El eje temporal en la asimetría de la interacción texto-lector:
una lectura a partir de Iser

Roberto Aguirre Fernández de Lara

Universidad Iberoamericana Puebla
Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey


 

   
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Introducción:

Mi interés en este trabajo es reflexionar en torno a la relevancia de lo temporal en una fenomenología de la lectura, es decir, de la relación texto-lector. Resulta fértil a este esfuerzo guiarse en la reflexión elaborada por Wolfgang Iser en lo que denomina una teoría estética del efecto y tratar de tomar con perspectivas algo distintas varios de sus referentes para poder establecer la reflexión de mi interés.

El autor analiza la lectura del texto de ficción y, de algún modo, se puede sugerir que determinados aspectos de su análisis serían compartidos con una reflexión sobre la lectura en general. La peculiaridad y la pertinencia que para este análisis tiene la reflexión de dicho autor alemán es que, a fin de cuentas, comprende a la lectura como un acto de comunicación y, en alguna medida, crea aportes a una fenomenología de la comunicación. En suma, al hacer un trabajo fenomenológico sobre la lectura hace una reflexión que sugiere caminos en torno a una fenomenología de la comunicación no diádica.

Para una comprensión más detallada de la pertinencia del trabajo de Iser a este análisis explicaré brevemente los aspectos generales y la estructura de su reflexión en la obra titulada The Act of Reading, traducida por Taurus al español como El acto de leer.

En esta reflexión he de torcer o particularizar la mirada en torno al tiempo o los tiempos de los participantes y su interacción siguiendo la misma estructura expositiva de la obra de Iser antes señalada y tratando de plantear qué elementos o aspectos de los participantes y su interacción elaborados por el autor alemán pudieran dar cuenta de lo temporal.

Antes de entrar en el detalle de la mirada señalada en el párrafo anterior, en una tercera y cuarta sección explicaré qué entiendo en este trabajo por lo temporal, en particular por eje temporal de la lectura y por qué tiene lo temporal alguna significación. Partiré de señalamientos del propio Iser en torno a la imagen de representación en la constitución de objetos en el texto de ficción y al carácter ontológico del texto, de la reflexión de Alfred Schütz sobre la corriente de conciencia, y, en suma, de la consideración según la cual el sentido es algo que el texto le usurpa al sujeto. Es importante señalar el fundamento o perspectiva fenomenológica de estos autores.

En el quinto apartado argumentaré a favor de una diferenciación entre el carácter ontológico del tiempo del texto y del lector, este último como corriente de conciencia sugerida por el primero. Aunque ambos comparten una condición temporal, ésta es distinta en uno y otro y el eje temporal de la interacción no es tanto una suma de ambas como una síntesis de los mismos.

Finalmente, me parece posible reflexionar en torno a cómo funciona la síntesis del tiempo del lector y del texto en la interacción entre ellos. Esta reflexión está guiada por el concepto de asimetría como condición caracterizadora de la interacción propuesta por Iser.

 

El acto de lectura, según Iser.

La reflexión que elabora el autor en este texto se encuentra en una línea teórico literaria que desde una visión fenomenológica busca explicar la interacción entre texto y lector, y en general apunta al proceso de comunicación literaria.

En términos generales, establece en cuatro secciones una reflexión que, primeramente, da respuesta a una serie de problemas, discusiones u objeciones que valora como provisionales o previas. Una de las conclusiones más relevantes de esta sección, respecto al objeto de la obra y las preocupaciones expresadas en ella es, a mi parecer, el postulado de que una teoría de los textos literarios no es capaz de prosperar sin incluir al lector. A ¿cuál lector?, señala Iser; y se contesta: el lector implícito. El autor define entonces al lector implícito como una estructura del texto en la que el receptor siempre está ya pensado de antemano.

Al entender al acto de lectura del texto de ficción como una interacción, como una relación de comunicación, Iser empieza por reflexionar en torno a sus participantes. Así, el segundo capítulo se avoca a una definición funcionalista del texto y sus elementos. Esta definición es etiquetada como funcionalista en tanto plantea una relación de comunicación entre la ficción y la realidad; el tercer capítulo se avoca al lector con los mismos propósitos de averiguación y el último capítulo a la interacción texto-lector. He expuesto muy brevemente el esquema y perspectiva de la obra de referencia en tanto que ambos orientan el proceder del trabajo que aquí presento. Me interesa ahora terminar de señalar algunas reflexiones del autor que funcionan como supuestos para esta reflexión.

