La crítica de la Razón y la Modernidad desde el género policial
en En busca de Klingsor de Jorge Volpi

Fernando Morales Gamboa

Facultad de Letras
Pontificia Universidad Católica de Chile
femorale@uc.cl


 

   
Localice en este documento

 

ABSTRAC: En esta investigación se busca relacionar las particularidades que toma el género policial, como género de la Modernidad, en la interrogación acerca de la crisis de la Modernidad, y delinear la crítica de la tecnología en la sociedad contemporánea y su relación con el poder político y la verdad. La tesis que se plantea es que en la figura de Klingsor se representa una crisis de la Modernidad que atañe a los usos del conocimiento y que implica a la vez una regresión mítica, y una interrogación con respecto a la Modernidad.

 

Introducción

Todo lo real es racional, y todo lo racional es real.
      G.F.W. Hegel.

El presente trabajo consiste en el análisis de la novela En busca de Klingsor de Jorge Volpi desde un enfoque sobre el género literario al cual pertenece y las implicancias que éste tiene en la crítica de aspectos particulares de la modernidad. En esta investigación se busca encontrar las relaciones que se establecen entre un género específico, el policial, y la crítica de la racionalidad y la tecnología que se encuentra en la base de nuestra identidad como civilización. Así, situado sobre dos ejes principales, la investigación trabaja sobre el género policial y la crítica de la modernidad, como dos desenvolvimientos integrados.

Tal vez el motivo principal que mueve, o que cruza este trabajo, es el de razón, ya que es el eje sobre el cual se mueven los dos planos que se buscan desarrollar: la razón como mecanismo de solución de un crimen, envuelto por un misterio; y por otro lado, la razón expresada en cuanto a su aplicación tecnológica, y consecuente carencia de sus facultades críticas y reflexivas, así como la imposibilidad de la pregunta por el sentido.

El contexto en que se lleva a cabo el presente trabajo es el de un Seminario que tuvo por tema el poder, y que en este caso en particular es el vínculo entre la racionalidad técnica y el poder, en una situación de régimen autoritario y las implicancias que tiene la razón y el conocimiento con éste. En la novela En busca de Klingsor nos encontramos primeramente con un entrecruzamiento de géneros, un recurso estilístico e ideológico que la remite a una estética posmoderna, a una forma de construcción polifónica. Es en este rasgo, enfocado en la utilización del género policial, donde se quiere excavar y construir el vínculo con las condiciones ideológicas de la sociedad en la cual se instituye la tecnología como una nueva forma de sacralización o mitificación. La descripción o visión del poder construida a partir del análisis de esta novela trata de develar las formas que la ciencia y la técnica actúan como elementos de poder.

La reflexión acerca de la utilización de este género gira alrededor de ciertas preguntas: ¿por qué el formato policial?, ¿En busca de Klingsor es una novela típicamente policial o nos enfrentamos a un nuevo tipo del género? , ¿en qué sentido es una novela policial? , ¿qué significaciones para la lectura de la novela se desprenden de esta elección, y cuales son sus atributos en la articulación de una lectura más teórica o ideológica?

En la otra esfera en que se desenvuelve el trabajo, se aborda la temática de la razón, como un mecanismo de poder cuando está al servicio de regímenes totalitarios, y pierde su función crítica y reflexiva a favor de una dimensión que tiene por finalidad el dominio, tanto de la naturaleza como de los seres humanos. También la razón vista desde el punto de vista de sus múltiples naturalezas (racionalidad de medios a fines, tecnológica, de sentido, etc). En fin, los ejes sobre los cuales se mueve la investigación involucran las relaciones entre poder, razón, ciencia e ideología, en el marco de la expresión de éstas en la novela.

 

El género policial: El iluminismo de la investigación en los orígenes del género

“Lo que he descrito sobre el francés, era principalmente el resultado de una inteligencia excitada o quizás enferma”
Los crímenes de la rue Morgue
      E.A.Poe.

La novela posmoderna se caracteriza por experimentar muchas veces con una mezcolanza de géneros, haciendo de la novela una construcción híbrida en la cual se cruzan múltiples elementos correspondientes a diversas tradiciones narrativas o culturales. Este entrecruzamiento de géneros ya lo veía manifiesto en la novelística de Dostoievsky el teórico ruso Mijail Bajtin. Postulaba que la utilización de diversas tradiciones genéricas, y su empleo con un fin compositivo, deriva en una forma de polifonía. Es importante la metodología que lleva a cabo Bajtin para hablar de las formas genéricas empleadas por el autor ruso, rastreándolas en el tiempo y designando sus funcionalidades. La concepción del género empleada por Bajtin es útil para hacer el vínculo con el pasado y la significación de éste, y puede dar pistas acerca de su naturaleza esencial. En la novela En busca de Klingsor el género se vincula con toda una tradición genérica, que parte en el siglo XIX.

De este modo Bajtín da cuenta de este dominio de estudio literario, de esta herramienta para abordar la temática y problemática del género:

Por su misma naturaleza, el género literario refleja las tendencias seculares más estables del desarrollo literario. En él siempre se conservan los imperecederos elementos del arcaísmo. Ciertamente, éste se conserva en aquél tan sólo debido a una permanente renovación y actualización. El género es siempre el mismo y otro simultáneamente, siempre es viejo y nuevo, renace y se renueva en cada nueva etapa del desarrollo literario y en cada obra individual de un género determinado. En ello consiste la vida del género. [...]. El género vive en el presente, pero siempre recuerda su pasado, sus inicios, es representante de la memoria creativa en el proceso del desarrollo literario y, por eso, capaz de asegurar la unidad y continuidad. [...] Por eso, para una correcta comprensión del género es necesario remontarnos a sus orígenes.(150-51).

La fundación del género policial se remonta al siglo XIX, específicamente en el relato de Edgard Allan Poe Los crímenes de la rue Morgue. En este, un intelectual da las claves de la resolución de un crimen a partir del análisis racional de las condiciones y pistas de un renombrado crimen, de las cuales se entera por un medio de comunicación de masas como es el periódico. Es aquí donde se funda el género, donde puede verse su propiedad innata. Dupin, quien cumple la función del detective, es mostrado como un sujeto de habilidades extraordinarias en la esfera de la especulación racional analítica.

Esta suerte de arqueología del género nos sirve para hacer dialogar este relato con algunos aspectos constituyentes de la novela de Volpi, mostrar puntos en común y divergentes. Resumiendo lo expuesto, hay tres elementos que pueden ser extraídos de esta narración que tienen una utilidad analítica con respecto a lo que se quiere indagar en En busca de Klingsor: la preeminencia y efectividad de la razón para develar el misterio del crimen; la condición de Dupin como un humanista eximio y lector de vastísima cultura; y por último, que existen más de un tipo de racionalidad.

La primera de estas características se relaciona con el iluminismo, con la capacidad de la razón de descubrir los misterios por medio de su propia potencia. Piglia lo plantea así en uno de sus textos críticos:

Cuando la historia de la rue Morgue está por comenzar, parece que vamos a encontrarnos con un relato de fantasmas. Pero lo que aparece es algo totalmente distinto. Un nuevo género. Una historia de la luz, una historia de la reflexión, de la investigación, del triunfo de la razón. Un paso del universo sombrío del terror gótico al universo de la pura comprensión intelectual del género policial. Se sigue discutiendo sobre los muertos y la muerte, pero el criminal sustituye a los fantasmas (78).

Dupin es descrito como un eximio practicante de capacidades analíticas y su maestría para la solución de problemas es asombrosa. “Dupin es la figura misma del razonador”(80).

La novela de Volpi dialoga con el género de la novela policial, y con la figura del investigador de Poe, y al parecer lo hace de una forma polémica. Esta polémica se hace por una doble motivación: la novela constituye una crítica de la modernidad, siendo ésta una de las características principales del género, el pertenecer a ésta; y por otro lado al proponer que la razón fracasa en la búsqueda de la verdad en la resolución del crimen.

 

Características del género policial

Lönnrot se creía un puro razonador, un Auguste Dupin, pero algo aventurero había en él y hasta de tahúr.
La muerte y la brújula
      J.L.Borges

 

La formalización del análisis sobre los aspectos policiales de la novela requiere de una revisión teórica y bibliográfica sobre el género policial. Partiendo por la caracterización del género policial clásico, es fundamental en la narrativa detectivesca la presencia de uno o varios enigmas que un elegido -por azar o destino- debe resolver, basado en el poder de su inteligencia. Como consecuencia de esto, durante la búsqueda de esta respuesta habrá suspenso, tensión y lucha de fuerzas. Habrá también obstáculos que vencer y enemigos que derrotar. Se tendrá que proceder con cuidado, para no fracasar.

El investigador de la novela policial chilena Clemens Franken [1] hace un rastreo de los testimonios más distantes en el tiempo que conformarían parte de los antecedentes del género, y éstos estarían ya en la tragedia griega de Edipo Rey. El develamiento de un crimen escondido tras el misterio y el ingenio utilizado como medio de resolución ya se encuentran en tal obra según una observación que pertenece a Ernst Bloch, quien ve en el Oráculo una forma arcaica del género, y a Edipo como su forma prima, su materia prima.

