El tema del doble en William Wilson, de E.A. Poe

Elena Otto Cantón

International Business School de Budapest


 

   
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What say of it? What say of CONSCIENCE grim? That spectre in my path?
              CHAMBERLAYNE (Pharronida)

 

El tema del doble no ha despertado únicamente el interés de estudiosos de la literatura, como sabemos, sino que se ha constituido materia de análisis para numerosos investigadores dentro del marco de disciplinas muy diversas, como la historia del arte, la filosofía, la sociología o las ciencias de la comunicación. Ha sido tema también de estudio y análisis para una buena parte de la crítica moderna (piénsese en la psicocrítica freudiana, la sociocrítica o la mitocrítica de Gilbert Durand).

A lo largo de la historia de la literatura universal el tema del doble ha aparecido revestido de diversas formas, lo que ha dado lugar a algunos intentos de tipologización [1].

A menudo se señala como una de las primeras manifestaciones literarias del tema del doble la del mito de Anfitrión [2], cuya primera versión la encontramos en Plauto (Anfitrión [3]). Casi al mismo tiempo comienza a extenderse también el que se conocería como el mito de los gemelos idénticos [4], presente ya como materia literaria en Menecmos, también de Plauto. Más moderno es el tema que Bargalló denomina de Orlando [5] en sus distintas variantes, donde la oposición no se establece ya tanto entre las dos formas de una misma identidad como entre los distintos mundos de ficción a los que pertenecen. Respecto al tipo que Bargalló denomina desdoblamiento [6], que es el que nos interesa aquí, tiene lugar cuando dos encarnaciones (llamémoslo así) de un mismo individuo, de una misma identidad, coexisten en un único mundo de ficción. Según Bargalló [7] este último tipo es el que corresponde al doble propiamente dicho. Se diferencia del mito de Anfitrión y del de los gemelos idénticos en que mientras en éstos encontramos dos identidades distintas bajo una misma forma, en el caso del desdoblamiento se trata de una sola identidad, aunque ello se nos haga más o menos explícito al final. Asimismo presenta frente al tipo de doble de Orlando la diferencia de que en el desdoblamiento existe un único mundo de ficción.

Como adelantamos anteriormente, es precisamente este tipo de doble, el desdoblamiento, el que nos interesa para este trabajo, ya que es el que encontramos en la obra que aquí analizaremos. Dicha obra es William Wilson (1839) , una de las más interesantes narraciones extraordinarias de E. A. Poe.

Cuando nos encontramos frente a un caso de desdoblamiento caben dos posibilidades: que las dos encarnaciones de un mismo individuo se excluyan mutuamente, con lo que queda descartada cualquier posible interacción entre ellas (como ocurre en el caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde en la obra de Stevenson) o que ambas coexistan en un espacio y un tiempo, siendo posible entonces la interacción, incluso verbal, entre ellas. Este ultimo es el caso de El doble, de Dostoïevski, por ejemplo, pero también de la obra que nos ocupa, en la que los dos William Wilson no sólo confluyen en un mismo marco espacio-temporal, sino que establecen una relación.

Por otra parte, la relación entre ambas encarnaciones puede ser de diversa naturaleza, yendo desde la semejanza total (en cuyo caso es posible incluso la sustitución de una por otra) hasta el contraste más radical, lo cual puede ser llevado al extremo en el caso de que una de las dos encarnaciones sea una entidad no humana, como ocurre en The Picture of Dorian Gray. Dicha relación puede atravesar incluso varias etapas. En el caso de William Wilson nos enfrentamos a una semejanza inicial parcial que se irá acentuando progresivamente , pero que se centra especialmente en el plano físico, mientras que en el plano moral, si bien no podemos afirmar que exista un contraste como el que encontramos, por ejemplo, entre el doctor Jekyll y Mr. Hyde, vemos cómo una de ellas se deja llevar por la perversión, la corrupción y el libertinaje mientras la otra se comporta como si de su ángel amonestador se tratara. Pero esto es más patente en la segunda mitad del relato.

