Una análisis de la voz romántica de Espronceda:
La prostituta como redentora
en A Jarifa en una orgía

Raymon Bedford Tanner III *

Wake Forest University, Winston-Salem
North Carolina, United States
tannrb3@wfu.edu


 

   
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“Ven, Jarifa; tú has sufrido
como yo; tú nunca lloras”.
[1]

 

Durante el siglo XIX, el acrecentamiento del romanticismo vio tanto un aumento de las preguntas filosóficas profundas como un aumento de las crisis existenciales que tales preguntas engendraron. En su A Jarifa en una orgía, José de Espronceda le provee al lector una voz que lucha con lo que percibe como su existencia sin sentido. En su lucha por alcanzar su objetivo de obtener la trascendencia, el poeta busca cumplimiento por todas las vías del mundo y concluye que todo es inútil. Al lector se le permite ver la angustia del poeta como sus palabras piden la muerte. Sin embargo, después de contar todo y de mandar que todo pase, el poeta solicita a Jarifa, una prostituta, que ha “sufrido” como él. Jarifa, quien nunca llora, posee una cualidad extraña engatusadora que le falta al poeta. Ella tiene la habilidad de vivir en el mundo sin sentir. Reconociendo que “una misma” es la “pena” que los dos comparten, el poeta cree que Jarifa le puede enseñar cómo vivir de manera entumecida. Haber perdido la “pureza” y la “virtud” de su “juventud” prostituyéndose simbólicamente en sus búsquedas vanas de placeres y de Dios, el poeta identifica con, y se siente atraído por la prostituta, Jarifa, que últimamente se convierte en su redentora como su promesa de la esperanza paradójica de sentir la nada de la muerte durante esta vida le permite al poeta abrazar valientemente su existencia sin permitirla conquistarle.

Prostituyéndose figurativamente en su búsqueda para la verdad, el hablante simbólicamente pierde la pureza virginal de su niñez que le permite al poeta identificarse con la prostituta, Jarifa. Contando su pasado de una cama de un prostíbulo y enumerando sus encuentros numerosos pecaminosos con “necias mujeres” y “mujeres voluptuosas” que le han engañado al hablante con su promesa de la verdad, el poeta crea un tema fuerte de prostitución. En este ambiente predomina el coito sin sentido que metafóricamente representa la “fealdad” de exploraciones vanas (30,33,30). Además, hablando figurativamente y directamente a las mujeres de su pasado con su acusación, “vuestros besos son mentira,” el poeta reitera la noción que lo que ha buscado desde su juventud no tiene sentido y que se ha prostituido a si mismo como se ha vendido a si mismo simbólicamente por propósitos indignos (30). Con el establecimiento seguro de este tema, el poeta sigue detallando sus búsquedas pasadas para el significado utilizando anáfora que incluye una repetición de “¿por qué?” para enfatizar el “devaneo” y “dolor impío” de sus esfuerzos previos (31). El poeta emplea metáfora como describe a si mismo como un “rápido cometa” en las “alas” de su “ardiente fantasía” que vuela a la “región etérea” donde vive Dios (31). A pesar de su esperanza de encontrar la verdad, el poeta solamente encuentra “la duda” de “ilusión” (32). Tal búsqueda fútil le permite al poeta identificarse con Jarifa como el palpitar de “los besos” sin sentido de sus “amantes de ayer” le recuerda al poeta de los besos mentirosos que ha conocido de su propia experiencia de meretricio figurativo. A pesar de sus diferencias, las dos almas se unifican en su “pena” de meretricio que es “una misma,” y debido a este sufrimiento común, el poeta anhela a Jarifa (34).

A causa de su promesa de la esperanza paradójica de vivir mientras sentir la nada de la muerte, el poeta se siente atraído por Jarifa, que se convierte en su redentora como le provee la posibilidad de escapar del dolor de sentir. Al principio del poema, Espronceda emplea imágenes simbólicas prefiguradas como el poeta quiere que Jarifa coloque la mano en su frente ardiente como si fuera un sacerdote ofreciendo una bendición que pudiera salvar su alma del “mar de lava hirviente” (29). Además, con el mandato “Dadme vino,” el poeta evoca la noción de la Eucaristía, una imagen de salvación y redención que le permite al individuo unirse con Cristo (29). Utilizando el contraste y la ironía de la frase “Huye mujer; te detesto,” que sigue inmediatamente su mandato “ven” del segundo verso del poema, Espronceda crea una tensión en la cual un verdadero vehemente deseo nace (30,29). Después de contarle al lector su historia, el poeta se dio cuenta de que hubiera querido que Jarifa saliera porque se vio a si mismo en ella. El deseo subsiguiente del poeta de que Jarifa “ven,” tanto logra un círculo completo que refleja el estatus circular de sus propias búsquedas pasadas como promete la esperanza de un fin de su sufrimiento (33). Reconociendo que Jarifa “nunca” llora a pesar de vivir una vida de dolor como él, el poeta ahora desea a Jarifa más que nada por su habilidad de no sentir (33). De tal manera entumecida de vivir marca un contraste muy lúcido con el “inquieto abrasador deseo” que engendra la “mente inquieta” del poeta y “la tristura” que resulta (31,33). Las imágenes espirituales de redención y salvación del principio del poema son realizadas al final como la posibilidad de sufrir juntos le provee consolación al poeta. Esta nueva unión de salvación casi espiritual le da al poeta la oportunidad de poner fin a su sufrimiento como Jarifa puede enseñarle cómo vivir sin sentir.