La novela policial tiene como antecedente genérico a la novela gótica, donde ya se manifiestan ciertos rasgos heredados y modificados por el policial. Los motivos importantes y frecuentes de este género son “la atmósfera horripilante, el crimen misterioso, el problema del recinto cerrado, y, al final, la explicación racional del misterio.”(Franken, 9). Lo mencionado anteriormente como características del policial se ve también en la novela gótica, exceptuando el develamiento del crimen por medio de la razón. Esto es debido a que la novela gótica, como documento prerromántico veía en la realidad cotidiana la máscara de lo misterioso, lo numinoso y espiritual. Es así como en el policial, confluyen dos constelaciones culturales: por un lado el romanticismo, por su interés y atracción por el misterio, las atmósferas oscuras y horripilantes; y por la Ilustración y su valoración y fe en la razón como una potencia eficaz y cierta en el develamiento de los misterios del mundo y que terminará por instalar una hegemonía en la forma de explicarse el mundo.

Instalados ya en lo que conforma la novela policial clásica, se manifiesta un componente invariable, que es la existencia de un crimen y su aclaración, y tiene:

como héroe épico no al criminal, sino al detective o criminalista que reúne y coordina los indicios comprometedores para el hechor a menudo con una notable capacidad combinatoria y grandes conocimientos criminalísticos, científicos o psicológicos, mostrándose, de esta forma, a menudo como un superhombre intelectual, que se revela siempre y en última instancia como intelectualmente superior a su víctima. Por lo tanto, la trama se determina ante todo, por la aclaración racional de problemas intelectuales, es decir por el raciocinio, como diría Poe. (Franken, 20)

De todos estos fenómenos, podríamos destacar la irrupción de la razón como principal medio constructivo de la historia y motivador de la misma. En un sentido más general, José Colmeiro [2] define como novela policíaca toda narración que posee un hilo conductor fundado en la investigación de un hecho criminal, independiente de su método, objetivo o resultado. Acá el crimen es entendido como todo delito grave que atente contra el orden jurídico o moral, que se basa en una intención de perjuicio sobre algo o alguien. Por otro lado, se presenta una cualidad de héroe épico en la figura del detective o criminalista que logra resolver el crimen, luego de coordinar y reflexionar sobre las huellas empíricas que logra reunir e interpretar, los indicios comprometedores. Es por esto, que la novela policial describe una realidad estructurada racionalmente, un mundo racionalmente compuesto en donde todo tiene su explicación. Crimen y razón, los elementos fundamentales de la novela policial, y que interactúan y se relacionan de una manera particular de En busca de Klingsor y hacen de esta novela un tratamiento específico.

El rasgo central que se puede apreciar en el género, y que ya fue mencionado en el primer capítulo, y que hace relación con la fe en la razón y en su capacidad cierta y confiable de resolver el misterio que envuelve al crimen, hace del género policial un género que es propio y representativo de la Modernidad, un género heredero del Iluminismo. El género surge como hijo de sus tiempos, la nueva era de la razón:“La noción de que todo obedece a una causa, y que por tanto todo es explicable, pertenece al discurso de la modernidad, ya que éste concebía el mundo como un objeto manipulable sobre el cual se opinaba de manera exacta, cuantificable y disyuntivamente.”(Sepúlveda, 107).

La Modernidad, con su desarrollo arrollador fundado en la Razón, concebía el mundo como un objeto conformado por objetos que se relacionaban por mecanismos de causalidad, y que la ciencia podía develar las leyes mediante las cuales los procesos y fenómenos se desplegaban. Esta idea de la causalidad tiene efectos en la estructuración de la novela policial, ya que está en su centro la idea de que los sucesos que desembocaron en el crimen y sus huellas obedecen a causas que deben ser mostradas por la razón. Por otro lado, corresponde a una visión newtoniana y mecanicista de la realidad.

Entonces se puede afirmar que hay un rasgo universal y tradicional del género que se traduce en la resolución de un crimen a través de la razón. Sin embargo, el género ha sufrido modificaciones y se ha ido adaptando a los tiempos, por lo cual han surgido nuevas corrientes de él, así como se han desplazado sus temáticas. De este modo, las condiciones económicas y culturales de la nueva sociedad contemporánea industrializada provocaron el surgimiento de una corriente dentro del género, y que se denomina la novela policial negra. En relación a la novela policial negra en particular, Javier Coma [3] la define como la “contemplación crítica de la sociedad capitalista desde la perspectiva del fenómeno criminológico” (15). Si complementamos la definición del policial en general y el concepto de novela policial negra en particular podemos definir esta última como una narración que, a través de la investigación de un hecho criminal, va mostrando críticamente la sociedad capitalista. Esta crítica a la sociedad capitalista, como esencia de esta modalidad del policial, puede ser un vínculo importante con la forma en que se manifiesta el género en la novela de Volpi. La sociedad de la novela negra es decadente, absurda peligrosa, corrupta y caótica, y el detective es un agente que debe imponer la verdad, el orden y la ley.

De manera más específica, es preciso señalar que la novela policial tradicional sufre una transformación radical en Estados Unidos (país en que se instauró primeramente su evolución y desarrollo). Durante la “Edad de oro” del policial de enigma, o sea en los años 20, surge así un género literario que intenta superar los planteamientos paraliterarios de la novela de enigma. Tal modificación surge de la confluencia de dos aportes fundamentales: los relatos sensacionalistas extremadamente populares de la época y el inicio de un enfoque realista y sociopolítico de la temática criminal en el marco de la sociedad capitalista y liberal-económica de comienzo de siglo en Estados Unidos.

 

Francis Bacon: el nuevo detective-el detective de la modernidad

Human knowledge and human power meet in one; for where the cause is not known the effect cannot be produced. <
Novum Organum.
     Francis Bacon.

El género policial es muy dúctil, en el sentido de que ha sido aplicado como modelo narrativo de muy diversas formas. En este sentido, el género ha vehiculado muchos aspectos o características que provienen de una relación entre la literatura y el sistema social y cultural; es decir, el género policial a podido dar cuenta de condiciones económicas, políticas y sociales que se ven reflejadas o representadas en él, debido a su intención de realismo. Es posible ver muchas modificaciones del género, las que están sustentadas en nuevas preocupaciones y tematizaciones que involucran espacios nuevos. Así, el policial ha tenido muchas veces un sentido crítico y ha sido empleado como herramienta de denuncia política, económica y cultural. Esta multiplicidad del género produce variadas relaciones de intertextualidad o de diálogo entre las obras específicas y la manera cómo se vinculan con el género, provocando así parodia, polémica, estilización, variación o hibridez con los postulados generales o las características de éste.

Como ejemplo pertinente, se puede apreciar el surgimiento del policial negro como crítica a los nuevos problemas sociales que acarreaba el capitalismo desenfrenado de comienzo de siglo en Estados Unidos; o en el caso más cercano y reciente del autor chileno Ramón Díaz Eterovic, quien adopta los códigos de la novela negra, pero les da una aplicación circunscrita al terrorismo de estado bajo una dictadura militar, ya que muchos elementos de ese tipo de novela concordaban con las propias experiencias personales y colectivas dentro de nuestra realidad política; de este modo, los elementos de la novela sirvieron para dar cuenta y criticar los abusos de poder político. Díaz Eterovic describe el contexto social como “una atmósfera asfixiante, miedo, violencia, falta de justicia, la corrupción del poder, inseguridad: elementos que en Chile vivimos en años recientes y que aún ahora prevalecen con sus sombras y boinazos” (Franken, 19). Así, las condiciones políticas y culturales que llevaron al surgimiento de una expresión específica del género, el policial negro, adquiere una notable vigencia en las condiciones sociales y políticas en que se desarrolló en el Chile bajo la dictadura. De este modo, bajo tales situaciones, se aprecia la aparición de la temática del crimen institucional público adaptado con los códigos de la novela policial negra de comienzos de siglo.

Como primer paso para abordar la aproximación y planteamiento del vínculo genérico de la novela En busca de Klingsor con el policial, habría que rastrear los componentes policíacos de la narración de la obra y exponer las características que la harían particular.

La figura del detective recae en Francis Bacon, físico de profesión. El primer componente especial de la constitución de esta figura es su condición de científico. Además el detective Francis Bacon posee el mismo nombre que el científico que en los albores de la Modernidad elaboró las bases para la conformación de una ciencia empírica que llevara al hombre a estados más elevados de bienestar, en la medida en que conocía y controlaba a la naturaleza. Este primer rasgo que se quiere abordar se halla en la esfera de los códigos onomásticos que se despliegan en el texto, y tiene una función fundamental en la interpretación general que se le quiere dar a la obra.

Francis Bacon (1561-1626) es considerado frecuentemente como el fundador de la filosofía moderna en su rama empírica y el padre de la investigación científica moderna, así como también le es atribuido por la historia el desarrollo de la nueva lógica de la ciencia, en oposición a la lógica aristotélica, que era la que tenía primacía en los estudios científicos. En un contexto cultural e histórico en que reinaba la magia y la superstición, y donde la hegemonía de la religión era indiscutida, el Renacimiento cambió las formas de ver la realidad, provocando una inflexión hacia la crítica y visiones más racionales con respecto al mundo. Es en este movimiento histórico en que emerge la persona y el pensamiento de Bacon. El empirismo, el movimiento filosófico fundado por Bacon, sostenía que el conocimiento emanaba de la experiencia y dentro de ésta articulaban sus posibilidades.

