Del paratexto al texto:
claves para una lectura de La Quema de Judas,
de Mario Halley Mora

Boujemâa EL ABKARI

Profesor de la Facultad de Letras de Mohammedia (Marruecos)
elabkari@gmail.com


 

   
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Los paratextos o los “umbrales textuales[1] constituyen todos aquellos elementos que acompañan una obra situándose en sus periferias, bordes y umbrales. Así, el paratexto es el término técnico que denomina todo lo que está impreso en las cuatro páginas de la cubierta de un libro, tales como el nombre del autor, el título de la obra, la ilustración, la presentación editorial de la última página de la tapa, la dedicatoria, el epígrafe, el prólogo, la advertencia, la nota, el aviso, las entrevistas, las declaraciones intencionadas o no, etc. [2].

Generalmente, de una manera o de otra, directa o indirectamente, casi todos los paratextos de una novela se refieren al texto. De ahí, su estudio es significativo, porque los paratextos desempeñan un papel decisivo en la recepción y lectura de cualquier obra. En efecto, estos procedimientos técnicos orientan al lector-receptor, influyendo mucho, a pesar suyo, en la actividad de “desciframiento” que permita comprender e interpretar cabalmente el sentido de dicha obra, o sea, son unos de los factores que contribuyen a una lectura activa y productora de sentido.

Enseguida, podemos afirmar que La Quema de Judas (1960) es una novela modesta en este sentido. Normalmente, una obra de éxito, que se lee y se reedita -como es el caso de esta novela- debe mejorar, continuamente, su presentación al público y depurar el texto de todas las erratas posibles. Desgraciadamente, sucede el contrario con la obra del novelista paraguayo Mario Halley Mora. Una breve comparación de las ediciones manejadas [3] nos aclara esta confirmación.

Se observa en la segunda edición de la novela (1966), a cargo del novelista, un esfuerzo estético para una mejor recepción. El título y la ilustración icónica mantienen una estrecha relación sugestiva. La Quema de Judas es un título que indica los componentes esenciales de la ficción, señalando la acción, el personaje principal y evocando el universo espacio-temporal determinado por la mente del receptor (universo católico, el Domingo de la Gloria, día de la celebración de la quema de Judas y el espacio donde se suele desarrollar dicha celebración...).

Entonces, es un título temático que podría orientar al lector-receptor hacia el contenido de la novela. Seguramente, este título despierta, en la mente del receptor paraguayo, todo el imaginario popular y toda la significación que sugiere este acto profano que encierra la memoria colectiva paraguaya y, latinoamericana, de modo general. De hecho, este paratexto proporciona una primera clave al receptor-lector para poder penetrar en el universo del texto.

La ilustración de la cubierta de la novela, en negro sobre un fondo blanco, es una representación que traduce la intencionalidad del título y también, de manera general, la de la obra. El gráfico llega a crear un ambiente simbólico que conlleva una cierta connotación que despertaría, en el receptor, un interés por leer la novela o, por lo menos, atraería su vista y lo incitaría a una reflexión previa. Así, podría avivar más la simbología religiosa en la mente del receptor católico, en particular. El fuego arde en una calle cerca de una vieja iglesia, sus llamas suben al cielo, en la oscuridad de la noche, hacia una especie de “umbral-puerta” del más allá. De esta manera, tanto el título como la ilustración icónica connotan el carácter religioso, infernal y trágico de la obra.

La solapa, que constituye la tercera página de la cubierta, completa lo dicho, facilitando al receptor-lector una serie de informaciones que justifican y explican, en cierta medida, el título y la ilustración.

Este paratexto insiste explícitamente sobre el carácter religioso y popular de la celebración del Domingo de Gloria, e implícitamente, invita a la reflexión y a la contemplación. Efectivamente, la costumbre de quemar la efigie de Judas-Karaí ha desaparecido desde hace ya mucho tiempo, pero el alma de este personaje-símbolo (traición, egoísmo, avidez, codicia, culpabilidad, materialismo, culpabilidad...) sigue todavía vigente en casi todas las sociedades y épocas.