Primero, la consideración de que un texto literario sólo puede desarrollar su efecto cuando se lee. Así, una descripción de este efecto coincide en mucho con el análisis del proceso de lectura. Segundo, la superación de la distinción ontológico entre lo real y lo ficcional como lo no real y establecer, o al menos sugerir, una necesidad de rebasar tal perspectiva puesto que califica a la ficción como autónoma del ser, es decir, sustituirla por un modelo funcional; entendiendo como funcional una relación de comunicación entre realidad y ficción. Así, la ficción une la realidad con un sujeto, que a su vez es mediado con una realidad a través de la ficción. Tercero, situar el interés en una dimensión pragmática del texto.

 

El eje temporal del acto de lectura.

La lectura, en cuanto transcurrir, señala Iser, produce un eje temporal que se constituye porque los objetos imaginarios, producidos por las representaciones, se reunifican en una sucesión. Así, en este eje todo discurre conjuntamente, lo que es contrapuesto y heterogéneo, sin que esta vinculación garantice ya una armonización de lo heterogéneo. El eje temporal sólo nos permite hacer presentes diferencias, oposiciones, contrastes y hechuras opuestas entre los objetos producidos en el proceso de la lectura. Tales diferencias se acentúan en dicho eje, que así incrementa al objeto imaginario con algo que todavía no tenía: se llega así, por la simple extensión del eje temporal, a poner en claro la diferencia entre los objetos imaginarios, que ganan su identidad porque se destacan unos de otros. Es decir, por una relación de selección. Mientras el eje temporal hace surgir la diferencia de los objetos imaginarios su relación se convierte en necesidad.

Como indica Husserl, a cada representación dada se sigue una serie continuada de representaciones, de las que cada una reproduce el contenido de las anteriores, pero de manera que siempre fije en la nueva el momento del pasado. La fantasía muestra su productividad. El único caso en el que ésta produce un nuevo momento de la representación es el momento temporal.

 

La significación del tiempo.

Según lo señalado en el apartado anterior, hay un efecto relacional acumulativo, es decir, una historia de las selecciones [1], porque a cada nuevo objeto se adhieren los anteriores en razón de la modificación retencional. El tiempo es significativo porque el propio sentido tiene un carácter temporal, aparece en todo el trayecto, su peculiaridad consiste en que la articulación temporal del texto en pasado, presente y futuro, condicionada por el punto de visión móvil, opera en su síntesis.

El momento temporal de la fantasía manifiesta el sentido que puede ser interpretado porque el lector le ha proporcionado una modalidad que regula su desarrollo. El eje temporal articula el sentido como síntesis de sus fases de decurso y permite conocer que el sentido es una exigencia de realización, producida por el propio texto.

El sentido se haya vinculado a un modo temporal inscrito por el lector porque el propio lector como corriente de conciencia perfilada, imaginada, sugerida por el texto vive en la duración, es decir, en una transición constante del ahora-así a un nuevo ahora-así sin ser captada en la red de reflexión. Dicho de otro modo, en un mundo espacio-temporal que, en este caso, no es el de la vida cotidiana, sino el de la lectura.

Sobre estas afirmaciones elaboradas a partir de Schütz volveré después. He querido hacerlas presentes tan sólo para indicar que la relevancia del tiempo es tal que describirla llevaría a un análisis en niveles diversos tales como la constitución de objetos; la representación de estos; la síntesis de esas representaciones, al menos por el lado del sujeto, y no en un sentido psicológico sino fenomenológico, es decir, como corriente de conciencia con variedades atencionales; que, para la interacción texto-lector, podrían explicar el punto de visión móvil y las diferentes perspectivas por las que el texto -en particular el relato- llevan al lector; que en cuanto a la distinción sentido y significado planteada por Iser podrían explicarse con apoyo de la diferenciación y la síntesis que hace Schütz entre significado objetivo y subjetivo; y que permitirían explicar la interacción texto-lector, es decir, entre una subjetividad y una no subjetividad que es el texto por el principio de simultaneidad de corrientes de conciencia.

