Acercamiento a Confieso que he vivido

Pablo Mora

Profesor Titular, Jubilado, UNET
San Cristóbal, Táchira, Venezuela
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… somos arrojados a la vida y luchamos para llegar a salvo hasta el final… Escribir es como lanzar botellas con mensajes al mar: no sabes si alguien las encontrará, pero las escribes para mantener la esperanza en el rescate.
              Joaquín Mª Aguirre

La única certeza, lo más alto: el asombro, el estupor, el clamor del hombre, su alarido, su asombro inextinguible, el vino, el himno de la vida: itinerario, término, confín. El olvidado asombro de estar vivos. Sabernos arpegio en la garganta de la vida, silencio acurrucado en el camino. Asombro eternamente corredor, en solidaria soledad.
              Pablo Mora

 

El autor

Pablo Neruda (1904-1973), nacido en Parral, muerto en Santiago de Chile, una de las voces mayores de la poesía mundial de todos los tiempos. Desde el combate directo o desde la persecución y el desarraigo o exilio valerosamente arrostrados, la trayectoria de Neruda, Premio Nobel en 1971, encarna, a la vez que a un intelectual orgánico, militante, una de las principales aventuras expresivas de la lírica en lengua castellana, sustentada en un poderío verbal descomunal, inigualable, a partir de una premeditada inmersión en el mundo de las fuerzas telúricas originarias, fincadas en el suelo natal americano.

Progresivamente, entretejió su cantar con el himno amoroso, puesta su mirada en lo cósmico, sin olvidar en ningún momento la opresión y el tiempo encendido e incendiario de la lucha.

De modo que, abanderado de un superior e inconfundible lenguaje, abarca en plenitud los dolores y esperanzas de la vastedad del hombre, hasta consagrarse a la tradición más viva de nuestra suprema poesía.

 

Prosaísmo

Neruda siempre se propuso ser un poeta cíclico -poeta que abracara en su obra una unidad mayor- que pasara de la emoción o de la visión de un momento a una unidad más amplia. Así, fue su obra discurriendo, desde el primer intento de Crepusculario, pasando de seguidas por El hondero entusiasta -intensa pasión amorosa, insistente voluntad cíclica de poesía-.

Su ambición cíclica de una ancha poesía, que englobara no sólo al hombre, sino a la naturaleza, a las fuerzas escondidas, una poesía epopéyica que se enfrentara y conjugara, en galopante correspondencia, con el gran misterio del universo y también con las posibilidades del hombre, abre un paréntesis, de aparente reducción estilística, que da paso a Veinte poemas de amor y una canción desesperada.

Sin embargo, Neruda está consciente de que este libro apenas si alcanzó para él el secreto, ambicioso deseo de lograr una poesía aglomerativa en que todas las fuerzas del orbe se juntaran, fusionaran. Es cuando se lanza a Tentativa del hombre infinito donde aflora con mayor énfasis tanto la claridad como el humano enigma: el misterio, el abordaje de la oscuridad del ser que va paso a paso encontrando obstáculos para elaborar en ellos su camino.

Andando, andando, Neruda escribe su libro más ferviente y más vasto: el Canto General que tenía como propósito dar una gran unidad al mundo que él quería expresar. Fue este libro la coronación de su tentativa ambiciosa. Sin embargo, sin hacer referencia a los méritos de obras clásicas nerudianas como Residencia en la tierra (1933 - 1935 - 1947), Las uvas y el viento, Odas elementales, Memorial de Isla Negra, Estravagario, Cien sonetos de amor, Plenos poderes, Las manos del día, Las piedras del cielo, hemos de recordar que es Neruda mismo quien en algunas reflexiones improvisadas sobre sus trabajos, en ocasión de inaugurarse el Seminario de Estudios sobre su Obra, en la Biblioteca Nacional de Santiago, entre agosto y septiembre de 1964, con motivo del sexagésimo aniversario de su vida, alude al p r o s a í s m o que muchos le reprochan en relación al Canto Generalcomo si tal procedimiento manchara o empañara esta obra”.

Es cuando se permite auto-reflexionar:

Este prosaísmo está íntimamente ligado a mi concepción de CRÓNICA. El poeta debe ser, parcialmente, el CRONISTA de su época. La crónica no debe ser quintaesencia, ni refinada, ni cultivista. Debe ser pedregosa, polvorienta, lluviosa y cotidiana. Debe tener la huella miserable de los días inútiles y la execraciones y lamentaciones del hombre.

