La Weltliteratur de Goethe:
Una reflexión sobre Literatura Comparada

Damián Leandro Sarro

Facultad de Humanidades y Artes
Universidad Nacional de Rosario - Argentina
d_sarro@hotmail.com


 

   
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Interludio:

“Cada vez veo mejor que la poesía es patrimonio común de la Humanidad, y que dondequiera y en todas las épocas se manifiesta en cientos y cientos de personas (...)
   Pero el señor de Matthinsson no debe pensar que sea un don particular suyo, ni yo que lo sea mío, sino que debe decirse que el don poético es cosa tan rara, y que nadie tiene motivos de enorgullecerse por haber hecho un buen poema. Pero si nosotros los alemanes no extendemos la mirada fuera del círculo angosto de nuestro propio medio, podemos fácilmente caer en esa pedantesca vanidad.
   Hoy la literatura nacional no quiere decir gran cosa; se acerca la época de la literatura universal, y todos debemos contribuir a apresurar su advenimiento”.[1]

“Los iniciadores visibles del movimiento de rebeldía contra el clasicismo -neoclasicismo para ser más exactos- de la literatura fueron alemanes, las normas dominantes se habían ‘petrificado’ anquilosando la literatura, haciéndola esclava de un preceptismo que esterilizaba los esfuerzos del ingenio (...) la necesidad de romper ‘los viejos moldes’ (...) se les hizo perentoria a los intelectuales germanos...” [2].

 

En la actualidad, y dentro de los ámbitos académicos, hablar sobre la Weltliteratur, más aun de sus orígenes, y de su ubicación socio-histórica, entre otras temáticas, no es una novedad. No obstante nos parece pertinente focalizar ciertos rasgos constitutivos que predominan en su irrupción histórica.

En la época contemporánea a Goethe se verifica un arraigado etnocentrismo que imperaba como actitud cultural y social, dentro de una sociedad cerrada y conservadora, no dispuesta a acatar nuevos postulados «progresistas», ya que esta postura innovadora en la idiosincrasia a la sazón -entendida como una valoración del consenso social- colocaba en graves peligros de persuasiva discusión los mismos cimientos donde se sustentaba el conservadorismo etnocéntrico.

Para ampliar en este aspecto, es ineludible aseverar que lo propio de una sociedad etnocentrista es atribuirse un lugar central en relación con otros grupos sociales, con otras etnias, y que en este proceso se efectúa una revalorización hiperbólica de sus realizaciones culturales, políticas y sociales, como así también de sus particularismos históricos; y es en su proyección hacia otros grupos, donde se desarrolla y se afianza su modo de pensar y su cosmovisión “en-grupo” y donde “su base de referencia es la etnia” [3]. En definitiva, la tendencia etnocentrista de una sociedad es la valorización y defensa de su “centrismo cultural” [4]. En este lineamiento es muy ilustrativo citar a Herder cuando declara que “el prejuicio (…) impulsa a los pueblos hacia su centro, los fortalece en su tronco, los hace más florecientes en su idiosincrasia, más apasionados y por lo tanto más felices en sus tendencias y fines” [5].

Profundizando las afirmaciones de Goethe [6] podemos percibir que en ellas se cruzan sistemáticamente diversos postulados para aprehender lo cultural (europeo) en contraposición a otras latitudes geográficas desconocidas, exóticas a la sazón; tenemos ya un germen comparatístico, que en palabras de Fritz Strich (1933) se afirma cuando dice que la Weltliteratur goetheana es “el espacio espiritual, en el que los pueblos, con la voz de sus poetas y escritores, ya no se hablan a sí mismos y de sí mismos, sino entre sí; [como] una conversación entre las naciones, una participación espiritual entre sí, un dar y recibir recíprocos de bienes espirituales, una promoción y complemento mutuos en las cosas del espíritu” [7]. Está latente ese impulso por explorar nuevos horizontes, tanto geográficos como culturales, una reflexión para transgredir lo propio (establecido como norma), de debilitar las fronteras que circunscribían rígidamente aquellas características vernáculas propias de una nación, revalorizadas por los condimentos de un eurocentrismo afirmado desde las élites del Estado; hay en la mente de Goethe un impulso por fomentar un dialogismo «inter-cultural», «inter-nacional» que devino en un auténtico «inter-cambio» de idiosincrasias heterogéneas, provocando con ello un abanico de «miradas epistémicas».

