“Un discurso que suena”:
Élmer Mendoza y la literatura mexicana norteña

Miguel A. Cabañas

Michigan State University


 

   
Localice en este documento

 

Élmer Mendoza Valenzuela es un narrador y dramaturgo nacido en Culiacán en 1949. Ha publicado varios libros de cuentos: Mucho qué reconocer (1978), Quiero contar las huellas de una tarde en la arena (1984), Cuentos para militantes conversos (1987), Trancapalanca (1989), El amor es un perro sin dueño (1992) y dos crónicas una sobre el narcotráfico, Cada respiro que tomas (1992) y Buenos muchachos (1995). Sus tres novelas lo han establecido como una de las voces más importantes en las letras mexicanas: Un asesino solitario (1999), El amante de Janis Joplin (2001) y Efecto Tequila (2004), todas publicadas en Tusquets Editores. También ha escrito obras dramáticas que se ha llevado a escena: ¿Viste la película de Pink Floyd?, Enciende mi fuego, Fuera seconds, El flautista de Hamelín, y El viaje de la tortuga Panza Rosa. Es profesor en la Universidad Autónoma de Sinaloa y creador de un curso de formación de escritores.

Entrevista a Élmer Mendoza.
14 de abril de 2005.

Miguel Cabañas: Vamos a hablar un poco de tu obra. ¿Por qué te motivó escribir sobre el tema del narcotráfico?

Élmer Mendoza: Es un asunto de contexto. Yo vivo aquí en Culiacán, Sinaloa. Desde que me acuerdo he escuchado hablar del tema, he oído cosas buenas, cosas malas, los mitos; he visto que es parte de los sueños de los jóvenes, que es parte de las preocupaciones de los viejos, que es parte del placer de los policía, es decir, me pone en un contexto. El tema me busca. Yo no siento que a mí me interese el tema así como tal, pues que sea parte de mis preocupaciones o que me exija una preparación, no. Estoy ahí y él está conmigo y entonces sale natural. Creo que es un asunto de contexto o de destino. Vivir ahí y estar ahí y querer expresar cosas sobre mi realidad real entonces siempre aparecen temas que tienen que ver con el narco.

MC: ¿Y lo que te interesa, son más las consecuencias del fenómeno que ha tenido para la sociedad dónde tú vives, o más específicamente la violencia?

EM: Como individuo sí me interesan las consecuencias, pero como escritor no. Como escritor lo que estoy intentando es dilucidar algunos registros que pudiera tener sobre la realidad y sobre la mitología; más sobre la mitología que ha surgido sobre el caso. Y buscar convertirlo en literatura, sin que haya un sentido moral o un sentido de juzgar a los que no me corresponde. Simplemente está allí e intento que quede. Evidentemente al pasar por mi tamiz debe tener alguna característica particular, pero no es algo que yo busque. Ellos hacen los suyo y yo hago lo mío y ya.

MC: Aparte no eres el único escritor que ha escrito y está escribiendo sobre este fenómeno. Está presente en el narcocorrido y muchos otros escritores mexicanos como César López Cuadras, Gabriel Trujillo Muñoz, Eduardo Antonio Parra, e incluso Paco Ignacio Taibo II, pero quizá hay gente que percibe en esto un fetichismo temático, la gente puede pensar que estás representando la parte fea de la sociedad, digamos, la parte más oscura. ¿Qué piensas tú al respecto?

EM: A mí sí me han clasificado como un escritor del narco, y es algo que a mí no me molesta, me tiene sin cuidado. Otros dicen que lo que estamos haciendo es señalar algunas de las llagas más putrefactas de la sociedad de nuestro tiempo, que es algo que tampoco me interesa, es decir, esos juicios no son juicios que yo haría e incluso me sorprenden cuando me entero que es a la conclusión a que llegan. Nos toca vivir en una época y en una región donde las formas de delinquir tienen que ver con eso. Quizá en el siglo XIX o al principio del siglo XX, eran otras las formas en que los delincuentes se desenvolvían y hay casos fascinantes y casos que me aterran como el del Jack El Destripador, “El asesino de la Luz Roja”, que mataba a muchachas y las violaba. En ese sentido, yo creo que el tipo de delincuentes que nos rodean son delincuentes que tienen que ver con la épica, así es que aparece el interés de los corridistas, digamos, ¿por qué? Porque es una actividad que no es fácil, que requiere una cierta capacidad de negociación, de ubicación, de reparto de utilidades previo incluso antes de que ocurra, hay toda una política de concertación de los sectores que pueden obstruir el trabajo, digamos que en ese sentido es una empresa muy moderna y muy globalizada, todos pueden obtener lo que les corresponde, por hacer su trabajo o por no hacer su trabajo. Se me hace interesante lo que ocurre, enterarme, por ejemplo que financian campañas políticas, de que prácticamente en este país parece que no hay campaña de ningún político en que [los narcos] no tengan algo que ver. Esa manera de ser tan “sociables” y de estar en las actividades más importantes de nuestro país. En este caso, los lectores y los escuchas de corridos son los que terminan por juzgar, por atemorizarse, por asustarse, y ojalá que pudieran llegar a conclusiones. Yo no creo que eso pase, últimamente se han estado generando espacios ya donde la crueldad es evidente, por la gente a la que matan, como que entre ellos están perdiendo los códigos de honor, los códigos de la discreción.

