Crímenes ejemplares de Max Aub y el cine

Pedro Tejada Tello

I.E.S. Vicent Castell Doménech (Castellón)

ptej2000@yahoo.es


 

   
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Conocida es la gran vinculación existente entre la vida y la obra de Max Aub con el cine. Antes de su llegada a México, Max Aub ya contaba con cierta experiencia cinematográfica: había escrito ocasionalmente sobre el séptimo arte en los años 30 y a principios de 1939 había formado parte del equipo de filmación de Sierra de Teruel con André Malraux (adaptación de la novela de éste, L’espoir). [1] Más tarde, cuando no llevaba ni siquiera un año en tierras mexicanas, se afilia al Sindicato de Trabajadores de la Industria Cinematográfica. En 1948 es nombrado secretario de la Comisión Nacional de Cinematografía de la Secretaría de Gobernación hasta el año siguiente, a la vez que trabajará como profesor de filmografía (teoría y técnica cinematográfica) en el Instituto Cinematográfico de México. Entre 1950 y 1951 forma parte de la Comisión Técnico-Literaria del Banco Nacional Cinematográfico. [2]

Coincidiendo con el auge de la cinematografía mexicana en los años 40, [3] Aub participó de variadas formas (argumentista, adaptador de argumentos, guionista, dialoguista, incluso actor) en unas cuarenta películas, [4] aunque reconocerá la baja calidad de la mayoría de éstas y que tuvo que aceptar esos encargos para sobrevivir. [5]

Junto a estas actividades profesionales en el cine, su labor literaria y, sobre todo, su narrativa en repetidas ocasiones deja traslucir que Aub -como otros autores contemporáneos- consideraba muy útiles determinadas técnicas cinematográficas para la configuración de su universo narrativo. Así se entendería que alguna vez el autor declarase que en sus novelas de El laberinto mágico su única intervención se había limitado a “poner la cámara” [6].

Aparte de esto, hubo obras aubianas de diversos géneros, que con su intervención o sin ella, fueron llevadas al cine, en vida del autor o tras su muerte. Así, su drama La vida conyugal fue convertido en largometraje en 1943 con el título de Distinto amanecer, con guión y dirección de Julio Bracho. Más recientemente, en 2002, A. Ripstein dirigió La virgen de la lujuria, con un guión de Paz Alicia Garciadiego basado en el relato de Aub La verdadera historia de la muerte de Francisco Franco.

Adaptaciones cinematográficas de Crímenes ejemplares

Entre las obras de Max adaptadas al cine tras su muerte figuran también los Crímenes. Las peculiarísimas características de éstos (los primeros publicados a finales de los años 40 en Sala de espera; la última edición preparada por el autor apareció en 1972) permitieron que una obra ya de por sí difícil de clasificar, pudiera ser adaptada a diferentes géneros y formatos. Así, tenemos noticia de que a partir de distintas selecciones de crímenes se han elaborado adaptaciones radiofónicas [7], teatrales [8] y cinematográficas. En este trabajo nos vamos a centrar en tres de estas últimas: las que han sido, la que pudo ser y no fue y la que quizá ha sido, aunque no se haya constatado que la obra de Aub fuera su inspiradora.

 

1. Las que han sido

Crímenes ejemplares (Cuentos 1 y 2)
1983, 5 minutos y 5 minutos
Nacionalidad: Española
Guión y dirección: Mariano Barroso
Fotografía: Antonio Mateos
Producción: José Manuel Gullón Limiñano
Interpretación: Guillermo Montesinos (Cuento 1), Juan Pedro García (Cuento 1), Mateo Bravo (Cuento 2), Ángeles Brazal (Cuento 2).

Menos nove (Minus nine ) (-9)
De Rita Nunes
1997, 11’ 40’’
Nacionalidad: Portuguesa
Shots-Cinema e Publicidade, Lda.

Delitti esemplari
De Andrea Graziosi (Università di Bologna)
2001 MiniDV color, 9’ 22’’
Nacionalidad italiana
(Mención especial en el premio DAMS de la Università di Bologna, en 2002)

 

2. La que pudo ser (y otra que quizá ha sido)

El epistolario Max Aub-Keith Botsford, además de ofrecernos muestras del gran sentido del humor del primero, (Max era implacable parodiando el castellano “tan peculiar” de su amigo y respondiendo irónicamente a algunas de sus propuestas) nos informa de la intención del inglés de llevar su versión de los Crímenes ejemplares al celuloide: [9]

