De la oscuridad, el diluvio y la nueva generación de hombres.
Historia y mito en la cultura andina del noroeste argentino1

Claudia Alicia Forgione
chasqui@dearriba.com

Facultad de Filosofía, Historia y Letras
Universidad del Salvador


 

   
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En la cultura andina del noroeste argentino se encuentra muy difundida la creencia de que antes de excavar un sitio arqueológico, se hace imprescindible realizar la corpachada. Los arqueólogos, a pedido de los lugareños que colaborarán en la tarea del rescate del patrimonio cultural y de exhumación de cadáveres, pertenecientes a pobladores prehispánicos, si los hubiere, deben realizar el ritual con el fin de pedir permiso a la tierra. La corpachada, que podemos traducir como convite, también como hospedar [2], tiene como objetivo que las personas que efectúan estas actividades queden afectadas por algunas enfermedades que, como la maradura (que se presenta como una infección cutánea), se cree que es adquirida por “hurgar las cosas de antiguos”. El convite se hace en homenaje a Pachamama (privilegiada teofanía andina) y es realizado con respeto y fe [3], en el lugar donde se iniciará la excavación, en el antigal o sitio de antiguos como se denomina regionalmente a las estaciones arqueológicas [4]. Pocos minutos bastan para establecer esta relación contractual con Pachamama evitando transgredir las normas que rigen para los lugares sacralizados [5]. Podemos decir que, el lugareño experimenta -frente a estos sitios consagrados culturalmente-, una “reacción de huida” [6] pues el temor que experimenta ante ellos hace que establezca una distancia prudente entre sí y la potencia del lugar.

Sobre los antigales se encuentran numerosas creencias, muchas de ellas expresadas en la narrativa oral [7]. Recurrimos a esos relatos para analizar el tema que hace a la evocación de un espacio y un tiempo originario íntimamente relacionado con el actual, que se concreta en esa especial consideración del territorio donde antiguamente vivieron los antiguos. Nos interesa observar cómo se relaciona el hombre en el paisaje narrativo, de qué forma lo percibe, cómo interviene en su cosmovisión actual, de qué modo están organizados los acontecimientos en un espacio que hoy comparten.

Las versiones analizadas, provienen de localidades de las áreas de Quebrada de Humahuaca y Puna, en la provincia de Jujuy en donde abundan los sitios de ocupación prehispánica [8].

 

LO QUE CUENTAN LOS LUGAREÑOS:
¿QUIÉNES Y CÓMO ERAN LOS ANTIGUOS? ¿QUÉ ES UN ANTIGAL?

Esta historia se inicia “en los tiempos di antes”, los “que eran antes del diluvio”, es decir in illo tempore, aproximándonos a una incursión que Eliade denomina “el gran tiempo” [9].

“Los antiguos son los muertos de los antigales. Ésos serían, como dicen, los indios. Ésos sabían vivir en oscuro” [10].

“Han sido hombres chiquitos, qui (que) han vivido en los cerros y eran muy curiosos (inteligentes)” [11].

“Los antiguos ‘tán (están) en los antigales, güesos (huesos) nomás” [12].

“Eran como un chango (muchacho), no eran más que un metro los más altos, pero cuerpudos que eran, que tenían un cuerpo ancho de pecho. Los antiguos son de la primera regeneración (generación) cuando ha venido el diluvio. Nuestro Señor se ha cansado de ellos porque eran malos. Hace una pilada de años” [13].

“Gente mala y pecadora, por eso Dios decidió mandar el diluvio, para que se muera esa gente mala y venga otra güena” [14].

“Eran de más de antes, de muchos años” [15].

Los antiguos son los muertos que se encuentran en sitios arqueológicos, ubicados en zonas altas, desde un tiempo anterior al diluvio y que éste acontecimiento destruye. Son reconocidos como indios, ”raza de indios”, muy curiosos, de baja estatura aunque cuerpudos. Esta descripción física se completa con una referencia ético-religiosa expresando que eran malos y pecadores, por lo que se impone entender que la inundación provocada por el diluvio preanuncia el advenimiento del nuevo mundo y con él la luz, y el castigo, a su vez, augura la sucesión de una generación de hombres buenos.

 

EVIDENCIAS DEL DILUVIO

“Ahora no se ven más que las parecitas (diminutivo de ‘pared’) de la casa porque tapó todo el diluvio. Ahora son campos. Parecen (aparecen) las parecitas” [16].

“Murieron cuando se inundó todo” [17].