MC: Que de hecho se narran en algunos narcocorridos…

EM: Sí, y eso los hace más épicos. Pero, la cantidad de muertos, por ejemplo, que nosotros tenemos es muy alta, en comparación de como era antes. El narcotráfico visto como negocio implica una cierta prudencia, una cierta discreción y cuando se desata y aparecen asesinatos significa que algo está ocurriendo, yo no alcanzo a detectar hacia dónde va eso, pero me supongo que no será una cosa buena.

MC: ¿Tú temes que se te lea como si fuera un documento histórico o “realista” de lo que sucede, y no realmente como recreación ficticia de la realidad? ¿Temes que al menos aquí en México se te lea de esta manera?

EM: Yo no temo nada. Yo no temo nada. Soy un escritor que anda buscando a sus lectores y eso significa que mis lectores pueden tirar para donde les de la gana. Si tengo que hablar de mi lector ideal, entonces, sí, mi lector ideal es alguien que pudiera llegar a la conclusión de que estoy contando una historia, pero que la estoy contando de una manera que es mía, que es particular, que, por un lado, puede tener momento extraños mientras está haciendo la lectura, pero otros momentos donde él participa en ciertos procesos de identificación con mis libros que puede tener con personajes, con situaciones, con música, con pensamientos, con imaginaciones, con lenguaje. Pero no sé…creo que el universo de los lectores es muy amplio y puede pasar cualquier cosa.

MC: Asesino solitario es tu novela donde desarrollas un estilo y un lenguaje muy propio. El lenguaje en la novela atrapa al lector y nos transporta a un mundo escondido en las sombras. ¿Cómo gestaste este personaje y este lenguaje que es tan sumamente local y envolvente?

EM: Para crear un personaje, tomo de la realidad, de muchas cosas, de muchos aspectos que veo y escucho e intento formar el personaje de ahí y algunas cosas que no le encontré yo me imaginé que le podían quedar. Creo que subyace en el perfil de George Macías algunos elementos que tienen que ver con la manera de ser de la gente de donde yo vivo, de donde crecí. Sobre todo en relación en cómo ver la vida, cómo enfrentar los eventos importantes de tu vida. O sea, puedo ser un sicario, pero bueno, es mi trabajo y voy a intentar hacerlo bien. Es un trabajo que puede ser criticado que puede ser un inconveniente, del que no puedo presumir… pero es mi trabajo y yo lo voy a hacer bien. Es un poco también como cuando recogían la mierda de las calles, las personas que hacían ese trabajo, los mayates, pues era un trabajo del que no podían presumir, pero ellos lo tenían que hacer todos los días y hacerlo muy bien. Entonces, en el caso de un sicario, con conciencia, digamos, un sicario que no mata por matar, un sicario que tiene sus códigos, que no mata a mujeres, que no mata a curas, tiene sus códigos de honor, sus reglas…

