Lope de Vega, Góngora y Gilberto Owen

Francisco Javier Beltrán Cabrera y Cynthia Araceli Ramírez Peñaloza

Profesor investigador de tiempo completo             Profesora investigadora de tiempo completo
franjbec@hotmail.com           una2020@hotmail.com
Universidad Autónoma del Estado de México


 

   
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Resumen: Lope de Vega y Góngora —dos muy conocidas personalidades de la poesía barroca española— se revelan en este artículo como lecturas formativas de Gilberto Owen, poeta mexicano miembro de Contemporáneos.
Palabras clave: Gilberto Owen, Lope de Vega, Góngora, Contemporáneos.

Lope de Vega, Gongora and Gilberto Owen

Abstract: Lope de Vega and Gongora — two well known names in Baroque Spanish poetry — are revealed in this paper as formative lectures of Gilberto Owen, a Mexican poet member of Contemporaneos.
Keywords: Gilberto Owen, Lope de Vega, Gongora, Contemporaneos.

 

La generación de Contemporáneos —Jorge Cuesta, Xavier Villaurrutia, Gilberto Owen, Bernardo Ortiz de Montellano, José Gorostiza, Carlos Pellicer, Elías Nandino y Salvador Novo— es un grupo de poetas vanguardistas cuya innovadora contribución a la literatura y la cultura en general tiene alto reconocimiento por su rigor y universalismo.

A 102 años de su nacimiento, la obra del poeta mexicano Gilberto Owen ha venido revalorándose y reconociéndose como una de las escrituras más vigorosas de la primera mitad del siglo pasado. Sin embargo, entre los Contemporáneos, Owen es, probablemente, el menos leído y el menos apreciado; en buena parte por los años que estuvo fuera de México —en los que escribió lo más importante de su obra, como Desvelo, Línea y Perseo vencido—, época durante la cual dividió su vida entre el periodismo y la diplomacia.

Otro aspecto que atrasó la valoración de este autor fue la dificultad de acceder a su obra, dispersa antes de la aparición de Poesía y prosa, edición preparada por Josefina Procopio y revisada por el propio Owen, quien murió un año antes de la publicación del volumen por la Imprenta Universitaria de la Universidad Nacional Autónoma de México, en 1953. A partir de esta primera compilación de la poesía y prosa de Gilberto Owen, el Fondo de Cultura Económica (México) publicó sus Obras en 1979, con una reimpresión en 1996. Esta edición estuvo a cargo de Josefina Procopio, Miguel Capistrán, Luis Mario Schneider, Inés Arredondo y Alí Chumacero, quienes incluyeron cartas, ensayos y poemas que no se habían obtenido para la edición de 1953, entre ellos el que es objeto de este artículo.

“Motivos de Lope de Vega” es un ensayo escrito con prosa metafórica que revela la escritura ya madura de Gilberto Owen, quien estaba por cumplir 31 años cuando este texto fue publicado por primera vez. Ante esto, y ante el punto de vista juguetón de su autor, el lector no deja de reconocer la belleza del ensayo, la peculiaridad de un estilo único, propio de un escritor que, en lugar de exponer conceptos, se expresa en imágenes.

“Motivos de Lope de Vega” fue dado a conocer en México por Luis Mario Schneider en El Sol de México en la Cultura, Suplemento Cultural núm. 197, fechado en la ciudad de México, DF, el 9 de julio de 1978. Sin embargo, fue publicado por primera vez en una página de El Tiempo de Bogotá, Colombia, el 16 de marzo de 1935. El título de dicha página es Suma de ocios, firmada por Gilberto Owen e integrada por dos textos diferentes: “Nota al título” y el ensayo ya referido: “Motivos de Lope de Vega”.[1]

La “Nota al título” es una exposición de los ocios, gustos y alusiones que retratan al poeta rosarino, quien además promete otras páginas futuras dedicadas a presentar sus comentarios, apuntes o notas sobre los temas que trate, con la intención de dejarlos como propuestas para que los críticos las retomen. Como mucha de la escritura oweniana, este ensayo es un autorretrato, juego que se sugiere desde el inicio, con la alusión a Rembrandt. El pintor holandés es la pista indicadora de que Owen hablará de sí mismo; por lo que el presente artículo es una invitación a leer el ensayo “Motivos de Lope” como el repaso de algunos momentos de su trayectoria literaria: el reconocimiento de haberse iniciado con Góngora, de quien aprende la importancia de la forma y el hermetismo de la escritura —en este primer momento—, así como la libertad, añorada entonces sin saberlo, pero aprendida más tarde, en otros mundos y en otros autores, principalmente Marinello y —desde luego— Lope de Vega, otro monstruo de la poesía barroca española. Agréguese a estos dos puntos el tono irónico y severo —admirado en Quevedo— con el que Owen se refiere a sí mismo.

