Hacia una lectura social:
Barataria o la cristalización de una utopía

Rosana Sosa y Alicia Brandou *


 

   
Localice en este documento

 

“Cuando Don Quijote pronunció por primera vez la palabra justicia en el Campo de Montiel... sonó en la llanura manchega una carcajada estrepitosa que ha venido rodando de siglo en siglo por la tierra, por el mar y por el viento hasta clavarse en la garganta de todos los hombres con una mueca cínica y metálica.” “... ¡Reíos todos! Que la justicia no es más que una risa grotesca.”

“...¡Basta ya de risas!

¡Qué no se ría nadie! Mi sangre de clawn vale tanto como la sangre de los cristos.

¡Yo no soy un payaso! ¡Yo soy Prometeo! Vengo de la casta de los viejos redentores del mundo, y he dado mi sangre no para hacer reír a los dioses y a los hombres sino para fecundar el yermo.

¿Entendéis ahora? Don Quijote es el poeta prometeico que se escapa de su crónica y entra en la Historia hecho símbolo y carne, vestido de payaso y gritando por todos los caminos: ¡Justicia! ¡Justicia! ¡Justicia! ... Sólo la risa del mundo, abierta y rota como un trueno, le responde.”

“... Yo no sé si es ésta la hora de que hablen los dioses ... pero el momento actual de la Historia es tan dramático, el sarcasmo tan grande, la broma tan sangrienta ... y el hombre tan vil ... que el Poeta prometeico ... el payaso de las bofetadas ... se yergue ...rompe sus andrajos grotescos de farándula, se escapa de la pista, se mete por la puerta falsa de la gran asamblea donde los raposos y los mercaderes del Mundo dirigen los destinos del Hombre ...y pide la palabra.”

No encontramos palabras más apropiadas para iniciar esta ‘puesta en común’ que las de León Felipe.

El educador plantea otras alternativas, diferentes a las promulgadas por los medios de comunicación masiva. Otros deseos, otros sueños que contribuyen a configurar la utopía del educando. Asimismo el educador debe configurar la suya a pesar del desgaste y de las circunstancias negativas.

Los valores traducidos en hechos forman parte de esa utopía. Por eso la importancia del Quijote y la validez de los capítulos que se refieren al gobierno de Sancho, porque es allí donde se plasman algunos ideales, especialmente la búsqueda de verdad y justicia.

En un intento por situarnos en la pedagogía crítica hemos presentado al educando el gobierno de Sancho como texto ‘problematizador’. Desde el trabajo áulico, desde diferentes instancias de taller, de reflexión, arribamos a una lectura social colectiva que queremos compartir con ustedes. El marco teórico referencial lo encontramos en el educador pernambucano Paulo Freire.

Estructuramos nuestro trabajo de la siguiente manera:

 

ROL DEL EDUCADOR PROGRESITA.

Nos encontramos ante un mundo en crisis que sacude tanto a educando como a educador, por eso no nos podemos dar el lujo de que nuestra labor sea neutra sino antes bien, el docente debe marcar su postura en torno a los temas que elige y a los valores que surgen de los mismos. Un docente progresista debe involucrarse con lo que plantea en clase, asumiendo su rol en una búsqueda constante de otros paradigmas.

Como consecuencia de sucesivas políticas educativas y la actual visión del mundo hemos llegado a esta cultura light marcada por el escepticismo, por el descreimiento, que se traduce en el aula en un desánimo general, donde todos nos sentimos huérfanos, sumidos en una especie de vacío vital. El educador deja de creer en su palabra que cae en el vacío. El adolescente no encuentra sentido a los espacios que se generan en el aula.

Se ha quebrado el diálogo inherente al proceso educativo, llevando al educador a divorciar teoría y praxis, y a sentirse solo. Debemos recomponer ese diálogo, hoy más que nunca debemos dejar de ser meros espectadores, sino protagonistas, actores del proceso educativo, cambiar el rol pasivo y reproductor del sistema, por un pensar, sentir y hacer, consciente, creativo, dialógico, por el cual la acción educativa sea un proceso de liberación.