MC: Y no mata a narcos, tampoco…

EM: No, no mata a narcos… Aparte cuando le toca ser despiadado es despiadado y cuando le toca ser dulce es dulce, amoroso, soñador. No mata a narcos porque es un problema, piensa que no tiene porque atraerse venganzas, dice que le gusta mucho matar a políticos, porque los políticos no importan, se matan y después llegan a un acuerdo entre ellos y nada más, pero los narcos, no, siempre hay secuelas de venganzas y de ajustes de cuentas y luego pueden ocurrir cosas... esos detalles según la tradición oral de mi pueblo es de las formas de ser, entonces en todas mis notas para crear el lenguaje apareció eso. Ahora… un aspecto muy importante es el lenguaje. Yo soy uno de los escritores que creen mucho en las hablas, en la palabra escrita, pero también en la palabra oral, la que se escucha. Yo creo que lo he tomado de Quevedo y de Cervantes (“Rinconete y Cortadillo” y Don Quijote). Don Quijote reproduce el discurso de la novelas de caballerías, pero siempre el narrador lo mete en un contexto que, para mí, es un contexto oral. Es decir, que el narrador está participando en un contexto oral que tiene que ver con la sabiduría popular. Porque ya ves que luego también cita algunas expresiones que son típicas de la Biblia, por ejemplo, pero esas expresiones han pasado por el tamiz de la historia y han sido incorporadas al habla de los españoles de finales del siglo XVI y del siglo XVII. Mis aprendizajes básicos en relación a las hablas vienen de allí. Después, bueno, mi texto favorito de Borges es “El hombre de la esquina rosada”, que para mí es un juego de las hablas, llego a Pedro Páramo que también. Mis registros me remiten siempre a las hablas. Mi formación universitaria me ha dado elementos para comprender más cómo hablan, y muchas veces cuando estoy escribiendo intento que sea un discurso que suene.

MC: Así el discurso se siente más vivo…

EM: Eso me permite jugar con el dinamismo interno del discurso. Hacerlo más rápido y más lento… Tomo palabras que la gente dice…Uno de los aciertos de la novela Asesino solitario es que la cantidad de expresiones guarda un equilibrio con el resto del discurso y se logra mantener la historia. Una de las cosas que me sorprendió mucho, pero que a la vez me gustó es que mi novela fue leída por lectores catalanes que confesaron no haber comprendido todo el lenguaje pero que sintieron que cada una de las palabras tenía una ubicación precisa y sintieron que yo estaba contando una historia. Me dio gusto y creo que parte fundamental de la literatura de todos los tiempos es la utilización del lenguaje vivo.

MC: En novelas más recientes, vas hacia lo transnacional y lo global tanto en El amante de Janis Joplin como en Efecto Tequila, ¿es esto parte de un plan de escritura o simplemente han ido cambiando tus intereses?

EM: Tiene que ver con mis lecturas, más que con mis planes de escritor. Es muy difícil eso. De pronto, digo que ya sé lo que voy a escribir en los 30 años que me quedan de vida, pero no estoy muy seguro que lo vaya a hacer. El inicio en sí es impredecible. Quería hacer una novela de espionaje y ya la hice…

MC: Una de las pocas aquí en México, ¿no?

EM: Me entero que es una de las pocas…Quiero hacer una novela de ciencia ficción: la voy a hacer. Voy a hacer una novela homenaje a Pedro Páramo y probablemente una novela histórica. Creo que haré una novela fantástica; quiero hacer una novela para jóvenes partiendo de un cronista del siglo XVI de los que vino acá que se llama Fray Marcos de Niza, que dice que descubrió El Dorado, pero que no entró, que se regresó… Me encanta eso. Tiene que ver con los libros que me han impactado. También, voy a escribir un libro de crónicas de viajes y quizá un libro largo de viajes. Cuando viajo, siempre hago notas y registros, y no me gusta tomar los autobuses de los turistas, sino siempre estar fuera del camino: comer lo que come la gente, beber lo que beben ellos. Pero, igual podría hacer otras cosas. A los escritores se nos ocurren muchos temas diferentes. Hay que discriminar a veces…

MC: En tu más reciente novela, su título Efecto Tequila hace referencia a la crisis económica en México. ¿Por qué le pusiste este título a un libro de espías?

EM: Cuando yo era joven, una vez le leí un texto mío a Gonzalo Celorio y me dijo “Élmer, tienes voluntad de estilo” y a mí esa frase me impactó. La tomé como mía y a partir de entonces quiero que la novela lleve mi sello y que el título también. No siempre lo he logrado. Un asesino solitario se lo puso un gabinete editorial… El título que yo tenía no le iba…

MC: ¿Y cuál era originalmente?

