De la concepción del hipertexto al concepto del discurso

Tatiana Sorókina

Universidad Autónoma Metropolitana
Unidad Xochimilco
México, D.F.


 

   
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El hipertexto se comprende de dos maneras diferentes. Una permite asociarlo con una totalidad informativa que se retiene por medio de la computadora. Otra implica únicamente las páginas o sitios de Internet. Tal parece que a veces las dos se confunden, lo que tiene sus consecuencias en la práctica del manejo de la tecnología cibernética.

La primera acepción del hipertexto comprende una organización o estructura específica de un espacio informativo en la que se integran datos de cualquier índole semiótica potencialmente ligados entre sí, debido a que la base de esta vinculación está constituida tanto por la lógica como por relaciones asociativas. La particularidad del sistema hipertextual se encuentra en su aptitud prácticamente ilimitada de incorporar diversos tipos de información y, además, de modo tal que lo verbal, lo visual y lo sonoro se conjugan sin la necesidad de sustituirse uno por lo otro, como sucede en otros tipos de estructuras. La organización hipertextual, en este sentido, se manifiesta abierta, combinatoria y transformable, no lineal, organizada caóticamente, sin centros ni periferias. Frecuentemente la trazan como una red con nodos y la describen en términos de configuraciones rediales. Esto es cierto, pero solamente en parte, porque la distancia entre los nodos (algunos son más cercanos y otros aparecen más lejanos) conduce a la idea de los centros y periferias y, finalmente, a las jerarquías lineales, lo que no tiene ni la más mínima relación con la noción del hipertexto. Los constituyentes de la información estructurada como hipertexto no tienen nada que los distancie entre sí en ninguno de los sentidos; al igual que el atributo de dimensión no es relevante para la idea de información, pues no tiene principio ni fin. Es lo fundamental para comprender el carácter sistémico del hipertexto independientemente de la cantidad, el contenido, la forma y la función de las parcelas informativas.

En un acercamiento teórico, el hipertexto se parece mucho a la noción de la mente [1]: ambos son abstracciones conjeturales relacionadas a la información, pertenecen al mismo nivel de generalidad y pueden ser descritos en términos del “caos organizado”. Claro está que no se trata de dos fenómenos antagónicos, ni contrarios, ni que compiten entre sí. A pesar de que ambos son conceptos, es decir, artefactos filosófico-metodológicos, no obstante pertenecen a mundos completamente distintos: uno, al ambiente técnico-tecnológico y el otro, a la naturaleza humana. Con todo, las analogías son válidas y bastante útiles e igual que ésta muestran suficiente semejanza entre los conceptos, además, en un aspecto substancial, a saber: en sus características funcionales. Asimismo tiene lugar una diferencia: la mente humana representa una especie de receptor y procesador de la información percibida, pero sólo la expone circunstancial o requeridamente; en general se exterioriza una parte mínima de todos los datos acumulados. En cambio, la estructura hipertextual con el soporte cibernético genera -por lo demás, a una velocidad vertiginosa y en cualquier momento- gran cantidad de diferentes tipos de datos. (Merece la pena mencionar otra diferencia que se refiere a la forma de almacenamiento de información. Si en el caso de la mente humana, más exactamente del cerebro humano, éste actúa de dos formas contrarias: consciente e inconsciente, la mente computacional siempre es -metafóricamente dicho -consciente. El “cerebro” cibernético no puede desempeñar su función sin el “soporte” del hombre o, hablando de otra manera, la estructura hipertextual puede ser almacenada sólo con la intervención por parte del usuario.) La comparación de la mente cibernética con la humana permite ilustrar, tal vez, de modo más económico la idea de que el hipertexto tiene que ser visto como un todo, como un sistema, incluyente y expansible y no ser desagregado en las singularidades prácticas de lo visible.

Por otro lado, y precisamente esta es su significación más habitual, con el término de hipertexto se denotan directa y únicamente los sitios o páginas electrónicas. En definitiva, tal punto de vista expone sus límites innegables. La estructura de una página electrónica se compone primordialmente como lineal, aunque, tal vez, a primera vista se percibe como desordenada. Lo que se ve en la pantalla del monitor se puede comparar con la composición de un cuadro pictórico donde el marco y los elementos de perspectiva determinan o sugieren los posibles trayectos de la observación. La información, en su totalidad, se presenta en forma ordenada y con visibles jerarquías de prioridad: la manita de ligas muestra los nodos “preferentes”, establecidos por el autor y seleccionados por el lector dentro de las páginas de Internet. En este caso, la idea de hipertexto se reduce a una representación particular: una parte del todo.

