McOndo y el espejo trizado:
la diseminada modernidad latinoamericana

Alexis Candia

Pontificia Universidad Católica de Chile


 

   
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Resumen: En el artículo se realiza un análisis alegórico y tropológico - argumentativo de América Latina: Cultura y modernidad y Un espejo trizado. Ensayos sobre cultura y políticas culturales de José Joaquín Brunner. Para esto, estudio los textos sobre la base de las alegorías de McOndo y del Espejo trizado, que, en mi opinión, articulan el pensamiento del sociólogo chileno y, además, interpreto sus posturas a la luz de los postulados de Hayden White. Concluyo consignando que América Latina: Cultura y modernidad y Un espejo trizado. Ensayos sobre cultura y políticas culturales ponen en evidencia la hibridez de la cultura latinoamericana y el carácter fragmentario de la identidad nacional chilena.
Palabras Claves: José Joaquín Brunner, modernidad, cultura latinoamericana, identidad chilena.

McONDO Y EL ESPEJO TRIZADO: THE DISSEMINATED LATIN-AMERICAN MODERNITY

Abstract: An allegoric and tropologic - argumentative analysis of América Latina: Cultura y modernidad and Un espejo trizado. Ensayos sobre cultura y políticas culturales of José Joaquín Brunner is made in this article. For this I form, study the texts on the base of the allegories of McOndo and of the mirror torn, that, in my opinion, they articulate the thought of the chilean sociologist and, besides, I interpret their positions in light of them postulates of Hayden White. I end up by stating that América Latina: Cultura y modernidad and Un espejo trizado. Ensayos sobre cultura y políticas culturales put in evidence the hybridize of the Latin-American culture and the fragmentary character of the chilean national identity.
Key words: José Joaquín Brunner, modernity, latin-american culture, chilean identity.

 

América Latina: Cultura y modernidad y Un espejo trizado. Ensayos sobre cultura y políticas culturales de José Joaquín Brunner están compuestos por un conjunto de ensayos articulados sobre dos alegorías [1] que me parecen claves para comprender el pensamiento del sociólogo chileno: la alegoría de McOndo y la del Espejo trizado. Mientras la primera apunta a simbolizar el espacio híbrido en que descansa la cultura latinoamericana, la segunda intenta revelar el carácter fragmentario de la sociedad chilena.

De esta forma, sobre la base de ambas alegorías intentaré explicar el complejo entramado sociocultural latinoamericano y chileno tal como lo interpreta Brunner, exponiéndolos, claro está, con relación a conceptos tales como la modernidad/ postmodernidad y las nociones de identidad nacional y subalternidad. Por último, trataré la estructura general de los ensayos de Brunner sobre la base del análisis tropológico que según Hayden White en Metahistoria. La imaginación histórica de la Europa del siglo XIX [2], articula la trama, la argumentación y las implicaciones ideológicas del discurso.

 

McOndo

La alegoría de McOndo [3] constituye un símbolo del problemático estado de la cultura y la sociedad en Latinoamérica, el que está sacudido por una serie de procesos híbridos y contradictorios que, en buena medida, evidencian la modernización tardía del continente. Antes de profundizar el desarrollo de esta alegoría, sin embargo, resulta clave conocer el significado de Macondo para José Joaquín Brunner y su relación con el McOndo de Alberto Fuguet que, en mi opinión, constituye una espléndida exégesis cultural del continente.

Para Brunner, el Macondo de Gabriel García Márquez representa, en primer término, el intento por explicar América Latina mediante los relatos que nos contamos para determinar nuestra identidad y, desde luego, en la creencia de que esas narraciones son constitutivas de la realidad latinoamericana. Asimismo, Brunner considera el predominio tradicional de la naturaleza sobre la cultura, lo que tiene que ver con la presencia de ciertos mitos donde la naturaleza transforma a la cultura, “en tanto que ésta se ve completada y vivificada por los movimientos de una naturaleza que actúa a través de signos y portentos” (Brunner, América Latina 52). José Joaquín Brunner sostiene, además, que Macondo es la metáfora de lo misterioso o mágico real de América Latina, cuyas ondas mágicamente expansivas cubren: “el conjunto de la realidad actual de nuestras sociedades, confundiendo en un solo y único proceso los desajustes de esa realidad con verdaderos portentos originados por esa esencia inalcanzable e innombrable de América” (Brunner, América Latina 53). Por último, Macondo es la clave para designar todo aquello que no entendemos o nos sorprende por su novedad.

