De la guerra de Troya del Libro de Alexandre a
Los 17 libros de Daris del Bello Troyano de Ginés Pérez de Hita

Dr. José Luis Molina Martínez

Grupo ERA (Estudios de Retórica Actual)
jlmolinam@gmail.com


 

   
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Abstract: En la Biblioteca Nacional de Madrid (Sig.: MS/9847) se conserva un manuscrito adquirido por Serafín Estébanez Calderón, en 1839, y entregado a la misma. Se trata de Los diez y siete libros de daris del bello troyano agora nuebamente sacado de las antiguas y verdaderas ystorias en verso por guines peres de hita vecino de la ciudad de murcia. Año de 1596. No contiene prólogo alguno ni aprobaciones. Entre 1596 y 1597, en viaje a Madrid, consigue el privilegio para su publicación, privilegio y libro que vende el 20 de enero al librero Juan García, de Alcalá de Henares. Inédito aún, es nuestro interés recordar la existencia del mismo e indicar algunas de sus fuentes, entre ellas el Libro de Alexandre.

 

1. Introducción

Una relectura atenta del Libro de Alexandre lleva a otra relectura igualmente atenta pero más dificultosa, a causa de su farragosidad y excesivo número de versos, de Los 17 libros de Daris de Bello Troyano ahora nuevamente sacado de las antiguas y verdaderas historias, en verso, por Ginés Pérez de Hita, vecino de la ciudad de Murcia. Año de 1596. La primera diferencia que se nota al comparar ambas lecturas es que el Alexandre es más ameno, más interesante, está muy cercano a la novela de aventuras y posee ribetes de la de caballerías. Al Alexandre se le ha atribuido como característica de estilo o composición las digresiones, y una de ellas permite a Alejandro narrarle a sus soldados la guerra de Troya. Se encuentra entre las estrofas 321 y 773, y es una digresión hasta natural, pues se halla dentro de otra que se inicia en la estrofa 276 y que es la descripción general de Asia y por tanto del mundo conocido [1]. Las digresiones permiten los anacronismos. Nuestro interés, divulgativo, radica sólamente en recordar la existencia del poema de Pérez de Hita.

 

2. Las fuentes

Los especialistas han estudiado perfectamente la tradición troyana en la literatura española, sobre lo que no podemos añadir ninguna novedad. Emilio Alarcos trata el tema en Investigaciones sobre el libro de Alexandre (1948). Menéndez Pidal profundiza en este asunto en dos ocasiones: Tragedia troyana en prosa y en verso [2] e Historia troyana polimétrica [3]; con su lectura se observa fácilmente su influjo en Pérez de Hita, tanto en metros como en su disposición dialogada y titulación capitular. Lida de Malkiel tiene un excelente estudio que sirve para profundizar y adentrarse en la materia troyana; se trata de Dido en la literatura española. Su retrato y defensa, antecedente de su otro trabajo de índole más general, La tradición clásica en España [4]. Mas ya había anticipado el tema, al hilo de la edición crítica y anotada de Raymond S. Willis [5], en el que afirma que el Alexandre “constituye un testimonio más, emanado de la clerecía docta, de la difusión del ciclo artúrico en la literatura castellana” [6]. García Gual dedica todo un capítulo a El Humanismo romántico, ocupándose del Roman de Alexandre, del Eneas y del Roman de Troie [7]. Su autor, Benoit, amplifica los relatos de Dares (De excidio Troiae historia) [8] y de Dictis (Ephemeris belli troiani) [9]. García Morencos efectúa un sólido y sobrio estudio sobre la Crónica Troyana conservada en El Escorial [10]. López Estrada señala, al tratar del Libro de Alexandre, las influencias observadas en su construcción: Historia de la destrucción de Troya (siglo VI) de Dares Frigio; Efemérides de la guerra troyana (siglo IV) escritas por Dictis Cretense que sirvieron para que Benoit de Saint Maure realizase en francés (hacia 1160) el Roman de Troie; el Alexandreis de Gautier de Châtillon [11]. Cañas Murillo al prologar y anotar su edición del Alexandre [12] añade alguna otra fuente medieval: Roman D'Alexandre, Historia de Preliis Ilias latina, las Etimologías y trabajos de Quinto Curcio, Flavio Josefo, Ovidio y Catón. Estimo que es deudor a las Heroidas de Ovidio, al menos en el capítulo en el que se desarrolla el encuentro Enone-Paris.