El desdoblamiento puede tener lugar, tal y como señala Bargalló [8], mediante tres procedimientos distintos:

a) Metamorfosis de un sujeto bajo diferentes formas. Dicha metamorfosis puede ser reversible, como ocurre en el caso de Jekyll y Hyde, o no, como es el caso de Orlando, por ejemplo, en la obra de Virginia Woolf.

b) Fisión de un solo individuo en dos personificaciones o encarnaciones distintas, como podemos encontrar en La nariz, de Gogol o en La sombra, de Andersen.

c) Fusión en un solo individuo de dos originariamente diferentes. Es el caso de William Wilson. Dicha fusión puede ser el resultado de un proceso lento de mutua aproximación (que es lo que ocurre en este caso) o puede tener lugar de manera inesperada y repentina, como vemos en El doble, de Dostoïevski o en Le Horla, de Maupassant.

En lo que respecta al cuento de Poe, nos encontramos con la narración en primera persona de un personaje que, bajo el nombre de William Wilson (que no es su verdadero nombre) nos cuenta el extraño suceso del que ha sido víctima, cómo ha sido “esclavo de circunstancias que escapan al control humano”. Dicho personaje afirma encontrarse a las puertas de la muerte:

La muerte se aproxima y la sombra que la precede ha proyectado una influencia apaciguadora sobre mi espíritu. [9]

Sólo al final del relato entenderemos por qué, efectivamente, la sombra de la muerte ya se cierne sobre él y el por qué.

Este personaje, al que respetando su propia voluntad llamaremos William Wilson, se nos presenta ya a sí mismo como un sujeto perverso, miserable, que ha cometido numerosos delitos:

No quisiera, aunque pudiera, aquí ni hoy incluir una relación de mis años últimos de indecibles miserias e imperdonables crímenes. [10]

Según lo que nos dice el mismo, dicho carácter maligno reside en él ya desde su infancia:

Crecí voluntarioso, dado a los caprichos más extravagantes y presa de las más ingobernables pasiones. Débiles de carácter y llenos de defectos constitucionales análogos a los míos propios, mis padres poco podían hacer para poner freno a las malvadas propensiones que me caracterizaban. [11]

Sin embargo, y como él señala, ha sido en sus últimos años cuando la maldad, la corrupción de su espíritu y de sus acciones ha alcanzado, repentinamente, sus cotas más altas:

Esta época, estos años últimos han sido una repentina elevación hacia la depravación [...]. Las personas suelen envilecerse gradualmente. De mí se desprendió en un instante toda virtud, de golpe, como un manto. De una maldad relativamente trivial pasé, con zancada de gigante, a superar las enormidades de Heliogábalo. [12]

Tras esta breve autopresentación, William Wilson nos cuenta cómo ingresó en un viejo colegio gótico en una “brumosa” (pág. 232) villa de Inglaterra, donde, adelantándonos parte de lo que vendrá después, afirma que Tienen lugar “las primeras admoniciones ambiguas del destino que después tan plenamente me envolvió” (pág. 232).

Según él mismo nos explica, no tardó mucho el pequeño Wilson, gracias a lo ardoroso e imperioso de su carácter, en convertirse en una especie de líder entre sus compañeros de colegio. Hay, no obstante, una excepción entre los alumnos; se trata, curiosamente, de un joven que lleva su mismo nombre y apellido, lo cual en un principio tampoco sorprende a William, ya que él mismo reconoce que se trata de un nombre y de un apellido bastante vulgares y frecuentes. Entre ambos jóvenes se establecerá una peculiar relación que atravesará distintas etapas. En un primer momento se nos habla de competencia entre William Wilson y el joven que él mismo denomina su “homónimo”; éste es el único entre todos sus compañeros que se atreve a competir con William Wilson a todos los niveles, estudios, deportes e incluso en riñas o discusiones, negando su superioridad y entrometiéndose e interfiriendo en su “mandato” (como adelanto de lo que hará más tarde). Esta osada actitud por parte de H (a partir de ahora denominaremos así al “homónimo” de William Wilson y a éste WW) infunde cierto temor en WW hacia él. aparentemente parece que encontramos una relación de igualdad entre ambos, pero el simple hecho por parte de H de ponerse a la misma altura de quien a los ojos de todos era el líder indiscutible es entendido por WW como una muestra de superioridad sobre él, una superioridad que al menos, para la tranquilidad de WW, no parece que sea advertida por sus compañeros; parece que, si bien la competencia, resistencia y superioridad son intencionadas, son también privadas, una cuestión que sólo ambos conocen y entienden. Y es que, como veremos más tarde, ambos jóvenes son mucho más parecidos de lo que podemos sospechar en un primer momento.