Es importante esta reconstrucción histórica y las significaciones interpretativas que surgen de la marcación onomástica del personaje. En su obra principal, Novum organum expone los principios del ‘nuevo método’ científico, que proponía como sustitución del obsoleto ‘organum’ aristotélico. En esta obra se asientan las bases para la construcción de la nueva ciencia. Dejando de lado el método deductivo y generalizante heredado de Aristóteles, Bacon exhorta a la utilización de un método inductivo y experimental que encauzará el buen conocimiento de la naturaleza. Bacon crea este método donde las verdades ya no son las especulaciones racionalistas que derivaban verdades producto de la razón, sino que provienen de los hechos concretos y observables, de la experimentación positiva.

Francis Bacon, por otro lado, a consecuencia de esta concepción de la naturaleza como conocible y modificable, fue quien explicitó las relaciones entre poder y saber, relaciones que tienen un lugar central en la lectura que se quiere llevar a cabo en este análisis. El status del saber -y específicamente del conocimiento científico- en las sociedades contemporáneas tiene una de sus principales raíces en las reflexiones de este filósofo inglés, y conforman parte importante de las configuraciones valorativas e ideológicas asociadas al conocimiento.“Man, being the servant and interpreter of Nature, can do and understand so much and so much only as he has observed in fact or in thought of the course of nature. Beyond this he neither knows anything nor can do anything”.(Bacon, the new organon). El ser humano tiene la misión de develar los misterios de la naturaleza, conocerla para de éste modo poder dominarla; así se expresa el vínculo estrecho entre el conocimiento y el poder: primero como poder sobre la naturaleza, y todo lo amenazante que puede involucrar, y luego sobre otros seres humanos. “Hoy dominamos la naturaleza en nuestra mera opinión, mientras estamos sometidos a su necesidad; pero si nos dejásemos guiar por ella en la invención, entonces podríamos ser sus amos en la práctica”(Bacon, In praise of knowledge). Esta apreciación del conocimiento -Human knowledge and human power meet in one- como la otra cara del poder marca de una forma decisiva una nueva forma de verlo y concebirlo. La ciencia es vista como un elemento de ayuda en la vida y el bienestar del ser humano si es utilizada correctamente, es decir, si da pautas para su aplicación en asuntos concretos. “El verdadero fin y la función de la ciencia residen no en discursos plausibles, divertidos, memorables o llenos de efecto, o en supuestos argumentos evidentes, sino en el obrar y trabajar, y en el descubrimiento de datos hasta ahora desconocidos para un mejor equipamiento y ayuda en la vida.”(Bacon. Valerius terminus, of the interpretation of nature.).

Por otro lado, las formas de construir el conocimiento en la filosofía de Bacon tienen una afinidad con los métodos de investigación del detective en el género policial, ya que el empirismo se funda en la observación de los hechos manifiestos, en ese sentido es factual, y avanza en su conocimiento a través del método de la inducción. Esta es una práctica que se puede apreciar como un procedimiento común en algunas novelas más clásicas del género, donde las huellas del crimen, los hechos observables, dan las claves para dilucidar la concatenación de causas y efectos que desembocaron en el crimen. Hay una tensión entre los métodos deductivos e inductivos dentro del género. Dupin y Holmes son dos casos de detectives que utilizan diferentes métodos en la forma en que resuelven los casos. Se podría decir que Dupin es el racionalista , ya que casi no inspecciona el lugar del crimen y a través de deducciones lo soluciona; en cambio Holmes representa al detective que busca los indicios, las huellas, los efectos materiales y empíricos derivados del crimen. Los mecanismos de investigación de Holmes, el personaje de Conan Doyle, es expresivamente positivista, empírico, pues va de lo particular a lo general, se basa en pruebas concretas, en indicios, marcas y señales en la experiencia. Las deducciones van de lo general a lo particular, la inducción, al contrario; construye el relato del crimen desde lo particular, las pistas.

Continuando con el análisis del género policial, es relevante esta significación del nombre del personaje que detenta el rol de detective, porque provee un marco histórico de interpretación de la obra, un ámbito filosófico incluso; cuyo análisis e interpretación será revisado más adelante.

El detective en la novela tiene una misión: develar la verdad acerca del asesor personal de Hitler en materias científicas, y cuya identidad está escondida tras el nombre clave de Klingsor. Francis Bacon es escogido debido a su condición de científico, ya que la misión que debe llevar a cabo requiere de conocimientos específicos sobre ciencia. He aquí dos rasgos importantes también a considerar en la conformación de la figura del detective: es un empleado del ejército, su misión tiene como base una razón de Estado, es decir, es un empleado del Estado y no goza la independencia del detective privado, por ejemplo; y por otro lado es una hipérbole de las características del personaje en sus métodos racionalistas, ya que no es ya un sujeto experto en la resolución de crímenes, sino que es un científico, es un especialista en un ámbito específico del conocimiento.

El azar, que juega un importante papel dentro de la obra, como una fuerza incontrolable e impredecible, acarrea a Bacon a esta misión. La incorporación del detective en la trama de la obra está determinado por un accidente. “¿Quién iba a decir que yo iba a convertirme en soldado, qué digo, en un detective encargado de perseguir hombres en lugar de un físico que persigue abstracciones?”(Volpi, 154). De este modo se expresa la incertidumbre e inseguridad del portador de un conocimiento que no se adecua completamente a la misión encomendada. Su investigación está motivada porque gracias a sus conocimientos podría dar cuenta de errores o pistas en los archivos y declaraciones de Nüremberg, y de este modo proseguir investigaciones acerca de la ciencia del Tercer Reich, pero en sí mismo no está capacitado para una investigación que sobrepase su circunscripción de conocimiento. Como detective es un advenedizo, su marco racional está dentro de las formas ordenadas de la física y las matemáticas. He aquí un elemento importante: cuando se compara la figura de Dupin con la de Francis Bacon, la diferencia entre ellos da cuenta de una variación importante, que tiene significaciones en la lectura de la obra. Dupin es mostrado principalmente como un humanista completo, descrito como poseedor de “vastas lecturas” y con una capacidad analítica e intuitiva extraordinarias. Dupin representa a una especie de intelectual del siglo XIX, y representa mejor a la figura del intelectual “universal”. En cambio, Francis Bacon es un científico, circunscrito a su saber y más relacionado con la teoría científica y la academia especializada. Esta variación o evolución expresa cambios del estatuto del conocimiento en nuestra sociedad de capitalismo avanzado, y es un cambio que tiene implicancias ideológicas.

 

Bacon: el intelectual específico

Michel Foucault en un artículo llamado Verdad y poder desentraña las implicancias de esta mutación. En este texto comenta su preocupación por el estatuto político de la ciencia y los componentes ideológicos que podía portar, además del ineludible vínculo entre saber y poder. En este marco aparecía la figura del intelectual, quien se hacía escuchar, o pretendía ser escuchado como la voz de lo universal, como el portador de un pensamiento que abarcaba una reflexión sobre la sociedad en su totalidad: “él (el intelectual) pretendía que se lo escuchase como representante de lo universal. Ser intelectual era, en cierto modo, ser la conciencia de todos.”(Foucault, 49). Esta idea acerca del intelectual estaba fuertemente influenciada por la visión marxista, por la cual, éste detentaba la conciencia universal con que el proletariado, o las clases dominadas, que representaban lo universal en un estado alienado o carente de conciencia, ejercía su función dentro del cambio histórico revolucionario al convertirse el intelectual en una especie de voz de esa conciencia ausente. Este proceso desembocaba en que ”el intelectual, en su razón de opción moral, teórica y política, quiere ser portador de esta universalidad.”(49). El escritor expresaba una voluntad de trabajar con problemas que incumbían a la totalidad de la sociedad, y era una figura que provenía del jurista-notable del siglo XVIII, y ocupaba el oficio de la escritura como forma sacralizante de su reflexión y crítica sobre la sociedad. A su vez, sus opiniones y reflexiones portaban significaciones en las que todos podían reconocerse e identificar. Su función era la del intelectual “universal”, pero los cambios que se han producido en la sociedad llevaron a que se produjese una nueva relación entre la praxis y la teoría, por lo cual ya la reflexión acerca de la sociedad, desde un punto de vista tan general, se especifica, y el intelectual proyecta y observa desde su posición circunscrita a su orden de conocimiento, aquellos aspectos de poder que detecta y forman parte de su conciencia. “Los intelectuales se han habituado a trabajar ya no en lo “universal”, en lo “ejemplar”, en lo “justo-y-lo-verdadero-para-todos”, sino en sectores específicos, en puntos precisos en que los situaban sus condiciones de trabajo, o sus condiciones de vida “(50). El intelectual francés señala que hubo una politización que se articuló desde la actividad específica de cada intelectual, lo que permitió que hubieran lazos transversales de saber a saber, produciendo redes de intercambio y politización de las distintas actividades.

En este texto Foucault analiza las funciones del intelectual en la sociedad contemporánea, para dar cuenta de las estrategias o formas en que los análisis del poder podrían cobrar sentido en la praxis. Por esto, esta conciencia de los problemas se vuelve local y específica, es vislumbrada desde posiciones particulares dentro de las diversas esferas de saberes: “Los intelectuales han adquirido así una conciencia más inmediata y concreta de las luchas. Y se han encontrado con problemas que eran específicos, “no universales”, diferentes con frecuencia de aquellos con los que se encuentra el proletariado o con los que se encuentran las masas.”(51). De este modo, el intelectual entra a jugar un rol más relevante en luchas cotidianas, específicas y materiales. Este intelectual es denominado por Foucault como "específico", en oposición al intelectual "universal". Así los intelectuales han tomado contacto con problemáticas más específicas, lo que ha llevado a adquirir una conciencia más inmediata y concreta sobre los mecanismos de poder; ya no hablan de lo universal enmarcado en un contexto u orden más abstracto y teleológico. El intelectual en nuestra sociedad se atiene entonces a problemas específicos, no universales.