EM: Se llamaba El silencio de las espadas, que tenía que ver con el asunto de la lucha, pero editorialmente no funcionaba. Y salió de un gabinete de personas en el que yo estuve presente. El amante sí, antes de empezar a escribir la novela ya tenía el título. Pero, para Efecto Tequila, yo no tenía título. Yo tenía un título tentativo La cicatriz en la oreja, que era un juego a Van Gogh y al vitral con la imagen del pintor que es importante en la historia. Pero no me gustaba, nunca me gustó. Cuando estaba al final de la novela, empecé a llevar mi lista de títulos y se me ocurrieron muchísimos y de vez en cuando discriminaba. Un día, iba yo conduciendo y en un semáforo se me ocurrió “Efecto Tequila”. No lo relacionaba con la economía, sino con el sonido. Y lo anoté abajo de la lista. Esa noche fuimos a cenar con un amigo nuestro que es empresario, y me pregunto “¿cómo van tu libro?”, y “¿cómo se llama?” y le digo yo “Efecto Tequila” y el tipo hace una análisis extensísimo ahí. “No suena mal, jefe”, me dijo, “aparte los economistas se van a interesar en esto por lo del 94 y todo lo que ocurrió en nuestro país, los bebedores se van a interesar también y tus lectores que tú ya tienes”, dice, “creo que tienes tres campos importantes en los que la novela puede tener buena suerte”. Eso no era suficiente para que yo me convenciera. Ya me quedaban sólo tres y al pasar el tiempo ya no se me ocurren más. Un día me habla mi editora y me dice “¿y la novela qué?”, “ya la estoy terminando”, “¿y cómo se llama?”, y le digo “Efecto Tequila”, y ella me dice, “me estoy imaginando la portada y el título es estupendo”. Esas opiniones, digamos, probablemente involuntarias, porque yo no le había preguntado, abonaron para que poco a poco Efecto Tequila se quedara de la lista que yo tenía.

MC: Y ya a posteriori, ¿ves una conexión de la novela a la crisis económica mexicana de los 90? Por ejemplo, choca el uso de los anuncios comerciales…

EM: No lo siento así, pero me encontrado con opiniones de que sí. Es inevitable, tú mismo lo estabas citando todo este asunto del 94. La primera vez que se me ocurre, pensé que de alguna manera un espía mexicano puede ser un “efecto tequila”, en la medida que el tequila representa nuestra cultura. En lo que se refiere al contexto político, económico y social probablemente sí tiene que ver, porque la novela maneja personajes que mencionan un impuesto para comprar automóviles que intentaron imponer, que al final creo que no se logró, pero que hay un grupo de personas que lo pagaron, y yo me he topado con algunos que pagaron ese impuesto. Incluso uno de ellos, usó su documento de pago de impuesto como separador durante lectura de la novela. Él siente que tiene que ver con ese impuesto y lo que yo llamo dentro de la novela “el RUV”. Creo que la literatura mexicana tiene que tocar la economía que nos está tocando sufrir. Es como inevitable.

MC: Algunos de tus cuentos y tus novelas pueden entrar en lo que ha denominado Federico Campbell como literatura criminal, en la cual el centro es un crimen. ¿Cómo piensas que tu obra se inserta dentro de la corriente de escritores del norte como Eduardo Antonio Parra, Daniel Sada, Gabriel Trujillo Muñoz, David Toscana, Daniel Sada, etc…?

