Espéculo

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Luis Quintana Tejera

Juegos de amor y muerte

       

 

Luis Quintana, catedrático de literatura latinoamericana en la Universidad Autónoma del Estado de México, continúa su tarea como narrador con Juegos de amor y muerte, título que algo recuerda el de su compatriota Horacio Quiroga, Cuentos de amor, de locura y de muerte (1917). De cierta manera, el mencionado título puede ser doblemente engañoso. Por una parte, sus cuentos no tienen nada que ver con los de Quiroga; ni son trágicos, ni son dramáticos, ni transcurren en la selva y no hay locos, sino personajes pintorescos. Por otro lado, los veinte relatos no se dividen entre los de amor y los de muerte. Los dos fenómenos están presentes en la mayoría de ellos, pero predomina el amor, en distintos aspectos.

En realidad, aunque aparece la palabra "cuentos" como subtítulo, los relatos de Luis Quintana son más bien bosquejos de personajes pintorescos. Los primeros cinco constituyen una unidad. Cada uno lleva el título del nombre de uno de los cuatro hermanos: un sacerdote, dos peluqueros y un panadero, y de la esposa de éste: "La madre silenciosa". Todos viven en el pueblo de Maldonado en el Uruguay. Uno de los desafíos para el lector es averiguar la identidad del narrador en primera persona. Aunque llama "abuela" a la madre de los cuatro hermanos desde el primer cuento, no se revela que es hijo del panadero hasta el tercero. El asunto se complica aún más por los cambios de relación entre el narrador y los protagonistas. Por ejemplo, al hablar del panadero, dice: "la muerte de nuestro personaje" y luego, en la misma página, agrega: "papá continuó viviendo siete años más".

Aunque la nostalgia pudo haber inspirado estos cinco relatos y otros ubicados en Maldonado, a mi parecer, sobresalen las narraciones que se ubican en un espacio más amplio o hasta indeterminado: desde Paolo y Francisca de la Divina Comedia, hasta el seductor existencialista don Juan de Dios, o el obispo uruguayo que se reencarna como ginecólogo mexicano. La misma actitud irreverente caracteriza "Nihil obstat" sobre el hombre con temperamento de inquisidor medieval que abandona a su mujer y sus tres hijos por un joven.

La nostalgia por la patria puedo haber engendrado toda una literatura del exilio, pero el desafío para los exiliados en la época de la globalización y de la Unión Europea (estoy escribiendo este texto en Gante, Bélgica) es explorar nuevos temas con un acercamiento internacional o hasta extraterrestre. Queda por ver que nuevos derroteros seguirá Luis Quintana en sus próximos relatos, cuentos o... novelas.

Dr. Seymour Menton
University of California, Irvine (EU).


 

Reflexiones críticas en torno a Juegos de amor y muerte de Luis Quintana
Mtra. Micaela Morales López
Universidad Autónoma de Tlaxcala

Luis Quintana Tejera nos presenta en esta obra: Juegos de amor y muerte, una colección de relatos que recuperan los sueños, las melancolías y los recuerdos del autor. La geografía uruguaya da vida a los textos, especialmente, el paisaje, las costumbres y las gentes de Maldonado. Los relatos constituyen un calidoscopio de sus habitantes, se crean y recrean en las personas del sacerdote, el peluquero, el panadero, el borracho el seductor, en sus suicidas y en todas las mujeres que en las diversas historias, casi siempre, ocupan un lugar secundario, pero no así en las vidas de los hombres. De esta forma se observan personajes recurrentes, unas veces como protagonistas y otras como fantasmas que entretejen la urdimbre de la cotidianidad.

Los relatos encuentran su unidad en dos temas que dan título al libro: el amor y la muerte. El amor carnal, espiritual y hasta el existencial permean los textos y diversas son las formas de amar desde las tradicionales pasando por los mandatos de la Santa Madre Iglesia, donde imperan el recato, el pudor y el placer supeditado a la procreación de los hijos, hasta los arrebatos pasionales, donde la palabra amor es sólo el pretexto para la posesión del otro. Sin duda esta segunda variedad de expresar el amor nos muestra la enfermedad del siglo, por supuesto no se trata del SIDA, aunque también se mencione en un relato, sino de esa calamidad cada vez más asfixiante ”la soledad”. En el texto Una historia de amor el protagonista es un escritor de cuarenta años, quien siente una pasión desenfrenada por una joven de dieciocho, ambos se entregan a su lujuria, a decir del narrador, hasta que la mujer confiesa a su amante que está profundamente enamorada de su novio de Internet. Ante la confesión de la amada el hombre admite que ella parta a la ciudad de México a conocer a su enamorado y, por supuesto, también le demuestre su amor. En otros relatos se observa el rol de las mujeres infieles, quienes pueden convivir con sus amantes de lunes a viernes, pero sábado y domingo son días familiares y le corresponde su tiempo al esposo, a los hijos, a los padres, en fin, son días para convivir con la familia. Las mujeres ya no son unas mojigatas que guardan el sagrado don de la virginidad, el bendito honor de los esposos; en la fidelidad matrimonial, tampoco esconden el adulterio e incluso pueden pedir al marido que se ausente del hogar para recibir a su amante como sucede en el relato “Un nombre, sólo un nombre”: “Socorro le pidió, más bien le exigió, que saliera él en esas noches y que regresara más allá de la una de la mañana cuando ya la conversación con el amigo en turno hubiera terminado”. Juegos de amor y muerte también plantea la pasión entre homosexuales y lesbianas algo nada nuevo en nuestros días como lo constata el autor. Por lo que respecta a la muerte la vemos deambular en casi todos los relatos, sobre todo si se la piensa como la ausencia o la pérdida de una ilusión o de un recuerdo. Los primeros textos marcan el fin del personaje al terminar su vida, la muerte llega de manera natural, pero en otros relatos la muerte es abrupta, cruel e inesperada como en el suicidio de Antonio Bologna quien hizo estallar su cuerpo con dinamita. O bien el suicidio u homicidio de Jesús, pues nunca se aclara la verdad de su muerte. Se afirma que la muerte es el eterno misterio que intentamos descifrar sin saber que al nacer empezamos a morir; sin embargo, el autor se niega a compartir este dogma y nos ofrece en el relato de “Mateo Lonelli” la posibilidad de resurrección al plantear la reencarnación a través de la cual el alma del protagonista, en búsqueda de la perfección, retorna a la tierra en el cuerpo de otro humano.