El ensayo está dividido en tres partes: “Prisión del orden”, “Catálogo de diatribas” y “Rompí mis cadenas”. De acuerdo con la versión periodística publicada en 1935, la disertación sobre Lope de Vega comienza con “Prisión del orden”, donde de entrada anuncia: “Salí de Góngora como de una cárcel —siguiendo a Marinello—, ‘con el juramento de vivir en libertad’” (Owen 1979: 200). Esta cárcel, que geográficamente es Toluca y literariamente Góngora, ya había sido descrita en la nota autobiográfica publicada en 1933: “Hice versos gongorinos y salté a México” (Owen 1979: 197), en la que Owen se refiere a sus primeros versos, de los cuales agrega en tono autocrítico: “Yo nací huyendo del Chocano a voz en cuello, de nuestro paupérrimo y ensordecedor romanticismo americano, de la baratija de nuestro folklore, empapado éste de las dos cosas que más repugnaban con mi espíritu: las lágrimas y la sangre” (Owen 1979: 201).[2]

Su visión autocrítica le permite retratarse como un aprendiz de brujo que se divide entre la iniciación —la prisión gongorina— y la libertad, menos formal y más conceptual, aprendida en Lope.

En “Motivos de Lope de Vega” se lee: “Encadenado al cielo, a aquel orden especial” (Owen 1979: 201), juicio sutil, fino y elegante a la vez sobre la poesía y sus formas, que además es una expresión de la necesidad de abandonar “aquel orden especial”; el mundo gongorino al que ya nos referimos. Pero es también un verso. En las Tres versiones superfluas, concretamente al inicio del “Discurso del paralítico”, encontramos: “Encadenado al cielo, en paz y orden” (Owen 1979: 89). No parece que exista alguna relación temática entre los dos textos, sin embargo la coincidencia sugiere la idea de que Owen tenía muy presente, en su memoria, su propia poesía; versos que reiteraba por su sonoridad o su belleza formal hasta darles la perfección deseada.[3] De manera similar, la cita al comienzo de este párrafo evidencia que Owen trabajaba ya en 1935 el verso que habrá de ser fechado en Bogotá en 1942 y publicado en Lima en 1948 como parte del Perseo vencido.

“Catálogo de diatribas”, el segundo segmento del ensayo, es un recorrido por los primeros contactos de Owen con Lope. Es su primera mirada al vasto mundo literario producido por Lope y su contraste con los pocos títulos escritos por Owen. Así, Lope es un “latifundio sin mojones” (Owen 1979: 202) que Owen mira desde su prisión a través de unos cristales, ve lo vasto a través de los cristales del mundo reducido y limitado que es su cárcel, sus límites en cuanto a conocimiento del ejercicio literario y cantidad de obra producida. Un provincianismo frente a lo universal de la obra de Lope: “Allá iba Lope, pidiendo que le ensillaran su ‘potro rucio’, y desde mi ventana se le volvía ‘asno rucio’ sin remedio” (Owen 1979: 202).

La metáfora de la ventana que Owen usa para referirse la prisión en la que se encontraba cuando supo de Lope viene acompañada de otros términos que la completan: clausura, “desde mi clausura”; cristales y postigo, “los cristales de mi postigo”. Ese lugar suyo, pequeño y encerrado —al que habría de renunciar para adherirse al universalismo que pregonaron los Contemporáneos—, limitado a lo que alcanza a ver por la ventana, reducido todavía más a lo poco y mal que puede percibir por los cristales del postigo —forma de referirse a lo insuficiente de su aprehensión de Lope, aunque adivinaba su grandeza; de ahí que cite versos lopescos indicando su buen uso del ritmo de la lengua española—, ese lugar suyo, decíamos, es una metáfora de su formación literaria en el Instituto Científico y Literario (icl): “Lo cómico de aquel maestro mío de Literatura en el Instituto de Toluca, sordo y zurdo, contribuía a ello, cuando quería infundirme un amor a Lope que él mismo no sentía” (Owen 1979: 202).[4]

