Conversando con Rita Martin

Mª Ángeles Pozo Montaño y Alberto Zambrana Ramírez

Universidad de Carolina del Norte, Chapel Hill


 

   
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Rita Martin nació en el barrio del Casino Deportivo en La Habana, pero cuando tenía dos años su familia se mudó a la barriada de Santos Suárez, un barrio de artistas (Amelia Peláez, Mijares, Cintio Vitier y José Kozer, entre otros pintores y escritores cubanos, son de esta barriada). En esta ciudad se licenció en Filología por la Universidad de La Habana en 1986. Años más tarde, obtuvo un máster en Estudios Latinoamericanos en la Universidad Atlántica de Florida, especialidad que continuaría hasta lograr su doctorado en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill.

Su trayectoria como narradora, poeta, crítica e investigadora literaria ha dejado publicaciones en todas estas áreas. Entre sus poemarios sobresalen El cuerpo de su ausencia (Letras Cubanas, 1991) y Estación en el mar (Ediciones Extramuros, 1992). En el año 2000, Ediciones Universal publicó su Edición Homenaje a Eugenio Florit junto a Ana Rosa Núñez y Lesbia Varona. Rita Martin publicó tres años más tarde su libro de relatos Sin perro y sin Penélope (Ediciones Universal, 2003), libro que la ha consagrado como una de las escritoras revelación de las letras cubanas contemporáneas. En su faceta crítica e investigadora Rita Martin ha publicado artículos y reseñas en numerosas publicaciones literarias, entre las que destacan la Revista literaria Letras Cubanas, El Caimán Babudo, Islas, Anuario del Instituto de Literatura y Lingüística, Catálogo de Letras y El Nuevo Herald. Su estatus dentro de la literatura cubana la ha situado dentro de numerosas antologías como La isla en su tinta, Reunión de ausentes, Jugando juegos prohibidos, Un grupo avanza silencioso, Los últimos serán los primeros, Bridges to Cuba, Doce nudos en el pañuelo, Narrativa y libertad, Las cuatro puntas del pañuelo, Caminos de Eva: más allá del mar y Poetas cubanos de la diáspora, estos dos últimas antologías de próxima aparición. Su libro de poemas Tocada por el astro llegará a fines de este año del 2005 a las librerías gracias a la editorial La Torre de Papel en la colección Papeles del Minotauro.

 

ENTREVISTA A RITA MARTIN

E: Rita, ¿cómo podrías describir tu libro Sin perro y sin Penélope en sentido general? ¿cuál es la intención que se esconde detrás de todos esos relatos?

R. Creo que, fundamentalmente, es una colección narrativa conformada por textos líricos. La poesía recorre los relatos tal vez porque fue lo primero que escribí (o leí) en mi vida, o quizá también porque la narrativa moderna nace de la poesía. En cuanto a la intención global “que se esconde,” está esa vieja costumbre de relatar como testimonio, para dar fe de vida o de muerte, a la vez que hay un desmontaje de ese testimoniar porque no hay certeza de que ésa sea una acción que conduzca a “dar fe,” como tampoco de la existencia de la fe. Cada relato, sin embargo, parece tener su propia intención, por ejemplo, “Ciudad de perros muertos y patos caminantes,” un relato escrito en Miami en agosto del 95 —un año y medio después de haber salido de Cuba— y se podría decir que el sentido de exilio y el absurdo lo caracteriza y, en realidad, estos dos referentes son insuficientes. Hay un mayor desastre debajo del iceberg.

Cuando se mira hacia atrás se comprende que la realidad cubana y, por ende, su literatura ha tenido muchísimo absurdo (y si un cubano dice la palabra absurdo está haciendo mención a Virgilio Piñera, porque cuando se habla del absurdo no debemos olvidar que él fue el primer gran dramaturgo absurdista). Pero como decía Virgilio, esta absurdidad no es una técnica literaria per se, sino que la realidad de Cuba (y de muchos países de América Latina) es la que presenta estas situaciones absurdas. Y la realidad del afuera, esa concreta y material, es la que carga de absurdo a “Kraustlo.” Esta última es una narración escrita en Cuba y el absurdo aquí es constante porque las gentes se ven involucradas en él... Por otra parte, la “realidad concreta” de la que hablo alcanza zonas más profundas donde el sujeto actúa a través de su performance y no el límite de la “realidad concreta” que fijan las convenciones sociales y de poder.

