Lo festivo en El Quijote de la Mancha [1]

Hugo Arturo Cardoso Vargas [2]


 

   
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Para mí sola nació don Quijote, y yo para él; él supo obrar y yo escribir; solos los dos somos para en uno.
Miguel de Cervantes Saavedra

Introducción.- El Quijote de la Mancha, célebre obra de don Miguel de Cervantes Saavedra, es objeto de muchas, diferentes -e incluso- encontradas interpretaciones. Así por ejemplo se describe como la novela de caballería que ataca a los caballeros andantes con una crítica mordaz, devastadora y definitiva de los libros del género; libros que provocaron en el buen Alonso Quijano que poco a poco fuese transmutándose en El caballero de la triste figura. Para otros el texto es simplemente una selección bastante selecta de los mejores refranes y dichos del habla popular de la España del siglo XVI y -algunos proponen- que El Quijote … es la mejor obra literaria española de todos los tiempos.

Pero también El Quijote de la Mancha es, sin duda, una obra que no sólo enfrenta al idealista Caballero de la Triste figura con el realista Sancho Panza; oposición que, sin duda, es la que mejor refleja esta cualidad de Cervantes al reunir a dos polos contrarios y que a pesar de esa oposición provoca los mejores diálogos de la obra. Así se lee la insistencia de Don Quijote por convencer a Sancho de la bondad de tener una ideal y a Sancho reiterando que la panza es primero y si por algo hay que luchar es por la comida, la bebida y el sueño.

En fin, El Quijote … es un texto que combina el habla popular con el lenguaje preciso y especializado del caballero andante y describe las aventuras de un desafortunado, inadaptado y siempre derrotado Caballero de la triste figura; del que se ha dicho que es “Loco pero gracioso; valiente pero desgraciado y cortés pero impertinente.”

Todo esto hace de El Quijote un clásico que es necesario leer y releer porque siempre hay nuevas lecturas, nuevas interpretaciones y nuevos asedios como lo ilustra esta Semana del Quijote que convoca a profesores y alumnos de la FES Acatlán.

Objetivo.- Este es el marco conmemorativo de los 400 años de la primera publicación de El Quijote de la Mancha, obra cumbre de la literatura española y que inscribe el nombre de su autor, Miguel de Cervantes Saavedra, en el Parnaso a la altura de grandes autores como Homero, Shakespeare entre otros. Pero también da motivo para definir el objetivo de este texto que consiste en describir la fiesta que con motivo de la boda entre Quiteria, la hermosa y Camacho, el rico [3], describe Cervantes Saavedra. Esto para ilustrar cómo la literatura no olvida registrar, producto de la imaginación o como registro de la realidad, de un autor, la fiesta.

Con esta participación y con este tema también se busca ejemplificar una de las dimensiones no abordadas -por los especialistas- en el estudio de la fiesta: su irrupción en la literatura y en la literatura clásica del idioma castellano. Así, se plantea la posibilidad que en otras obras literarias -del mismo siglo de Oro o de otras épocas; de España y de Latinoamérica- aparezcan referencias a la fiesta, civil o religiosa; urbana o campirana; de hogaño o de antaño. Con esto se está definiendo una línea de investigación más especializada sobre la fiesta que la señalada hasta ahora en los escasos estudios realizados sobre las crónicas y relación de sucesos.

Así la literatura y sus cultivadores aparecen como una nueva fuente de investigación para conocer qué dicen de la fiesta; cómo la describe, cuál es su explicación y además cómo se inserta en el contexto más amplio que es la propia obra literaria. Y esta opción enriquecerá, sin duda, a las investigaciones tradicionales sobre los registros de las fiestas patronales, políticas, religiosas y gremiales que en los siglos XVII y XVIII interrumpían la vida cotidiana de los hombres y mujeres de América y de Europa dominada por la corona de España.

Para alcanzar este objetivo se organiza el texto en dos apartados; el primero describe la fiesta por la boda entre Quiteria y Camacho y el segundo, más breve, describirá la fiesta en el contexto general de la literatura del Siglo de Oro.

La fiesta de bodas

Cuando mencioné mi participación en este evento y en particular el tema de mi exposición; los cuestionamientos no se hicieron esperar: ¿Dónde está lo festivo en El Quijote?, ¿Cuándo El caballero de la triste figura se divierte?

Las respuestas parecían obvias; no es cuando al buen Alonso Quijano en su papel de El Quijote lo sabanean por una intervención poco afortunada en el mesón; tampoco cuando ataca a los gigantes que se ocultan tras los molinos de viento menos aún cuando los personajes centrales se transforma -en la misma obra- en los pastores Quijotiz y Sancho en Pancino. Estas acciones, provocan -ni dudarlo- a sonrisas en los lectores. Pero aún así no aparecía lo festivo en El Quijote de la Mancha.