Owen reconoce que en el icl se formó en la práctica de versos gongorinos, en este caso bajo la supervisión de Felipe Villarello, figura destacada en la enseñanza literaria de la referida institución. Owen era consciente de que estos primeros ejercicios líricos se desarrollaron a la sombra de quien conoció y ejerció la preceptiva literaria al modo aristotélico, el mismo profesor que en su momento reprochara el “latín de cocina” con que escribía el incipiente poeta: “Yo no soy capaz de escribir así, porque una vez nos peleamos don Felipe N. Villarello, mi profesor de retórica y poética, y yo. Se atrevió a decirme que mis versos en latín estaban bien, pero que era ‘un latín de cocina’” (Owen 1979: 292). Por las expresiones hacia sus maestros de literatura, hacia el mundo romántico de la poesía de esos años en Toluca, y por la opinión de la poesía de quien fuera su mejor maestro —Felipe Villarello, cuyo esfuerzo literario estaba cargado del folklore, la sangre y el romanticismo americano que más claramente Owen rechazará con el tiempo— deducimos el distanciamiento que Owen se imponía respecto a la poesía de aquellos años. Sin dejar de ser romántico —por los motivos literarios y porque era la visión poética dominante—, Owen introduce un elemento que va a desarrollar desde sus primeros versos y que pulirá durante el trayecto de su poesía: la ironía, el juego, el escarnio sutil que le permite una distancia crítica, al menos, sin menospreciar los elementos propios del romanticismo de su época; si no era posible evadirlos, queda el recurso de divertirse con ellos puliendo las imágenes con una mirada nueva, moderna, crítica.

Ésa fue su cárcel mientras escribía en Toluca, lo cual explica por qué la segunda parte del ensayo sobre Lope se intitula “Catálogo de diatribas”, pues constituye una serie de denuestos en respuesta a diversas experiencias vividas en el icl. Esta segunda parte, además, está nutrida de enigmas, juegos fónicos y asociaciones entre el listado de obras escritas por Lope de Vega y la lectura-enseñanza que Owen desprende de cada una de ellas. En lugar de describir el contenido de las obras o versos que menciona —la forma simple—, juega con las referencias:

El santoral de sus comedias nos olía a posible chamusquina de la Inquisición, leyéndolo profesión de fe mahometana (“celebren chusmas moras nuestros cantos de cigarras”), y veíamos cómo en aquel mundo se iban a las manos Lot y Lamec por la paternidad de Ylec, y les echábamos encima a Joab, Jafet, Jacob y el rey Acab. (Owen 1979: 203)

En esta temprana etapa de acercamiento a Lope, Owen no puede dejar de tomar la perspectiva gongorina. Los personajes referidos en la cita anterior como pobladores del mundo de Lope de Vega se encuentran en dos poemas: el soneto 200 del madrileño y el poema en que Góngora le contesta. Que el rosarino asume el bando del cordobés no sólo se aprecia en el detalle ortográfico para el nombre de Ylec, sino también en la inconformidad de incluir en la misma estrofa a dicho personaje, Lamec y Lot —estos dos últimos bisabuelo y bisnieto, respectivamente—, asociación castigada mediante cuatro destacados luchadores bíblicos. Este comentario de Owen resume la discusión entablada entre los dos grandes poetas barrocos, según puede apreciarse de la comparación de los referidos poemas, primero el de Lope, seguido del de Góngora:

ALFA ET OMEGA JEHOVÁ
SONETO 200
      A LOPE DE VEGA

Siempre te canten, santo Sabaot,
tus ángeles, gran Dios, divino Hilec;
mi vida excede ya la de Lamec,
huir deseo como el justo Lot.
Cayó en viéndote el ídolo Behemot,
sacerdote mayor Melchisedeq;
no ha tocado a mi alma Abimelec,
ni Jezabel la viña de Nabot.
Profetas falsos dan la muerte a Acab,
David desea ya el agua de Bet,
por la paciencia con que espera Job.
Cruel está con Absalón Joab,
salga del arca a ver el sol Jafet,
y el cielo de la escala de Jacob.