 

3. La guerra de Troya en Pérez de Hita

Ginés Pérez de Hita [13], empedernido lector [14], tuvo acceso a esta materia épica. Pérez de Hita pudo conocer la Crónica Troyana que actualmente se conserva en la Biblioteca de El Escorial, códice miniado que traduce al castellano del siglo XIV el Roman de Troie de Benoit de Sainte Maure que escribió, además, el Eneas. De todos modos, los especialistas indican que quien popularizó la difusión del Roman fue Guido delle Colonne [15] puesto que por Europa corrió la refundición latina que hizo de aquella sin citar el original, Historia Troyana (1272-1287), y que tradujo al castellano del siglo XIV el Canciller don Pero López de Ayala.

En la Edad Media no se sigue a Homero, sino a Dictis Cretense (s. IV d. C.) y Dares Frigio (s. VI d. C.), griego el uno, troyano el otro. Se continúa la tradición medieval producto del interés por las narraciones de literatura épica que, frente al ciclo carolingio o bretón, origina el ciclo clásico en el que los héroes pertenecen al mundo grecolatino. Homero, descubierto por los renacentistas, no es tenido en cuenta por Pérez de Hita y sigue la tradición arcaica porque, posiblemente, en su pensamiento estuviese hacer una novela de aventuras con abundantes hechos de caballerías como añadido.

Pérez de Hita dedicó a esta materia una cantidad tal de versos tan pobres, numerosos y desaliñados, que incitan al aburrimiento. Pero, hay algo que deseamos destacar: su estructura es novelesca; divide la historia en libros; los personajes intervienen en la acción a través de un diálogo en el que toman la palabra por medio de fórmulas introductorias: “ansí le dice” o “no dijo más”. Se observa incluso la presencia del autor en el relato épico:

y porque veas que es como lo digo
entra, que de tu vista harás testigo
.

De haberla escrito en prosa, hubiera sido posiblemente una discreta novela y, por supuesto, no tendría el prosaísmo de unos versos mal cuidados, repetitivos y mal construídos, no tanto por su medida, exacta casi siempre, ni por la variedad de las estrofas, excesiva, es un muestrario de métrica, sino por el tratamiento que el tema exigía no precisamente lírico, al menos no tan farragoso y enormemente extenso. Lamentamos no poder detenernos en estos extremos pero quedan indicados porque primero se ha de conocer el poema en sí, cosa que intentamos al presentarlo; conscientes somos de la dificultad de verlo publicado por medio impreso por su extensión desmesurada.

 

5. El manuscrito

Consta de 506 folios dobles numerados, es decir, 1012 páginas. Ponen en limpio el original su amigo Bernabé Álvarez Osorio, escribano de Lorca, hasta el verso 705 del libro sexto, y el mismo Ginés Pérez desde aquí hasta el final, conociéndose de este modo la letra autógrafa del escritor. Es un libro cuya lectura se hace complicada por ser reiterativo, de escasa calidad en ocasiones, aunque la historia es viva, se mantiene la acción y alcanza momentos épicos de cierto interés.