Creo que si a algo reaccionamos todos los escritores de la década del ochenta fue a esa literatura de corte oficial pasada por la estética del realismo socialista que se había afianzado en Cuba en los setenta y que hace retroceder la aventura que es el arte y la literatura. Había subterráneamente otra literatura que no se publicaba y cuando por ciertas presiones (o posibilidades) algunos de estos libros salían a la luz ocurría una conmoción. Ese fue el caso de la publicación de Paradiso de Lezama Lima y por ello Lezama es importante por más de un motivo para las letras cubanas.

En los ochenta casi todos los jóvenes escritores miramos a los de Orígenes para conectarnos con un discurso donde existía otro reino y otras conexiones, el de la literatura o la cultura y sus relaciones afines que no siguen esquemas ni periodizaciones al uso, sean históricas o ideológicas. Fuimos también, necesitábamos ir, a la parte sucia de Cuba, o hicimos un regreso porque hay que reconocer que Virgilio comienza a revelarla desde la década del cuarenta, además de que existen otros escritores como Sarduy y Arenas y el propio Cabrera Infante que reflexionan el país desde el exilio. Aún hay que insistir en esta parte sucia del país porque todo no ha salido a luz y esto no sólo ha pasado porque como nación Cuba es un país joven, sino también porque después del 1959 el discurso del gobierno se vuelve único, acrítico y excluyente. La generación del 80 traía un discurso más crítico en contra de un discurso hegemónico y sus intersticios. Creo, no obstante, que existe aún un desafío: probar la consistencia y coherencia no sólo de un discurso de mayor criticismo a la vez que más artístico sino también el rompimiento consciente y constante de las viejas estructuras de hegemonía y exclusión que se consolidaron entre las décadas del sesenta y el setenta. Uno de los signos más graves que se aprecia en las antologías de poesía cubana publicadas recientemente es que los poemas recogidos —a pesar de estar bien escritos— son monocordes, como si hubieran sido escritos por un sólo autor. Creo que en ambos procesos, el del salto artístico individual y el de la selección de los textos por parte de un antólogo, existe la complacencia de ver lograda una estética determinada. Este hecho, sin duda, nace de una reacción en contra de un discurso único, pero extrañamente valida de nuevo una sola estética y por ese camino un sólo discurso. El síntoma es grave porque todo lenguaje estético entraña una política o una estrategia del intelectual y si el suyo es uno excluyente y hegemónico afecta el espacio mismo del conocimiento donde éste actúa al tiempo que deteriora la capacidad crítica y creativa; se interrumpe la aventura.

E: De todos estos relatos, ¿cuál es tu favorito?

R: No tengo preferencias porque escribo muy poco y aisladamente, por periodos y cada texto lo demoro mucho. Por eso estos textos son tan poéticos, porque son como un poema. El proceso de composición es muy lento, muy mentalizado, los tacho y los recreo de nuevo en la memoria. Hasta que no los tengo completos en la mente no los escribo, los escribo entonces de un golpe, tal vez ahí se siente el influjo de la poesía. Fíjate que cada cuento es muy breve, excepto “Kraustlo,” todos los demás pueden ser escritos de un golpe. Así que a cada uno por separado les digo “you are my favorite son” y así no hay celos, o no les digo nada que es mejor.

E: ¿Por qué decidiste poner ese título al libro?

