El paso del tiempo y otros temas
en Bajas pasiones, de Gustavo Arango

Erasmo Hernández González

I.E.S. Luis Carrillo de Sotomayor, de Baena (Córdoba)
erasmohergon@hotmail.com


 

   
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Con este ensayo intento analizar temática y técnicamente el libro de cuentos Bajas pasiones (1990), primer volumen narrativo del colombiano Gustavo Arango Toro (1964), en el que se encuentran los motivos y preocupaciones existenciales que caracterizan sus libros de relatos y novelas posteriores, con diferencias formales que implican una interesante evolución literaria.

 

Rasgos generales

En 1990 Bajas pasiones fue publicada por Ediciones El Guarro (Cartagena, Colombia). Para el análisis sigo la metodología de Anderson Imbert [1979], Bourneuf y Ouellet [1983] y García Peinado [1998].

El grupo de treinta y tres cuentos que componen Bajas pasiones presenta varios temas, que son la infancia “mágica”, la vejez, la muerte, el amor imposible, la violencia, las ilusiones rotas, los trastornos mentales, la vida doméstica, la fantasía, el erotismo, el olvido, la vida como repetición y la imposibilidad de la amistad. Estos temas podrían, a su vez, reclasificarse pedagógicamente en la infancia “mágica”, el absurdo existencial y escenas de casa, aunque los argumentos sean muy distintos en cada relato, y las técnicas narrativas muy similares.

En la mayoría de los cuentos los personajes están inquietos por el paso del tiempo, la muerte, el amor y los temas citados más arriba. Apenas están descritos físicamente y se manifiestan en sus agobiantes pensamientos y en sus tímidas acciones. Están tristes y no comprenden el mundo: la anciana que recuerda a su marido y a su única hija muertos; la pareja de amantes que acaba a tiros; el anciano que entrega a otro una canica que éste perdió hace sesenta y tres años; los jóvenes que organizan peleas entre cónyuges; el telespectador que destruyó su televisión; el único hombre que recuerda a un cantante olvidado; el lector estrangulado por la serpiente que sale de su libro; el hombre que se ríe de un chiste de hace quince años; el niño solitario que tiene alitas en los pies; el hombre que sueña con su difunto padre; la mujer atemorizada por los depravados que ella cree que hay en las calles; el hombre que no vivió completos el primero y el último día de su vida; la Luna entristecida porque los hombres no piensan en ella; el hombre que estuvo en Wambi-Zuledia, pero que es un enfermo psiquiátrico; el anciano que de joven se quedó solo en casa de sus padres y entró mucha gente a telefonear; el hombre que no logra recordar una anécdota inolvidable; el padre que vuelve a su casa y no conoce a su esposa e hijos; el libro que intenta sin fruto comunicarse con su lector; el hombre que se reúne con antiguos compañeros y se marcha; el hombre que prefiere dormir a estar con su familia; el hombre que teme a su sombra; el adolescente que ha mantenido una relación sexual con sus profesoras; el anciano y rico empresario que se considera fracasado porque quiso sin éxito ser cantante; el hombre cuyos familiares han muerto; el padre serio y exigente que descubre con dolor que su esposa e hijas están muy interesadas por el jardinero; el hombre que descubre que es su tatarabuelo; y una mujer embarazada y abandonada.

Son personajes movidos por el azar, que no se rebelan o no pueden rebelarse contra sus circunstancias, y no se comprometen social o políticamente, y para los que tampoco hay solución religiosa (Arango no cita esta posibilidad, ni siquiera negativamente).

Sin embargo, hay varios y escasos personajes alegres (los niños en “Nocturno” y en “Reflejos”) y sencillos (el aficionado al fútbol en “Ojalá no llueva”, el ladrón bondadoso en “Propiedad privada” y el padre que repara el ventilador, mientras su familia ve la televisión un domingo por la tarde, en “Insucesos”), que comparten el optimismo vital de la infancia y de la vida misma.

Arango no refleja ni la situación social de su país, ni la vida rural, puesto que ha compuesto unos cuentos cuyos personajes, argumentos y temas son asumibles por cualquier lector del mundo. Puede ser un alejamiento consciente del tan acostumbrado y tópico “realismo mágico” e incluso de la novela social, aunque haya relatos fantásticos y la mayoría de los personajes sean de clase baja. Creo que a Gustavo Arango le preocupa más el desamparo del ser y de la propia existencia que las condiciones materiales de la misma.