Este intelectual descrito por Foucault es el que representaría la figura de Bacon, y también Klingsor, pero desde otra cara. Bacon es el científico, un “intelectual específico”, que toma conciencia de la importancia de su misión, a pesar de las dudas que lo persiguen y afectan (especialmente sobre la verdadera existencia de Klingsor, las faltas de pistas y la falta de apoyo institucional), y ese interés en llevar a cabo la captura de Klingsor se basa en la importancia y el peligro que el conocimiento de éste representa, que en el fondo se trasunta en poder político. El saber de Klingsor está en juego, y todas sus potencialidades, ya que éste maneja un saber que tiene casi infinitas capacidades para la elaboración de tecnología, y particularmente bélica. Además, el escenario histórico en que se desarrolla la novela, y elementos de su trama se vinculan estrechamente con la aparición del “intelectual específico”, que deriva de la figura del científico experto.

Me parece que esta figura del intelectual “especifico” se desarrolló a partir de la Segunda Guerra Mundial. Posiblemente fue el físico atómico -recordemos una palabra, o mejor un nombre: Oppenheimer-, quien hizo la bisagra entre el intelectual universal y el intelectual específico El físico atómico intervenía porque tenía una relación directa y localizada con la institución y con el saber científico; pero dado que la amenaza atómica concernía a todo el género humano y el destino del mundo, su discurso podía ser al mismo tiempo el discurso de lo universal. (50-1).

Las funciones de los personajes de Francis Bacon y Klingsor son las caras distintas de la misma moneda. Bacon ejecuta un tipo de resistencia frente al poder. El poder en Foucault es mostrado por su negativo, las resistencias, ellas son las que dan cuenta del poder, lo explicitan.

Foucault, en otro artículo expone nuevas técnicas o “nuevas economías” de las relaciones de poder, donde se toma como punto de partida para la aproximación al poder las resistencias contra las diversas manifestaciones de éste. “Con el propósito de entender de qué se tratan las relaciones de poder, tal vez deberíamos investigar las formas de resistencia y los intentos hechos para disociar estas relaciones”(Foucault-b, 6). De este modo, las resistencias son las que dan cuenta de las relaciones de poder, son ellas las que lo manifiestan y ubican su posición. Bacon ejecuta ese papel, sostenido por un Estado, sin embargo, busca controlar la circulación de un conocimiento. “Lo que se cuestiona es el modo en que el conocimiento circula y funciona, sus relaciones con el poder. En otras palabras , el régimen de saber.”(7). “Estas luchas , -en oposición a los efectos del poder, ligados al conocimiento, a la competencia , la calificación-luchan contra los privilegios del conocimiento.”(7). Es en esta dimensión que la investigación de Bacon implica una resistencia, ya que busca a Klingsor, para que rinda cuentas sobre un crimen que no se establece de manera concreta de qué se trata, y para que ese saber no caiga en malas manos. Es imprescindible notar también el componente ideológico que hay detrás de esta búsqueda, porque para el investigador, el científico que está detrás de Klingsor podría servir a un régimen tan funesto como el que se acaba de desmantelar: el comunismo stalinista.

En el fondo, la búsqueda de Klingsor es una búsqueda que intenta frenar las fuerzas de ese conocimiento, que podría ser utilizado en armas destructivas, pero además para prevenir el riesgo estratégico-político de que ese conocimiento caiga en manos de los rusos, los enemigos ideológicos del Estado al cual sirve Bacon. Hay juicios de valor en la búsqueda, una insinuación ideológica, y ésta es que tal poder no podría caer en manos de otro régimen totalitario, como lo es el comunismo de Stalin. Esta importancia que adquiere el físico atómico expresa las nuevas formas de vehiculación del conocimiento, y el nuevo estatuto de este tipo de conocimiento. “El sabio atómico hizo funcionar su posición específica en el ámbito del saber [...] Su saber constituía un peligro político.”(Foucault, 51) Los físicos nucleares fueron quienes consagraron el papel del “intelectual específico” y lo promovieron a tomar un primer plano, ya que trabajando y haciendo funcionar su saber local y su posición específica en el orden del saber, expresaba una protesta que envolvía a todo el mundo. “La biología y la física fueron siempre en forma privilegiada las zonas de formación de este nuevo personaje del intelectual específico. La extensión de las estructuras técnico-científicas en el orden de la economía y de la estrategia le confirieron su importancia real.”(52). En estos científicos se inscriben poderes que pueden hacer perdurar o terminar la vida, son “estrategas de la vida y la muerte” y sus saberes tienen una centralidad importante en las formas de utilización del conocimiento en las sociedades contemporáneas, y esa preocupación parte de verdades científicas locales que tienen efectos en la totalidad.

Estos dilemas acerca de la utilización de este conocimiento son los que impulsan a Bacon a llevar a cabo su misión:

En realidad no lo comprendía. Podía entender que un hombre fuera nacionalista, que amase a su patria, que se sintiera íntimamente ligado a ella y que, por tanto, rehusase abandonarla incluso en las peores circunstancias, pero no podía aceptar que alguien trabajase, sin oponerse, para un gobierno de criminales, que alguien pusiese su ciencia y su sabiduría al servicio del mal -sí, se repitió: del mal- y que ni siquiera se plantease dudas sobre la moralidad de sus actos.(Volpi, 149).

Estos son los pensamientos de Bacon con respecto de Heisenberg, y expresa su voluntad de acción contra la mala utilización de ese conocimiento.

Situado en las aulas de una Universidad en Estados Unidos, Bacon se introduce en la puesta en marcha de su conocimiento local con un fin de resistencia al poder. Esta resistencia se traduce en la aceptación de la misión, y su trabajo como detective. Lo que está en la base de la investigación de Bacon es el develamiento del poder. Tras la identidad de Klingsor lo que se manifiesta es la presencia de un poder sostenido sobre una forma de conocimiento científico y sus utilizaciones. Sin embargo, se deduce que es una forma de resistencia al poder, pero a la vez una manera de adueñarse de él, ya que se supone que la captura de Klingsor serviría para los beneficios del Estado que él defiende, y se oponen al totalitarismo; o bien, la aplicación de un castigo.

 

Bacon y el ojo público

El otro aspecto importante a considerar es la relación que tiene el detective (o más exactamente el investigador del crimen) con el Estado. Ricardo Piglia expone esta distinción como la confrontación entre el “ojo público” y el “ojo privado”. En La carta robada y Los crímenes de la rue Morgue de Poe, Dupin personifica el ojo privado, independiente de las instituciones de la sociedad- como el Estado, la familia, la empresa- y problematiza el tema del Estado como proveedor de verdad y a la vez de seguridad. “El detective privado Dupin, libre del Estado y de la familia, viene a decir que esa institución, en la cual se ha delegado la problemática de la verdad y de la ley, no sirve.”(Piglia, 23). En La carta robada, las investigaciones fallidas de la policía parisina dan cuenta de las falencias de la inteligencia de Estado, de los métodos del Estado, que son además los aparatos en los que se delegan la verdad y la justicia. Sin embargo, en Los crímenes de la rue Morgue los procedimientos de esa inteligencia fallan por los métodos positivistas, rígidos y mecánicos de la policía, que carecen de imaginación e intuición. En la novela este motivo vuelve a surgir: Bacon es representante del “ojo público”, con la marca onomástica del padre del empirismo, un detective de Estado, del ejército norteamericano. La incapacidad de resolver el crimen por parte de él es un retorno a la imposibilidad de la policía parisina de resolver el crimen en los relatos de Poe. Esta calidad de ojo público desempeñado por Bacon formula la estrecha relación entre política, conocimiento y poder; y el valor asignado a este específico desarrollo de la ciencia como arma militar y política en la sociedades contemporáneas. Este rasgo de empleado del Estado difiere en gran parte con la gran mayoría de los investigadores criminales, ya que sus características y cualidades provienen más bien de su independencia con respecto a las instituciones de la sociedad. “La lucidez del detective depende de su lugar social: es marginal, está aislado, es un extravagante. “Para hacer más raros a esos personajes” dice Borges en su conferencia sobre el cuento policial, hace que vivan en un mundo distinto del que suelen vivir los hombres.”(40). Es importante este rasgo si se entronca con la temática de la verdad, pues ese Estado, gran invención política de la modernidad, carece de su capacidad de actuar con respecto a la verdad, es defectuoso en regirse por la verdad y la justicia y de vehicularla. Este componente del género parece decirnos que las verdades están fuera de las instituciones, o más bien ellas son las que imponen las verdades. Antonio Gramsci afirma que la desconfianza popular en aquella justicia proveniente del Estado provoca el surgimiento del detective privado, quien tiene la misión de otorgar seguridad dentro del conglomerado social.

 

La verdad ausente: verdad y ciencia, verdad y poder

Otro elemento que tiene una función primordial dentro del género es la verdad. Un aspecto singular de la composición de esta trama emparentada con el género es el desconocimiento del crimen. El misterio es la existencia y la identidad de Klingsor, pero no hay un crimen explícito. De hecho, el mismo investigador se cuestiona acerca de la validez de la búsqueda policial debido a esta carencia de un crimen que resolver.

