Eisenstein y el Acorazado Potemkin

Valmore Muñoz Arteaga


 

   
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A Juan Jaume

Utiliza la réplica desde una pequeña célula del organismo del acorazado hasta el acorazado en su conjunto, desde una pequeña célula del organismo de la armada hasta toda la armada -de este modo sobrevuela el tema del sentimiento de la hermandad revolucionaria
Sergei Eisenstein

El Acorazado Potemkin es una síntesis perfecta de lenguaje cinematográfico, conciencia política y sublimación artística.
Aldo Grasso

 

Probablemente sean los rusos los primeros en darse cuenta de la importancia del cine como medio propagandístico. La revolución bolchevique encontró en el cine a un aliado invaluable. Muchos films de poderosa calidad fueron empleados como medio para publicitar y propagar las bases de la revolución. Uno de esos films resulta ser una de las piezas cinematográficas más importantes del séptimo arte. Me refiero al Acorazado Potemkin de Sergei Eisenstein. La película fue realizada en 1925 con motivo de celebrar un aniversario más de la revolución rusa. A pesar de que el producto dista mucho de lo que originalmente se había establecido Eisenstein, la película terminó transformándose en un clásico del cine, en una de las joyas más importantes de la cinematografía universal. Eisenstein debía trabajar sobre un guión de Nina Agadjanova sobre la revolución, desde la Guerra Ruso-Japonesa hasta el levantamiento armado de Moscú. La empresa resultaba cuesta arriba por la magnitud y la extensión de los acontecimientos, en tal sentido, se decidió a hacer un film con uno de los ocho capítulos previstos: el motín en el acorazado Potemkin.

Al ver detenidamente la película, el espectador notará sus semejanzas a las obras que conforman las tragedias griegas, expuesta en cinco actos que podemos anotar de la siguiente manera: a) hombres y gusanos; b) drama en el alcázar; c) llamada de la muerte; d) la escalinata de Odessa, y; e) encuentro con la escuadra. “El montaje llevó 18 meses y resultó un ritmo preciso, casi matemático. Eisenstein se documentó escrupulosamente sobre los acontecimientos. Es exacto el motivo por el cual estalló el motín, la carne servida a los marineros estaba putrefacta; también los nombres y papeles de los protagonistas, aunque, como el suceso nunca ha sido establecido con certeza en todos sus aspectos, es difícil distinguir lo real de la ficción” [1]. Sobre este último punto volveremos más tarde.

Para la película, Eisenstein empleó al acorazado Doce Apóstoles, buque que resultaba ser muy similar a la mítica embarcación. Además de rodar los exteriores naturales en Odessa, lugar donde se desarrolló una de las escenas más memorables del cine, y que ha sido imitada por varios directores contemporáneos, uno de los más recientes es Brian de Palma en sus Intocables de Eliot Ness. Algo que caracteriza a la película es que el director no contó con actores profesionales, afirmación que sorprende por la estupenda calidad que demuestran los personajes del emblemático film. Afirma John Kobal [2] que ritmo, movimiento y repetición se convirtieron en elementos fundamentales del método de Eisenstein durante el rodaje. Más interesante resulta saber que, con esta película, el director concluye exitosamente los diversos experimentos de montaje que, desde poco más de veinte años atrás, venían haciéndose desde el paso hacia el cinematógrafo. Por lo tanto, sólo Eisenstein es tan importante como el mismo expresionismo alemán, que le brinda al cine una nueva y definitiva perspectiva estética, además de que con él se descubre la posibilidad de poner en práctica a las imágenes que hurgan en los sentimientos, los cuales a su vez, provocan ideas, con esto finaliza la transformación del cinematógrafo al cine [3]. Desde entonces el cine será “un sistema coherente en el que el ahondamiento y la utilización de la potencia afectiva de las imágenes desemboca en un logos” [4]. Sin embargo, lo más interesante de la filmación resulta ser lo relevante del hecho histórico que ayudó a rescatar Eisenstein.

En un texto de Marc Ferro llamado Leyenda e Historia: El Acorazado Potemkin, alude a que la leyenda que envuelve al film ha adquirido visos de veracidad. Muchos de los detalles expuestos por Eisenstein son auténticos, y apunta que desde “los gusanos que decoran la carne dedicada a la tripulación hasta el gran motín, la solidaridad de los habitantes de Odessa con la víctima, la represión con la matanza -si bien esta no tuvo lugar en la escalinata de Richeliu-, la fuga del barco Constanza,** incluso el paso a través de los barcos «leales» que, en un momento sublime, saludan al Potemkin con una salva de vítores” [5]. Más allá de esos detalles, también resulta auténtico el espíritu que gobierna a la película desde su comienzo. Ferro hace referencia a unos testimonios que aseguran que “el motín fue una rebelión de hombres humillados que delimitó el paso de la postración individual a la exaltación colectiva a través de una toma de conciencia revolucionaria de las que ha habido pocas en la historia universal. [6]