 

Prosaización

Leo Ospavat, crítico literario, ensayista soviético, de quien dijera Neruda le dio a su poesía una perspectiva venidera aplicándole la luz boreal de su mundo, alude a cierta “prosaización” en estos términos:

“Sin embargo, la renovación tan decidida del género poético encierra una amenaza determinada: conduce inevitablemente a que desaparezcan los límites del género, a una sensible ‘prosaización’ de la poesía. Esta tendencia se manifiesta y desarrolla ostensiblemente en la obra de Neruda, al igual que en toda la poesía contemporánea de América Latina, en la que él tuvo una enorme influencia y que, de acuerdo a un testimonio reciente de Cortázar, está hoy más cerca de la prosa que hace un medio siglo. No hay una división exacta. La poesía empezó a irrumpir en el relato, lo que es indiscutible… y hay, además, el proceso inverso, poesías y poemas, desde un punto de vista determinado, pueden denominarse trozos de prosa. Pero, y a pesar de todo, siguen siendo poesías”.

 

Prosas de Pablo Neruda

Si en algún momento a su poesía propiamente dicha se le tildó de prosaísmo, de prosaización, la obra general de Neruda a medida que transcurría y sorprendía al mundo, vino a ser en realidad “una poesía de la sensación de cada día.” Como justamente la adelanta en Memorial de Isla Negra. Empapada de un marcado hilo biográfico, la poética nerudiana nos subraya la expresión venturosa o sombría de cada día, el rendimiento de cuentas espirituales-existenciales que en ella se propusiera.

Los cinco volúmenes de Memorial de Isla Negra vienen siendo el anticipo, la antesala de sus posteriores Prosas Mayores representadas en Confieso que he vivido - Memorias, Para nacer he nacido y El río invisible -Poesía y prosa de juventud-. Textos fundamentales para una decodificación integral del fenómeno Neruda.

 

Confieso que he vivido

Confieso que he vivido, Memorias, -Primera edición: 3. V. 1974- obra póstuma ordenada y preparada por Matilde Urrutia, viuda del poeta, y Miguel Otero Silva, escritor venezolano, entrañable amigo de Neruda, para la Editorial Losada, S.A. de Buenos Aires, constituye junto con Para nacer he nacido un extraordinario manojo de prosas de Pablo Neruda, que en su gran mayoría nunca habían sido recogidas en libro, al tiempo que revelan aspectos desconocidos de la rica y compleja personalidad del poeta.

 

Idea principal

Confieso que he vivido constituye un verdadero autorretrato de Pablo Neruda a partir de 12 Cuadernos esculpidos en una de las más esclarecedoras prosas de las letras hispanoamericanas. El lector asiste, jubiloso, de mano de Neruda, al itinerario vital que signó su vida, al viaje literario que desde el bosque chileno amparó al joven provinciano. Perdido entre ciudades, caminos, soledades luminosas, pasando por la España en el corazón, por la patria en tinieblas, nos conduce al eterno oficio de la poesía, al poder de la poesía, hasta desembocar en la Patria dulce y dura, en la utopía político-poética, rubricada desgraciadamente por las dolorosas y rápidas líneas escritas para las memorias a solo tres días de los hechos incalificables que llevaron a la muerte a su gran compañero, el camarada presidente Allende.

Las memorias implícitas en Confieso que he vivido, cuasi novela para algunos críticos, -quizás doce cuentos náufragos-, vívida hurganza, confidencia espiritual, nos brindan una visión pormenorizada de la vida y la obra del autor, quien, cargado de las lluvias torrenciales de los largos inviernos del sur de Chile, nos hace partícipe de sus largos viajes al Oriente, Europa y Asia; nos explica algunas de sus principales obras, vivencias, encuentros y reencuentros, hasta llegar su querencia eterna, Isla Negra, nublada con la turbulenta política que da muerte a su entrañable camarada, Allende, asesinado por los eternos enemigos del pueblo.

 

Orden estructural del libro

La obra está dividida en doce cuadernos o capítulos, que parecieran ser títulos de verdaderos cuentos, a saber:

EL JOVEN PROVINCIANO
PERDIDO EN LA CIUDAD
LOS CAMINOS DEL MUNDO
LA SOLEDAD LUMINOSA
ESPAÑA EN EL CORAZÓN
SALÍ A BUSCAR CAÍDOS
MÉXICO FLORIDO Y ESPINUDO
LA PATRIA EN TINIEBLAS
PRINCIPIO Y FIN DE UN DESTIERRO
NAVEGACIÓN CON REGRESO
LA POESÍA ES UN OFICIO
PATRIA DULCE Y DURA

Estilo

Escrita con incomparable gracia, Confieso que he vivido nos entrega, paso a paso, una galería de fantasmas sacudidos por el fuego y la sombra de una vida discurrida a la luz de otras vidas en una dolorosa época compartida.

Se trata de dar razón de una vida hecha de todas las vidas: las vidas del poeta. Como decir que todo poeta requiriese de un par de vidas para rememorar o reconstruir la propia.

Sin intelectualismo alguno, con natural sabiduría, en un lenguaje en prosa único e inconfundible, Neruda nos revela su propia búsqueda, su camino esplendoroso tras la diaria y permanente creatividad que lo entusiasma.