“muy querido Max,

gracias por tu carta tan Aub y claro está por el correo de Euclides, lo cual pendeja a mi pared (no estoy seguro de mis verbos españoles). No he recibido nada de Encounter [10] todavía, pero confio que o ellos o otros publicarán tus crímenes, si no los mios. Además, tengo otra idea, que es de convertirles en un guión de cine, por lo cual igualmente te pido tu permiso y estoy dispuesto a pagarte (ha!) to que crees conveniente, es decir una nada, en contra de un porcentaje por si acaso alguién compra. Idea muy facil. Es decir: unos crímenes sin razones aparentes, une policía muy imbecil, y la posibilidad, my comica, a mi modo de ver, de unas escenas magnificas en las cuales el espectador sabe que habra asesino pero ni como ni porqué. Fin? que caiga el senor este en la trampa de uno que como el esta harto del aburrimiento humano. Que te parece? Y me das los derechos por un año para que puedo ver si es o no posible?” [11]

Y la desternillante respuesta de Max fue la siguiente:

“Tu idea acerca de la película me parece realmente espléndida. Si la hicieran Los Beatles, mejor.

Y en cuanto a mandarme dinero, no te quedes corto y envía todo el que ‘creas conveniente’, en contra del porcentaje -Fifty, fifty- y por un año, como quieres, desde hoy, a la una y media p.m., hora en que te escribo.

(…)

Si los de Encounter no publican los crímenes, siempre podemos matar a ellos.” [12]

Finalmente la adaptación de Botsford no se llevó al cine, aunque parece que el actor Peter Sellers estuvo interesado en el proyecto. [13]

A modo de hipótesis, quizá muy aventurada, consideramos que una escena de la película Chicago, presenta unos diálogos que parecen ecos de algunos de los crímenes aubianos. Carecemos de pruebas documentales para afirmar que el guionista de la película -o del musical teatral que la precedió- conoció el libro antes (o la traducción de Bostsford), pero reproducimos el texto íntegro de la escena para que el propio lector juzgue la viabilidad o no de nuestra hipótesis:

Chicago (2002)
Datos:
6 OSCARS, Usa-Canadá Musical 113 minutos
Director: Rob Marshall
Guión: Hill Condon
Banda Sonora compuesta por Danny Elfman
Musical creado por Bob Fosse en 1975, inspirado en la obra de teatro del mismo título, escrita por Maurice Dallas Watkins y basada en hechos reales. Bob Fosse quiso hacer él mismo la versión para el cine, pero su muerte truncó el proyecto.

Escena 3: “Se lo merecía”

Pop. Seis. Zas, No, no. Cicero. Lipschitz.

Y ahora las seis complacientes asesinas de la prisión de Cook nos ofrecen su interpretación “El tango del pabellón”:

Se lo merecía, se lo merecía, es el único culpable, de haber estado, de haberlo visto, seguro que habrías hecho lo mismo.

- Hay personas que tienen vicios que te ponen de los nervios, como Bernie. Le gustaba mascar chicles. No, mascar no. Hacer pompas. Un día llego a casa bastante enfadada y esperando un poco de consuelo y veo a Bernie tirado en el sofá bebiendo cerveza y mascando. No, mascando no, haciendo pop. Entonces voy y le digo: “¡Vuelve a hacer pop una vez más…!” Y lo hizo. Así que cogí la escopeta de la pared y disparé dos tiros de aviso, justo en su cabeza.

Se lo merecía, se lo merecía, es el único culpable, de haber estado, de haberlo oído, seguro que habrías hecho lo mismo.

- Conocí a Ezequiel Young de Salt Lake City hará unos dos años y me dijo que era soltero. Los dos congeniamos enseguida y empezamos a vivir juntos. Se iba a trabajar y cuando volvía le preparaba una copa y cenábamos. Hasta que lo descubrí… Soltero me dijo. ¿Soltero? ¡Y un cuerno! No sólo estaba casado: tenía seis esposas. Era un mormón de esos… Esa noche cuando volvió del trabajo y le preparé una copa, como siempre… Y ya se sabe: hay hombres que no toleran el arsénico.

Se lo merecía, se lo merecía, tomó a una chica en la flor de la vida y la usó, y hasta abusó. Fue un asesinato, pero no un crimen.

- Estaba de pie en la cocina, trinchando el pollo de la cena, pensando tranquilamente en mis cosas, cuando irrumpió mi marido Wilbur loco de celos. “¡Te has cepillado al lechero!”, dijo. Estaba desquiciado y no dejaba de gritar “¡Te has cepillado al lechero!”. Se topó con mi cuchillo. Se topó con él diez veces.

De haber estado, de haberlo visto, seguro que habrías hecho lo mismo.