Este umbral textual es de suma importancia, porque podría canalizar la perspectiva de la lectura de la obra, proporcionando al lector la segunda llave para acceder al universo de la novela. Evidentemente, en La Quema de Judas, encontramos una reacción crítica frente a algunos rituales, costumbres y comportamientos religiosos que se han banalizado, folclorizado y, por lo tanto, vaciado de su dimensión puramente espiritual. Ello constituye, en definitiva, uno de los temas más destacados en la obra de Halley Mora.

Jorge Servián es nada más que un cajero de Banco. Su vida se desliza gris y rutinaria, hasta que las circunstancias lo ponen a prueba.
A lo largo de su historia, surgen las concepciones sobre el amor, la paternidad, la compasión, la amistad, la lealtad y la culpa, que llevan irremisiblemente al hombre hasta un desenlace trágico y terrible. La Quema de Judas, o la parábola de Jorge Servián, es una de las pocas novelas de autoría paraguaya publicada en el Paraguay, que ha merecido una segunda edición.
Asunción, Ed. Servín, 2ª ed., 1966, 102 p.

   

La segunda (solapa) y la cuarta página de la tapa siguen la tradición editorial: en la segunda, se presenta al novelista y su producción literaria y, en la cuarta, se ofrece un breve resumen de los temas esenciales de la novela: el amor, la paternidad, la amistad, la compasión, la lealtad, la culpa... que llevan irremisiblemente a Jorge Servián, el protagonista de la novela, a un desenlace trágico y horrible, ya que la quema de Judas es su propia parábola. Este breve texto acaba haciendo alusión a la trascendencia de la obra en su contexto paraguayo y elogiando, indirectamente, a su creador.

Estos paratextos editoriales presentan, en palabras comerciales, la “mercancía” al “público”, o sea, su intencionalidad no está basada esencialmente en presentar un proyecto de aproximación crítica a la obra, sino apunta, más bien, una finalidad económica ante todo: la comercialización del libro.

La nueva edición (1990) conserva lo más mínimo de los paratextos de la antigua edición: el título, evidentemente, y el posprólogo editorial publicitario de la cuarta página de que acabamos de hablar; lo demás se juzga innecesario. De hecho, la dimensión paratextual de la edición de 1966, se empobrece considerablemente en la de 1990. Los colores antagónicos blanco-negro, que reflejan, simbólicamente, el universo bifurcado, abismal y conflictivo en que se mueve Jorge Servián y que denotan la lucha permanente, en las profundidades del protagonista, entre el bien y el mal, desaparecen para dejar sitio a un único color amarillo. Color que no realza, en absoluto, la temática de la obra, ni favorece el proceso de la recepción, porque, incluso, en una edición popular se podría cuidar la presentación de cualquier libro. La única “novedad” es la aparición de la denominación, “novela”, en la cabeza de la primera página de la tapa, antes del nombre del novelista. La ubicación tradicional canónica de dicha denominación es, inmediatamente, bajo el título del libro; inclusive, a veces, se presenta como una especie de “subtítulo”, para indicar el género de la obra, -porque, creemos que es ésa la finalidad de esta “novedad”.

A nuestro parecer, es una indicación sin gran interés, ya que pasaron muchos años después de la primera publicación de La Quema de Judas. Ahora, la novela es bastante conocida. Pensamos que con esta aclaración inútil, el novelista quiere reafirmar que su obra no es un “relato largo” ni una “novela corta”, sino es una novela de pleno derecho. Suponemos que Halley Mora reacciona contra una cierta crítica que tiende a quitar a La Quema de Judas su carácter novelesco que es, además, obvio. No nos interesa, en absoluto, definir ni diferenciar el género narrativo (relato) del novelesco (novela), ya que estamos en una época en que las fronteras entre los géneros literarios son más frágiles, más transparentes que nunca y, casi siempre, discutibles [4] .