“En esas costas (ladera) de los cerros se ven las pircaditas (paredes de piedra superpuestas) qui (que) hacían y salen di abajo de la tierra las cosas que ellos tenían” [18].

“Cuando caía l’agua del diluvio, muchas personas desesperadas buscaban refugio bajo tierra. Por eso es que en los antigales se encuentran ollas grandes con esqueletos de personas” [19].

Estos relatos corresponden a una cosmogonía acuática. El diluvio y la consecuente inundación cubre los pueblos y los habitantes desesperados buscaron refugio en la profundidad de la tierra en donde hallaron la muerte. Así se explica el hallazgo de esqueletos, vasijas, tejidos y otros bienes culturales en las entrañas de la tierra. La gran inundación representa la instauración de una era nueva, con una humanidad distinta, de esta manera el tiempo de los orígenes queda abolido y superado por la catástrofe. El único personaje que sobrevive es la luna.

 

EL NACIMIENTO DEL SOL Y DEL DÍA. LOS ESCONDITES.

De las versiones consultadas, cuatro hablan de la oscuridad reinante antes que se creara la claridad o la luz del sol. Otras explican el diluvio como una etapa necesaria para la posterior aparición del sol. Si embargo la aparición de la luz atemoriza a los primeros hombres del nuevo tiempo.

“Cuando Dios había dicho que iba a dar luz, la gente había tenido miedo. Diz (dicen) que tenían miedo a la luz. Que sabían pensar que era un castigo la luz porque ‘taban (estaban) acostumbrados a la oscuridá (oscuridad). En eso ha pasado Dios que iba a dar la luz. Y ellos se han enterrau (enterrado) todos de miedo” [20].

“Esos si han muerto cuando había sol. Si han enterrau” [21].

“Cuando ha nacido este sol, se han muerto, porque los ha quemau. Algunos se ven en los virkes, por abajo (enterrados) . Si (se) han enterrau. Será de miedo al sol” [22].

No había luz del diya (día). Y con la luz de la luna andaban por el campo pastoriando (pastoreando) los animalitos, y iban a fiestas. Cuando ha veníu (venido) la luz del diya si han asustao (asustado) y que se han querío (querido) escuenderse (esconderse). Y se han escondíu en los güecos (huecos) y las cuevas de los cerros. Y los antiguos han sido di antes, porque si han muerto del miedo qui han teníu, porque a la luz lo han tenido miedo” [23].

 

LAS EXPLICACIONES

Las explicaciones dan respuestas a los muchos indicios que distinguen los dos tiempos: el de los orígenes y el actual, que está relacionado al surgimiento del sol y del día y de los hombres “güenos”.

Los patrones indígenas de enterratorios en oquedades naturales en las laderas de los cerros y en las tumbas tipo colmena (incorrectamente denominadas chullpas en la Puna); la aparición de la primera cactácea: el cardón (Trichocereus pasacana y Trichocereus poco) que en la actualidad proliferan, frecuentemente, en los campos de ruinas de los antiguos pueblos indios (ubicados en terrazas fluviales o valles de altura en el ámbito de la Quebrada de Humahuaca) [24] tienen todos una dilucidación satisfactoria en los relatos de referencia. Respecto a los cardones se dice:

“Se hace la cuenta que eran gente antigua. Que se hizo la primera planta que había. ‘Tán como madre con sus guaguas (niños de pecho o pequeños). Y después se han brotado. Cada gajo es un chico. Ande hay antigales hay muchos cardones. Hay muchos antigales en los cerros. Diz que los que nu (no) han teníu tiempo de enterrarse, ésos se han quedau duros de miedo. Ésos si han vuelto cardones. Ésos son los cardones, que se ven como pueblo en los cerros. Ande hay muchos cardones, seguro que es antigal.” [25].

“En cambio los que se han quedao ajuera (afuera) de tierra con sus hijos, se han transformau en cardones. El tronco de cardón es la madre, y cada brazo que tiene es una guagua. Si la planta tiene seis brazos, es que ha sidu (sido) una familia con seis guaguas. Ande hay muchos cardones, siguro (< seguro) que es un antigal. “Aquí en esta quebrada ( de Alfarcito) sabía haber muchos pueblos y caseríos, cosa que se ve clarito” [26].

Tilcara, Alfarcito, La Banda de Tilcara de donde provienen estas versiones, están situadas en la franja media de la Quebrada de Humahuaca en donde se encuentra, justamente “el reino del cardón de fuste columnar (Trichocereus pasacana) / de dos o más bifurcaciones” [27]. A ellos se refiere el informante cuando dice que es como una madre con sus hijos. “Cada gajo”, cada bifurcación, es un hijo.