Embutiste, Lopillo, a Sabaot
en un mismo soneto con Ylec,
y echándosele a cuestas a Lamec,
le diste un muy mal rato al justo Lot.
Sacrificaste al ídolo Behemot,
que matan mal coplón Melquisedec,
y traiga para el fuego a Abimelec,
sarmientos de la viña de Nabot.
Guárdate de las lanzas de Joab,
de tablazos del arca de Jafet,
y leños de la escala de Jacob,
no te [entro]m[et]as con el rey Acab,
ni en lugar de Bethlén me digas Bet,
que con tus versos cansas aun a Job.
Y este soneto a buenas manos va:
¡ay del Alfa, y Omega, y Jehová!

Como puede apreciarse, Owen no sólo se divierte con el sentido, también juega con las palabras y sus sonidos: “pelo de esta Marta es”, aparente absurdo hasta que se lee a manera de palindroma silábico: “esta Marta es de Lope”.

Lope de Vega es grande a los ojos de Owen, quien —aunque busque igualarlo— sólo puede reconocer esta grandeza a través de términos que lo invoquen: “Insolente poeta tagarote” (Owen 1979: 203); de ahí el reclamo a su viejo profesor.

“Rompí mis cadenas”, título de la última parte del ensayo, es la metáfora más común para referirse a la libertad, a la libertad personal y a la de su escritura como una sucesión de decisiones que son a la vez metas y puntos de partida —“la libertad es una sucesión de cárceles” (Owen 1979: 204)— o bien, en términos que atribuye a Gide: “Cada libertad es provisional y no consiste sino en elegir la propia esclavitud o al menos la propia devoción” (Owen 1979: 204).

Pero esto que parece un concepto adquiere expresión y vigencia en cada uno de nuestros actos y los actos de todos. Al tratarse de una sucesión de decisiones, la libertad se expresa en un mundo que resulta infinito, inacabable, pero que concentra todo, como el aleph de Borges: el único lugar del universo donde se aglutinan todos los tiempos y todos los espacios. Ese espacio borgiano múltiple que todo lo contiene también existe en Owen. Pero el poeta rosarino lo precisa en su ensayo refiriéndose a la libertad, ésta, en su ejercicio, se da en orden —primero un mundo y luego otro—, es la forma en que transitamos en el infinito mientras elegimos entre “el huerto o la celda” (Owen 1979: 204). Podemos hasta aquí entender la libertad y cómo ésta ayuda a medir o concebir el universo cual infinito, como si el tamaño del universo sólo pudiera conocerse a través de todas las decisiones de todos los hombres de todos los tiempos. Eso es la historia y así es el mundo, pero Owen agrega que así es también la poesía. Mundo, poesía y libertad son el centro de sus reflexiones: la poesía es “todos los órdenes y todo uno y lo mismo” (Owen 1979: 204).

Esta reflexión tiene un año preciso: “Fue hacia 1927, cuando se acercaba el centenario de mi cárcel y pretendía un regreso a ella, hijo pródigo siempre fracasado, que me encontré con Lope y me detuve a descansar, afuera, en lo que tanto había condenado desde adentro” (Owen 1979: 204).[5] Esta cita contiene una fecha, un evento y una situación: el reencuentro con Lope y la reflexión. Es característica de Owen —tanto en verso como en prosa— la acumulación de datos en muy poco espacio, y, además, insinuados; aquí se refiere a un hecho que efectivamente sucedió en 1927. El Instituto Científico y Literario fue fundado en 1827 en Tlalpan; durante el año al que Owen alude se celebró el centenario de su creación. Pero además del contexto de fiesta que se vivía en la capital del estado, Owen informa también de sus pretensiones de regresar a Toluca, un año antes de que su vida se orientara hacia Sudamérica,[6] lo cual nos revela una doble situación: el deseo de ir de un lugar a otro —que fue característico en su vida— y, lo curioso, que Owen pensaba regresar a Toluca. La simple consideración del regreso a la provinciana capital sorprende, porque predomina la idea de que Owen logró la satisfacción de llegar a la ciudad de México, de la misma manera que lo hizo cada vez que llegaba a un nuevo domicilio, siempre a la aventura y al goce que le proporcionó el viaje, como tema y como forma de vida.[7]

Después de salir de Toluca, Owen mantuvo vínculos con el viejo icl. Así lo prueba el hecho de que en 1927 fuera comisionado por José de J. Núñez Domínguez y Rafael Heliodoro Valle para ser el contacto entre el icl y la comisión que festejaría el Centenario del nacimiento del poeta Salvador Díaz Mirón.[8] Tal es el marco desde el cual Owen inicia su reflexión sobre Lope de Vega, el Fénix de los Ingenios; el propio poeta rosarino construye la imagen que nos lo presenta mirando el icl desde afuera, valorando —cuatro años después de su salida de Toluca— lo que había sucedido durante su paso por las aulas del Instituto.