El libro se inicia con un soneto

del beneficiado iuste al autor
al dios apolo y musas laurearon
Pérez tu claro injenio en quien Pusieron
cifrado todo el ser que ellas tuvieron
en Prendas de lo mucho que te amaron

en ti como en espejos se miraron
y luego que la imajen de sí vieron
al vivo Puesta en ti reconocieron
ventaja en la figura que causaron

la citara de oi mas apolo olvide
y en tu Presencia no ande coronado
con lauro sino fuere de tus manos

A voces murcia que onren Pide
Pues de tria declaracin has dado
de misera ruina por grecianos

El prosaísmo del poema, característica general del texto, se hace patente en el arranque del libro noveno:

La poderosa armada de los griegos
el mar iba surcando con buen tiempo,
los senos de las velas muy hinchados,
la gente toda llena de alegría,
sonaban las trompetas y clarines                    
5
con el contento grande del viaje.
Serían treinta millas a lo largo
del puerto ya alongadas, cuando en saña
Diana se movió contra la flota,
porque sin hacer cuenta se partieron              
10
de darle sacrificio y rica ofrenda,
Y ansí, llena de saña, fue a Neptuno,
señor del ancho imperio cristalino,
y díjole, sañudo de esta suerte:
- ¿Qué es esto, dí, Neptuno,
                          15
qué poca cuenta es esta
que hacen ya los hombres de los dioses
que no hallo ninguno que ....
(fol. 241).

 

6. Estructura

La obra se compone de un total de 24.600 vv. (salvo error y omisión) y 17 libros cuyos versos, por libro, son los siguientes: 798, 553, 671, 1.382, 1.837, 1.280, 2.361, 1.726, 1.622, 2.566, 1.594, 1.461, 1.263, 2.055, 1.215, 1.490 y 726. Cada uno de los libros va precedido de la explicación de su argumento. Como ejemplo, el del libro décimo (2581 versos): “Argumento del deceno libro de Daris de Bello Troyano de frigia: entran los griegos en consejo sobre el yr a desenbarcar a troya hace diomedes una larga oracion sobre ello. Tomase su consejo van a troya defienden los troyanos el tomar la tierra mueren munchos de ambas partes en batalla sangrienta Llega palamides al tenedo con treynta naves de socorro toman tierra los griegos ponen rreal sobre troya

Quizá lo más variado en la primera parte introductoria a la guerra, en la que el poeta se permite alterar la historia, mostrar sus conocimientos de mitología, narrar unos juegos olímpicos, y otras peripecias cercanas, como las del Alexandre, a la novela de caballerías, es la introducción de algunos anacronismos muy interesantes. Casandra adivina que por un hijo de Hécuba vendrá la destrucción de Troya. Deciden matarlo a su nacimiento, pero el encargado de esta misión, compadecido, lo abandona en un monte de Frigia de donde lo recogen un pastor y su esposa que le ponen el nombre de Alejandro; vive con ellos como pastor hasta que encuentra a la ninfa Enone y se enamora, conviviendo con ella a pesar del disgusto de Apolo que también la amaba; interviene en la boda de una hija de Tántalo, en la que Erida, diosa de la discordia no invitada a ella, la obsequia con la famosa manzana; ocurre después el juicio de Paris (su verdadero nombre), en el que introduce unos graciosos elementos eróticos pues las desnuda para captar su belleza, en presencia de las tres gracias (Aglaya, Thalia y Eufrosina), ganando Venus, por lo que Palas y Juno se ofenden. Juno se da cuenta de que es hijo de Hécuba y teje su desgracia. Introduce todos los elementos mitológicos que le parece: describe el suplicio de Tántalo, Dantheo narra la historia de Júpiter, con lo que la acción es variada al intercalar nuevas historias sin orden ni concierto y tergiversadas a su modo. Alejandro, dedicado ya a las armas, en el libro tres, describe los juegos que Pérez de Hita había observado en Granada y organizado en Lorca, Murcia y Cartagena: de sortija, de cestones, lucha semejante a la canaria, mientras “las damas están puestas en miradores, los varones en el teatro”. Alejandro es reconocido como hijo por Príamo y Hécuba, toma su verdadero nombre y ... continúa la narración de la historia que nos llevará a la guerra de Troya.

Y, como curiosidad, recordamos que “Galatea” es el nombre del caballo de Héctor. La Galatea de Cervantes había sido publicada en 1585 por un librero de Alcalá. Juan García, librero de Alcalá, compra el ms. original del Bello Troyano y el privilegio para su impresión como consta por carta de venta en el Archivo de Protocolos de Murcia, ante Luis de Oñate, legajo no 1756.

