De constantes y variantes:
la propuesta bucólica de Ángel González

Verónica Leuci

Universidad Nacional de Mar del Plata
veroleuci@hotmail.com


 

   
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Resumen: El presente artículo se propone estudiar de qué modo la obra de un poeta central en la lírica española contemporánea - Ángel González - se relaciona, en el marco de una poética posvanguardista, con la tradición lírica. Para ello, en esta instancia, se parte específicamente del género “égloga” para realizar una lectura diacrónica que enlace la contemporaneidad con el Siglo de Oro español y, aún, la Antigüedad clásica. La retórica, pues, es pensada como una vía de acceso sumamente fructífera que permite relevar lazos filiatorios, continuidades y renovaciones con formas, tópicos, estéticas anteriores, en el marco de una poesía que no rechaza sino integra de manera novedosa el legado clásico.
Palabras clave: Ángel González- reescritura - retórica- tradición lírica- géneros.

 

Al analizar la obra del poeta español Ángel González (Oviedo, 1925), se observa la singular recurrencia de poemas que responden a moldes o géneros heredados de la tradición, insertos en el marco de una “estética social” posvanguardista, atravesada y caracterizada por el uso constante de retruécanos, ironías y tópicos que responden a una formulación “irreverente” del quehacer poético, que ha menudo ha sido englobada por la crítica bajo el rótulo de “antipoesía”.

No obstante, la utilización de diversas tipologías textuales canonizadas en la tradición peninsular - en especial la aurisecular - y aún, entroncadas en el legado de los clásicos, tornan pertinente el preguntarse si realmente el excluyente programa paródico o antipoético es el marco propicio para contener la escritura de nuestro autor. Es decir, si sólo la reapropiación lúdica adjudicada desde diversas orientaciones críticas logra contener una poesía que, ya desde una primera lectura, parece armarse siempre en relación con discursos previos. La propuesta entonces es pensar de qué modo la poesía de González se instala en la serie literaria española, a partir de una lectura diacrónica que establezca líneas filiatorias capaces de enlazar la contemporaneidad con procedimientos, tópicos, formas, estéticas anteriores.

 

De la Antigüedad al Siglo de Oro: la ondulada trayectoria genérica

En la constelación recurrente - casi obsesiva - de poemas que se arman en torno a materiales tradicionales, nos acotaremos en esta instancia a la presencia actualizada del género bucólico, específicamente a través del poema titulado “Égloga” e incluido en Procedimientos narrativos (1972), que nos remite ya a nivel paratextual a la literatura áurea -específicamente garcilasiana - y aun a la antigüedad, con las Bucólicas de Virgilio, quien canoniza las huellas abiertas por el griego Teócrito a través de sus Idilios.

En esta línea, parece atinado aproximarnos a la noción de género y a sus principios de formación, que responden a dos vertientes que, a la vez, pueden presentarse interrelacionadas: por un lado las constantes retóricas -forma exterior - y por otro las constantes semióticas (forma interior), que podríamos equiparar con la estructura externo-formal y con el “contenido”. Estas constantes, afirma López Bueno, no son inmutables, sino que van cambiando y necesitan permanentes redefiniciones en el contexto en que se instauran. Los géneros, por tanto, responden a una configuración histórica: el reconocimiento de un modelo anterior permite - desde el autor - la realización de un nuevo texto dentro de los cauces genéricos y - desde el lector - su identificación. Su existencia entonces tiene lugar desde el momento en que existe una combinación de constantes y eventualmente variantes, en el marco de una evolución diacrónica que modifica el sistema establecido para crear una nueva red de relaciones (99-100).

Centrándonos específicamente en la égloga, podemos afirmar que su trayectoria desde la antigüedad hasta su consolidación renacentista constituye un itinerario poblado de vericuetos, contradicciones y posicionamientos de diversas índoles, hasta su establecimiento más o menos definitivo en España, en una poética, según Aurora Egido, pobre y tardía, y en su definitiva consagración en manos garcilasianas (43).

En sus inicios, el término “égloga”, emparentado luego con temas pastoriles, no se vinculaba con su lectura posterior. Éste proviene del griego eklogué, “extracto”, "pieza escogida", en el sentido de “composición notable”. Eklogué significó, en principio, entonces, "conjunto" o "reunión", y hacía referencia a pequeñas composiciones poéticas de distinta índole, ya fueran odas, epigramas, poemas satíricos, bucólicos, etc. Posteriormente, en el marco del Siglo de Oro español, se circunscribió a los temas pastoriles, es decir, se equiparó a “bucólica” - trascripción latina de Boukoliká, “cosas de boyeros o vaqueros” [1]-, sin marcar no obstante distinciones en sus posibles variantes narrativas, dramáticas o líricas, ensanchándose incluso hasta ser sinónimo de comedia, farsa o auto.

