Tejidos, fluidos y otras analogías textuales (I)

Eloy Martos Núñez

Universidad de Extremadura


 

   
Localice en este documento

 

El profesor J. Aguirre [1] relaciona literatura e Internet con el concepto de fluido, como una comunicación o circulación sin barreras, horizontal, que fluye y que contradice los conceptos tradicionales, que ahormaban la lectura a un único espacio (la biblioteca), a un único soporte (el libro) o a una modalidad preferente (la lectura individual silenciosa).

De hecho, las TIC y el auge del género fantástico (por ejemplo, las sagas) están evidenciando prácticas de lectura y escrituras emergentes, donde “el texto continuo”, la narración serial, la transficcionalidad (Richard Saint Gelais), los fanfics, los blogs y otra serie de fenómenos concurrentes se manifiestan como síntomas de un nuevo paradigma donde el lector, la escritura libre o la nueva “imprenta” universal en que ha convertido Internet ponen en cuestión los conceptos clásicos de obra, autor o género.

En efecto, lo que Genette llamaba la escritura alógrafa pone de relieve la importancia de la creación colectiva, tal como ocurre en Internet en los círculos de la fan fiction, y ya desde luego el concepto de obra como texto acotado se pone en cuestión cuando hablamos de megaestructuras como las sagas fantásticas, cuyos “cierres” (Lázaro Carreter) se van creando según dinámicas nuevas, que además han atender la ramificación de estos relatos en distintos lenguajes y soportes (cine, televisión, manga, videojuegos…).

Es una temática apasionante, en cual no nos podemos extender ahora, si bien me remito a trabajos ya publicados [2]. Lo que ahora nos ocupa es el papel de las analogías en la aproximación conceptual a nociones clave, como en este caso es la de “texto”, al paso de la aproximación citada entre “fluido”, “literatura” e “Internet”.

La relación entre las analogías y las teorías o hipótesis sustantivas de una ciencia es evidente, como explica Handal Morales a propósito de las ciencias de la educación [3]:

La teoría de condicionamiento clásico de Pavlov comparó al hombre con un perro a fin de explicar los procesos de estímulo-respuesta, mientras Skinner utilizó la analogía de una máquina desprovista de racionalidad que puede ser fácilmente manipulada. Piaget, probablemente influenciado por su educación como biólogo comparó al hombre a una planta y a su aparato asimilatorio. Otros sicólogos del aprendizaje compararon a los seres humanos a una computadora mientras que algunos de ellos explicaron el aprendizaje como la interacción de reacciones químicas y neurológicas que suceden en el cerebro. Aún el constructivismo, el cual constituye un paradigma más avanzado al considerar a los individuos como “seres que saben”, mantiene la creencia de que somos “animales sociales”.

Otras analogías brillantes han surgido en la teorización y didáctica de la lengua y la literatura: la lengua como un mercado de palabras (V. Zaragoza), que permite el intercambio; las estructuras de la frase como un sistema de trenes, lo ideó el médico Charls Bru para tratar problemas de dislexias; la visualización de B. Sánchez de la gramática como un gran hangar de aviones; la visión de Haüy del desarrollo del lenguaje como los procesos de los cristales, para ilustrar que la adquisición del lenguaje es innata; la idea de Piatelli de lenguaje como llama, como fuego (imágenes éstas que precisamente fueron utilizadas en la controversia teórica entre Piaget y Chomsky).

En particular, la idea de “fluido” nos permite profundizar en una visión transdisciplinar de la lectura y la escritura, porque de forma tradicional se ha asociado al texto como tejido, producto hecho, acabado, el propio Genette habla del texto como zurcido (patchwork) y cuando J. Kristeva, en la época dorada del formalismo francés, hablaba de paragramas y de intertextualidad, siempre las analogías iban en el sentido del entrelazado. Y más aún, la idea de la retórica tradicional del discurso como “ornato”, aderezos de la mesa, sigue insistiendo en una consideración estática, aunque subraye la visión del placer estético.

Ciertamente, la visión del texto como tapiz, malla, tejido… subraya lo esencial de la visión estructuralista, el texto como un trenzado de elementos. Sin embargo, esta visión, con ser muy productiva e iluminadoras en estos aspectos, “tapa” u oscurece otros. Primero, porque son imágenes muy pegadas a la historia del libro, a la cultura del pergamino o de la imprenta que ha asimilado el texto a lo que ha sido su soporte, el libro, la página encuadernada, la plancha…

De todos modos, la aproximación primero de la informática y ahora de la física a las ciencias sociales (sociofísica [4]), ha supuesto, en general, un ejemplo contundente de cómo lo transdisciplinar rebasa estos límites de las analogías clásicas. Así, una propiedad del texto en la red es su “inestabilidad”, que va más allá, desde luego, del tejer y destejer de Penélope en La Odisea. La narración no lineal y la hiperficción están, igualmente, exigiendo unos modos de lectura que no son los de quienes contemplan un mosaico o una alfombra.

En resumen, hoy ya es aceptado que se ha producido una convergencia entre la teoría literaria y las prácticas comunicativas derivadas de la sociedad de la información, en particular el hipertexto, que viene a desbordar lo que Kristeva, Genette y los teóricos del formalismo francés y sus continuadores actuales han acuñado como intertextualidad o politextualidad.