Jorge Servián es nada más que un cajero de Banco. Su vida se desliza gris y rutinaria, hasta que las circunstancias lo ponen a prueba.
A lo largo de su historia, surgen las concepciones sobre el amor, la paternidad, la compasión, la amistad, la lealtad y la culpa, que llevan irremisiblemente al hombre hasta un desenlace trágico y terrible. La Quema de Judas, o la parábola de Jorge Servián, es una de las pocas novelas de autoría paraguaya publicada en el Paraguay, que ha merecido cuatro ediciones.

   

A modo de conclusión, volvemos a insistir sobre el papel primordial que podrían desempeñar los distintos paratextos, tanto en la preparación para una buena recepción de una obra como en el enriquecimiento de su contenido y estructura mediante algunas connotaciones significativas.

Subrayamos, por último, que La Quema de Judas, no ha beneficiado del proceso de haber sido reeditadas varias veces, ya que una obra que se lee, debe, por respeto al lector, mejorar su presentación -y, por lo tanto, sus paratextos- y su texto, cuando sea necesario [5] . Para nosotros, esta obra es una de las mejores novelas que se publicaron en el Paraguay en los años 60. De ahí que consideremos una injusticia absurda el hecho de no cuidarla como se debe. Volveremos a hablar de otros aspectos de esta magnífica joya de la novelesca paraguaya contemporánea para poner de relieve su interés novelesco en la coyuntura literaria de los años citados.

 

Notas:

[1] Concepto operacional forjado por Gérard Genette. Cf. sus estudios sobre el particular en Palimpsestes, París, Ed. Senil, 1981, especialmente, p. 9, nota 2 y, sobre todo, su excelente obra Seuils, París, Ed. Senil, 1984. Cf. también el número monográfico dedicado al paratexto de las revistas: Poétique (París), N° 69, 1987, (La presentación es de Genette), Narratologie (Nice), Publications de la Faculté des Lettres, Arts et Sciences Humaines, Nice, N° 1, 1998 y “Les frontières du récit”, en la misma Narratologie (Nice), N° 2, 1999.

[2] Cf. Genette, Gérard: Palimpsestes, ob. cit., p. 9; Seuil, ob. cit. pp. 7-8 y el índice. Cf. también Miterrand, Henri: “Les titres des romans de Guy des Cars”, in: Duchet, Claude (Dir.): Sociocritique, París, Ed. Nathan, 1978, p. 89 y Lejeune, Philippe: Le Pacte autobiographique, París, Ed. Seuil, 1975, p. 45.

[3] Manejamos la 2a edición, edición del autor, Asunción, Ed. Servín, 1966, 102 p. y la 4a edición, Asunción, Ed. Comuneros, 1990, 128 p.

[4] Cf. Schaffer, Jean Marie: Qu’est-ce qu’un genre littéraire, París, Ed. Seuil, 1986 y también Calvo, J.H.: “La crítica de los géneros literarios”, in: Aullón de Haro (ed.): Introducción a la crítica literaria actual, Madrid, Ed. Playor, 1984, pp 83-139.

[5] Existe una serie de erratas en esta novela que se reproducen en las reediciones que hemos manejado, sin ninguna corrección ni, por lo menos, una fe de erratas, como se suele hacer en estos casos. Además, se da el caso de Roa Bastos y Villagra Marsal -en el marco de la novela paraguaya- que volvieron a corregir, perfeccionar y a ampliar, sus respectivas novelas, Hijo de hombre y Mancuello y la perdiz, que habían sido publicadas en la misma época. Cf. El Abkari, Boujemaa, “'Poética de las variaciones' en la novela paraguaya", Espéculo, Revista de estudios literarios, Facultad de Ciencias de la Información, Universidad Complutense de Madrid, Año XI, Nº 33 julio-octubre 2006.

 

© Boujemâa EL ABKARI 2006

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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