Freire nos dice que en una práctica progresista ”los educandos comienzan a percibir la realidad como una totalidad, mientras que en una práctica reaccionaria los educandos no se desarrollan, ni pueden desarrollar una visión lúcida de la realidad”.

 

BARATARIA COMO TEXTO PROBLEMATIZADOR.

Sería conveniente que los textos “problematizaran situaciones, afrontando el desafío que la realidad ofrece cotidianamente a los educandos...”, “Los mismos jamás debieran reducirse a ‘canciones de cuna’ que generan somnolencia en vez de despertar la conciencia crítica” nos dice Freire en “La naturaleza política de la educación”. Por eso entendemos apropiado el abordaje de los consejos de Don Quijote en los capítulos XLII y XLIII y los cinco capítulos del gobierno de Barataria en la Segunda parte.

En el capítulo VII, de la Primera parte se nos presenta al labrador vecino del hidalgo, “hombre de bien (si es que este título se puede dar al que es pobre) pero de muy poca sal en la mollera”. Don Quijote le promete entre otras cosas el gobierno de alguna ínsula y Sancho viendo en las palabras de su vecino la cristalización de sueños aún no elaborados, se convierte en su escudero. En los relatos del Génesis se nos dice que el origen está en la palabra, en el Verbo, y ciertamente el origen de Sancho como personaje lo encontramos en la palabra, en el Verbo de Don Quijote. Su oratoria fascinó al aldeano manchego, no la comprende pero la admira. Como escudero comienza el proceso de construir ese sueño, esa utopía.

En el capítulo IX tenemos la prosopografía de Sancho: “barriga grande, talle corto y zancas largas”. Ya desde la antítesis de las dos figuras el lector llega a la risa, pero paralizarse en ella no es situarse en una postura crítica. En el instante en que aflora la risa debemos desplazarnos a los múltiples retratos morales que salpican el texto, que aunque escuetos, nos pintan de cuerpo entero a ese personaje al que nada de lo humano le era ajeno. Solamente en el capítulo XLI encontramos: ” Sancho amigo”, “Sancho hermano”, ”buen Sancho”, “valeroso caballero”, “escudero intrépido”.

Innumerables lectores y lecturas, tienden a veces a la esquematización de ambos caracteres: uno valiente, idealista, otro cobarde, materialista. Salvador de Madariaga acude a clarificarnos, “…esta línea antitética de primera impresión se resuelve en un delicado y complejo paralelismo cuyo desarrollo es una de las maravillas de este libro genial. Sancho es, en cierto modo, una transposición de Don Quijote en una clave distinta”.

En el capítulo X, Sancho reclama lo prometido: ”Sea vuestra merced servido, señor don Quijote mío, de darme el gobierno de la ínsula que en esta rigurosa pendencia se ha ganado, que, por grande que sea, yo me siento con fuerzas de saberla gobernar tal y tan bien como otro que haya gobernado ínsulas en el mundo”. La ínsula es a Sancho lo que Dulcinea a Don Quijote. El sueño de Sancho cristalizará en la ejecución del gobierno de Barataria. Allí plasmará sus más heroicos y nobles impulsos.

Numerosos ejemplos textuales nos muestran la hombría de Sancho, ser pacífico, dispuesto a luchar cuando una causa lo exige, a diferencia de su amo que busca la lucha como parte de su vocación caballeresca. Sancho como personaje, construyéndose a lo largo de la obra, creciendo en estatura moral, humanizándose, va aumentando los motivos por los cuales luchar, porque como dice el hidalgo “Cada día, Sancho, te vas haciendo menos simple y más discreto”.

La teoría de Don Quijote expresada en los consejos: temer a Dios, conocerse a sí mismo, prudencia y humildad se plasman, se hacen praxis en la honorabilidad de su desempeño como gobernador.