Por ende, sólo me restaba invitar a los interesados a asistir a la presentación y ahí despejarían sus dudas; o tal vez, les generaría nuevas inquietudes y más interrogantes.

La primera noticia.- Entrando en materia; lo festivo irrumpe en el capítulo XX, de la Segunda Parte de El Quijote de la Mancha, cuando el personaje central que es el Caballero de la triste figura después de encontrarse 2 “como clérigos o como estudiantes” y “dos labradores que sobre cuatro bestias asnales venían caballeros”. Uno de ellos lo invita pues “verá una de las mejores bodas y más ricas que hasta el día de hoy se habrán celebrado en la Mancha, ni en otras muchas leguas a la redonda.” [4]

Este comentario obligó la pregunta de don Quijote “que si era de algún príncipe, que así las ponderaba”. La respuesta del estudiante fue inmediata: no una boda de príncipe; “sino de un labrador y una labradora, él el más rico de toda esta tierra, y ella, la más hermosa que han visto los hombres.” [5]

Y describe el escenario para la boda: “El aparato con que se han de hacer es extraordinario y nuevo que se han de celebrar en un prado que está junto al pueblo de la novia, a quien por excelencia llaman Quiteria la hermosa, y el desposado se llama Camacho el rico, ella de edad de diez y ocho años, y él de veinte y dos, ambos para en uno (bien emparejados), … el tal Camacho es liberal y hásele antojado de enramar y cubrir todo el prado por arriba, de tal surte que el sol se ha de ver en trabajo si quiere entrar a visitar las yerbas vedes de que está cubierto el suelo.” [6]

Pero para el tema festivo va la siguiente información:

“Tiene asimesmo maheridas (dispuestas) danzas, así de espadas como de cascabel menudo, que hay en su pueblo quien los repique y sacuda por estremo; de zapateadores no digo nada, que es un juicio los que tiene muñidos (convocados), pero ninguna de de las cosas referidas ni otras muchas que he dejado de referir ha de hacer más memorables estas bodas, sino las que imagino que hará en ellas el despechado Basilio.” [7]

Así que en la fiesta por la boda de estos labradores se tienen organizadas danzas de espada y de cascabel menudo y también zapateadores y si esto es parte de lo festivo, lo que parece convocar más a la celebración es conocer cuál será la reacción de Basilio “el despechado”; porque “Basilio se enamoró de Quiteria desde sus tiernos y primeros años y ella fue correspondiendo su deseo con mil honestos favores, tanto, que se contaban con entretenimiento en el pueblo los amores de los dos niños.” [8]

A Basilio lo describen: “al decir verdades sin envidia, él es el más ágil mancebo que conocemos, gran tirador de barra, luchador estremado y gran jugador de pelota; corre como un gamo, salta más que una cabra y birla a los bolos como por encantamiento; canta como una calandria, y toca una guitarra, que la hace hablar, y, sobre todo, juega una espada como el más pintado.” [9]

El escenario.- Después del duelo entre el bachiller y el licenciado a causa de sus supuestas habilidades con la espada llegan a la aldea de Quiteria y se describe así:

“Era anochecido, pero antes que llegasen les pareció a todos que estaba delante del pueblo un cielo lleno de innumerables y resplandecientes estrellas. Oyeron asimismo confusos y suaves sonidos de diversos instrumentos, como de flautas, tamborinos, salterios, alboques, panderos y sonajas, y cuando llegaron cerca vieron que los árboles de una enramada que a mano habían puesto a la entrada del pueblo estaban todos llenos de luminarias, a quien no ofendía el viento, que entonces no soplaba sino tan manso, que no tenía fuerza para mover las hojas de los árboles. Los músicos eran los regocijadores de la boda, que en diversas cuadrillas por aquel agradable sitio andaban, unos bailando, y otros cantando, y otros tocando la diversidad de los referidos instrumentos. En efecto, no parecía sino que por todo aquel prado andaba corriendo la alegría y saltando el contento.” [10]

Vale recordar aquí que esta escena es muy importante no sólo en el contexto de Don Quijote de la Mancha; pues, Meléndez Valdés, en su comedia Las Bodas de Camacho el rico recrea esa escena que representa la enramada descrita por Miguel de Cervantes en los capítulos XIX y XX de la segunda parte de su Historia de don Quijote. Más aún, la música fue de don Pablo Esteve, compositor del Teatro de la Cruz y las decoraciones del pintor don Antonio Carnicero, según la escenificación de la Compañía de Manuel Martínez. [11]

Lo primero que llama la atención de los viajeros son las luminarias que semejaban estrellas y después la música que producen diversos instrumentos. Así la vista y el oído son los sentidos que primero perciben el ambiente festivo; el primero con las luces que estaban en una enramada y el segundo con los músicos “los regocijadores de la boda” que en distintos grupos bailaban, cantaban y ejecutaban sus instrumentos. Todo esto daba un aspecto especial al bosquecillo; porque ahí corrí la alegría y saltaba el contento.