En el campo léxico, la Weltliteratur o «literatura mundial» adquiere tres acepciones dispares, a saber:

— En primer lugar, está dado por los catálogos de muchas historias de la literatura, a manera de manuales de literatura, se presenta un intento teórico de descripción desde una base global, que en la mayoría de los casos termina siendo una base europea y occidental, soslayándola con secciones parciales de diversas literaturas, o bien detallando movimientos, tendencias estilísticas o estratificaciones cronológicas,

— Por otro lado, este concepto se utiliza al referirse a las obras canónicas, académicamente aceptadas como «clásicos de la literatura», aquellos libros mundialmente reconocidos y tratados en los claustros universitarios,

— Por último, y en su acepción primitiva, se toma a la Weltliteratur como el procedimiento para aprehender otras tradiciones literarias y culturales distintas a la propia, o sea la posibilidad de apertura a otras obras de lejanos países, con otros sistemas lingüísticos, “al intercambio entre las diversas literaturas que correrían parejo y completarían el tráfico y los trueques comerciales” [8]

Continuando con el término Weltliteratur propiamente dicho, deducimos un sistema simbólico donde se desenvuelven tres ejes temáticos que configuran aquel ámbito desde donde el mismo término emerge, pensamos entonces en nociones como «Cultura Nacional» en conjunción con el de «Identidad Nacional» y «Literatura Nacional», concibiendo a estos tres conceptos como ingredientes constitutivos, es decir, como sus posibles ramificaciones analíticas.

Si bien muchos teóricos han acordado que la Comparatística se apoya en gran parte en ámbitos como «lo-nacional» y «lo-no-nacional», para así vincularlas a otras áreas subyacentes [9], podemos afirmar que en este terreno estamos trabajando desde una perspectiva de binomios en oposición recíproca; se nos presenta un horizonte problemático donde sus componentes no son definidos per se, sino en oposición, en su sentido negativo.

En la naturaleza inherente (simbólica) del término hallamos la raíz de su significación, que la definimos como un «juego de tensiones» que interactúa constantemente con sus componentes fundacionales [10]. Es a partir de la conjunción entre sus tres ejes constitutivos (en su misma interacción) que podemos considerar al término Weltliteratur desde dos perspectivas de interpretación, que operan de la siguiente manera, a saber:

— Weltliteratur como arjé [11]: herramienta interdisciplinaria para el abordaje de los estudios culturales y literarios; es decir que lo aprehendemos como punto de partida teórico desde la centralidad del canon literario hacia las partes periféricas del mismo, lindando con lo-de-afuera, lo exótico, lo que manifiesta la idoneidad en su «juego de tensiones»; con ello tenemos los estudios de Comparatística y análisis literarios entre distintas tradiciones académicas, y que se circunscriben dentro de patrones similares en el ámbito cultural e históricos, y asimismo comparten pautas en común dentro de su formación cultural y espiritual [12]. Por otro lado y siguiendo esta orientación, el término denuncia la autoridad que encierra el canon literario como factor hegemónico en el desempeño de los estudios culturales y estéticos, otorgando un arbitrario sello de validez académica para tomar y descartar pautas literarias, considerando parámetros desiguales, marginales y hasta «étnicos» a la hora de confeccionar el abanico de una posible «alta literatura» o «literatura académica o culta» frente a la «baja literatura, o literatura popular»; pensemos entonces en las minorías étnicas o confesionales propias del Viejo Continente, omitidas a la hora del reparto en el catálogo de la historia de la literatura europea, como así también las literaturas emergentes de género, feminismos, etc. Esta problemática conforma una de las importantes tensiones del «juego» en la significación del canon literario.

— Weltliteratur como télos [13]: desde esta perspectiva abordamos al concepto percibiendo la ansiedad de ampliar los horizontes culturales para el desenvolvimiento literario, extender las fronteras lingüísticas y culturales tal como lo había propuesto Goethe; esta finalidad en los estudios comparados podría tomarse como el “impulso para expandir el horizonte de los estudios literarios [que] puede haber derivado de un deseo de demostrar la unidad esencial de la cultura europea ante su reciente y violenta disrupción” [14].