En su gobierno, Sancho demuestra ingenio y plasma en el mismo algunos ideales que Don Quijote había pregonado en su carrera de caballero andante, especialmente la justicia. El ideal de justicia, componente esencial de la idiosincrasia del caballero andante, solo cristalizará en la acción de Sancho.

La austeridad y la humildad son dos rasgos que lo caracterizan. El cargo de gobernador, tan encumbrado en la España de los siglos XVI y XVII, era considerado un oficio. En una conversación con Sansón Carrasco éste le advierte el riesgo que corre en su función: “-Mirad, Sancho -dijo Sansón-, que los oficios mudan las costumbres y podría ser que viendoos gobernador no conociésedes a la madre que os parió” (P II, cap. IV). A lo cual responde que nada mudará su condición.

Sancho se siente apto para gobernar: “Y paréceme a mí que en esto de los gobiernos todo es comenzar, y podría ser que en quince días de gobernador me comiese las manos tras el oficio, y supiese más del que de labor de campo, en que me he criado”. (P. II, cap. XXXIII).

Don Quijote previene a su escudero de los peligros que traen las altas magistraturas: ”... que los oficios y grandes cargos no son otra cosa sino un golfo profundo de confusiones” (P II, cap. XLII) “... y quiero que adviertas, Sancho que mudar a veces conviene y es necesario, por la autoridad del oficio, ir contra la humildad del corazón” (cap. LI). “No digo que traigas dijes ni galas, ni que siendo juez te vistas como soldado, sino que te adornes con el hábito que tu oficio requiere, con tal que sea limpio y bien compuesto”.

Don Quijote le aconseja antes que asuma su gobierno no olvidarse de la humildad de su procedencia, “ has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo. Del conocerte saldrá el no hincharte, como la rana que quiere igualarse al buey”, ” has gala de la humildad de tu linaje, y no te desprecies de decir que vienes de labradores”. Más aún, hay una reivindicación de sus orígenes humildes, en contraposición de los que tienen sangre azul y no practican la virtud. Cervantes, a través del humor, critica a la nobleza, que en la época se había vuelto parasitaria, convirtiéndose en un problema para la España en decadencia. “la sangre se hereda, y la virtud se aquista, y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale“.

Su humildad lo lleva a renunciar al “don”, será Sancho, Sancho a secas. Refugiarse en su antroponímico sin trastocarlo es asumir su origen pero es también mostrar a sus súbditos cómo el hombre puede romper las amarras del determinismo y apuntar a la libertad. Se instala en su nombre para entender y actuar en el mundo y cuando es nombrado por los insulares es legitimado en la trama social en que está inserto.

Renuncia a los oropeles que el poder le ofrece, “Vístame como quisiesen, que de cualquier manera que vaya vestido, seré Sancho Panza”.

Don Quijote le explica cómo aplicar la justicia: “Hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia que las informaciones del rico”. Debe buscar la verdad “por entre las promesas y dádivas del rico como por entre los sollozos e importunidades del pobre” y ser piadoso con el que sufre. ”Al que has de castigar con obras no trates mal con palabras, pues le basta al desdichado la pena del suplicio, sin la añadidura de las malas razones.”

Son famosos los juicios que lleva a cabo, tal es su trascendencia que a partir de allí los insulares “tuvieron a su gobernador por un nuevo Salomón”. El paralelismo se explicita en el mismo texto. En Reyes 1, del Antiguo Testamento, Salomón pide a Dios sabiduría convirtiéndose en paradigma de la misma. El juicio al que se enfrenta es el siguiente: se presentan ante él, dos rameras, una explica que ambas tuvieron hijos, que el de la otra murió y ella se lo cambió. Ambas reclaman al hijo vivo como suyo. Salomón pide una espada y ordena que partan en dos al niño, una accede, la otra suplica que no sea partido y que se lo den vivo a su oponente. El rey determina que esta última es la verdadera madre.