Después, al acercarse más al sitio de la fiesta, los recién llegados, observaron que

“Otros muchos andan ocupados en levantar andamios, de donde con comodidad pudiesen ver otro día las representaciones y danzas que se habían de hacer en aquel lugar dedicado para solemnizar las bodas del rico Camacho y las exequias de Basilio.” [12]

En el lugar, paulatinamente, los obreros modificaban el prado para dar paso a una construcción provisional que permitiera apreciar a los invitados las distintas destrezas y habilidades que en las representaciones y danzas expresarían los participantes.

Los preparativos culinarios.- Después de dormir a la intemperie -como corresponde a todo caballero andante- y una profunda reflexión del Quijote sobre Sancho se dirigen al enramado y lo primero que percibe otro de los sentidos -ahora el olfativo- de Sancho le provoca la siguiente reflexión:

“De la parte de desta enramada, si no me engaño, sale un tufo y olor harto más de torreznos asados que de juncos y tomillos; bodas que por tales olores comienzan, para mi santiguada que deben de ser abundantes y generosas.” [13]

Y enseguida: “Acaba, glotón dijo don Quijote-; ven, iremos a ver estos desposorios, por ver lo que hace el desdeñado Basilio”. Hasta ellos llega el sonido de la música que convoca a los invitados a acercarse y así lo hacen Sancho y don Quijote.

La sorpresa fue mayúscula para Sancho; puesto que

“Lo primero que se le ofreció a la vista de Sancho fue, espetado en un asador de un olmo entero, un entero novillo, y en el fuego donde se había de asar ardía un mediano monte de leña, y seis ollas que alrededor de la hoguera estaban no se habían hecho en la común turquesa de las demás ollas, porque eran seis media tinajas, que cada una cabía un rastro (matadero) de carne; así embebían y encerraban en sí carneros enteros, sin echarse de ver, como s fueran palominos; las liebres ya sin pellejo y las gallinas sin pluma que estaban colgadas por los árboles para sepultarlas en las ollas no tenían número; los pájaros y caza de diversos géneros eran infinitos, colgados de los árboles para que le aire los enfriase.” [14]

En una fiesta, en especial, una fiesta campestre por la boda de una pareja de labradores no podía faltar una abundante comida como la que llenaba los ojos y después la panza de Sancho el eterno compañero, confidente y escudero de Don Quijote. Además

“Contó Sancho más de sesenta zaques (odres pequeños) de más de dos arrobas cada uno, y todos llenos, según después pareció, de generosos vinos; así había rimeros de pan blanquísismo, como los suele haber de montones de trigo en las eras; los quesos, puestos como ladrillos (enrelajados) formaban una muralla, y dos calderas de aceite mayores que las de un tinte servían de freír cosas de masas que con dos valientes palas las sacaban fritas y las zambullían en otra caldera de preparada miel que allí junto estaba.” [15]

Los vinos, compañeros imprescindibles el yantar, también estaban presentes; junto a otros bastimentos que acompañarían alimentos que preparaban un ejercito de cocineros.

“Los cocineros y cocineras asaban de cincuenta, todos limpios, todos dirigentes y todos contentos. En el dilatado vientre del novillo estaban doce tiernos y pequeños lechones, que, cocidos por encima, servían de darle sabor y enternecerle. Las especias de diversas suertes no parecía haberlas comprado por libras, sino por arrobas, y todas estaban de manifiesto en una gran arca. Finalmente, el aparato de la boda era rústico, pero tan abundante, que podía sustentar a un ejército.” [16]

“Este día no es de aquellos sobre quien tiene jurisdicción el hambre”, fue la respuesta del cocinero a la petición de Sancho para “remojar un mendrugo de pan en aquellas ollas”. Y Sancho ni tardo ni perezoso se aprovechó porque “la riqueza y el contento de Camacho todo lo supe”, incluso la pérdida de utensilios de cocina.