R: El título del libro nació de un método del periodismo “profesional,” porque es la manera en que muchos periodistas cubanos elegían los títulos para sus crónicas. Se procedía primero a hacer una lista de las frases más sugerentes, luego esa lista se iba peinando, quedaban tres finalistas, y luego se elegía el mejor. El periodista Bernardo Marques Ravelo me recordó esta vieja técnica y fue ésta la que utilicé para este libro. En este caso pensé en las imágenes que me parecían más sugerentes de todo el libro. Del metamanuscrito elegí cerca de 25 títulos, luego lo dejé en 12, luego en 3 y finalmente quedó éste. En esto hay mucho juego. Justamente este elemento tan lúdico es lo que permite conocer el libro, jugando fui haciendo una especie de performance. Se vuelve constantemente al juego de la escritura y a la idea del juego como expresión de libertad, mientras revela el juego peligroso de las relaciones humanas como lealtad vs fidelidad, que sobrevienen en épocas violentas. El primer relato, “Salvamento. Tarea III,” es un saber que estás en La Habana por las aguas de Almendares, pero de ahí en adelante no sabes nada. Hay una pareja de amantes. Uno de ellos recupera el cuerpo del otro para que viva mientras el que salva muere en esta empresa. Uno ha salvado al otro en su deseo de fidelidad, pero desconocemos si el salvado había sido un traidor, un enemigo o un amigo. La inseguridad del saber es total y se desplaza de las relaciones humanas más íntimas a las relaciones intrínsecas de la política, o viceversa.

Pero volvamos al título que dice “sin perro,” un animal que es la imagen por excelencia de la lealtad y que es como una especie de reduplicancia porque Penélope también se identifica con la fidelidad, y ambos, animal y mujer, son de algún modo símbolos afines con ideas tales como libertad vs prisión o marginalidad y sumisión. No olvidemos otro eco: el texto mismo, Penélope se convierte en la eterna tejedora para poder resistir y lo que ella está constantemente tejiendo es una tela, tejido, texto que deshilvana todas las noches. De ahí que Penélope no sólo encarne la idea de la fidelidad y de la escritura, sino de la resistencia misma de la escritura. Recordemos que lo que ella teje por el día lo desteje por la noche y de eso hay mucho en este libro, todas las ideas son destejidas nuevamente no sólo por un narrador que usa (y abusa) de la antítesis, sino por un lector que acepta estar dentro del juego.

P: Tus lectores dicen que tus cuentos son difíciles...

R: A mí me tocó un padre que como Rialta —la madre de José Cemí que encarna a la madre de Lezama Lima en Paradiso— le dice a su hijo o hija que “intente lo más difícil porque sólo esto es estimulante.” Sin embargo, no creo que los míos sean difíciles ni fáciles. Pienso que apelan a la percepción. Me parece que el objetivo fundamental de un escritor de ficción no es tanto que la persona entienda todos los detalles desde el principio sino que el texto logre que el lector entre en contacto o friccione su pensar y su cuerpo con las propuestas y así se percate lenta o rápidamente, según su capacidad, de la existencia (o inexistencia) de las cosas y su temporalidad y se las cuestione. Para mí el arte y la literatura no precisan ser entendidos de una manera tan cabal. Este “entendimiento” me sigue pareciendo una ansiedad de clasificación y agotamiento de lo que ya se sabe es múltiple. Muchas veces los textos no te están proponiendo ser explicados, ni tan siquiera desmontados, a veces sólo proponen dar a conocer algo, juegan a ser sentidos y a comprenderse (o descubrirse) en el espacio y el tiempo de la experiencia de cada sujeto. Creo que a eso apela Sin Perro y sin Penélope, a ser descubierto mientras se experimenta.

E: Con respecto a la fidelidad de la que has hablado, ¿es esa la razón por la que muchos relatos están dedicados a alguien?

R: Podría ser, aunque en verdad estoy hablando más de las relaciones humanas y de poder bajo sistemas totalitarios. Y tal vez por ello hay cuentos dedicados a personas cuya amistad se quebró cuando puse un pie en los Estados Unidos. Y esto es algo lamentable pero absolutamente normal y lógico dentro de tales sistemas. Los cubanos que quedan adentro de la Isla siempre viven con muchos temores. De manera que si fuera de la Isla el amigo o conocido que se fue se le ocurre decir alguna crítica al gobierno, aquellos se sienten tocados y no importa que las palabras hayan sido dichas tachando una estructura de poder y no estén comprometiendo a nadie como individuo. En este caso no hay separación porque hay un juego interminable entre el discurso oficial y el individuo aterrorizado que trata de protegerse de inmediato y al que le es vital la sobrevivencia. Claro, están también aquellos que tratan de hacer equilibrios para defender algo de sí mismos. ¿No fue Borges quien dijo que cualquier dictadura sea de izquierda o de derecha degenera al ser humano?