Otra versión señala que se transformaron en cardones aquellos que no tuvieron tiempo de enterrarse cuando los sorprende el diluvio quedándose “duros de miedo” (el poco presenta el tronco sin bifurcaciones) “ésos son los cardones que se ven como pueblo en los cerros.”

“Estas siluetas de altivos candelabros” [28] surgen de un acontecimiento límite: la inundación por el diluvio que da lugar a la aparición de una segunda generación de hombres, coincidente, también, con ciertos cambios ambientales: el nacimiento del sol y del día.

Sobre los enterratorios manifiestan:

“Ellos se han escondíu con sus cositas, con sus tiestitos (alfarería), sus platos, sus husos, en los hoyo(s), en las ollas grandes, pero lo mismo los ha tapau (tapado) el diluvio” [29].

“Entonces la gente tenía ollas grandes y tinajas como nosotros, se entraban en esas tinajas y otros se enterraban vivos. Otros se metían en sus ranchitos con todas las cosas que tenían para morir. Y ahí es que se ven esos pueblos enterraus. Todo eso quedó bajo la tierra igual que si los habría tapau un volcán (aluvión de lodo y piedra que se produce en épocas de intensas lluvias) ” [30].

“Muchas personas desesperadas buscaban refugio bajo tierra. Cavaban aujeros (agujeros), ponían áhi (ahí) un tinajo (tinaja) grande y ellos se metían adentro. Por eso es que en los antigales se encuentran ollas grandes con esqueletos de personas” [31].

“Y se han escondíu en los güecos y las cuevas de los cerros. Y se han llevau (llevado) todo lo que tenían en las casas (casas, en plural, debe ser entendido como habitaciones), en la cocina, para hacer la comida y hacer la chicha (bebida fermentada de maíz). Y han llevao las ollas, los virkes (ollas de barro cocido, de boca ancha), con sus cositas, con sus platos, sus puiscanas (puisca = huso), sus jarros” [32].

“Se han enterrao con sus prendas, con sus cosas, con sus joyas, con sus ollitas, con sus yuros (pequeña olla de barro cocido de cuello largo y boca estrecha), con sus tesoros. Y se enterraron familias enteras junto a las casas y a los rastrojos que tenían. Se han cavao (cavado) aujeros así de redondos (cilíndricos) o di (< de) otra forma y se han ido enterrando unos a otros. Se han muerto así todos los antiguos porque se han enterrado todos” [33].

La desaparición de esta primera generación de hombres acontece por el castigo divino. El miedo los lleva a enterrarse mutuamente, intentando sobrevivir al cataclismo, de allí la existencia de enterratorios realizados en los pisos de los patios, en los ángulos de las habitaciones o en grandes hoyos cilíndricos (como los del Pucara de Tilcara que recibieron entierros múltiples). En chullpas en la geografía de la Puna.

En algunas versiones la revelación del cardón se relaciona con la mujer en su calidad de madre, en un rescate heroico de sus hijos (los “gajos”) a partir de su metamorfosis en planta [34].

El cardón es una planta útil. Aquellos “pueblos de indios” utilizaron tanto su madera como sus espinas, éstas últimas para la fabricación de peines y agujas de coser. En la actualidad (lamentablemente esta especie está en vías de extinción) se utilizan en la fabricación de puertas y tirantería, y artesanías que se comercializan turísticamente y las pastoras tejen guantes y medias usando las espinas como oportunas agujas.

Se agregan al detallado inventario cultural, referencias a la vida económica y a las actividades festivas. En el primer caso la presencia de agricultores y criadores de “animalitos” y el hilado de la lana (labores que siguen desarrollándose) si bien en estas narraciones dicen que no saben cómo las llevaban a cabo. Además “iban de fiesta.”

El variado patrimonio del que dan cuenta los relatos muestra grandes semejanzas con el actual. Un informante reconoce que “tenían ollas y tinajos como nosotros”. Sin embargo, aunque éste podría ser uno de los elementos testigo para mostrar el continuum cultural, uniendo a los antiguos con los actuales pobladores, queda establecida la ruptura entre el tiempo primordial confirmándose la existencia de una doble generación, cada una independiente, sin posibilidad de articulación con los hombres nuevos y el advenimiento del sol.