En este contexto, con la analogía del Fluido no designamos sólo un modo de circulación del texto literario sino la propia naturaleza de éste, una vez que cuestionamos conceptos centrales de la teoría literaria más tradicional: el concepto de autor, diluido ahora en lo que se ha llamado escritura alógrafa (A. Besson), el concepto de obra, igualmente desbordado por el concepto de narración serial -como las sagas-, con sus secuelas, precuelas y prolongaciones potenciales ad infinitum, e incluso el concepto de género, pues la hibridación o el eclecticismo actual ha creado auténticos archirrelatos,, lo que se ha dado en llamar ficción especulativa, una simbiosis de fantasía, CF, terror, que desafía además las convenciones de géneros tal como las describía la teoría literaria clásica.

De hecho, las producciones literarias, como las superproducciones de Hollywood, cada vez más tienden a menudo a aparecer como megaestructuras (como las sagas) o al menos series, y éxitos como Harry Potter o El Señor de los Anillos. Y eso en parte por mecanismos claros de marketing, pero también en parte por la segmentación de públicos, que se comportan como “clientes” que buscan activamente un tipo de productos. El autor, o autores, cuando no la editorial, practican una descarada “fidelización de clientes”, un “texto continuo” dividido en infinidad de continuaciones, véase por ejemplo Harry Potter y otros best-sellers al uso.

La sociofísica se empeña en trasladar sus métodos y conceptos a las ciencias sociales, a temas como el tráfico, el urbanismo y otras conductas. ¿Por qué no la estética, la literaria? Nos viene a decir que la cosmología parece emular las estructuras atómicas, y las interacciones sociales (una cola, sin ir más lejos) se parece mucho más de lo podemos imaginar al comportamiento de las partículas.

La ventaja de esta analogía del Fluido es que entendemos el texto como algo más maleable (José A. Millán), susceptible de lo que en teoría de fluidos llaman las “transiciones de fase”, los cambios de estado. Porque un texto se puede visualizar como una reunión de partículas más o menos evanescentes, “gaseosas” (por ejemplo, las “memoratas” o protofábulas del folklore) , que luego, como se dice en la jerga física, “se ponen a trabajar juntas”, se licúan, y que, en otro estadio, pueden llegar a “cristalizarse”, a convertirse en algo sólido, congelado, que es desde luego como lo tenemos cuando vemos un libro, algo “con-solidado”. Lo interesante es que las transiciones de fase no son un proceso sencillo, sino abruptas, en un determinado momento un texto que vivía en la politextualidad “cristaliza” en una versión única, y eso es de particular no en los estudios de literatura oral.

En todo caso, hay asociaciones claras entre creación colectiva / proceso / fluido/ algo dinámico , igual que las hay entre estos otros conceptos: texto, fruto de la inspiración individual / producto, libro, plancha /algo estático.

El Fluido es un buen ejemplo del texto continuo que practican las actuales sagas fantásticas como parte esencial de su poética. Sus connotaciones heurísticas son importantes, no sólo de la cara a la conceptualización o composición del texto ( pues la mecánica de fluidos en poco tiene que ver con la forma en que se comporta un tejido o una malla) sino de cara la lectura. La visualización del texto como un fluido no desmiente o desnaturaliza lo que dijo Saussure a propósito de la linealidad o secuencialidad del signo; la diferencia está en que ese signo discreto, divisible en unidades, se puede ver como moléculas de agua que interactúan en diversos estados y situaciones, por ejemplo, la llamada “turbulencia de los fluidos” es un conceptos es un concepto enormente sugerente y extrapolable.

A diferencia de la analogía del texto como Tejido o Malla, o de otras que se han ido formulando en la teoría literaria (la idea del texto como artefacto, Wienold, o la visión de Mignolo del texto como un sistema cuyo funcionamiento podemos conocer directamente -caja translúcida- o través de sus efectos -caja negra-, etc.) o incluso en la práctica escolar (las descripciones de las frases con estructuras de cajas, árboles chomskianos…), la analogía del Fluido pone el énfasis en los elementos dinámicos, inestables , por qué no decirlo caóticos, de la construcción del texto.

Los fluidos no son entelequias; como los ríos, buscan su cauce, labran cuencas, se ramifican en hilos o afluentes, siguen caminos a veces tortuosos, se expanden, tienen turbulencias, se evaporan, se congelan, en interacción con el medio… El camino del agua, a menudo, se parece al de la escritura creativa: errática, dispersa, caótica. De modo que cuando hablemos de “fluidez” a propósito de las habilidades de un lector o de quien pronuncia un discurso, no olvidemos, pues, su sentido literal y aprendamos heurísticamente de estas analogías.

 

Notas:

[1] Joaquín Mª Aguirre Romero: El fluido literario: Internet y la Literatura,
http://www.ucm.es/info/especulo/numero31/fluido.html

[2] Eloy Martos Núñez: “Tunear” los libros: series, fanfiction, blogs y otras prácticas emergentes de lectura, en Revista OCNOS nº 2, 2006, p. 63-77, Universidad Castilla La Mancha; también el monográfico en prensa “Sagas Fantásticas”, Revista de Literatura Primeras Noticias. Octubre 2006.

[3] Boris Handal Morales: http://bahai-library.com/?file=morales_filosofias_analogias_educacion

[4] Una información elemental de esta corriente de la física interdisciplinaria puede consultarse en el artículo de wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Sociof%C3%ADsica. Para una visión más detallada, se deben consultar los trabajos de Serge Galam.

 

© Eloy Martos Núñez 2006

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero34/fluidos.html