Su vasta experiencia del universo, su rico bagaje experiencial, poético-vital, los refleja en continuo renacer de palabra, revelación y testimonio, de acento, denuncia y esperanza.

En estilo definido y definitorio, nos corrobora que para nacer ha nacido, para volver a ser, para tejer los altos besos del follaje, como una vieja lágrima enterrada que, nacida de la ceniza terrestre, vuelve a ser semilla. Para encerrar el paso de cuanto se aproxima, de cuanto a su pecho golpea como un nuevo corazón tembloroso.

Haciendo honor al título que se propuso, confiesa plenamente que ha vivido, bajo el granado trigal de la herida insomne de un común dolor humano; de la conciencia de ser hombres y de creer en un destino común.

Confieso que he vivido no es más que un atento examen de la vida de Neruda, un extraordinario encuentro con su sombra.

Verdadera comunicación entre su alma, entre su poesía, los caminos, la soledad luminosa, la fraternidad desconocida, la belleza que florece en la oscuridad… o en el camino poblado antes que de luces, de cruces.

 

Riquísima red de humor

En homenaje que la revista Araucaria rindiera a Neruda, en 1984, Hernán Castellano Girón, aborda el tema de “Neruda humorista”, donde expresa:

“Cabe comentar aquí la riquísima red de humor que cruza y sostiene Confieso que he vivido, la autobiografía de Neruda cuya lectura precisamente nos sugirió la idea de estas notas, hace ya mucho tiempo. Las memorias nerudianas se abren con la descripción de su infancia austral, y el humor tiene aquí primerísima importancia. Cómo no recordar -solo como un ejemplo entre tantos- la descripción de los objetos de la agreste Frontera de esos años (“un candado ciclópeo, una cuchara antártica”), de los insectos deslumbrantes o titánicos como la “Madre de la culebra”, y visiones mágicas como “muchos zapatos echando vapor, como pequeñas locomotoras”, estampas bruñidas en una memoria expresionista del Sur. Este humor toca su ápice cuando, llegado el poeta a Santiago, convive con los protagonistas de la bohemia de aquellos años, astros deslumbrantes como Alberto Rojas Jiménez, Alirio Oyarzún, Romeo Murga y el “Cadáver” Alberto Valdivia. Estos capítulos usan el humor en alto nivel (“Locos de invierno”) como así mismo el episodio del escritor argentino Omar Vignole, con su vaca literaria y sempiterna. Neruda supo guardar la memoria de lejanas risas en lejanas vidas, como rasgos de su propio humor y su propia cosmogonía.

 

Las capas arcaicas del idioma

Según lo apunta Lev Ospovat, al señalar algunas claves del itinerario poético de Pablo Neruda, en cuanto hombre infinito que lo es, nuestro poeta debía en mucho su tensa expresividad al uso de las capas arcaicas del idioma, a su anhelo por revivir lo que el poeta ruso Mandelshtam denominaba “naturaleza prima”, “independencia prima del lenguaje poético”.

Viviendo con el idioma, fundamenta su apelación a las fuentes del español, deduciéndola de las necesidades del hombre de América Latina:

“Entre americanos y españoles el idioma nos separa algunas veces. Pero sobre todo es la ideología del idioma la que se parte en dos. La belleza congelada de Góngora no conviene a nuestras latitudes… Nuestra capa americana es de piedra polvorienta, de lava triturada, de arcilla con sangre…

El idioma español se hizo dorado después de Cervantes, adquirió una elegancia cortesana, perdió la fuerza salvaje que traía de Gonzalo de Berceo, del Arcipreste, perdió la pasión genital que aún ardía en Quevedo. Igual pasó en Inglaterra, en Francia, en Italia. La desmesura de Chaucer, de Rabelais, fueron castradas; la petrarquización preciosista hizo brillar las esmeraldas, los diamantes, pero la fuente de la grandeza comenzó a extinguirse.

Este manantial anterior tenía que ver con el hombre entero, con su anchura, su abundancia y su desborde…

Si mi poesía tiene algún significado, es esa tendencia espacial, ilimitada… Yo tenía que ser yo mismo, esforzándome por extenderme como las propias tierras en donde me tocó nacer”.

 

Páginas modélicas

La apertura del primer cuaderno no puede ser más definitiva: El bosque chileno.

Verdadero poema en prosa, con conjunción de planos poético-existenciales de gran vibracionalidad, nos remonta a la categórica pregunta de Tercera Residencia, donde encontramos de pie al poeta “naciendo en los bosques”:

¿Hasta cuándo la mano del bosque en la lluvia

nos avecina con todas sus agujas

para tejer los altos besos del follaje?

Para concluir más categóricamente aún:

Quien no conoce el bosque chileno, no conoce a este planeta.

