Espéculo

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Luis Quintana Tejera

Las máscaras en el Quijote.
Antítesis e intertextualidad

     

 


 

La vocación del maestro en Las máscaras en el Quijote de Luis Quintana Tejera
Luis Juan Solís Carrillo

Hay gestos, actitudes y rasgos que no pueden disimularse. La vocación de enseñar es uno de ellos. Luis Quintana Tejera nos entrega su último libro, Las máscaras en el Quijote, y no podemos dejar de notar en este pequeño, pero lúcido texto, una irrefrenable pasión por lo didáctico. En este 2005, hemos visto desfilar una caterva de textos de medio pelo, lecturas “sesudas” sobre el más recóndito recoveco, inexplicablemente pasado por alto por la crítica del Opus Mágnum cervantino. No es el caso de este trabajo de Luis Quintana. En un tono que no quiere ser ni solemne ni erudito, Luis Quintana ofrece un estudio de este libro paradigmático, sin que ello signifique adoptar los amaneramientos y arrebatos de quienes aseguran haber encontrado la “palabra final” en torno al Quijote. Todo esto se agradece en este año conmemorativo, en el que han corrido chorros de “sabihonda” tinta, escritos en jerigonzas que prestan el disfraz de la “profundidad” a cualquier ramplón ensayo.

No sé si el afán didáctico fue deliberado o no, los cierto es que brota a lo largo de las poco más de cien páginas del texto. Así, encontramos notas al pie de página, que se toman la molestia de explicar al lector, no especialista en estudios cervantinos, conceptos tales como metonimia, sinécdoque, neoplatónico, narrador omnisciente, etc. Las notas, de una irrefutable pertinencia, son casi siempre gratamente breves y sirven su propósito sin “alardes” de erudición. En ocasiones, el autor explica directamente los conceptos sin detenerse en una acotación al pie de página, con lo que la lectura fluye sin pesadas interrupciones. No quiero decir con esto que el libro no tenga más razón de ser que facilitar o, en algunos lamentables casos, ahorrar la lectura del Quijote. No, simplemente se trata de un texto bien organizado, con secuencias coherentes, y que brinda al lector un gozo que rara vez encontramos en esta clase de trabajos, una lectura agradable.

Desde el comienzo, el terreno se desbroza con el señalamiento de los que habrán de ser las coordenadas que enmarcan el análisis: los preparativos para la primera salida, su armadura como caballero, el pasaje del joven Andrés y el de los mercaderes; la ineludible escena de los molinos de viento; las páginas del yelmo de Mambrino y de Don Quijote enjaulado. De igual manera, el autor dedica una buena parte del trabajo a los consejos de Don Quijote a Sancho Panza, que aparecen en el segundo Quijote; el combate con el Caballero de la Blanca Luna, el regreso final y la muerte del personaje. Con esto, se delimita la amplitud del trabajo y se da al lector las coordenadas temáticas que encuadran el análisis. Como puede verse, se trata de una elección que cubre algunos de los temas centrales de cualquier estudio de esta obra. Así, Quintana se permite la posibilidad de analizar conceptos de importancia capital como: la fe, la verdad, la oposición entre la realidad del mundo físico y el universo quijotesco, la vida regida por valores tales como el dominio de sí mismo, etc., los cuales rebasan por mucho la mera relación de lo anecdótico.

Con lo anterior, Luis Quintana crea las condiciones para la comprensión y la reflexión, llevando al lector por los senderos del relato sin desviarlo de la riqueza simbólica de la obra cervantina. El análisis se dirige hacia el acto de desvelar, de retirar algunas de las máscaras con las que se cubren los personajes y los hechos. Así, el valor simbólico de la máscara en los pasajes del combate con el Caballero de la Blanca Luna se articula con los elementos alusivos a ese otro universo, de bajo continuo en la novela de Cervantes, el mundo griego. Con todo esto, Quintana nos recuerda que las cosas en el Quijote son mucho más de lo que aparentan, que los personajes se transforman y se reflejan el uno en el otro, y que la verdad no es una esencia inamovible. El análisis se propone ver y hacernos ver, aunque sea por un breve instante, lo que se oculta tras la máscara.

El estudio toma como eje primordial la confrontación de opuestos, los juegos de contrastes. Se realiza un esfuerzo notable por señalar la condición doble de muchos de los elementos que conforman la novela de Cervantes. Quintana nos recuerda que Don Quijote asume el doble papel de lector y de personaje, que el texto se inscribe en un marco referencial de intertextualidad al que recurre constantemente. El estudio destaca la difusa distinción entre la sabiduría popular y las grandes escuelas filosóficas, y la importancia de conservar las fuerzas físicas como las morales. Quintana nos hace recordar que la fe se rige por leyes muy distintas a las de le evidencia material y que la línea que separa lo real de ideal es muy elástica.

