José Asunción Silva, a 140 años de su nacimiento
“Mientras otros percibían el mundo,
Silva se percibía a sí mismo”

Manuel Guillermo Ortega
(Guillermo Tedio)

mortega@metrotel.net.co
Universidad del Atlántico
Facultad de Ciencias Humanas
(Barranquilla - Colombia)


 

   
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José Asunción Salustiano Facundo Silva nace en Bogotá en 1865, y se suicida en la misma ciudad, en 1896, a los 31 años. Podríamos sopesar algunos hechos importantes en la vida del poeta santafereño, para relacionarlos con la visión del mundo que va a manifestar en sus poemas y novela. Al leer la obra de Silva, observamos que estamos frente a una concepción trágica del mundo, seguramente emanada de ese sufrimiento al que se tuvo que enfrentar su hiperestésica sensibilidad.

En 1884, va a Europa donde permanece dos años, viajando por Francia, Suiza e Inglaterra. Lee a Victor Hugo, Becquer, Baudelaire, Edgar Allan Poe, Schopenhauer. Como José Fernández, el personaje central de su novela De sobremesa, Silva quiere “sentirlo, verlo y adivinarlo todo”. Al morir el padre, Silva tiene que ponerse al frente del hogar y del negocio, un comercio de artículos de lujo importados (porcelanas y objetos de arte). En 1891, muere su hermana Elvira, desaparición que lo colma de una infinita tristeza. En 1885, en viaje de regreso de Venezuela, naufraga en mares colombianos el vapor “América”. En el naufragio se pierde la mayor parte de los manuscritos de Silva, quien era secretario de la Legación de Colombia en Caracas, durante el gobierno de Rafael Núñez. Este había trasladado la sede del gobierno para “El Cabrero”, en Cartagena. De nuevo en Bogotá, Silva lucha por salir de la ruina con un negocio de fabricación de cemento y baldosines pero fracasa. De él, dice Baldomero Sanín Cano, maestro, consejero y amigo de Silva : “Logró en el medio adverso donde hubo de agitarse, convertir su organismo en la más delicada máquina de sufrir”.

En torno a Silva crece la incomprensión de la mayoría de sus vecinos. Como dice Carlos Arturo Caparroso: “Ni creen en el iluso negociante ni gustan del novedoso poeta. [...] Le asedian a burlas, ridiculizan sus versos. Su ironía, sus exotismos, sus maneras de elegante dandy (se decía que perfumaba la estilográfica) exasperaban a sus malquerientes”. Hasta tal punto les resultaba pretencioso que no lo llamaban José Asunción Silva sino José “Presunción” Silva. Todo lo anterior, sumada la muerte de su hermana, la “divina Elvira”, lo llevó a que la noche del 23 de mayo de 1896, se diera un tiro en el corazón. Dice un amigo: “La muerte fue instantánea. Para ejecutar con facilidad su gesto, se había quitado la americana, el chaleco y la camisa, y había vestido su camisa de dormir, conservando el pantalón, negro a finas rayas blancas, las medias punzó de seda -de moda entre los dandies de la época- y los zapatos charolados. En ese traje lo pusimos en el ataúd”.

Muy poco fue lo que Silva publicó en vida aunque con frecuencia leía a sus amigos los textos que escribía. Tal vez razón tenía Jorge Gaitán Durán cuando decía que el suicidio o el exilio son las únicas posibilidades de salvación del hombre colombiano. Tal situación se evidencia en el caso de José Asunción Silva.

Aunque vivió en el siglo XIX, a Silva hay que ubicarlo en el XX por dos razones fundamentales: Primera, porque su obra vino a publicarse póstumamente en el siglo XX. Dice Caparroso: “Sólo después de la muerte se inició para Silva su carrera de gloria. Los periódicos y revistas, a partir de 1896, comenzaron a difundir sus versos. Y una crítica favorable y revaluadora, ya en auge el modernismo, a comentarlos ampliamente”. La primera edición organizada, aunque plagada de errores, se produce en 1908. La segunda razón para ubicar a Silva como poeta del siglo XX se encuentra, en palabras de Fernando Charry Lara, en que sus poemas están más cerca de la sensibilidad poética contemporánea. El mismo Anderson Imbert reconoce que Silva es de todos los poetas colombianos del siglo XIX, el único que habla de la sensibilidad poética de hoy. Y agrega: “Mientras los otros modernistas percibían el mundo, Silva se percibía a sí mismo”.

Aunque prefiero Gotas amargas a los merecidamente famosos “Nocturnos”, quiero destacar en el tercer “Nocturno” (“Una noche toda llena de perfumes y murmullos...”) su carácter de poema lírico con cierta andadura narrativa y una presencia extraña y única del fantástico escatológico a lo Poe, al percibirse la proyección de dos sombras, habiendo un solo cuerpo, sobre la “estepa solitaria”.

