El retorno del exilio en una novela de Daniel Sueiro

Dr. Khemais Jouini

Universidad de Manouba/King Saúd University
Arabia Saudí
Khemais_jouini@yahoo.es


 

   
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Con las barreras de la censura tuvo que topar Estos son tus hermanos [1], segunda novela de Daniel Sueiro, publicada inicialmente en México en 1965. Los lectores a quienes lógicamente iba destinada la novela tuvieron que esperar doce años, es decir, hasta 1977, para verla en los escaparates de las librerías de España, junto con tantas otras, que tuvieron la misma suerte, como La forja de un rebelde (1976), de Arturo Barea, Las ruinas de la muralla (1976), de Jesús Izcaray, etc., que se editan o se publican por primera vez en España después de la muerte de Francisco Franco.

Los hechos que novela Daniel Sueiro en Estos son tus hermanos tienen una relación directa con la guerra civil española de 1936-39. Sin embargo, ésta no aparece tratada de una manera abierta, es decir, que la guerra no es el principal tema de la novela al igual que las novelas belicistas de los primeros años de posguerra, sino que aparece a través de las alusiones de los personajes a las atrocidades que cometieron los dos bandos en conflicto. En cambio, sus consecuencias aparecen claras en el trato que recibe el personaje principal, Antonio Medina, por sus conciudadanos al volver de su exilio.

Antonio Medina, uno de los cabecillas republicanos conocido con el apodo de “El licenciado” durante la guerra civil, regresa a su tierra natal después de veinte años de exilio en Francia, al concederle las autoridades el perdón oficial. El protagonista se dará cuenta muy pronto de la incomprensión y el egoísmo de sus conciudadanos al poco tiempo de volver cuando empiezan los sentimientos de recelo y revanchismo en su propia ciudad. Esta atmósfera asfixiante alrededor del protagonista empieza en su casa cuando su madre moribunda, nada más llegar, no le reconoce y le confunde con otro médico, pero sobre todo cuando, en uno de sus momentos de delirio, le echa la culpa de todas las desgracias que ocurrieron en casa:

La madre seguía gritando "¡mal hijo!" con una vehemencia aterradora, "¡tú fuiste quien trajo toda la desgracia a esta casa!" obsesionada, "mataste a tu padre y vienes a matarme a mí, ya lo sé... ¡por qué no te quedaste donde estabas, vete!"" (pág. 83).

Esta atmósfera, que se forma en su propia casa, le produce la sensación de ser un extraño y un intruso entre sus familiares más próximos. Su amigo Rodrigo Mozo le advierte que, en la ciudad, no todos le recibirán de la misma manera:

-Al lado de los que te reciben con los brazos abiertos hay los que te recibirán a dentelladas, si pudieran. Sobre todo, los que no quieren recibirte de ninguna manera (pág. 113).

El clima de recelo se agudiza aún más en la misma ciudad cuando a todos los vecinos les da por sacar los horrores de la guerra. "Están sacando todos los trapos sucios"(pág. 191), dice el tabernero, don Félix, a Antonio. El tema imperante del vecindario será hablar de la guerra y de los "rojos" como bestias humanas que perpetraron los más atroces crímenes:

-Ahora a todo el mundo se le da por leer cosas de las que pasaron en la guerra (pág. 196).

Los enemigos políticos de Antonio Medina le rechazan y le tratan como si fuera el único responsable de todo lo que ocurrió durante la guerra:

-¡Yo no doy la mano a tipos como usted! -profirió mirándole con rencor-. No hace falta que nos presenten... ¡Yo, a tipos como usted no los saludo! ¡Ni los quiero ver delante...! Me he levantado a propósito para venir a esta mesa a decírselo. ¡Quiero que lo sepa! ¡Quiero que lo sepa! ¡Le digo que son ustedes despreciables y que no tienen derecho a estar aquí! ¡Eso es lo que digo... a usted y a los traidores! (pág. 165).

