Espéculo

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Enrique Villagrasa

Límite infinito

              

 

"Límite infinito", de Enrique Villagrasa
Xavier Sabaté Ibarz

El libro me ha encantado, maravillado, seducido, inquietado, incluso pacificado y equilibrado interiormente. Y aunque no acabo de entender la comparación que establece el prologuista de Helfgott con Enrique Villagrasa, continuo pensando que es cuestión ésta interesante la de citar al pianista australiano en el prólogo a la primera obra de prosa poética de Villagrasa. Aunque si se trata de compararla con 50 teclas del instrumento debo decir -atreviéndome a corregir al prologuista- que lo que hay en las páginas de "Límite infinito" es bastante más que 50 teclas que no dejan de ser sonidos monocordes. Puedo asegurar, por el contrario, que se descubren unas verdaderas composiciones repletas de arpegios multitímbricos y de acordes variados.

50 cantos que pueden ser 50 luchas, 50 insistencias, 50 investigaciones, 50 búsquedas acaso imposibles, 50 diálogos o 50 reflexiones. Acaso 50 contradicciones que ya se hallan en el propio título. Porque ya me explicarán si marcarle un límite al infinito no es una contradicción en sus propios términos. O si lo que se pretende es llamarle infinito a un límite pues tampoco parece comprensible.

Sin embargo, a un poeta le es permitido casi todo sin limitaciones, así que cada cual que saque sus propias conclusiones y cuando llegue a los cantos o reflexiones 18 y 19 quizá comprenda que las dos palabras del título -sólo dos - pueden llegar a devenir una verdadera cosmogonía para el poeta y acaso para el propio lector si es convencido.

Puedo asegurar que eso puede llegar a suceder porque a mi ya me ha ocurrido en las dos ocasiones en que he leído el libro. Eso que ahora burdamente dicen que "te engancha" y otros diríamos que te seduce de un libro bien escrito y con una trama bien construida.

Porque esa es otra incógnita o discusión: ¿Hay un hilo conductor? ¿Son piezas en sí mismas que tienen una unidad con principio y fin? Pues aquí me atrevo a escribir que encontramos ambas cosas a la vez. La misma trama: el viaje interior, se enfrenta al silencio, a la realidad a través de descubrirse él y lo que le rodea, la obsesión minimalista por la poesía, por lo que supone, por lo que encierra, por lo que puede describir.

Pero al mismo tiempo, sin duda cada capítulo tiene sentido en sí mismo. Se aprecia perfectamente en cada uno un momento determinado del tiempo del autor y hasta de un tempo diferente en cada uno. Descubrimos incluso un mini-ciclo vital -y lo de mini va por la brevedad de la forma que no por la inmensidad y profundidad de lo que podemos ver y lo que sin ver se imagina uno-.

Primer libro de prosa poética del autor. Libro de tránsito en el sentido de que da la sensación de que aunque nos encontramos ante una obra notabilísima, estamos seguros de que insistir en ese género -no tránsito hacia otro - Enrique Villagrasa puede volver a dar excelentes frutos -acaso incluso mejores en el futuro, lo cual no es poco-.

O quizá deba expresarlo con más precisión: es más poesía que otra cosa, aunque quizá nos encontramos en un tránsito muy evidente del ciclo de creación de Enrique Villagrasa. Porque ya sabemos que todo es tránsito desde Heráclito, pero hay ocasiones en que ello se manifiesta más evidente.

En esta experimentación nueva, Enrique intenta llegar hasta la última expresión de la palabra exprimiéndola una y otra vez, girándola mil veces cual si se encontrara en un calidoscopio del verbo. Consigue con ello transmitir impresiones o sensaciones que despierta la poesía según el momento alcanzando un intimismo contagioso. Pero al mismo tiempo se da aquí la licencia que se puede permitir uno cuando escribe en prosa.

En este sentido recomiendo un ejercicio divertido: leer una tras otra las últimas frases de cada canto. En una buen número de ellas encontramos: la ruptura del relato intimista, la mezcla de lo prosaico (en el sentido de lo contingente) con lo infinito que antes se nos ha proporcionado con prodigalidad. O simplemente una acotación al margen.

Aunque también tengo que señalar que, en otras ocasiones, esa última frase es el pensamiento que remata, la reflexión, la confirmación y culminación del mismo.

La poesía como incógnita, como búsqueda permanente, como instrumento, o simplemente como vehículo de expresión. Como objetivo en tanto que expresa perfección o "calidoscopismo". Por tanto como multitud de posibilidades de expresión de los sentimientos, de la visión de la vida.

Cuesta encontrar algún canto en el que no aparezca la poesía o el poeta o el verbo como protagonista, o la inquietud por definirla, la dificultad para servirla, la contradicción que significa decirnos por partida doble -en el 18 pero también en el 19- que supone la infinitud limitada quizá porque no conseguimos o es imposible aprehender lo infinito.

La noche: por qué en 18 cantos aparece la noche. La luz por qué la luz siempre es tenue, por qué como máximo llega a la luz del alba, por qué llega hasta a la expresión "la no luz del día" y sólo en una ocasión encontramos la plenitud de la luz y curiosamente en esa ocasión es precisamente el verso divinizado: "blanco verso, luz intensa que ciegue la página blanca".

Algunos cantos muy logrados. Parece obligado que en la reseña de un libro deba apuntar lo más logrado. Pues no voy a hacerlo por mor de esa costumbre sino porque pienso que este tipo de obra da para eso: poder diferenciar con cierta facilidad -porque cada canto tiene una unidad muy trabada con principio y final-: el 32, por lo lanzado que se manifiesta el autor, sin dudas, con una seguridad que sorprende si se la compara con el resto de la obra, en pocas líneas nos ametralla con unas bellas definiciones, y todo ello con el uso casi exclusivo de sustantivos, que ya es decir… Es de aquellos párrafos que a los maestros les gusta utilizar en clase como ejemplo.

El 24, en fin, es aquello que a todos nos gustaría saber escribir para explicar una unión amorosa o su recuerdo. El 18 y 19 porque ahí está el meollo de la cuestión y no voy a desvelar más. Me refiero al título del libro que da para mucho. Pero además porque el 19 es un intento de génesis fantástico y particular o personal del autor. Fantástico por lo fantasioso y por lo que hoy en día se ha dado en atribuirle al adjetivo como sinónimo de excelencia.

Esta reseña de la primera obra en prosa poética del autor es la confirmación de lo que pienso: es "Limite infinito" una obra de calidad, profunda y bella en las formas.

 

© Xavier Sabaté Ibarz 2005

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero31/limite.html



Espéculo. Revista de estudios literarios
(Universidad Complutense de Madrid) 200