Otro rasgo común a casi todos los cuentos es la presencia de ambientes realistas (con escasas descripciones), que se desarrollan en habitaciones, casas, una cafetería, pensamientos, recuerdos, parques, calles, un hospital psiquiátrico y un internado escolar. Los ambientes fantásticos (libros con vida, una casa animada) aparecen en cuatro cuentos. Importa más el espacio mental que el espacio físico, puesto que los personajes más reflexionan que actúan: alta actividad intelectual frente a baja actividad física.

¿Realidad, ficción e ironía? Estas divisiones tan pedagógicas no obedecen totalmente a lo que ha escrito Arango, porque el aparente ambiente realista de la mayoría de los cuentos se ve alterado por situaciones exageradas e irónicas; tan sólo las personificaciones (de libros y de una casa) y la historia del niño que tenía alitas en los pies son relatos fantásticos, que no llegan, creo, a alcanzar los rasgos del “realismo mágico”.

El tratamiento del tiempo da uniformidad a los cuentos y se relaciona con la estructura tradicional ya comentada, porque predomina el pasado, aunque algunos relatos estén en presente (por eso la mayoría de los cuentos tiene sólo una secuencia), y en sólo dos cuentos aparezcan presente y pasado; el futuro no se contempla.

La estructura de los cuentos es la tradicional (introducción, desarrollo y desenlace) con una secuencia narrativa habitualmente (sólo cinco cuentos tienen varias secuencias), el narrador predominante es el de primera persona omnisciente (sólo cinco cuentos en tercera persona), el diálogo es muy escaso (sólo “Obras públicas” es totalmente dialogado), el número de páginas también breve (la mayoría de los cuentos ocupan dos o tres), la técnica narrativa concisa prevalece, por tanto, sobre las descripciones, aunque la adjetivación sea rica en algunos relatos. Los cuentos están distribuidos en cuatro apartados señalados con números romanos: I con diez, II con ocho, III con siete y IV con ocho.

Sobre su estilo lingüístico Arango usa un español con bastantes americanismos, como “piyama, cobijas, coquita de leche, mesero, aburrición, peladero, dispendiosa, recursivos, cachetada, victimarios, paradero del bus, añejado, juagado, futbolito, carros, boleta, cuadras, chécheres, lavamanos, estilógrafo, sánduche, antejardín, trapeadora, vocería, carnetización, estadía, disqueras” y varios nombres de aves, en cien páginas. Los diálogos están bien conseguidos (intervenciones breves, vocabulario coloquial y pocos adjetivos). Es destacable el escaso uso de figuras retóricas, porque presenta una realidad descarnada.

Estos cuentos son literarios, inquietantes e irónicos (no hay un pesimismo absoluto).

 

Análisis de los cuentos

“Nocturno” (páginas 7-8). Un niño que nunca duerme observa que sus bondadosos padres lo visitan tres veces cada noche. En 1ª persona, en una habitación, por la noche, en el pasado y con ambiente realista.

“Manuscrito hallado en el lugar de los hechos” (9-12). Una anciana recuerda a sus difuntos (su marido, su única hija y su yerno), pero sobrevive su único nieto, que le lleva comida a diario. En 1ª persona, en una habitación, en el presente, con ambiente realista y tres secuencias.

“Gestos” (13-16). Una pareja cariñosa entra en una cafetería, hablan, se agobian, ella le dispara, se marcha, se para en un puente y tira la pistola al agua. En 1ª persona, en una cafetería y en la calle, en el pasado y con ambiente realista.

“Retentiva” (17-18). Un anciano entrega a otro una canica que éste último había perdido hacía sesenta y tres años. En 3ª persona, en el parque, en el presente, con ambiente realista y escaso diálogo.

“Calamidad doméstica” (19-20). Cuatro adultos tienen un trabajo que consiste en buscar un lugar para que dos cónyuges cualesquiera puedan discutir, agredirse o matarse. En 1ª persona, en una casa, en el presente, con ambiente realista y humor negro.

“Televidentes” (21-22). El primo Edgar discutía al televisor y un día lo destruyó. En 1ª persona, en una habitación, en el pasado, con ambiente realista y escaso diálogo.