Macondo viene a conformarse como el intento de convertir a América Latina en la tierra prometida, el paraíso perdido con el que, por lo demás, fue asociado por los primeros conquistadores europeos en los siglos XV y XVI, que da cabida a los sueños y las utopías. Brunner desestima, sin embargo, esa mirada del continente. Principalmente, porque Brunner considera que la región es más bien: “una especie de signo múltiple y adaptable a las contorsiones y fracturas de la conciencia colectiva de nuestras sociedades conmovidas por su acceso a la modernidad” (Brunner, América Latina 56). En esa línea, adquiere relevancia el McOndo de Alberto Fuguet, el que subraya las múltiples fracturas y la hibridez del continente:

Nuestro McOndo es tan latinoamericano y mágico (exótico) como el Macondo real (que, a todo esto, no es real sino virtual). Nuestro país McOndo es más grande, sobre poblado y lleno de contaminación, con autopistas, metro, tv-cable y barriadas. En McOndo hay McDonal’s, computadores Mac y condominios, amén de hoteles cinco estrellas construidos con dinero lavado y mall gigantescos. (Fuguet 12)

Bajo esta perspectiva, la alegoría de McOndo sintetiza la visión sobre América Latina de José Joaquín Brunner. Más aún al considerar que el sociólogo chileno destaca, también, el verdadero pastiche que constituye el continente, en el que conviven en un mismo espacio cultural “la pobreza que se adiestra en escuelas vespertinas, lejos del salón intelectual […] La lenta degradación de las culturas autóctonas de base étnica, infiltradas por el germen letal del mercado y la radiodifusión […] El melodrama televisivo donde somos invitados a reconocernos” (Brunner, América Latina 72).

Precisamente, esa distorsionada y caótica mezcla de signos culturales es la que lleva a José Joaquín Brunner a rechazar la posibilidad de hablar de posmodernidad en América Latina. Aunque el centro de Occidente - Europa y Estados Unidos - debata sobre si es o no posmoderno, Latinoamérica está lejos de esa discusión y aún debe determinar si sus sociedades son, en efecto, modernas.

Lo anterior responde, en gran medida, a que los procesos históricos, económicos y culturales que experimenta América Latina y Europa-Estados Unidos para acceder a la modernidad son diametralmente distintos. En el mundo desarrollado es el resultado, según Habermas, de la evolución gradual de la serie de principios - individualismo, derecho de crítica, autonomía de la acción y la filosofía idealista - consolidados sucesivamente por la Reforma, la Ilustración y la Revolución Francesa. Este proyecto modernizador será ejecutado, paso a paso, por las potencias del norte. La configuración moderna de Latinoamérica, en cambio, no sólo es reciente - se remonta a 1950 -, sino que resulta de la conformación de un escenario barroco o no moderno que la hizo posible. En ese sentido, están las profundas transformaciones en los modos de producir, transmitir y consumir la cultura, que tienen que ver con la mayor escolarización, la formación de una cultura de consumidores, la irrupción de la televisión y el desarrollo urbano. En suma, no resulta de una modernización exitosa, ni mucho menos de un discurso de la modernidad. Todo lo que implica para Brunner, en definitiva, la ausencia de un principio ordenador del continente:

Las culturas de América Latina, en su desarrollo contemporáneo, no expresan un orden - ni de nación, ni de clase, ni religioso, ni estatal, ni de carisma, ni tradicional, ni de ningún tipo - sino que reflejan en su organización los procesos contradictorios y heterogéneos de conformación de una modernidad tardía, construida en condiciones de acelerada internacionalización de los mercados simbólicos en un nivel mundial. (Brunner, América Latina 38)

De esta forma, la modernidad de la cultura latinoamericana - la suma de sus culturas - adquiere una serie de rasgos propios del continente. McOndo es, en esa línea, una representación del alma del continente, lo que, para Brunner, es: “una especie de signo múltiple y adaptable a las contorsiones y fracturas de la conciencia colectiva de nuestras sociedades conmovidas por su acceso a la modernidad” (Brunner, América Latina 56).

