El hombre emancipado o desalienado
Una mirada al nuevo cínico en tres novelas de Peter Handke
(La mujer zurda, La tarde de un escritor
y Lucie en el bosque con estas cosas de ahí)

W. Julián Aldana

Pontificia Universidad Javeriana
Bogotá, Colombia
julianaldana@gmail.com


 

   
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Abstract: Ciertos personajes de algunas novelas de Peter Handke poseen características que los hacen ser entes que conforman las masas pero que los particularizan y los llevan a ser sujetos neocínicos. Es decir, son individuos que no se apartan de la sociedad debido a que las condiciones culturales actuales dificultan esta posibilidad. Por el contrario conviven con los otros, pero hay actitudes con las que muestran su emancipación y diferencia de la masa. Una mujer que se separa de su esposo a pesar de que el mundo se viene encima, un escritor que no habla y pasa las tardes en una aparente monotonía, un hombre veterano de guerra que circunda el bosque en busca de cetas, son personajes desalienados que dejan de lado las coacciones y se alejan del común de la gente.
Palabras claves: Iluminismo, coacción, neocínico, emancipación, desalienación.

 

En una estampa hecha entre 1530 y 1540, por Caraglio se observa la figura de un hombre vestido con túnica raída y barba larga que sostiene en una de sus manos a un gallo desplumado. El observador de la pintura debe remitirse a la anécdota que cuenta que en un día del siglo IV a.c. Platón instalado en el ágora decía a los presentes que el hombre era un ser implume que caminaba en dos patas. Diógenes desplumó a un gallo y luego de echarlo a caminar por la plaza exclamó “esto es el hombre de Platón”. De modo que la imagen es la de Diógenes, uno de los primeros cínicos, filósofo que no se preocupó por formar escuela y escribir u oralizar tratados. Diógenes de Sinope, domiciliado en su tonel, era capaz de desdeñar la visita del Gran Alejandro o de no reparar en expresar su pensamiento sin importar que el hombre erudito y afamado asegurara lo contrario. Más que ser simplemente desvergonzado, atrevido o insolente, el cínico diogenesiano “pertenece a aquellos que ladran y muerden al mismo tiempo y no se atienen a refranes (Sloterdijk, 1989, 212)”, y puede rechazar la opulencia para quedarse con las cosas de la vida sencilla: sandalias, túnica y una mochila con apenas lo suficiente bastan para vivir.

Hoy resulta difícil encontrar un personaje como Diógenes. Acaso exista en las calles un indigente que renunció a todo, y filosofa para sus amigos y observa la vida alejado de la masa. Pero hasta que su labor no se vea legitimada por alguien o por algo este indigente filósofo cínico no existe. Por esto no se buscará en las novelas de Peter Handke a un personaje con estas características estrictas pues el paso del tiempo y el devenir del mundo han conducido al hombre a otras instancias. Si bien es cierto que la mayoría de sujetos viven regulados por ideologías impuestas por las instituciones y por la Industria cultural es posible hallar en el mundo personajes que se han emancipado, pero de tal forma que el transeúnte sonámbulo no podrá notarlo.

Descartes y Baçon dieron fuerza a un nuevo engranaje y éste se desarrolló hasta límites insospechados. El rigor del hombre moderno lo pone en el portal del Iluminismo y por esta brecha en el plano de la técnica, el objetivo que se persigue es el de “quitar el miedo a los hombres y de convertirlos en amos (Horkheimer - Adorno, 1987, 15)”. Continúan los filósofos, “la técnica es la esencia del saber” (16), con lo que todo saber se tecnifica y es sólo gracias al método que el hombre podrá hacerse al conocimiento. Es además la mejor forma de vencer la superstición, el mito de los dioses olímpicos es ahora sólo un recuerdo. No obstante, lo que hace la técnica es sofisticar la metafísica de otrora. Si para los griegos ésta se encontraba en la idea, y paras los hombres medievales en Dios, ahora la metafísica está en la subjetividad: “lo que hace al ser ser es la posibilidad de intervención del hombre con su técnica en pro del aprovechamiento. El relativismo es la línea conductora de la metafísica subjetiva*. Sin embargo, y como es obvio para el Iluminismo, la subjetividad del hombre sólo es posible si su proceder desciende de la técnica.