El único hecho concreto son interrogaciones, los principios de observación científica son relativos y precarios: “Pero ¿quién asignaba esos recursos? ¿Quién era ese él al que acusaba tantas veces? Bacon se sentía incómodo. ¿Realmente podía suponer la existencia de Klingsor a partir de estas pocas alusiones? ¿No sería, quizás, una manera de justificar su investigación, asumiendo riesgos inexistentes e inventándose su propia tarea? ¿No sería mejor renunciar y afirmar que Klingsor no era más que uno de tantos nombres, uno de tantos verdugos?” (Volpi, 153); y más adelante: “¿Cuál era el crimen de Klingsor? ¿Cuál era el crimen que el teniente Bacon, ayudado por mí, se esforzaba en investigar? Ésta debió ser la primera pregunta que el joven físico debió plantearse. Para buscar a un criminal, lo primero que uno debe conocer es el crimen que supuestamente ha cometido.”178). La definición del crimen se analizará más adelante, y tendrá una significación metafórica e histórica.

La verdad dentro del género es develada gracias a las potencias de la razón, del análisis que se hace de una situación concreta y los indicios que deja. Como dice Thomas Narcejac, el detective hace triunfar la razón en todas partes. “Lo que el detective aportaba a su público era, en definitiva la seguridad, la tranquila y alegre posesión del mundo”, así, “la búsqueda de la verdad era, por sí misma, una aventura.”(Franken, 24). Así lo declara Bacon a Links cuando requiere de su ayuda: “Yo sólo deseo contribuir a hacer que la verdad salga a la luz. Sólo busco la verdad”(Volpi, 164). La aventura de la verdad es pertinente tanto al género como a la ciencia. El motivo de la verdad en la novela tiene una doble dimensión, o más bien, dos campos: existe una verdad en la ciencia, que los nuevos descubrimientos la han hecho cada vez más esquiva, incluso inaprensible; y por otro lado una verdad en la investigación acerca de la identidad de Klingsor, también inalcanzable. Estas dos esferas de búsqueda de la verdad, con sus respectivos fracasos, se sintetizan en la analogía que se hace de la investigación criminal, y del crimen mismo, con los principios de la física, especialmente la newtoniana, y con los principios de observación de la ciencia. En una sección de la obra se exponen las “leyes del movimiento criminal”, y se hace un parangón con las leyes físicas del movimiento en la física newtoniana. “Cada vez que un ser humano toma una decisión, se esfuerza en sobrepasar sus límites o intenta doblegar la voluntad de otro, sea para enamorarlo, convencerlo o asesinarlo, cumple con las leyes de la mecánica clásica.”(178).

“Todo crimen ha sido cometido por un criminal.”(177). Todas son sentencias que reproducen las leyes del movimiento y de la mecánica clásica de Newton. Se puede plantear que estas sentencias acerca del crimen podrían constituir una suerte de parodia, ya que constituyen una palabra bivocal, es un moldeo y transformación de una palabra ajena, con un fin burlesco. Hay una enunciación o palabra modificada, moldeada, que proviene de la física, y que busca su aplicación explicativa en un ámbito diferente, analogándolos. Las Leyes del movimiento se aplican a las Leyes del Crimen, pero esta asociación busca explicitar la voluntad de verdad de la ciencia con respecto a diversas esferas de la vida humana, o aspira a ser la visión hegemónica de orden sobre el mundo. Las sucesiones de causalidades que se observan en los objetos acontecen en el mundo del crimen, sin embargo ese orden, exactitud y predictibilidad desaparece en nuevos estratos del mundo natural estudiados por la física. La causalidad se desvanece en estos ámbitos, especialmente en las esferas de la cuántica. “La mecánica cuántica establece definitivamente la invalidez de la ley de causalidad.”(311). Los sujetos se mueven, aplican sus fuerzas y voluntades a favor o desmedro de otros, llegando incluso a acabar con sus vidas; involucra cambios en el estado de los cuerpos.

Pues ¿qué es un crimen sino un movimiento emprendido por alguien, una acción que sucede en el espacio y en el tiempo absolutos, un acontecimiento por el cual un cuerpo escapa de la inmovilidad mientras otro se sumerge en ella, acaso para siempre? ¿No es ésta la perfecta definición de los asesinatos, las violaciones las masacres? Newton podría haber sido un criminólogo experto. Los seres humanos perseveran en su propio estado, de acuerdo con la inercia de su educación, sus costumbres y su temperamento. (177).

Newton, al dar cuenta de estas leyes también hablaba de las relaciones entre los seres humanos. La parodia consiste en esta exageración y voluntad de verdad que motiva a la ciencia en abordar cada fenómeno que pueda tratar de entender y explicar, es un ejemplo de una voluntad racionalista extrema, y que a la vez, es dudosa. Ya el orden y la certidumbre no son tales; la predictibilidad, sus modelos fallan en ciertas dimensiones.

Otro aspecto a considerar es la falta de claridad en el crimen, por lo tanto no es un crimen que deje indicios, que deje huellas como hechos concretos que puedan servir como pruebas inculpatorias. Esta condición del crimen hace de él un hecho demasiado abstracto que implica una inflexión en la forma de construcción de la trama policial y deja un amplio campo para su interpretación. Incluso pareciera que tampoco existiría como finalidad conseguir un castigo hacia la persona que estaría detrás de la figura de Klingsor. La forma concreta, factual, objetiva del crimen en el género adquiere más bien un rasgo simbólico. Es cierto que podría haber un delito en la asistencia técnica de Hitler, pero no está claro, y tampoco opera para la lectura general de la obra.

Todos estos son mecanismos que vehiculan una crítica de la racionalidad científica, tanto en sus resultados en la investigación científica como en la policial. El mundo predecible que pretende otorgar la ciencia, en las situaciones de la novela se ven desmontadas, puestas en crisis. La investigación policial, cuyo fin no logra alcanzarse nunca, se asemeja a una travesía kafkiana donde encontrar lo buscado se prolonga sin límites, sin ofrecer esperanza de resolución. Las entrevistas con los más altos intelectos científicos del Reich trae consigo sólo más confusión.

En lugar de lo mecánico y predecible se levanta el azar como una fuerza ineludible que actúa en la realidad. Los grandes sucesos de la novela se provocan por el azar: el atentado fallido, el escándalo en la conferencia que provoca la misión que debe hacer Bacon, etc.

La verdad en el policial tiene un lugar fundamental, ya que es ésta la que da la luz respecto al crimen que está oculto tras el misterio, y para su resolución la ejecución de la razón y sus métodos es la puerta para su develamiento. Sin embargo, la verdad dentro de la novela está sujeta a un sinnúmero de relativizaciones y argumentos en su contra. La verdad, tanto en la ciencia, como en la investigación policial, así como en las conclusiones que puede derivar el lector, no existe. La verdad parece más un concepto derivado de percepciones erradas con respecto a la complejidad de la realidad, o es el resultado de un poder que la establece como tal. Las matemáticas pierden su estatuto de exactitud

En este sentido, el tema de la verdad se presenta como una serie de variaciones con un único fin, la imposibilidad de su obtención; este aspecto, enmarcado en el contenido altamente cientificista y racionalista de la novela, implica a la vez una crítica con respecto a la razón en su capacidad para develar la verdad, y menos aún a través de la ciencia. Menor es la posibilidad de concebir la razón como una fuente de mejoramiento de las condiciones de bienestar de la humanidad. Esta valoración de la verdad y la seguridad que provee la razón son un rasgo de la Modernidad expresada en el género, como es afirmado por Sepúlveda: “La verdad ocupa un lugar central en la novela policial, donde se la comprende como un discurso explicativo sobre la realidad. Se llega a la verdad cuando se precisa cómo y por qué ocurrió el crimen.” (Sepúlveda, 105). Dentro de En busca de Klingsor la verdad nunca surge, siempre es una leve tiniebla fundada en suposiciones y presunciones. Este rasgo se conecta por un lado con la abstracción del crimen, el azar y la crítica de la racionalidad occidental fundada en la ciencia que es posible derivar de diversos motivos de la obra:

Si la teoría de la relatividad de Einstein y la teoría cuántica de Bohr y sus seguidores se habían encargado de demostrar que la física había dejado de ser una ciencia exacta -un compendio de afirmaciones absolutas-, ahora Gödel hacía lo mismo con las matemáticas. Nadie estaba a salvo en un mundo que comenzaba a ser dominado por la incertidumbre. Gracias a Gödel, la verdad se tornó más huidiza y caprichosa que nunca.(Volpi, 89).

El sentimiento durante la investigación es el de una profunda decepción con respecto a la verdad: “¿Es posible alcanzar la verdad, Irene? No. ¡Nunca vamos a llegar a alcanzarla! La verdad no existe. Todo es un juego Irene, entiéndelo. Y no se juega para obtener la verdad, sino para ganar...”(328) Esta forma de concebir la verdad es un rasgo de un postmodernismo claro, en el cual se ponen en duda los supuestos epistemológicos anteriores con respecto a la verdad, ya no se ve ésta como una entidad abstracta, proveniente de un mundo metafísico o tan solo revelada por la razón, sino que hay una conciencia con respecto a ella en su relación con el poder. La verdad no está fuera del poder ni carece de él, es decir, la verdad tiene un enorme efecto de poder, y la verdad dentro de la sociedad tiene sus mecanismos de funcionamiento, distribución y legitimación: “Ahora bien, yo creo que el problema no está en hacer una separación entre lo que, en un discurso, pone de manifiesto la cientificidad y la verdad, y lo que pone de manifiesto otra cosa, sino en analizar históricamente cómo se producen los efectos de verdad en el interior de los discursos que no son en sí mismos ni verdaderos ni falsos”(Foucault, 47-8).