 

EL MITO SE ACTUALIZA

“Yo hi sentido hablar que a las doce de la noche se sienten campanas en el Pucara (denominación genérica con la que se designan indistintamente pueblos y fortalezas prehispánicas en la región andina). Tiene que haber riquezas. Qui (que) había una iglesia y que tenía una campana de oro, han dicho, que tiene otro sonido que las campanas di ahora” [35].

“También dicen que a veces se oyen campanas y voces en los antigales [36].

Por nuestra parte tenemos idéntica información de los pobladores que residen en las cercanías del Pucara de Tilcara, quienes nos aseguraron que en la “iglesia de los indios” (sitio destinado a antiguas ceremonias en dicho Pucara) se encuentra enterrada una campana de oro que en las noches de luna llena se escucha a gran distancia. Esta misma versión actual es la misma que le fuera confiada a don Juan Bautista Ambrosetti allá por 1908.

El tiempo de los orígenes se hace visible en la sacralización del espacio en donde están los asentamientos arqueológicos y en la actitud prudente que observan los pobladores cuando están en las proximidades de sus restos. El sentarse en una “piedra de antiguos” o bien desaprensivamente o por el contrario, sin la menor intención de provocar su potencia, darán por resultado que “la tierra agarre” y su expresión visible será la “maradura” o “pilladura”.

Aquel tiempo primero donde reinaba la oscuridad que permitía “con la luz de la luna /andar/ pastoriando los animalitos, y /ir/ a fiestas” poblado por la “raza de indio” no parecen formar parte de un pasado histórico local. En 1908 Boman comentaba que “los indios no creen que son descendientes de los antiguos” [37].

La cultura andina muestra de esta forma su peculiar cosmovisión que, frecuentemente, hace posible que sujeto y objeto se confundan; el tiempo existe en concreto y la naturaleza trasciende ese estado objetivo para convertirse en parte de la sociedad (las madres transfiguradas en cardones o el hombre que al no poder enterrase queda para conocimiento de la segunda generación como altivo vigía “escondido” en el tronco del poco) vive hoy en este contexto cultural.

Las voces y los sonidos de campanas, las riquezas atesoradas en los antigales, no son meras alucinaciones ni producto de mentes inquietas o fantasiosas, antes bien son legítimas expresiones del pensamiento de esta sociedad. De otra forma no encajarían las libaciones ofrecidas a Pachamama antes de las excavaciones, ni el delicado respecto y el temor recatado que muestran por los antiguos, que no resultan de una simple evocación, como lo sería para nosotros, hoy, la figura de un héroe histórico, si no que es algo que, trascendiendo lo meramente anecdótico, se convierte en una historia siempre real, concreta, escapando, por un momento, del rígido tiempo lineal en el cual acontece la historia de Occidente.

Esta historia local establece una progenie de doble cronología, ubicadas cada una, en espacios bien delimitados: en los valles altos los antiguos, en los valles que circundan los ríos los asentamientos actuales. Que un antigal es un lugar potente lo atestiguan la observancia de tabúes y ritos tendientes a establecer una alianza con Pachamama y sortear los riesgos que involucran estos sitios.

“La mayoría de los mitos por el sólo hecho de enunciar lo ocurrido in illo tempore son ya ellos mismos una historia ejemplar” para aquellos que lo conservan definiendo de este modo su percepción del mundo [38]. En consecuencia, no deben ser considerados meros relatos ya que estamos en presencia de acontecimientos que representan una “exposición situacional que no sólo brinda respuestas a la vida real” [39] sino que la detalla en todos sus momentos. Estas narraciones comunican lo que el pueblo sabe de un tiempo anterior, que adquiere su significado en función de su permanente actualización. Los hechos no están aprisionados como letra muerta en un relato de ficción, sino que se expresan en un contexto existencial pleno.

La tradición cultural arranca, en la sociedad andina, con el surgimiento de la segunda generación, con el sol, con el día, luego que los hombres “pecadores y malos” han desaparecido; pero aquel pasado, por su potencia, sigue calificando los espacios que él recorre.

 

Notas

[1] Publicado originalmente con el título “Antiguos y Antigales” en “Hombre y Cultura en Hispanoamérica” bajo el título Miscelánea en homenaje a Augusto Raúl Cortazar. Salta, Universidad Nacional de Salta, Consejo de Investigación, Facultad de Humanidades, Instituto de Folklore y Literatura Regional, 1997; pp. 179 a 188, ha sufrido algunas modificaciones en esta presentación.

[2] El término hospedar -que parece ajustarse plenamente al significado del rito- me fue indicado como sinónimo de corpachar por un informante de 80 años, don Tito Alejo -“médico de campo”-, de la localidad de Barrancas de Abdón Castro Tolay, Cochinoca, Jujuy, Argentina, en agosto de 1993.

