Mantra: el resplandor de la araña

Alexis Candia

Pontificia Universidad Católica de Chile
iacandia@puc.cl


 

   
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RESUMEN: “Mantra: el resplandor de la araña” realiza un análisis de la disposición narrativa de Mantra, novela de Rodrigo Fresán publicada en 2001, a partir de la base de la noción del Aleph de Jorge Luis Borges, de la Quantum Theory y del “Irrealismo lógico” propuesto por el propio escritor argentino. Además, aborda la múltiple reconstrucción de la ciudad de México (mítica, histórica, literaria, entre muchas otras), concentrando el interés en la función de la memoria y en la metáfora de la araña con que Fresán quiere explicar México DF. Concluye afirmando que Mantra es una novela que desde el fragmentarismo extremo intenta reconstruir una totalidad: una ciudad épica y “cosmo-agónica”.

 

Como el Capitán Godzilla en un boeing 747 a toda velocidad sobre la plaza del Zócalo, Rodrigo Fresán se arroja sin paracaídas en el lago Texcoco, sumergiéndose en sus aguas turbias y caóticas para intentar ordenar y hacer legible un relato sobre Tenochtitlan (a.k.a.) México D.F. (a.k.a.) Ciudad de México (a.k.a.) Distrito Federal (a.k.a.) Nueva Tenochtitlan del Temblor. Mantra (2001) es una novela caleidoscópica y atomizada que, sin embargo, desea la totalidad: reconstruir los pasos de la araña, es decir, de México DF.

Bajo esta perspectiva, resulta interesante intentar develar los finos y complejos mecanismos de montaje que emplea Rodrigo Fresán para construir la obra. Asimismo, abordar algunas de las representaciones centrales de la múltiple variedad que ofrece un paseo por el abismo llamado Mantra.

 

Un aleph mexicaniforme

Mantra está dividida en tres partes denominadas “El amigo mexicano”, “El muerto de los días” y “El temblor”. Fresán conforma una obra en extremo fragmentaria, que presenta una desordenada disposición temporal y múltiples puntos de vista, muchos de los cuales incluso son contradictorios entre sí. Si bien la primera y la tercera sección de la novela mantienen una cierta ordenación lógica, la segunda parte que, por lo demás, es la más extensa de todas, es un enrevesado collage.

Rodrigo Fresán hace uso, en esa línea, del Aleph [1], herramienta creada por Jorge Luis Borges, para hacer converger en el televisor y en la mente de El Extranjero - francés que se hace cargo de la narración desde el inframundo en la segunda secuencia de la obra - no sólo su historia personal, sino los más variados relatos sobre la historia de México. Así, en su “TV Sonby” El Extranjero no sólo rememora su amor por María-Marie - nudo central de su historia personal -, sino que convoca los más variados elementos de la vida mexicana, los que abarcan desde la desnarración de la historia oficial, pasando por múltiples reflexiones sobre la lucha libre, los comic y las teleseries mexicanas, la vida de Joan Vollmer, hasta la fundación mítica de los aztecas.

De esta forma, estamos ante la presencia de un aleph mexicaniforme que presenta todos los lugares del orbe mexicano desde todos los ángulos posibles. A diferencia del alpeh es necesario consignar que estos no son presentados en simultaneidad sino de forma secuencial: “Rod Serling, el tipo ese que presentaba The Twilight Zone [...] te informa que a partir de ahora ciertos segmentos de tu biografía serán vueltos a compaginar. En orden alfabético” (Fresán 165). Ahora bien, es claro que El Extranjero reconstruye los fragmentos relevantes en su vida y los de todo México. De ahí que sea posible extender la noción de enciclopedia a la de un aleph no simultáneo.

Cabe precisar, por cierto, que la primera y la tercera parte de Mantra funcionan de manera distinta. Mientras en “El amigo mexicano” estamos ante la presencia de un sea monkey - tumor cancerígeno - que reduce la memoria de Letra X tan sólo al recuerdo de Martín Mantra y, en consecuencia, revisitamos la infancia del creador del MoviEye. El hombre extraño de la tercera parte es un androide que da cuenta de los archivos que maneja en su memoria informática.

