Espéculo

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Hans Ulrich Gumbrecht

Elogio de la belleza atlética

  

 

Rayko González /UCM

En esta obra, que podríamos designar como panegírico, el filólogo alemán, profesor en la Universidad de Stanford (Estados Unidos), Hans Ulrich Gumbrecht trata de vislumbrar algunas características, grosso modo, del deporte moderno. Evidentemente no es una obra de teoría de la comunicación en el deporte -aunque destaca algunos fenómenos que se observan en el espectador-, ni tampoco de teoría de los juegos aplicada a algún deporte -aunque también se puedan extraer algunos datos interesantes al respecto-, ni siquiera se sumerge en el interesante aspecto conflictual del deporte -aunque es, de estos tres elementos que he querido señalar, al que más se acerca-. Es, como bien queda manifiesto en su título original (In Praise of Athletic Beauty), una alabanza hacia el deportista y el deporte observado como fenómeno puramente estético. Un deporte moderno que, como el propio Gumbrecht apunta, se asemeja más al areté griego que al agón, ya que no se busca el aniquilamiento del otro, sino superar los límites que cada uno se impone a sí mismo. Es la virtud del deportista lo que se busca, y no la eventual lucha entre dos oponentes para demostrarse el uno al otro su intachable superioridad. Digamos que Gumbrecht define, así pues, los deportes modernos como una práctica durativa, lo que él llama “cultura de la presencia”, en oposición a la “cultura del sujeto”. Mientras que en esta última, imbuida por la autorreferencia subjetiva, se da una total confianza en que la mente es la garantía de la existencia humana (Cogito, ergo sum), en aquella otra -por ende, la nuestra- “la autorreferencia humana no excluirá necesariamente a la mente, pero siempre dará importancia primaria al cuerpo” (p. 64-65).

Uno de los aspectos más difíciles del estudio del deporte, y que aún no se ha investigado -al menos que yo sepa-, es el gesto. Podemos buscar interesantes aportaciones en un artículo de Georges Vigarello (Ejercitarse, jugar), recientemente publicado. Por su parte, Gumbrecht se atreve a mencionar esta figura propia del juego, aunque de manera muy breve: “Más que “halo” o “aura”, la palabra “gesto” enfatiza en una concisión específica y un pathos único, que viene de los lugares que el gesto ocupa en una posible narrativa, aunque, al mismo tiempo, se mantienen alejados de tal contexto narrativo” (p.80). El indicio no parece erróneo: enunciación proviene del griego, “movimiento”, y, si nos remitimos al juego mismo, observamos que, como si se tratara de una negociación entre dos individuos, el árbitro podría ser, siguiendo esta analogía, el mediador, que sanciona aquellos movimientos fuera de las reglas cometidos por alguno de los dos jugadores. Digamos que se mantiene entonces una comunicación implícita, donde las acciones de cada jugador, estando enfocadas hacia la victoria, permiten también el goce estético del espectador, donde la cooperación entre los jugadores de cada equipo se presenta fundamental para la aparición de esa belleza. En esta compleja narración, el gesto sería la enunciación misma de intenciones de los jugadores. Pero, es más, Gumbrecht agrega un sentido más allá de una comunicación sugerida encaminada a la consecución de un objetivo, como, por ejemplo, engañar al árbitro; ese otro sentido agregado es el de pathos, que nos llevaría a pensar en la gloria y el honor de cada jugador. Gumbrecht analiza entonces la gimnasia artística y deportiva, observando que las evaluaciones realizadas por el jurado se constriñen siempre al equilibrio en los gestos. He ahí donde radica esta idea del pathos propuesta por el autor. Y tampoco está de más comparar el gesto con el aura, concepto que ha sido muy utilizado en diferentes momentos históricos y con diferentes significados. Aparece en la Biblia, cuando Moisés, Elías y Jesús aparecen transformados en cuerpos brillantes en el monte Tabor; aparece en Benjamin, relacionado con el arte; pero incidiré más en la definición que da Proust, y que se vincula mucho más con la idea que dará luego Gumbrecht:

Il semble que certaines réalités transcendantales émettent autour d’elles des rayons auxquels la foule est sensible. C’est ainsi que, par exemple, quand un événement se produit, quand à la frontière une armée est en danger, ou battue, ou victorieuse, les nouvelles assez obscures qu’on reçoit et d’où l´homme cultivé ne sait pas tirer grandchose excitent dans la foule une émotion qui le surprend et dans laquelle, une fois que les experts l’ont mis au courant de la véritable situation militaire, il reconnaît la perception par le peuple de cette « aura » qui entoure les grands événements et qui peut être visible à des centaines de kilomètres.