No en balde, recuerda Roger Caillois que “la fiesta no comprende sólo orgías consumidoras, de la boca y del sexo, son también orgías de expresión, del verbo o del ademán.” [17]

Lo festivo.- Mientras Sancho se daba gusto con los comestibles que estaban a su disposición, don Quijote veía:

“Cómo por una parte de la enramada entraban hasta doce labradores sobre doce hermosísimas yeguas, con ricos y vistosos jaeces de campo y con muchos cascabeles en los petrales (pectorales) y todos vestidos de regocijo y fiestas; los cuales, en concertado tropel, corrieron no una, sino muchas carreras por el prado, con regocijada algazara y grita, diciendo:

¡Vivan Camacho y Quiteria, él tan rico como ella hermosa, y ella la más hermosa del mundo!” [18]

Lo festivo en la boda de Quiteria y Camacho empieza con la llegada de los jinetes que sobre sus equinos desarrollaban juegos y carreras donde mostraban sus habilidades en la monta y la destreza en el control del caballo. No eran juegos de cañas o a la jineta; eran simples correrías de jinetes deseosos de mostrar sus yeguas con todo su ajuar y su capacidad para participar en carreras.

Después de estos juegos equinos hicieron su aparición los danzantes:

“De allí a poco comenzaron a entrar por diversas partes de la enramada muchas y diversas danzas, entre las cuales venía una de espadas, de hasta veinte y cuatro zagales de gallardo parecer y brío, todos vestidos de delgado y blanquísimo lienzo con sus paños de tocar, labrados de varios colores de fina seda, y al que los guiaba, que era un ligero mancebo, preguntó uno de los de las yeguas si se había herido alguno de los danzantes.

-Por ahora, bendito sea Dios, no se ha herido nadie: todos vamos sanos.

Y luego empezó a enredarse con los demás compañeros, con tantas vueltas y con tanta destreza, que aunque don Quijote estaba hecho a ver semejantes danzas, ninguna le había parecido tan bien como aquella.” [19]

Esta calificación “ninguna le había parecido tan bien como aquella” es permanente en las crónicas y relación de sucesos; puesto que los autores tratan de insistir en la majestuosidad y belleza única de las fiestas. Por eso no extraña que aparezca tal calificativo en una obra como la que escribió Miguel de Cervantes Saavedra.

Esta danza de las espadas no está bien descrita en las fuentes; pero, sin duda, debió ser vistosa y llega de colorido.

“También le pareció buena otra que entró de doncellas hermosísimas, tan mozas, que al aparecer, ninguna baja de catorce ni llegaba a diez y ocho años, vestidas todas de palmilla (tela de Cuenca) verde, los cabellos parte tranzados y parte sueltos, pero todos tan rubios, que con los del sol podían tener competencia, sobre las cuales traían guirnaldas de jazmines, rosas, amaranto y madreselva compuesta. Guiábalas un venerable viejo y una anciana matrona, pero más ligeros y sueltos que sus años prometían. Hacíales el son una gaita zamorana, y ellas, llevando en los rostros y en los ojos a la honestidad y en los pies a la ligereza, se mostraban las mejores bailadoras del mundo.” [20]

La belleza de esta danza no estaba únicamente en las chicas que ejecutaban las distintas partes de la coreografía; también la música y sobre la propia danza daban un especial encanto a esta parte de la fiesta que propiciara el regocijo de los asistentes.

Pero no se agotaba ahí la prodigalidad del buen Camacho ni las habilidades y destrezas con que los vates y poetastros lugareños decidían aportar su arte para desearle sus parabienes a Quiteria y el referido Camacho. Por eso, dice Cervantes Saavedra que:

“Tras ésta entró otra danza de artificio y de las que llaman habladas: era de ocho ninfas, repartidas en dos hileras; de la una hilera era guía el dios Cupido, y de la otra, el Interés; aquel, adornado de alas, arco, aljaba y saetas; éste, vestido de ricas y diversas colores de oro y seda.” [21]

En realidad eran 10 las ninfas; Amor e Interés y sus correspondientes 4 acompañantes. Así, esta danza hablada ilustraba de la mejor manera, no sólo como eufemismo, la situación emocional que vivía Quiteria; esto es, la disyuntiva de elegir entre el amor o la solvencia económica. Así Cupido e Interés, como figuras, no eran un simple recurso alegórico que emplearon los literatos para enmarcar la boda.