No hay valor en el hombre atecnificado, es otra forma de afirmar que el hombre del Iluminismo es un individuo tecnificado, con lo que el dominio que ejerce el sujeto sobre el mundo se extiende a la naturaleza y al hombre mismo. Una forma de observar el dominio del hombre sobre el hombre, sobre la masa, puede observarse en el padre de Marianne, protagonista de La mujer zurda, de Handke. Haber estado en la guerra lo convirtió en una pieza más del engranaje. El resultado de la guerra, aunque él prefiere no culparla, es su soledad. No hay amigos con quien hablar, ni conocidos a su alrededor, todos han muerto hace mucho o hace poco. Su calidad de soldado lo ha hecho un hombre dominado por el hombre. El caso del Padre de Lucie, en Lucie en el bosque con estas cosas de ahí, novela del mismo autor, goza de mayor patetismo, pues su labor consiste en ir a buscar cetas en el bosque y de cuando en cuando se queda mirando al cielo y su realidad se ve rodeada del sonido de aviones y armas de fuego que opacan el grito de los hombres que intentan huir: él es ahora un refugiado y el hecho de haber sido un ser dominado por el hombre le ha dejado secuelas difíciles de borrar.

La técnica se posa en todos los campos pues sólo aquello que se deja reducir a una unidad, al sistema del cual se deduce todo y cualquier cosa, es factible de estudio serio. “El número se convierte en el canon del Iluminismo. Las mismas ecuaciones dominan la justicia burguesa y el intercambio de mercancías” (20). No gratuitamente Husserl intenta crear una ciencia de la conciencia, para lo que la fenomenología podría llegar a la esencia de las cosas y consolidarse como ciencia que podría incluso estudiar la obra de arte.

El hombre del Iluminismo es conciente de la necesidad de la conservación y alienación a la que debe someter su cultura pues para poder seguir dominando a la naturaleza y al hombre es necesario que éstos no desborden los límites. La Industria cultural será quien resguarde las fronteras de esa gran nación cultural. Los medios se defienden siempre ante las críticas débiles de aquellos que intentan cierta desalienación, diciendo que ellos dan al público lo que éste pide. En intentos falsos por dar aliento a aquellos rebeldes, intentan hacer programas que de antemano se sabe no funcionarán pues la Industria cultural ha acostumbrado al sujeto a recibir sólo de cierta medicina. Cuando el paciente siente que el brebaje ha sido cambiado exige el anterior. La Industria cultural le da al sujeto masificado novelas y músicas y obras de teatro que se venden en grandes lugares porque éstos son regidos por ella misma. Umberto Eco, al respecto habla de la cultura de masas: aquella con la que el sujeto cree estar en contacto con el arte y se cree un ente participante de la experiencia artística (1999, 90). La falsedad es evidente, pues en muchas de estas obras el “aura” de Benjamín, la inmanencia de la obra para Adorno, no es otra cosa que un simple fetiche publicitario.

En La tarde de un escritor, de Handke, el narrador nos da a conocer el acontecer de un hombre en una tarde. A grandes rasgos diríase que no pasa nada. De fondo está su perdida del habla, que con el paso del relato se comprende que es un acto voluntario del escritor, y su desalienación de la Ilustración. Si para el común de los hombres del Iluminismo el lenguaje se convierte en un ejercicio de transformación, el personaje de esta novela “… creyó haber traspasado, sin querer, las fronteras del lenguaje… (Handke, 1995, 10)” posteriormente va a considerar que una palabra pensada en la mañana será suficiente para el desencadenamiento de su trabajo como escritor. Decir las palabras es un asunto vano cuando se pueden embellecer en la escritura, callarlas evitará la facilidad con la que el hombre es necio. El escritor prefiere observar el mundo y tal vez algo de eso le quede para escribir. El bosque, las calles, los peatones, los cafés, el periódico, su gato, le regalen a caso una palabra para seguir escribiendo. Al fin y al cabo hay un editor que le tiene paciencia y mientras traduce una de sus obras espera en calma el final de su última obra. El voto de silencio pone al escritor en un lugar cuyo anonimato es casi perfecto. Tiene la posibilidad de decir del mundo lo que piensa y está más allá de la charlatanería. Su obra no será tan vendida como la del otro escritor que habita su ciudad pero es cuidadosa y cada palabra está pensada y obedece a un proceso más que al accidente. En este aspecto el personaje escritor de esta novela está cerca de Adorno cuando, citando a Leonardo Da Vinci, opina que “es lo suficientemente importante que en la producción de la obra de arte intervenga el hombre entero (1962, 127)”. Para Adorno en esta intervención del hombre entero media también la humanidad, no se trata sólo de un tiempo y un espacio, ni de un género, hay una serie de eventos que participan en la obra que no se pueden reducir a corrientes literarias ni a contextos socio-culturales estrictos. Cuando el escritor personaje de La tarde de un escritor, piensa en muchas de sus palabras antes de escribirla, se aproxima al artista que Adorno pretende, aquel que superpone técnica y racionalidad a la intuición. La faz sensible del arte es vencida por las fuerzas constructivas: “la obra de arte, que exige lo sumo, (…), es símbolo del sujeto dueño y consciente de sí mismo” (Adorno, 133).