¿Por qué hacer esta correlación? Porque, como señala Ricoeur, el sentido es patrimonio del yo y ha sido usurpado por el lenguaje, es decir, el sentido del sentido se encuentra en la actividad de una conciencia intencional. El autor que a mi juicio ha dado cuenta clara de esta actividad constituidora de objetos y vivencias es Schütz.

Aunque sobre la anterior correlación trabajaré con más detalle en el próximo apartado lo destaco aquí para caracterizar un poco más la relevancia del tiempo a nivel de la condición constitutiva del sujeto y la conciencia y de las posibilidades de la comprensión. Estos señalamientos, sin ser planteado de modo exhaustivo en este trabajo, muestran el lado del lector como uno de los participantes de la interacción texto-lector. Falta señalar lo que corresponde al texto como otro participante y lo que aquí consideraré ya para el acto de lectura como interacción ha sido planteado en el apartado anterior en cuanto al eje temporal de la misma.

En suma, el tiempo como condición de significación, involucrando sentido y significado en la distinción de Iser, no se constituye igual para el texto, para el lector y para su interacción y no pretendo un análisis exhaustivo de todo ello, tan sólo algunas indicaciones. Sin embargo, a mi parecer el principio por medio del cual el texto constituye al lector como perfil de conciencia y el lector constituye al texto como correlato de conciencia pone a la conciencia como principio para caracterizar el carácter ontológico de texto y de lector y la principal caracterización de ésta es que se entiende como corriente. Es decir, en la guía y en el perfil que el texto elabora sobre el lector, éste último le gana al texto la caracterización ontológica tanto que la interacción entre ambos es posible toda vez que el texto no es un objeto que se percibe sino que se abre como tal al final de la lectura, es decir, por interpretación. La interpretación como forma de conocimiento intersubjetivo. Así, el lector lleva al texto a su terreno ontológico y epistémico. En el apartado siguiente, al referirme al carácter ontológico del tiempo en texto y en lector estoy apuntando a la hipótesis de que el transcurrir en uno y otro es definido y funcionalizado de modos diversos con imperativos para la interacción entre ambos.

Además, en tanto el lector es un perfil de conciencia anticipado por el texto es un sujeto que interroga siendo perteneciente a la cosa sobre la que interroga, a saber, el sentido y la significatividad del texto. Hay, al estilo del Dasein de Heidegger, una pertenencia ontológica lector-texto previa al acto de lectura. Esta pertenencia es un potencial que permite un movimiento comprensivo del signo al acto y de éste al ser del yo.

Un último comentario sobre la relevancia del tiempo radica en que, como señala Ricoeur, la temporalidad es el carácter determinante de la experiencia humana. La relación entre los signos y el yo, entre texto y lector, se alcanza por medio del lenguaje, es decir, discursivamente. Así, la interacción texto-lector es una relación entre discursos, es decir, una fusión de mundos y no una proyección. En este apartado espero haber mostrado mi esfuerzo por evitar dos caminos: sugerir que la interacción texto-lector es una relación de proyección, conclusión que podría estar motivada por mis señalamientos respecto a Schütz. En su momento, identifique al lector no como una subjetividad empíricamente señalable sino como un perfil de conciencia. Segundo, la relación texto-lector requiere en su movimiento, en su decurso, en su devenir, el nivel de los signos y el nivel de la conciencia.

 

Diferencias ontológicas de la condición temporal del texto y de la condición temporal del lector.

Dadas las caracterizaciones del apartado anterior, procederé a explicar la diferencia del carácter ontológico del tiempo tanto del texto como del lector a partir de la duración como condición de la corriente de conciencia y de una correlación de atención, y de significado objetivo y subjetivo con las nociones de punto de visión móvil y sentido y significado, respectivamente. Para Schütz, la duración interna es la condición primera de la corriente de conciencia que constituye objetos y vivencias significativas, sobre el particular menciona:

Lo que en verdad vivenciamos en la duración no es un ser que sea discreto y bien definido, sino una transición constante del ahora-así a un nuevo ahora-así. La corriente de la conciencia, por su naturaleza misma, no ha sido aún captada en la red de reflexión. La reflexión, al ser una función del intelecto, pertenece esencialmente al mundo espacio-temporal de la vida cotidiana. La estructura de nuestras vivencias variará según que nos entreguemos al flujo de la duración o nos detengamos a reflexionar sobre él, tratando de clasificarlo dentro de conceptos espacio-temporales. (Schütz, 1993: 75)