Con todo, la intrincada estructura de Mantra tiene que ver con el tipo de realismo que maneja Rodrigo Fresán y que, en buena medida, es definida por Maria-Marie con relación a su familia:

Mientras que lo que se conoce como realismo mágico es la medida y justa intrusión de lo fantástico en el tejido de la realidad, yo diría que los Mantra nos ubicamos dentro de algo que bien podría llamarse irrealismo lógico y que empieza y acaba de definirnos a la perfección: mínimas esquirlas de lógica, como las luces en los trajes de los charros, bordados sobre la amplia y cotidiana tela de lo irreal e imposible. (Fresán 313)

Rodrigo Fresán recupera el concepto del irrealismo lógico [2] para definir su propuesta estética: “Es como una especie de versión antimateria o agujero negro del realismo mágico [...] yo escribo desde un punto de vista opuesto: una especie de paisaje completamente freak donde introduzco datos lógicos. Las costuras de mis delirios son elementos racionales” (Cantavella). Sin embargo, existen numerosas piezas que no encajan en la composición final de la novela. Una serie de rupturas en la realidad interna que, al parecer, sólo pueden salvarse con la Quantum Theory, la que tiene como uno de sus conceptos fundamentales la existencia de un infinito número de realidades, “mundos paralelos al nuestro que no podemos ver pero que ahí están, como fantasmas siameses, como fotocopias distorsionadas [...] Mundos donde apenas hay diferencias con el nuestro” (Fresán 441). El episodio “The Traveller” de The Twilight Zone y la figura de Estrellito el niño espacial son algunos de los puntos de quiebre en Mantra. Cabe subrayar, en esa línea, el asesinato de John F. Kennedy. Mientras Letra X afirma:

Uno de esos documentos fílmicos tan importantes en lo íntimo y lo privado como públicas y universales y trascendentes son las históricas imágenes en movimiento [...] del Oldsmobile conducido por el senador John Fitzgerald Kennedy en compañía de su secretaria Mary Jo Kopechne cayendo desde un puente en la laguna Poucha de la isla de Chappaquiddick, cerca de Dallas, captadas por un aficionado el 22 de noviembre de 1963. (Fresán 74)

El Extranjero sostiene, por el contrario, que:

Máximo Mantra, de paso por Dallas, Texas, por órdenes directas de sus ex patrones J. Edgard Hoover y Howard Hughes, parapetado detrás de un muro junto a una loma de césped fresco, apretaba el gatillo de un rifle con mira telescópica y hacía volar por los aires el cerebro siempre en celo de John Fitzgerald Kennedy. (Fresán 385)

De esta forma, JFK tiene dos muertes distintas que pueden ser explicadas por la Quantum Theory que, en numerosas ocasiones, es citada por María-Marie. Mantra parece fundada tanto en las múltiples perspectivas sobre la realidad mexicana como en distintas realidades. El Extranjero parece confirmar esa teoría cuando le advierte a María-Marie que: “por cada país o ciudad o reino sobre la faz de este mundo existe, apenas escondido, otro país o ciudad o reino en todos o cada uno de los seres humanos que los pueblan y los transitan” (Fresán 207). Todo lo anterior, por cierto, está respaldado por el curioso curso que tiene la historia mexicana en Mantra:

Una Historia que tiembla, que se cae y se hace pedazos y vuelve a construirse con los mismos pedazos pero puestos en distintas partes de la estructura original a la que intentan, con cierta entusiasta dificultad, volver a parecerse. Una telenovela que dura milenios por más que ya haya terminado varias veces. (Fresán 304)

Ahora bien, las costuras racionales que sustentan Mantra pasan, en primer término, por la habilidad de Fresán para montar con suma habilidad una obra que corre al borde de la entropía. Roberto Bolaño sostiene, en esa línea, que “todo en esta novela puede llegar a ser aparente, aunque sus partes estén ensambladas con exactitud matemática” (Bolaño, 307). Asimismo, en la textura que generan las figuras de Ciudad de México y Martín Mantra, elementos que cruzan y que cohesionan al relato.