Está claro que para ellos Antonio Medina personifica toda la culpabilidad. El es culpable y no tiene derecho a haber vuelto; y como consecuencia de esta campaña de recelo se pintan letreros hostiles en el portal de su casa: “Aquí vive un traidor, hagámosle la vida imposible”(pág. 229), en la fachada de un instituto: “Nuestra paz no es para los rojos”(pág.261), en la fachada del cine: “Afuera o a la cárcel”(pág. 261), y sobre la tapia de una casa en construcción: “Hay un asesino entre nosotros. Seamos implacables” (pág. 261). Incluso los viejos conocidos evitan su compañía porque creen que sería comprometedor que les vieran con él, salvo algunos: Quintana, el escritor; Carioco, el repartidor de periódicos y, sobre todo el que considera un verdadero amigo, Rodrigo Mozo, que, por su actitud hacia él, no hacía más que agudizar su crisis de abandono y confirmarle en su sensación de aislamiento y soledad.

El voto negativo de la ciudad sobre la vuelta de Antonio Medina se concreta aún más cuando seis personas le atacan de noche y le dan una paliza al regresar a su casa, advirtiéndole que no es más que un aviso para que se vaya y vuelva al exilio. El comisario de la ciudad le obliga a pasar alguna de las noches en la comisaría para protegerle de un hombre que le perseguía para vengar en él la muerte de sus familiares durante la guerra. Pero a pesar de todo, Antonio Medina sigue apegado a su tierra, a su ciudad y a su país, único lugar donde quiere vivir y morir:

Quería la paz, a costa del silencio, incluso a costa de la soledad. No venía en busca de otra cosa. Sólo quería la calma y a ser posible, el calor de la gente amiga, de la gente de la misma sangre, los hermanos (pág. 147).

La actitud de sus compatriotas le convence de la inutilidad de su vuelta porque desde el principio no sabía cómo iba a ser recibido y ya empieza a pensar que “a pesar de todo no debía haber vuelto, no tenía porque volver” (pág. 145). El cerco progresivo que sufre Antonio culmina cuando recibe el golpe bajo por parte de los hermanos con los que tanto deseaba vivir. La cuñada y el hermano, que al principio le reciben bien, pronto manifiestan su malquerencia, iniciada años atrás cuando eliminaron su nombre del rótulo de la tienda del padre fallecido para guardarla para ellos solos:

El almacén de Manuel Medina, "el bueno", había pasado, de ser de "hijos", a ser "del hijo" (pág. 62).

Su interés para librarse de él, su egoísmo y su amor ciego por el dinero les empuja a mandar anónimos al comisario de la ciudad en los que le acusan de crímenes y robos concretos que nunca había cometido. Ante este golpe mortal, dado por los propios hermanos, Antonio Medina decide marcharse y exiliarse voluntariamente, viendo la imposibilidad de convivir pacíficamente con la gente de su ciudad. Decide marcharse con un sentimiento de amargura y pena porque está seguro de que estos hermanos, con los que tanto deseaba vivir y por los cuales vuelve le han defraudado. Allí el tiempo no había pasado para él, tampoco había pasado para los que le consideran como enemigo.

Tal como indicaban Bourneuf y Ouellet, que “los novelistas deben comprender su época y expresarla escrupulosamente” [2], Daniel Sueiro pretende, desde la ficción, reflejarnos un aspecto de la realidad de la España de posguerra con una intención crítica. Estos son tus hermanos plantea el problema del cainismo, un problema en el cual habían insistido los miembros de la Generación del 98, sobre todo Antonio Machado y Miguel de Unamuno. La guerra y la política aparecen como el eje alrededor del cual gravitan los acontecimientos de la novela. Los argumentos de los que rechazan a Antonio Medina es un temor de que si los exiliados siguen volviendo, se avivarán de nuevo los ánimos para desembocar en una nueva guerra. Ellos ven en él un símbolo de peligro y amenaza y un motivo de disturbios:

-Es como si personifican en ti toda la culpabilidad -le atajó Lorenzo-. Se conoce que te han visto y, al acordarse, se les ha avivado el fuego. Además -añadió-, está muy extendida esa mentalidad de creer que, como se afloje un poco, volveremos a las andadas. En seguida te dicen que vamos a volver al 36 (pág. 222).