En suma, en la vida cotidiana el yo, cuando actúa y piensa, vive en el nivel de conciencia del mundo espacio-temporal. La hipótesis es que tal condición vale para la lectura, incluyendo la lectura de textos de ficción. La diferencia está en que en estos últimos el mundo espacio-temporal y sus objetos no existen empíricamente sino que son producidos, dada la relación de comunicación entre ficción y realidad que propone Iser. Además, mientras en la vida cotidiana la duración del sujeto va de un ahora-así a un ahora-así, en la lectura del texto de ficción la duración va de un ahora-así a un todavía-no porque lo conocido se ofrece como sobrepasado. Esta dinámica de creación del espacio temporal -sintagmática y paradigmáticamente- es impuesta no por el “yo” como corriente de conciencia, sino por el texto y por su mundo.

Sobre la distinción y la síntesis entre significado objetivo y subjetivo Schütz señala:

Una expresión es objetiva si impone su significado por la mera acción del contenido manifiesto en sonidos, y puede comprenderse sin tener en cuenta la persona que la pronuncia o las circunstancias en que se la pronuncia. Por oro lado, una expresión es esencialmente subjetiva y ocasional cuando es tal que su significado ocasional y real debe orientarse con respecto a la persona que habla y su situación. (Schütz,1993: 63)

Esta distinción viene al caso con la diferenciación de Iser entre sentido y significado para quien el primero es la totalidad de referencia implicada en los aspectos del texto que deben constituirse en la lectura. Significado es la asunción del sentido por el lector en su existencia. La propuesta es reflexionar en torno a una correspondencia entre significado objetivo y sentido y significado subjetivo y significado, al menos en la peculiar concepción de Iser. Así, si el acto del lectura lleva a la síntesis o incorporación de sentido y significado, lleva entonces a la síntesis de significado objetivo y subjetivo de modo correspondiente y a proponer que mientras el sentido está en el texto el significado está en el lector. Es decir, mientras que la determinación viene dada por el texto, esta determinación es productiva porque no constriñe sino que guía la interpretabilidad y experimentabilidad del texto por parte del lector.

Me abocaré a reflexionar sobre el carácter temporal del texto en lo que Iser denomina como repertorio, perspectivas y estructura tema-horizonte.

En términos generales, el autor establece dos componentes del repertorio, primeramente involucra en él conocimientos previos que se refieren a textos precedentes, normas sociales e históricas, contexto sociocultural, es decir, elementos más allá de la inmanencia del texto. El segundo elemento del repertorio son textos de ficción previos.

Estas condicionantes, señala Iser, no son reproducidas en el texto de ficción sino transformadas. La transformación es fundada por el autor bajo la hipótesis de que el repertorio produce decisiones selectivas para reducir la discrecionalidad. El repertorio selecciona sobre modelos de realidad.

El repertorio como participante del perfil de conciencia que organiza el texto opera no sobre experiencias inscritas en mundos espacio-temporales sino en esquemas de la experiencia de estos que funcionan como esquemas de interpretación. Es decir, el carácter ontológico del tiempo en el texto es determinado en esquemas de mundos espacio-temporales, estos esquemas son como modelos de realidad perfiles sobre tiempos históricos y prácticas sociales específicas. El mismo modelo de realidad que representa el repertorio perfila su pasado, su presente y su futuro. Es entonces una reconstrucción del horizonte histórico.

Esta reconstrucción del horizonte histórico y temporal opera mediante la previsión del tema del texto y su horizonte. Es decir, la selección tema-horizonte opera como transcurso, como discurrir, como movimiento. La estructura tema y horizonte explica las condiciones y procesos del texto como temporalmente dado.

Ahora propondré que las nociones de visión móvil, la implicación como correlato de éste, la relación recuerdo-expectativa, las síntesis pasivas y la relación anticipación-acoplamiento dan cuenta de la temporalidad del lector.

De manera muy general, el punto de visión móvil designa el modo por el cual el lector se hace presente en el texto. Este proceso se despliega, señala Iser, en los horizontes del recuerdo y la expectativa. El movimiento dialéctico que se origina efectúa una modificación del recuerdo mediante las perspectivas diferenciadas del texto. La dialéctica de estos horizontes se convierte en impulso de actividades de síntesis que debe efectuar el lector, indica Iser.