Por ende, estos dos personajes vana tener sus propios aliados en la danza y la realidad. Los adeptos de Cupido eran Poesía, Discreción, Buen linaje y Valentía; los de Interés, Liberalidad, Dádiva, Tesoro y Posesión pacífica. Por ende, el orden en que ingresaban las ninfas era el siguiente

“Las ninfas que al Amor seguían traían a las espaldas en pargamino blanco y letras grandes, escritos sus nombres. Poesía era el título de la primera, el de la segunda Discreción, el de la tercera Buen linaje, el de la cuarta Valentía. Del modo mesmo venían señaladas las que al Interés seguían: decía Liberalidad el título de la primera, Dádiva el de la segunda, Tesoro el de la tercera y el de la cuarta Posesión pacífica.” [22]

Pero como toda danza hablada no acababa ahí el cortejo; pues, como parte de una sencilla escenografía; escenografía sencilla y pastoril como corresponde a un ámbito bucólico como el que describe Cervantes Saavedra. Así que

“Delante de todos venía un castillo de madera, a quien tiraban cuatro salvajes, todos vestidos de yedra y de cáñamo tenido de verde, tan al natural, que por poco espantaran a Sancho. En la frontera del castillo y en todas cuatro partes de sus cuadros traía escrito Castillo del buen recato. Hacínales el son cuatro diestros tañedores de tamboril y flauta.” [23]

Así es. Delante de las ninfas venía una construcción de madera: el Castillo del buen recato que llevaban 4 personajes disfrazados de salvajes con yedra y cáñamo verde y 4 músicos con tamboril y flauta. Esta fábrica, de índole efímera -como corresponde a todo artilugio propio de la fiesta- era escoltada por 4 instrumentos musicales que amenizaban y llamaban más y mejor la atención de los parroquianos arremolinados en el paraje destinado para el sarao. Una vez todos acomodados todos los distintos elementos de la danza, se inició propiamente la escenificación que

“Comenzaba la danza Cupido, y habiendo dos mudanzas, alzaba los ojos y flechaba el arco contra una doncella que se ponía entre las almendras del castillo, a la cual desta suerte dijo:

— Yo soy el dios poderoso
en el aire y en la tierra
y en el ancho mar undoso,
y en cuanto al abismo encierra
en su báratro espantoso
Nunca conocí que es el miedo;
todo cuanto quiero puedo
aunque quiera lo imposible,
y en todo lo que es posible
mando, quito, pongo y vedo.” [24]

Este poema, aparte de sus cualidades estéticas y estilísticas del género, contiene las principales razones por las cuales el amor es amor y mueve no sólo corazones sino montañas y aún voluntades.

Pero terminó ahí la poesía más no la danza; puesto que Cupido

“Acabó la copla, disparó una flecha por lo alto del castillo y retiróse a su puesto. Salió luego el Interés, e hizo otras dos mudanzas, callaron los tamborinos, y él dijo:

—Soy quien puede más que el Amor,
y es Amor el que me guía
soy de la estirpe mejor
que el cielo en la tierra cría,
más conocida y mayor.
Soy el Interés en quien
pocos suelen obrar bien,
y obrar sin mí es gran milagro;
y cual soy te me consagro,
por siempre jamás, amén.” [25]

Una vez concluida su participación

“Retiróse el Interés, e hízose adelante la Poesía, la cual, después de haber hecho sus mudanzas como los demás, puestos los ojos en la doncella del castillo, dijo:

—En dulcísimos conceptos,
La dulcísima Poesía,
altos, grave, discretos,
señora, el alma te envía
envuelta en mil sonetos.
Si acaso no te importuna
mi porfía, tu fortuna,
de otras muchas envidiada,
serás por mi levantada
sobre el cerco de la luna.” [26]

Concluida su participación

“Desvióse la Poesía, y de la parte del Interés salió la Liberalidad, y después de hechas sus mudanzas, dijo:

Llaman Liberalidad
al dar que el estremo huye
de la prodigalidad,
y del contrario, que arguye
tibia y floja voluntad.
Más yo, por te engrandecer,
de hoy más pródiga h de ser;
que aunque es vicio, es vicio honrado
y de pecho enamorado,
que en el dar se echa de ver.” [27]

Las cuatro ninfas que han -hasta este momento- participado cada una señalando los atributos propios al personaje que representa no dejan de señalar el conflicto que enfrenta la moza Quiteria. Porque el amor por Basilio y el interés -no sólo económico-que representa Camacho; así también Liberalidad enfrenta a la Poesía; Dádiva a la Discreción; Buen linaje a Tesoro y, finalmente, Valentía a Posesión pacífica. En cada nombre de los personajes de la danza hablada tenían un papel para enfatizar el trance de la novia. Pero continúa el autor señalando que