Lo más curioso de toda la historia que envuelve a la película es que para el año de su estreno, 1925, el episodio había sido completamente olvidado y marginado dentro de la historia y la cultura del pueblo ruso. Eisenstein afirma que cuando se discutía acerca de motines ocurridos en el Mar Negro nadie recordaba o brindaba información sobre el Potemkin. Esta contrariedad le resultó sospechosa, de allí su interés en rescatar la historia para compararla con la leyenda. El motín del Potemkin resulta un hecho paradigmático, no sólo en el film, sino en la historia. Se afirma que era uno de los buques más leales de la flota apostada en el Mar Negro. Además nunca tuvo ninguna vinculación al movimiento revolucionario que se desarrollaba en Odessa y que era protagonizado por el partido socialdemócrata. Apunta Ferro que, efectivamente, dentro de la tripulación habían entusiastas de la revolución y que, como habría de imaginarse, fueron los que lideraron el motín; sin embargo, ni sus esfuerzos ni los miembros del partido que subieron a bordo, pudieron retraer a la tripulación de su objetivo principal: adjuntar al resto de la tripulación a la causa. “Esto quiere decir que no hubo una auténtica coordinación entre las actividades revolucionarias de la ciudad y las de la marinería, a excepción de operaciones muy limitadas, y fueron pocas las acciones de los marinos que estuvieron bajo el control de las organizaciones revolucionarias o del partido”. [7]

Al parecer hay cierto paralelismo entre los marineros del Potemkin y los soldados de 1917. Un paralelismo que, con intencionalidad o no, edifica Eisenstein basándose en la historia. Los marineros que conformaban al acorazado eran de estrato humilde, campesinos que -sin que nos cause ninguna sorpresa- se transforman en epítome de los grandes valores del pueblo. Un pueblo que, como queda evidenciado en el film, logra superar a sus propios dirigentes. Marineros que intentaban demostrar, desdeñando quizás la formación académica e intelectual, que no les hacían falta reglamentos disciplinarios para cumplir con su deber.

Marc Ferro apunta algo más interesante y que nos deja ciertas dudas acerca de la posición de Eisenstein frente al desenlace de la historia del Potemkin. “Una parte de la tripulación fue obligada a huir por un puñado de soldados, en Teodosia, el resto volvió a Constanza; pero el barco encalló, y algunos marineros sufrieron penas de destierro o cárcel, mientras que la mayoría emigraron a la Argentina… No parece que ninguno de ellos ingresara en las filas de las organizaciones clandestinas del «partido de la revolución» ni que tuvieran alguna actuación ulterior medianamente destacada” [8]. Otros aspectos obviados por Eisenstein son, por ejemplo, el comandante del barco, Golikov, que es el único oficial dispuesto a comprobar efectivamente el estado de la carne, no muere en la película, cuando en realidad fue arrojado al mar por la tripulación, omite, de igual manera, que luego de la matanza de Odessa, el general encargado de la plaza, canalizó la violencia del pueblo organizando una persecución contra los judíos. Estas situaciones no aparecen por ningún lado. Sin embargo, lo importante es el rescate medianamente afectado que hace Eisenstein del motín. Cuanto pueda argumentarse contra el film desde el punto de vista ideológico podría ser válido, incluso histórico, lo que no tiene discusión es la calidad extraordinaria de esta película y su contribución al desarrollo del cine universal.

 

Notas:

[1] Paz, María Antonia. Montero, Julio (2002) El cine informativo 1895 - 1945. Creando la realidad. Ariel Editorial: Barcelona, España.

[2] Kobal, John (2003) Las 100 mejores películas Colección Cine y Comunicación. Alianza Editorial: Madrid, España.

[3] Eisenstein abre dentro del cine una vía para traducir la realidad social y funcionamiento en imágenes cinematográficas. Con él esa realidad social se vuelve protagonista tan importante como cualquiera de los elementos fundamentales de una película. El Acorazado Potemkin esconde tras su historia todas las bases de las cuales se afianzó la revolución rusa. En tal sentido, El Acorazado Potemkin es parte de una trilogía sobre la revolución, las otras dos son La Huelga (1924) y Octubre (1927). Con ellas confirma su ensayo de hacer un cine que pretende golpear al espectador directamente en su cara.

[4] Morin, Edgar (2001) El cine o el hombre imaginario. Editorial Paidós: Barcelona, España.

** Por supuesto, se refiere al puerto rumano del Mar Negro, y no a la Constanza/Konstanz del lago del mismo nombre (Bodensee, en alemán)

[5] Ferro, Marc (2000) Historia contemporánea y cine Ariel: Madrid, España.

[6] Ídem.

[7] Ídem

[8] Ídem.

 

© Valmore Muñoz Arteaga 2006

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero32/potemkin.html