Como vemos, la definición de Proust se acerca a la de Gumbrecht cuando, habiéndose aproximado primeramente al concepto de “halo” o “aura” propios del cristianismo, nos dice: “Usando, para el mismo fenómeno, una palabra que fue popular entre los artistas e intelectuales a comienzos del siglo XX, esto es, halo y aura, podemos decir también que, a través de las perspectivas de la victoria o la derrota, del esfuerzo extenuante o de la iluminación inspirada, de la buena o mala suerte, la dimensión del drama nos permite recordar ciertos movimientos atléticos como gestos” (el subrayado es nuestro). Podemos comprobar que la idea proustiana de los grands événements podría delimitar perfectamente el campo semántico en que se inscriben las victorias, las derrotas, el esfuerzo de los deportistas, la iluminación inspirada, y ese gesto no envuelve el evento, como dice Proust, sino que se presenta como el evento mismo, como ese acto que, parafraseando a Gumbrecht, a diferencia del arte que aspira a la eternidad, es único, y que despertará emociones en el espectador irrepetibles, y que determinarán en muchos casos los resultados de muchos enfrentamientos. Y en esto consiste el placer de asistir a los grandes enfrentamientos deportivos...

Todo ello lo condensa el autor en el capítulo 7 de la obra que mencionamos, intitulado “Objetos del placer”, en que hace un breve, aunque sugerente, recorrido por las fascinaciones que él considera fundamentales en el deporte. En el tercer elemento destaca el “mostrar la gracia”: “Por último, la gracia, en tanto objeto de experiencia estética, nos recuerda cómo a veces somos incapaces, felizmente incapaces agregaría yo, de asociar los movimientos corporales con cualquier intención, significado o pensamiento del otro. (…) En la performance del deporte, la secuencia de gestos que permite al atleta superar ciertos límites, están ya “programados” mediante el entrenamiento, de modo que la performance aparece, al final, más separada de los reinos de la conciencia y de las intenciones. Visto desde la perspectiva del disfrute de los espectadores, puede afirmarse que el deseo de los atletas de llevar más allá los límites de su desempeño está subordinado, sobre todo, a la generación de esa gracia de la que hablamos. Desde este punto de vista, entonces, la gracia es, más que nada, un “subproducto” del ser competitivo” (el subrayado es nuestro, p.186-187). Queda manifiesto que Gumbrecht opera en dos niveles discursivos: uno, el estético, vinculado a la gracia en el ejercicio atlético; y otro el de los gestos que exhiben los deportistas en los grands événements, ya sean de signo positivo o negativo. Por otra parte, me arriesgaría a plantear que, no ya solo con respecto a los movimientos corporales, sino que en cualquier fenómeno de significación, los estudiosos se han visto siempre en grandes dificultades para establecer una conexión entre la expresión -sea del tipo que sea- y el contenido. Y el lenguaje gestual no queda exento de esta problemática.

Luego continúa el autor con una efímera inmersión por la biografía de grandes deportistas (Mohamed Alí, Jesse Owens, Babe Ruth, José Leandro Andrade, Mané Garrincha, Pelé, Maradona, etc.), bajo la isotopía de la Gloria y la Caída, como los héroes derrotados por su propia gloria. Y de esta particular forma nos plantea el autor un resumen de la historia del deporte moderno, remontándose a los tiempos de Pierre de Coubertin. Como ya quedó dicho, un libro cuyo afán teórico es muy poco apreciable, aunque, como obra elegíaca, resulta cautivadora, por la sinceridad del autor, que trata de dar explicaciones muy perspicaces sobre ciertos fenómenos del mundo deportivo, que otros autores -como Elias o Vigarello- plantean desde una óptica más histórica. Es por ello una obra recomendable tanto para aquellos que gustan de la gracia deportiva, como para aquellos estudiosos que quieran atreverse a profundizar en la expresión que se ha convertido en la más practicada y seguida de nuestro mundo contemporáneo.

 

© Rayko González 2006

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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Espéculo. Revista de estudios literarios
(Universidad Complutense de Madrid) 2006