“La paulatina desaparición de Adrián Muriel” (23-24). Cuando Adrián Muriel murió, era uno de los cantantes más célebres, pero pasaron los años y sólo lo recordaba alguien que no lo conoció. En 1ª persona, sin lugar, en “varios pasados”, con ambiente realista y escaso diálogo.

“La serpiente” (25-26). Un hombre que leía con atención un libro fue estrangulado por una serpiente que salió de una página. En 3ª persona, sin lugar, en el pasado y con ambiente fantástico.

“La gracia” (27-28). Un hombre se ríe de un chiste de hace quince años y acaba en el hospital psiquiátrico. En 1ª persona, sin lugar, en el pasado y con ambiente realista.

“Ojalá no llueva” (29-31). Un aficionado al fútbol teme con pavor a la lluvia antes de un partido. En 1ª persona, en casa, en el pasado y con ambiente realista.

“Alas” (33-34). Un niño solitario sufre cuando todos se ríen de él, porque le han salido alitas en los pies. En 1ª persona, sin lugar, en el pasado y con ambiente realista.

“La otra vida” (35-36). Un hombre sueña con su padre muerto. En 1ª persona, sin lugar, en el pasado y con ambiente realista.

“Propiedad privada” (37-38). Unos ladrones entran en una casa, roban, y a uno de ellos le gustaría ser amigo de quienes ha robado. En 1ª persona, en una casa, en el presente y con ambiente realista.

“Obras públicas” (39-40). Una mujer y hombre hablan en una calle y ella se queja de los depravados que hay por todos sitios. Totalmente en diálogo, en una calle, en el presente y con ambiente realista.

“Pedazos de días” (41-42). Un hombre recuerda que en su vida hubo dos días en los que no vivió enteramente: el de su nacimiento y el de su muerte. En 1ª persona, sin lugar, en el presente y en el pasado, con ambiente realista y tres secuencias.

“Reflejos” (43-44). Un niño busca en el trastero de su casa una tela para hacer la cola a la cometa, se encuentra con un espejo que le permite ver bañarse a Valentina, pero... se rompe el espejo. En 1ª persona, en un trastero, en el pasado y con ambiente fantástico.

“Poco antes de partir” (45-46). Los humanos idealizaron a la Luna hasta que la pisaron y comprobaron que era un pedrusco; la Luna desde entonces está triste. En 3ª persona, sin lugar, en el pasado y con ambiente fantástico.

“Testimonios” (47-48). Un hombre dice que es la única persona que ha regresado con vida de las tierras de Wambi-Zuledia, y unos enfermeros le colocan la camisa de fuerza. En 1ª persona, en un hospital psiquiátrico, en el presente y con ambiente realista.

“Insucesos” (51-52) Un hombre intentó un domingo por la tarde reparar el ventilador delante de su familia y perdió una uña entre las aspas. En 1ª persona, en casa, en el pasado y con ambiente realista.

“Alexander” (53-56). Un anciano recuerda un día de su adolescencia, en el que sus padres se fueron a la costa, él se quedó solo en casa, pero entraron a telefonear una señora, su hija, un señor, una enfermera, una monja, un ingeniero, dos niños, cuatro señores gordos, un fisioculturista, escolares, empresarios, políticos y estrellas de cine y televisión. En 1ª persona, en casa, en el pasado y con ambiente realista.

“La mujer de mi vida” (57-58). Un hombre encuentra a la mujer de su vida a la vuelta de una esquina, se besan y se separan. En 1ª persona, en la calle, en el pasado y con ambiente realista.

“Anecdotario” (59). Un hombre intenta recordar una anécdota inolvidable y no puede. En 1ª persona, sin lugar, en el presente y con ambiente realista.

“Un extraño lugar” (61-62) Un hombre vuelve a su casa, no la reconoce, ni tampoco a su mujer e hija, que lo abrazan, mientras él se extraña. En 1ª persona, en casa, el pasado y con ambiente realista.

“Saludo cordial” (63). Un libro intenta sin fruto comunicarse con su lector. En 1ª persona, sin lugar, en el presente y con ambiente realista.

“Recorridos” (65-71). Un hombre acude a una reunión con antiguos compañeros, lo pasa mal y se marcha. En 1ª persona, varios lugares (avión, hotel, sitios indefinidos), en el pasado (varios días), con ambiente realista y tres secuencias.