Este hombre creador, está lejos del artista que pretende el Iluminismo pues para que la obra de arte logre su inmanencia característica debe estar fuera de la Industria cultural a la que sólo le interesan obras de fácil entendimiento que exijan poco al creador y al receptor. El sujeto que se emancipa de esta imposición, que se desaliena, está al margen de lo que la cultura del Iluminismo quiere. En términos de Norbert Elías, el emancipado es un romántico que todavía cree que existe un lugar ideal en el que su arte es posible. Su lucha no es poca pues ha de enfrentar las coacciones a las que la sociedad lo somete. Todo sujeto debe cumplir un proceso si quiere hacer parte del mundo civilizado. Primero se introduce en el entramado de interdependencias en el que el Estado le impone una serie de normas que regulan su conducta, se trata de las coacciones externas (Elías, 1996, 294). La cultura le exige un autocontrol, por tanto aquellas coacciones se transforman en autocoacciones. Con el paso del tiempo el sujeto se instala de lleno en el sistema, en lo que el Iluminismo, por medio de la Industria cultural y sus instituciones, quiere de él. Desde entonces el sujeto convierte sus autocoacciones en una segunda naturaleza (319) sintiendo, de alguna manera, que están en un lugar al que no han podido llegar otros hombres: es un símbolo de status. La cadena continúa pues el sujeto debe seguir en su ascenso, para esto debe tener la capacidad no sólo de autocoaccionarse sino de autodistanciarse para autobservarse (325). Una vez el hombre del Iluminismo logra esto podrá dominar a la naturaleza y al hombre mismo.

Las coacciones son impuestas con el fin de masificar al sujeto. Cuando el sujeto hace parte de la masificación es cuando comienza a autocoaccionarse. Marianne, en La mujer zurda, es en principio una mujer que se dedica al cuidado de la casa y del hijo, Stefan. Bruno, su esposo, es vendedor viajero de porcelanas. En el regreso de uno se sus viajes él la invita a cenar y pasan la noche en un hotel. De camino a casa, en la mañana, ella le dice que no quiere seguir viviendo con él. Lo que en principio Bruno toma como una broma, se extiende a lo largo de la obra y Marianne ya no volverá con su esposo. Es esta una forma de romper con las coacciones de la sociedad. La mujer debe cuidar el hogar y esperar al esposo que llega del trabajo - téngase en cuenta que la novela es de 1976 -, debe ser leal y comprensiva pase lo que pase. Pero un día Marianne se ve y sabe que su felicidad ya no está al lado de su esposo. Este emancipamiento le hará necesario contactar a su antiguo jefe quien nunca ha dejado de ofrecerle textos para traducir. La desalienación es una forma de creer, románticamente, que hay otro estado en el que se puede estar mejor, en el que la felicidad o la plenitud son posibles. De modo que tanto Marianne, como el escritor y como Lucie, cuando lleva los cetas al rey para que no mate a su padre, son seres que hacen intentos por romper la cadena que los coacciona. Experimentan un estado en el que la autocoacción ha dejado de ser su naturaleza.