La memoria viva de la guerra y de sus efectos siguen patentes. La gente no olvida o no quiere olvidarse de este acontecimiento que sólo espera un motivo que le reavive o una chispa que atice de nuevo el fuego de odio y recelo político y que encuentra su máxima representación en el texto anónimo que mandan la cuñada y el hermano, y que, como lo señala Sanz Villanueva, “muestra la pervivencia de las dos Españas” [3]:

No nos cabe en la cabeza cómo la paz y el orden que el nuevo Estado ha sabido garantizarnos en todo momento a los buenos españoles, puede hacerse compatible ahora con la insultante presencia entre nosotros de los rojos que vuelven del exilio sin duda alguna con nuevos bagajes de resentimiento, discordia y agitación... Ese hombre sobre el que toda la ciudad, como se ha visto en estos últimos días, ha expresado su voto negativo, de repulsa, es culpable de muchas cosas contra las que hemos luchado los que hoy queremos seguir disfrutando de nuestra bien ganada Victoria (pág. 275).

El temor a la repetición de un fenómeno semejante mantiene abiertas las heridas de la guerra cuyo peor efecto, como lo plantea la novela, es el de mantener prolongada la división de la sociedad española en vencedores y vencidos. La vuelta del protagonista al exilio revela un juicio de valor por parte el autor de que, después de veinte años de acabada la guerra, España vive todavía bajo el signo de los hermanos enemigos. Todavía sigue vigente el clima de revanchismo; no se ha podido llegar a una etapa de reconciliación y olvido de las escisiones, no se ha podido llegar a la “superación de las dos Españas Machadianas” [4].

La guerra divide a los hombres en «unos» y «otros», y ésta es la idea que ha querido transmitir Daniel Sueiro desde el título de la novela. La oración del título, aparentemente, se refiere a los conciudadanos del protagonista, señalándoles que los exiliados son también hermanos suyos. Pero la lectura de la novela confirma que la oración se refiere sin lugar a duda al protagonista. Con el pronombre demostrativo, el autor se refiere a todos los que rechazan al protagonista, indicándole que éstos, los que no quieren recibirle, es la gente entre la que quería vivir. Daniel Sueiro, al componer el título de esta manera, nos advierte de una interpretación previa: la existencia de una división, y al utilizar la tercera persona para el pronombre demostrativo y la segunda para el posesivo, se excluye de los dos bandos para adoptar una posición de denuncia y crítica con un tono duro y reivindicativo pero también acusador que se deja sobrentender en el pronombre demostrativo.

Pero Daniel Sueiro va aún más lejos y no sólo plantea el problema del cainismo desde el punto de vista de las diferencias políticas e ideológicas, sino que llega a lo profundamente humano: el rencor, el egoísmo y el amor al dinero de los hermanos de sangre. Daniel Sueiro se planteó, tal como indica Ana Mª. Navales, “si nos encontramos en una etapa de tolerancia y olvido de escisiones anteriores o si aún perdura el odio; si hemos alcanzado una paz verdadera y el tiempo transcurrido desde la guerra ha borrado antiguas discrepancias” [5]. La respuesta, como lo indica el trato que recibe el exiliado por parte de sus compatriotas, al ahogarle poco a poco y hacerle la vida imposible, y el desenlace mismo de la novela con su vuelta al exilio, es negativa y pesimista. “Aún no ha llegado la hora de la reconciliación” [6], y la prueba de ello es que hasta 1969, fecha de la prescripción de los delitos de guerra, es decir, después de treinta años de acabada ésta, no hubo ninguna amnistía, simplemente una serie de indultos y perdones en fechas significativas para el Régimen [7]. En ningún momento de la novela se puede ver alguna propuesta política que acabe con este estado de cosas.

Ana María Navales considera que el último capítulo de la novela que retrata la despedida entre Antonio y su sobrino “podría haber sido eliminado sin más que añadir” [8], porque, además de lo melodramático de la escena, quizás en un intento de acercar más el lector al protagonista, haciéndole compartir sus sufrimientos, pone al descubierto la actitud derrotista del autor [9].