Roberto Hozven sostiene, en ese sentido, que la modernidad latinoamericana - en la perspectiva de Brunner - adopta una serie de formas culturales exasperadas, es decir, híbridas. Así, por su carácter periférico se asemeja a un pastiche, que mezcla “luces del norte con Ethos de la hacienda, el computador con el analfabetismo funcional [...] la filosofía exitista norteamericana con la imaginería del huacharaje” (Hozven 148). Asimismo, Hozven cree que la modernidad no puede dar cuenta de su heterogeneidad ni de su carácter periférico, es decir, “no comunica sus lógicas descentradas con sus praxis sociales dislocadas” (Hozven 148). Para Hozven la heterogeneidad cultural establecida por Brunner pasa, en primer término, “por la participación segmentada de la sociedad latinoamericana en el mercado internacional de bienes y de símbolos y, por otra, por la apropiación diferencial de esta heterogeneidad de acuerdo a códigos locales de recepción” (Hozven 148). De esta forma, las imágenes de la modernidad, exógenas e internacionales se tornan obsoletas antes de que alcancemos a encontrar entre nosotros sus efectos materiales o simbólicos.

Así, estamos ante una serie de culturas tardíamente modernas, que proporcionan la mezcla de todas las experiencias constitutivas de la modernidad, compuesta por múltiples significados que no dejan de generar disonancias y que, a la postre, conducen a la conformación de ciudades de signos disímiles a lo largo del continente, o más bien, un McOndo que mezcla tecnología de punta con calles polvorientas y mal iluminadas.

 

Un espejo trizado

Homi Bhabha considera que la nación resulta de la tensión entre una zona de poder y un área liminal o subalterna. La primera propugna un discurso monológico frente al discurso heteroglósico defendido por la segunda. De esta forma, la nación: “representa el borde entre los poderes totalizantes de lo ‘social’ como comunidad homogénea y consensual, y las fuerzas que significan la interpelación más específica a intereses e identidades contenciosos y desiguales dentro de la población” (Bhabha 182).

Precisamente, la zona liminal es la que tenderá a diseminar los lemas y paradigmas impuestos por la elite regional, vale decir, los discursos, los mitos, los héroes y los monumentos que, en múltiples sentidos, conforman la identidad nacional y que la subalternidad intenta convertir en “un espacio de significante liminar que está internamente marcado por los discursos de minorías, las historias heterogéneas de pueblos rivales, autoridades antagónicas y tensas localizaciones de la diferencia cultural” (Bhabha 184). Así, para Bhabha la metáfora de la nación de ‘muchos como uno’ sería remplazada por aquella que establece el ‘menos que uno’: “En la metáfora de la comunidad nacional como el ‘muchos como uno’, el uno es ahora tanto la tendencia a totalizar lo social en un tiempo vacío homogéneo, como la repetición de ese minus en el origen, el menos-que-uno que interviene con una temporalidad metonímica iterativa” (Bhabha 191).

Bhabha resulta clave para este apartado debido a que José Joaquín Brunner conforma su visión sobre Chile desde un territorio teórico coincidente con el autor indio. No sólo porque Un espejo trizado. Ensayos sobre cultura y políticas culturales - texto principal de este capítulo - está escrito desde la subalternidad [4], sino porque, lejos de toda perspectiva homogeneizante, Chile aparece como un país fragmentado, escindido y dañado. De ahí la alegoría del espejo trizado que no hace sino representar las múltiples fracturas de una sociedad que proyecta diversas imágenes dependientes del trozo de cristal que es observado.

José Joaquín Brunner construye su teoría del espejo trizado sobre la base del estadio del espejo del desarrollo infantil, vale decir, la fase que representa el acceso a una imagen de sí mismo que opera como una identificación. Jacques Lacan sostiene que el estadio del espejo consiste en un acto en que la imagen especula es asumida a pesar de que lo es desde la impotencia motriz y la dependencia de la lactancia, precisamente porque manifiesta: “en una situación ejemplar, la matriz simbólica en la que el yo formal se precipita en una forma primordial, antes de objetivarse en la dialéctica de la identificación con el otro y antes que el lenguaje le restituya en lo universal de su función de sujeto” (Brunner, América Latina 15).

Brunner cree que los pueblos - al igual que los infantes de los que habla Lacan - se miran también en la imagen que les devuelve el espejo de sus culturas, reflejos distorsionados, en todo caso, por la influencia de los ídolos de Francis Bacon [5], que son las tendencias del intelecto humano que dan lugar a los errores y a los prejuicios, y que ocultan, por tanto, el verdadero saber.

