Espéculo

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Jorge Luis Borges

La memoria de Shakespeare

  

 

Erasto Antonio Espino Barahona

La teoría literaria más reciente y heterodoxa (¿posmoderna?) y aquella otra anclada -sin falsos complejos- en la Tradición, considera relevante la existencia de algunos textos que reciben el nombre de clásicos. Para una, existen determinadas condiciones sociales de recepción que confieren a un texto la posibilidad de entrar en el petit comite del canon; para otra, en cambio, los textos "clásicos" exhiben cualidades textuales intrínsecas que los hacen poseedores de una valía intemporal.

Sea cual sea la postura asumida, cierto es que el corpus de la literatura hispanoamericana contemporánea, posee un número plural de textos que presentan, al poco tiempo de ser publicados, rasgos que los ubican dentro del paradigma de lo clásico. Es éste -probablemente- el caso de La memoria de Shakespeare, colección antológica póstuma de Borges que -a través de sólo cuatro cuentos- vuelve a poner delante del lector "esa difícil forma de perfección que consiste en describir con sencillez hechos portentosos", según reza el comentario editorial.

El libro, verdadera pieza que expresa la maestría de la prosa borgeana -aquilatada además con la experiencia de un oficio escritural del que fue maestro, permite acceder al lector a lo último de su obra publicada en diversos medios tales como La Nación y El Clarín. Los textos "Agosto, 25, 1983", "Tigres azules", "La rosa de Paracelso" y el último, que da título al libro, "La memoria de Shakespeare" aparecen ahora en un pequeño volumen gracias a la edición confiada a Sara Luisa del Carril.

Borges ciertamente rebasa, por los marcos de conocimiento puestos en juego en su escritura, el saber cultural que maneja el lector promedio. Es un lector de minorías cultas, minorías cada vez más extendidas, gracias a la fascinación que ejerce su obra en la academia del primer mundo y en cierta juventud universitaria inquieta, dentro y fuera del ámbito hispanohablante. Sin embargo, en los cuentos recogidos en La memoria de Shakespeare -junto a la inevitable y deliciosa erudición que bien sitúa una historia en exóticos ámbitos orientales, o entrecruza referencias (¿apócrifas?) de Chaucer y Stevenson aparece una tensión, una mirada atenta a los devenires de lo humano.

Perplejidad del ser humano ante lo real, más allá de la referencia erudita. En este último Borges palpita, a manera de síntesis literaria y vital, una interrogación de la vida como misterio, como hecho inagotable que se extiende sobre el testimonio de lo evidente. De hecho, si en "Agosto, 25, 1983" aparece nuevamente el problema de la existencia con la conjetura del doble, ese otro que somos y que quizás nos sueña en otro recodo del tiempo, "Tigres azules" da cuenta del suspense que Borges aprendió de una de sus pasiones: la literatura policial. A través de la invención de los "tigres azules" - metáfora de extrañas piedras capaces de reproducirse aleatoriamente- Borges plantea la fascinación del hombre ante lo bizarro y el límite de la razón humana, víctima de lo desconocido. "La rosa de Paracelso" plantea una escritura de vuelta de los vericuetos de la vida; Borges, maduro, examina la impetuosidad de un joven deseoso del Saber, pero demasiado impaciente como para merecerlo. La desconfianza como muralla ante la cual no se humilla el maestro ni su sabiduría.

El último cuento que rinde homenaje y justicia a Shakespeare, nos introduce de nuevo en otra de las constantes borgeanas: la reflexión sobre la memoria, lugar donde se forja lo humano, pues nos permite saber quiénes somos en el tiempo, aparece aquí tematizado bajo la ficción del don de la memoria de Shakespeare, inscrita en la de "Hermann Soergel", signo de todos los mortales, en cuanto portadores de dones que parecen superarnos.

La memoria de Shakespeare es un texto bello y breve que será la delicia de aquellos lectores acostumbrados a trasegar los laberintos, a conversar con su doble, a espiar tigres en la noche y a bordear el delirio de extraños objetos de la mano de un ciego inmortal llamado Jorge Luis Borges. Pero también es un buen comienzo para los iniciados que quieran ponerse a la escucha de este maestro argentino que no tiene nada que envidiar al mítico Paracelso.

7/01/2006

 

© Erasto Antonio Espino Barahona 2006

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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Espéculo. Revista de estudios literarios
(Universidad Complutense de Madrid) 2006