“El hombre que prefirió sus sueños” (73-76). Un hombre duerme día tras día, porque así es más feliz que con su vida cotidiana y su familia. En 1ª persona, en la oficina y en casa, en el pasado y con ambiente realista.

“La sombra” (77-80). Un hombre que va a trabajar andando descubre su sombra y pierde la tranquilidad. En 1ª persona, en la calle, en el pasado y con ambiente realista.

“Penitencia” (81-86). Un adolescente en un internado mantiene una relación sexual con sus profesoras. En 1ª persona, en un internado, en el pasado y con ambiente realista.

“Un artista del canto” (87-92). Un empresario anciano y rico muere en su jardín recordando que de joven fue un cantante fracasado. En 3ª persona, en un jardín, en el pasado y con ambiente realista.

“Tempestades” (93-96). Un hombre se marcha porque toda su familia ha muerto, y una niña se va con él. Él piensa que ella morirá rodeada por el asombro de sus nietos. En 1ª persona, sin lugar, en el pasado y en el presente, con ambiente realista y cuatro secuencias.

“Golpe de estado” (97-102). Una casa de campo observa la desesperación de su propietario cuando descubre que su esposa e hijas están muy interesadas por los genitales del jardinero. En 1ª persona, en una finca, en el pasado, con ambiente realista y tres secuencias.

“Genealogías” (103-104). Un hombre afirma que es su tatarabuelo porque hace lo mismo que él (triunfar en los negocios y dejar todo para aislarse), y descubre en los cuadernos de su tatarabuelo que éste había descubierto que era también su tatarabuelo. En 1ª persona, en casa, en el pasado y con ambiente realista.

“Seres alados” (105-110). Una mujer va a l parque a buscar al padre de su futuro hijo, para casarse, ya que él se fue, recuerda que hicieron el amor una vez sólo y él no volvió; nace el niño y ella sigue esperando. En 1ª persona, en el parque y en casa, en el pasado y en el presente, con ambiente realista y diálogo.

 

Conclusiones y relaciones con sus otros libros narrativos

Como Bajas pasiones (1990) es el primer volumen narrativo publicado por Gustavo Arango, podemos cotejar sus rasgos con los de sus otras cuatro, hasta el momento, obras narrativas editadas, que son Su última palabra fue silencio (1993), Criatura perdida (2000), La risa del muerto (2003) y El país de los árboles locos (2004), que hemos estudiado [Hernández González, 2004, 2006, 2005, 2006].

Bajas pasiones no es un embrión literario, ni un experimento de un autor novel (en 1990 Arango ya era periodista y había ganado algunos premios literarios en su país), puesto que en este volumen se encuentran los temas, motivos y obsesiones que bajo diversas formas se renuevan y agudizan en textos posteriores.

Existe una mayor sencillez estética propia de un primer trabajo bien cuidado y menos arriesgado formalmente, como comprobamos:

1. Bajas pasiones es un volumen de cuentos literarios, igual que Su última palabra fue silencio, desde el que Arango salta a sus novelas (Criatura perdida, La risa del muerto y El país de los árboles locos).

2. La mayoría de los cuentos de Bajas pasiones tiene una sola secuencia, los de Su última palabra fue silencio y los capítulos de Criatura perdida varias, los capítulos de La risa del muerto muchas, y la vuelta a la sencillez se produce en El país de los árboles locos.

3. Igual ocurre con el uso de narradores, con la primera persona predominante en Bajas pasiones y Su última palabra fue silencio, con el juego de las tres personas en Criatura perdida y La risa del muerto, y la vuelta a la primera persona en El país de los árboles locos.

4. El espacio y el tiempo siguen la dirección de los narradores (las mayores complicaciones están en Criatura perdida y La risa del muerto), sin olvidar la importancia determinante del espacio y del tiempo mentales en todos los libros.

5. El libro con mayor cantidad y calidad de descripciones es Bajas pasiones, aunque no sean muchas.

6. El uso del diálogo es escaso en Bajas pasiones y Su última palabra fue silencio, abundante sólo en Criatura perdida y La risa del muerto, y, de nuevo, escaso en El país de los árboles locos.