Digamos que en la interacción entre ambas perspectivas, desde las cuales se puede percibir a la Weltliteratur, hallamos fundada su «estructuralidad», donde sus «fronteras o límites» encierran lazos arraigados en la tradición cultural de donde emerge y con fuertes postulados políticos y académicos. Permítasenos aclarar que hemos partido de un término prestado para exponer nuestro detalle metodológico a la hora de aprehender el concepto de Goethe, confeccionando un “bricoleur” [15] con la Weltliteratur..

Expuesta la «estructuralidad» que se desprende la Weltliteratur, podemos aún adentrarnos en ella, refiriéndonos a lo que nosotros consideramos con sus componentes relacionales, a la vez fundacionales de la misma. Por lo tanto permítasenos abrir el abanico simbólico que hemos descrito de la Weltliteratur.

Es viable suponer que siempre que analicemos culturalmente a un pueblo, a un «volk» y especialmente a su aspecto literario, estemos obligado a hacer lo mismo con la identidad que ese pueblo se concibe para sí mismo y para los (sus) otros; o sea que nos resulta imposible desprender sistemáticamente ambos términos en un tratamiento aislado. Siguiendo nuestros lineamientos, la Weltliteratur se presenta como el “lugar antropológico” [16] que se ramifica en tres rasgos descriptivos para los ejes temáticos que hemos planteado, a saber:

— El rasgo “identificatorio”, puesto que nacer es nacer en un lugar, lugar constitutivo de la identidad individual, la adscripción a una cultura determinada como resultado de la impregnación del telurismo hacia la masa poblacional,

— El rasgo “relacional”, pues se comparte con otros la inscripción en el suelo, es en el mismo ámbito vernáculo donde operan redes simbólicas que se entrecruzan conformando la idiosincrasia del pueblo,

— El rasgo “histórico”, ya que constituyendo una estructura consolidada, con una mínima estabilidad, sus integrantes reconocen allí señales propias, sus caracteres identificatorios, que aparecen como bandera de exhibición y exportación frente a otros pueblos.

Es en estas tres características que se refleja el concepto de «Identidad Nacional». Estos aspectos se definen constantemente por la antinomia «lugar» y «no-lugar», “si el lugar puede definirse como lugar de identidad, relacional e histórico, un espacio que no puede definirse en tales sentidos definirá un no-lugar” [17].

Asimismo, y en mutua correlación, tenemos el factor de expresión estilística, el de la «Literatura Nacional», que continuando con nuestra perspectiva antropológica, constituye el otro centro problemático de la Weltliteratur, más aun si de todos los abordajes posibles que podemos efectuar sobre estas definiciones, asimos la que establece a la cultura, y a su vez a las expresiones estéticas y literarias de un pueblo como los vehículos de adaptación y asimilación de la formas colectivas a las condiciones ambientales y sociales, como así también a las circunstancias históricas propias de una nación determinada; los factores culturales responden a ciertos valores y normas establecidas, y que actúan como ejes direccionales, entendiendo que “toda cultura influye sobre la concepción del mundo de quienes viven según sus reglas y a la vez la refleja” [18].

Por esto la Weltliteratur llegará a ser un tema central en el debate de las literaturas comparadas, más aun en los años cincuenta de la posguerra, donde circulaban las discusiones sobre el canon literario occidental, y su validez frente a la emergencia de autores nacionales no adscriptos a la tradición literaria europea.

No obstante nos parece adecuado exponer otros juicios teóricos para enriquecer nuestro desarrollo, como por ejemplo citar a Manfred Schmeling que resume las críticas de las últimas décadas sobre el concepto alemán diciendo que es: “impreciso, históricamente obsoleto, apenas apto para la teoría. Además, siendo un legado de la tradición del pensamiento alemán, es expresión de un perspectivismo ‘euro-’, cuando no ‘germanocéntrico’, ya que no satisface [para analizar] los múltiples fenómenos literarios existentes, ni el carácter extranjero de culturas lejanas” [19].