El afán por establecer contrastes se hace patente con la inclusión de varios esquemas o tablas en los que Quintana señala la oposición de la España descrita en la novela, es decir, la “realidad material”, y el mundo quijotesco. El contraste que de esta manera se muestra es uno de los factores que contribuye al carácter didáctico antes mencionado. De igual modo, Quintana no deja de apuntar ciertos elementos que sirven de asidero para la lectura y el análisis. El autor nos indica la presencia de varias constantes textuales, las cuales permiten encontrar horizontes y puntos de referencia para abrirnos paso en la descomunal odisea que implica toda lectura del Quijote. Una de estas constantes es el carácter demiúrgico del personaje principal. Luis Quintana explica el fenómeno de transformación que las personas y los objetos del mundo sufren ante la mirada mágica de Don Quijote.

El resultado de una buena parte del estudio es una franca apertura a la discusión, lo cual no me parece nada accidental en la propuesta de Quintana. Esto constituye uno de los factores que con mayor insistencia acusan la orientación didáctica del análisis. Constantemente encontramos pasajes en los que el texto asume rasgos más vocativos, en los que parece haber una invitación directa al diálogo y a la discusión. Son muchos los ejemplos de lo antes dicho. Esta apertura se manifiesta, por ejemplo, en los pasajes en que Don Quijote aconseja a Sancho Panza. Quintana establece un enlace entre la lectura del Quijote y la realidad del siglo XXI. Con ello, queda abierta la discusión y se alcanza la meta de más de un pedagogo constructivista, es decir, que lo aprendido signifique algo.

Una buena parte del trabajo de Quintana se dedica al análisis de la realidad y de la percepción. Los pasajes que se prestan para ello son incontables. Sin duda, las escenas del yelmo de Mambrino y de los celebérrimos molinos son inexcusables en el análisis. Quintana retoma su planteamiento antitético para sacar a la luz los aspectos más relativos a la construcción de la verdad. Una vez más, el empleo de una tabla permite subrayar el valor del juego de contrarios. Con ello, Quintana vierte su atención hacia los aspectos contrastantes de la temporalidad, de la lectura de la realidad y de los esquemas mentales del personaje central. A través de estos pasajes, Las Máscaras en el Quijote destacan una y otra vez el valor capital de la mirada y el valor metafórico del disfraz y de la máscara. Esto lleva a varios de los puntos neurálgicos del Quijote, a saber, el valor de la vista y lo especular. De esta forma, si nos preguntamos qué es ver, la respuesta a lo que en apariencia es tan simple se convierte en un problema sustancial para los personajes y para nosotros. Luis Quintana vuelve a señalar el valor oculto, enmascarado, de las cosas, con ello, se deja sepultado el resumen simplón de que el Quijote trata de un loco que se cree caballero andante. Quintana nos dice:

De nuevo el símbolo; se reitera por parte del narrador esa intención de sensibilizar a los objetos y a los personajes también, para que se digan y representen mucho más que lo que aparentan desde su condición real. (p. 84).

Una vez trascendido el plano de la literalidad, en el que el mundo se nos muestra sin máscara, entramos a terrenos tan espinosos como la percepción, la construcción de la verdad, la validez de las interpretaciones, el papel del sujeto cognoscente, la adecuación de los fenómenos a tal o cual teoría, la fe, la mentira, etc. Esta parte de la propuesta de Quintana constituye una de las partes mejor logradas de su análisis.

Por otro lado, un acierto en la elección de los contenidos del Quijote, que sirven de base al trabajo de Quintana se encuentra en la elección de los pasajes en los que Don Quijote entrega perlas de sabiduría a su escudero. Quintana apunta que Don Quijote se dirige a Sancho, llamándolo hijo. Veo en ello una tradición de muchas culturas y textos sapienciales, el menos importante de ellos no es, sin duda, la carta de Gargantúa a Pantagruel. En términos muy cercanos a los de Rabelais, Cervantes, otro hijo del Renacimiento, rescata el viejo e irrefutable ideal griego del cuidado de sí mismo, es decir, del dominio de nuestra propia persona, de nuestras pasiones y apetitos, como cimiento sobre el que se edifica el ideal del hombre justo y cabal. Una vez más, Quintana no deja de establecer un plano de contrastes, en este caso, entre el cuerpo y el espíritu. Con la salvedad de que Cervantes está inscrito en un universo en el que no es posible, para un hombre íntegro, no escuchar las voces del cuerpo por atender a los apremios del alma. Con esto, Quintana permite observar el paradigma cultural que da lugar al ideal de hombre en la España del siglo XVII. De nuevo, se abre la reflexión y se destaca la validez y vigencia de la axiología prescrita por Don Quijote.

Por último, Luis Quintana recapitula, literalmente. Con esto es posible consolidar los conceptos abordados a lo largo del trabajo y presentar un resumen de los temas. Todo ello, en la misma línea didáctica que caracteriza la obra en su conjunto. Sin embargo, a pesar de los evidentes aciertos del análisis, extrañé alguna parte, incluso breve, dedicada al problema de los “autores” del Quijote. Esto no merma la calidad del estudio, simplemente salta a la vista debido a la propia naturaleza y a la estructura del trabajo. Con todo, Las máscaras en el Quijote logra su propósito de desvelar y mostrar los muchos rostros que se ocultan tras el universo cervantino.

 

© Luis Juan Solís Carrillo 2005

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero31/mascares.html



Espéculo. Revista de estudios literarios
(Universidad Complutense de Madrid) 2005-2006