Ante Sancho se presenta una mujer, diciendo que un hombre la había forzado. El hombre explica que había sido de mutuo consentimiento y que él le había pago. Sancho le pide le dé una bolsa de monedas y cuando ella sale le indica al hombre que vaya detrás y se la quite. Vuelven ambos agarrados fuertemente de la bolsa. Sancho le dice a la mujer que si hubiera mostrado igual voluntad en defender su honra, nada le hubiera sucedido. El sentido práctico, la sabiduría espontánea, llena de admiración a sus súbditos y les hace ver en su gobernador un nuevo Salomón.

También es significativo lo que piensa hacer después de empaparse de pueblo en sus salidas de ronda por las plazas, como aconseja Don Quijote en su carta: “Visita las cárceles, las carnicerías y las plazas; que la presencia del gobernador en lugares tales es de mucha importancia”. Dirá Sancho: “es mi intención limpiar a esta ínsula de todo género de inmundicia y de gente vagabunda, holgazana y mal entretenida; porque quiero que sepáis, amigos, que la gente baldía y perezosa es en la república lo mismo que los zánganos en las colmenas, que se comen la miel que las trabajadoras abejas hacen. Pienso favorecer a los labradores, guardar sus preminencias a los hidalgos, premiar a los virtuosos, y, sobre todo, tener respeto a la religión y a la honra de los religiosos”, así como quitar las casas de juego.

En su afán reformista también decide bajar el precio del calzado, poner tasa al sueldo de los criados, crear un alguacil de pobres y aplicar penas a los ciegos engañadores.

Da pruebas de su honestidad y de no abusar de su poder: “desnudo nací, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano: quiero decir que sin blanca entré en este gobierno y sin ella salgo, bien al revés de cómo suelen salir los gobernadores de otras ínsulas”. Se va con un poco de cebada para el rucio y medio queso y medio pan para él.

Así como Don Quijote hace participar a los que le rodean de su locura, Sancho, de burlado se convierte en burlador “las burlas se vuelven en veras y los burladores se hayan burlados”, dice el mayordomo.

Así llevó a cabo en forma humanista y popular, su gobierno, importándole establecer normas para el pueblo, favoreciéndolos con una claridad y sabiduría inesperadas en este personaje. “En resolución: él ordenó cosas tan buenas que hasta hoy se guardan en aquel lugar, y se nombran: Las constituciones del gran gobernador Sancho Panza”.

Cervantes no olvida el humor presentando a un doctor que no le da de comer. Le presentan en la mesa varios manjares pero le indican que todo le hará mal, esto enfurece a Sancho, en ese momento entra un correo que trae una carta que debe ser leída en la mayor reserva: el duque avisa a Sancho que hay enemigos que quieren apoderarse de la ínsula y que intentaran envenenarlo. A partir de esto solo come pan y uvas. El humor se hace presente en la salida apresurada de la ínsula por la llegada de supuestos enemigos.

El gobierno de Sancho, la grotesca broma de los duques, contiene significados más profundos, la palabra de Cervantes transgrede las reglas prefijadas y deterministas del siglo XVII, disfrazando de parodia el gobierno de Barataria, sugiere a los lectores de su tiempo que el hombre puede rasgar las ataduras de su estamento social y desde la libertad, construir la equidad.

Si bien es peligroso un caballero andante en busca de una utopía, igual es de peligroso que un escudero lleve a cabo su mandato, aunque corto, lleno de preceptos justos pensando en el pueblo. A través de él, Cervantes tiene la oportunidad de manifestar un gobierno utópico, imposible en su época, un personaje del pueblo, aparentemente torpe y sin luces, plasmando ideales tan cercanos de la caballería andante.

Sancho aparece “por la puerta falsa de la gran asamblea donde los raposos y los grandes mercaderes del mundo dirigen los destinos del hombre ... y pide la palabra”.

Él enuncia una metáfora poética detrás de la cual se esconde una posible metáfora social: los Sanchos del mundo gobernando para los suyos, encarnando la búsqueda de verdad y justicia.