EM: Se habla de que en el 99 aparecen como tres o cuatro libros creo, que se convierten en libros importantes en la literatura mexicana, y que por una coincidencia los autores son norteños. Algunos incluso viven en el Norte, no se han ido a vivir al DF. A partir de ahí, se organiza una mesa que la llaman “Los narradores que vienen del Norte”; donde están invitados Eduardo Antonio Parra, David Toscana, Luis Humberto Crosthwaite, estoy yo, y entonces Sada que es el que le toca moderar la mesa empieza de esta manera: “La mejor narrativa que se está escribiendo en este momento en nuestro país se esta escribiendo en el norte por autores del Norte y a las pruebas me remito…” A partir de ahí, se abre una discusión con el público, leemos textos y hablamos de lo que estamos haciendo y se pretende establecer una identidad en función, no de la geografía, sino del lenguaje, de las temáticas, de las particularidades intrínsecas del discurso narrativo, los tipos de personajes, el dinamismo del discurso, la ruptura de los planos, las mezclas…Pienso que no lo explicamos muy bien esa noche, porque también nos sorprendió un poco el asunto y fue algo que nosotros lo abandonamos porque se nos hacía desmesurado. A partir de ahí, los periodistas siempre nos preguntan, sobre los escritores del norte y la narrativa del norte…No hay sitio en el que no estemos juntos que salga la pregunta. También porque en la literatura mexicana está creciendo mucho un grupo que se llama el Crack. Yo sé que ha habido encuentros de críticos donde han discutido fuerte, unos por un grupo y otros por otro, y como debe ser, espero que no hayan llegado a ninguna conclusión. Hay un momento en que nos damos cuenta de que es en Estados Unidos dónde los autores se están estudiando con más seriedad y donde incluso se le están encontrando elementos de cohesión que ni cuenta nos hemos dado. En la Universidad de Sinaloa se crea un seminario sobre la narrativa del Norte y entonces, nos reunimos y vemos lo que está pasando. Sentimos que si realmente hemos creado algo, pues los que primeros debemos darle palo somos nosotros e intentamos estudiar nuestra identidad colectiva. Igual sí nos parecemos, pero no nos parecemos tanto. A fin de cuentas, cada quien tiene su estética. No obstante, en función de las mismas preguntas y las pretensiones de la gente que quiere saber sobre esto, hemos propuesto a la feria de Guadalajara que organizara una mesa sobre este asunto. Ellos han aceptado. Dijeron que iban a invitar a cuatro: a Daniel Sada, a Eduardo Antonio Parra, a David Toscana, a Élmer Mendoza y como un quinto ajeno, a Arturo Pérez-Reverte. Ellos lo tienen montado para diciembre del 2005 y no sabemos que pueda pasar ahí. En relación a eso, me siento un escritor que escribe en español. Eso debe de ser por mi condición de no vivir en el DF y mis relaciones con escritores de España y de América Latina. Me gusta que he aparecido en antologías de “50 autores que escriben en español”. Me gusta eso. Sobre todo de escritores emergentes. Me gustó un artículo del periódico El Mundo de España que se titulaba “¿Un nuevo Boom?” y viene un estudio de casi los mismos: Daniel Sada, David Toscana, Parra, Élmer Mendoza, ahí aparece Xavier Velasco también. Puede darte una idea de cómo es que estamos apareciendo como generación o grupo dentro del contexto mundial de las letras. Esto sin que pase más nada, porque aunque es muy estimulante, no hay más que llegar a la computadora todos los días. Al final, no eres más que un infeliz que quiere contar una historia.

MC: Entonces, todavía existe una tensión entre el DF y la literatura norteña. ¿Crees que esta literatura se está consolidando en el mercado internacional y mediante esa tensión ideológica y de concepción con respecto al centro?

EM: Sí, es probable. Aunque también en el DF hemos sido bien acogidos… En el 99, nos vieron como una cosa muy extraña, muy divertida, muy novedosa. La literatura mexicana continúa más o menos igual, pero nosotros tenemos más confianza en nosotros y el hecho de tener muchos lectores en el extranjero, en Argentina, en España, en toda América Latina e incluso nuestros libros se consiguen en todas las capitales europeas y muchos ya están traducidos. Ahí vamos… Sobre todo que sentimos que le hemos estado haciendo la conquista del mercado norteamericano que es un mercado muy importante de lectores en español. Tenemos datos muy reveladores de que de El amante de Janis Joplin se ha vendido 2000 ejemplares, que de El diablo guardián de Xavier Velasco se han vendido 6000. Hay lectores en español ahí que se están ocupando de nuestra obra. Es muy interesante, en ese sueño de encontrar nuestros lectores.

MC: Sé que has participado en proyectos de antologías como por ejemplo: Viento Rojo y 21 relatos sobre la impunidad. Coméntanos como salieron estos proyectos...

EM: Te cuento…Martín Solares, el que hizo 21 relatos sobre la impunidad, es amigo mío y un día me pidió un texto para esa antología. Pero como yo estaba escribiendo de largo aliento, no me quedaba, y aunque le intentaba no me quedaba…Afortunadamente, el proyecto tardó mucho en aparecer, hubo tiempo de trabajar mucho sobre ese texto, que algunos dicen que hay que leer dos veces. En el caso de Viento Rojo, fue más bonito. Un día, me hablan por teléfono, y me piden que si puedo contribuir con una historia, yo pido dos meses para hacerlo, al final no lo hago, pues estoy trabajando en mis novelas y no me da chance. Pero, yo quiero presentar el libro de un amigo en Culiacán y le hablo al editor para que me lo mande y él me dijo, “Lo mando si me mandas tu contribución para Viento Rojo”, entonces le dije “está bien, está bien”.

MC: fue un intercambio…

EM: Sí, me puse a trabajar en ese texto “Nueva York nunca dejará de ser Nueva York”.