La novela De sobremesa, de Silva, fue escrita entre 1886 y 1887 y publicada en 1920, póstumamente. Aunque escrita con un lenguaje cargado de bisuterías modernistas (retoricismo campanudo) no tan presente en su primera poesía, y francamente ausente en Gotas amargas, esta novela nos muestra a un personaje (José Fernández, un alter ego de Silva), mezcla de crápula y asceta, de santo y demonio, acosado por un hambre de universalidad y de conocimiento. “Ah, vivir la vida, eso es lo que quiero, sentir todo lo que se puede sentir, saber todo lo que se puede saber, poder todo lo que se puede...”. Y otro personaje de la novela, la Rusa, ha escrito en su diario: “Para ser feliz, necesito todo, el resto no me basta”. En esta novela, hay que reivindicar a Silva como pionero del tema del latinoamericano en Europa (eje Santa fé de Bogotá-París) puesto de moda en el Boom por la narrativa cortazariana (eje Buenos Aires-París). Como Silva, José Fernández está poseído por la loca pasión del lujo y el confort, la buena comida, las comodidades, las sensaciones nuevas, incluyendo el opio. Lo contrario de los personajes medianos del regionalismo o costumbrismo, descritos, en esa época, en Colombia, por los desinformados escritores contemporáneos de Silva, Fernández tiene el vicio y la pasión de conocerlo todo. Armando Romero anota que con De sobremesa, Silva “buscaba romper con las ataduras realistas y regionalistas de su época y ya en los marcos de la novela artística, dar entrada al autopersonaje, al individuo creador consciente de los enfrentamientos violentos propios de la naturaleza cambiante del hombre”. En efecto, aporte fundamental de esta novela es la técnica de incluir un relato dentro del relato, es decir, el establecimiento de dos niveles narrativos. Mucho más tarde, el uso del relato dentro del relato (metanarración) va a ser una característica muy notoria en la narrativa de vanguardia y más tarde en la literatura del Boom. Después de la refinada cena ofrecida por José Fernández a sus amigos, les lee una novela escrita por él y en la que él mismo es el personaje protagonista. El espacio de esta narración metadiegética está representado fundamentalmente por las ciudades de Londres, París y Ginebra.

La obra de Silva es corta. Se reduce a tres libros (o quizás escribió más, por lo que se sabe de los volúmenes perdidos en el naufragio, de los cuales se mencionan: Cuentos negros, Los poemas de la carne, Las almas muertas), que fueron publicados después de su muerte. Esos tres volúmenes son: El libro de versos, que comprende unos cincuenta poemas aproximadamente; Gotas amargas, que contiene unos trece poemas, y la novela De sobremesa. Esta parquedad confirma en Silva una actitud crítica ante el lenguaje, como si quisiera expresar ante tanto ruido de un país tradicionalmente retórico, que el silencio es una obligación. En un país donde los poetas eran los políticos, los gramáticos y los miembros de la Academia de la Lengua, no quedaba otra salida, para los poetas profundos, sino la de un lenguaje parco, esencial, des-retorizado, contrario al almibarado tono de la poesía oficial.

Para terminar, quiero señalar que la crítica ha marcado tres etapas en la poesía de Silva. En la primera, es romántico con influencias de Becquer. Por supuesto, no es el romanticimo de un Julio Flórez, cargado de melodramatismo, féretros y olor de cementerio. En Silva se expresa un dolor tocado por la amargura y el pesimismo, dada su visión trágica del mundo. La segunda etapa corresponde a una tendencia al simbolismo y la estilización en la que alcanza una actitud muy personal a través de procedimientos ya definitivamente originales, como se siente en los famosos “Nocturnos”. La tercera etapa es una poesía de fondo amargo y sarcástico, poesía realista, desencantada, escéptica e irónica. Esa es la actitud que recorren, salvo una o dos excepciones, los poemas que conforman Gotas amargas, el libro más interesante de Silva y con el que se adelanta a su época, marcando los rumbos vanguardistas que más adelante tomaría la poesía en algunos solitarios como Luis Carlos López, León de Greiff, Aurelio Arturo, Nicanor Parra.

 

Bibliografía:

-CAMACHO GUIZADO, Eduardo. Sobre literatura colombiana e hispanoamericana. Bogotá: Colcultura, 1978.

-CAPARROSO, Carlos Arturo. Dos ciclos de lirismo colombiano. Bogotá: Instituto Caro y Cuervo, 1961.

-CHARRY LARA, Fernando. Lector de poesía. Bogotá: Colcultura, 1975.

-CÓRDOBA RUBIO, Roberto. “Apuntes para un estudio de la relación José Asunción Silva y Luis Carlos López”. En: Polifonía No. 1. Barranquilla, Universidad del Atlántico, octubre-noviembre-diciembre de 1997.

-ROMERO, Armando. “Ausencia y presencia de las vanguardias en Colombia”. En: Revista Iberoamericana No. 118-119, enero-junio de 1982.

-SILVA, José Asunción. Obra completa. Bogotá: Bedout, 1970.

-VALENCIA GOELKEL, Hernando. “La mayoría de edad”. En: América Latina en su literatura. César Fernández Moreno, compilador. México: Siglo XXI, 1976.

 

© Manuel Guillermo Ortega 2005

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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