En referencia al contexto áureo, Aurora Egido realiza un riguroso estudio en el que rastrea los múltiples virajes en la ondulante trayectoria del género. Allí, se afirma que las retóricas de la época confinaban las Bucólicas virgilianas a un terreno humilde y medio, en contraste con la “sublime” Eneida. Algunos autores, como Juan Luis Vives y Juan de Encina procuraron enaltecer y dignificar las producciones pastoriles, aludiendo a su lectura alegórica que, junto a la literal, facilitaba tal ascenso. Asimismo, a la “sublimación” de la égloga contribuyó poderosamente su “vinculación con lo divino”, por ejemplo, al recurrirse a las genealogías bíblicas de pastores o personajes relacionados con el ámbito rural. No obstante, esta línea, como sostiene la autora, permitió también, de la mano por ejemplo de Juan Maldonado y su Pastor Bonus, la sátira religiosa y el ataque a la religión vacía (61).

Hasta fines del siglo XVI, no existía un campo vasto en traducciones de las Bucólicas que, además, podían aparecer en verso, prosa o ambas a la vez. La primera imitación castellana de las Églogas de Virgilio fueron las Coplas de Mingo Revulgo, en donde se impuso una utilización política en cuya estela continuó Francisco de Madrid, mezclando la alegoría con fines religiosos y pacifistas. Era característica la versatilidad estilística y su adaptación a los distintos géneros o estilos. Sólo con la invención garcilasiana se abre y fija el camino a una nueva poesía y, según Alberto de Cuenca, se impide el seguimiento virgiliano para imponerse él como modelo, dignificando la materia bucólica y presentando una visión nueva de la naturaleza y el hombre (Egido, 51).

En manos de Ángel González, podemos ver continuado el derrotero inaugurado por Teócrito y asentado por Virgilio en la antigüedad, y posteriormente ensayado por diversos autores áureos hasta su consagración definitiva con Garcilaso. Desde la contemporaneidad, leemos entonces una nueva modulación para el género, constituido, como mencionábamos antes, por la combinación de continuidades y discrepancias, que implican una permanente redefinición que contemple las distintas configuraciones históricas: en nuestro caso, la segunda promoción de poesía social de poéticas españolas de posguerra.

 

La propuesta satírica de Ángel González

Acordes con la estética en la que se incluyen, los poemarios gonzalianos se proyectan de modo reiterado hacia la serie social, vinculando la palabra con el acontecer histórico y tornándose en este sentido portadores de una voz generacional que funciona - incluso con sus irreverencias (o mediante ellas) - como testimonio y crítica de una época. El poema que nos ocupa, a través del nomenclador paratextual, permite establecer un tono irónico que recorre las seis estrofas que lo componen. Lejos de los idealizados pastores-poetas, que en un locus amoenus cantan sus penas de amor al son de un rabel, en la reformulación contemporánea el bucólico es el marco propicio para realizar una de las frecuentes críticas a la religión, en el contexto de la España católica de posguerra.

En este sentido, los tópicos tradicionales se refuncionalizan, continuándose tal vez la línea inaugurada por aquellos autores auriseculares de inspiración erasmista, como Maldonado, que apuntaban a la satirización y el ataque a la religión a través de sus propuestas alegóricas [2]. En nuestro caso, se produce una inversión, una vuelta de tuerca a las lecturas áureas: los pastores y sus rebaños no serán ya metáfora de la religión, sino que explícitamente se presentará de modo satírico a monjas, guiadas por su “pastor”, en el resemantizado “locus amoenus” de una comunidad religiosa. La lectura alegórica se logrará pues a partir del paratexto, que exigirá la reposición por parte del lector de los tópicos característicos del género pastoril, estrategia reforzada por el tono irónico que, como dijimos, recorre el poema.

En primera instancia, al detenernos en la enunciación, leemos ya desde el primer verso, merced al pronombre personal “me” que lo inaugura, un único sujeto en primera persona del singular que tendrá a su cargo la exposición de la materia del enunciado a lo largo de los versos. En esta línea, podemos afirmar que la actualización contemporánea parece “saltearse” la consagración aurisecular del género: se dejará a un lado el artificio dialógico típico de las églogas renacentistas para proyectarse directamente hacia Virgilio, en quien se encuentran, como aquí, poemas a cargo de una sola voz o hablante lírico.

