El pacto. Una película de la tradición oral nariñense

Andrés Torres Guerrero


 

   
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Título: El Pacto
Escrita y dirigida:
Julio César Goyes Narváez.
Actores: Silvia Velasco Burbano, Samir Verdugo Florez, Elizabeth del Hierro, Fabio Verdugo, Jaime Huertas, Segundo Leonidas Goyes Vallejo.
Asistente de dirección: Javier Garzón.
Guión de dirección artística: César Luna Silva.
Tema musical: Hugo Ortega.
Instituto de Estudios en Comunicación y Cultura, IECO. Bogotá, Universidad Nacional de Colombia. 2003.

 

A la memoria de don Segundo Goyes Vallejo.

Alguno de nosotros traerá noticias del sur [1].

 

I. El peluquero de Aldana, una noche se tomó unos tragos con el cura, el médico, el abogado y el odontólogo del pueblo. En esa ocasión les dio a los “intelectuales” por disertar sobre música contemporánea, hablaron entonces de Edgard Varèse, Arnold Schönberg, Mauricio Kagel… y el Julio caregallo (el peluquero), se la pasó bebiendo sin poder decir nada. A las tres de la mañana se fue chumadísimo para la casa… cuando ya iba llegando, comenzó a gritar: ¡Que viva Edgard Varèse! ¡Que viva Mauricio Kagel! En eso su mamá se asomó por el filo de la puerta y le dijo: ¡entrate, entrate que esos lo único que han de querer es seguir bebiendo!

La primera vez que vi esta película, me fue inevitable no leerla desde la industria cinematográfica norteamericana. Inevitable, porque la mayor parte del cine que he visto ha sido realizado en los Estados Unidos. Por esta razón, quisiera ahora apuntar unos disléxicos comentarios acerca de El pacto, como si estuviera atisbando por el resquicio de la puerta, cual mamá del Julio caregallo, que cree que Mauricio Kagel y Edgard Varèse están afuera, igual de borrachos que su hijo.

II. En cada piedra hay una imagen [2].

A Fulgencio Caguasango, la parroquia y la alcaldía le han encomendado una misión: empedrar la plaza del pueblo. Pero él, trueca las piedras por alcohol, y lo único que logra empedrar es su ruta hacia el infierno. Por eso sus caminos están tejidos de trochas y tinieblas, confundiendo de paso las fiestas y los hilos de la Virgen con las risas y las babas del Diablo.

Pero Fulgencio no está solo en los abismos de la noche. Clementina, su mujer, le sopla un canto-rezo desde su amor-templanza, y don Segundo, le descorre las aldabas que lo liberan de la desesperación. Así esta cinta es una exploración por la zigzagueante ruta de un hombre que logra salir del laberinto para desandar el camino hacia su morada.

El pacto está en un afuera, en un borde de ese imperio de la imagen en el que se formatea y homogeniza al hombre. Por eso, qué diferente es ver la sencillez con la que Fulgencio Caguasango alza la botella, a la tan glamorosa parafernalia con la que Ben Sanderson [3] naufraga en el océano etílico de su ventripotente-y-gringa-importancia-personal.

Fulgencio Caguasango no es Nicolas Cage, él es un pobre diablo como la mayor parte de los hombres. Caguasango es un alcohólico desadjetivado, un ebrio sin atributos, en últimas, un borracho a secas, como los que hay en cualquier calle del mundo o como los que habitan ciertas páginas escritas por ese maravilloso borracho llamado Charles Bukowski. Fulgencio, al igual que el Julio caregallo, es un tipo que no se queda dentro de los límites de la pantalla o del chiste, sino que se instala en esa dimensión que no está hecha de celuloide sino de sangre.

Esta es una película realizada con los pasos del que sale chumado hacia su casa, por eso aquí, las imágenes no caminan con la seguridad del profesional sobrio ISO 9001, sino con la chúcara desestabilización de quien a punta de trago le ha quitado la tranca a la puerta de la percepción.

III. Fulgencio como muchos hombres colombianos anda sin empleo. El milagro se lo hace La Virgen de Las Lajas. Pero, él desdeña el don del trabajo y tuerce su camino por fuera del quicio, y justamente en la trocha que lo desvía de la casa es en donde se topa con el Diablo entre la cama de la moza y la botella de alcohol.

Para los Desana diablo es sinónimo de trocha porque en los caminos cortos es más fácil caer. Así, El pacto es la ecografía itinerante de una caída, es la ruta fílmica de un hombre que desaldaba su espíritu y se hunde por entre los pliegues de la noche.

Del otro lado, está Clementina arropada con el chal de su silencio. Pero quién ha dicho que el silencio no es oralidad. Para Heidegger, cualquiera puede hablar y hablar sin parar, y eso no quiere decir nada. Al contrario, he ahí que alguno hace silencio, no habla, y no hablando puede decir mucho [4]. Clementina susurra, canta, reza, y sus palabras semejan la levedad del quinde o colibrí, que con su conocimiento silencioso restaura el equilibrio vital de aquellos que lo han perdido. Según don Antonio Guzmán, el colibrí o mimí (en lengua desana), es un ángelus de la miel que ayuda a sanar a todos aquellos que son hospitalarios con su vuelo. Clementina es la guardiana del hogar, como tantas mujeres de nuestro país que alimentan a sus hijos, mientras “sus” hombres beben y/o se ocupaban de la guerra.

IV. Cuando en The Matrix Reloaded [5], la atlética Carrie-Ann Moss, se lanza desde la terraza de un edificio y en el aire realiza una serie de acrobacias (que al lado de ellas los integrantes de Cirque Du Soleil quedan como unos simples enteleridos), me imaginaba que si bien esa escena era una hazaña de destreza física, Clementina realiza otro tipo de proeza en las que se apela a la templanza, a la fe y al amor. Para la vista me quedo con las piruetas de Trinity, pero para el espíritu prefiero esa revolución astral de Clementina que desde su fuerza cría a sus guaguas, a esos niños pobres de los pueblos de esta América guerrera.