Mira, uno de los hechos que más me han conmocionado fue la muerte de la poeta Ana Rosa Núñez. Cuando llego a Estados Unidos y la conozco no tuve ante mí sólo a una antóloga de poesía anticastrista, sino a una poeta por la que no había pasado el tiempo histórico de la separación política. Ella sabía vivir inmersa en el otro tiempo ahistórico de la cultura cubana. Y de tal manera que muy cerca de la muerte y casi convertida en un vegetal Ana me dio su última lección de amor. No reconocía a casi nadie. Le podías hablar de cualquier tema de la actualidad o de la política y ella no lograba escuchar. Sin embargo, si le citabas un verso o le preguntabas si se acordaba quién era el autor, ella se quedaba quieta un rato y de su memoria sacaba el nombre y no fallaba nunca. De la misma manera en que había conocido la poesía, podía reconocerla como el Lugar De La Cercanía Posible. En su muerte, el último reducto de su cerebro que funcionaba era el que estaba dedicado a la memoria poética. Su muerte fue una lección increíble sobre un Posible Lugar Donde Se Reúne Lo Humano.

E: Cabrera Infante dice en una advertencia al lector que Tres Tristes Tigres está escrito en cubano, ¿qué hay en tu libro de elementos cubanos?

R. Es absolutamente cubano.

E: ¿No piensas que ese cubanismo puede convertir al texto en algo hermético para el no cubano?

R. Claro que no. ¿No obtuvo Cabrera Infante un Premio Cervantes por escribir en cubano? Esto quiere decir de algún modo que cuando se escribe en cubano se está escribiendo en el mejor y más universal español.

Cuando nosotros decimos que estamos escribiendo en cubano lo que estamos diciendo es que son textos que se sudan en cubano, que corren por todos los solares, la tierra, el sudor, el excremento. Es eso a lo que se llama hablar en cubano, haber buscado todas las esencias (o no esencias) del país, y haberlo mostrado en su lenguaje tal cual.

Mientras te digo esto, recuerdo que de alguna manera éste era el criterio de un poeta moderno como Valéry para determinar la universalidad del escritor. Así que aunque ya ni tan siquiera estamos en el postmodernismo, sino en el “post-human,” pareciera que al leer se sigue estableciendo el mismo criterio: cuando el texto plasma el cuerpo del escritor o escritora es que logra convertirse en algo universal (o para evadir palabra de tanto poder connotativo), en algo comunicante.

E: La Caridad del Cobre es la Venus de la literatura griega... los mitos griegos, como Penélope...

R. No recreo la figura de la Caridad del Cobre en mis relatos, pero sí la de Penélope y esta recurrencia no sólo se debe a la inagotabilidad del ceremonial mítico sino al hecho de que todas las islas son míticas y se comunican, por lo que no es raro que Joyce haya sido irlandés y Lezama cubano, como tampoco parece ser casual que las islas sigan siendo un lugar signado por el misterio (sea del infierno o del paraíso) por desentrañar, mientras mucho más complejas y enigmáticas aparecen para los otros sus gentes, es decir, las criaturas de isla.

E: Tus influencias literarias...

R. Diría que en la época de mi formación literaria (que es mi niñez) mis lecturas fueron siempre muy españolas, y esto es una diferencia grande con otros escritores de mi generación que comenzaron en su adolescencia con lecturas de poetas ingleses o narradores norteamericanos. Personalmente recibí este último influjo cerca de los 18 años. A esa edad cayó también en mis manos Joyce, no con su Ulises, sino con una novela más sencilla a nivel experimental. Me refiero a Portrait of the Artist as a Young Man y ésta me impactó mucho ya que todo escritor presiente que vive un exilio interior, y de repente la figura de Stephen Dedalus lo que hace es transitar del exilio interior hacia el exilio exterior, y todo el tiempo es un exiliado. Y el doble exilio parece ser una marca no sólo para los artistas sino para cualquier hombre y mujer cuyas vidas o bien ocurrieron en el siglo veinte o bien se desplazan de éste al recién iniciado siglo veintiuno.