Una vez analizado el término Weltliteratur y sus abanicos conceptuales, y para ir adentrándonos en la Literatura Comparada como campo de estudio, permítasenos citar a manera de ejemplos dos obras clásicas que representan -a nuestro parecer- dos paradigmas «proto-comparatísticos», y aunque se distancien geográfica y temporalmente, constituyen junto a Goethe tres miradas o perspectivas sobre el campo de la comparación.

En primer lugar, si tomamos el tratado «Sobre lo Sublime» [20] observamos una clara técnica de comparación, que se concreta entre dos clásicos oradores helénicos, Hipérides y Demóstenes; se los presenta con un detallado registro de sus cualidades como oradores, situándose el autor en el registro de uno de los dos, se preocupa por hacernos notar los méritos como hombre de retórica. Apelando al recurso disyuntivo, que a su vez le otorga una función copulativa, presenta al otro disertador, en este caso Demóstenes, y se desarrolla una serie de adjetivaciones que adornan las descripciones efectuadas. Presenciamos así una remota aunque efectiva estrategia comparatística, en el cual se expone lo que podríamos denominar una «disyuntiva copulativa», o sea que se realiza el acto de comparación por medio de un exclusivo binomio opositivo, que luego de contraponer diferencias y elogios, un polo de este binomio termina por ser consagrado, lo cual nos permite suponer que el efecto comparatístico funciona como apoyatura para anunciar el mérito de uno de los integrantes de la dicotomía, y el otro sólo actúa como oposición negativa: el elemento consagrado del binomio «es» lo que el otro elemento no ha llegado a ser, a constituirse, aunque es importante considerar que existe una especie de dependencia entre ambos polos para que la comparación funcione como tal.

En segundo lugar, el otro ejemplo respecto a nuestro rastreo diacrónico sobre la Comparatística, se encuentra en el clásico «Manifiesto del Partido Comunista» [21], donde Marx y Engels anuncian una especie de «globalización» de los medios de producción, tanto económicos como culturales; y si recordamos la cita de Goethe con la que comenzamos nuestra exposición, se repite aquí la idea de «universalidad» -a nuestro parecer- que ambos denuncian desde sus ideologías respectivas; como símil se lee en el Manifiesto “la producción intelectual de una nación se convierte en patrimonio común de todas. La estrechez y el exclusivismo nacionales resultan de día en día más imposibles”, y más aun, acercándose a la Weltliteratur, el marxismo exclama que “de las numerosas literaturas nacionales y locales se forma una literatura universal”. Se produciría así una homogeneización cultural producida por la salvaje irrupción de los mecanismos burgueses, que en su desarrollo en el mundo capitalista del siglo XIX “obliga a todas las naciones (…) a adoptar el modo burgués de producción (…) se forja un mundo a su imagen y semejanza”.

Así hemos presentado dos posibles variantes en el campo de la comparación, que desde distintos contextos históricos y socio-políticos, forman una alternativa «genealógica» en los estudios comparados, y sin caer en un análisis filológico, permiten concebir desde diferentes posturas, las raíces propias de la Comparatística. Puede incluirse en esta mismo rastreo genealógico los estudios de “anatomie comparée”, de Cuvier (1800) [22].

Por otro lado, si nos acercamos a la historiografía del Comparativismo, creemos constructivo exponer las tres principales corrientes epistemológicas que han abordado a la problemática de la Literatura Comparada desde sus orígenes.

Gestándose en la Alemania romántica del siglo XIX, tenemos los estudios filológicos sobre los cuentos populares, sobre el folklore propio del pueblo germano, analizados entre otros, por los hermanos Grimm, que a manera de coleccionistas, han perpetrado su estudio sobre la poética popular y sus formas “(proto)literarias” [23]; lo que se busca son las raíces comunes y las relaciones de parentesco entre los pueblos y sus manifestaciones, a tal efecto se presenta a la lengua, la literatura y al espíritu de las naciones como «unidades orgánicas», en el marco de la “volkskunde” [24]. Existe en este contexto, del cual emergió Goethe, una herencia herderiana por un idealismo trascendental para asir a los pueblos y su espíritu, tendencia que avanzada la segunda mitad del siglo XIX irá mutándose cada vez más hacia un positivismo radical, con explicación genético-causal prestada de las Ciencias Naturales.