7. Los usos estilísticos confirman lo anterior: sencillez en Bajas pasiones y Su última palabra fue silencio, lirismo y complejidad en Criatura perdida, gran complejidad en La risa del muerto, y sencillez y lirismo en El país de los árboles locos.

8. Los americanismos abundan en Bajas pasiones, disminuyen en las obras posteriores y casi desaparecen en El país de los árboles locos.

En temas y motivos también hay evolución:

1. En Bajas pasiones los temas son: la infancia “mágica”, la vejez, la muerte, el amor imposible, la violencia, las ilusiones rotas, los trastornos mentales, la vida doméstica, la fantasía, el erotismo, el olvido, la vida como repetición y la imposibilidad de la amistad. La mayoría de estos temas reaparece en sus libros posteriores con una diferencia de tono muy importante: la ironía, el humor y cierto pesimismo esperanzado presentes en muchos relatos de Bajas pasiones cambian a un tono más realista y triste en Su última palabra fue silencio, para agudizarse en un fuerte absurdo vital en Criatura perdida y La risa del muerto, que se aminora un poco en El país de los árboles locos, donde el amor vuelve a dar sentido a la vida sin sentido. La ausencia de temas sociales, rurales, colombianos y religiosos también nace en Bajas pasiones.

2. La infancia “mágica”, los humorísticos trastornos mentales y la amable vida doméstica sólo se encuentran en Bajas pasiones.

3. El motivo de la literatura en la literatura se repite en toda la obra de Arango, pero en Bajas pasiones es donde los libros cobran vida. En el resto de su producción hay mayor complejidad, ya que intercala relatos en la historia principal.

En este repaso superficial por la interesantísima obra narrativa editada de Gustavo Arango falta comentar que las fechas de sus libros no se corresponden exactamente con las de composición, como puede comprobar cualquier buen lector avezado en crítica estilística. Pienso que Criatura perdida (2000) es posterior a La risa del muerto (2003), que es una novela con muchísimos relatos y se convierte en un paso intermedio entre los libros de cuentos (Bajas pasiones y Su última palabra fue silencio) y sus dos novelas breves (Criatura perdida y El país de los árboles locos); además el tono general pesimista alcanza su cumbre en La risa del muerto y disminuye paulatinamente en las dos novelas citadas. Esta tendencia a los mismos temas nos recuerda la teoría psicoanalítica de Weber [1960] de que un autor escribe siempre sobre el mismo tema, aunque utilice géneros, historias y anécdotas diferentes.

Hablar de las fuentes de Bajas pasiones (la escurridiza intertextualidad [Martínez Fernández, 2001]) puede parecer algo peregrino, pero es interesante, ya que se observa la continuidad temática y estilística de Arango en el conjunto de su obra actual, sin olvidar la lectura de muchos latinoamericanos (los clásicos Cortázar, Onetti, Borges, Vargas Llosa, García Márquez, Rulfo, Sábato, Mutis, Felisberto Hernández...), de europeos (Kafka, Sartre, Camus, Beckett, Celine, Hesse, Sagan, Ionesco, Pirandello, Broch...), sin olvidar los estímulos no literarios (cine, medios de masas...) y desde el principio la propia inquietud vital frente a un mundo que no se comprende. Para más detalles temáticos y formales se pueden consultar nuestros cuatro trabajos citados.

Libros de Gustavo Arango: Bajas pasiones (Cartagena, El Guarro, 1990); Un tal Cortázar (Medellín, Facultad de Comunicación Social, 1991); Su última palabra fue silencio (Cartagena, Alcaldía, 1993); Un ramo de nomeolvides: García Márquez en El Universal (Cartagena, El Universal, 1995); Retratos (Cartagena, Alcaldía, 1996); Criatura perdida (New Brunswick, El Pozo, 2000); La voz de las manos (New Brunswick, El Pozo, 2001); La risa del muerto (Santo Domingo, Editora Nacional, 2003); El país de los árboles locos (2004); y Vida y opiniones de Wenceslao Triana (2006).

Elogiamos esta importante labor literaria y acabamos aportando un cuento de Bajas pasiones, ese primer libro tan extraordinario.

 

Retentiva

El señor del saco gris y pantalón café detuvo su andar paquidérmico y pareció sufrir una impresión demasiado fuerte para su edad y su salud. Con ojos desorbitados y pasándose un pañuelo mugroso y arrugado por la frente, se acercó al anciano causante de su reacción, que en un banco de piedra disimulaba su aburrición con la mirada puesta en un periódico seguramente recogido del suelo.

