Che y Teddy:
el desarrollo de imágenes populares en la pantalla grande

Marco Katz *

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Juntáis al culto de Hércules el culto de Mammón...
Rubén Darío, “A Roosevelt”

A lo largo de sus alabanzas de la juventud del comunista más entrañable, la película Diario de motocicleta en realidad apoya los valores del capitalismo, especialmente con su participación en el fenómeno actual del marketing de la imagen de Che. No hay nada novedosa cuando una obra estadounidense con el productor ejecutivo Robert Redford lleve una filosofía capitalista. Un breve repaso a Guantanamera, otra película de viajes, del director cubano Tomás Gutiérrez Alea, iluminaría los problemas fundamentales de Diario de motocicleta. Quizás a la postre, la obra hecha por intereses multinacionales muestra unas ventajas artísticas de un sistema comunista.

En 1946, Alejo Carpentier escribió, en La música en Cuba, que la canción “Guantanamera” era «un gran éxito de popularidad.» Según Carpentier, «la música que correspondía a los dos primeros incisos de La Guantanamera no era otra que la de viejísimo romance de Gerineldo, en su versión extremeña.» En su versión vigente se narraba sobre la melodía «los últimos sucesos de actualidad.» Desde la época de Carpentier, tanto Pete Seeger y otros cantantes de la música folklórica norteamericana como La Orquesta Kubavana y otros muchos rumberos caribeños han añadido versos martianos al estribillo conocido. Tomás Gutiérrez Alea continúa esta tradición con su obra cinemática en que los cantantes de la banda sonora narran los sucesos de los protagonistas visto por la pantalla.

Para el espectador de Guantanamera, no hay duda de que la vida cubana bajo el régimen actual es difícil y frustrante. Como se dice en La Habana, «Cuba es el país más grande del mundo, con el ejército en África, la población en Miami y la comida en China.» La situación no es desesperada sólo en cuanto a la materia, sino también por la vida intelectual; Gina, la profesora de economía en la película de Gutiérrez, había sido despedida por haber despertado en sus alumnos el libre albedrío. Además, los protagonistas no esperan una vida mejor; se reconocen en sus discursos que “el capitalismo nuevo”, como había visto en la transición en Rusia, ha llevado los mismos beneficios a la gente corriente que “el socialismo nuevo” de los últimos años del siglo XX en Cuba. El nombramiento del comunista principal de la película, Adolfo, sugiere que para el cineasta hay poca diferencia entre el socialismo internacional soviético y el socialismo nacional alemán.

Los personajes de Guantanamera conocen su país debido a que han vivido en la isla por toda la vida. Mariano, Gina, Cándido y aun Adolfo tienen demasiada experiencia con la falta de alimentos, los camiones obligados a servir para transporte y las colas en todas partes. Su conocimiento del sufrimiento cubano no viene como la revelación de un momento ni de un año, sino por los miles de miles minutos acumulados. Aquí Gutiérrez presenta una mirada por dentro de su propia sociedad.

Al contrario, según Diario de motocicleta, la formación revolucionaria del joven Ernesto Guevara llega casi en un parpadeo, a través de unas vacaciones extendidas. El estudiante argentino de las clases medianas-y bastante altas-aprende lo que necesita después de unas horas conversando con dos obreros de las minas de Atacama y unas semanas visitando a los leprosos peruanos. Las escenas en la colonia lepra tienen toques religiosos, mezclando para el público europeo y norteamericano unas imágenes de sor Teresa de la India y la revolución lite. La película estadounidense muestra poco sobre los pensamientos y los sentimientos de los descendientes de los amerindios. Su importancia queda en nada más que sus encuentros con el héroe personificado por Gael García Bernal, el actor más rentable de la farándula actual. No obstante, en esta película dirigida por Walter Salles, el futuro Che-un ciudadano privilegiado oriundo del país más europeo (es decir, más blanco) entre la Bahía de Hudson canadiense y la Tierra Del Fuego-afirma su confianza y su fe en “la raza mestizaje” latinoamericana.

Paradójicamente, durante los primeros años del siglo XX muchos estadounidenses percibieron en Theodore Roosevelt un héroe similar a Che Guevara. La historia juvenil de Che Guevara tiene muchas semejanzas con la de Roosevelt, otro niño adinerado pero físicamente débil quien superó sus enfermedades para servir como comandante famoso en batallas por la liberación de Cuba. Destacado en los “Rough Riders” (jinetes duros) y el asalto de las Colinas de San Juan del 16 de julio 1898, Roosevelt ayudaba en una liberación de la colonia mal tratada por sus tiranos españoles. No hay nada en su historia personal que sugiera que Roosevelt sabía mucho sobre los cubanos, pero se imagina que él fue motivado, como muchos estadounidenses, por los artículos en los periódicos, especialmente los de la “prensa amarilla,” sobre los campos de concentración del general Valeriano Weyler y Nicolau, el mal tratamiento de los ex-esclavos negros, la matanza de José Martí y otros muchos abusos impuestos por el gobierno madrileño.

Igual que Guevara, Roosevelt recibió mucha adoración por sus esfuerzos. Un eslabón del lugar del Internet de la Biblioteca del Congreso estadounidense conecta con no menos que 104 filmes, incluso Roosevelt's Rough Riders (Los jinetes duros de Roosevelt), tratando con los acontecimientos rooseveltianos entre su participación en la guerra de 1898 y su muerte en 1919. Durante las últimas décadas aparecieron The Indomitable Teddy Roosevelt (El indómito Teddy Roosevelt) de 1983 y Teddy Roosevelt - An American Lion (Teddy Roosevelt - Un león norteamericano) de 2003, ésta con alabanzas por parte de Bill Clinton y otros pensadores del momento. Entre los recuerdos del “jinete duro” que conservan hoy en día, no debemos olvidar su Premio Nobel por la paz de 1910, su ascensión como el presidente más joven (Kennedy fue el más joven elegido) de los Estados Unidos, la designación del Río Teodoro en Brasil y el entrañable oso de peluche con el monóculo.