A la vez, las páginas electrónicas, que normalmente se perciben muy diferentes entre sí y visiblemente separadas, no pueden formar un conocimiento sistémico del hipertexto, sólo se sabe (o se intuye) que lo integran. Además, la gran mayoría de los sitios virtuales, ni siquiera de manera insinuante, se proyectan hacia otros relacionados con los mismos temas, funcionan independientemente; tampoco revelan alguna disposición hipertextual interna y habitualmente se componen en forma tradicional: lineal y coherente, sólo mostrando cierta apertura hacia la fragmentación por medio de índices de diferentes niveles. A pesar de su soporte técnico avanzado, se comparan más con el libro impreso: las antologías o enciclopedias les son muy similares. Sólo desde este particular punto de vista, pueden ser entendidas, pero difícilmente adoptadas, las afirmaciones de que “no existe un modelo único de hipertexto, así como tampoco existe un modelo único de códice” [2:202]. Para comprender la naturaleza y esencia del fenómeno del hipertexto es imprescindible observarlo desde un enfoque sistémico e integral apartándose de las producciones concretas: las páginas virtuales sobre temas específicos. En el caso contrario, no se verá el bosque detrás de los árboles.

Sin duda alguna, vistas desde la perspectiva sincrónica, las páginas virtuales varían de una a la otra en sus temas, metas y diseño; también pueden ser modificadas constantemente, abandonadas o, en un momento dado, desaparecen del directorio. No se puede decir lo mismo sobre el hipertexto: su estructura no puede ser modificada (sus rasgos distintivos permanecen invariables), ni abandonada (no es construcción de nadie), ni desaparecida (como un elemento abstracto es virtualmente eterna). Pero lo que sí se puede manifestar es que todos los sitios electrónicos tienen que seguir el mismo patrón de la estructura hipertextual. La realidad actual no lo muestra cabalmente, porque las páginas virtuales aún utilizan las estructuras lógicas (lineales) y los arquetipos tradicionales que, en su época, sustituyeron el formato anterior de libros en rollo por uno nuevo, el codex; además, ninguno -en su percepción completa y compleja- se limita a un medio concreto. Lo que en definitiva une todas las presentaciones cibernéticas se refiere más a un soporte tecnológico o un medio común para todos, que a un concepto reformador, lo que realmente pretende representar la noción del hipertexto.

Las reflexiones teóricas acerca del hipertexto como un exhaustivo sistema estructural se refieren directamente al campo de la información, su almacenamiento y fijación; más aún, el concepto surge debido a las investigaciones de la informática. Desde esta perspectiva, la información se entiende no como unos datos esporádicos provenientes de unas tantas fuentes, sino como una compleja aglomeración de todos los tipos de expresión. La presencia material de información se asegura en y mediante diferentes soportes tecnológicos; la selección de éstos, a su vez, depende de la época y del tipo de información que se transmite. Así, los músicos, pintores, científicos o poetas utilizan sus propias herramientas de producción. La época actual se caracteriza por la tecnología eléctrica (McLuhan) digital y cibernética, y con ésta adviene un nuevo paradigma científico, inseparable de la invasión informacional. Es a partir de los mediados del siglo XX cuando surge el concepto del hipertexto. A pesar de que es ambigua y, por lo tanto erróneamente utilizada, la etimología del término hipertexto insinúa su aproximación con el fenómeno de escribir, una actividad vinculada mayoritariamente con el conocimiento mantenido por la información necesaria.

Como es de sentido común, la función de escritura es extender los poderes intelectuales, artísticos y emocionales, asimismo los de comunicación. La posibilidad de ejecutar estos poderes mediante los símbolos o signos establecidos -por lo menos temporalmente- en una cultura u otra implanta virtudes diferentes en comparación con las facultades de la oralidad. También la escritura se descubre paralelamente con el desarrollo tecnológico, ya que sin los materiales o instrumentos para escribir hubiera sido inimaginable.