Maryse Bertrand de Muñoz en “El «retorno» en la novela española desde 1939[10], concluía en la casi imposibilidad del exiliado para reincorporarse entre los suyos. La raíz rota (1955), de Arturo Barea tiene igual final y el relato “El regreso”, de Francisco Ayala, de la colección La cabeza del cordero (1948), trata del mismo tema: su protagonista vuelve de la emigración, pero al cabo de poco tiempo reembarca de nuevo, aunque nadie le persigue ni le molesta; pero es en La tierra prometida (1967), del exiliado Ernesto Contreras, donde, al igual que en la novela de Daniel Sueiro, el egoísmo, el espíritu de revancha y el cainismo impiden al protagonista reintegrarse de nuevo.

Pero, con el final dramático de la novela queda enraizado en Lorenzo, que personifica la nueva generación, una esperanza de cambiar las cosas y reincorporar a los exiliados entre sus compatriotas. La despedida conmovedora y emocionante en el andén de la estación de trenes y el “Hasta pronto, Antonio. ¡Hasta pronto!”(pág. 287) sugieren una fe en el futuro de España y una posible apertura, quizás en un futuro próximo, para la reconciliación de vencedores y vencidos y para acabar con el clima de cainismo que aún separaba a los responsables de la guerra y en el que los jóvenes desempeñarán un papel importante. Ya José Luis Ponce de León había señalado que “la novela del regreso es una novela de tonos negativos, en que la esperanza pertenece a los que han crecido después de la guerra.” [11],

Por otra parte, Daniel Suiero expone la problemática del regreso entre la nueva generación que no vivió la guerra. Sanz Villanueva señala que “para los escritores del medio siglo la guerra es un suceso histórico que hay que superar, prestando más interés y atención al presente. No es por ello extraño que algunos personajes se rebelen y les oigamos quejarse de unos recuerdos de los que no quieren participar.” [12].

En efecto, el personaje representativo de esta juventud que quiere superar el mundo conflictivo de los padres es el sobrino del protagonista, Lorenzo y también sus amigos. Para ellos el mundo dividido en “fascistas” y “comunistas”, “nacionalistas” y “republicanos” ya no tiene ninguna razón de ser. Un ejemplo de este conflicto es el representado entre Lorenzo y su padre, Pascual:

-Desde entonces, desde tanto tiempo... ¿Para qué seguir con eso? Lo más natural es que vuelvan, ¿no?

-¡Calla! Tú que sabes... ¡Si ni siquiera habías nacido entonces!

-Por eso lo digo -respondió Lorenzo.

-Mira no seas chiquillo. Esas cosas no se pueden olvidar. ¡Qué sabes tú! Y si muchos de aquellos vuelven, esto empezará a arder de nuevo (pág. 67).

Está claro que, desde la perspectiva de los jóvenes, el pasado no importa e incluso deja de tener significado. Las luchas políticas deben acabar y los españoles tienen que aprender la tolerancia y deben esforzarse para llegar a una reconciliación; y ésta implica para ellos el perdón total de lo ocurrido y el olvido de todas las posiciones. Lo trivial es para ellos la ideología de los padres que han transformado la superación en una vuelta a empezar. Mientras ellos intentan comprender la conducta de los padres, se sienten impotentes ante una realidad que están presenciando pero que tiene su raíz en un pasado que no han vivido. Su rebeldía generacional ha consistido en una protesta silenciosa, en acostumbrarse a vivir resignados:

-Y lo malo -dijo-, es que nos hemos acostumbrado.

(...)

-Tú no tienes derecho a haberte acostumbrado a eso. Vosotros los jóvenes, los más jóvenes no tenéis derecho a haberos acostumbrado todavía a nada (pág. 265).

El problema es que cada uno de estas dos generaciones, los que hicieron la guerra y los que no la vivieron, acaba acusando al otro y echándole la culpa de todo lo que está ocurriendo en el país:

-Por las nuevas generaciones... -exclamó-. Por estos desgraciados que no saben qué hacer.