Desalinearse, emanciparse, es una forma de abandonar la masa. ¡Con todo lo que le ha costado al Iluminismo masificar al sujeto! Peter Sloterdijk en “el desprecio de las masas” anota que “la entrada en escena de las masas en la historia [es] como el signo de nuestros tiempos” (2002, 9)”. No sólo eso, la masa se desarrolla como sujeto pues casi al unísono adopta modas y maneras y pensamientos y gustos etc. Sloterdijk cita a Elías Canetti quien propone que el problema de la masa es que es un virus que arrastra. Además se confiesa avergonzado por ser “una parte de la masa”. El creador de obras de arte de Adorno es un ser emancipado, cuya obra “se niega a jugar el juego del falso humanismo, del acuerdo social con la degradación del hombre (1962, 133)”. En este punto Canetti y Adorno coinciden pues sus pensamientos al respecto apuntan a lo que Sloterdijk acota como “el tema psicológico-social del siglo XX: el poder que posee la maldad y la falsedad a la hora de arrastrar (Sloterdijk, 2002, 11).

Que la masa devenga sujeto es para el emancipado motivo de disgusto pues colapsan la visión romántico-racional del sujeto democrático consciente de sus deseos. Es decir que las posibilidades de mayores sujetos emancipados se alejan pues la maldad que plantea Sloterdijk es aquella que enceguece al hombre. Lo peor de todo esto es, para Canetti, que la masa llega a bloquear el proceso de conversión del sujeto en el momento justo de su culminación (Sloterdijk, 2002, 13).

Sin ir más lejos, la madre de Lucie, quien se desempeña como comandante de policía del suburbio en que habitan, no parece querer mucho a su esposo - recuérdese, el refugiado de guerra que recoge cetas. Ella necesariamente es una mujer autocoaccionada que vive de acuerdo a las normas de las instituciones. Al ver que su esposo no lo hace entra en disgusto pues el hecho de que su esposo no pertenezca a la masa le resulta chocante. Cuando Marianne toma la decisión de separarse de Bruno, emancipándose, su amiga Franziska lo celebra pero no logra aceptarlo del todo, e incluso le pide que deje regresar a Bruno a su lado. La masa con facilidad arrastra y arrastra con maldad cuando impone al sujeto una obra de arte carente de inmanencia o cohíbe al individuo de liberarse de las autocoacciones.

Este paso por el Iluminismo, la industria cultural, las autocoacciones y el desprecio por las masas, que inició con la referencia a Diógenes, tiene como objetivo llegar al “nuevo cínico” que Sloterdijk plantea en Crítica de la razón cínica. El alemán considera que el hombre corriente, el hombre masificado, es un ser legasténico que no puede menos que vivir bajo las (auto)coacciones. No obstante, hay hombres que pueden adscribirse a un “cinismo moderno que se presenta como aquel estado de la conciencia que sigue a las ideologías ‘naif’ y a su ilustración (1989, 31)”. Es decir que puede estar del lado de aquellas axiologías aparentemente ingenuas pero puede convivir en la Ilustración.

El nuevo cínico no se permite la “falsa conciencia”, no se deja engañar por la mentira, el error ni la ideología (31) de las instituciones y la industria cultural. No obstante, como se dijo antes, el devenir del mundo ha conducido al hombre a otras instancias. Al sujeto le cuesta mucho trabajo separarse de la cultura y la sociedad. Por eso Gottfried Benn, citado por Sloterdijk, considera que el nuevo cinismo consiste en “ser tonto y tener trabajo, he ahí la felicidad (36)”, el individuo necesita trabajar y si es preciso hacerlo bajo la sombra del sistema del cual se reniega pues no hay inconveniente. El nuevo cínico, desclasado o bien posicionado socialmente, toma una postura de ironización ética. Desde la 1ª Guerra Mundial el cínico ha dejado de ser un marginado, no tiene necesidad de vivir a lo Diógenes de Sinope, se esconde en la masa, y la compone incluso en ciertos aspectos, vive en el anonimato pero se opone. Psicológicamente el cínico moderno es un melancólico que controla sus síntomas depresivos y es laboralmente capaz (35). Todo esto porque es en realidad un ser inteligente que realiza su trabajo, tiene que vivir y como no se está en tiempos de dedicarse a la vida contemplativa y sencilla, el cínico moderno, a la par de la masa, hace lo suyo pero sabe que difiere de ellos.