La figura y la actitud de H parecen un tanto contradictorias: por una parte no tiene ningún reparo en enfrentarse a WW y negar su autoridad, pero por otra se comporta a veces como si quisiera protegerle:

[...] él acompañaba sus afrentas, sus insultos o sus contradicciones con ciertos modales afectuosos, muy impropios y, por supuesto, muy mal acogidos. Yo sólo podía concebir que este singular comportamiento procedía de un exceso de suficiencia que le hacía adoptar un aire vulgar de amparo y protección. [13]

Aunque, como dice WW, podía ser también que H se comportase así para mortificar y humillar más a WW. Esta actitud por parte de H se acentuará en la segunda parte del relato, aunque aquí ya se nos adelante.

Este afán de protección, unido al hecho de que ambos se llamen igual y de que, según descubrimos más tarde, ingresasen en el colegio el mismo día, hace que comience a circular el rumor de que son hermanos entre los alumnos de cursos superiores. Como vemos, se van acentuando las semejanzas entre ellos; incluso nos enteramos de que los dos nacieron el mismo día, el 19 de enero de 1819, con lo que si realmente hubieran sido hermanos, como creían sus compañeros, habrían sido gemelos. [14]

Hemos hablado hasta ahora de competencia, temor, igualdad, protección y semejanza. El propio WW reconoce lo extraño de su relación, afirmando que, debido a la inevitable afinidad de caracteres entre ellos, si no hubiese sido por lo anómalo y tenso de la situación, probablemente su relación habría podido desembocar en amistad. Al propio WW le cuesta definir sus sentimientos hacia H:

Es difícil definir o siquiera describir mis verdaderos sentimientos hacia él. Formaban una abigarrada y heterogénea mezcolanza: una tanto de animosidad petulante, que no era sin embargo odio, cierta estima, más respeto, mucho temor y un mundo de inquieta curiosidad. [15]

WW dirige continuos ataques a H, a los que éste responde de diversas formas. Hay una que molesta especialmente a WW, y es que H potencie las semejanzas entre ellos. Físicamente ya se asemejan bastante: tiene más o menos la misma altura, una muy semejante constitución corporal y unos rasgos parecidos (que, como veremos, se tornarán idénticos más tarde). H utiliza esto para martirizarle, aunque WW no entiende cómo ha podido H adivinar que un hecho tan aparentemente insignificante lograría exasperarle tanto. Lo atribuye a unas “extraordinarias dotes de penetración” ( pág. 236). H pone todo su empeño en acentuar la semejanza entre ambos: comienza a imitar su apariencia, su modo de vestir, de andar y de comportarse. Lo único que no es capaz de imitar es su voz, ya que H presenta una peculiaridad física que no se lo permite, derivada tal vez de un mal constitucional: se trata de una especie de debilidad en los órganos faciales o guturales que le impiden elevar la voz por encima de un murmullo, de un susurro [16]. Aún así, sí que logra imitar a la perfección su acento.

Hemos dicho anteriormente que WW atribuía a H unas dotes de penetración que denominaba “extraordinarias”, introduciendo ya un elemento de extrañeza en cuanto a la figura de H se refiere (aunque ya era bastante anormal el hecho de que ambos nacieran el mismo día, se llamasen igual, ingresasen a la vez en el colegio y guardasen cierto parecido físico entre ellos). Además, en un determinado momento, cuando se nos habla del afán proteccionista de H hacia WW y de los consejos que éste recibía de aquél, se nos dice :

[...] no puedo recordar ni una sola ocasión en que las sugerencias de mi rival participasen de los yerros y locuras tan corrientes de su corta edad y aparente inexperiencia; que su sentido moral, cuando menos, si no su talento personal y sabiduría mundana, eran mucho más agudos que los míos. [17]

A todo ello hay que añadir un dato más que provoca de nuevo la extrañeza y nos lleva a sospechar la existencia de que algo extraordinario rodea la figura de H: durante un fuerte altercado entre ambos, H baja en un determinado momento la guardia, comportándose con una franqueza en él inusitada. Su comportamiento provoca en WW una extraña sensación, como si ambos se hubiesen conocido en otro tiempo y ahora WW lo recordara:

Entonces descubrí, o me imaginé descubrir, en su acento y apariencia general algo que al principio me sobresaltó y que luego me interesó hondamente al evocar en mi mente borrosas visiones de mi primera infancia, confusos, extraños y apiñados recuerdos de un tiempo en que la propia memoria no había nacido todavía. No puedo describir mejor la sensación que me oprimió sino diciendo que sólo con dificultad logré expulsar de mí la creencia de haber conocido ya al ser que tenía delante en alguna época lejanísima, en algún punto de un pasado infinitamente remoto. [18]