 

7. El lenguaje

El poema presenta características de lenguaje y vocabulario propias de la época de su escritura: aparece la grafía Ç que originariamente tenía valor de alveolar africada sorda /S/, aunque, probablemente, en esta época tan avanzada se pronunciara como Z, quedando tan sólo la manifestación gráfica, al igual que sucede con la X, prepalatal fricativa sorda /S/ en un primer estadio, pero que en el siglo XVI, aunque se mantenga la grafía, ya se tiende a pronunciar como la moderna J. Estos y otros rasgos se encuentran a lo largo de la obra, como la vacilación b/v, g/j, i/y en los diptongos, la vacilación en los grupos consonánticos (destruyción por destrucción); uso de e paragógica (vee por ve), o rr inicial. En cuanto al léxico, dar cuenta del ajuste consonántico general que estaba produciéndose en la época; uso de cultismos (espelunca por cueva, apre por abre, districto por distrito, luco por lugar, tremio por tiemblo, cómitre y la utilización de para mientes; uso de y copulativa anafórica al comienzo de versos en tiradas largas y pobre adjetivación (barco inmenso y verdinegro, remo pesado y verdinegro, negro barco y verdinegro, vestido verdinegro), son algunos de los rasgos que se descubren a simple vista.

 

8. Los anacronismos

Lo que más lo asemeja al Alexandre, de donde pudo partir Pérez de Hita ya que tampoco le costaba mucho copiar de otros, con el Daris (se inventa un cronista, como existe en el Quijote, en el Apócrifo y en otras tantas novelas del barroco), son los anacronismos que, en el Alexandre casi son disculpados por los críticos, puesto que nos dan noticias de la época. Es evidente que no conocían el vestido, ni la ciudad, ni las costumbres troyanas, fuera de las fuentes utilizadas por el autor del poema: la referencia a la inmediatez, de modo que fuese entendido por los lectores, es lo natural. Es, pues, un recurso paisajístico, el marco literario. Los anacronismos en Pérez de Hita no tienen excesiva explicación, so pena que se manifiesten de acuerdo con la obra u obras que tiene delante para componer o copiar el relato en verso, es decir, que los tome del Alexandre y, a su vez, incorpore otros.

Se observan en:

a) vocablos de guerra, propios de la época de la escritura, no de la del suceso histórico: peto, espaldar, banderas, pendones, escuadrones, picaza, mazas, hachas, celada, capellina, cota sarracina, coraza, escala, pica, picaza, guirnalda, pífano, añafil, atambores, piezas de batir pólvora y plomo (estos útiles se hacen en la fragua de Vulcano);

b) descripción tópica (tomada del Daris y otras fuentes reseñadas) y épica (del poema del Cid) de la mala suerte o fortuna: aullo de cornejas, mochuelo, lechuza, búho, duros penates;

c) coyunturales: Júpiter robó a Ganimedes y lo hizo paje de copa; Pártese Paris y Deyfebo a Polonia por gente; después de la huida de mi padre de Creta a Italia; adevinos miran astrolabios; Dantheo toca la vihuela cantor fino; suplico a tu grandeza que permitas que quede en tu poder esta mi hija metida en el convento donde tienes tu muy querida hija con las monjas; el buen duque de Arción, hermano de Héctor; y vase a las Canarias de Alejandro.

Estas son algunas de las cosas que nos han llamado la atención y por ello hemos relacionado, con el inconveniente de no poder establecer semejanzas- diferencias puesto que el Daris sólo ha podido ser leído por algún curioso o por el especialista, pues permanece inédito. No extraña el que nadie se haya entregado a su estudio porque, en verdad, no es de una calidad excesiva, y su extrema longitud lo hace pesadísimo.