En este caso no se trata de una escritura concreta: las formas, las estructuras y los principios se defieren en cada zona geográfica y cultural. (La más difundida mundialmente es la escritura fonética o alfabética, lo que se debe a la propagación de la cultura llamada occidental). Aquí se emplea la noción ontológica de la escritura independientemente de sus variantes y de los tipos de herramienta utilizada. La idea de la escritura, que perfila Cardona [3], no se articula en torno a las formas de escritura sino que se enfoca en lo funcional de esta actividad humana. Escribir, entonces, significa plasmar las experiencias y el sentir del hombre en y por medio de los artefactos inventados y cada vez más perfeccionados para esta tarea especial.

Es obvio que la actividad escritural se emplea alrededor de la información. En cierto sentido, se le subordina y al mismo tiempo la “administra” estructurándola y dándole un formato adecuado. La información no puede ser imaginada sin que esté exteriorizada a través de la escritura: en una u otra de sus formas (lineal o no lineal) y mediante los dispositivos escriturales por diferentes que sean.

El hipertexto, a su vez, también puede ser desplegado en términos de escritura. La concordancia entre los dos fenómenos es obvia. El concepto de hipertexto está originado en la idea del ordenamiento de la información. El surgimiento de la escritura se debe al procesamiento y la transmisión de la información. La escritura como tal se relaciona con la organización de la información (según un idioma o cultura concreta); el hipertexto representa un principio sistémico- organizacional. En ambos casos se puede hablar de los soportes tecnológicos: ninguno es asequible sin una maquinaria especial. Sin embargo, la escritura, en términos generales, no se adhiere a los medios de producción, ni de reproducción determinados invariablemente; es un fenómeno de múltiples presentaciones. Se conocen formas escriturales muy variadas: sobre la arena, o en piezas de piel animal, los quipus o las conchas de diferentes tamaños y formas. De la misma manera, los principios hipertextuales se encuentran con facilidad en las enciclopedias, en las estelas de barro o piedra, en las novelas impresas o los códices de los antiguos, sin olvidar las producciones computacionales. Todos estos elementos conducen no sólo al paralelismo entre la escritura y el hipertexto sino que permiten hablar del hipertexto como una forma de la escritura nueva cuya herramienta de producción es la tecnología cibernética. Esta escritura puede ser denominada escritura hipertextual o electrónica (por su organización o por su soporte).

A su vez, la escritura se plasma en los discursos. De inmediato éstos se asocian únicamente con una entidad meramente lingüística, con un texto y, actualmente, con un texto impreso respaldado por los derechos de autor. En realidad, el concepto de discurso adquiere dimensiones mayores, precisamente aquellas que esbozó Foucault [4] interpretando el término de texto como equiparado con el de la situación o circunstancia discursiva. Este concepto de discurso -del mismo nivel conjetural que tienen las nociones del hipertexto y la escritura- permite hablar de los cambios sustanciales en el terreno teórico. Sería en vano discurrir acerca de la inminente relación entre el conocimiento como tal y su aplicación en la vida profesional o cotidiana.

Las exploraciones de Foucault conducen a una idea de discurso más allá de las locuciones lingüísticas, sin embargo, parten únicamente de los textos escritos. Entonces, por un lado, se observa el desarrollo de la teoría del texto hacia la teoría del discurso, es decir, el todo (aquí, el texto) se convierte en parte de un sistema mayor (del discurso) mediante la inclusión de un elemento nuevo y externo al sistema anterior: el contexto histórico-existencial. De allí, el texto empieza a comprenderse no como objeto in se ni per se, menos todavía como una expresión primordialmente lingüística, lineal y acabada; por el contrario, el texto se convierte en un sustento exegético, libre y abierto para su lector. Las consecuencias de esta transformación teórica se reflejan en las indagaciones sobre la función del lector y su papel (trascendental) en el proceso interpretativo de discursos.

