poesía y pensamiento debe tomarse como signo de vecindad. Digamos qué significa vecindad y con qué derecho se puede hablar de ella.

Vecino es el que habita en proximidad y junto a otro, consecuencia: el otro es vecino del uno, son cercanos, están establecidos en-frente. Cercano, próximo, en-frente no indica eliminación de distancia física, medible.

En el en-frente-mutuo de poesía y pensamiento, estamos y nos movemos en su vecindad, eso lo dice la aproximación: Ninguna cosa sea donde falta la palabra. La palabra retiene, es la relación de la cosa como tal.

Estamos buscando la posibilidad de una experiencia pensante con el habla desde la vecindad de la experiencia poética con la palabra, necesitamos estar atentos a esta vecindad aunque permanezca invisible y ello nos deje perplejos por nuestra incapacidad de hacer la experiencia de vecindad en su puridad. Vecindad de pensamiento y poesía puede ser relación, pero de qué con qué, con qué propiedad. Sólo hay un elemento que entre los permanece incólume, el decir, sólo se mueven en este elemento y a él deben sus múltiples experiencias con el habla, a pesar de nuestra habitual falta de atención a esta experiencia.

Esa vecindad poesía-pensamiento tras de que estamos se nos escapa permanentemente por nuestro habitual vivir incuestionado en el cálculo y la conquista del mundo cósmico. En su vecindad poesía-pensamiento se pertenecen mutuamente, aún antes de alcanzar el en-frente-mutuo (Gegen-einander-über), su elemento es el mismo: El Decir, por él dicen sus experiencias permanentes con el habla. “Esta vecindad gobierna en todas partes nuestra estancia sobre esta tierra y el caminar en ella.” (p.169).

Ya antes dijimos que fue el poeta, no nosotros, quien hizo la experiencia de pasar de la relación palabra-cosa en la esfera de inventario de relaciones representativas a una esfera de pensamiento sapiencial, gustativo, saboreador y como las conferencias pretenden, desde la mostración de la experiencia del poeta, llevarnos a la posibilidad de nuestra propia experiencia con el habla y en esta segunda conferencia estamos pensando el camino y el estar-en-camino, tenemos que reconocer que aún no estamos encaminados, eso implica que debemos volver, retornar en confianza adonde ya estamos propiamente. No temamos el que lo anterior nos produzca confusión, caminar a la localidad de la esencia humana es diferente a caminar a la localidad del progreso científico. Recordemos que no estamos hablando sobre el habla, que hemos dejado que sea el habla quien nos hable desde ella misma, que nos diga su esencia. No clausuremos la vía de la poesía para zambullirnos ciegamente en la del pensamiento, retomemos el poema y su estrofa final, como si fuera una anunciación, una tesis doctrinal:

Así aprendí la triste renuncia:
Ninguna cosa sea donde falta la palabra

Palabra, sigamos atentos en cuidarnos del pensamiento calculador: en un primer momento, viendo el texto pero no leyéndolo, podemos entender que el poeta nos dice que si la cosa es por la palabra, la palabra es cosa y para que por ella la cosa sea, debe ser anterior a la cosa, tendríamos que concluir que una cosa (la palabra) da ser a otra cosa (la cosa). Pero si escuchamos atentamente como se nos ha sugerido de antes el poeta separa palabra y cosa, los diferencia. La palabra no es cosa, nos elude, se retrae cuando queremos asirla, poseerla, adueñarnos de ella, tal como le ocurrió al poeta con su “rica y delicada joya”, no pudo nombrarla tal era su valor, su nobleza, su riqueza. “La palabra para la palabra no puede encontrarse en ningún lugar donde el destino (Geschick) obsequia con el habla que nombra e instituye lo existente para que lo sea y como tal ente brille y florezca” (p.172). El tesoro de la palabra para la palabra se negó al poeta, a S. George, a su país de poesía, su palabra, su decir no tiene ser. ¿Se negará también al país del pensamiento? Positivamente ese no tener ser es conflictivo, permanentemente estamos diciendo, nombrando, determinando, leyendo, es un mundo de términos, no de palabras. Aquí la palabra por la cual la palabra es tal no cabe, entonces, ¿dónde?