Así, la matriz simbólica que nos permite mirar y comprender está regida por relaciones de poder sujetas a luchas de interpretaciones y, desde luego, a sus consecuencias inevitables:

Por eso mismo decimos que el espejo está irremediablemente trizado por las innumerables formas y infinitos contenidos que pugnan por expresarse en la cultura y por los modos como la sociedad se ha adueñado de nuestro entendimiento sin llegar a suprimir, a pesar de ello, en lo universal, nuestra función de sujetos. (Brunner, América Latina 16)

Precisamente, esa disputa que surge en la matriz de reflexión de la cultura provoca, según Brunner, que las identidades nacionales sean resquebrajadas: “en el caso de los pueblos, su comprensión histórica y por ende su identidad no le son ofrecidas sino de manera incompleta, como ideologías quebradas, yuxtapuestas, entrecortadas, deshilachadas, en la imagen del espejo trizado de su propia y presente cultura” (Brunner, América Latina 16). De ahí que Chile pueda ser representado por la alegoría del espejo trizado.

Bajo esa perspectiva, Brunner asume las múltiples tensiones que emergen en el territorio nacional y establece, en primer lugar, que: “Chile no tiene una sola identidad. No hay algo así como un ‘ser nacional’, una imagen arquetípica de ‘lo chileno’, una figura de lo nacional” (Brunner, América Latina 59). A partir de ese punto, desarticula todos los paradigmas nacionales impuestos por el Estado para encarnar la nación.

En esta línea, Brunner ataca en primer lugar el concepto de patria - principal elemento aglutinador de la sociedad -, a la que, en el mejor de los casos, le atribuye un valor instrumental: “De hecho, la retórica patriótica es entre nosotros mal vista y peor recibida. La escuchamos con escepticismo, nos suena hueca” (Brunner, Un espejo trizado 59).

Luego, Brunner resta toda validez a la naturaleza como elemento representativo de la identidad nacional, que además constituye uno de los elementos representativos del ser latinoamericano: “Como país no nos determina tampoco la naturaleza. Es falso que seamos una isla, un fin de mundo, una nación reconstruida cien veces sobre las ruinas de los terremotos” (Brunner, Un espejo trizado 59). Para Brunner, a la postre, no se trata más que de una serie de lugares comunes dentro de los cuales ciertos actores sociales - pertenecientes a las zonas de poder - han intentado inscribir ciertos rasgos del carácter nacional.

José Joaquín Brunner desbarata, por último, la influencia de la historia sobre la identidad nacional. En este punto, Brunner evoca más que nunca las directrices de Bhabha en términos de que, en su percepción, nuestra historia no tiene cabida para aglutinar la nación porque “cada día más rescatamos de entre las sombras de la no-historia a nuevos actores y situaciones: la mujer, los oprimidos, los pobladores, las matanzas obreras, el consumo popular, la escuela, la parroquia rural” (Brunner, Un espejo trizado 60). Asimismo, porque para Brunner la historia mirada retrospectivamente, vale decir, con relación al tiempo arcaico: “se nos presenta como una coartada de los victoriosos, como el premio de los fuertes, como un relato del poder, en fin, cualquiera que sea la forma que éste adopte” (Brunner, Un espejo trizado 60). Lo anterior, Brunner lo sostiene también en América Latina: Cultura y modernidad: “la idea perdida de América Latina no estaría fragmentada en el presente […] sino hacia atrás” (Brunner, América Latina 58).

Una vez realizada la operación deconstructiva de la nación - que no es más que una conformación cultural - José Joaquín Brunner termina por quebrar la frágil fortaleza identitaria nacional y, por ende, triza nuestro espejo:

Nuestra identidad ‘chilena’ está hecha, en realidad de mitos y fragmentos ideológicos, de deseos frustrados y ruinas inconscientes, de retóricas entreveradas que nos construyen una ‘memoria’ y denuncian ‘olvidos’ o ‘represiones’ que se cuelan por entremedio de la malla de las palabras y los símbolos […] Más que una identidad nacional existe entre nosotros una cultura de la pluralidad de identidades. Más que una nación somos un territorio de imágenes nacionales contrapuestas, una idealización de nuestros proyectos, una competencia de utopías. (Brunner, Un espejo trizado 61)

Para Brunner, Chile es, entonces, nada más que un espejo rasgado con escasos o aun nulos puntos en común. Bajo ese prisma, no se pueden pasar por alto los significativos versos que, a ese efecto, escribió Nicanor Parra en su poema Chile:

Da risa ver a los campesinos de Santiago de Chile/ con el ceño fruncido […] preocupados-lívidos-muertos de susto/ por razones de orden político/ por razones de orden sexual/ por razones de orden religioso/ dando por descontada la existencia/ de la ciudad y de sus habitantes:/ aunque está demostrado que los habitantes aún no han nacido/ ni nacerán antes de sucumbir/ y Santiago de Chile es un desierto/ Creemos ser país/ y la verdad es que somos apenas paisaje. (Parra 164)

José Joaquín Brunner concuerda, a todas luces, con la tesis parriana:

“País del ‘chiste’ donde el sexo se cuela siempre entre dichos gruesos y a hurtadillas, evocado más que practicado, culpable y carente de sensualidad. Importancia, en general, de la especulación: financiera, amorosa, sexual, política ética, deportiva, bélica. De allí el valor de los triunfos morales y el miedo al ridículo, a quedar mal parado, a carecer del chiste oportuno para aparentar que uno es capaz de reírse de sí mismo. Agresividad hipócrita, donde se sueña con arrancar al vecino lo que se pueda sin ser visto; y donde a falta de acción se termina hurtándole el status mediante el comentario derogatorio. (Brunner, Un espejo trizado 62)

José Joaquín Brunner construye, en definitiva, un discurso heteroglósico, que intenta contrarrestar la hegemonía cultural e ideológica impuesta por el régimen militar. Ahora bien, la alegoría del espejo trizado que simboliza a Chile pudo convertirse en el signo del espejo roto bajo el gobierno de Augusto Pinochet. No sólo porque la triple estrategia de disciplinamiento social - represión, mercado y televisión - barrió, en buena medida, con la memoria del pasado político del país [6]. Principalmente, porque el proyecto de refundación, que instauró con fuerza un nuevo orden hegemónico tensionó en extremo la cultura, entendida por Brunner no sólo como: “un universo de sentidos que no se comunica ni existe independientemente de su modo de producción, de circulación y de recepción” (Brunner, América Latina 42), sino también - acogiendo la reflexión de Marcuse - como: “un proceso de humanización, esfuerzo colectivo por proteger la vida humana, apaciguar la lucha por la existencia manteniéndola dentro de los límites gobernables” (Brunner, Un espejo trizado 85). Evidentemente, en un país sin sólidos vínculos patrióticos, naturales e históricos los ataques a la memoria y la cultura resquebrajaban aún más las hendiduras en la identidad nacional.

 

Arquitectura McOndiana

José Joaquín Brunner construye sus textos sobre la base de una argumentación contextualista, vale decir, sobre un tipo de discurso en que, según White “los acontecimientos pueden ser explicados colocándolos en el ‘contexto’ de su ocurrencia. Por qué ocurrieron como lo hicieron se explicará por la revelación de las relaciones específicas que tenían con otros sucesos que ocurrían en su espacio histórico circundante” (White 28). Para White, el contextualismo actúa a través de la coligación, operación en que: “el objeto de explicación es identificar los ‘hilos’ que ligan al individuo o a la institución estudiados con su especioso ‘presente’ sociocultural” (White 28-29).

Brunner conecta, en ese sentido, realidades diversas a través de los hilos que evidencian la compleja condición de la cultura y la sociedad en América Latina. Para eso, aborda la tardía modernización del continente con relación al carácter que adquiere éste proceso en un espacio mayor: Occidente. José Joaquín Brunner devela el tardío y desordenado proyecto modernizador americano respecto del estructurado y progresivo desarrollo que éste experimenta en Europa y Estados Unidos, lo que, en gran medida, puede explicar el verdadero pastiche cultural que constituye Latinoamérica.

Las fracturas identitarias chilenas están, por otra parte, situadas en estrecha conexión con los múltiples mitos levantados a lo largo de la historia de Chile y, en especial, con el discurso monológico impulsado por la dictadura militar. Como expusimos en un apartado anterior, el discurso monológico viene a acrecentar las tensiones entre la zona de poder - representada por el propio régimen - y el área liminal compuesta por sus opositores. Así, la DisemiNación [7] está situada con relación al contexto político, social e histórico de Chile.