 

9. Antología (Libro cuarto)

Vamos a dar a conocer un fragmento de este libro para que se pueda tener una idea, en lo posible, del estilo de Ginés Pérez de Hita, generalmente conocido por Las guerras civiles de Granada y la polémica desatada desde final del XIX por la autoría del Quijote de Avellaneda [16].

ARGUMENTO De el libro quarto. Vase París en abito De Pastor a troya y en los Juego Hace cosas grandes De su persona conoçenlo por Hijo de Priamo. tocase la Historia De Venus y Marte. haze el Rey y los suyos liuaçion a los Dioses [17].

               La Fama estaba siempre muy atenta
                  encima (d)el alto Ilio con mil ojos
                  mirando las proezas de los teucros,
                  las fiestas y las grandes maravillas
5                que la plebeya gente ejercitaba
                  con gloria de su patria engrandecida.
                  Y visto que su oficio es solamente
                  decir y publicar los grandes hechos
                  que hacen los mortales en el mundo,
10              sus alas tiende y vuela por el aire
                  con su sonora trompa publicando
                  las cosas que el troyano bando hace.
                  Con esto, la sentencia juntamente
                  que dió Paris del don de la manzana.
15              Y, como quedó Venus con victoria,
                  aquesto se extendió de tal manera
                  que, de más, no se trata ni platica.
                  Bastante causa fue para que Marte
                  en amoroso fuego se encendiese
20              de Venus, sacra diosa en hermosura,
                  y tanto, que hubo de ir adonde estaba
                  con su Vulcano, artífice supremo
                  del hierro y de forjar crecidos rayos,
                  el cual estaba entonces muy contento
25              con su querida Venus tan hermosa.
                  Acaso Marte un día lugar tuvo
                  muy cerca de la fuente de Salmacis [18],
                  nombrada entre las ninfas de su tiempo
                  con muy eterna fama que volaba,
30              porque el gallardo Troco con la ninfa
                  Salmacis fue ayuntado y convertido
                  por los supremos dioses en un cuerpo,
                  aquí, pues, Marte vió a aquella reina
                  de la beldad al mundo peregrina,
35              y así como la vió así le dice:
                  Bien veo, diosa clara, que en el suelo
                  ni en todo el circuito de la tierra,
                  no se podrá hallar tu semejante
                  entre todas las diosas en belleza
40              y de esto basta el claro testimonio
                  que tienes contra Juno y contra Palas,
                  divinas en beldad entre las diosas,
                  pues, por ser más hermosa, les ganaste
                  aquel tan rico don de la manzana.
45              Sabrás que mi deidad ni fortaleza
                  ninguna parte has ido a defenderme
                  del inclemente golpe de tu hijo,
                  el cual sin más respeto, no mirando
                  que yo también soy dios del alto cielo
50              y tengo mi dominio en las batallas,
                  sin darle causa alguna, el arco corvo
                  blandió con dura mano, y con gran ira
                  disparó contra mí la vira [19] de oro,
                  abriendo mortal llaga acá en mi pecho,
55              que no fue parte mi acerado escudo
                  ni el defensivo arnés que tenía armado
                  que no pasase el duro y mortal hierro
                  y al corazón llegase crudamente.
                  Así con tal presteza fue esto hecho
60              cual suele el raudo río despeñarse
                  por las estrechas vías por do pasa
                  siguiendo el curso antiguo de sus ondas,
                  forzado de una lluvia impetuosa
                  causada y fabricada, en el estío,
65              de los nublados negros congelados,
                  de los vapores gruesos de la tierra
                  que con los duros rayos y los truenos
                  terribles y espantosos, oprimidos,
                  destilan agua gruesa en abundancia
70              envuelta con la dura y blanca piedra
                  con que se aumenta y crece su corriente,
                  saliendo de su antiguo y propio límite,
                  rompiendo por los campos espaciosos
                  las mieses y las frutas que el agrícola
75              con gran trabajo cura todo el año,
                  llevándolas la furia de sus aguas,
                  le dejan triste y pobre y sin hacienda [20];
                  y como cuando bóreas muy furioso
80              bramando sale de la oscura cueva
                  del dios Eolo y con inmensa furia
                  el mar asalta y hace que sus ondas
                  descubran el profundo de su centro
                  y brame con horrísono ruido
85              haciendo que Caribdis, monstruo horrendo,
                  y la furiosa Escila [21] la negra agua
                  levanten hasta el cielo horriblemente
                  poniendo en gran temor al mareante
                  trayéndole en el punto de perderse,
90              así, de esta manera, sacra Venus,
                  Cupido, hijo tuyo, me ha asaltado,
                  haciendo en mi un estrago irreparable,
                  sin haberle ofendido en ningún tiempo.
                  Y llega a tanto el daño, sacra diosa,
95              que si tú no socorres con tu mano
                  divina y poderosa, gran peligro
                  a mi deidad se ordena en este punto,
                  porque tu hermosura y tu belleza
                  es causa de este daño que te cuento
100            Por tanto, Venus sacra, yo te pido
                  mires en mi remedio tiernamente