Vistos de esta manera los relatos de Juegos de amor y muerte constituyen sólo crónicas de amor, de vida y de muerte, de esperanza y de pasión. Los textos son recreados en el ambiente de Maldonado -anécdotas e historias que bien podrían estar situadas en cualquier lugar de la provincia mexicana, por ejemplo en algunos de los pueblos de Tlaxcala-, donde la cotidianidad, aparentemente, rutinaria trasciende a sus habitantes con acontecimientos o hechos insignificantes como las lecturas apasionadas de alguien que apenas sabe leer; como el relato de Leobardo quien combina las lecturas universales de la Ilíada con las noticias capitalinas del momento.

A través de los personajes asistimos al banquete de la recepción e interpretación de la realidad y, al mismo tiempo, a un festejo literario ya sea mediante los ojos y las voces de aquellos casi analfabetos, autodidactas, hasta los cibernautas; del ateo confeso a las almas santificadas, de la mujer liberada a la que guarda celosamente los dogmas de la religión; todos ellos constituyen un elaborado mosaico que adquiere su luz en Maldonado.

Por lo que respecta a la manera de cómo se presenta la historia, es decir el discurso, de los diferentes textos revela las marcas escriturarias de fin de siglo. Los primeros relatos mantienen su unidad en la descripción de la vida de los hermanos: Mariano, el sacerdote, Leobardo y Marcos, ambos peluqueros, Alcibíades, el panadero y doña Alcira, la esposa de este último. Los cinco relatos son recreados por un narrador escurridizo que aparece y desaparece de escena, como mudo testigo de los acontecimientos. Los demás textos no mantienen el suspenso en la definición del narrador, más aún se dan detalles precisos de quien se trata. Al descubrirse la voz narrativa se establece un juego retórico entre el narrador, escritor y autor pues se nos presenta la vida del narrador como una más de los habitantes de Maldonado, añorando la infancia, la panadería de don Alcibíades o la oratoria repetitiva de Pío Cigale, el mejor orador de Zorrilla de San Martín. Por otro lado, el narrador emprende una comunicación directa con el lector, informa de los detalles más mínimos de las vidas de los personajes, da lecciones de latinismos, explica refranes y regionalismos de la zona; de esta manera ahorra la tarea del escritor para elaborar el molesto glosario al final del libro. El narrador parte de la idea de un lector explícito con el que establece una conversación directa e irreverente, de ahí el tono coloquial de los textos: “Adriana calculaba. Siempre calculaba, hasta lo hacía en los momentos más profundos y trascendentes. Pero, perdonen mi intromisión. Escuchen mejor a Campsa Valdivia, porque su voz me sigue conmoviendo a pesar de estar tan lejos y a pesar de que Adriana ya no está con nosotros”, esto se lee enUna historia de amor”, donde se narra parte de la vida de Mario Campsa el escritor ficticio de Juegos de amor y muerte.

La aparente facilidad en la lectura de los textos queda trastocada al descubrir que cada uno de los relatos representa un hipotexto elaborado a partir de un hipertexto “la literatura”. Al inicio de cada uno de los relatos encontramos un epígrafe que hace referencia al contenido de lo que se va a narrar. Aparecen pensamientos y citas de grandes escritores como: Carmen Laforet, Molière, Juan Zorrilla de San Martín, Julio Herrera y Reissig, Jorge Luis Borges, Garcilaso de la Vega, Antonio Machado, Goethe, Shakespeare o Dante, además de muchos otros que deambulan en los textos en las voces de los personajes; así se observa la convivencia de Aquiles y Héctor, de la Ilíada con Leobardo, de la novia de Bodas de sangre de García Lorca y la Avellaneda de Mario Benedetti emparentadas con Adriana o bien con un Pío Cigale enamorado de Tabaré. Juegos de amor y muerte exige un lector experimentado en las lides de la literatura, pues el mismo narrador en lugar de referirse a la historia narrada con un nombre común como la vida del personaje, prefiere el término de “diégesis” propio de la crítica literaria.

Poco a poco se revela el andamiaje y la manufactura de los textos. Si en el pasado los escritores no expresaban sus fuentes y sus influencias, tarea que le tocaba indagar al crítico literario, era porque intentaban presentar una obra original y única, libre de contaminaciones. En el presente se observa cómo es cada día más compleja la literatura, al convertirse en un hipertexto, pletórico de estrategias y resemantización donde está involucrada necesariamente la intertextualidad.

Sean pues estas reflexiones apenas un bocado del banquete que ofrece Juegos de amor y muerte al que están ustedes, lectores, invitados.

 

© Micaela Morales López 2006

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero33/jueamor.html



Espéculo. Revista de estudios literarios
(Universidad Complutense de Madrid) 2006