Si volvemos a la experiencia poética concienzudamente veremos una seña, una indicación: la palabra no es cosa, ni ente, pero desde ella entendemos las cosas que son. El ser de las cosas que son no es un ropaje que cubre a esas cosas que son, no es una cosa de la cosa, ni en la cosa. Al igual que la palabra, el es no pertenece a las cosas que son. La experiencia poética dice la relación palabra-ser. Palabra no es ente alguno, a ninguno lo especifica la cosas. Sin embargo, “ni el ‘es’ ni la palabra y su decir pueden arrojarse al vacío de la mera nada”(p.172)

Cuando el pensamiento ronda y constituye la experiencia poética des-encubre lo digno de pensar, lo memorable, aquello que sigilosamente ha guardado desde siempre el pensamiento, lo que hay pero que no “es” y aquí cabe la palabra como dadora en su esencia. La palabra da pero ella no se da, da, dona el ser y es en la palabra como dadora de ser que debemos buscar la palabra esencial, sin que en realidad se de.

Esa palabra esencial no es cosa, no es un ello que dé ser, es ella por sí misma, joya, donadora de ser pero recogida, retenida en sí misma. Y ese retenerse, que no es perderse o deshacerse, nos aproxima a su esencia. He aquí lo digno de pensar.

Como el poeta no renunciamos a la palabra y a su dificultad, es desde esa misma dificultad desde donde debemos meditar más que antes. El poeta en este momento canta cantos:

¿Qué audaz ligero paso
Anda por el reino más propio.
Del jardín de hadas de la ancestra?

¿Qué invocación envía
El soñador con clarín plateado
A la durmiente espesura del Decir?

¿Qué secreto aliento
De la recién desvanecida melancolía
Se insinúa por el alma?

Y lo hace tan expresamente que S. George contraviene la regla del idioma alemán que prescribe mayúscula a los sustantivos, sólo Sage, Decir está escrito con mayúscula inicial. El poema dice de esa proximidad que es projimidad de la palabra y se reitera que “es” y palabra no tiene relación de cosa. La palabra sorprende y es sorprendente.

En el canto de los cantos del poeta clarea plenamente el misterio del decir cantante, pero aún lo digno de ser pensado es indeterminado, aunque es cierto ya que no es el canto. Cualquiera diría que así no puede existir ninguna vecindad, ninguna proximidad, pero es justamente esta divergencia su verdadero en-frente-mutuo. Ciertamente poesía y pensamiento mantienen una “delicada aunque luminosa diferencia”, separación que no es condena a no tener relación. Poesía y pensamiento se entrecruzan en el in-finito por el trazo que avecina sus esencias en mutua proximidad. Es el advenimiento apropiador mismo (Ereignis) desde el cual poesía y pensamiento están remitidos a lo propio de su esencia y si lo que hace próximos a la poesía y el pensamiento es el Decir, el advenimiento apropiador es aquel Decir desde donde el habla nos dice su esencia y sólo al hombre en cuanto tal le es dado y dable el habla. Sólo al hombre el habla consiente decir su decir confiador.

 

Tercera Conferencia

Recordemos que estamos procurando una posible experiencia con el habla y retomemos qué hemos hecho hasta aquí. En la primera conferencia se presta oído a, se piensa una experiencia poética con la palabra y en esa forma estamos ya en la vecindad poesía-pensamiento. La segunda conferencia piensa el camino que debemos caminar para posiblemente acceder en forma correcta a esa experiencia y lo hicimos mostrando la diferencia entre el pensamiento calculador positivista y el pensamiento meditativo. De este último dijimos que camino es región, paraje, claro. Paraje como aquel sitio en que estamos situados y a donde se nos vienen los caminos que nos conducen propiamente a. Claro como aquel sitio en donde la luz des-en-cubridora ha colocado el objeto de nuestro caminar, claro que es también puesta-en-camino donde son dados los caminos de la región. Este camino nos permite llegar a, a aquello que tiende hacia nosotros, que nos de-manda, que nos toca y nos interesa, demanda nuestra esencia, la llama y le permite llegar adonde propiamente pertenece. Este camino pretende lo que la riqueza culta del habla se reserva para de-mandarnos desde ella para el decir del habla. Sólo desde la región, el paraje encontramos ese camino, ese paraje en-camina, da, dota, abre o instituye caminos. Camino es palabra inaugural del habla.