Los que liberaran países enteros merecen las alabanzas mundiales que reciben. El problema-tanto en el caso de Guevara como lo de Roosevelt-consiste en lo que pasa después de la liberación. El tratado Platt entre Washington y los oficiales supuestamente independientes de La Habana cedió todo el control de los asuntos cubanos al vecino del norte, asegurando un deterioro en la vida isleña que terminó con la revolución necesaria en contra del dictador Fulgencio Batista. Con la sucesión inesperada de Roosevelt a la presidencia estadounidense, después del asesinato de William McKinley, el mundo tenía una vista adelantada del caudillismo norteamericano con la apropiación de la provincia norteña de Colombia, la caza de animales exóticos en África y las pretensiones de crear su propio partido político, el Progressive Party, en 1912.

No se sabe qué pudiera hecho Guevara con el poder. Antes de su muerte, en 1967, el comandante salió de Cuba bajo circunstancias misteriosas para liderar batallas inútiles para los soviéticos en Mozambique. Igual que Martí, Guevara era mejor escritor que guerrero. Posiblemente el compañero de la Sierra Maestra hubiera servido como un gobernante bueno, dejando su plaza en un momento conveniente para pasar los mandos a Ricardo Alarcón y los otros funcionarios de la nueva generación. Lo cierto es que en la actualidad Che sirve como una imagen popular y muy útil para Fidel Castro en su 45° año como jefe del estado. Los visitantes a la isla pueden ver la cara conocida de Che por cada cuadra de La Habana. Fuera de Cuba, el rostro revolucionario suele aparecer en un póster del despacho o en una camiseta de moda para mostrar el corazón izquierdista que sigue batiendo dentro del funcionario capitalista.

Entre los anti-intelectuales, el mundo está plenamente dividido en dos partes fijas: la derecha y la izquierda. Muchos derechistas han expresado su admiración por los dictadores como Francisco Franco, Ferdinand Marcos, Anastasio Somoza, Augusto Pinochet o el Shah Pahlevi siempre que hablaran en favor de los Estados Unidos y en contra del comunismo, el terrorismo o algunos actos o comentarios que oponen los yanquis. Desgraciadamente, hay izquierdistas que se sienten obligados de dar su apoyo a las figuras asociadas con el socialismo, sin pensar en sus acciones abusivas. En este ambiente internacional, debemos agradecer los artistas como Tomás Gutiérrez Alea, quienes evitan los eslóganes fáciles y en su plaza muestran las complejidades de la condición humana. A pesar de un presupuesto más pequeño y las dificultades de rodear en un país bloqueado por los Estados Unidos, el cineasta cubano puso en la pantalla grande sonidos e imágenes que levantan preguntas en vez de respuestas, iniciando debates sobre la vida actual. Unos habaneros dicen que Fresa y chocolate, una película anterior de Gutiérrez, cambió no sólo los pensamientos de la mayoría sino también el tratamiento de una minoría, los homosexuales, en Cuba. Con su última obra, Guantanamera, Tomás Gutiérrez Alea ha creado un texto que será importante tanto en el futuro como es en el presente, algo que puede sobrevivir tanto las ideologías como el caramelo de Walter Salles.

Y mientras que podemos-digo debemos-criticar los abusos castrenses, tenemos que pensar también en las ventajas del socialismo. En Cuba, Gutiérrez jamás fue parado por la censura. Además, el cineasta gozaba con becas del gobierno y el espacio para crear su arte. Aunque se sabe que todos los artistas cubanos no disfrutan con tal apoyo, hay artistas en Estados Unidos que tampoco pueden trabajar no por la censura directa sino por el hambre, el olvido y la falta de difusión debido a un sistema de cultura popular manejado por las grandes empresas. Bajo el régimen de Fidel Castro, Tomás Gutiérrez Alea creó-como crean los artistas buenos de todas las naciones gobernados por todos los partidos distintos-un lugar sumamente humano, libre e inolvidable.

 

Biblio-Filmografía:

Cantos de vida y esperanza, Rubén Darío (1905)

Diario de motocicleta (2004) EE.UU. / Alemania / Gran Bretaña / Argentina / Chile / El Perú. Dirección: Walter Salles. Guión: José Rivera.

Guantanamera (1995) Cuba. Dirección y guión: Tomás Gutiérrez Alea.

La música en Cuba, Alejo Carpentier (1946)

 

* Marco Katz es alumno posgraduado de filología en la Humboldt State University de California, EE.UU. Durante su licenciatura realizó estudios en la Universidad Complutense de Madrid y fue un finalista en el concurso para alumnos universitarios madrileños: ¿Quién quiere ser crítico del cine? (2002). Uno de sus artículos, “Salsa Criticism at the Turn of the Century: Identity Politics and Authenticity,” apareció en la revista Popular Music and Society. (Vol. 28, No. 1, febrero de 2005. Routledge. 35-54) y tiene prevista otra publicación, “Correo electrónico entre el famoso Eduardo Oso y el popular Sancho Panza,” durante el 2006 en Antípodas: Journal of Hispanic Studies.

 

© Marco Katz 2006

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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