Pidió permiso para sentarse en el banco y recibió el consentimiento del hombre del periódico en forma de gruñido poco amable. Al parecer el hombre del banco no quería hablar con nadie, pero nuestro amigo, el de andar paquidérmico que se detuvo minutos antes al ver la cara del que fingía leer en un banco del parque a esa hora repleto de viejitos, no se amilanó; era algo extraordinario lo que tenía para comunicarle y sabía que su hosquedad quedaría pronto disipada. Se sentó y acomodó su saco gris, luego trató de dar con las palabras precisas.

Resignado a la inmiscución, el hombre de los anteojos verdes y la barba descuidada abandonó el periódico y pensó en la respuesta a la pregunta que el otro anciano le había formulado.

- Hoy es veinte de junio.

Por la sonrisa y el balanceo pueril sobre el banco, se vio que era lo que el viejo quería escuchar.

- Y dígame una cosa, sáqueme de la duda, puede que me equivoque, pero, ¿no perdió usted una canica el veinte de junio de hace sesenta y tres años?

El anciano repitió un acto mecánico de casi toda la vida, se ajustó los anteojos y luego se agarró de la piedra granítica del banco para no perder la estabilidad al sumergirse en el mar de sus recuerdos.

Pasó un momento que, mientras esperaba respuesta, el anciano llenó sacando un cigarrillo, ofreciendo otro a su vecino sumido en recuerdos y encendiendo ambos con mano temblorosa.

- Sí, era transparente y con vetas de un verde que jamás he vuelto a ver.

De pronto el hosco lector de periódico estaba ansioso por contar una historia de la que su interlocutor conocía buena parte. Por un imperdonable olvido, había dejado la canica en el peladero que quedaba detrás de la escuela. Más tarde había regresado a buscarla pero nada, ninguno de los otros niños que jugaban le dio razón de su inigualable bola de cristal con vetas verdes. La había perdido irremediablemente.

El viejo del saco gris y el pantalón café había escuchado con la cabeza gacha toda la historia. Cuando el otro terminó extrajo del bolsillo de su saco los cigarrillos y los fósforos, el pañuelo y una canica transparente con vetas verdes que obligó al anciano a ajustarse sus ancianos anteojos.

Los viejitos lloraron. La gente que pasaba por allí se reía al ver a esos dos llorando mientras miraban absortos una canica, como brujos adivinando el pasado en una bola de cristal.

Mientras el viejo de anteojos secaba sus lágrimas y se sonaba los mocos con el pañuelo de su compañero, éste contaba cómo había visto que el otro olvidaba la canica en el peladero, cómo había negado saber de ella y cómo, luego de esa zancada gigante del tiempo, había descubierto en ese anciano que fingía leer un periódico, a ese niño que preguntaba si alguien había visto su canica transparente de hermosas vetas verdes.

- El mundo es un pañuelo -se dijeron casi a coro los dos ancianos, que siguieron un rato más en el banco del parque, viendo la canica llorando y turnándose el pañuelo para enjugar sus lágrimas.

 

Bibliografía

Anderson Imbert, Enrique, Teoría y técnica del cuento, Buenos Aires, Marymar, 1979.

Bourneuf, Roland, y Ouellet, Réal, La novela, Barcelona, Ariel, 1983.

García Peinado, Miguel Ángel, Hacia una teoría general de la novela, Madrid, Arco, 1998.

Hernández González, Erasmo, “El cuento colombiano reciente: Gustavo Arango”, Espéculo, 28, 2004.

Hernández González, Erasmo, “La literatura como refugio en La risa del muerto, del colombiano Gustavo Arango”, Espéculo, 31, 2005.

Hernández González, Erasmo, “Los seres desamparados en Criatura perdida, de Gustavo Arango”, Espéculo, 32, 2006.

Hernández González, Erasmo, “Amor y dolor existencial en El país de los árboles locos, de Gustavo Arango”, Espéculo, 33, 2006.

Martínez Fernández, José Enrique, La intertextualidad literaria, Madrid, Cátedra, 2001.

Weber, Jean-Paul, Genèse de l’oeuvre poétique, Paris, Gallimard, 1960.

 

© Erasmo Hernández González 2006

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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