El pacto me hace pensar en tantas gentes del Sur (entre otros en El Cachirí [6]), quizá, porque en sus imágenes se gesta un canto que tanto tiene de libertad, de infancia, de trompo, de cuy, en todo caso, de esas pequeñas alegrías que hacen posible vivir con una sonrisa en los labios.

El pacto, danza de trompo que se conjuga con la tierra de cuyo beso nacen imágenes que zumban gestando una musikilla [7] que chuma y cuyas resonancias pulsan las lianas de lo invisible.

 

NOTAS

[1] FAJARDO FAJARDO, Carlos. La partida. Días de abril de 1989. En, Serenidad sitiada. Cali, Programa Editorial de la Facultad de Humanidades de la Universidad del Vale, en coedición con la Secretaría de Cultura y Turismo del Municipio de Cali, 2004. p. 55.

[2] NIETZSCHE, Friedrich. Citado por: LEZAMA LIMA, José. La Cantidad Hechizada. A partir de la Poesía. En, El Reino de la Imagen. Caracas, Biblioteca Ayacucho y Eloisa Lezama Lima. 1981. p. 323.

[3] Leaving Las Vegas, 1995. Starring: Nicolas Cage, Elisabeth Shue. Director: Mike Figgis. Writing credits: John O’Brien (novel), Mike Figgis: (screenplay).

[4] HEIDEGGER, Martin. Citado por: BUCHER, Jean. La experiencia de la palabra en Heidegger. Traducción de Cecilia Balcázar Monzón. Bogotá, Editorial Ariel, 1996. pp. 98-100.

[5] Director: Andy Wachowski, Larry Wachowski. Starring: Keanu Reeves, Laurence Fishburne, Carrie-Ann Moss. 2003.

[6] En el homenaje musical que le rindió el maestro Luis Antonio Guerrero Hidalgo, más conocido en Pasto como el “Chato” Guerrero, a Rosendo Santander (Cachirí), se anota en una de sus líneas: En Pasto hay un caballero que le dicen Cachirí/ (…) Así es Cachirí, el que siempre le tranca al anís/ Así es Cachirí, es el niño del Valle de Atríz/ (…) Él anda siempre de brazo con el señor aguardiente… / Así es Cachirí, la caricia de toda mujer/ Así es Cachirí, escapado de san Rafael/ Por eso todos lo quieren y lo tienen que querer

      Héctor Bolaños lo califica de “buen trago” y recuerda una de sus anécdotas más legendarias:

      Cuando hablaba de la libertad se le asomaba la picardía a los ojos y recordaba que le nombraron, talvez por equivocación, quizá por el privilegio del apellido, director de la cárcel de La Unión. Y que un 20 de julio les habló a los presos de la libertad y les dijo que ella había costado ríos de sangre. Y les dijo además que se fueran… Y los echó de la cárcel. Se fueron los 18 reclusos.

     Al día siguiente regresaron 19. Entre los “hijos pródigos” se hallaba uno que se buscaba desde meses atrás.

      BOLAÑOS ASTORQUIZA, Héctor. Los nombres sin olvido. Travesía por el Pasto del medio siglo. Pasto, Imprenta del Departamento, 1979. p. 28.

      Buscando en Google, me encontré con una anotación bastante simpática titulada El Cachirí, que si bien no menciona al personaje, cita canciones que hacen parte del acervo cultural de Pasto. La dirección de la página es: http://lalogicademipapa.blogspot.com/2006/05/el-cachiri.html

     A su vez Bruno Mazzoldi escribe:

      “Casi en frente de la Gobernación, sobre la pared de fondo del café Cancún, a la derecha saliendo del retrete, se exhibe ma non troppo un óleo firmado Jaime Rodríguez Rey. La dueña, que en lugar de vender tintos, aromáticas y quimbolitos prefiere pasar el día cosiendo y descosiendo uno de los dos perpetuos cerdos asirios acostados a la entrada principal del mercado de Bomboná, doña Blanca, me prohibió fotografiar el lienzo y amenazó con llamar a la policía cuando se me ocurrió pedirle el permiso, porque el hombrecito amanecido en la calle de la pintura, a la vista del cliente que acaba de aliviarse el vientre, no es cualquier beodo, sino el legendario campeón de todas las borracheras, el Cachirí. Y ‘usted no sabe’. ¿En dónde yace? ¿Sobre, alrededor, debajo o a través del andén blanqueado por el talco del seis de enero? Lamida por el oleaje de la ruana blanca de líneas negras y amarillas entrecruzadas en cuadrícula (pintadas con esmero digno de las uñas de un libro de contabilidad, en mareado pero meticuloso contraste con la negrura del fofo vórtice de pliegues de los pantalones), la mano del Cachirí (que está muy lejos de haberse roto la crisma, no obstante el testimonio del borsalino corrido y abollado y a pesar de la sentencia sellada por la cáscara de sandía al pie del zapato) no se limita a no soltar la botella de aguardiente. No se limita.”

      MAZZOLDI, Bruno. Del Cachirí, de Pukllay y de cómo López Álvarez disfrazó a Momo.
En http://www.eldespertador.info/despierta/textdesper/karaokederrida.htm

[7] Illa (es) la propagación de la luz no solar. Killa es la luna.
ARGUEDAS, José María. Los ríos profundos. Buenos Aires, Losada, 1973. p. 73.

 

© Andrés Torres Guerrero 2006

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero33/elpacto.html