“Deste modo salieron y se retiraron todas las dos figuras de las dos escuadras, y cada uno hizo sus mudanzas y dijo sus versos, algunos elegantes y algunos ridículos, y sólo tomó de memoria don Quijote los ya referidos; y luego se mezclaron todos, haciendo y deshaciendo lazos con gentil donaire y desenvoltura, y cuando pasaba el amor por delante del castillo, disparaba por alto sus flechas; pero el Interés quebraba en él alcancías doradas.” [28]

Cada una de las 10 ninfas hicieron su aparición en el centro del improvisado escenario, ejecutaron sus mudanzas antes y después de “hablar” su poema y una vez concluida su participación se reunieron todas para con nuevos movimientos de “gentil donaire y desenvoltura” hacer y deshacer lazos. El Amor e Interés destacaban porque cada vez que llegaban ante el castillo el primero lanzaba flechas para atraer el amor de Quiteria; en cambio, el segundo rompía alcancías doradas. Esto era una nueva referencia a la pugna interna de la novia; porque la disyuntiva era elegir entre el amor de Basilio o la riqueza de Camacho.

Con estas acciones, continuaba la danza hablada hasta que

“Después de haber bailado un buen espacio, el Interés sacó un bolsón que le formaba el pellejo de un gran gato romano, que parecía estar lleno de dineros, y arrojándole al castillo, con el golpe se desencajaron las tablas y se cayeron, dejando a la doncella descubierta y sin defensa alguna. Llegó el Interés con las figuras de su valía, y echándola una gran cadena de oro al cuello, mostraron prenderla, rendirla y cautivarla; lo cual visto por el Amor y sus valedores, hicieron ademán de quitársela, y todas las demostraciones que hacían eran al son de los tamborinos, bailando y danzando concertadamente. Pusiéronlos en paz los salvajes, los cuales con mucha presteza volvieron a armar y a encajar las tablas del castillo, y la doncella se encerró en él de nuevo, y con esto acabó la danza, con gran contento de los que la miraban.” [29]

Esta parte de la danza hablada, ya sólo corporal hace uso de un nuevo elemento presente y propio de la arquitectura efímera: el castillo y su tesoro. No es una estructura sólida, inmóvil; al contrario, es transportable, frágil y sujeta a los caprichos del Amor e Interés. Por ende, la doncella es motivo de disputa por los dos escuadrones que encabezan estos personajes todo esto sin dejar de bailar ni danzar. Y aunque el castillo es desarmado, por el enfrentamiento, de manera hábil es, nuevamente armado.

Y así termina la danza. Aquí aporta el autor otros datos interesantes sobre esta fiesta y su organización. Dice Cervantes Saavedra:

“Preguntó don Quijote a una de las niñas que quién la había compuesto y ordenado. Respondióle que un beneficiado de aquel pueblo, que tenía gentil caletre para semejantes invenciones.”

Aunque no se menciona el nombre del poeta que compuso esos versos y la danza correspondiente; por su contenido provocan el comentario siguiente de don Quijote:

“-Yo apostaré -dijo don Quijote- que debe ser más amigo de Camacho que de Basilio el tal bachiller o beneficiado, y que debe de tener más de satírico que de vísperas: ¡Bien ha encajado en la danza las habilidades de Basilio y las riquezas de Camacho!“ [30]

Y gran verdad encierra esta sentencia; puesto que, la danza en su parte hablada y no hablada ha insistido en el conflicto de Quiteria por elegir entre el amor de Basilio y la riqueza de Camacho y que tanto los versos como las acciones de las ninfas en torno al castillo vienen a reforzar ese conflicto. Pero este comentario de do Quijote no dejó de calar en el talante de Sancho por lo que se presenta un diálogo entre ambos por apoyar a su caballero. Así Sancho dice “a Camacho me atengo” a lo que responde El caballero de la Tiste Figura “Bien se parece Sancho, que eres villano y de aquellos que dicen ¡Viva quien vence!’”. Sancho insiste en que “No sé que soy pero bien sé que nunca ollas de Basilio sacaré yo tan elegante espuma como es esta que he sacado de las ollas de Camacho”.

Y la conversación seguiría aunque con nuevos temas como la petición de mudez de Sancho que formula Don Quijote y la prédica de Sancho sobre la muerte [31]. Y el yantar de Sancho provocó el hambre de Don Quijote pero no fue posible para ninguno comer porque “se oyeron grandes voces y gran ruido, y dábanlas y causábanle los de las yeguas, que con larga carrera y grita iban a recibir a los novios”. [32]

Así es, este grupo de jinetes encabezaban el cortejo formado por un abigarrado grupo de personas: “los novios, que rodeados de mil géneros de instrumentos e invenciones, venían acompañados del cura, y de la parentela de entreambos, y de toda la gente más lúcida de los lugares circunvecinos, todos vestidos de fiesta.” [33]

La comitiva “íbanse acercando a un teatro que a un lado del prado estaba, adornado de alfombras y ramos, adonde se habían de hacer los desposorios , y de donde iban a mirar las danzas y las invenciones”.