MC: Muy sugestivo ese cuento…Me interesa como presentas la cultura popular, sobre todo el rock y la música norteña en tu literatura. ¿Cómo incorporas la cultura popular en tu discurso literario?

EM: Con la música norteña, crecí con ella. Me crió mi abuelo que era campesino. En las fiestas que se hacían y lo que se escucha en la radio era música norteña, aparte en los años 50 se escuchaban a Pedro Infante, a Jorge Negrete. Pero, en cuanto aparecen Los Alegres de Teherán, Los Broncos de Reynosa, incluso uno de mis tíos se casó con una hermana de Paulino Vargas de Los Broncos, para que te des cuenta cómo se imbrica todo este asunto. Y bueno, escuchando corridos siempre, música ranchera… pero cantándolos, porque como niño que crece en el campo, nosotros trabajábamos cantando. Todos los niños… Vamos creciendo y vamos creciendo…cuando yo me vengo a la ciudad, con 9 años y medio, y yo entré a aprender a leer a los 10 años. En mi escuela primaria, me encuentro que tenemos fiestas por las tardes, que les decían “tardeadas”, y como ya estoy inscrito en primer año y voy a una tardeada y veo bailar rock: Yo no lo podía creer…yo había visto lo que bailaban allá los campesinos todas las semanas cuando hacían fiesta y bebían: chotis, y vals y pues, abrazados. Imagínate ver todas la florituras que hacen, la forma en que andaban vestidos y cómo andaban peinados. Fue un impacto, así digamos, descomunal en mi concepción de lo que es el baile, y el baile era un espacio donde los muchachos se relacionaban. Ver eso fue muy impactante, las chicas con los vestidos aquellos, con esa liberalidad, esa agilidad, esa gimnasia danzando. Impactante. Y otro lenguaje en la música. Yo no soy de los que rechazan, yo dejo que todo entre. Por las noches había un programa “Radio Tecolotito Musical” y allí escuchaba a los Beatles y a otros, y esa música se va haciendo como tuya. Una vez estaba con mi abuelo, y le pongo el programa de radio y mi abuelo me dice “no lo entiendo, Élmer”, “abuelo, es que eso es inglés”. El paso lo fui haciendo hasta que participé en el movimiento de los chicos urbanos en el contexto del barrio, además en mi barrio había pandilla, y tenías que demostrar de que estabas hecho y…

MC: Y el rock era parte de la identidad…

EM: Sí, en las fiestas había que bailar con las chicas y eso podía crear un pleito. Ese es el origen de mi formación musical. Y después he seguido como lector de comics, lector de novelas de vaqueros y de amor de Corín Tellado. En mi encuentro con la poesía, tiene mucho que ver Serrat con Machado y Neruda. También, de la revista del Reader Digest, porque ahí había historias de vida y de viajes… En la casa de una tía, descubrí a Julio Verne entre otros. Un día en mi barrio aparece un ejemplar de Don Quijote, en una casa. Nadie sabe como llegó ese libro ahí. Yo iba cada tarde a leerlo, tendría como 12 o 13 años. Llegué una tarde y no estaba. Le pregunté sobre dónde estaba el librote, pero no apareció. Y luego con los años me encontré que era el libro más importante en español. Vivimos en una región que no tiene tradición de lectura. Tiene una fuerte tradición popular y una identidad fuerte.

MC: Sin embargo, hay algunos buenos escritores ahora. ¿Se podría decir que hay un renacimiento en Sinaloa?

EM: Sí, hay que decirlo. Estamos haciendo un movimiento. No hacemos talleres, hacemos cursos, donde les enseñamos desde cómo contar en primera persona, como hacer una corrección inconsútil de la novela, es decir, que no se noten las costuras narrativas. Hasta el diseño de personajes, la trama, la tensión narrativa, los contrapuntos, los arcos de tensión hasta la utilización de la puntación, el movimiento interno del discurso, los ritmos y aunado a eso un intenso programa de lectura. Cada autor debe descubrir sus autores, serles fieles o infieles según les convenga. Un intento de descubrimiento de lectura, porque la literatura se está transformando y entonces es una fortuna ser testigo de algunas cosas que podemos ser. Estamos en un renacimiento…

MC: ¿Hay apoyo institucional?

EM: No el que quisiéramos, pero sí, sí hay. Hay apoyos municipales, federales y de las universidades.

MC: Poco a poco, entonces. Muchas gracias por la entrevista

EM: Gracias a ti.

 

© Miguel A. Cabañas 2005

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero31/emendoza.html