- ¿Qué estoy haciendo aquí? Según ellos, la policía húngara, maté a mi marido. Pero yo no fui, no soy culpable. No lo soy. No puedo creer que el tío Sam diga que fui yo. Dicen que fui yo, pero en realidad…

- Ya, ¿pero lo hiciste?

- No, no. Soy inocente.

- Mi hermana Verónica y yo éramos un dúo. Y mi marido Charlie viajaba con nosotras. Bien, en nuestro último número hacíamos veinte acrobacias seguidas. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, spagats, saltos del águila, mortales, flig flags, uno tras otro. Una noche, antes del espectáculo, estábamos los tres en el hotel Cicero empinando el codo y riéndonos de tonterías. Nos quedamos sin hielo, así que salí a buscar un poco. Cuando vuelvo, abro la puerta y veo a Verónica y a Charlie haciendo un 17, el salto del águila. Bueno, me produjo tal conmoción que perdí la cabeza y no recuerdo nada. No fue hasta después, cuando me lavaba la sangre de las manos, que supe que estaban muertos.

Se lo merecían, se lo merecían, hacía tiempo que se lo merecían. Yo no lo hice, y si lo hice, ¿quién puede decir que estaba equivocada?

Se lo merecían, se lo merecían, hacía tiempo que se lo merecían. Yo no lo hice, y si lo hice, ¿quién puede decir que estaba equivocada?

- Quería a Lipschitz más de lo que podría expresar. Era un auténtico artista. Muy sensible, un pintor. Pero necesitaba encontrarse a sí mismo y salía todas las noches a buscarse y de paso encontró a Ruth, a Gladis, a Rosemary y a Irving. Podría decirse que rompimos por diferencias artísticas. Él se veía vivo y yo le vi muerto. El animal, el animal, el animal, el animal, el animal.

Se lo merecían, nos usaron y hasta abusaron, ¿quién dice que nos equivocamos?

Se lo merecía, es el único culpable. De haber estado, de haberlo visto, seguro que habrías hecho lo mismo. [14]

Compárense algunas de las frases precedentes con las siguientes tomadas de Crímenes ejemplares:

Lo maté sin darme cuenta. No creo que fuera la primera vez.

#

No lo hice adrede.

“Se lo merecía” o “se lo merecían”, que es, como puede verse, el estribillo en Chicago, sólo en una ocasión lo hemos encontrado en Crímenes:

Sólo quería pincharle. Pero entró como si fuera manteca, puritita manteca de cerdo. Era otro, pero se le merecía igual que aquél.

Sin embargo, implícitamente -o con otras palabras- todos los criminales de Aub están seguros de que sus víctimas se habían ganado a pulso esas muertes violentas:

Yo tenía la razón. Furiosa, puse el coche en marcha, y arranqué…

#

Había para matarlo. Lo hice. Si lo siento o no, es otro problema.

Y tampoco le cabe duda de que los demás habríamos hecho lo mismo que él:

¿Ustedes no han tenido nunca ganas de asesinar a un vendedor de lotería, cuando se ponen pesados, pegajosos, suplicantes? Yo lo hice en nombre de todos.

 

Notas

[1] Su papel fue muy activo “pues Aub, además de traducir el guión y adaptar los diálogos, ejerció en la práctica de asistente de Malraux, de ayudante de dirección, de productor, de ayudante de montaje, e incluso prestó su voz a uno de los personajes.” (Rodríguez, Juan: “La aportación del exilio republicano español al cine mexicano”, en clio.rediris.es/exilio, Enero 2004, nº 30, s.p.) Por sus diarios, averiguamos a quién dobló la voz: “Doblo la voz a Codina.” (Diarios (1939-1972), edición , estudio introductorio y notas de Manuel Aznar Soler, Barcelona, Alba Editorial, 1998, 25 de mayo de 1951, pág.187).

[2] Su credencial como asesor técnico de este banco con fecha 11 de enero de 1950 está reproducida en Diarios, op. cit., pág.159.