Dicho sea de paso, la teoría de texto si no ha sido suficientemente profundizada, por lo menos es atendida por la lingüística contemporánea desde diferentes enfoques: formales, estructurales, estilísticos y pragmáticos. Merece la pena insistir en que aún se toman como fundamentales los textos coherentes, lineales y acabados, en que definitivamente tuvo influencia la escritura alfabética y el medio impreso de su producción condicionándolos a ciertos límites. En un ambiente totalmente diferente, el concepto y la teoría de texto cambian sustancialmente, ya que el medio cibernético, por su capacidad tecnológica, ofrece posibilidades y prácticas antes desconocidas. Naturalmente, las actividades mantenidas por la computadora, además conectada a la red, tienen que corresponder a los ejercicios adecuados y ajustados al medio. Es lo que es difícil encontrar actualmente: todavía los paradigmas y esquemas prácticos anteriores predominan en el manejo del medio que es verdaderamente nuevo.

Como siempre, las especulaciones teóricas tienen que cumplir su función pragmática y orientar, por lo menos de manera general, a los individuos sometidos en este medio, cómo se puede ejercer las prácticas pertinentes. Aquí será de gran utilidad recordar los conceptos reformados de escritura y discurso, al igual que la noción de hipertexto como un todo. Es decir, mucho más que la propia industria -por lo regular intuitiva y muy específicamente reducida- de las páginas electrónicas, precisamente las conjeturas teóricas tienen que auxiliar y proyectar el manejo de la técnica cibernética hacia la verdadera producción electrónica; más aún si se trata de la antigua práctica discursiva. Es importante subrayarlo para que cambie la inoportuna costumbre, convertida en un vicio posmodernista, de componer las páginas electrónicas al estilo, por ejemplo, de las páginas de libros.

Las modificaciones teórico-prácticas tienen que girar en torno a varios aspectos. En primer lugar, adquiere gran importancia el conocimiento del medio cibernético en su totalidad desde la perspectiva tecnológica para darle un uso apropiado. Es imposible elaborar algo pertinente sin saber de lo específico que ofrece la herramienta computacional; los resultados son diferentes si la información se percibe y se procesa en medios diferentes: impresa o digitalizada, auditiva o visual. De hecho, la mayoría de los casos fallidos de los sitios electrónicos están relacionados con la falta de este conocimiento. Lo que se hace por lo regular es elaborar algo a base de las técnicas y tecnologías conocidas y posteriormente trasladarlo, copiando o escanneando, a la computadora como si fuera un producto original.

En segundo lugar, se trata de los contenidos que pueden ser adquiridos desde la pantalla del monitor. Por un lado, ¿qué tipo de información y con qué propósito puede ser almacenada en la mente computacional? Por otro lado, ¿cómo enfrentarla y aprovecharla? Aquí la pragmática debe ser vista desde la perspectiva del autor, o mejor dicho de los autores, de las páginas y, a la vez, desde el enfoque del usuario. Comprender que con la tecnología computacional también llegaron las transformaciones relacionadas con los viejos conceptos de autor y lector significa cambiar la práctica discursiva de manera sustancial.

Debido a que la estructura hipertextual es abierta e incluyente, todo tipo de información tiene cabida en ella. En este sentido, la selección rigurosa del material no tiene relevancia (no se trata aquí de los casos execrables del uso de la información; es un tema para próximas investigaciones). Lo mismo se puede referir a los propósitos que pueden variar y reflejan la heterogeneidad de las actividades. La prioridad, entonces, adquiere la presentación o el diseño (formal y composicional), como lo acentúa Palma Castro: “Si en las publicaciones impresas en papel [el diseño] influye para la aceptación entre los lectores, en las electrónicas se ha vuelto una cuestión de legitimidad” [5:67]. Independientemente de la cantidad de los bloques informativos de vez en cuando entrelazados entre sí, existen los circuitos cerrados o los mini-discursos particulares, y depende de las metas del usuario si lo selecciona o no para su trabajo, necesidad cotidiana o diversión.

Las reflexiones teóricas sobre el hipertexto en el medio digitalizado tienen su aplicación pragmática y se relacionan con los procedimientos de escribir de manera diferente. La nueva escritura, que puede llamarse electrónica o hipertextual, apunta hacia una práctica discursiva renovadora, es decir, hacia una experiencia de capturar la información y crear los discursos directamente en y para el medio cibernético. El usuario (tanto en función del autor como del lector) tiene que estar consciente de la diversidad semiótica de los discursos electrónicos. El diseño de los sitios debe subordinarse evidentemente a esta idea liberándose de la primacía de las expresiones verbales; lo mismo se refiere a otros signos, como las imágenes y los elementos auditivos, que tampoco tienen que mostrar su primacía. La justa escala será una combinación proporcionada entre los diferentes tipos semióticos, donde ningún signo debe prevalecer ni subordinarse a otro [6]. Este presupuesto se debe exactamente al carácter no jerárquico de la estructura hipertextual.

