Espéculo

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Diego Vaya

Las sombras del agua

  

 

Juan Salido Vico

Diego Vaya (Sevilla, 1980) nos ofrece en su opera prima un magnífico muestrario de intenciones y recursos. La primera de las tres partes de que consta el libro, Agosto sobre el mar, se abre a un discurso amoroso que sabe bascular entre una nostalgia serena, un presente escorado preferentemente hacia lo sensorial (“el alma en carne viva”) y un tenue aunque constante temor, siempre desprovisto de efectismos y grandilocuencias, por el futuro. Incapaz de distinguir “qué parte llama el sol, / Qué parte es silenciada por la tierra”, el sujeto poético acabará por descubrirse a sí mismo sirviendo a dos amos: la embriaguez de los sentidos y la cada vez más inquietante, a la par que lúcida, sombra del rencor. Los tres poemas de Memoria de la nieve actúan como transición entre las secciones mayores del conjunto. La sensación de incertidumbre y el abocamiento a cierta búsqueda inaplazable caracterizan el tránsito por esa zona intermedia donde la fría memoria ya no sirve de consuelo, tan lejos ahora de aquel prometedor mar agostizo.

Con el acertado epígrafe de Los senderos de la sed, el lector es conducido, en la última parte del poemario, por una sucesión de encrucijadas donde las preguntas se hacen cada vez más ominosas, las dudas más profundas, más precisas cuanto más universales (“cómo / No pensar en que somos solamente / Tiempo dentro del tiempo”). La sed en cuestión tiene, por supuesto, connotaciones metafísicas: desenraizada la voz poética del pasado, ya yermo, donde desearía mantener alzada su identidad, esa sed genérica, esclava de su involuntaria libertad, se ha de convertir en acicate para la superación de la soledad a la que aquella se ha visto empujada. A pesar del desengaño, del cansancio, de la desazón existencial, una fuerza subterránea sigue propiciando la indagación, arrastrando la palabra, inquisitiva por naturaleza (“Todavía pregunto...”), incómoda, inconsolable, consciente de que “las cosas importantes / Nunca se pierden por completo”. Comprendemos que el delicado tono elegíaco por el que se ha ido decantando el libro también dictaba, desde su mismo envés, aquellos solares textos del principio. Poco a poco, el lamento llegará incluso, en momentos muy concretos, a asumir indudables resonancias órficas: “He nacido volviendo la mirada / Deslumbrado por tanta soledad”.

Las sombras del agua se resuelve al fin como una reflexión sobre la soledad esencial del poeta, condenado a cantar aquello que pierde y a perderlo cantando. Bajo la sobria claridad de su escritura, Diego Vaya ha sabido excavar oscuras grutas de introspección; tras la clásica tersura de sus versos, múltiples pliegues de sentido aguardan, a punto de erizarse, el contacto de la lectura.

 

© Juan Salido Vico 2006

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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Espéculo. Revista de estudios literarios
(Universidad Complutense de Madrid) 2006