Pero lo verdaderamente extraordinario tendrá lugar cuando al intentar WW gastarle a H una broma pesada durante la noche y acercarse a H mientras éste duerme, descubre que ambos son exactamente idénticos, al menos mientras H duerme:

Mis ojos se fijaron entonces en su rostro. Lo miré y sentí que se me helaba el cuerpo y que un entumecimiento me envolvía, Mi corazón me latía con fuerza, las rodillas me temblaban, y mi espíritu se sentía presa de un horror absurdo pero intolerable. Jadeando, bajé la lámpara hasta acercarla a la misma cara. ¿Eran ésos...ésos, los rasgos de William Wilson? Bien veía que eran los suyos, pero me estremecía por efecto de la calentura al imaginar que no lo eran. Pero, entonces, ¿qué había en ellos que me confundía de tal manera? Lo miré mientras mi cerebro daba vueltas en un torbellino de pensamientos incoherentes. No era ése su aspecto... no, no era así cuando estaba despierto. ¡El mismo nombre! ¡El mismo rostro! ¿El mismo día de ingreso en la escuela! ¡Y su incomprensible obstinación en imitar mi actitud, mi coz, mis costumbres, mi figura! [19]

WW se queda aterrorizado por lo sobrenatural del suceso y escapa del colegio. Sin embargo, ello no le servirá para liberarse de H. En efecto, años más tarde, cuando WW se encuentra en el colegio de Eton y su vida se ha convertido en un derroche de vicios, libertinaje, juergas, borracheras, etc. Vuelve a aparecer. Lo hace por primera vez una noche en la que WW había reunido a unos amigos de su misma condición, con los que se abandona al juego y a la embriaguez. Aparece de forma misteriosa, desapareciendo enseguida del mismo modo tras “susurrarle” su nombre el nombre que tanto odiaba al oído:

Al poner el pie en el brumal divisé la figura de un joven de talla aproximada a la mía, vestido con una levita de casimir blanca, cortada a la última moda, como la que yo llevaba en aquel momento. La débil luz me permitía percibir esta levita para no distinguir los rasgos de su cara. Cuando entré él se precipitó hacia mí y, cogiéndome por el brazo con un gesto de insolente impaciencia, susurró en mi oído las palabras “¡William Wilson!” [20]

Esta misteriosa visita trastorna un poco a WW, que comienza a preguntarse quién será H realmente y por qué se obstina en seguirle, entrometiéndose en sus asuntos y susurrándole sus consejos.

WW se traslada a Oxford, pero tampoco allí se verá a salvo de la perseverancia del misterioso y casi fantasmal H, que vuelve a aparecer para desbaratar sus planes de estafar a un conocido en una partida de naipes:

Antes de que ninguno lograra recobrarse del profundo asombro en que nos había sumido aquella brutal entrada, oímos la voz del intruso.

Caballeros, dijo con un claro e inolvidable susurro que me hizo estremecerme hasta la misma médula de los huesos , caballeros; no disculparé mi comportamiento, porque al obrar así no hago más que cumplir un deber. Sin duda, desconocen ustedes la verdadera naturaleza de la persona que esta noche ha ganado al écarté una gran suma de dinero a lord Glendinning. Quiero, por lo tanto, enseñarles un procedimiento expeditivo y concluyente para que adquieran ese conocimiento tan necesario. Sírvanse examinar a su gusto la vuelta de su bocamanga izquierda y los varios paquetitos que podrán encontrar en los bolsillos un tanto espaciosos de su bordado batín. [21]

La intromisión y consecuente humillación por parte de H le obligan a salir de Oxford. Pero vaya donde vaya jamás logra librarse de H, cuya incomprensible podemos decir manía persecutoria le lleva a seguir a éste a París, Roma, Viena, Berlín y Moscú.:

Huí en vano. Mi sino maldito me persiguió exultante, demostrándome en realidad que el ejercicio de su misterioso dominio no había hecho más que empezar. Apenas puse el pie en París tuve una prueba más del aborrecible interés que Wilson se tomaba por mis asuntos. Pasaron los años sin que pudiera experimentar yo ningún alivio. ¡Miserable! En Roma ¡qué inoportuno! y, no obstante, con qué espectral oficiosidad se interpuso entre mi ambición y yo! ¡Y en Viena también, y en Berlín y en Moscú! ¿Dónde, en verdad, no tuve motivo amargo para maldecirle desde el fondo de mi corazón? A la postre, presa del pánico, quise huir de su inescrutable tiranía como de la peste, pero hasta los mismos extremos de la Tierra, huí en vano. [22]

Es entonces cuando, animado también por la bebida, decide plantarle cara y no aceptar por más tiempo esta sumisión. Así pues, cuando vuelve a encontrarse de nuevo con H en Roma decide acabar con aquella situación y arrastrándolo a un vacío salón le desafía, lucha con él y, como consecuencia de su enfrentamiento, acaba hundiendo su espada en el pecho de H. Pero entonces ocurre algo insólito: cuando WW, tras desviar un momento su atención hacia la puerta, que al parecer alguien intentaba abrir, y volver la vista hacia H se ve a sí mismo en la persona que tiene enfrente , moribunda, como si de un espejo se tratase. H se ha despojado de las pocas peculiaridades que lo diferenciaban de WW. Incluso su voz es ya la de WW:

Un amplio espejo eso fue lo que en mi confusión creí al principio se hallaba entonces donde antes no viera yo ninguno y cuando me dirigí hacia él en el colmo del terror, mi propia imagen, pero con rasgos muy pálidos y salpicados en sangre avanzó a mi encuentro con paso débil y vacilante.

Eso creí, repito, pero no fue así . era mi antagonista, era Wilson el que se hallaba ante mí en la agonía de la muerte. Su máscara y su capa yacían donde las había arrojado, en el suelo. ¡Ni un hilo en toda su indumentaria, ni una línea en todos los marcados y singulares rasgos de su rostro que no fueran, hasta en la identidad más absoluta, los míos propios!

Era Wilson, pero ya no hablaba en un susurro. Hubiese podido imaginar que era yo el que hablaba [...] [23]

Ambos se han fundido en uno solo. De hecho, las últimas palabras de H confirman dicha fusión:

Has vencido y yo sucumbo. ¡Pero en adelante tú también estarás muerto, muerto para el Mundo, para el Cielo y para la Esperanza! En mí existías tú y en mi muerte verás por esta imagen, que es la tuya, cuán absolutamente te has asesinado a ti mismo. [24]

Como hemos visto, en Poe el doble actúa como una especie de Yo mejor y conminador que persigue por toda Europa a WW, situado en peligrosa pendiente, hasta que éste le mata. También el auténtico WW queda muerto para el mundo desde que se asesina a sí mismo , a su mejor Yo, en el otro. H se comporta como una especie de ángel amonestador para WW. Lo cierto es que cada vez que H ha interferido en los planes de WW ha sido, como hemos visto después, porque podían acarrearle algún daño:

Advertía, eso sí, que en ninguno de los numerosos casos en que últimamente se había cruzado en mi camino, lo había hecho más que para frustrar aquellos planes o trastornar aquellos actos que, de haber sido llevados a cabo, habrían podido ocasionarme un enorme daño. [25]

La relación entre ambos ha pasado por varias etapas: en un primer momento se convierte en un competidor para WW, al que, sin embargo éste no consigue odiar, quizá porque en el fondo son bastante similares. Sí que le inspira, no obstante, cierto temor, y es que la figura de H tiene algo de extraordinario, de sobrenatural, de terrorífico. Mas tarde, conforme H va acentuando la semejanza entre ellos, WW va alimentando un odio y un desprecio hacia él. En un determinado momento, WW no soporta la impresión de verse a sí mismo en los rasgos de H durmiendo y huye. Cada vez que vuelvan a encontrarse, y vayan creciendo las semejanzas físicas entre ellos, será para que H desbarate los perversos planes de WW: de deshonor en Oxford, ambición en Roma, venganza en París, apasionado amor en Nápoles, avaricia en Egipto, etc. Así hasta que WW no soporta más la perseverancia de H y le mata, matándose a sí mismo también.