[3] Para ampliar el tema del respeto vide: Pitluk, M. La noción de respeto en Rodeo Colorado. 1993, XV y Forgione, C. 1994.

[4] Generalmente estos antigales son visibles por los restos de pircas, paredes, utensilios, etc. todos ellos arqueológicos que consideran tienen suficiente poder como para enfermar y hasta provocar la muerte de quienes intenten tocarlos o sacarlos del lugar. Las maraduras y pilladuras sólo pueden ser curadas por el médico de campo (curandero)

[5] Son considerados como espacios sacralizados, además de los antigales o sitios de antiguos, las vertientes de agua ( pujios), cementerios, oratorios, el lugar donde ha muerto accidentalmente alguna persona, apachetas, ciénagos, la piedra Pachamama con que se corona el hoyo del centro del corral donde la hacienda es señalada cada año, huancares (en algunos casos considerados residencia de la salamanca), etcétera. Cabe mencionar que “Pachamama es cerro, pampa, todo (...) /además/ todo es de la Pachamama y nosotros mismos somos de la tierra (...) porque la tierra nos da y nos quita (...)”. Forgione, 1994: 7 y 16.

[6] Cfr. Hall, 1972: 228.

[7] Las siete versiones fueron recogidas y publicadas por la Dra. Berta Elena Vidal de Battini y a ellas nos remitiremos en este primer análisis.

[8] Dra. Berta Elena Vidal de Battini en su obra Cuentos y leyendas populares de la Argentina. Utilizaremos comillas, pero no paréntesis ni puntos suspensivos cuando se supriman fragmentos del texto, salvo que resulten imprescindibles, a fin de hacer más ágil la lectura. La localidad donde fue documentada y el número de versión se indican entre paréntesis. Las versiones citadas provienen todas de la provincia de Jujuy y pueden ubicarse en las páginas 789 a 798 del tomo VIII de la citada obra.

[9] Eliade, Mircea. 1974:180, t. II.

[10] Coraya, Humahuaca, 2289.

[11] Abra Pampa, Cochinoca, 2285.

[12] Tilcara, 2286.

[13] Tilcara, 2286.

[14] Alfarcito, Tilcara, 2291.

[15] Tilcara, 2290.

[16] Tilcara, 2286.

[17] La Banda de Tilcara, Tilcara, 2287.

[18] Tilcara, 2290.

[19] Alfarcito, Tilcara, 2291.

[20] La Banda de Tilcara, 2287.

[21] Tilcara, 2290.

[22] Coraya, Humahuaca, 2289.

[23] Abra Pampa, Cochinoca, 2285.

[24] “La explicación científica propone varias causas que hacen a este hecho: 1) la semilla cae en un suelo fertilizado artificialmente por la acción antrópica; 2) porque las submuraciones existentes retienen la humedad en mayor proporción que en terreno abierto; 3) porque la temperatura del suelo de las urbanizaciones prehispánicas es mayor, también, que en cielo abierto y 4) porque la acción eólica se ve deprimida debido a que los restos de muros frenan la velocidad del viento. Debido a estas razones las semillas al germinar tienen mayor posibilidad de la formación de las colonias de cactáceas”. Pelissero, Norberto. 1995.

[25] La Banda de Tilcara, 2287.

[26] Alfarcito, 2291.

[27] Difrieri, Horacio. Op. cit.

[28] Difrieri, Horacio. Op. cit.

[29] Tilcara, 2286.

[30] La Banda de Tilcara, 2287.

[31] Alfarcito, 2291.

[32] Abra Pampa, 2285.

[33] Abra Pampa, 2288.

[34] Cfr. Eliade, Mircea. 1974: 81, t. II.

[35] Tilcara, 2286.

[36] Abra Pampa, 2288.

[37] Cf. Boman, Eric. 1992:508, t. II.

[38] Eliade, Mircea. 1974:218, t. II.

[39] Ong, Walter. 1993

 

BIBLIOGRAFÍA CITADA

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Claudia Alicia Forgione. Licenciada en Ciencias Antropológicas y Doctora en Filosofía y Letras por la Universidad de Buenos Aires. Coordinadora e Investigadora de la Cátedra Extracurricular de “Estudios Interdisciplinarios de Culturas Americanas y Argentinas”, y Profesora en la Facultad de Filosofía, Historia y Letras de la Universidad del Salvador -USAL-.

 

© Claudia Alicia Forgione 2005

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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