La promesa de Jarifa le posibilita al poeta abrazar valientemente su existencia sin dejarla conquistarle. Como el poeta ha soportado la repetición de búsquedas y decepciones subsiguientes horrorosas como si fuera una meretriz que se había sido violado repetidas veces, sus pensamientos de la “paz” que solamente resulta del “ataúd” han predominado su vida (29). Antes de descubrir la promesa de Jarifa, el poeta vio la muerte como la única manera para terminar la “eterna guerra” dentro de su espíritu atormentado (32). Ahora, el poeta tiene la posibilidad de contener “el llanto” y puede vivir sin suicidarse (34). Esta manera de vivir sin sentir le permite al poeta abrazar su existencia trágica que le ha torturado sin permitirla matarle. No sintiendo, el poeta puede rechazar el castigo de Dios mientras vive en el mundo cruel que ha creado. Soportando el mundo cruel sin sentirlo, el poeta se burla de Dios, que le ha perseguido desde su juventud. Abrazando con valor el horror de la existencia en vez de permitirla superarle, el poeta tipifica el poder más tremendo que un humano puede ejercer en un mundo donde reina la tiranía. De esta manera, el poeta puede desafiar a Dios, y en un sentido puede alcanzarle. La promesa de Jarifa inviste de poder al poeta para realizar el verdadero espíritu romántico del individuo como conquistador. Gracias a Jarifa, el poeta aprenderá como vivir sin sentir, y ulteriormente vivirá como conquistador de hombres y de Dios.

Prostituyéndose simbólicamente en sus búsquedas vanas, el poeta se identifica con la prostituta, Jarifa, que se convierte en su redentor como su promesa de la esperanza paradójica de vivir mientras sentir la nada de la muerte le atrae al poeta proveyéndole la oportunidad de alcanzar lo absurdo del mundo. A causa de sus raíces comunes con respecto a su sufrimiento, el poeta se identifica con Jarifa, quien ha sufrido una vida grotesca semejante a él. De este trasfondo compartido, el poeta se ve a si mismo en Jarifa, se intrigue por la habilidad de Jarifa de no sentir y posteriormente le solicita su promesa ilustrada. Con la esperanza de tal promesa, viene la posibilidad de huir del dolor del mundo mientras vive en él. Este poder que se encuentra en tal filosofía le permite al individuo superar el mundo sin permitir que se mate a si mismo. Sin embargo, lo más importante de tal perspectiva tiene que ver con el poder de Dios. Según el poeta, Dios es solamente la crueldad. Por consiguiente, viviendo con tal crueldad sin sentirlo, uno puede minar el plan de Dios de castigar las almas que buscan la verdad. Escapando de la crueldad de Dios en esta vida, el poeta no permite que Dios le alcance. Si alguien puede alcanzar y burlar a Dios, las nociones tradicionales de que consta el carácter de Dios se ponen en duda. Alcanzando el mundo, y en un sentido alcanzando a Dios, el poeta exhibe la idea del individuo como lo absoluto, que disminuye la relevancia de Dios cuestionando su omnipotencia y en última instancia su mera existencia.

 

Notas:

[1] Espronceda, José de. “A Jarifa en una orgía” en Poesía romántica. ed. Rafael Balbín. Madrid: Castalia, 1999. p. 34 (Todos los datos corresponden a esta edición).

Obras citadas:

Poesía romántica. ed. Rafael Balbín. Madrid: Castalia, 1999. p. 29-34.

 

* Raymon Bedford Tanner III es un investigador de Wake Forest University en Carolina del Norte, EEUU. Recibió una beca de Wake Forest University en 2005 que le permite estudiar a la Universidad de Salamanca en 2006. En España, investigará el Siglo de Oro con énfasis en los efectos temáticos de las estructuras políticas, religiosas y económicas en Lazarillo de Tormes.

 

© Raymon Bedford Tanner III 2006

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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