Ahora bien, América Latina: Cultura y modernidad y Un espejo trizado. Ensayos sobre cultura y políticas culturales están tramadas como una sátira, esto es:

Un drama de desgarramiento, un drama dominado por el temor de que finalmente el hombre sea el prisionero del mundo antes que su amo, y por el reconocimiento de que, en último análisis, la conciencia y la voluntad humanas son siempre inadecuadas para la tarea de derrotar definitivamente a la fuerza oscura de la muerte, que es el enemigo irreconciliable del hombre. (White 28)

Latinoamérica y Chile son, por cierto, los protagonistas de un drama de desgarramiento, presente en la obra del escritor nacional. Latinoamérica porque ha experimentado una modernización tardía que no sólo ha provocado distorsiones culturales en la región, sino que ha privado a una parte sustantiva del continente de los beneficios del proyecto modernizador. Chile porque es un país fragmentado, fracturado y fundado sobre una serie de mitos que hacen que el país carezca, en buena medida, de una identidad nacional.

Ante ese contexto, tanto Latinoamérica como Chile parecen más como prisioneros del mundo que sus amos. Para Brunner, América Latina está en medio de una encrucijada política, económica y cultural, marcada por las múltiples desigualdades continentales que van desde la convivencia de la exuberancia de la naturaleza y la riqueza de ciertas comunidades hasta el hambre más extrema. Por otra parte, Chile aparece como un espejo trizado compuesto por una pluralidad de identidades incapaces de conformar un ser nacional. Brunner advierte que ésta no se trata más que de una construcción cultural útil al grupo dominante.

Creo que la implicación ideológica de José Joaquín Brunner es radical, lo que tiene que ver con la necesidad de realizar transformaciones tendientes a reconstruir la sociedad sobre nuevas bases. Pese a que en “La ciudad de los signos” no resulta del todo clara la posición de Brunner a ese efecto, Un espejo trizado. Ensayos sobre cultura y políticas culturales evidencia la necesidad de cambios sustantivos en el aparato social, político y económico de Chile. Ciertamente, Brunner está pensando - tal como menciona en reiteradas veces en el texto - en la recuperación de la democracia.

Por último, resulta clave establecer que Brunner emplea, en definitiva, la metonimia, esto es, el tropo que según White permite: “distinguir entre dos fenómenos y reducir uno a la condición de manifestación del otro. Esta reducción puede adoptar la forma de una relación agente-acto […] o de una causa-efecto” (White 44). En este sentido, la relación modernización-América Latina y Chile-deconstrucción identitaria constituirían metonimias agente-acto.

 

Conclusión

América Latina: Cultura y modernidad y Un espejo trizado. Ensayos sobre cultura y políticas culturales tienen como ejes centrales las alegorías de McOndo y del espejo trizado. Mientras la primera simboliza la híbrida, compleja e irregular modernidad que se ha asentado en el continente desde 1950; la segunda representa la fragmentaria identidad de Chile.

Ambas alegorías resultan interesantes en la medida que es posible conectarlas con los signos empleados por otros ensayistas nacionales que, al igual que José Joaquín Brunner, dan forma al infortunio y a la adversidad que parece sellar el destino de la estrella solitaria. Así, Joaquín Edwards Bello pone su atención en la escisión Santiago/ Valparaíso, que representan el atraso y el desarrollo del país a inicios del siglo XX, respectivamente y, en especial, en el invunchismo [8] mítico, vale decir, en la: “enorme capacidad para demoler los hechos verídicos y cubrir el lugar con una patina de leyenda, de magia, de ultratumba” (Edwards Bello 15). Los mitos o las mentiras que emergen en las ciudades realizan una actividad similar al invunche, debido a que deforman y, en algunos casos, destruyen los eventos reales del acontecer social. Esto acaba alterando, en definitiva, la identidad del colectivo.

Benjamín Subercaseaux considera a Chile, por su parte, como una nación escindida geográfica e históricamente. Mientras la separación geográfica radica en la división entre un norte pujante y fuerte y un sur deficiente y alicaído; el corte histórico pasa por la construcción del mestizaje nacional sobre el abismo de 12 mil años de cultura aborigen ignorados por los conquistadores:

Es precisamente el contrapeso psicológico de las dos mitades, unido a los factores secundarios y regionales, los que determinan el chileno, ese ser extraordinario que finge olvidar su propio “yo”, simulando cualquier otro cuando lo acosa la mirada de su propia ironía o el temor desmedido al “que dirán” de los demás (Subercaseaux 87).