Otro rasgo sustancial de la escritura electrónica corresponde al principio de fragmentación y ramificación del discurso. Lo sorprendente aquí es que uno de los limitantes serios es el espacio. Si un texto tradicional, impreso en formato de libro, termina con la última página, el discurso virtual se limita más todavía, a una pantalla o dos (es una opinión personal basada en la experiencia propia y en la observación). En la computadora, la lectura de una sola exposición más prolongada se vuelve indolente. Si los discursos son extensos, no hay otra manera de su lectura que en forma impresa. Es obvio que en el papel se pierde otro elemento significativo que ganó la herramienta computacional, la interactividad. Sin embargo, si el discurso es exclusivamente verbal la impresión facilita su percepción.

Asimismo, la elaboración de los discursos hipertextuales obedece a la necesidad de establecer ligas entre diferentes nodos informativos. De hecho, gracias a esta característica, muy evidente, muchas veces un discurso se define como el hipertexto. Existen varias maneras de ramificar la información; con todo, la mayoría de las páginas existentes se encierran en su propio sitio reduciendo las posibilidades del potencial del espacio hipertextual en su totalidad. Llamar un sitio hipertexto realmente es mostrar un apego al método anticuado de trabajo con los textos lineales. Hablando de la ramificación o, en otras palabras la hipertextualización, es necesario reconocer que todavía no se han elaborado las técnicas eficientes para realizar este trabajo, con lo que se puede admitir que la teoría del hipertexto aún se encuentra en un estado de exploraciones donde no es suficiente componer las páginas electrónicas buscando las salidas eficientes a ciegas o por medio de errores.

El lector-autor del ámbito cibernético (el usuario), que se presenta en el escenario mundial de la información contribuyendo sus discursos -lógicamente hipertextuales- a la red, está condicionado por tener un conocimiento previo, no necesariamente exhaustivo, sobre su medio. La producción de páginas electrónicas, tan de moda actualmente, implica un suficiente dominio de los métodos y las técnicas, pero se olvida que éstas se auxilian por un principio o concepto teórico. A su vez, de la puntualidad teorizante dependen las consecuencias empíricas que se relacionan con las expectativas de la composición y navegación por el espacio informativo. Es algo similar al manejo de un auto: por un lado, el cumplimiento de las reglas de transporte aprendidas, por otro lado, el conocimiento de las partes del automóvil hacen más eficientes y seguras las maniobras de tránsito; así como se muestra el nivel del profesionalismo del conductor. Conducir un caballo (otro medio de transporte) implica conocimientos y prácticas diferentes. El discurso electrónico se diferencia notoriamente de los tipos discursivos precedentes: la tecnología digitalizada hipertextual ha creado nuevas posibilidades para el hombre. La tarea del ciber-usuario es, entonces, aprenderlas y desarrollar las habilidades nuevas.

 

BIBLIOGRAFÍA

[1] Sorókina, Tatiana. La tecnología del saber escrito: el hipertexto en el medio cibernético. Universidad Autónoma Metropolitana, México, 2002

[2] Vandendorpe, Christian. Del papiro al hipertexto. Ensayo sobre las mutaciones del texto a la lectura. Fondo de Cultura Económica, Argentina, 2003

[3] Cardona, Giorgio R. Antropología de la escritura. Gedisa, Barcelona, 1994

[4] Foucault, Michel. Las palabras y las cosas. Siglo Veintiuno Editores, México, 1997

[5] Palma Castro, Alejandro. Redvistas. Catálogo de la poesía por Internet (1996-2001). Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México, 2004

[6] Sorókina, Tatiana. “El hipertexto: una escritura plurisemiótica”. En: Anuario de semiótica Un año de diseñarte MM1, 2001, No.3

 

© Tatiana Sorókina 2005

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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