Tales síntesis, según el autor, son agrupamientos por cuyo medio las perspectivas del texto que mutuamente se influyen se juntan en un equivalente que posee el carácter de una constitución de sentido. La consistencia se constituye por la actividad de tales agrupamientos y los criterios de pertinencia están fundados, entre otros, en la implicación como condición experiencial y presencial entre texto y lector. En suma, el lector como perfil de conciencia es organizado primordialmente en su movimiento, en su transcurrir, es decir, en la condición de corriente de conciencia. Lo anterior puede trabajarse con más detalla a partir de la reflexión de Schütz sobre la atención que es concebida por este autor, fundamentalmente, como movimiento.

El hecho de que el dardo de la atención siga siendo personal (..) significa que acompaña los cambios del yo dentro de la corriente de duración, es decir, que participa en la constitución del Aquí-Ahora y Así real, porque el Aquí y Ahora no serían Así, es decir, faltaría la cualidad determinada por si misma, si el yo no dirigiera su atención hacia ella. Inversamente, podemos decir que el Aquí-Ahora-y-Así real es la base de la modificación atencional, porque desde el punto de vista del momento presente el dardo de la atención se dirige hacia atrás, hacia las fases transcurridas. (Schütz, 1993: 102)

Habría que aclarar que el punto de visión móvil es un movimiento de constitución continua de un Aquí y Ahora y Así real, para usar la terminología del autor. Si el Así real es determinado por la atención entonces el punto de visión móvil va constituyendo el mundo del lector en relación al mundo del texto. Es decir, el punto de visión móvil es un movimiento que constituye los objetos y la representación. En suma, la relación de comunicación por medio de la cual la ficción une la realidad con un sujeto.

Me parece que la anterior reflexión puede dar bien cuenta del carácter ontológico del tiempo en el lector. Haré sólo referencia a los aspectos antes indicados. La reflexión de Iser respecto a la implicación parte de considerar a ésta como condición de la experiencia y se dirige a la relación con el carácter unitario y temporal de las figuras o relieves en el devenir del punto de visión móvil. En suma, estar implicado es para el autor el modo por el que nos situamos en presencia del texto, y mediante el que el texto se convierte para nosotros en presencia. Esta presencia significa que en el acontecimiento nos sucede algo también a nosotros.

Ya señalé la relevancia ontológica de la estructura tema-horizonte como proceso de selección respecto al texto. Me parece que vale la pena ver como similar a nivel del lector la dialéctica entre anticipación y acoplamiento. La similitud apunta a que en ambos participantes, la estructura y la dialéctica, respectivamente, son procesos de selección como impulsos para construir una síntesis. Aunque la proyección que discurre en esta dialéctica procede de el lector y es igualmente conducida por los signos que se proyectan en su interior, sí es importante señalar o sugerir que, dado el carácter de la relación como dialéctica en el lector y de estructura en el texto, parece ser el lector quien está más determinado ontológicamente por el tiempo. Esta determinación no es en el sentido de una guía ya establecida, como el texto, sino en el sentido de que las posibilidades interpretativas que tiene la corriente de conciencia que representa el lector para llevar al texto como correlato son más amplías que las del texto. Tan son más amplias que es el lector quien en la lectura lleva al texto como correlato de conciencia y no al revés.

 

El eje temporal de la interacción texto-lector dada la condición asimétrica de la relación.

La relación texto-lector es para Iser una interacción porque la lectura como una actividad guiada refiere retroactivamente el proceso de reelaboración del texto, como efecto, sobre el lector. El autor toma de teorías de la interacción desarrolladas por Jones y Gerard la noción de la contingencia como fundamento constitutivo de la interacción. En un segundo momento se acerca a la reflexión de Phillipson y Lee para tomar de ellos la consideración relativa a que la interacción diádica cobra vida cuando el carácter inexperimentable de la experiencia respectiva de cada uno constituye el impulso a la acción con una alta cuota de interpretación que domina y regula la interacción. Es decir, en la medida en que lo inexperimentable de la experiencia del otro es desconocido es entonces contingente.