(...)

-¡Por vosotros, viejas generaciones... que tampoco sabéis lo que habéis hecho (págs.265-266).

Daniel Sueiro, a través de la nueva generación, invita a la reconciliación, a dejar de lado todos los enfrentamientos en vez de responsabilizar al de enfrente de los males de España.

El conflicto de Antonio Medina en Estos son tus hermanos es un conflicto individual, pero su alcance cubre toda una generación [13]. Es, en apariencia, un conflicto que concierne únicamente al protagonista pero refleja también un conflicto de todos los que se exiliaron al finalizar la guerra y luego, pasado cierto tiempo, se propusieron volver a vivir entre los suyos, en su propio país que abandonaron por temor al revanchismo de los vencedores. Sanz Villanueva señala que “la historia conserva su peculiar individualidad y, a la vez, es un reflejo de una situación más general” [14].

Daniel Sueiro, después de dieciséis años de la primera publicación de la novela y en circunstancias políticas y sociales completamente diferentes, comenta su intención de haber escrito tal obra:

También lo que se cuenta en Estos son tus hermanos está basado o inspirado en algunas cosas que empezaron a ocurrir a finales de la década de los cincuenta, y siguieron ocurriendo después, cuando algunos de los que se habían exiliado al final de la guerra, republicanos y vencidos, comenzaron a asomarse a las fronteras e incluso se decidieron en algunos casos a traspasarlas y regresar a su patria... Sucesos que comenzaron a comentarse en voz baja y que pretendí ejemplarizar, o, cuando menos, poner al descubierto, en el desarrollo argumental de esta novela, con la sana intención de que su lectura, si alguien la leía, contribuyera a apaciguar los ánimos y a reconciliarnos unos con otros, como luego se diría, por la vía de la denuncia de unos procedimientos vandálicos y unos sentimientos de egoísmo y aún de cainismo cuya persistencia no podría conducirnos a la necesaria solidaridad [15].

A través de los acontecimientos el autor no sólo procura hacer un estudio concienzudo de un hecho social y humano que ocurrió en la España de posguerra al empezar los exiliados su vuelta a la patria, sino que va más lejos e intenta presentar algunos de los problemas políticos y sociales que todavía aquejaban al país. El novelista, además del tema central de su obra, está buscando una respuesta a una pregunta, una pregunta que se debe sin lugar a duda a circunstancias políticas: ¿cómo se presenta España después de veinte años de acabada la guerra?

En efecto, tal como señala Ana María Navales, “los hechos que narra son la base para un estudio de las condiciones sociales, políticas, religiosas y, hasta cierto punto, económica de la sociedad española.” [16]. La capital de provincia, con su clase media predominante, es el espacio geográfico que aprovecha el novelista para reflejar diversos aspectos de la España de la posguerra [17]. Los cambios sociales hacia la modernización y el desarrollismo son los síntomas que subraya el autor a través de las observaciones del protagonista después de veinte años de exilio. Las mejoras de las condiciones de vida, que conoce la sociedad española desde finales de los años cincuenta, son patentes en el relativo bienestar de esta clase media que empieza a surgir en estas fechas a raíz del inicio de la estabilización económica del país, y que la novela refleja a través de la vida familiar del hermano del protagonista, un pequeño empresario, y del medio social de la gente relativamente acomodada en que se desarrollan los acontecimientos de la novela:

Observó que la ciudad había crecido por aquella parte con nuevos edificios y nuevas calles; pero notó, sobre todo, cierta modernización pintoresca y algo estridente en el comercio de ustensilos domésticos -había visto varios escaparates llenos de aparatos de radio, batidoras, lavadoras y neveras- y en el de cafeterías y bares (pág. 56).