Súmale a esto la idea del nacimiento del artista que se plasma tan hermosamente en Portrait..., su memoria casi prenatal, cuando se cree que el nacido no tiene conciencia todavía, y te sorprende los recuerdos primeros: el hule frío, la vaca muuuhh, todo este momento anterior. En esta época de Joyce muchos fueron los escritores que abordaron el mismo tema (Thomas Mann: Tonio Kröger, Herman Hesse: Damian, entre otros). Personalmente tuve mucha constancia de esos primeros instantes ya que mi infancia transcurrió de modo diferente al resto de los otros no por mi voluntad de aislamiento sino porque padecía de una enfermedad. Y esa sensibilidad que tiene la persona que presiente que va a dedicarse a la escritura, Joyce me lo puso en palabras muy diáfanas, así como otra idea que está en casi todos los escritores de que el arte es una construcción que ayuda al sujeto a vivir o a morir.

Como el postmodernismo deja tantas cosas en el aire, esta es una idea a la que está volviendo a pesar de que pertenece al pasado. Y no es precisamente una lectura de trascendencia sino como una construcción cultural que el sujeto humano necesita no sólo para afianzarse sino para descubrirse. El ser humano no es aire, ni lluvia, y necesita preguntarse qué móviles le impulsan a ciertas actividades. Y todo esto con la conciencia de que el arte y la literatura benefician tanto lo sublime como lo despiadado, verbi gracia, muchos oficiales alemanes nazis escuchaban música clásica mientras ponían a hervir los cuerpos de sus víctimas. Estas y más cosas pueden ser dichas, pero aún interesa el arte porque sus formas hacen friccionar al sujeto con la realidad y este hacer o fricción permiten que éste sienta su libertad.

Con respecto a las influencias de la lengua española: los poemas anónimos y la poesía religiosa de España y su generación del 27. De la expresión americana en esta lengua, José Martí, Vallejo, Lezama, Dulce María Loynaz, Gabriela Mistral, Jorge Luis Borges. Los clásicos griegos como Platón, Aristóteles, Homero. También las francesas, Artaud, Sartre, Camus, Víctor Hugo, toda la literatura de Stendhal, y Ronsard. Los filósofos alemanes y el teatro de Shakespeare y de Brecht. Cada vez leo más teatro. Decía Benítez Rojo en La isla que se repite que el Caribe es espectacular, pero yo creo que como el Caribe pasó a ser hace mucho tiempo lo que antes fue el Mediterráneo; es decir, el lugar de todos los intercambios, pues ahí se ve de manera más clara que el sujeto no sólo realiza un performance sino que el performance es una necesidad.

E: ¿Cómo te planteas tu futuro literario inmediato?

R. Tengo más cuentos como estos. Sigo con el mismo estilo pero son más sin fin. Creo que llegó el momento de mayor madurez que me permite ver la vida con otras perspectivas (en las que entran tanto ganancias como perdidas) y éstas permiten que me plantee nuevos asuntos.

Lo que más me gustaría escribir ahora son dos textos muy alejados y ambos son resultado de mi vida en los Estados Unidos. Uno se relaciona con mi experiencia sureña. El otro es sobre cómo son los happy ticcers, como Arthur Miller y Amadeus Mozart. Quisiera hacer una serie de reflexiones biográficas sobre las relaciones entre la literatura y el proceso de la enfermedad de éstas y otras figuras de relieve ya que en Estados Unidos la protección a personas con ciertos problemas —lo cual es muy positivo— está resultando en una paradoja: el aislamiento y confinamiento de esas mismas gentes, lo cual termina por darle a estas vidas un sentido de mayor incomunicación y tragicidad.

Chapel Hill, Carolina del Norte, 5 Mayo 2004.

 

© Mª Ángeles Pozo Montaño y Alberto Zambrana Ramírez 2005

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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