En el pensamiento poético de Laotse la palabra rectora se dice Tao y propiamente significa camino. Traduce razón, espíritu, logos, lo que indica que este no es camino que una dos puntos diversos y distantes. Es camino que lo en-camina todo, solo desde donde podemos, en propiedad “pensar lo que quisieran decir desde su propia esencia razón, espíritu, sentido, logos” (p.177). Tal vez ese camino que traduce a Tao contenga “el secreto de todos los secretos del Decir pensante, si dejamos que estos nombres regresen a lo que dejan en lo no dicho y si somos capaces de este ‘dejar’” (p.177). Todo es camino. Hasta se podría decir que aún el método cuantificador es residuo, mal residuo, del camino en-caminador del camino trazador de vía.

En nuestra pretensión de una posible experiencia con el habla, estamos en-caminados en la vecindad de poesía-pensamiento como aquel lugar, aquel paraje desde el cual se cristaliza con certeza y no por simple azar la experiencia de lo que hay del habla.

Con estos presupuestos entramos a la tercera conferencia, con la mirada puesta en lo que haría posible que nos ocurriera una experiencia con el habla. Tenemos que permanecer en el camino posibilitador establecido aunque por él sólo lleguemos hasta donde ya estamos porque, recordemos que, donde ya estamos estamos sin haber alcanzado con propiedad lo que de-manda nuestra esencia. Ese camino posibilitador necesita algo que lo acompañe y nos impulse jalonándonos hacia delante, como la palabra rectora: la esencia del habla: el habla de la esencia. El cómo indica el camino esta palabra no está dicho, antes debíamos conocer el ámbito a dónde pertenece el camino, que acompañado de la palabra rectora como séquito, hacía señas hacia delante. El ámbito se manifiesta en la vecindad como proximidad en que moran poesía y pensamiento como modos del decir.

El decir será aquella proximidad que lleva a la poesía y al pensamiento a su mutua vecindad, proximidad que suponemos que es en ese Decir donde reside la esencia del habla. Sage, sagen, sagan es mostrar como un dejar aparecer, como una liberación des-ocultadora a través de la cual se nos ofrece el mundo. Ese luminoso velador enmascarante ofrecimiento del mundo es la naturaleza esencial del Decir.

Sigamos la indicación que expresa la frase rectora de la vecindad poesía-pensamiento:

La esencia del habla:
El habla de la esencia.

Da una primera indicación de lo que es el habla. Si le prestamos suficiente atención pueden enriquecerse aún más las señas para el camino que nos lleva a donde estamos de-mandados. Hagamos un análisis gramatical de esta frase en intento de un primer acercamiento al asunto.

En :La esencia del habla”, el habla es sujeto del que debemos decir que es. Desde Platón, su esencia deviene en concepto, en representación.. Decir que el habla es sujeto quiere decir que el habla misma habla, en ese caso, su esencia o ser-esencial. Por el concepto, la representación conocemos lo que una cosa es. Los dos puntos abren una perspectiva, el habla de la esencia. Esencia pasa a ser sujeto cuyo carácter es el habla. Ahora, analicémoslo más estrictamente. Entendamos esencia como verbo, s west: esto esencia en presencia y perdurando nos concierne, nos en-camina, y nos de-manda. Lo que así es nombrado por la esencia, permanece, viene hacia nosotros, nos concierne porque nos en-camina. Así tenemos que reconocer que “el habla de la esencia” indica que el habla pertenece a lo que “esencia”, en-camina con propiedad toda cosa por el hecho de hablar. ¿Qué significa hablar, en qué medida habla lo esenciante? Esto está aún por dilucidar, a ello pretendemos llegar. La frase rectora nos hace señas pero solo a la determinación de la vecindad poesía-pensamiento, la cual es desde la proximidad. Si poesía-pensamiento son modos eminentes del Decir y vecinos por su proximidad, esta proximidad prevalece por el modo del Decir, de donde proximidad y Decir serían lo Mismo. Pensar lo anterior exige un alto grado de severidad, el cual no debemos atenuar en nada.

Continuemos y permanezcamos en el señalar de la frase rectora, ella nos hace señas hacia la experiencia del habla como el Decir, fuera de las representaciones corrientes del habla. El Decir en-caminador determina lo que nos llega como habla.