La religiosidad y fidelidad rigurosa a los dogmas católicos, la tendencia política conservadora, el apego a las tradiciones, la intransigencia en lo que toca a las tradiciones son realidades que la novela demuestra cono pilares básicos de su modo de pensar lo que hace de ellos una clase pro-régimen:

-Hay que conseguir cuanto antes el local de la asociación -iba diciendo el místico-. Después de lo de esta tarde, ya no quiero ver ni oír más. Tenemos que aislarnos de esta gentuza... ¡Qué espectáculos! Le hablaré al señor obispo para que se apresure en las obras(...) Ya no tiene uno a donde ir. Las personas decentes no sólo tenemos perdida la calle, sino también las casas... Las casas que aún guardaban un poco las formas (pág. 172).

Daniel Sueiro a través de estos personajes, marcados por los prejuicios y el atavismo moral, pone en evidencia la falta autenticidad de unos comportamientos impuestos por convenciones provincianas y unos valores que vienen dadas a las personas.

El novelista aprovecha la capacidad expresiva de los personajes para reflejar otros aspectos considerados negativos, y que trascienden la pequeña ciudad provinciana y alcanzan todo el territorio nacional. La situación política es, al parecer, el punto en que ha insistido más el novelista. Así, la conversación de los personajes les lleva a hablar de la situación general del país, y muchos de ellos la pintan con un tono crítico:

-Pero, en realidad, ¿qué es lo que pasa fundamentalmente en el país?

-Te lo voy a decir en pocas palabras: aquí está prohibido opinar, sobre todo opinar en contra; ahora bien: se permite carecer de conciencia. Eso es todo. Esa es la clave de nuestra situación (pág. 265).

El personaje Rodrigo Mozo resume en estas palabras el clima político que se respiraba en España al filo del inicio de la década de los sesenta, tiempo referencial de los acontecimientos. El control de todo el acontecer de la vida nacional es patente en la vigilancia férrea del espíritu crítico de ideas, debates y escritos y en la represión de la libertad individual y de conciencia y de cualquier manifestación cultural o políticamente contraria a la ideología del Régimen, y cuya máxima representación se halla en las disposiciones de la censura que no cambiaron hasta 1966. La promulgación en 1959 de la Ley de Orden Pública confirma que la represión sigue siendo uno los aspectos fundamentales del franquismo. Este clima de represión repercute necesariamente en los hogares y las familias, creando un ambiente de autocontrol y de autocensura:

-... Yo no hablo nunca de política, ni de religión. En mi casa están prohibidos estos temas (pág. 200).

La crítica del autor se dirige contra el sentido religioso y el sistema de valores, pero especialmente contra la compenetración entre la jerarquía católica y el Estado que sepultan democracia y libertad religiosa. Los años de represión, de lavado de cerebro del catolicismo y de censura tenaz han hecho que una mayoría de españoles se acostumbre a ver la situación como totalmente inamovible y la política y la religión como algo sobre el cual no es lícito discutir u opinar y del que hay que huir.

Estos son tus hermanos contiene, además, crítica de otros aspectos de la sociedad española, pero con menor hondura que los aspectos anteriormente analizados, como la enseñanza, el periodismo, la indiferencia y el conformismo de algunos españoles; pero, sobre todo, la novela critica la indigencia y el achabacanamiento cultural de la sociedad española que se reflejan en la ingenuidad y el fanatismo de los contertulios del casino, en el capítulo XVIII, en torno a las lágrimas de la litografía de la Virgen, o en esta imagen que critica la inactividad y la pasividad de algunos intelectuales:

El sol debía haberse desplazado hacia el otro lado, y pronto llegará a las mesas ocupadas por los literatos abrumados y llenos de asco, faltos de inspiración, faltos de voluntad, faltos de talento (pág. 62).

Estos son tus hermanos señala un paso adelante respecto a su primera novela La criba (1961) y supone una mayor profundización en la problemática social. En esta segunda novela, Daniel Sueiro ha demostrado que, aunque la guerra ha terminado hace más de veinte años y el país se haya visto poblado por nuevas generaciones, la raíz de la escisión de la sociedad española sigue profundamente afincada en el suelo del país y no es más que el resultado de su reciente historia. El tono duro y la fuerte carga ideológica que lleva la novela en reflejar esta situación son al parecer las principales razones a que la novela no llegase a traspasar las barreras de la censura.