                  pues sólo está en tu mano el remediarme.
                  Dios soy y diosa eres, no te esquives
                  que justa causa es que pague el daño
105            la madre que su hijo tiene hecho.
                  Calló el ardiente Marte y Venus dice:
                  Sangriento y fiero Marte;
                  si quiso el indomable niño ciego
                  mostrarte en esa parte
110            la fuerza de su fuego,
                  consuélate con Júpiter, te ruego,
                  que no fue reservado
                  de la dorada flecha de Cupido,
                  mas en supremo grado
115            mil veces fue herido
                  con ser el dios de todos más subido.
                  Ni aun al materno pecho
                  respeto le ha tenido el dios tirano,
                  que no diese despecho
120            con golpe de su mano
                  haciéndole sentir dolor insano.
                  Testigo el mozo ardiente,
                  al cual la bestia brava y carnicera
                  con su tajante diente
125            le dio la muerte fiera
                  en juvenil y tierna primavera,
                  y las errante lumbres
                  testigos de este daño tan cruel, fueron
                  fijadas en sus lumbres
130            deado resplandor dieron
                  al tiempo que a mi Adonis muerto vieron.
                  Y no tan solamente
                  con esto el niño ciego fue contento
                  que en otro fuego ardiente
135            me puso donde siento
                  con ansias y dolor nuevo tormento.
                  Anchises, el troyano
                  de casta de los dioses producido,
                  un tiempo el amor vano
140            lo hizo mi querido,
                  y de él y de mí salió un fruto escogido.
                  Aquel divino Eneas
                  a Júpiter en todo semejante
                  mi hijo es, y esto creas
145            y Ascanio, tierno infante,
                  de mi deidad es nieto, no te espante.
                  Y ahora el duro hado
                  permite y lo declara en su sentencia
                  que fue destrozado
150            el Ilio y su potencia
                  con fuegos extranjeros sin clemencia,
                  pasada la ruina
                  del muro de Dardano tan famoso
                  y la furia maligna
155            del fuego riguroso
                  irá mi Ascanio al mar tempestuoso.
                  Irán el hijo y el padre
                  al reino de Neptuno desterrados:
                  pues, ¿qué hará la madre
160            en ver tan duros hados
                  y a sus queridos hijos alejados?
                  Principio de estos males
                  la vira de oro es del niño ciego
                  allá entre los mortales
165            usara de su fuego,
                  dejara las deidad con sosiego.
                  Por tanto, sacro Marte,
                  aal quinto cielo ve do está tu asiento
                  y deja esotro aparte
170            no muestres sentimiento
                  a lo que el cielo ordena porque es viento.
                  Solamente quería
                  que tu deidad me fuese favorable
                  en que la gente mía
175            al daño memorable
                  hallase en tí reparo saludable,
                  y que en los rompimientos
                  de las sangrientas armas dolorosas,
                  y casos tan sangrientos,
180            y lamentables cosas,
                  les busques las que son menos dañosas.
                  Y si tú haces esto,
                  te juro por la Estigia y su corriente,
                  que es lo que puedo en esto,
185            jurar divinamente
                  de cumplir tu deseo y llama ardiente.
                  Calló la sacra diosa y tiernamente
                  mostró en su alma un cierto sentimiento
                  envuelto en su deidad maravillosa,
190            y el sacro Marte luego le promete
                  de dar favor y ayuda a los troyanos
                  y ser leal padre y muy propicio a Anchises,
                  y a su querido Eneas y a su Ascanio,
                  y darle eterno pueblo en que viviese
195            y que sus armas todas colgarían
                  con gloria sin igual, y dentro, en su templo.
                  La diosa Venus luego sonrióse,
                  mostrando el rostro bello como cuando
                  el alba matutina se descubre
200            cercada y adornada de colores.
                  Y con un mirar dulce al sacro Marte
                  se muestra grata, blanda y amorosa.
                  Y luego, en aquel punto, en una nube
                  ligera, muy hermosa y rutilante,
205            a su cithera [22] van donde tenía
                  la sacra Venus casa como cielo,
                  así tan transparente y tan lucida:
                  aquí los dos tuvieron sus amores
210            que tanto por el mundo se cantaron.
                  Acaso un día Febo, de pasada,
                  como a sus rayos de oro no se encubre,
                  cosa que él no la ve patentemente,
                  notó el insulto grande y adulterio
215            en que la sacra Venus y el gran Marte
                  estaban, y de envidia que le vino,
                  porque él quisiera estar de aquella forma,
                  con Venus hermosísima en extremo,
                  se fue donde Vulcano estaba obrando
220            de hierros duras armas en su fragua,
                  y dícele del caso feo y crimen
                  que pasa, y cómo Venus no le guarda
                  la lealtad que debe al matrimonio,
                  y cómo está con Marte a su contento
225            en cosas muy lascivas ocupada. (Continúa).