La verdad es un producto del poder, y a la vez tiene efectos de poder. El poder se produce en campos de fuerzas, dotados de agentes que buscan imponer sus concepciones acerca de diversos temas o visiones de mundo, y que provocan la legitimación de aquellas ideas vencedoras.

Es interesante ver cómo la verdad científica tiene una raigambre sociológica dentro de la comunidad científica, donde el campo intelectual se muestra como un espacio de lucha en donde un conocimiento que parece tan objetivo y carente de criterios de valor en cuanto a la observación de fenómenos, también genera y produce su verdad a partir de campos de fuerza o el ejercer un poder sobre otros.

Digo que, en un ambiente revuelto , la verdad queda por detrás de muchas otras consideraciones- corregí-. [...] Hubiese bastado con comprobar, científicamente, que Einstein tenía razón y que los demás estaban equivocados, o al revés. Pero no fue así. La ciencia había dejado de ser clara y nítida. Unos creían una cosa y los demás, otra. Punto. Unos ofrecían sus pruebas, y los otros las descalificaban diciendo que habían sido manipuladas o que no eran concluyentes. Todo era político, teniente. La física apenas tenía que ver..

-Entonces, si Hitler hubiese ganado la guerra, la relatividad no existiría..

-O hubiera sido reinventada por un hombre del régimen. Así es, por más doloroso que nos parezca. Una idea es válida sólo si se tiene el poder para afirmar su veracidad. Si los demás lo creen, las pruebas experimentales no tardan en aparecer... La ciencia había empezado a ser lo suficientemente ambigua como para que cada uno la interpretase a su antojo.(Volpi, 215).

Es notable cómo en la novela se explicita las pugnas dentro del campo científico como luchas derivadas de la política y como producto de las ideologías en juego. La verdad deja de ser limpia e independiente, un esforzado trabajo de la razón, sino que también nace de la ideología política. Esta afirmación puede ser un lugar común en cuanto a los saberes y representaciones en general, pero se vuelve llamativo y revelador cuando se produce en un ámbito como la ciencia.

Lo importante, creo, es que la verdad no está fuera del poder, ni carece de poder [...]. La verdad es de este mundo; es producida en este mundo gracias a múltiples imposiciones, y produce efectos reglados de poder. Cada sociedad posee su régimen de verdad, “su política general de la verdad”: es decir, define los tipos de discursos que acoge y hace funcionar como verdaderos; los mecanismos y las instancias que permiten distinguir los enunciados verdaderos o falsos, las maneras de sancionar a unos y a otros; las técnicas y los procedimientos que son valorados en orden a la obtención de la verdad, el estatuto de quienes se encargan de decir qué es lo que funciona como verdadero.(Foucault, 53).

Cada sociedad tiene su economía política de poder, sus formas de distribuirla y difundirla, de legitimarla. La economía política de la verdad tiene rasgos históricos, y uno de ellos es el discurso de la ciencia y las instituciones que lo producen. Así, la verdad está asociada a los sistemas de poder que la producen y la mantienen, y a sus efectos de poder, que tienen un lugar central en la vida de las sociedades.

 

La traición de la Ilustración

“El poder liberador de la tecnología - la instrumentalización de las cosas, se convirtió en obstáculo para la liberación, se dirigió a la instrumentalización del hombre”
Ensayos sobre cultura y sociedad
      Herbert Marcuse

“En el camino de la ciencia moderna los hombres renuncian al sentido”
Dialéctica del Iluminismo
      Th. Adorno, M. Horkheimer

La civilización occidental moderna y contemporánea tiene como particularidad el desarrollo de un desenvolvimiento que ha estado sometido al dominio y la valorización de la razón, o por lo menos así se ha pretendido. La razón como instrumento ha conquistado predominantemente la hegemonía en las formas en que el ser humano trata de explicarse el mundo, y en la forma en que ha tratado de constituir su forma de vida, tanto en los instrumentos con los que domina la naturaleza, tanto como en las formas políticas por las cuales busca regirse.

La Modernidad es un período histórico, caracterizado por un proceso gradual de racionalización de una serie de dimensiones de la vida social y que tienen su raíz en la cultura occidental de los siglos XVII-XVIII. Max Weber planteaba así esta especificidad: “el problema de por qué fuera de Europa ni la evolución científica, ni la artística, ni la estatal, ni la económica, condujeron por aquellas vías de racionalización que resultaron propias de Occidente”. La Modernidad es un proceso que produjo un desencantamiento del mundo, y en las palabras de Jürgen Habermas, dio paso a una cultura profana. La acción económica y la acción administrativa racionales se institucionalizan, y crean la empresa capitalista y el aparato estatal burocrático moderno, que habrían de cambiar la faz de todos los aspectos de la antigua cultura.

En la novela En busca de Klingsor se presenta esta condición histórica de racionalización, que tiene un componente histórico; pero a la vez, la novela está construida a la manera de un relato histórico, como una memoria de un siglo en el cual la tragedia se expresó, derivada de los procesos anteriormente mencionados. El relato de Links tiene la finalidad de dar cuenta de su siglo, expresar una memoria histórica que no margina a la denuncia. El marco histórico es el que hace hablar acerca de estas reflexiones sobre la función de la razón y su aparente decadencia como elemento emancipador del ser humano.

La novela En busca de Klingsor tiene un sustrato relacionado con los usos de la razón. Situado en un marco preminentemente científico, un físico debe hacer el rol de detective y ubicar e identificar al asistente científico de Hitler cuyo nombre clave era Klingsor; y en otro ámbito, trabaja con un género literario en el cual la función de la razón es central. Por lo cual, para una formalización de la lectura e interpretación de la obra, la posición, valorización y estatuto político y cultural de la razón es de gran utilidad.

Max Weber caracteriza este proceso que abarca e influye en la civilización occidental como racionalización, y el proceso que se desarrolla en la cultura occidental es de una progresiva utilización de la razón en la construcción de las instituciones y manifestaciones culturales.

La razón cumplió un rol emancipatorio en los orígenes de la Modernidad, ya que gracias a ella se podían combatir los prejuicios, las supersticiones, el dominio y planificar una sociedad justa que traería al ser humano la libertad. Esta razón tanto serviría en el pensamiento de una sociedad ordenada y ayudaría a conquistar el bienestar de la humanidad:

Los ideales de la Revolución francesa encontraron su punto de apoyo en el proceso del capitalismo industrial. [...] Los filósofos franceses de este período interpretaron la realización de la razón como liberación de la industria. La producción industrial en expansión parecía ser capaz de suministrar los medios de satisfacer todas las necesidades humanas. Así, mientras Hegel elaboraba su sistema, Saint-Simon en Francia exaltaba la industria como el único poder capaz de conducir a la humanidad hacia la sociedad libre y racional El proceso económico aparecía como el fundamento de la razón. (Marcuse, 10).

La libertad formaba una identidad con la razón, era su consecuencia y a la vez su fuente.“La razón presupone la libertad, el poder de actuar de acuerdo con el conocimiento de la verdad, el poder de dar forma a la realidad conforme a sus potencialidades”. (15). Así, los primeros detentores y apologistas de la razón creyeron y soñaron con la misión liberadora de ésta, dentro de los cuales estaba Francis Bacon como uno de sus exponentes más distantes en el tiempo. “Éstos sostuvieron que existía un fuerte vínculo fuerte y necesario entre el desarrollo de la ciencia, la racionalidad y la libertad humana universal.”(Picó, 16).

La razón mostró sus frutos rápidamente tanto en el desarrollo industrial y tecnológico, como en la organización del Estado, en las acciones comerciales, en la actividad política, en la composición musical, en el desarrollo de las ciencias naturales que mostraron su efectividad en el dominio de la naturaleza, en el surgimiento de ciencias humanas como la sociología y la antropología, etc. Todo esto llevó a la consolidación de una capacidad explicativa acerca de la realidad y el mundo nunca antes alcanzada.