Atravesando los Alpes, en Francia hay una declarada dominación de los estudios positivistas e historicistas, y donde el desenvolvimiento de la «Littérature Comparée» girará en torno a las relaciones literarias internacionales, sus influencias y los respectivos contactos demostrables positivamente entre literaturas nacionales, postura heredada de los análisis de F. Baldensperger en su “Revue de Littérature Comparée (1921)[25]. Es interesante introducir en este ámbito los estudios de «Tematología», propuestos por Gastón Paris y continuados por van Tieghem en 1931, que introduce el término de “préstamo”, hasta Simon Jeune hacia 1968, que realiza una clasificación interna de la Tematología, dividiéndola entre los estudios que abordan a los personajes, legendarios o históricos, y los estudios dedicados a objetos más abstractos y generalizados; aquí el abordaje es más analógico y paralelístico, con una postura supranacional.

Por último, y del otro lado del Atlántico, el comparativismo norteamericano se asienta fundamentalmente en la “Theory of Literature” de Wellek y Warren (1948). Se postula el estudio de la literatura oral y su relación con la literatura escrita, el análisis confrontado de dos y más literaturas y se introduce por los mencionados autores una tercera alternativa, la de concebir a la literatura comparada con un «todo orgánico», aprehenderla en su totalidad, como literatura general, desde donde se explicita una apoyatura en la Weltliteratur de Goethe como «literatura universal»; hay una clara semejanza con éste último en la concepción de una gran síntesis de todas las literaturas, lo que permitiría, con la eliminación las fronteras lingüísticas, un efectivo rastreo de las evoluciones y desenvolvimientos en el gran concierto universal; se refuta por ende, la idea de la «completud» de cada literatura nacional en si misma, abogándose por una perspectiva intertextual [26]. En este contexto, recuérdese la maravillosa exposición que realiza Borges en ”Kafka y sus precursores” [27]: “a éste, [a Kafka] al principio, lo pensé tan singular como el fénix de las alabanzas retóricas; a poco de frecuentarlo, creí reconocer su voz, o sus hábitos, en textos de diversas literaturas y de diversas épocas (…) El hecho es que cada escritor crea a sus precursores. Su labor modifica nuestra concepción del pasado, como ha de modificar el futuro” [28].

Es importante resaltar que la historiografía sobre la Literatura Comparada es un desierto de arenas movedizas en constantes fluctuaciones, por ende sólo hemos pretendido exponer un escueto panorama sobre las tres corrientes historiográficas más consolidadas hasta el momento, corrientes que desde sus lineamientos respectivos, logran asir el campo de la comparación y sus pertinentes objetos de estudio. Más allá de las observaciones que de cada corrientes historiográfica se desprendan, es relevante considerar lo que expone Henry Remak [29] sobre las cinco tareas de la Literatura Comparada, a saber:

— Demostración o refutación de los “principios estructurales de la literatura”, comparando dos o más unidades culturales y/o lingüísticas; asienta una tipología,

— Establecer una “síntesis inductiva”, ya sea por analogía o contraste, sobre las tendencias, corrientes, temas y demás rasgos estilísticos a un nivel multicultural; análisis supranacional,

— Buscar una “intensificación en la comprensión verbal y cultural” de los textos, por medio de una yuxtaposición de composiciones o ensayos,

— Investigar la difusión, recepción, influencia y otros aspectos del desenvolvimiento de los textos, a un nivel de mercado internacional,

— Instaurar “estudios interdisciplinarios” entre las cuatro categorías anteriores.

Como vemos, el campo de la Literatura Comparada se hermana íntimamente con el de la crítica literaria, por momentos de funden, y según la perspectiva que tomemos para asir su objeto de estudio, dependerá el grado de acercamiento que manifieste con la crítica literaria, la lingüística, los estudios multiculturales, etcétera. Es por ello que Eva Kushner [30] declara que debido a la diversidad del objeto de estudio, hoy más que nunca la Literatura Comparada requiere de una “sistematización” en su desenvolvimiento, ya que además de la diversidad del campo comparatístico, las Ciencias Exactas ejercen presión a la hora de establecer la información, la investigación y su enseñanza en un marco de rigor científico; a tal efecto el concepto de “tipología” se nos presenta como una alternativa para el tratamiento de los discursos teóricos, jerarquías y clasificaciones, una especie de base de datos para el ordenamiento sistemático de la información teórica. A su vez, la misma crítica literaria requiere de una clasificación propia, puesto que se ha vuelto “axiomática, taxonímica (…) recurre a nomenclaturas, a reglas, a preceptos, en suma, a la ejemplarización” [31].