Como ha podido apreciarse, “Motivos de Lope de Vega” es un bien logrado ensayo donde se concentran situaciones individuales, reflexiones sobre varios temas —la libertad, la personal trayectoria literaria, el quehacer del escritor, el propio quehacer oweniano, la poesía y el mundo, el Instituto Científico y Literario, Lope de Vega y Góngora— que se ha querido destacar.

Debemos recordar que la estética propuesta por Lope de Vega se distanciaba de la gongorina en la preferencia por la libertad de la forma en oposición a la predilección por la forma, propia del barroquismo de Góngora. En la relación que hay entre la forma y el contenido —cuando hablamos de arte en general y de literatura en particular—, Lope se inclinaba por el contenido. Atendía más al concepto que al afán de envolver o de convertir aquello de lo que se habla como si fuera una adivinanza. Owen retoma de Lope esta idea y la sintetiza en el concepto de libertad que ya expusimos.

También hay otra similitud con Lope que Owen reconoce. Lope de Vega asumió la literatura como su propia vida y un canal de expresión de los motivos o situaciones vividas. Los críticos de la obra de Lope reconocen en ésta al Lope de carne y hueso, es decir, al literato que concentra su propia biografía o incorpora a su poesía lo vivido, así como aquello que le pareció relevante de las tradiciones y leyendas del pueblo español, esto último más claramente expuesto en el teatro que Lope escribió. También se reitera la relación que hay entre mundo y poesía como una relación inseparable, más claramente expresada en Owen y en Lope a partir de su propia biografía.

Muy a su pesar, entre el dilema de Lope o Góngora, Owen explica su ejercicio literario reconociendo que —aun en su similitud con Lope—, en su seguimiento a este escritor, él no ha dejado de asimilar y de ejercer la propuesta literaria de Góngora, proponiéndonos así los dos ejes de la poesía oweniana: la libertad formal de Lope y los giros expresivos herméticos de Góngora. Vean si no:

Existía aún, para conturbarme y abismarme, lo desmesurado, lo infinito de la parcela del Fénix. Todavía viejo prejuicio gongorino, lo que mi vista y mi razón no sujetaban me irritaba. Yo quería mis dioses comprendidos, y quería poder echármelos a la espalda cuando ardiera Troya, y acariciarlos en la noche, cuando perdidas las llamas del incendio sólo pudiera verlos con cada poro de mis dedos y de mi deseo. (Owen 1979: 204)

Por más que busquemos y encontremos el concepto (Lope) no dejamos de admirar y gustar de la forma en que está escrito (Góngora). Así todo el ensayo, y por eso su belleza. Owen predica con el ejemplo: para hablar de su escritura no tiene otra manera de hacerlo más que escribiendo; y si va a hablar de literatura, la mejor manera es haciéndola. Por eso la coherencia del ensayo y su bien lograda estética. Por eso es redondo: si bien se identifica con Lope, termina reconociéndose en Góngora, porque la poesía, como la vida, son todos uno y a la vez lo mismo.

 

Bibliografía

Beltrán Cabrera, Francisco Javier (1996a), “...a la luz del Nevado de Toluca. Los años de Gilberto Owen en el icl”, La Colmena, núm. 10, pp. 6-10.

——— (1996b), “Gilberto Owen, datos para una biografía”, Castálida, núm. 7, pp. 72-76.

——— (1998), Poesía, tiempo y sacralidad: La poesía de Gilberto Owen, Toluca, uaem.

Beltrán Cabrera, Francisco Javier y Cynthia Ramírez (2003), “Algunas andanzas de Owen en el icla”, La Colmena (artículo en dossier), núm. 37, enero-marzo.

——— (eds.) (2005), Gilberto Owen Estrada: cien años de poesía, Toluca, uaem.

Owen, Gilberto (1933) “Nota autobiográfica”, especial para Lecturas Dominicales, 22 de enero.