 

El bosque chileno

"...Bajo los volcanes, junto a los ventisqueros, entre los grandes lagos, el fragante, el silencioso, el enmarañado bosque chileno…. Se hunden los pies en el follaje muerto, crepitó una rama quebradiza, los gigantescos raulíes levantan su encrespada estatura, un pájaro de la selva fría cruza, aletea, se detiene entre los sombríos ramajes. Y luego desde su escondite suena como un oboe... Me entra por las narices hasta el alma el aroma salvaje del laurel, el aroma oscuro del boldo... El ciprés de las guaitecas intercepta mi paso... Es un mundo vertical: una nación de pájaros, una muchedumbre de hojas... Tropiezo en una piedra, escarbo la cavidad descubierta, una inmensa araña de cabellera roja me mira con ojos fijos, inmóvil, grande como un cangrejo... Un cárabo dorado me lanza su emanación mefítica, mientras desaparece como un relámpago su radiante arco iris... Al pasar cruzo un bosque de helechos mucho más alto que mi persona: se me dejan caer en la cara sesenta lágrimas desde sus verdes ojos fríos, y detrás de mí quedan por mucho tiempo temblando sus abanicos... Un tronco podrido: ¡qué tesoro!... Hongos negros y azules le han dado orejas, rojas plantas parásitas lo han colmado de rubíes, otras plantas perezosas le han prestado sus barbas y brota, veloz, una culebra desde sus entrañas podridas, como una emanación, como que al tronco muerto se le escapara el alma... Más lejos cada árbol se separó de sus semejantes... Se yerguen sobre la alfombra de la selva secreta, y cada uno de los follajes, lineal, encrespado, ramoso, lanceolado, tiene un estilo diferente, como cortado por una tijera de movimientos infinitos... Una barranca; abajo el agua transparente se desliza sobre el granito y el jaspe... Vuela una mariposa pura como un limón, danzando entre el agua y la luz... A mi lado me saludan con sus cabecitas amarillas las infinitas calceolarias... En la altura, como gotas arteriales de la selva mágica se cimbran los copihues rojos (Lapageria Rosea)... El copihue rojo es la flor de la sangre, el copihue blanco es la flor de la nieve... En un temblor de hojas atravesó el silencio la velocidad de un zorro, pero el silencio es la ley de estos follajes... Apenas el grito lejano de un animal confuso... La intersección penetrante de un pájaro escondido... El universo vegetal susurra apenas hasta que una tempestad ponga en acción toda la música terrestre.

Quien no conoce el bosque chileno, no conoce este planeta.

De aquellas tierras, de aquel barro, de aquel silencio, he salido yo a andar, a cantar por el mundo”.

 

El arte de la lluvia

Ciertamente, nos convence Neruda que su único personaje inolvidable fue la lluvia, en los días y años de su infancia. La lluvia austral, la que tiene paciencia y continúa, sin término, cayendo desde el cielo gris.

El pacto con la lluvia, con el espacio natural de sus primeros días, perdurará en su vida. Hasta llevarla en su corazón a Estocolmo, en ocasión de la recepción del Premio Nobel de Literatura, 1971:

Fui el más abandonado de los poetas y mi poesía fue regional, dolorosa y lluviosa. Pero tuve siempre confianza en el hombre.

 

La palabra

De pronto, perdidos en la ciudad, entre pensiones, inviernos, libros y negocios, irrumpe la palabra. Las palabras… las que cantan, las que suben y bajan… Las inesperadas…

En enorme concesión histórica, define, delimita, deslinda:

“... Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan... Me prosterno ante ellas... Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito... Amo tanto las palabras... Las inesperadas... Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen... Vocablos amados... Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío... Persigo algunas palabras... Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema... Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas... Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto... Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola... Todo está en la palabra... Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció...Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces... Son antiquísimas y recientísimas... Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada... Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos... Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo... Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas... Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra... Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes... el idioma. Salimos perdiendo... Salimos ganando... Se llevaron el oro y nos dejaron el oro... Se lo llevaron todo y nos lo dejaron todo... Nos dejaron las palabras”.

 

Quiere ser un alquimista

Con Mery Sananes diríamos que el poeta siempre quiere ser un alquimista:

“¿Y con qué toca el poeta el universo? Porque cuando los ojos ven y son vistos, es como si los ojos tocaran. ¿Y cómo no va a tocar el poeta al universo, si está sentado en su silla de oro, con ojos que nadie ve? El poeta toca el universo simplemente con la marea que roza, labio a labio, los infinitos rayos de luz de que está hecho el ojo que ve el universo, mientras afina su flauta con la ley de los pájaros. El poeta nos ofrenda, así en tan poquitas palabras, todo el universo, a través del sonido de una flauta, afinada con la ley de los pájaros, de las alas, del viento, de todo lo que se extiende desde el ojo hasta el universo que lo ve, con la marea que roza, labio a labio, la vida…

¿Juego de palabras? El poeta juega con las palabras porque está apostando a darles vida, a convertirlas en mágicos talismanes que le devuelvan al ojo su capacidad para ver y al corazón la hondura para escuchar el código de los pájaros, afinando las flautas del universo. El poeta siempre quiere ser un alquimista. Porque el hombre, que lo es, ha dejado en el camino o le han arrebatado su capacidad de ser creador, de ser un engranaje único en la estructura infinita del universo. El poeta se la quiere devolver, o señalar, o advertir, para que tenga ojos que alguien vea, y para que tenga una silla para mirar el universo a través de si mismo”.