Este sujeto establecerá desde los primeros versos el locus del poema y sus actantes: “Me eduqué en una comunidad religiosa/ que contaba con monjas muy inteligentes” (vs. 1-2), desde una visión que parece emparentar los claustros con un lugar de exposición, a manera de vidriera, en especial por el uso del verbo “exhibir”: “los jueves se exhibían en los claustros./-Dame la manita,/ les decían los visitantes/ ofreciéndoles bombones y monedas./ Pero ellas no daba nada: al contrario,/ pedían continuamente”(vs.3-8). Se presenta entonces a los personajes, “monjas muy inteligentes”, en una primera estrofa que construye un cuadro que nos remite al presentado en un zoológico, estrategia interesante en cuanto a la paulatina animalización que, como veremos, se desplegará a lo largo de los versos. Asimismo, esta imagen metafórica permite introducir una crítica a las prácticas religiosas: “no daban nada”, sólo pedían, se afirma.

Posteriormente, en las cuatro estrofas siguientes, que parecen configurar una “segunda parte” luego de la presentación inicial, se desarrolla e intensifica la imagen esbozada en los primeros versos: “era hermoso mirarlas, tan lustrosas/ lamiéndose los velos cuando en marzo/ el sol del mediodía presagiaba tormenta” (vs. 10-12). De modo gradual, la animalización general apunta específicamente a la pertinencia de su título: las monjas serán el equivalente actualizado de las mansas ovejas que funcionaban como auditorio de los pastores tradicionales, en una descripción plural que las presenta, satíricamente, a manera de un rebaño, acentuada por la alusión a sus voces como “un tierno balido gregoriano”, que construye una explicita analogía:

Al caer de la tarde paseaban
Por una carretera sembrada de chopos.
Se cruzaban con carros y rebaños,
Caminaban ligeras, y el murmullo
De sus voces
El viento lo llevaba y lo traía
Volando por los campos
Entre esquilas y abejas,
Como un tierno balido gregoriano.
Si oían a lo lejos la bocina de un coche,
Se dispersaban hacia las cunetas,
Ruidosas, excitadas y confusas (vs. 17-28).

La estrofa quinta continúa aún en la línea de la anterior, proponiéndose la conducta de las monjas en semejanza con la de las ovejas cuando, “al fin tranquilas, picotean moras en las zarzas”.

Los seis versos finales, por su lado, que conforman la última estrofa y la tercera parte en que podemos fragmentar el poema, permiten ser leídos en analogía con los finales de la “Égloga I” de Garcilaso de la Vega: allí, Salicio y Nemoroso, siguiendo el ciclo del sol, al advertir el ocaso emprenden junto a su rebaño el regreso, en la única imagen dinámica del texto:

La sombra se veía
Venir corriendo apriesa
Ya por la falda espesa
Del altísimo monte, y recordando
Ambos como de un sueño, y acabando
El fugitivo sol, de luz escaso
Su ganado llevando,
Se fueron recorriendo paso a paso (Garcilaso de la Vega, 82-83).

En Ángel González se repite esta imagen de éxodo, en el seguimiento de un tiempo cosmogónico marcado en este caso por la referencia a una práctica religiosa: el rezo del ángelus al caer del día. Asimismo, en el retorno a sus celdas, luego del esparcimiento dominical, se establece la comparación que introduce en el final la imagen del “pastor”, ausente hasta ahora en el poema:

A la hora del ángelus
fatigadas y dóciles,
ellas mismas volvían a las celdas,
como si las llevase del rosario
- tironeando dulce y firmemente -
la omnipresente mano de su Dueño.(vs. 33-38)

Se explicita entonces, en la fase climática de la analogía, la metáfora bíblica que compara a Dios con el “pastor” de su rebaño de fieles: en este caso, un “omnipresente Dueño”que pauta tácitamente el regreso a los claustros.

La égloga, pues, es el marco propicio para realizar, en la posguerra, una crítica a las prácticas religiosas, especialmente a través de la ironía, que permite efectuar una propuesta satírica que equipara la conducta de las monjas con la de las ovejas presentes en la tradición literaria. El paratexto sin dudas es el que habilita este tipo de lectura que, como postulamos más arriba, revierte el modelo aurisecular. Hasta Garcilaso, las Bucólicas de Virgilio funcionaban de modo aleccionador o pedagógico, al vinculárselas con lo “divino” y leyendo los dichos de los pastores-poetas desde un foco cristiano, llegando incluso a “cristianizarse” al propio Virgilio. En manos gonzalianas, la práctica es inversa: lo literal será la religión y la lectura metafórica estará a cargo del lector conocedor del género.

Por su parte, en cuanto a su estructuración formal, la entronización de la poesía pastoril en sus manifestaciones renacentistas será puesta en jaque: en consonancia con la versatilidad estilística y métrica característica del género, el poema no responde a una estructura fija sino que constará de versos polimétricos, divididos en seis estrofas de extensión variable. Aún más: el poema se incluye, como mencionamos, en el poemario Procedimientos narrativos, título que remite a la narratividad característica de los extensos versos latinos, compuestos en el metro de la epopeya [3].