 

NOTAS

[1] Anónimo, Libro de Alexandre (Jesús Cañas, ed.), Madrid, Cátedra, 1988, pp. 199-281.

[2] Ramón Menénez Pidal, “La métrica de la Historia troyana y la del Libro de buen amor, en Historia troyana. Madrid, R. Aguirre, 1934, Revista de filología española, anejo XVIII. Intro. xxxi-xxxv.

[3] Ramón Menéndez Pidal, “Historia Troyana Polimétrica”, en Tres poetas primitivos, Buenos Aires, Espasa Calpe, 1948, pp. 81-148.

[4] María Rosa Lida de Malkiel, La tradición clásica en España, Barcelona, Ariel, 1975. Dido en la literatura española. Su retrato y defensa, London, Támesis books limited, 1974.

[5] R. S. Willis, The Relationship of the Spanich “Libro de Alexandre” to the Alexandreis of Gautierde Châtillon, Princeton, 1934, y Tehe Debt of the Spanich “Libro de Alexandre” to the French Roman d’Alexandre, Princeton, 1935.

[6] María Rosa Lida de Malkiel, Notas para el texto del "Alexandre" y para las fuentes del "Fernán González", 1945, pp. 47-51. Vid., además, “Arthurian Literature in Spain and Portugal”, en Arthurian Literature in the Middle Ages: a collaborative history, ed. R. S. Loomis, Clarendon Press, Oxford, 1959, pp. 406-418; trad. esp. «La literatura artúrica en España y Portugal», en Estudios de literatura española y comparada, Buenos Aires, Eudeba, 1966, pp. 134-148.

[7] Carlos García Gual, Primeras novelas europeas, Madrid, Istmo, 1974, pp. 101-127. Vid., además, “Don Homero en el Libro de Alexandre”, en Lecturas y fantasías medievales, Madrid, Mondadori, 1990, pp. 151-164.