 

La vida en Colombo

Entre ciudad y ciudad, tropieza, tropezamos con los hermosos clubes de Colombo (Ceilán), donde Neruda se desempeñase como cónsul. Allí termina de escribir el primer volumen de Residencia en la Tierra. Uno de sus apuntes no puede ser más esclarecedor:

“Mi libro recogía como episodios naturales los resultados de mi vida suspendida en el vacío: ‘Más cerca de la sangre que de la tinta’. Pero mi estilo se hizo más acendrado y me di alas en la repetición de una melancolía frenética, Insistí por verdad y por retórica (porque esas harinas hacen el pan de la poesía) en un estilo amargo que porfió sistemáticamente en mi propia destrucción. El estilo no es solo el hombre. Es también lo que lo rodea, y si la atmósfera no entra dentro del poema, el poema está muerto: muerto porque nunca ha podido respirar”.

Indudablemente que señalamientos críticos como estos abundan en Confieso que he vivido, los que indiscutiblemente arrojan luces y claves de lectura crítica ante una de las más variadas y pletóricas vidas, oscilante siempre entre el lirismo más subjetivo y el descubrimiento asombrado e incesante del mundo y su circunstancia.

 

Cómo era Federico

Capítulo especial dedica al ingente gitano de todos los tiempos, cuando la vida le brindó ocasión de pronunciar un famoso discurso al alimón entre Federico García Lorca y él, delante de cien escritores argentinos.

Dos toreros líricos para un mismo discurso. Dos genios fundidos en una misma hora. Rubén Darío -uno de los grandes creadores del lenguaje poético en el idioma español- entre ellos, máximo protagonista.

Dos toreros toreando al mismo tiempo el mismo toro y con una única palabra; levantando su vaso en homenaje y gloria al gran nicaragüense, como decir a la Gran Palabra.

 

España en el corazón

De mano de Federico, Neruda se hace encontradizo, entre otros, con Miguel Hernández, de quien afirma: “… la vida no me ha dado contemplar un fenómeno igual de vocación y de eléctrica sabiduría verbal”.

Recuerda los encuentros diarios en casas y cafés con Alberti, Altolaguirre, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre. Con el árbol viejo de España, Antonio Machado. De Juan Ramón Jiménez -viejo niño diabólico de la poesía- sostiene que fue el encargado de hacerle conocer la legendaria envidia española.

A España en el corazón (1938) -su libro sobre España- le dedica históricas líneas. Impreso por Manuel Altolaguirre, en un desafío a la muerte, cerca de Gerona, en un viejo monasterio, apenas vio la luz, se precipitó la derrota de la República. En una hoguera-concluye Neruda- fueron inmolados los últimos ejemplares de aquel libro ardiente que nació y murió en plena batalla.

Con el tiempo, este Himno a las Glorias del Pueblo en la Guerra -canto inmenso de un metal que recoge guerra y desnuda sangre- formaría parte de TERCERA RESIDENCIA (1947) con todo el esplendor, en ramalazo en fogarada, explicando por qué su poesía no nos habla del sueño de las hojas:

EXPLICO ALGUNAS COSAS

Preguntaréis: ¿Y dónde están las lilas?
¿Y la metafísica cubierta de amapolas?
¿Y la lluvia que a menudo golpeaba
sus palabras llenándolas
de agujeros y pájaros?

Os voy a contar todo lo que me pasa.

Yo vivía en un barrio
de Madrid, con campanas,
con relojes, con árboles.

Desde allí se veía
el rostro seco de Castilla
como un océano de cuero.

                               Mi casa era llamada
la casa de las flores, porque por todas partes
estallaban geranios: era
una bella casa
con perros y chiquillos.

                               ¿Raúl, te acuerdas?
¿Te acuerdas, Rafael?
                               ¿Federico, te acuerdas
debajo de la tierra,
te acuerdas de mi casa con balcones en donde
la luz de junio ahogaba flores en tu boca?

                                               ¡Hermano, hermano!