[3] En esos años la industria cinematográfica mexicana se convirtió en la primera de Latinoamérica. Tras un descenso de la producción en 1925 por el dominio de Hollywood, en los 40 la producción mexicana se multiplicará por 6, se triplicará el número de cines y la asistencia de público se aproximará a las medias europeas. Los gustos del espectador se inclinan por el melodrama, la comedia y el género “ranchero”, con calidad muy discreta. Los exiliados españoles, como los mexicanos, se tendrán que someter a esos gustos. Pero además los españoles se encontrarán con otros problemas: “Los sindicatos profesionales se aprestaron a defender los derechos de sus representados y el de actores, por ejemplo, impuso, a propuesta de Jorge Negrete, un máximo del treinta y cinco por ciento de intérpretes extranjeros en las producciones mexicanas (…) No es demasiado infrecuente, en esos primeros años cuarenta, encontrar a algunos exiliados trabajando bajo seudónimo, o colaborando en películas en las que su nombre ha sido omitido en los títulos de crédito.” (Rodríguez, Juan: art. cit. , s.p.). Es lo que ocurrió a Aub en Los olvidados de Buñuel (1951): en los créditos consta que el guión fue de Luis Buñuel y Luis Alcoriza, pero también colaboraron Juan Larrea, Max Aub y Pedro de Urdimalas (Jesús Camacho), estos dos últimos como dialoguistas (Maza, Maximiliano: “Más de cien años de cine mexicano”, cinemexicano.mty.itesm.mx.) Por ello muchos de estos españoles tuvieron que solicitar la nacionalidad mexicana (que Max obtuvo en 1955).

[4] La historiadora mexicana Eugenia Meyer ("Los tiempos mexicanos de Max Aub", en http://www.uv.es/entresiglos/max/index.htm, págs. 41-42, nota 3) reproduce la lista de esas películas, indicando nombres de los directores y guionistas de las mismas. Francisco Caudet ("Max Aub y México", en http://www.uv.es/entresiglos/max/index.htm, pág. 225, nota 18) toma datos de un trabajo inédito de Álvaro Romero, de la Universidad de California, Santa Cruz, titulado "Max Aub en el cine mexicano (1943-1956)", incluyendo referencias ausentes de la recopilación de Meyer.

[5] “Ya sé que aquí -yo, por ejemplo-, estoy a sueldo de mis productores de películas para hacer -sin chistar- cosas peores (esas horrendas veinte películas mías firmadas aquí). Más dirigido que estos tristes compositores soviéticos.” (Diarios, 26 de abril de 1948, pág.146).

[6] A este respecto puede consultarse la obra de J. R. Martín Largo, El escritor con la cámara. Max Aub, la novela moderna y el cine, Valencia, Biblioteca Valenciana, Colección Literaria, 2003.

[7] “IL FUT UN TEMPS” y “CRIMES EXEMPLAIRES” fueron emitidos por varias emisoras radiofónicas francesas antes del 29-3-1965, pues de esa fecha se conserva en el AFMA (Archivo de la Fundación Max Aub) una carta de G. Day, secretaria general de la Société des Gens de Lettres de France, dirigida a Max Aub, en la que le solicitaba indicaciones sobre dónde debía mandarle el importe de sus derechos radiofónicos (Sign. A.M.A. C.4/52/1). La cantidad ascendió a 30,44 francos (Sign. A.M.A. C.4/52/3).

[8] La primera adaptación teatral que conocemos fue Xampú de sang (Víctor Martínez de Lahidalga Ruiz) (¿1981-1983?). No hemos podido averiguar exactamente cuándo y cuántas veces se representó esta versión. La primera vez pudo ser en 1981, pues en una carta conservada en el archivo de Segorbe aparece una autorización, con fecha 17-10-1981, para realizar tres representaciones en el festival de Sitges de 1981 (Sign. A.M.A. C.16/5/201b). Posteriormente hubo una nueva autorización para llevar la obra a las tablas entre el 10 de marzo de 1982 y el 10 de marzo de 1983 (Sign. A.M.A. C.38-31/1).

[9] Transcribimos las cartas de Keith Botsford, conservadas en el AFMA, sin correcciones, con su estilo (y errores) propios.

[10] En un principio Encounter iba a publicar la traducción de Botsford de los Crímenes.

[11] La carta, escrita en Londres, está fechada el 20-1-1966 (Sign. A.M.A. C.2/42/9).

[12] Sign. A.M.A. C.2/42/10 (23-1-1966).

[13] Nos indicó por correo electrónico K. Botsford que realizó varios guiones, y que uno de ellos casi se lo compró el actor británico Peter Sellers, que sin duda habría encarnado a ese “policía muy imbécil” del que hablaba en la carta que transcribimos arriba.

[14] Transcribo el texto tras el visionado de la película en formato dvd, editado por Miramax en 2003.

 

Este artículo es una breve muestra de uno de los temas que trato en mi estudio Crímenes ejemplares: humor y “más aún”, realizado gracias a una beca de investigación concedida por la Fundación Max Aub de Segorbe en el año 2004.

 

© Pedro Tejada Tello 2006

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero32/crejempl.html