[8] “La historia de Troya fue mejor conocida en el período medieval por la Ilias latina y por el De excidio Troiae historia (siglo VI), falsamente atribuido a Dares de Frigia” (Enrique Celis Real. “Fuentes literarias de El libro de Alexandre”, en El Libro de Alexandre, [en línea]. Realizado por Enrique Celis Real. 1997. Dirección URL: http://parnaseo.uv.es/Lemir/Revista/Revista2/En_Celis/Lib_Alexandre.html#cc. [Consulta. 16 julio 2005].

[9] Las versiones de la guerra de Troya de Benoît de Sainte-Maure, Roman de Troie (h. 1160), de Joseph of Exeter, De bello troiano (h. 1188) y de Guido delle Colonne, Historia destructionis Troiae (1287), se basan en la Ephemeris belli troiani de Dictis Cretense (s. IV d. C.) y en el De excidio Troiae Historia de Dares Frigio (s. VI d. C.). Hay una edición moderna: Dictis de Creta, Ephemeris belli Troiano (Diario de la guerra de Troya). Edición bilingüe. Introducción y notas: M. A. Marcos Casquero, León, Junta de Castilla y León. Consejería de Educación y Cultura, 2003.

[10] Pilar García Morencos, Crónica Troyana, Madrid, Editorial Patrimonio Nacional, 1976, pp. 18-20.

[11] Francisco López Estrada, “Introducción a la Edad Media” en Historia de la Literatura española e hi2panoamericana, Madrid, Orgaz, 1980, pp. 25-26.

[12] Anónimo, Libro de Alexandre (Jesús Cañas, ed.), Madrid, Cátedra, 1988, pp. 11-82.

[13] Manuel Muñoz Barberán-Juan Guirao García, Aportaciones documentales para una biografía de Ginés Pérez de Hita, Lorca, Ayuntamiento de Lorca, 1975.

[14] Manuel Muñoz Barberán-Juan Guirao García, De la vida murciana de Ginés Pérez de Hita, Murcia, Academia Alfonso X el Sabio, 1987, p. 83: “Ginés Pérez poseía muchos libros (en 1599, compra libros por valor de 44 ducados). Ginés Pérez poseía una cultura autodirigida ...”

[14] Guido delle Colonne, Historia de la destrucción de Troya, Manuel Antonio Marcos Casquero (ed.), Madrid, Akal, 1996.

[16] Los estudiosos lorquinos se han ocuoado de la autoría del Quijote apócrifo. Así, es atribuido por Joaquín Espín Rael a Quevedo (Investigaciones sobre el Quijote Apócrifo. Espasa Calpe, Madrid, 1942); por Manuel Muñoz Barberán a Pérez de Hita (Sobre el autor del Quijote Apócrifo. Nogués, Murcia, 1989), y recientemente a Suárez de Figueroa por Enrique Espín Rodrigo: El Quijote Apócrifo fue obra del doctor Christoval Svarez de Figueroa y se imprimió en Tarragona con licencia auténtica, en casa de Felipe Roberto. Edición no venal. Lorca, 1993.

[17] A partir de este momento modernizo la escritura y dispongo correctamente los signos ortográficos.

[18] Salmácide, ninfa de una fuente, se enamoró de Hermafrodito que la rechazó. Aprovechando que un día el joven se bañaba en sus aguas, le abrazó fuertemente, pidiendo a la vez a los dioses que sus cuerpos jamás pudieran separarse. Así lo hicieron los dioses uniéndolos en un ser de doble naturaleza.

[19] vira: flecha.

[20] Lorca era y fue tierra propicia para las grandes tormentas que, en ocasiones, acaban en riadas, la última en 1973. Pérez de Hita debió sufrir alguna cuando vivió en la ciudad.

[21] En el original Silla. Pienso que se olvidó la c el escribano, pues escribían la palabra latina, Scilla.

[22] En el lenguaje poético, Citera, isla griega, se convirtió en una isla encantada, patria alegórica de los amores; es decir, van a un lugar de amor.

 

José Luis Molina Martínez. Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Murcia. Docente de secundaria jubilado. Pertenece al Grupo ERA (Estudios de Retórica Actual)

 

© José Luis Molina Martínez 2005

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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