Todo
eran grandes voces, sal de mercaderías,
aglomeraciones de pan palpitante…

Y una mañana todo estaba ardiendo,
y una mañana las hogueras
salían de la tierra
devorando seres,
y desde entonces fuego,
pólvora desde entonces,
y desde entonces sangre…

…mirad mi casa muerta,
mirad España rota…

Preguntaréis ¿ por qué su poesía
no nos habla del sueño, de las hojas,
de los grandes volcanes de su país natal?

Venid a ver la sangre por las calles,
venid a ver
la sangre por las calles,
venid a ver la sangre
por las calles!

 

El laurel de mi poesía

Página de antología la que dedica en el Cuaderno 8 a la pampa salitrera, donde retorna al oficio de su vida: la Poesía.

Mi poesía y mi vida han transcurrido como un río americano, como un torrente de aguas de Chile, nacidas en la profundidad secreta de las montañas australes, dirigiendo sin cesar hacia una salida marina el movimiento de sus corrientes. Mi poesía no rechazó nada de lo que pudo traer en su caudal; aceptó la pasión, desarrolló el misterio, y se abrió paso entre los corazones del pueblo.

Me tocó padecer y luchar, amar y cantar; me tocaron en el reparto del mundo, el triunfo y la derrota, probé el gusto del pan y el de la sangre ¿Qué más quiere un poeta? … He llegado a través de una dura lección de estética y de búsqueda, a través de los laberintos de la palabra escrita, a ser poeta de mi pueblo. Mi premio es ese momento grave de mi vida cuando en el fondo del carbón de Lota, a pleno sol en la calichera abrasada, desde el socavón del pique ha subido un hombre como si ascendiera desde el infierno, con la cara transformada por el trabajo terrible, con los ojos enrojecidos por el polvo y, alargándome la mano endurecida, esa mano que lleva el mapa de la pampa en sus durezas y en sus arrugas, me ha dicho, con ojos brillantes: “te conocía, desde hace mucho tiempo, hermano”. Ése es el laurel de mi poesía, ese agujero en la pampa terrible, de donde sale un obrero a quien el viento y la noche y las estrellas de Chile le han dicho muchas veces: “no estás solo, hay un poeta que piensa en tus dolores”.

 

La poesía es un oficio

Nunca pensó, cuando escribió sus primeros solitarios libros, que al correr de los años se encontraría en plazas, calles, fábricas, aulas, teatros y jardines, diciendo sus versos, recorriendo prácticamente todos los rincones de Chile, desparramando su poesía entre la gente de su pueblo, entre el mundo entero que conoció hasta las arrugas de sus versos.

En torno a la poesía como oficio, al poder de la poesía, nos dejó este canto:

LA POESÍA

...Cuánta obra de arte... Ya no caben en el mundo... Hay que colgarlas fuera de las habitaciones ... Cuánto libro... Cuánto librito... Quién es capaz de leerlos? ... Si fueran comestibles... Si en una ola de gran apetito los hiciéramos ensalada, los picáramos, los aliñáramos... Ya no se puede más... Nos tienen hasta la coronilla... Se ahoga el mundo en la marea... Reverdy me decía: "Avisé al correo que no me los mandara. No podía abrirlos. No tenía sitio. Trepaban por los muros, temí una catástrofe, se desplomarían sobre mi cabeza"... Todos conocen a Eliot... Antes de ser pintor, de dirigir teatros, de escribir luminosas críticas, leía mis versos... Yo me sentía halagado... Nadie los comprendía mejor... Hasta que un día comenzó a leerme los suyos y yo, egoísticamente, corrí protestando: "No me los lea, no me los lea"... Me encerré en el baño, pero Eliot, a través de la puerta, me los leía... Me sentí muy triste... El poeta Frazer, de Escocia, estaba presente... Me increpó: "Por qué tratas así a Eliot?"... Le respondí: "No quiero perder mi lector. Lo he cultivado. Ha conocido hasta las arrugas de mi poesía... Tiene tanto talento... Puede hacer cuadros... Puede escribir ensayos... Pero quiero guardar este lector, conservarlo, regarlo como planta exótica... Tú me comprendes, Frazer"... Porque la verdad, si esto sigue, los poetas publicarán sólo para otros poetas ... Cada uno sacará su plaquette y la meterá en el bolsillo del otro ... su poema... y lo dejará en el plato del otro... Quevedo lo dejó un día bajo la servilleta de un rey... eso sí valía la pena... O a pleno sol, la poesía en una plaza... O que los libros se desgasten, se despedacen en los dedos de la humana multitud... Pero esta publicación de poeta a poeta no me tienta, no me provoca, no me incita sino a emboscarme en la naturaleza, frente a una roca y a una ola, lejos de las editoriales, del papel impreso... La poesía ha perdido su vínculo con el lejano lector... Tiene que recobrarlo... Tiene que caminar en la oscuridad y encontrarse con el corazón del hombre, con los ojos de la mujer, con los desconocidos de las calles, de los que a cierta hora crepuscular, o en plena noche estrellada, necesitan aunque sea no más que un solo verso... Esa visita a lo imprevisto vale todo lo andado, todo lo leído, todo lo aprendido... Hay que perderse entre los que no conocemos para que de pronto recojan lo nuestro de la calle, de la arena, de las hojas caídas mil años en el mismo bosque... y tomen tiernamente ese objeto que hicimos nosotros... Solo entonces seremos verdaderamente poetas... En ese objeto vivirá la poesía...”.