Notas

[1] Citamos por la tercera edición, Barcelona, Argos Vergara, 1982.

[2] BOURNEUF, R. y OUELLET, R.: La novela, Barcelona, Ariel, 1989, pág. 30.

[3] SANZ VILLANUEVA, Santos: 1980, Historia de la novela social española (1942-75), Madrid, Alhambra, 1980, pág. 620.

[4] Ibídem, pág. 618.

[5] NAVALES, ANA Ma.: Cuatro novelistas españoles, Madrid, Fundamentos, 1974, págs. 171-172.

[6] BERTRAND DE MUÑOZ, Maryse: La guerra civil española en la novela. Bibliografía comentada. Madrid, José Porrúa Turanzas, 1982, vol. II, pág. 558.

[7] Las fechas de los perdones oficiales hasta finales de los años sesenta son como sigue: 9-X-1945; 17-VII-1947; 9-XII-1949; 1-V-1952; 25-VII-1954; 31-X-1958; 4-X-1961; 24-VI-1963; 1-VI-1964; 25-VII-1965; 10-IX-1966 y 31-V-1969.

[8] NAVALES, ANA Ma.: ob. cit., págs. 172.

[9] Véase BESER, Sergio: "La obra narrativa de Daniel Sueiro", Destino, 6-XII-1969.

[10] Véase BERTRAND DE MUÑOZ, Maryse: "El retorno en la novela española desde 1939", en Actas del Sexto Congreso Internacional de Hispanistas, Toronto, 22-26 de agosto de 1977, University of Toronto, Departamento of spanish & portuguese, 1980, págs. 102-106.

[11] PONCE DE LEÓN, José Luis: La novela española de la guerra civil, Madrid, Ínsula, 1971.

[12] SANZ VILLANUEVA, Santos: ob. cit., págs. 189-191.

[13] AMORÓS, Andrés: Introducción a la novela contemporánea, Madrid, Cátedra, 1985, pág. 165, apunta a este respecto que "muchas veces, una novela expone un caso concreto que es símbolo o ejemplo de un proceso general de la evolución social."

[14] SANZ VILLANUEVA, Santos: ob. cit., pág. 621.

[15] SUEIRO, Daniel: prólogo a Estos son tus hermanos, ed. cit., págs. 12-13.

[16] NAVALES, ANA Ma.: ob. cit., págs. 169.

[17] La vida en el marco de una capital de provincia encuentra su mejor logro en la película de Juan Antonio Bardem Calle Mayor (1965), que fue según Román Gubern, "La provincia en el cine: Calle mayor", Las Nuevas Letras, 1, 1984, pág. 32, "un buen documental de la vida provinciana española de los años cincuenta, con una veracidad inédita en nuestra cinematografía."

 

Referencias bibliográficas

AMORÓS, Andrés: Introducción a la novela contemporánea, Madrid, Cátedra, 1985.

BERTRAND DE MUÑOZ, Maryse: “El retorno en la novela española desde 1939”, en Actas del Sexto Congreso Internacional de Hispanistas, Toronto, 22-26 de agosto de 1977, University of Toronto, Departamente of spanish & portuguese, 1980, págs. 102-106.

——: La guerra civil española en la novela. Bibliografía comentada. Madrid, José Porrúa Turanzas, 1982, 2 vols.

BESER, Sergio: “La obra narrativa de Daniel Sueiro”, Destino, 6-XII-1969.

BOURNEUF, R. y OUELLET, R.: La novela, Barcelona, Ariel, 1989.

GUBERN, Román: “La provincia en el cine: Calle mayor”, Las Nuevas Letras, 1, 1984, págs. 27-32.

NAVALES, ANA Ma.: Cuatro novelistas españoles, Madrid, Fundamentos, 1974.

PONCE DE LEÓN, José Luis: La novela española de la guerra civil, Madrid, Ínsula, 1971.

SANZ VILLANUEVA, Santos: Historia de la novela social española (1942-75), Madrid, Alhambra, 1980.

 

© . Khemais Jouini 2006

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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