Al igual que su amo llega a la conclusión de que así no debe ser el mundo y a partir de eso trata de cambiar la realidad. Así como Don Quijote considera que todo se debe a un encantamiento, Sancho llega a esa conclusión después de observar la supuesta ínsula.

Para denunciar esta realidad se crea este gobierno, metáfora social que se anuncia de alguna manera en el texto. La hazaña de Sancho es “el trasbordo de un mundo a otro, de uno ruin a otro noble” y eso mismo es lo que planteamos en la clase: la posibilidad de creer en una utopía y acercarnos a ella.

Siguiendo a León Felipe: “El poeta no es aquel que juega habilidosamente con las pequeñas metáforas verbales, sino aquel a quien su genio prometeico despierto lo lleva a originar las grandes metáforas:

sociales,

humanas,

históricas,

siderales ...”

 

HACÍA UNA PEDAGOGÍA DE LA UTOPÍA.

“ La naturaleza utópica de la acción cultural para la libertad es lo que la diferencia, por encima de todo, de la acción cultural para la dominación.” Esta pedagogía utópica está preñada de esperanza, pues ser utópico no sólo es ser idealista, es indispensable embestir la realidad desenmascarándola, en la denuncia está la anunciación de una nueva realidad como proyecto histórico. La acción cultural para la dominación tiene como objetivo la domesticación del individuo, nada tiene para anunciar, intentará que el futuro repita su presente, nunca podrá ser utópica, ni profética. No necesita la utopía. Pero nosotros sí precisamos la utopía. Precisamos instalarnos con nuestros adolescentes en los sueños colectivos, esos que el desánimo ha desdibujado, y desde allí intentar aprehender el significado más hondo de la utopía. Partir de aquella comarca idealizada por el pensador inglés More que acuñó ese extraño nombre.

Fernando Andacht en “El paisaje de los signos” refiriéndose a ‘Utopía’ dice que “Era el lugar que no era, el sitio de ninguna parte precisamente porque era parte del fantasma social, de un deseo colectivo de dar con todas las aspiraciones terrenas sin la finitud de la carne y su tristeza”. Moro, influido por Platón introduce las ideas de comunidad de bienes, de igualdad entre hombres y mujeres pero va más lejos, elimina las clases, las castas sociales. Cervantes abandona el plano de la palabra, de la intelectualidad, para mostrar desde la literatura que la utopía, no tiene que situarse en el vacío de lo inalcanzable, que el pensamiento utópico no se aniquila a sí mismo.

Desde la dominación se nos ha dicho que la perfección es irrealizable, que una sociedad perfecta anularía las revoluciones, los cambios, el progreso. Sabemos que esa comarca puede abandonar el horizonte, acercándose, si es pensada y construida por cada uno de nosotros, fundándose en la virtud, si el poder, ese ‘malo encantador’, solo oficia al igual que con Sancho como purgador de nuestros afanes materiales.

 

VALIDEZ DE LOS TALLERES.

Creemos en la utilidad de los talleres porque entendemos que es ese instante de diálogo y participación, de relación horizontal, donde educando y educador, crecen, crecen a la par y de eso se trata la educación. Solo a través de esa experiencia abierta el joven asume que es partícipe activo del acto educativo. Indudablemente, generar esas instancias debería ser nuestro principal objetivo.

Sin desechar el análisis de texto tradicional proponemos intentar acercamientos diferentes. Nuestra asignatura debe ser una invitación a sumergirnos en la ficción, para deleitarnos, pero también para reflexionar sobre los contenidos de los textos que nos ofrecen múltiples alternativas para enfrentar nuestro presente.

