Neruda y el Apocalipsis sin Dios

Celso Medina

Instituto Pedagógico de Maturín
Universidad Pedagógica Experimental Libertador
medinacelso@cantv.net


 

   
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La frase es del poeta Amado Alonso. La misma revela en buena parte el tema central del Pablo Neruda de Residencia en la tierra, su controversial poemario, que recoge aproximada­mente diez años de su creación poética. Entre 1925 y 1935, década de la escritura del mencionado libro, Neruda y el mundo vieron surgir acontecimientos en los que la fe religio­sa desaparecía, tras las botas de la soldadesca en que se había convertido el universo. Esa década, rubricaba lo que filósofos como Unamuno, Kierkergaard, Nietszche, Jasper, entre otros, habían señalado como signo fatal del futuro, cocinado en las ideologías del Iluminismo diocechesco. "Dios había muerto", y el hombre había caído en el más cruel de los abandonos; y lo peor: sin salvavidas míticos, se había re­fugiado en sus miedos y terrores.

Neruda confiesa que sus andanzas por el Extremo Oriente de alguna manera signaron la temática esencial del referido poemario. Afirma: "No creo, pues, que mi poesía de entonces haya reflejado otra, cosa que la soledad de un forastero trasplantado a un mundo violento y extraño" (Neruda, 1980. p. 121). En el poeta se observó después cierta mala conciencia por estos poemas, desvinculados de la referencia americanis­ta, propia de su Canto General o del tono altisonante y panfletario que caracterizó su última poesía, de contundente valor político y de cuestionable factura estética.

Podríamos decir de Neruda lo mismo que se señala en Darío con respecto a su ingreso al mundo trascendente de la poesía. De no existir Azul, el nacimiento del genio poético dariano o se hubiese retardado o jamás hubiera aparecido. Así, diríamos del poeta chileno. Antes de su Residencia en la tierra era una "lira que sonaba", un creador de versos "muy bonitos", pero de muy poca raigalidad, dignos de un roman­ticismo simpático, pero sin poco aliento universalista.

Y, casualmente Darío y Neruda tuvieron que experimen­tar una vida ajena a las de su patria, para hacer que su flauta poética sonara con vibración universal. El primero contrasta su Managua con un Valparaíso que se había converti­do en la gran metrópolis latinoamericana, con todas las aberraciones derivadas de un capitalismo que amenazaba con planetarizarse. Neruda en el Extremo Oriente se encuentra con el colonialismo inglés, que, bajo la égida capitalista, pretendía anexar a su bazar mercantil los milenios de cultura de esa zona del mundo. A Neruda el Oriente "le impresionó como una grande y desventurada familia humana" (1980. p. 120). Y esta situación origina un fenómeno que la crítica ha visualizado de manera errada. A nuestra manera de ver, es en estos poemarios donde Neruda y Darío se muestran más visiona­rio, en cuanto a lo pérfido del mundo de producción capi­talista en los llamados países tercemundista. No es el Darío de la "Oda a Roosevelt", el auténtico contestario, sino el autor del "Ananké”, donde el poeta, emblema del humanismo, está reducido a ser "un Titán que llora a orillas de un lirio" y a ser un objeto inútil (recuérdese "El rey burgués"). Y el Neruda realmente cuestionador es el que muestra el descarnado mundo de la desintegración, que se manifiesta en sus imágenes de ceniza percibidas en esta estrofa de su poema "Walking around":

Sucede que me canso de ser hombre
Sucede que entro en las sastrerías y en
los cines de fieltro
navegando en un agua de origen y ceniza *

Amado Alonso habla de una evolución poética en Neruda como "una progresiva condensación sentimental por el ensimismamiento” (Alonso, 1968.p.15). Creemos que ese Neruda ensi­mismado no fue consecuente con toda su poesía. Cuando asume el tono épico (como en Canto General) adviene la impersonaliza­ción y la melancolía autárquica se trueca en melancolía colec­tiva. De modo que esa "condensación sentimental" obedece a una etapa muy particular, en la que la concepción del amor trasva­sará longitudinalmente estadios diferentes. Un estadio estarla en los poemarios Crepusculario (1919), El hondero entusiasta (1924), como lo afirma Amado Alonso. Este critico extrema ese estadio hasta la primera parte de Residencia en la tierra, escrita entre 1925 y 1931.