——— (1935), “Motivos de Lope de Vega”, El Tiempo, Bogotá, Colombia, 16 de marzo.

——— (1978), “Motivos de Lope de Vega”, El Sol de México en la Cultura, Suplemento Cultural núm. 197, ciudad de México, 9 de julio.

——— (1953), Poesía y prosa, ed. de Josefina Procopio, pról. de Alí Chumacero, México, Imprenta Universitaria.

——— (1957), Primeros versos, Toluca, Gobierno del Estado de México.

——— (1979), Obras, ed. de Josefina Procopio, pról. de Alí Chumacero, recopilación de textos de Josefina Procopio, Miguel Capistrán, Luis Mario Schneider e Inés Arredondo, México, Fondo de Cultura Económica, 1ª reimpresión, 1996, Letras Mexicanas.

Villarello, Felipe (1998), Obra poética, Toluca, México, Gobierno del Estado de México.

 

Notas

[1] Cabe insistir en que la edición de 1935 presenta Suma de ocios como sección; es a este título al que corresponde la “Nota al título”, según lo indican la disposición y tipografía de esa página. En la publicación de 1978 desaparece el título Suma de ocios, además de que hay cambios en la disposición y tipografía; mas aún se reconoce la “Nota al título” como independiente de las secciones “Prisión del orden”, “Catálogo de diatribas” y “Rompí mis cadenas”. La transición es mayor en 1979, pues en esa versión del Fondo de Cultura Económica el ensayo se publica con el título Motivos de Lope de Vega y el subtítulo “Suma de ocios” dividido en cuatro partes: “Nota al título”, “Prisión del orden”, “Catálogo de diatribas” y “Rompí mis cadenas”. Puesto que ésta es la única divergencia considerable, y dada la dificultad de consultar los originales periodísticos, remitimos a la edición de 1979 siempre que se cita el ensayo; aunque para la preparación de este artículo se tuvieron presentes las tres, además de que se consideró que la estructuración original es la que presenta la versión periodística de 1935.

[2] Su mejor demostración sobre lo que huía son los Primeros versos (1957), que en la versión del Fondo de Cultura Económica se incluyeron, junto con la “Canción del alfarero”, bajo el apartado de Primeros poemas. Además, Owen nos regaló, en versos y en prosa, con algunas otras señales sobre su estancia en Toluca.

[3] Luis Alberto Sánchez narra la anécdota de cuando Owen, bajo la lluvia, recita el verso como habría de quedar en Sindbad: “Ya no va a dolerme el mar / porque conocí la fuente” (Owen 1979: 75).

[4] Owen se inscribió en el icl en 1919; uno de sus profesores de literatura fue Heriberto Enríquez, a quien en el ensayo acusa directamente de la reducción con la que veía a Lope de Vega. Aunque la situación sea general en la enseñanza de la literatura, Owen la particulariza a lo sucedido en las aulas del icl.

[5] Esa cárcel es el Instituto Científico del Estado de México, cuyo inicio fue aprobado en Tlalpan —entonces capital del estado, actualmente delegación del Distrito Federal— en 1827. En el ejercicio de su libertad individual, Owen salió de Toluca —agosto de 1923— para inscribirse en las aulas de la Nacional Preparatoria, mientras se desempeñaba en las oficinas de la Secretaría de la Presidencia de la República del entonces presidente Álvaro Obregón.

[6] El 7 de julio de 1928 inicia su carrera diplomática como escribiente de primera en el Consulado de Nueva York.

[7] Guillermo Owen, hijo del poeta, ha comentado -comunicación personal- que su padre recordaba Toluca con especial afecto. Tal información coincide con la referida indicación de interés por volver a dicha ciudad.

[8] Hay oficio dirigido al entonces director del icl, Enrique Carniado, designándolo para organizar el Subcomité para el homenaje a Salvador Díaz Mirón, “asociándose con el señor Gilberto Owen y con el director del periódico que se publique en esa ciudad”; el oficio tiene fecha del 4 de febrero de 1927 y lo firman José de J. Núñez Domínguez, en calidad de Presidente del Comité Directivo organizador, y Rafael Heliodoro Valle, en calidad de Secretario del mismo.

 

© Francisco Javier Beltrán Cabrera y Cynthia Araceli Ramírez Peñaloza 2006

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero34/lopeowen.html