Utilizando como disparador los capítulos que tratan el gobierno de Sancho, invitamos al joven a pensar y a hablar sobre los pilares que lo sustentan, humildad, austeridad, igualdad y analizar la macabra burla de los duques, de una clase social acostumbrada a jugar con los más humildes, pero que indudablemente se siente aliviada cuando Sancho a los “ocho días o diez” de ejercer su gobierno, besa a su rucio y vuelve a ocupar su sitio. Lo que comenzó como burla, en pocos días ya se tornaba peligroso: la clase dominante que ha ejercido el poder, que manipula a los supuestos insulares desde siempre ha cometido un desliz, ha permitido que éstos sepan de la existencia de otras escalas de valores, de otras posibilidades. Sancho antes de partir a su humilde rincón sembró la semilla del humanismo, de la justicia, de la igualdad.

Esta es la lectura social a la que hemos arribado en forma grupal y que hoy queríamos compartir con ustedes.

El trabajo de taller se realiza en un módulo. Pequeños grupos leen y comentan diferentes textos, como por ejemplo: las cartas, los consejos, los juicios, las medidas, el alejamiento del gobierno. Elaboran en forma escrita para finalmente colectivizar con el resto del grupo. Transcribimos parte de un texto:

“Nosotros pensamos que Sancho demostró más allá de ser un bruto, una sabiduría y una nobleza única, innata, propias de una buena persona. Características que no encontraron en gobernantes anteriores. Esa esencia de Sancho era más importante para gobernar que conocer todos los libros del mundo. Le preocupaba la gente, la calidad de vida, la igualdad, el acceso a las cosas esenciales...”

 

REFLEXIÓN FINAL.

Dice Mariana Pernisi, una adolescente de 4º año del liceo Zorrilla reflexionando sobre los sueños:

“Los sueños forman parte del encanto de la vida, de esa instancia que tenemos con nosotros mismos, en la que elaboramos una meta, y soñamos, sin parar, sin censura, sin límites ...

... Muchas veces no podemos más y sentimos que estamos al final del camino ¿habrá final del camino o caminaremos siempre? Probablemente nacimos de un caminar y moriremos caminando.

Para que nuestro paso por la vida no sea en vano, para sentir que valió la pena estar acá, yo propongo, a todos los Quijotes”, a todos los Sanchos, “que estén por ahí, ocultos, que se animen a soñar, a luchar por una utopía, a reír sin sentido y a llorar por miedo, los invito a todos, de ahora en más, a vivir, vivir los sueños.”

Cuatrocientos años, cuatrocientos años han pasado y basta presentarles a nuestros jóvenes de la enseñanza pública unos pocos capítulos de esta obra maestra para que ellos desentrañen una posible intención de Cervantes al colocar con aparente inocencia >estos hechos que se convierten en la columna vertebral de la segunda parte. Y esa lectura, inédita pero válida, no sería otra que denunciar para poder anunciar desde la metáfora literaria la posibilidad de metáfora social de cualquier “grano de mostaza”.

Dice la sabiduría popular en un grafiti montevideano:

EL YO SUEÑA
EL NOSOTROS CONSTRUYE.

Para que la metáfora social se cristalice necesitamos entender la voz de Cervantes y desde allí partir, como agentes históricos transformadores de la realidad. Como educadores estamos llamados a reinventar la pedagogía de la esperanza, la pedagogía de la utopía, para trasmitirle a nuestro joven que si la utopía está en el horizonte y sirve para caminar, debemos hacerlo rápido y juntos pues las grandes utopías no se gestan en soledad, se forjan en la praxis colectiva.

 

BIBLIOGRAFÍA.

Andacht, Fernando. “El paisaje de los signos”. 1987. MONTE SEXTO.

Felipe, León. “Antología rota”. 1957. LOSADA.

Freire, Paulo. “La naturaleza política de la educación”. 1990. PAIDÓS.

De Madariaga, Salvador. “Guía del lector del Quijote”. 1943. SUDAMERICANA.

 

* Rosana Sosa y Alicia Brandou, docentes egresadas del Instituto de Profesores Artigas (IPA), ejercen actualmente en los liceos Nº 35 y Nº 61, Montevideo.

 

© Rosana Sosa y Alicia Brandou 2005

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero31/lesocial.html