 

La primavera es insurreccional

La crítica y la autocrítica, lo llevan a hilvanar un himno a los deberes de la poesía y del poeta.

“Tal vez los deberes del poeta fueron siempre los mismos en la historia. El honor de la poesía fue salir a la calle, fue tomar parte en éste y en el otro combate. No se asustó el poeta cuando le dijeron insurgente. La poesía es una insurrección. No se ofendió el poeta porque lo llamaron subversivo. La vida sobrepasa las estructuras y hay nuevos códigos para el alma. De todas partes salta la semilla; todas las ideas son exóticas; esperamos cada día cambios inmensos; vivimos con entusiasmo la mutación del orden humano: la primavera es insurreccional.

Yo he dado cuanto tenía. He lanzado mi poesía a la arena, y a menudo me he desangrado con ella, sufriendo las agonías y exaltando las glorias que me ha tocado presenciar y vivir. Por una cosa o por otra fui incomprendido, y esto no está mal del todo”.

 

Allende

Neruda sabía perfectamente que su pueblo ha sido el más traicionado de este tiempo. Que aquel presidente estaba condenado a conducirse como un iluminado, como un soñador, quedándose su sueño de grandeza en sueño… Que las obras y los hechos de Allende, de imborrable valor nacional, enfurecieron a los enemigos de nuestra liberación.

“Mi Pueblo ha sido el más traicionado de este tiempo. De los desiertos del salitre, de las minas submarinas del carbón, de las alturas terribles donde yace el cobre y lo extraen con trabajos inhumanos las manos de mi pueblo, surgió un movimiento liberador de magnitud grandiosa. Ese movimiento llevó a la presidencia de Chile a un hombre llamado Salvador Allende para que realizara reformas y medidas de justicia inaplazables, para que rescatara nuestras riquezas nacionales de las garras extranjeras.

… Escribo estas rápidas líneas para mis memorias a sólo tres días de los hechos incalificables que llevaron a la muerte a mi gran compañero el presidente Allende. Su asesinato se mantuvo en silencio; fue enterrado secretamente; solo a su viuda le fue permitido acompañar aquel inmortal cadáver. La versión de los agresores es que hallaron su cuerpo inerte, con muestras visibles de suicidio. La versión que ha sido publicada en el extranjero es diferente. A renglón seguido del bombardeó aéreo entraron en acción los tanques, muchos tanques, a luchar intrépidamente contra un solo hombre: el presidente de la república de Chile, Salvador Allende, que los esperaba en su gabinete, sin más compañía que su gran corazón, envuelto en humo y llamas.

Tenían que aprovechar una ocasión tan bella. Había que ametrallarlo porque jamás renunciaría a su cargo. Aquel cuerpo fue enterrado secretamente en un sitio cualquiera. Aquel cadáver que marchó a la sepultura acompañado por una sola mujer que llevaba en sí misma todo el dolor del mundo, aquella gloriosa figura muerta iba acribillada y despedazada por las balas de las ametralladoras de los soldados de Chile, que otra vez habían traicionado a Chile”.

 

Vivo todavía

Ése, Pablo Neruda, vivo todavía bajo el granado trigal de la herida insomne de un común dolor humano; de la conciencia de ser hombres y de creer en un destino común.

Quien cree con Nazim Hikmet en el futuro de la poesía como la exigencia más indispensable.

Quien suscribe que “habrá de haber lugar para la poesía, si no quieren pueblos y hombres sucumbir antes de tiempo”.

Quien confía en Matilde Urrutia, su mujer, provinciana como él, a quien le dedica cuanto escribe y cuanto tiene…La que trajo para él de la tierra, con pies y manos y ojos y voz, todas las raíces, todas las flores, todos los frutos fragantes de la dicha.

Quien atestigua que Vallejo sobrevive y que a pesar de toda guerra literaria, sufre de aquel amigo que murió y que era como él buen carpintero con derecho al honor, a la muerte y a la vida, rubricando que los próximos años serán de color azul.

Quien a Gabriela Mistral besa su noble frente y reverencia su extensa poesía.

Quien añora libros sin escuelas y sin clasificar, como la vida.

Quien piensa que al poeta debemos exigirle sitio en la calle y en el combate, así como en la luz y en la sombra.

Quien sabe que el honor de la poesía fue salir a la calle, fue tomar parte en éste y en el otro combate. Y que no se asustó el poeta cuando le dijeron insurgente.