El drama de desgarramiento nacional se manifiesta, también, en el Santiago-Cloaca de Luis Oyarsún, en la perdida de los valores tradicionales latinoamericanos - barroco y el catolicismo - de Pedro Morandé y, además, en la conformación cultural sobre el mestizaje y, especialmente, en el huacharaje en Sonia Montecinos. Asimismo, es dable considerar el país imaginario del que nos habla Jorge Edwards, aquel que intenta definirse por: “un iceberg, un grano de uva, un filón de cobre, algo terrible. Quizás porque dudamos, en el fondo de nuestro inconsciente, de nuestra realidad […] Nuestra realidad, quizás, es la aspiración a ser, el deseo, la imaginación” (Edwards 166).

Cabe destacar, por último, los violentos cambios que experimenta el rostro de Chile desde el gobierno de Salvador Allende según Marco Antonio de la Parra. Para eso, el siquiatra y escritor se vale de una serie de imágenes que simbolizan las seis etapas de la evolución histórica y social del país. Así, el carnaval que supone el primer año de la administración socialista, época marcada por el entusiasmo, la alegría y la abundancia, da paso al caos, la miseria y las carencias anunciadas por la carcajada de la calavera, esto es, el resto del gobierno de Allende. Luego, De la Parra identifica la irrupción militar como una violenta hospitalización que modifica de manera radical la fisonomía de Chile. A este período, le sigue el antimiss, metáfora tomada de las trágicas lesiones que sufre Carmen Gloria Quintana, para simbolizar la represión de la dictadura militar. Posteriormente, viene el cordero consumista que viene a simbolizar la revolución silenciosa y los profundos cambios económicos del Chile de los años 80 y 90 que, por cierto, terminan con el predominio del edificio de la Telefónica sobre la Plaza Italia, lo que pone de manifiesto la preeminencia de las decisiones internacionales sobre el país: la Globalización. Lo anterior llevará a De la Parra a concluir que: “Somos un invento” (De la Parra 23).

Bajo ese prisma, es posible apreciar como en cada una de las visiones entregadas por los diversos ensayistas nacionales emerge de manera inexorable el trágico peso de la noche, entendido no sólo en términos de Alfredo Jocelyn-Holt como: “la sumisión social de las clases populares bajo el orden señorial y jerárquico que preside y gobierna el poder” (Jocelyn-Holt 27) - elemento indiscutible en la evolución histórica de Chile - sino como el símbolo de la silenciosa pero implacable tragedia que se cierne sobre Chile desde hace muchos años.

BIBLIOGRAFÍA

Bhabha, H. K. (2002). El lugar de la cultura. Buenos Aires: Manantial.

Brunner, J. J. (1992). América Latina: Cultura y modernidad. Argentina: Grijalbo.

Brunner, J. J. (1988). Un espejo trizado. Ensayos sobre cultura y políticas culturales. Chile: Flacso.

Cassigoli, A. &. Villagrán C., (1982). La ideología en los textos, vol. I. México: Marcha Editores, 1982.

Edwards Bello, J. (1973). Mitópolis. Santiago: Editorial Nascimento.

Edwards, J. (1992). El whisky de los poetas. Santiago: Editorial Universitaria.

De la Parra, M. A. (1997). La mala memoria. Historia personal de Chile contemporáneo. Santiago: Planeta.

Fuguet, A. & Gómez, S. (1996). Presentación del País McOndo. En McOndo, Barcelona: Editorial Grijalbo-Mondadori.

Hozven, R., (2001). Alegorías identitarias en cuatro ensayos chilenos. Anales de la literatura chilena, 2, 207- 219.

Hozven, R. (2004). Hacia la modernidad según José Joaquín Brunner: de Edipo a Sísifo. Anales de la literatura chilena, 5, 147- 172.

Jocelyn-Holt, A. (1997). El peso de la noche. Nuestra frágil fortaleza histórica. Argentina: Espasa Calpe/ Ariel.

Parra, N. (2003). Poemas para combatir la calvicie. Santiago: Fondo de Cultura Económica.

Subercaseaux, B. (1994). Chile o una loca geografía. Santiago: Editorial Universitaria.

White, H. (1973). Metahistoria. La imaginación histórica de la Europa del siglo XIX. México: F.C.E.