En la novela es posible ver este espíritu racionalista todo el tiempo, especialmente en el comienzo de la novela: Von Neumann asesora a Bacon en sus problemas amorosos a través de la teoría del juego que estaba comenzando a estudiar, y análoga también los sucesos políticos, la conflagración mundial, y analiza sus posibilidades a partir de estas teorías. Pero por otro lado, los motivos asociados a la crisis de las ciencias, a sus crecientes faltas de certezas, también se empiezan a manifestar y conforman con los anteriores una tensión. El marco racionalista y científico en que se posiciona la novela abre un campo bien sólido a la crítica de la razón. Por esto, por ejemplo, la postmodernidad expone muy bien estas deficiencias, en el sentido de que se ha llegado a tener una conciencia bien afincada en la idea de que se produjo un agotamiento de la razón especialmente por su incapacidad para abrir nuevas vías de progreso humano, y por el destino al que acarreó su excesivo influjo Esta capacidad explicativa acerca del mundo antes mencionada llevó al progreso de un tipo de racionalidad que tenía como fundamento el control de la naturaleza y su explotación, gracias al conocimiento de las leyes que regían el mundo natural. Este tipo de racionalidad instrumental provoca el avance de la técnica, y a un pensar tecnológico:

Pero cuando el legado de la Ilustración se extendió y fue desenmascarado se puso al descubierto el triunfo de la razón instrumental. Esta forma de razón afecta e invade toda la vida social y cultural, abarcando las estructuras económicas, jurídicas, administrativas-burocráticas y artísticas. El crecimiento de la razón instrumental no conduce a una realización concreta de la libertad universal sino a la creación de una “jaula de hierro” de racionalidad burocrática de la cual nadie puede escapar. (16)

Los principios de la razón permearon en las acciones e instituciones de la sociedad. Las instituciones correspondientes a la progresiva racionalización de la sociedad que se reflejaron en una racionalización de la economía capitalista, una complejización de la burocracia, la profesionalización de la ciencia empírica, develaron que esta racionalización de la sociedad no conllevó ningún sentido utópico, ninguna intención de continuar con los planes originarios de la Ilustración, sus principios y sentido, sino que derivó en la concreción de un sistema deshumanizado que se tradujo en un progreso técnico, pero a vez en un proceso de creciente reificación que deriva en un sistema deshumanizado que aprisiona al ser humano moderno. Habermas lo expresa del siguiente modo, citando a Arnold Gehlen: “las premisas de la Ilustración están muertas, solo sus consecuencias siguen en marcha”. (Habermas, 13). Es a este fenómeno a lo que se refiere Habermas con que la Ilustración es un proyecto no acabado. La Ilustración nos heredó las utilidades de la razón en las diversas esferas de acción, pero perdió su sentido de totalidad y teleológico. Por eso dice Habermas que en la Modernidad se produce una”institucionalización de la acción económica y de la acción administrativa racionales con arreglo a fines”(12).

En estas conceptualizaciones es posible situar las tensiones que se producen en la obra. La gran temática de la novela, a mi parecer, es la contradicción y tensión que se produce entre lo racional y lo irracional, entre la ciencia y el mito, entre la razón y la verdad. La figura de Klingsor, su marca onomástica mitológica, pero a la vez su profundo conocimiento científico, configuran una paradoja que simboliza la crisis de la Modernidad, o más bien, de la Ilustración, y que es planteada muy explicativamente en la obra de Theodor Adorno y Max Horkheimer La dialéctica de la Ilustración. Esta obra filosófica y sociológica es un intento de respuesta ante esta interrogante: ¿por qué la civilización europea cae en una nueva forma de barbarie, a pesar de sus avances técnicos y sociales?

En el comienzo de La Dialéctica de la Ilustración ya se plantea la motivación original del libro, el proyecto:“Lo que nos habíamos propuesto era nada menos que comprender por qué la humanidad, en lugar de entrar en un estado verdaderamente humano, se hunde en un género de nueva barbarie”. (Adorno, Horkheimer, 51). En este sentido, los filósofos alemanes veían a la Ilustración como una manera de vencer los miedos que el desconocimiento de la naturaleza provocaba, y la liberación del hombre del yugo impuesto por las fuerzas reaccionarias de la sociedad. “La ilustración, en el más amplio sentido de pensamiento en continuo progreso, ha perseguido desde siempre el objetivo de liberar a los hombres del miedo y constituirlos en señores. Pero la tierra enteramente iluminada resplandece bajo el signo de una triunfal calamidad. El programa de la ilustración era derrocar la imaginación mediante la ciencia.”(59). Y esta ciencia significaba la superioridad del hombre, en palabras del filósofo inglés Francis Bacon. De hecho, las premisas del padre del empirismo son analizadas por los teóricos de Frankfurt, y especialmente en el desarrollo del positivismo, como ideología reinante en las formas en que se estructuran los saberes científicos: “Bacon, “el padre de la filosofía experimental”, recoge ya los diversos motivos. Él desprecia a los partidarios de la tradición, que primero creen que otros saben lo que ellos no saben; y después, que ellos mismos saben lo que no saben.” (59). Recalcan el impulso iluminista de esta valorización del conocimiento y su función de poder, viendo en este filósofo el germen de ese tipo de pensamiento. “Lo que los hombres quieren aprender de la naturaleza es servirse de ella para dominarla por completo, a ella y a los hombres [...] La estéril felicidad del conocimiento es lasciva para Bacon tanto como para Lutero. Lo que importa no es aquella satisfacción que los hombres llaman verdad, sino la operación, el procedimiento eficaz.”(60). Lo que está en la base de este interés es el dominio, no la función crítica y constructiva de la razón, o la construcción de una visión de mundo, sino su empleo útil, que será develado como producto ideológico.

El aumento de la productividad económica, que por un lado crea las condiciones para un mundo más justo, procura, por otro lado, al aparato técnico y a los grupos sociales que disponen de él con inmensa superioridad sobre el resto de la población. El individuo es anulado por completo frente los poderes económicos. Al mismo tiempo, éstos elevan el dominio de la sociedad sobre la naturaleza a un nivel hasta ahora insospechado. Mientras el individuo desaparece frente al aparato al que sirve, éste le provee mejor que nunca.(54).

La reificación (la irreversible objetivación de los estados), el dominio, la utilización ideológica del conocimiento son las nuevas marcas de esta Modernidad degradada, de esta nueva forma de barbarie que degeneró en la Segunda Guerra Mundial, donde se concretaron los irracionalismos derivados de una escisión entre la praxis y la teoría de la Ilustración.

De este modo, la Ilustración, que tenía por fin superar al mito, oponerse en su visión de la realidad, iluminar el mundo y acabar con las supersticiones, termina ella misma convirtiéndose en mito. La ilustración explica a partir de otros procedimientos que los del mito, se le opone a éste, pero en el mito ya existe un germen de Ilustración. La Ilustración es tanto un movimiento histórico y cultural, como un principio. Por ejemplo, en el mito de Ulises y las sirenas, ya es posible encontrar un documento representativo de la cultura burguesa y de la Ilustración, pues Ulises escapa del canto de las sirenas, es decir, se frena ante los impulsos de la naturaleza. Por esto, su carácter de principio ya se encuentra en el mito, pues: “la Ilustración se reconoce a sí misma incluso en los mitos.”(62). La misión de la Ilustración es alumbrar con sentido el mundo de los hombres, es por esto que la emergente filosofía o las tendencias racionalistas rechazaron al mito en la explicación de la realidad. “Pero los mitos que caen víctimas de la Ilustración eran ya producto de ésta. [...] El mito quería narrar, nombrar, contar el origen: y con ello, por tanto, representar, fijar explicar.”(63).

Por lo tanto, la tesis que mueve a La Dialéctica de la Ilustración es doble: ”el mito es ya Ilustración; la Ilustración recae en mitología”(56). Hay una relación dialéctica entre mito e Ilustración, son oponentes, pero a la vez, no lo son, es decir, la relación es dialéctica. El mito es falseamiento, pero a la vez explicación. “La falsa claridad es sólo otra expresión del mito. Éste ha sido siempre oscuro y evidente a la vez, y desde siempre se ha distinguido por su familiaridad y por eximirse del trabajo del concepto.”(54).

Klingsor se ubica en ese espacio que se debate entre la razón y el mito, entre el proyecto político y la destrucción, entre científico y criminal. Su carácter de mito lo encierra en la indeterminación de su identidad. Por esta razón el ser humano tras él no se puede develar, sino como una posibilidad. Lo que caracteriza al mito es su falta de claridad, su evasión al concepto, su mensaje cifrado. Esta es la naturaleza de Klingsor, un agente de poder que vigila desde las sombras, pero que a la vez tiene el poder para explicar la mecánica más sofisticada y compleja del mundo, y utilizarla como poderío. Sintetiza la inversión de la Ilustración en mitología, ya que de ser un científico notable, que maneja diversas esferas de las ciencias, pasa a convertirse en una imagen incierta, opresiva y oculta, y con poder. Para la Escuela de Frankfurt el mito es opresivo. “Como los mitos ponen ya por obra la Ilustración, así queda ésta atrapada en cada uno de sus pasos más hondamente en la mitología. Todo el material lo recibe de los mitos para destruirlo, pero en cuanto juez cae en el hechizo mítico.”(67). Otro punto de nexo con la figura de Klingsor es que la Ilustración es totalitaria, se relaciona con las cosas como el amo con el siervo, y a la vez se sustenta en el principio de identidad y la voluntad de sistema. Todo lo comprensible pasa a ser parte de ella, la diferencia queda excluida o viene a ser algo que queda bajo sospecha. “El mito se disuelve en Ilustración y la naturaleza en mera objetividad. Los hombres pagan el acrecentamiento de su poder con la alineación de aquello sobre lo cual lo ejercen. La Ilustración se relaciona con las cosas como el dictador con los hombres. Éste los conoce en la medida en que puede manipularlos. El hombre de las ciencias conoce las cosas en la medida en que puede hacerlas.”(64). Este proceso y voluntad de dominio conlleva a la reificación y al predominio de la racionalidad instrumental y el pensar tecnológico.

Este espíritu regresivo es apreciable en la actitud de los científicos alemanes ante sus experimentos atómicos, en los cuales depositan sus esperanzas de inmortalidad y poder de la misma manera que se hacía ante la experiencia mítica o religiosa.:

La actitud de los científicos alemanes es una paradójica inmersión en los infiernos o, en otro sentido, un regreso a los orígenes de la humanidad. Hace millones de años, en vez de detenerse a contemplar una explosión atómica, un ser humano se hubiese limitado a dibujar bisontes y serpientes en el techo de la caverna al tiempo que cuidaba de esa otra fuente de energía, el fuego, con el mismo celo y la misma reverencia con que ahora vigila los detalles del reactor. (Volpi, 393).