Martín Mantra (a.k.a.) El Mantra (a.k.a.) Capitán Godzilla (a.k.a.) Mantrax es, a todas luces, la piedra que con mayor frecuencia se repite en el mosaico conocido como Mantra y, por cierto, se erige como el motor que impulsa el desarrollo de la historia. Así, es dable apreciar el paso de niño genio a cineasta, luchador enmascarado, guerrillero milenarista y nuevo Mesías. Martín Mantra comprende la esencia de Ciudad de México: su profundo sustrato mítico y religioso. A partir de eso, empleará todos los medios a su alcance para lograr el renacimiento de la araña.

 

Las mil y una arañas

Rodrigo Fresán construye como un mega-mix la Ciudad de México, esto es, como una urbe que puede ser levantada desde las más variadas áreas del quehacer humano. La historia, la antropología, la física cuántica, la literatura, la industria cultural son sólo algunas de piedras que contribuyen a conformar una ciudad mantrificada. A partir de las narraciones de Letra X, El Extranjero y El hombre extraño, Fresán comienza a articular la memoria de la ciudad.

Acerca de la memoria es importante establecer que la memoria individual está vinculada con la memoria colectiva, “toda memoria individual está dentro de un marco social y la memoria colectiva se vale de las memorias individuales” (Acuña). Pues bien, los discursos que constituyen Mantra están vinculados, en consecuencia, con un relato mayor: Ciudad de México. Por otra parte, es importante establecer que la memoria - individual y colectiva - es un proceso abierto de reinterpretación del pasado, “que deshace y rehace sus nudos para que se ensayen de nuevo sucesos y comprensiones” (Richard 29).

Lo anterior, resulta indispensable para entender como la memoria aporta un conjunto de significaciones que no sólo producen sujetos, sino sociedades completas, es decir, imaginarios sociales:

Las significaciones son aquello por medio de lo cual y a partir de lo cual los individuos son formados como individuos sociales, con capacidad para participar en el hacer y en el representar/ decir social, que pueden actuar y pensar de manera compatible, coherente, convergente, incluso cuando sea conflictual (el conflicto más violento que pueda desgarrar a una sociedad presupone una cantidad indefinida de cosas comunes participables). (Castoriadis 323)

Ahora bien, Mantra entrega una serie de componentes atomizados para reconstruir la urbe mexicana. No por nada Fresán habla del DF como la más cut-up de las ciudades del mundo, el conglomerado urbano donde todo es fragmento, donde no existe orden cronológico y donde barrios enteros amenazan con ser borrados de un día para otro. Pese a lo anterior existen dos componentes que me parecen claves para comprender el DF de Fresán, destacando, en primer término, la imagen de la araña:

La mayoría de las ciudades, cuando las miras desde arriba, desde un avión, parecen una tela de araña. México es diferente: México es la araña que teje a todas esas telas de araña. Algo monstruoso y épico al mismo tiempo. Por eso la ciudad contamina las alturas y se cubre para disimular su condición de fenómeno fuera de este mundo [...] Llegará el día en que los mexicanos de Ciudad de México subiremos a los cielos trepando por sogas y escaleras de oxígeno contaminado y allí venceremos a los ángeles internacionales. Y el Paraíso será un cielito lindo, amén. (Fresán 84)

México es la araña monstruosa que ha crecido a costa de las presas que han caído en sus redes, tanto las que eran parte o colindaban con su territorio como los restos culturales, idiomáticos e históricos de otras civilizaciones. México es, sobre todo, una ciudad sincrética. De ahí la importancia que Fresán atribuye a los testimonios de los diferentes extranjeros que han pasado por la ciudad. Aún cuando gran parte de aquéllos que cruzan el lago Texcoco acaban locos - María-Marie - con un tiro en la cabeza - Letra X, Joan Vollmer - o mutilados - El Extranjero -.