La diferencia que Iser asume como central para su reflexión es la falta de la situación cara a cara de todas las otras formas de interacción social. El autor parece fundar la asimetría texto-lector en tal condición y establece también que tal carencia está relacionada con un alto grado de contingencia expreso en espacios vacíos con grados de indeterminación.

En este punto de la inexperimentabilidad de la experiencia del otro convendría empezar a anotar el principio de simultaneidad de las corrientes de conciencia de Schütz. Según este principio, sólo conocemos o asignamos significado a la experiencia del otro porque nuestras corrientes de conciencia son análogas en su estructura. De otro modo, sólo veo las vivencias del otro dada esa estructura análoga. Conocer tu experiencia es más una vivencia de mi propio yo o de mi propia duración que de la del otro. Volveré sobre esto en la parte final de este apartado.

Iser señala que el lector adquiere perfil como corriente de conciencia en la medida en que corrige sus representaciones. Los conductores que controlan tal relación llevan al lector hasta lo sucedido y le inducen a representarse lo no dicho como lo pretendido. Lo no dicho es dado por los pasajes vacíos y por los potenciales de negación que marcan enclaves en el texto.

Los espacios vacíos y los potenciales de negación buscan equilibrar la asimetría fundamental entre texto y lector, la negatividad de los textos de ficción se refiere al doblaje que realiza lo no formulado a través de espacios vacíos y negaciones sobre lo dicho.

Para el autor, haciendo eco de teorías de la interacción, la asimetría se constituye en la amplia inexperimentabilidad de la experiencia del otro como algo contingente con una alta cuota de interpretación. La reflexión se puede plantear con una pregunta ¿podemos suponer que en algún tipo de interacción, la cara a cara para seguir en torno a las teorías de interacción que Iser extrapola, existe una experimentabilidad de la experiencia del otro a tal grado de no requerir interpretación y hacer a un lado la contingencia?

Apoyado en los señalamientos anteriores sobre la simultaneidad de las corrientes de conciencia podemos decir que no y caracterizar la discusión de manera menos radical y más productiva. Dicha inexperimentabilidad, en particular del eje temporal de los participantes, se busca salvar a partir de: la operación que entre mundos discursivos y corrientes de conciencia hace el lector implícito sobre el texto, este aspecto lo expliqué en el apartado anterior; y la resolución de un aquí y ahora, una situación, compartido por el texto y el lector mediante los espacios vacíos y los potenciales de negación y negatividad.

A diferencia de la interacción diádica, (en la que hay siempre un margen de inexperimentabilidad) que se da entre sujetos y sus corrientes de conciencia, en la interacción texto-lector ese otro es un texto, es decir, un objeto que, al menos de principio carece de una corriente de conciencia en el modo de una subjetividad. Visto así, si queremos ver la interacción texto-lector como relación de corrientes de conciencia tenemos que aceptar que el texto es siempre un pretexto de un perfil de corriente de conciencia, un potencial, que sólo se actualizará en la lectura. Sobre esto volveré después.

De este modo, sabemos del texto al final de actos politéticos de la lectura que hace el yo del sujeto. En suma, sólo en el transcurso o en el discurrir existe la relación texto-lector; entonces, la alta cuota de interpretación de esta relación radica en buena medida en el carácter de pretexto de conciencia que he señalado para el texto, que se traduce en una exigencia estructural para éste entre lo dicho y lo pretendido, y para el lector esa exigencia es un reclamo de elaborar a partir de la despragmatización y mediante lo no dicho un aquí y ahora con el perfil de corriente de conciencia que le propone el texto, en suma, con un yo posible. Un “yo” que fuera del texto es inexperimentable para el lector.

Así, en algún sentido hay un perfil de corriente de conciencia potencial del que puede dar bien cuenta la noción de lector implícito de Iser como invención del texto, como guía. El principio de simultaneidad es entonces aplicable a la relación texto-lector e implica también que mientras puedo observar mis propias vivencias sólo como pasados puedo observar las tuyas efectivamente ocurriendo. Sin embargo, dado que en la lectura del texto de ficción opera una despragmatización y una superación de la propia experiencia como pasada que mantiene como actualizado el momento temporal de la lectura, el lector ve en un sólo acto intencional su corriente de conciencia y el perfil de corriente de conciencia sugerido por el texto. El texto como correlato de conciencia del lector opera en ese acto intencional. Es decir, la lectura opera esa síntesis como un acto de atención.