Sancho describe a la novia así:

“A buena fe que no viene vestida de labradora, sino de garrida palaciega. ¡Pardiez, que según diviso, que las patenas que había de traer son ricos corales, y la palmilla de Cuenca es terciopelo de treinta pelos! ¡Y montas que la guarnición es de tiras de lienzo, blanca! ¡Voto a mi que es de raso! Pues ¡tomadme las manos, adornadas con sortijas de azabache! No medre yo si no son anillos de oro, y muy de oro, y empedrados con pelras blancas como una cuajada, que cada una debe valer un ojo de la cara. ¡Oh hideputa, y qué cabellos, que si no son postizos, no los he visto más luengos ni más rubios en toda mi vida! ¡No, sino ponedla tacha en el brío y el talle, y no la comparéis a una palma que se mueve cargada de racimos de dátiles, que lo mesmo parecen los dijes que trae pendientes de los cabellos y de la garganta! Juro en mi ánima que ella es una chapada moza, y que puede pasar por los bancos de Flandes.” [34]

Enseguida Don Quijote reconoce de la novia que “venía la hermosa Quiteria algo descolorida, y debía de ser de la mala noche que siempre pasan las novias en componerse para el día venidero de sus bodas”.

El desenlace.- No hay que olvidar la abrupta irrupción de Basilio y todas las consecuencias de esta aparición; es decir, el fingir su muerte, su boda y su súbita -no por milagro sino por industria- resurrección; la validación del matrimonio por la novia y las armas de Camacho y sus valedores para enfrentar a los de Basilio y, finalmente, la oportuna aparición y arenga de Don Quijote. Termina el capítulo XXI recordando que

“Consolado, pues, y pacifico Camacho y los de su mesnada, todos los de la de Basilio se sosegaron, y el rico Camacho, por mostrar que no sentía la burla, n la estimaba en nada, quiso que las fiestas pasasen adelante como si realmente se desposara; pero o quisieron asistir a ellas Basilio ni su esposa ni secuaces; y así, se fueron a la aldea de Basilio.” [35]

 

La literatura del Siglo de Oro y la fiesta

En este apartado se describe la fiesta organizada con motivo de la boda entre Quiteria la hermosa y Camacho el rico con su desenlace inesperado y su inserción en la obra general de don Miguel de Cervantes Saavedra.

Lo festivo en Don Quijote… desde luego no se agota en esta fiesta; se encuentran distintos momentos que celebran o festejan algunos eventos; en especial es evidente que esta boda encierra algunos de los elementos que corresponden a toda fiesta y que son la música, la poesía, la comida, las ejecuciones de distintas habilidades, como montar, jugar cañas o anillos. Desde luego, no podía faltar la arquitectura efímera y su uso pleno de espectacularidad.

La fiesta, como ámbito literario está presente en las llamadas Relaciones de Sucesos. Estas relaciones son una fuente no agotada para el estudio de la fiesta en los distintos dominios de la Corona Española. Pero la fiesta también irrumpe en la literatura y lo hace de manera velada, como escenario en el cual se desarrolla la acción principal o, como en este texto, se convierte en el tema principal.

En la literatura del Siglo de Oro, con todas sus diversas manifestaciones -como teatro, autos sacramentales, jácaras, picaresca, poesía religiosa y sacra- la fiesta es un elemento recurrente y en espera de ser objeto de investigación para literatos, comunicólogos y otros especialistas interesados en el estudio de la producción literaria elaborada en esa época. Aunque también se podría seguir el desarrollo de la fiesta en otros tiempos -como el siglo XIX y XX- y otros espacios -la América Hispana, la Europa de los Austria e incluso en Asia.

La propuesta ahí esta y su realización dependerá de los estudiosos.

Conclusión.- De acuerdo con Miguel de Cervantes Saavedra, en una de las aventuras de Don Quijote de la Mancha, encuentra a dos licenciados y sus escuderos que le invitan a una boda entre Camacho el rico y Quiteria una moza labriega. Los festejos de esta boda -como toda boda campestre, urbana o real- incluyen tanto una abundante comida como la que registra Sancho, música en todo momento y con diversos instrumentos, bailes y danzas -incluso una hablada- y desde luego una construcción efímera el castillo con su doncella.