Este último señalamiento no nos parece convincente. Alonso habla de ese estadio como una poesía donde hay "una bella tristeza que se complace en sí misma" (1968. p.15). Una lectura de "Galope Muerto", contradice al poeta y critico español. Las imágenes de la descomposición, de la fealdad» se imponen como muestrario de una estética que dista mucho de la melancolía órfica de, por ejemplo. Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Bien es cierto que lo que se descompone es la naturaleza, la selva, los minerales. Pero no hay que olvidar que estos elementos se constituyen en Neruda en gran cosmos, signos del derrumbe humano. Veamos el comienzo del citado poema:

Como cenizas, como mares poblándose
en la sumergida lentitud, en lo informe
o como se oyen desde el alto de los caminos
cruzar las campanadas en cruz,
teniendo ese sonido ya parte de metal,
confuso, pesando, haciéndose polvo
el mismo molino de las formas demasiados lejos,
o recordadas o no vistas,
y el perfume de las ciruelas que rodando
            a
            tierra
se pudren en el tiempo, infinitamente verdes.

Así, pues, que estamos ante una noción del amor que no se desvanece en la dicotomía ausencia-presencia. Aquí la carne es el principal protagonista, pero una carne onírica, regada en todos los elementos descoyuntados en la naturaleza. Esta se torna imagen del cuerpo. Y no es gratuita la pasantía nerudiana por el Surrealismo, no en su simple técnica del auto­matismo psíquico, sino en la enarbolación de sus símbolos alquímicos. Ya alejado del estadio amoroso órfico y del apoca­lipsis sin Dios, donde se inscribe Residencia en la tierra. Neruda asumirá lo que el mismo calificara como el amor prole­tario. A este estadio pertenecería Los versos del capitán. Aquí parece haber una nueva relación con el amor. Ya no se perfila la posesión burguesa, que concibe el acto amoroso como mecanismo de posesión, que enajena la voluntad de alguno de los amantes.

Podríamos hablar de una tendencia cosmogónica en Resi­dencia en la tierra. Y también de la paradoja de la construc­ción por descomposición. El yo lírico presenta una ideación de un mundo que él no puede transformar. Diríamos que ese yo es un "afectado", un ser que lejos de experimentar la realidad, la sufre. En la descomposición, está el caos genésico. En la construcción, la utopía de ser el Dios ordenador. Lo trágico es que estamos en presencia de un Dios degradado, incapaz de actuar. El poema “Unidad", nos dice en su final:

Trabajo sordamente, girando sobre mí /mismo,
como el cuervo sobre la muerte, el /cuervo de luto.
Pienso, aislado en lo extenso de las /estaciones,
central, rodeado de geografía silenciosa:
una temperatura parcial cae del cielo,
un extremo imperio de confusas unidades
se reúne rodeándome.

Un hombre afectado. Sin saber qué hacer con el caos Enterrado en la Unidad, líderizando un Apocalipsis sin Dios.

 

* Utilizamos aquí la edición de Residencia en la tierra de Seix Barral, Barcelona- México, de 1976.

Referencias

Amado, Alonso.(1968). Poesía y estilo de Pablo Neruda. Buenos Aires: Editorial Suramericana.

Neruda, Pablo. (1980). Confieso que he vivido. Barcelona- México: Editorial Seix Barral.

 

Celso Medina es profesor del Insti­tuto Pedagógico de Maturín desde el 1984. Egresó como Li­cenciado en Educación Mención Castellano y Literatura de la Universidad de Oriente, en 1983. Obtuvo la Maestría en Literatura Latinoamericana, en la Universidad Pedagógica Experimental Libertador, Núcleo Maracay y el Doctorado en Filología Hispanoamericana en la Universidad de Salamanca. Fue fundador de la Biblioteca de Temas y Autores del Estado Sucre y se de­sempeñó como su primer Secretario Ejecutivo. Fue Director de Cultura del Estado Sucre. Dirigió la revista "Cálice". Autor de los libros de poemas Oleaje, Misterios Gozosos y Epígrafes para el ave de la sed y de los libros de ensayos Sísifo entre nosotros, La Literatura frente al pesimismo e Historia y novela en Denzil Romero.

 

© Celso Medina 2006

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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