Heisenberg y sus asesores realizan una experiencia mítica de inmortalidad y poder en sus intentos de hacer funcionar el precario instrumento tecnológico del reactor. Toda la experiencia racionalista y científica se traduce en este rito mágico y fáustico. La irracionalidad de la razón se hace patente en los científicos alemanes ante la inevitable derrota y caída del Reich. No importan las consecuencias para la humanidad de estas fuerzas que se estarían liberando, se pierde el sentido del conocimiento y la razón en desmedro del dominio completo de las fuerzas de la naturaleza y el empleo de la irrefrenable energía que podría llegar incluso a destruir la tierra. “En el camino de la ciencia moderna los hombres renuncian al sentido”(Adorno, Horkheimer, 61). La imaginería mítica wagneriana, a la que pertenece el mito de Klingsor vuelve a emerger en forma de vaticinio funesto: “Un canto del cisne, un estertor antes de aceptar, sumisos, la muerte de nuestra civilización.”(Volpi, 394).

El último elemento de este análisis atañe a los componentes ideológicos de esta nueva sociedad capitalista industrial, y se relacionan principalmente con el estatuto de la racionalidad instrumental dentro de éstas. Esta ideología que ensalza la tecnología deriva del fuerte potencial económico que produjo en beneficio de la burguesía y a favor del capital. Es por esto que la tecnología benefició los mecanismos de dominio dentro de estas sociedades de capitalismo industrial avanzado que es característica de la Modernidad. La tecnología adquiere una importancia vital en la expansión del capitalismo, la explotación de las riquezas naturales y en el dominio político:

La unión feliz que tiene en mente entre el entendimiento humano y la naturaleza de las cosas es patriarcal: el intelecto que vence a la superstición debe dominar sobre la naturaleza desencantada. El saber, que es poder, no conoce límites, ni en la esclavización de las criaturas ni en la condescendencia para con los señores del mundo. Del mismo modo que se halla a disposición de los objetivos de la economía burguesa, en la fábrica, en el campo de batalla, así también está en la disposición de los emprendedores, sin distinción de origen. [...] La técnica es la esencia de tal saber. Éste no aspira a conceptos e imágenes, tampoco a la felicidad del conocimiento, sino al método, a la explotación del trabajo de los otros, al capital. (Adorno, Horkheimer, 60)

La ideología es un concepto muy empleado en las Ciencias Sociales, y ha tenido una gran cantidad de teorizaciones a través del tiempo. La ideología tiene un valor importante en la comprensión de las acciones de los individuos y los grupos en su desenvolvimiento social.

La definición de Ideología está emparentada con la concepción marxista de “falsa conciencia”, es decir, como encubridora de la realidad al distorsionar la visión de los procesos reales dentro de la sociedad y su ocultamiento, con el fin de obtener beneficios por parte de una clase o grupo social.

La ideología, entendida en su más amplio sentido, puede ser entendida de distintas maneras: puede ser entendida como una herramienta para la acción, y por consiguiente ligada la problemática de la capacidad para actuar sobre la realidad, en suma, el poder; como un tipo de pensamiento distorsionado o falso; o como un conjunto de opiniones, creencias, actitudes, visiones de mundo de un grupo o clase social. Los poseedores de los medios de producción, la burguesía se sirve de este tipo de racionalidad para mostrar los intereses particulares como generales, enmascarar una sociedad regida por la Razón, pero que en su totalidad es irracional.

 

Interpretación y conclusión

“También la señorita Callamand y el profesor Fontaine ahíncan las teorías de nombres y de fases, embalsaman las anguilas en una nomenclatura, una genética, un proceso neuroendocrino, del amarillo al plateado, de los estanques a los estatutos, y las estrellas huyen de los ojos de Jai Singh como las anguilas de las palabras de la ciencia.”
La prosa del observatorio.
       Julio Cortázar.

Bacon, símbolo de la nueva ciencia, de la nueva era para el ser humano bajo las luces del conocimiento y la ciencia, padre del conocimiento objetivista y que esgrime como única fuente y origen de éste a la experiencia, busca a un criminal que se nombra a través de un ser mítico-Klingsor, pero que a la vez tiene como atributo la razón científica, y simboliza la autodestrucción de la Modernidad, el retorno de la Ilustración al mito. Entonces, este detective-científico interroga acerca del crimen sobre el cual investiga, el que no es más que la utilización del conocimiento como poder, la ineludible identidad entre poder y saber que se produjo en la sociedad contemporánea, y que se tradujo en un irracionalismo que llevó a la humanidad a un nuevo tipo de barbarie. Esta barbarie se manifiesta principalmente en los horrores de la segunda guerra mundial y en los regímenes totalitarios, especialmente el fascismo. Tal es el crimen que representa Klingsor, la traición del proyecto de la modernidad y la renuncia a las capacidades de emancipación, libertad, crítica y construcción racional de una sociedad mejor; que derivó en la ausencia de sentido global en la utilización de la razón producto de una ideología capitalista, un positivismo desmembrador y fragmentario, y en la ascensión de la razón instrumental como principal agente de funcionamiento y como su faz hegemónica.

Como última parte de esta crítica de la racionalidad se ve en el despliegue de un modelo de relato vinculado con el género policial cuya principal característica es la búsqueda de la resolución de un crimen por medio de la razón, es decir es un género que es fiel representante de la modernidad y defensor de la búsqueda de la verdad; pero ésta en la novela es imposible de alcanzar, en todos los aspectos: las ciencias, las matemáticas y la física son incompletas, el principio de incertidumbre desterró las verdades claras y definitivas a las que la ciencia exacta había creído alcanzar. En la investigación policial tampoco es posible llegar a una verdad sobre la identidad de Klingsor, sólo caben suposiciones y posibilidades; los científicos, en sus experiencias de vida se ven perturbados por diversos elementos que están más allá de la razón (las mujeres, el sexo, el amor).

Así, quien acuñó la sentencia de “saber es poder” retorna en una alegoría mítica y de travesía a la búsqueda de aquellos principios que hacían digna y sublime la consecución del conocimiento, y esta búsqueda tiene por objetivo la interrogación acerca del por qué esos principios se degeneraron en la Modernidad, cómo se perdió la senda de la razón en su finalidad constructiva y emancipatoria de las supersticiones y del mito. El crimen es la utilización de ese conocimiento, reducido a racionalidad instrumental o técnica, provocando un poder que es capaz de una destrucción masiva y que perpetúa el dominio de las fuerzas opresoras de la sociedad, creando mecanismos cada vez más efectivos de dominio y derivando en un tipo de sociedad que brilla con las luces de la racionalidad y la efectividad, pero que en su totalidad es irracional; y no contribuye al bienestar del ser humano.

También es posible plantear a esta novela como una crítica de la sociedad capitalista, tal como lo hizo el género negro, pero lo hace de una forma muy distinta: lo hace a través de la alegoría filosófica, en el sentido de que los grandes temas del género se modifican, por lo que la sensación de inseguridad, decadencia, temor, que derivaban de la crítica del capitalismo de la novela negra se transforman en el texto de Volpi: el temor, es el temor atómico, el desenfrenado capitalismo trasunta en una ideología tecnológica, el criminal es un empleado del Estado y se posiciona en un marco institucional desde donde puede ejecutar su crimen.

 

Notas

[1] Crimen y verdad en la novela policial chilena actual. Universidad de Santiago de Chile, Santiago, 2003.

[2] La novela policíaca española: teoría e historia crítica. Anthropos. Madrid, 1994.

[3] La Novela Negra. Ediciones 2001, S.A, El viejo Topo. Barcelona, 2001.

 

Bibliografía

Adorno, A. Horkheimer, M. Dialéctica de la Ilustración. Trotta: Madrid, 1994.

Bajtin, M. Problemas de la poética de Dostoievski. Fondo de Cultura Económica: México, 1986.

Colmeiro, J. La novela policíaca española: teoría e historia crítica. Anthropos: Madrid, 1994.

Coma, J. La Novela Negra. Ediciones 2001, S.A, El viejo Topo: Barcelona, 2001.

Foucault, M. “Verdad y poder.” Estrategias de poder. Paidós: Barcelona, 1999.

...- “El sujeto y el poder”

Franken, C. Crimen y verdad en la novela policial chilena actual. Universidad de Santiago

de Chile: Santiago, 2003.

Gubert, R. La novela criminal. Tusquets: Barcelona, 1982.

Habermas, J. El discurso filosófico de la modernidad. Taurus: Barcelona, 1998.

...- Ciencia y técnica como ideología. Teknos: Madrid, 1984.

Horkheimer, M. “The Decay of reason.” A essential Frankfurt school reader. Ed. Arato, A. Urizen books: New York. 1978.

Marcuse, H. El hombre unidimensional. Seix Barral: Barcelona, 1970.

...- Ensayos sobre cultura y sociedad. Ariel: Barcelona, 1970.

Picó, J. (Ed.). Modernidad y Postmodernidad. Alianza: Madrid, 1988.

Piglia, R. El último lector. Anagrama. Barcelona, 2005.

...- Crítica y ficción. Seix Barral: Barcelona.1995.

Sepúlveda, M. “la narrativa policial como un género de la modernidad: la pista de Bolaño.” Territorios en fuga. Ed. Patricia Espinosa. Frasis: Santiago, 2003: 103, 115.

Volpi, J. En busca de Klingsor. Seix Barral: Barcelona, 2002.

 

© Fernando Morales Gamboa 2006

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero34/klvolpi.html