La señal puede ser directa o indirecta. Indirecta es dirigirse primero a lo no claro desde donde hace la seña y posteriormente se dirige a lo que señala a lo digno de ser pensado pero lo cual aún no tiene un modo adecuado de pensar. Por todo ello primero debemos reflexionar sobre el habla en sus nociones habituales pero con la visión puesta en la señal de la vecindad de poesía y pensamiento, es decir en la proximidad como decir. El habla nos es permanente, hablamos el habla, la hemos representado y determinado durante mucho tiempo, prueba de ello son los lenguajes. Aristóteles en “De interpretatione” determinó la estructura del habla en tanto que relación sígnica, estructura que ha permanecido canónica a pesar de las variaciones que se le han introducido. Habla es hablar, desde la fonación vocal, pero habla no es sólo la expresión sensitiva, está también el componente espiritual, el espíritu del habla y mantener la apertura a este componente nos remite a la melodía y el ritmo, por ende al parentesco canto y habla. Melodía y ritmo aquí no pueden considerarse como mensurables técnica y calculadoramente.

Consideremos que en alemán Murdarten -que se suele traducir como dialectos-, literalmente traduce géneros de la boca, habla propia de cada territorio porque no es solo diferencias en el fonar, es que paisaje, tierra hablan diferente en cada lugar y la boca como cuerpo diciente, pertenece a la emergencia y crecimiento de la tierra donde los mortales florecemos y de de donde provienen nuestras más auténticas raíces. Quien se extraña de su tierra pierde sus raíces. La flor de la boca es el habla, por ella la tierra florece hacia el florecimiento del cielo. Hölderlin lo dice en “El paseo al campo”:

Por esto yo espero incluso - cuando lo deseado
Comenzamos y es desligada nuestra lengua,
Y hallada la palabra y abierto el corazón,
Y de frente embriagada nazca la más alta meditación -
Que a la vez comience nuestra floración con la del cielo,
Y a la mirada abierta ser abierto el Luminoso.

Y en “Pan y vino”:

Así es el hombre; cuando lo bueno está y de dones le provee
Un dios mismo, no lo conoce y no lo ve.
Antes debe sufrir; ahora, pero, nombra su más querido
Ahora, ahora deben nacer palabras para eso, como flores.

La palabra en la región. Región que hace que tierra y cielo, como profundidad y cima, regiones del mundo, vayan a mutuo encuentro. Palabras como flores, palabras resonando desde su sustancia terrenal, es decir dejando-mostrar-el-mundo. Lo sonoro de esta resonancia es llamada congregadora en apertura al aparecer mundo en las cosas. De esta manera resonar no es físico-fisiológico. “Lo resonante, lo terrenal del habla está sostenido en la armonía que entonan mutuamente las regiones de la estructura del mundo, haciéndolas jugar las unas hacia las otras” (p.186).

Sigamos en la vecindad poesía-pensamiento, vecindad hecha posible por la proximidad y pensemos esta proximidad como un ubicarnos donde ya nos encontramos, como un retorno a lo Mismo, en el ponernos-en-camino propiamiente para la determinación de la vecindad.

Lo próximo es correlato de lo lejano, en tiempo, en espacio. Así ha sido y así será a través de los tiempos. Esta representación parametral no sirve a la experiencia de la proximidad en donde habita la vecindad. La proximidad vecinal como projimidad no habita en la relación tempo-espacial, entendida esta relación como parámetro. Si espacio-tiempo es medida para la proximidad vecinal es porque reconocemos en su relación el en-frente-mutuo de ambos o sea aquello que determina lo vecinal. En-frente-mutuo que proviene de la amplitud donde cielo y tierra, dios y hombre, la cuaternidad del mundo, se alcanzan. “Cuando prevalece el en-frente-mutuo, todo, lo uno para lo otro, está abierto, abierto en su ocultación de sí; así, el uno se extiende hacia el otro, se entrega al otro y de este modo todos permanecen ellos mismos; uno está frente al otro como vigilante, custodiándolo, y está por encima de él como aquello que lo vela.” (p. 189).

Abandonando la mentalidad calculadora, podemos captar que es la proximidad misma la que en-camina lo vecinal de las regiones del mundo, la que propicia alcanzar y mantener esa proximidad. Proximidad es el en-caminar del en-frente-mutuo, es die Nahnis, esencia misma de la proximidad vecinal, esencia que no es distancia sino el en-caminar del en-frente-mutuo del uno y del otro de las regiones de la cuaternidad del mundo. Encaminar que es proximidad como esencia, como Nahnis.