 

NOTAS

[1] Considero el concepto de alegoría sobre la base de los planteamientos de Roberto Hozven, vale decir, como: “las historias, relatos, ficciones y diversas construcciones narrativas que, de una u otra manera, representan creencias, imaginarios culturales correspondientes a comunidades étnicas, regionales o nacionales. Estas construcciones imaginarias se sirven de eventos, reflexiones, pasajes o personajes emblemáticos para plasmar mitos fundadores de la nación en diversos niveles: geográficos, históricos, sociales, políticos o poéticos” (Hozven 208).

[2] El análisis narrativo de Hayden White se propone alcanzar dos objetivos, en primer lugar, desarrollar una “historia de la conciencia histórica en la Europa del siglo XIX” (White 13). Además, pretende establecer los elementos específicamente poéticos de los que se sirve el discurso historiográfico y filosófico de la historia. White postula que los elementos poéticos del discurso histórico, como los de cualquier otro tipo de discurso narrativo, forman parte de una dimensión estructural profunda, de naturaleza poética, que opera como paradigma de formas, como un saber precríticamente aceptado de prefiguraciones discursivas en la conciencia narrativa de cada autor. Este saber poético profundo funciona en cuatro niveles interrelacionados: modo de tramar, modo de argumentación, modo de implicación ideológica y el nivel trópico o de figuras literarias.

[3] El neologismo McOndo fue utilizado por Alberto Fuguet en “Presentación del Planeta McOndo” para referirse al espacio literario de la nueva camada de escritores latinoamericanos que rechaza el exotismo literario de Gabriel García Márquez.

[4] Cabe recordar que José Joaquín Brunner fue opositor al régimen militar y que, en consecuencia, el sociólogo chileno estaba en las zonas de exclusión de la época. Asimismo, que el texto fue publicado durante la dictadura, esto es, en 1988.

[5] Para Bacon existen cuatro tipos de ídolos. Los ídolos de la tribu se expresan en la tendencia intelectual a considerar que las cosas existen en un grado de orden y de igualdad mayor del que en realidad se encuentran. Surgen de la propia vida emocional humana, con la consiguiente falta de objetividad en el momento de valorar los argumentos a favor o en contra de un principio. Estos ídolos conducen, finalmente, a la falsedad porque se apoyan en los datos engañosos que proporcionan los sentidos.

     Los ídolos de la caverna proceden de las características de cada individuo: de sus gustos, de su educación, de sus ocupaciones, entre otros. Emergen de la subjetividad y velan la auténtica naturaleza de la verdad.

     Los ídolos del mercado se originan por el contacto entre los hombres y derivan casi siempre del lenguaje. Causan un auténtico reino de la confusión, pues llegan a utilizar conceptos ilusorios para cosas inexistentes.

     Los ídolos del teatro son, por último, los que se derivan de las falsas teorías, que han engañado a los hombres a la manera como los actores engañan a su público en el teatro.

[6] Para Brunner, la sociedad chilena hasta el golpe de estado de 1973 estuvo fundada sobre principios completamente distintos a los que impulsó la revolución silenciosa de Augusto Pinochet. Así, la función que desempeñan la represión, el mercado y la televisión durante el régimen autoritario, fue realizada por las leyes, la escuela y la familia durante el período democrático. De esta forma, nos encontramos con dos modos diametralmente opuestos de construir la realidad.

[7] Bhabha entiende por DisemiNación el proceso de doble-lectura de sentido, pueblo, fronteras culturales y tradiciones históricas mediante el que: “la alteridad radical de la cultura nacional creará formas nuevas de vivir y escribir” (Bhabha 203).

[8] Para Joaquín Edwards Bello el invunche consiste en: “robar niños hermosos y bien conformados para desfigurarlos monstruosamente mediante operaciones inimaginables […] hasta convertirlos en repelentes engendros” (Edwards Bello 39).

 

Iván Alexis Candia Cáceres, Periodista y Magíster en Literatura de la Universidad de Playa Ancha. También, se ha desempeñado como Research Associated del Department of Spanish and Portuguese de la University of California, Irvine. Su trabajo de investigación está abocado a estudiar la narrativa latinoamericana contemporánea. Actualmente, desarrolla en su tesis doctoral en Literatura por la Pontificia Universidad Católica de Chile una investigación sobre la relación del mal y la magia - sexo, épica, juego y bruma dionisíaca - en las novelas de Roberto Bolaño.

 

© Alexis Candia 2006

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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