Un componente psicológico más fuerte que el de Poe en este relato caracteriza la relación entre Jekyll y Hyde, su perverso hombre interior, liberado por él mismo mediante una droga. Hyde comete todos los crímenes a los que se resiste Jekyll, se hace cada vez más grande y más fuerte a expensas de Jekyll pero no puede, a pesar de todo, liberarse de su vinculación a éste, hasta que se mata a él mismo y, por tanto, también a Jekyll. El contrapunto de esta narración inspirada por William Wilson lo constituye Markheim (1887), también de Stevenson con un Yo mejor, que convence a Markheim de su perversidad, le hace abandonar su falso concepto de sí mismo y consigue que se presente ante la policía. R. Kipling nos presentó una historia parecida (The dream of Duncan Parrenness, 1891) en la que un doble induce al personaje principal a conocerse a sí mismo y mejorarse. En Oscar Wilde (The Picture of Dorian Gray, 1891), es el retrato el que hace el papel de amonestador, ya que están marcadas en él todas las huellas de los vicios del protagonista, la mala conciencia que imperceptiblemente se cierne sobre el cuadro hace que Gray lo apuñale, tomando entonces él mismo los rasgos deformados del relato y muere con el puñal en el corazón.

 

Notas:

[1] En este breve trabajo seguiremos en líneas generales el esquema planteado por Juan Bargalló Carraté en su artículo “Hacia una tipología del doble: el doble por fusión, por fisión y por metamorfosis” (en Bargalló Carrater, Identidad y alteridad: aproximación al tema del doble, Ediciones Alfar, Sevilla, 1994, pp. 11-26.)

[2] En el que, como sabemos, el Dios Júpiter toma la apariencia física de Anfitrión mientras éste se encontraba en el campo de batalla para acostarse con su esposa Alcmena haciéndose pasar por él.

[3] El mito fue retomado en versiones posteriores por Juan de Timoneda, Rotrou, Molière, Giraudoux, o Figeiredo entre otros.

[4] Ya sea en su versión narcisista, como señala Bargalló (Op. Cit, pág. 13) en la que cada gemelo es espejo del otro, o en la de la tendencia al redoblamiento. El tema de los gemelos es tan antiguo como la propia humanidad. Aparece ya en el Antiguo Testamento, en la modalidad de los gemelos enfrentados u opuestos (Esaú y Jacob, etc.)

[5] Consiste en la existencia de un solo individuo bajo una o dos formas en dos o más mundos distintos. En realidad se trata del tema de la reencarnación, denominado de Orlando por Dolezel (“Le triangle du double. Un champ thématique”, en Revue Poétique, 64, nov. 1985, Seuil, pp. 463-472.) a raiz de la obra de Virginia Woolf (Orlando, 1928)

[6] Que a su vez se basa en lo que Dolezel llama double.

[7] Op. Cit, pág. 13.

[8] Op. Cit, pág. 17.

[9] William Wilson en Edgard Allan Poe, en colección Clásicos Carrogio, Barcelona, 1984, (pp. 231-145) (pág. 231). En adelante citaré por esta edición.

[10] Pág. 231

[11] Pág. 232

[12] Pág. 231

[13] Pág. 235

[14] Como ya sabemos, otro interesante tipo de tema del doble.

[15] Pág. 235

[16] Una interesante reflexión acerca del doble de WW como “susurrante” la encontramos en una carta de Philip Pendleton Cooke, un amigo de Poe, del 19 de dicembre de 1839: Of William Wilson I’m not sure that I perceive the true idea from the “whispering voice”. I would apprehendthat you meant the second William Wilson as an embodying of the conscience of the first; but I am inclined to the notion that your intention was to convey the wilder idea that every mostal of us is attended with a shadow of himself-a duplicate of his own peculiar organization- differing from himself only in a certain angelic taint of the compound, derived from heaven, as our own wild humours are derived from Hell (figuratively); I cannot make myself understood, as I am not used to the expression of a wild halfthought . But, although I do not clearly comprehend, I certainly admire the story. ( “Letter to Poe” en Edgar Allan Poe: Critical Assessments, Edited by Graham Clarke, London, 1991, Helm Information Ltd, pág. 95.) También la cita de Pharronida de Chamberlayne con la que Poe abre su relato (y que nosotros hemos elegido también para abrir este trabajo) hace referencia a esta idea, que nosotros compartimos, de la presencia del doble como la Conciencia: What say of it? What say of CONSCIENCE grim? That spectre in my path?

[17] Pág. 237

[18] Pág. 237

[19] Pág. 238

[20] Pág. 239

[21] Pág. 242

[22] Pág. 242-243

[23] Pág. 244

[24] Pág. 245

[25] Pág. 243

 

© Elena Otto Cantón 2005

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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