Espacio y tiempo como parámetros de representación, producción y acumulación nos sirven ahora como punto de partida a un ámbito nuevo. Allí donde toda distancia es medible, aparece como su negación lo in-distante; donde todo lo equi-valente es voluntad de dominación y control de la tierra por el cálculo uniformizador. Por esta lucha se niega la proximidad, se aniquila el en-frente-mutuo de cada una de las regiones del mundo y se esconde, se oculta la esencia de espacio y tiempo en relación con la esencia de la proximidad.

Para entender que el tiempo temporaliza y el espacio espacializa es necesario pensar la identidad. Temporalizar es madurar, dejar crecer y eclosionar. Estar a tiempo es emerger en la eclosión. Se temporaliza lo que viene, lo que está a tiempo, lo contemporáneo, lo que eclosiona con su tiempo. Con-temporáneo del tiempo es lo que fue, lo que es y lo que será, pasado, presente y futuro. En la temporalización el tiempo integra en sí mismo su triple simultaneidad y en ese retraimiento y aporte el tiempo en-camina aquello que lo con-temporáneo espacializa: el espacio temporal. “El tiempo mismo, en la totalidad de su esencia, no se mueve, reposa en silencio” (p. 191). Igual ocurre con el espacio, libera y reúne localidades y lugares, asume lo con-temporáneo como tiempo espacial. “El espacio mismo, en la totalidad de su esencia, no se mueve, reposa en silencio” (p. 191). El retraer y aportar del tiempo y el espacio, temporalizando y espacializando pertenecen a lo Mismo, al juego del silencio. Esto Mismo que reúne en esencia el tiempo y el espacio puede llamarse el Espacio (de) Juego (del) Tiempo, der Zeit-Spiel-Raum. “Lo Mismo del Espacio (de) Juego (del) Tiempo, temporalizando-espacializando, en-camina el en-frente-mutuo de unas y otras de las cuatro regiones del mundo: tierra y cielo, dios y hombre - el juego del mundo” (p. 192)

Poner-en-camino el en-frente-mutuo en la cuaternidad de mundo hace advenir proximidad, en tanto que esencia, Nahnis. ¿En-caminar es advenimiento apropiador del silencio? También esto pertenece a la esencia del habla y en el mismo sentido de las tres conferencias: llevarnos ante una posible experiencia con el habla en forma tal que desde ahora nuestra relación con el habla sea lo digno de ser pensado.

¿Y la posibilidad? ¿Hemos llegado a ella? En primera instancia hemos determinado el Decir como un mostrar, un dejar aparecer, como un donador ofrecer mundo en des-en-cubrimiento y proximidad como puesta-en-camino del en-frente-mutuo de cada una de las regiones del mundo. Es posible percibir el Decir como esencia del habla, resonando en retorno a la esencia de la proximidad. Proximidad y Decir como lo esenciante del habla son lo Mismo. Aquí está la posibilidad de hacer una experiencia con el habla. ¿En qué medida?

El habla, Decir de las regiones del mundo, es más que relación palabra-hombre. El habla como Decir en-caminador del mundo es la relación de todas las relaciones, en ella suspendido y enriquecido el en-frente-mutuo de todas las regiones del mundo, las tiene y custodia mientras el Decir se retiene en sí. En esta retención el habla nos de-manda como Decir de la cuaternidad del mundo, a nosotros, hombres de esa cuaternidad, a nosotros que hablamos en tanto que correspondemos al habla.

Ahora podemos decir:

Un “es” se da donde se rompe la palabra

Ese romper es el regreso de la palabra resonante a lo no sonoro, a su matriz: “al son del silencio que, en tanto que Decir, en-camina a su proximidad las regiones de la cuaternidad del mundo” (p. 194).

Lo que desde antes estábamos nombrando como paso atrás en el camino del pensamiento es propiamente la ruptura de la palabra, el paso de su sonoridad al silencio.

 

REFERENCIA BIBLIOGRAFICA

Heidegger, Martin. De camino al habla. Conferencia “La esencia del habla”. Versión castellana de Ives Zimmermann, 1 Odos, Barcelona, 1987. Edición realizada de la traducción 6ª edición alemana Editorial Gunter Neske, Pfullingen, 1979.

 

Gloria Inés González Ramírez. Doctorante en Educación. Universidad de Salamanca (España). Magister en Filosofía, Pontificia Universidad Javeriana - Bogotá. Publicista, Universidad Central - Bogotá. Docente Departamento de Psicopedagogía, Universidad Tecnológica de Pereira.

 

© Gloria Inés González Ramírez 2005

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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