La poesía de José Ángel Valente,
o la mística sin el místico*

Dr. Ismail El-Outmani

Université Mohamed V
Faculté des Lettres/ Rabat
outmani7@yahoo.com


 

   
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José Ángel Valente nace en Ourense (Galicia), recibe una educación nacional-católica y cursa sus estudios universitarios en Madrid. Estando en Ceuta para cumplir su servicio militar, entra en contacto con los "moros" que le habían impresionado tanto de niño, cuando veía la guardia franquista. Ceuta es asimismo una oportunidad para conocer de cerca la cultura árabe, por la que había mostrado un vivo interés con un artículo sobre « El collar de la paloma ».Valente lee a M. Asín Palacios, A. Castro y E. García Gómez, autores que reflexionan en sus obras sobre la aportación musulmana y judía a la cultura española. Es más, Valente se plantea contribuir a la reflexión sobre el "otro" escribiendo sobre la literatura árabe (J.Khalil Jabran, M. Nuaima, M.Sabbágh, etc).

Más tarde, Valente se traslada a Oxford para enseñar en la universidad, y a Ginebra para ejercer de traductor para la ONU. Sin embargo, sus oficios "mundanos" no le impiden interesarse cada vez más por la mística monoteísta, la kabbalística (A.Abulafia, Maimónides, E. Jabès, etc), la cristiana (Santa Teresa de Ávila, San Juan de La Cruz, M. de Molinos etc), y la musulmana (Ibn Arabi, Al-Hallách, Al-Rúmi, etc), y por la mística de Extremo Oriente (hindú, japonesa y muy particularmente, la china). Sus lecturas se traducirán en una poesía radical, inspirada por una concepción poética (con-)centrada en la "cortedad del decir", que obtiene una difícil recepción en España.

Tal radicalidad radicaba en romper con la teoría/ ideología literaria tradicional que esteriliza la poesía, en despojar a la poesía de su romanticismo habitual y al poeta de su ego-yo-ísmo. En la poética valenteana, el "yo" se disuelve; se vuelve "tú, él, nosotros"; y el poema deja de ser el "lugar de un decir" y pasa a ser el "lugar de un parecer", en el cual lo indecible queda infinítamente dicho. Una inmersión en la lengua para alcanzar el "punto cero", la nada, el vacío, el silencio; para borrarse.

La poesía de Valente es un ejercicio genuino, lento y profundo, duro y radical, para liberar a la palabra, al verbo de la rutina material(-ista), de la carga terrenal que efimeriza los sentidos a través del tiempo y el espacio. El lenguaje temporal y fronterizador que separa y segrega a los seres humanos viene sustituido por una lengua que eleva al ser humano, sin importar su etnia ni su credo, en una ascención espiritual (o mi’ràch) de vértigo transmutador.

Sin embargo, debemos subrayar que Valente escribe textos místicos sin ningún afán religioso o teológico; sus textos son libres de cualquier práctica religiosa reconocible o tradicional. Su mística tiene de tradicional la búsqueda de una armonía total, de una unicidad múltiple. Por el resto, la suya es esencialmente una mística poética, no una doctrina o una teosofía. Si el místico desea alcanzar el "estado de disposición infinita" con el alma, Valente trata de alcanzar el mismo estado por medio de la palabra, es decir, de la lengua.

Subidos a la lengua de Valente, nos transporta una "quietud en movimiento"; nos sentimos suspendidos en un « vuelo inmóvil », en una huida personal y parcial, pero múltiple e integral por unificadora y universal, desde el mundo efímero y material a un mundo incorpóreamente erótico, divínamente imaginal. Nos fugamos, aunque muy, muy brevemente, por un espacio infinito como un pájaro celestial volando sin finalidad ni objeto, entre ráfagas de luz extrema que iluminan los terrenos extremos de la conciencia humana abstraída momentáneamente para escapar a la cosificación y buscar la redención dando amor.

Valente no escribe poesía. Es, en palabras de su amigo J. Goytisolo, atravesado por la poesía. Valente no hace mística. Es, en palabras de su amigo E. Amran El-Maleh penetrado por la mística. Ello nos permite constatar que Valente, lejos de versificar la mística, lo que hace es « mistificar » en verbo su experiencia vital que crea textos silenciados porque no puede callar absolutamente. De hecho, la escritura valenteana, aparentemente hermética, opaca y abismal, es en el fondo el pozo en cuyo fondo encontramos las estrellas, una invitación a meditar en silencio sobre la nada que llena el vacio que creamos sin poder nada mejor con el intelecto.

Como lectores inadvertidos de esta poesía, nos es necesario traspasar la forma, atravesar la superficie, penetrar la substancialidad de las palabras, para adentrarnos mediante las palabras substanciales en el mundus imaginalis donde no cabe la vanidad, la rutina ni la hartura. Así, nos sentiremos cerca de Valente, del otro, de nosotros mismos. En esta unicidad plural, me borro en el tiempo presente con el silencio de estos versos de José Ángel Valente:

Bajo la palabra insistente
Como una invitación o una súplica
Debíamos hallarnos, debíamos hallar
Una brizna del mundo.

 

* Artículo escrito con motivo de la “Jornada Valenteana” organizada en la Faculté des Lettres de la Université Mohamed V, de Rabat, el 25 de febrero del 2005. Los artículos de J. Goytiolo sobre J.A.Valente (en « El bosque de las letras » y « Cogitus Interruptus ») han sido de gran provecho para su elaboración.

 

© Ismail El-Outmani 2005

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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