Esto permite dar paso al concepto del personaje-isla. La típica acotación de estar sólo en la multitud deja ver que el nuevo cínico es lo que Isaac Joseph llamaría el transeúnte insomne, aquel que no pasa entero y cuestiona sobre todo lo que puede. El nuevo cínico es perfectamente ejemplificable con el escritor de la novela de Handke que se ha venido trabajando, pues si bien puede ser melancólico asume su vida dentro de la normalidad laboral, pero con su trabajo ironiza al mundo y lo sanciona. Es a la vez un personaje-isla pues al emanciparse puede vivir dentro de su mundo sin afectar su posición. Personaje-isla es también Marianne, y Stefan, su hijo. Marianne, pasa muchas horas de sus días en el silencio de su hogar, cohabitando con Stefan pero casi sin hablar con él. Marianne al desalienarse elude la presencia de la masa y se erige como nueva cínica, desde el anonimato reprocha pero no deja aquello que le hace tener contacto con el mundo. Ni el cínico de Diógenes, ni el moderno pierden nunca contacto con el mundo. El escritor y el padre de Lucie, aunque en ocasiones regrese al pasado con sus recuerdos, siguen activos como seres sociales. Esto es posible porque el nuevo cinismo no se hace notar exageradamente, es discreto (36).

De modo que será difícil encontrarse sujetos como Diógenes en las novelas de Peter Handke. Será posible observar que cómo resultado de ese proceso de Iluminismo hay hombres que intentan emanciparse, alejarse de las instituciones y de la industria cultural. No resulta descabellado observar en esta actitud del nuevo cínico un deseo nihilista. Es decir, el ímpetu con el que se quiere abandonar los valores que coaccionan e ir en busca de otros. Sin embargo, el sujeto de las novelas de Handke, no lucha ciegamente por lograr sus ideales y triunfar solitario en el mundo. Los personajes a los que en este texto se han denominado emancipados, desalienados o nuevos cínicos viven, si bien desarraigados de ciertas normas, disimulados y sagaces pues no se pretende echarse en una silla a ver llegar la muerte con el paso del tiempo, sino de afrontar las situaciones de una manera valiente, consciente y activa. No gratuitamente Sloterdijk considera que “quien se ponga hablar de cinismo está mencionando las fronteras de la Ilustración (1989: 39)”, pues el nuevo cínico es tan hijo del Iluminismo como lo es el hombre que recurriendo a la tecnificación de la ciencia y el arte considera que el saber, tecnificado, es poder.

 

Nota

    Los apartes que se destacan en cursiva, a excepción de los títulos de obras, son comentarios hechos por el profesor Carlos Jaramillo con base en el texto “Dialéctica del Iluminismo”, de M. Horkheimer y T. Adorno. Son producto de la discusión que se ha realizado en torno de la crisis de la modernidad, tópico adelantado en la clase de Literatura y Filosofía, de la Maestría en literatura de la Pontificia Universidad Javeriana, de Bogotá, Colombia, 2005.

 

Bibliografía

ADORNO Theodor (1962) “Notas de literatura”, Ed. Ariel, Barcelona.

ECO Umberto (1999) “Apocalípticos e integrados”, Ed Tusquets, Barcelona. De la edición original en italiano de 1965.

ELIAS Norbert (1996) “La sociedad cortesana”, F.C.E. México. De la edición original en alemán de 1969.

HANDKE Peter (1995) “La mujer zurda”, Ed. Alianza, Madrid. De la edición original en alemán de 1976.

_____________ (1995) “La tarde de un escritor”, Ed. Alfaguara, Madrid. De la edición origina en alemán de 1987.

_____________ (2001) “Lucie en el bosque con estas cosas de ahí”. Ed. Alianza, Madrid. De la edición origina en alemán de 1999.

HORKHEIMER Max - ADORNO Theodor (1987) “Dialéctica del Iluminismo”, Ed. Sudamericana, Buenos Aires. De la edición original en alemán de 1944.

SLOTERDIJK Peter (1989) “Crítica de la reazón cínica”, Ed. Taurus, Madrid. De la edición origina en alemán de 1983.

_________________ (2002) “El desprecio de las masas”, Ed. Pre-textos, Valencia. De la edición origina en alemán de 2000.

 

© W. Julián Aldana 2006

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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