Finalmente, si la asimetría, como ya señalé, se busca salvar a partir de la operación que entre mundos discursivos y corrientes de conciencia hace el lector implícito sobre el texto y mediante la resolución de un aquí y ahora, una situación, compartido por el texto y el lector mediante los espacios vacíos y los potenciales de negación y negatividad, estos tres últimos ofrecen al lector un servicio dirigido u orientado por el texto, no es arbitrario.

Me parece posible ahora diferenciar entre una interacción sujeto-sujeto en la que los participantes tienen un plan, o dicho en términos de Schütz un motivo-para, que en buena medida va cambiando y adaptándose pragmáticamente con márgenes de negociación diversos, y una interacción texto-lector porque éste último es un participante con un plan totalmente anticipado y por descubrir en la lectura. Así, el lector tiene que interactuar con un participante adelantado en algún modo. Claro, un participante que ofrece múltiples vías para interpretar lo no dicho pero que obliga a llenar o mantener vacíos esos espacios y no otros; que ofrece unas perspectivas para el punto de visión móvil y no otras, que ofrece un eje temporal y no otro. La siguiente reflexión de Schütz puede valer para el momento del final de la lectura en la que ya se dio cuenta del texto como un objeto, pero en la que también se dio cuenta de lo pretendido, del efecto como plan.

Una vez que el intérprete ha determinado el significado objetivo y el significado subjetivo del contenido de una comunicación, puede proceder a preguntar, en primer lugar, por qué se hizo la comunicación. Está buscando entonces el motivo-para de la persona que se comunica. En efecto, es esencial para todo acto de comunicación que tenga una meta extrínseca. Todo acto de comunicación tiene, entonces, como motivo-para el fin de que la persona a la que uno se dirige tome conocimiento de ella de una u otra manera. (Schütz, 1993: 158-159)

Entonces, en cuanto a la lectura del texto de ficción tomar conocimiento de la meta es tomar el efecto como situarse en presencia del texto. Esta presencia significa que en el acontecimiento nos sucede algo también a nosotros, una exigencia de una expresión diferente entre los temas del texto y nuestro horizonte de experiencias. Es decir, una demarcación de nosotros mismos, un hacerse en un presente continuo por un pasado sin influencia y un futuro que permanece irrepresentable.

 

Bibliografía:

Iser, Wolfgang, (1987), El acto de leer, trad. J. A. Gimbernat y Manuel Barbeito, serie Persiles de teoría y crítica literaria, no. 176, Taurus, España.

Schütz, Alfred, (1993), La comprensión significativa del mundo social, trad. Eduardo J. Prieto, col. Paidós básica, Paidós, España

Ricoeur, Paul, (2000), Tiempo y narración, trad. Agustín Neira, vol. I, Siglo XXI, México.

Luhmann, Niklas, (1997), Sociedad y sistema: la ambición de la teoría, trad. Santiago López Petit y Dorothee Schmitz, (col. Pensamiento contemporáneo, no. 8), Paidós, España.

 

Notas:

[1] Vale la pena mencionar que Iser toma el concepto de selección de la teoría de sistemas cerrados. Es decir, de una teorización que ha caracterizado sus objetos como complejos por la sobreabundancia de relaciones, de posibilidades, de conexiones, de un aumento creciente de la diferenciación. El concepto de selección es en tal acercamiento una herramienta teórica y un rasgo de los objetos de análisis, los sistemas. Las observación y la selección en tal acercamiento determinan y manipulan un esquema de diferencias. Cfr. Luhmann, 1997: 19-21.

 

Roberto Aguirre Fernández de Lara. Mexicano. Maestro en Ciencias del Lenguaje por el Posgrado en Ciencias del Lenguaje del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Ha tomado seminarios sobre Géneros discursivos, Lenguaje y género y Neurolingüística.
   Profesor en la Universidad Iberoamericana y en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. Imparte cursos de Teoría de la comunicación I, II, Redacción en español y Lenguaje y expresión I y II. Dictaminador del Programa de Bibliotecas de Aula a cargo del Consejo Puebla de Lectura.

 

© Roberto Aguirre Fernández de Lara 2005

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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