La araña mexicana es relevante, también, debido a que su condición épica no da cabida al temor a la muerte. Ninguna ciudad parece mejor relacionada con La Afanadora (a.k.a.) La Amada Inmóvil (a.k.a.) La Apestosa. Es más, la urbe no es sino el resultado del sacrificio de los dioses en el fuego del volcán. Lo anterior, evidencia, además, la profunda religiosidad de los mexicanos. En esa línea, está la pasión que despierta, por ejemplo, la virgen de Guadalupe.

Bajo ese prisma, es dable entender la relevancia que tiene el factor mítico en Mantra. Las extrañas e incluso inextricables decisiones de Martín Mantra sólo pueden entenderse a la luz de un terrorista religioso que desea sacrificar a los hombres para traer de regreso a los dioses. La filmación de Mundo Mantra, el asesinato de su familia - planeado o al menos facilitado por Mantrax -, la creación de las máquinas Mantra (Guadalupe, San Juan, Jesús, Lázaro y Judas), el terremoto no son sino una manera de generar una “cosmo-agonía”. Los Mantras son los nuevos dioses. Y Mundo Mantra es la nueva Biblia.

Con todo, queda un último punto pendiente. Es claro, que el apocalipsis de Martín Mantra funciona a la perfección. Pero, ¿acaecerá igual con el Día de los vivos? Nadie lo sabe. Sólo la Máquina Jesús que busca a Mantrax en la última parte. Sin embargo, ésta no sólo le arrebata el revólver al cadáver de Martín Mantra, sino que se pone a cantar en vez de buscar a la Máquina Lázaro para iniciar la resurrección. Cabe consignar, en definitiva, que Ciudad de México es la araña y que nadie, ni siquiera el Capitán Godzilla puede escapar a una trampa salvajemente mexicaniforme.

 

Bibliografía

Acuña, María Elena, “Genero y generación en la transmisión de la memoria”. En Revista Electrónica Cyber Humanitatis N° 19, invierno 2001.

Bolaño, Roberto, Entre paréntesis. Barcelona: Editorial Anagrama S.A., 2004.

Borges, Jorge Luis, El Aleph. Buenos Aires: Emecé Editores SA, 1989.

Cantavella, Robert-Juan, Entrevista a Rodrigo Fresán “El mío es un realismo lógico”. 25 de may. 2005.
htpp://www.lateral-ed.es/revista/articulos/115_116rfresan.htm

Castoriadis, Cornelius, La institución imaginaria de la sociedad. Vol II. El imaginario social y la sociedad. Barcelona: Tusquets Editores, 1989.

Fresán, Rodrigo, Mantra. Barcelona: Mondadori, 2001.

Paz-Soldán, Edmundo, “En la era de la saturación mediática”. 25 de may. 2005.
htpp://www.sololiteratura.com/edm/edmenlaera.htm

Richard, Nelly, Residuos y metáforas (Ensayos de crítica cultural sobre el Chile de la transición). Santiago: Cuarto Propio, 1998.

Entrevista a Rodrigo Fresán, “Fresán: Mantra es un libro muy mío”. 25 de may. 2005.
htpp://www.terra.com.ar/canales/libros/46/46604.html

 

Notas:

[1] Para Borges el aleph era: “el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos [...] Si todos los lugares de la tierra están en el Aleph, ahí estarán todas las luminarias, todas las lámparas, todos los veneros de luz” (Borges 161)

[2] Rodrigo Fresán se refiere a su tipo de realismo en una entrevista concedida a Robert Juan-Cantavella. Aunque en esa entrevista Fresán habla de realismo y no de irrealismo lógico, ambos conceptos convergen en su sustrato esencial. Es posible, además, que se trate de una errata o de una alteración del medio de comunicación. De cualquier modo, parece más adecuado respetar el término que Fresán emplea en la novela.

Iván Alexis Candia Cáceres. Chileno, reside en Santiago. Es Becado en el Programa de Doctorado de la Pontificia Universidad Católica (PUC). Periodista y Magíster en Literatura de la Universidad de Playa Ancha.

 

© Alexis Candia 2006

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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