Con este pretexto se organizan los distintos eventos, escenarios y tablados en donde se desarrollarían la víspera, la recepción, la boda y las danzas y otras acrobacias con que se amenizaban las bodas en el campo de la Hispania.

Estas fiestas organizadas con motivo de la boda -no consumada- entre Quiteria y Camacho el rico; en realidad son el marco para el matrimonio en condiciones especiales entre Quiteria y Basilio son un ejemplo de cómo aparece lo festivo en la literatura. En particular una literatura de calidad y enorme particularidad plástica como es la del célebre Don Quijote de la Mancha, debida a la pluma del no menos famoso Miguel de Cervantes Saavedra.

Así que este es uno de los ejercicios -en el ámbito de la literatura- más interesantes de una línea de investigación que se desarrolla, actualmente, en la Facultad de Estudios Superiores Acatlán de la Universidad Nacional Autónoma de México en torno a la fiesta, en el marco del Seminario Multidisciplinario Arquitectura y vida cotidiana en la Ciudad de México.

 

Bibliohemerografía

Caillois; Roger: El hombre y lo sagrado. (2004) Traductor Juan José Domenchina. México FCE; Col. Conmemorativa 70 aniversario, no. 8.

Cardoso Vargas, Hugo Arturo: “Los espacios públicos y privados de la Ciudad festiva” (en) Vida cotidiana y espacios públicos y privados de la Ciudad de México en los siglos XVII y XVIII. (en prensa)

Cervantes Saavedra, Miguel de (2000): Don Quijote de la Mancha. Edición de John Jay Allen. España. RBA Editores, Col. Historia de la Literatura II vols. nos. 1 y 2.

Correa Mujica, Miguel (1999): Sobre la muerte de/en Don Quijote de la Mancha, en Espéculo nº 11 UCM
http://www.ucm.es/info/especulo/numero11/muerte_q.html

Ortiz, María I. (2005): Espectáculo y gastronomía en el Quijote: Una crítica a la sociedad española en el episodio de las Bodas de Camacho, en Espéculo nº 29 UCM
http://www.ucm.es/info/especulo/numero29/quicomid.html

Notas:

[1] Conferencia impartida en el marco de Los cinco días dedicados a la Primera parte del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. A 400 años de su publicación organizada por la División de Humanidades de la FES Acatlán UNAM el 24 de noviembre del 2005

[2] Sociólogo y Maestro en Ciencias de la Educación. Profesor de tiempo completo definitivo y participante de los Seminarios Arquitectura y vida cotidiana en la Ciudad de México y Medición del significado en la FES Acatlán. El texto surge en el marco de la línea de investigación en torno a la fiesta y los espacios públicos y privados en la Ciudad de México. Inserta en el PAPIIT Vida cotidiana y espacios públicos y privados de la ciudad de México durante los siglos XVII y XVIII;

[3] El tema no es original; ya lo abordaron María Ortiz en Espectáculo y gastronomía en el Quijote: Una crítica a la sociedad española en el episodio de las Bodas de Camacho y aún antes Juan Meléndez Valdés en su comedia Las bodas de Camacho el rico.

[4] Cervantes Saavedra, Miguel: La historia del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha; Tomo II, Cap. XIX p 166

[5] Ibidem

[6] Íbidem

[7] Íbidem

[8] Ídem, pp 166-7

[9] Íbidem

[10] Ídem,171

[11] Cfr. Cruz, Ramón de la Cruz: Sainetes. Editor John Dowling. Madrid 2001; Biblioteca Clásica Castalia no. 71, en especial p 17

[12] Ibidem

[13] Ídem, Cap. XX p 173

[14] Ídem, p 174

[15] Ibidem

[16] íbidem

[17] Caillois; Roger: El hombre y lo sagrado p 129

[18] Cervantes Saavedra; Miguel: op. cit. p 177

[19] Ídem pp 176-7

[20] IÍem p 177

[21] Ibidem

[22] ibidem

[23] Ibidem

[24] Ídem pp 177-78

[25] Ibidem

[26] Íbidem

[27] Ídem p 179

[28] Ibidem

[29] Ibidem

[30] Ibidem

[31] Sobre la muerte cfr .Correa Mujica: Sobre la muerte de/en/Don Quijote de la Mancha.

[32] Ídem, Cap XXI, p 182

[33] Ibidem

[34] Ídem, p 183

[35] Ídem p 187

 

© Hugo Arturo Cardoso Vargas 2006

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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