Decíamos al comienzo que para que exista un género debe existir una combinación de continuidades y eventuales discrepancias o virajes que permitan su reconocimiento, tanto para el autor como para el lector. Desde esta perspectiva, hemos realizado un somero repaso de la trayectoria que el género bucólico recorrió desde su nacimiento clásico: diseñado primeramente en la antigua Grecia, canonizado luego en la literatura latina, revisitado en ensayos auriseculares, hasta su entronización garcilasiana. No obstante, parece atinado afirmar que, en una evolución diacrónica, sus principios de formación continúan modificándose y actualizándose, tal la muestra contemporánea que hemos visto a cargo de Ángel González, sucedida a su vez por nuevas propuestas que prosiguen la estela innovadora en el ondulado paradigma genérico, como la magnífica versión urbana que realiza Luis García Montero en su “Égloga de los dos rascacielos”.

 

Notas:

[1] Cfr. Ingberg, Pablo. “Introducción” a Virgilio. Bucólicas. Buenos Aires: Losada, 2004.

[2] A este respecto, se cita en Egido., A. el trabajo de Marcel Bataillon (1979) Erasmo y España.

[3] Virgilio se jacta en su “Égloga VI” de haber introducido al latín la musa de la poesía bucólica, a través del “siracusano verso”, en referencia a Teócrito: “Primera en siracosio verso a jugar dignóse/ y habitó selvas nuestra Talía sin rubor” en “Égloga VI” de Virgilio, op.cit.; 125. Léase a este respecto la nota que Pablo Ingberg realiza a la edición.

 

Bibliografía:

CASAS, Elena. “Prólogo” a VV. AA. La retórica en España. Madrid: Editora Nacional, 1980.

EGIDO, Aurora.“‘Sin poética hay poetas’. Sobre la teoría de la égloga en el Siglo de Oro” en Criticón (Toulouse), 30, 1985; 43-77.

GARCILASO DE LA VEGA. Poesía selecta. Chile: Abril, 1987.

GONZALEZ, Ángel. Palabra sobre palabra. Barcelona: Seix-Barral, 1994.

LOPEZ BUENO, Begoña. “La implicación género-estrofa en el sistema poético del siglo XVI” en Edad de Oro, XI, 1992; 99-111.

RICO VERDÚ, José. “Sobre algunos problemas planteados por la teoría de los géneros literarios del Renacimiento” en Edad de Oro, II, 1983; 157-178.

ROMANO, Marcela. Almas en borrador. Ángel González y Jaime Gil de Biedma. Mar del Plata: Ed. Martín, 2003.

SCARANO, Laura. "Travesías de la enunciación en las poéticas sociales españolas de posguerra", en Cuadernos para Investigación de la Literatura Hispánica, Madrid, No. 26, 2001; 265-276.

———"La figuración realista en la poesía española de las últimas décadas", La estafeta del viento, Casa de América, España, No. 1, Primavera-Verano 2002,18-33.

———"Realismo y posvanguardia en las poéticas españolas de las últimas décadas", Rev. del Celehis, UNMDP, No. 14, 2002, pp.289-302.

VIRGILIO. Bucólicas (Ed. Bilingüe. Intr., trad. y notas de Pablo Ingberg). Buenos Aires: Losada, 2004.

 

Verónica Leuci (Mar del Plata, Argentina, 1982), cursa actualmente el último año del Profesorado y la Licenciatura en Letras en la Universidad Nacional de Mar del Plata, Argentina, en la cual ha realizado múltiples actividades de docencia e investigación, como alumna adscripta en las áreas de Teoría Literaria y Literatura española.
     Allí, realiza desde hace dos años actividades de docencia como Ayudante de Segunda en la cátedra de Literatura española contemporánea, y lleva a cabo un proyecto de investigación sobre la poesía de Ángel González en el marco de la Beca de Estudiante Avanzado que le otorgó la Universidad. Dicho proyecto, dirigido y codirigido por las Dras. Laura Scarano y Marcela Romano, respectivamente, se halla inscripto en el grupo Semiótica del Discurso, dirigido por la Dra. Laura Scarano.
     Sus actuales tareas en investigación, acordes a la pertinencia en el grupo mayor en el que se inscriben, no sólo se desarrollan en torno a la poesía española contemporánea, sino que buscan establecer una lectura diacrónica que permita percibir lazos de continuidad, renovación y filiación entre la actualidad y la tradición poética española, en especial la aurisecular.
     Actualmente, amén de sus tareas académicas, realiza actividades de docencia en el área de Lengua en nivel de enseñanza media.

 

© Verónica Leuci 2006

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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