Quien sostiene que tanto Residencia en la tierra como Las uvas y el viento, libros de grandes espacios y mucha luz, tienen derecho a existir en alguna parte… Y que de todos sus libros, Estravagario no es el que canta más, sino el que salta mejor. Libro morrocotudo, con sabor a sal que tiene la verdad.

Quien se enteró después de estar haciéndolo, que lo que él escribía se llamaba poesía. Y que es memorable y desgarrador para el poeta haber encarnado para muchos hombres, durante un minuto, la esperanza.

 

CODA

Definitivamente, Confieso que he vivido es una de las obras de Neruda en las que vida y poesía se iluminan recíprocamente, a la luz de la historia de una conciencia en su enfrentamiento con el mundo. Junto con Para nacer he nacido y El río invisible, abarcan en plenitud los dolores y esperanzas de la vastedad del hombre, hasta consagrarse a la tradición más viva de nuestra suprema poesía.

Al tiempo que ser una aproximación autobiográfica, es un reflejo de la aspiración humana por confesarse el hombre ante el olvidado asombro de estar vivo.

En Confieso que he vivido el autor, dejando escurrir entre sus dedos la arena del tiempo, conjuntamente toma el pulso a su propia vida como a su entorno epocal. Las vicisitudes de un hombre se entrecruzan paralelamente con las llagaduras, lamentaciones y esperanzas del hombre. Verdadera galería de fantasmas sacudidos por el fuego y la sombra de su época.

Espléndido viaje espiritual, Confieso que he vivido viene a ser referencia obligada, texto fundamental para la comprensiva decodificación del hormigón Neruda. La vida de un hombre poeta que tal vez no vivió en sí mismo, tal vez vivió la vida de los otros: una vida hecha de todas las vidas: las vidas del poeta. Poesía, Sociedad Anónima, en luminosa solidaridad

Pablo Neruda, Padre otoñabundo, Catatumbo de sangre americana, Camarada, araucano obligatorio, relámpago en fulgor esclarecido, con todas las buenas intenciones, regando por el orbe su semilla, iluminando por dentro y por fuera al mundo en su destino.

Pablo Neruda, desde que saliera a andar, a cantar por el mundo, vivo, confeso y convencido de que la Poesía -esposa, hermana o madre- lo acompañó; de que juntos fueron al combate, a la huelga, al desfile, a los puertos, a la mina, desde la más enrarecida altura hasta la simple mesa de los pobres, hasta la bandera insigne de los hombres comunes… mientras se fue gastando y ahora nos confiesa que ha vivido y vive mientras el tiempo va dejando correr eternamente las aguas de su canto, la eternidad en vuelo victorioso.

 

BIBLIOGRAFÍA

CASTELLANO GIRÓN, Hernán: "Neruda humorista". En: Revista Araucaria. No. 26 - 1984.

ESPINO BARAHONA, Erasto Antonio: "El río invisible". En: Espéculo. Revista de estudios literarios, Universidad Complutense de Madrid. No. 27
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MORA, Pablo: "A la sombra de un canelo". En: Espéculo. Revista de estudios literarios, Universidad Complutense de Madrid. No. 21. http://www.ucm.es/info/especulo/numero21/canelo.html

____________ "Eco nerudiano". En: Espéculo. Revista de estudios literarios, Universidad Complutense de Madrid. No. 27.
http://www.ucm.es/info/especulo/numero27/neru_eco.html

___________ "El asombro". En: Venezuela Analítica. Opinión y Análisis. Lunes, 25 de septiembre de 2006. http://www.analitica.com/va/arte/oya/2158476.asp

___________ Poiesología, San Cristóbal, Táchira, Venezuela, FEUNET, 2005.

NERUDA, Pablo: Antología esencial, Buenos Aires, Editorial Losada, S.A., 1971.

___________ Confieso que he vivido -Memorias-, Buenos Aires, Editorial Losada, S.A., 1974.

____________ Para nacer he nacido, Barcelona, Editorial Seix Barral, S.A., 1977.

____________ Poesie d’amore. A cura di Giuseppe Bellini. Milano, Nuova Accademia Editrice, 1963.

OSPOVAT, Lev: "El hombre es infinito". En: Revista Araucaria. No. 29 - 1984.

RIVERA, Maica: "Joaquín Mª Aguirre: 'Mis relatos son mensajes lanzados al mar con la esperanza de un rescate'”. En: Espéculo. Revista de estudios literarios, Universidad Complutense de Madrid.
http://www.ucm.es/info/especulo/numero32/cnaufrag.html

SANANES, Mery: "De la palabra, la cultura y el conocimiento". Revista Intento Nº 3, órgano de difusión del Doctorado en Ciencias Sociales de la FACES/UCV.
http://www.poesia.org.ve/poema.php?codigo=1172

 

© Pablo Mora 2006

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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