Ahora bien, si nos detenemos en el trabajo comparatístico propiamente dicho, donde el objeto de análisis se torna canónico, no podemos infaliblemente eludir los clásicos y consagrados trabajos de Auerbach y Curtius, que de una manera u otra se apropian de la historia y de la filología literaria que fue construyendo paulatinamente el corpus de la literatura occidental. Una breve referencia a ambos nos servirá para señalar el trabajo mismo de la comparación y detallar algunos contactos y diferencia entre ambos eruditos.

Por un lado, si tomamos el capítulo ”La cicatriz de Ulises” [32] el desarrollo se circunscribe especialmente en la comparación entre el texto homérico y el texto bíblico, es decir que ambos se constituyen como los márgenes históricos y literarios desde donde se proyecta el análisis crítico; por ende y considerando el corpus entero de la obra de Auerbach, notamos que cada uno de los capítulos se relaciona directamente con una época histórica y social en la larga trayectoria que arranca desde Homero y culmina con Virginia Woolf. Si bien el ideal del autor es trazar una evolución de la representación de la realidad, es decir, una genealogía de la mimesis, es viable que el lector se introduzca en la obra tomando al azar cualquier capítulo, y podrá comprender las características del mismo sin recurrir al capítulo precedente, ya que concebimos a los mismos como células independientes, que si bien conforman los lineamientos del canon de Auerbach, son factible de leerse en forma aislada, lo que podríamos concluir en la «autorreferencialidad» de cada capítulo de “Mímesis”.

Específicamente, en el capítulo que nos hemos propuesto esbozar, podemos apreciar que el autor analizar las particularidades del texto homérico contraponiéndolo con fragmentos del Antiguo Testamento, donde predomina un análisis de las circunstancias históricas, complementándose esta visión con detalles propios de cada obra, resaltándose, entre otros aspectos, que en los textos homéricos no existe evolución histórica, frente a los libros de Samuel donde se percibe una transición de lo legendario a lo histórico, como así también podemos comprender el despliegue de características que conforman la vida señorial y patriarcal en Homero, frente a la ausencia de división de clases en el Antiguo Testamento. Por otro lado, los textos bíblicos poseen una fuerte pretensión de verdad absoluta, con ambición de universalidad, o sea que a diferencia de Homero, la Biblia despliega una perspectiva religiosa e histórica universal.

Desde una perspectiva más filológica que histórica, Curtius, en el capítulo IX “Héroes y soberanos” [33] despliega la utilización de varios tópicos filológicos en la literatura griega y latina, hasta llegar a la medieval; percibimos que su análisis es más abierto en cuanto a las citas y los análisis simultáneos de escritores en un mismo capítulo, a diferencia de los apartados de “Mimesis”.

Partiendo de la categoría de «héroe», Curtius apela a las diferencias estilísticas que arrancan desde la epopeya griega hasta la francesa. El análisis parte de citar tópicos estilísticos para su desarrollo, como la antinomia “sapientia-fortitudo”; de Homero a Virgilio se presenta una posible herencia estilística, que le servirá luego para presentar la “Pietas”, que luego se la apropiará la Alta Edad Media. El «ideal heroico» junto con el binomio «sabiduría-valor» pasarán luego al Renacimiento, nuevo espacio estilístico que le permite a Curtius exponer los representantes del Siglo de Oro español, entre otros.

Esta escueta, aunque necesaria, exposición de los grandes comparatistas históricos nos revela el trabajo per se de la Literatura Comparada; y en el caso más nítido de Auerbach, comprobamos la funcionalidad de la Comparatística a la hora de conformar el canon de la literatura occidental; resumiendo, ambos autores instauran una “secuencia histórica de procedimientos” [34].

La Literatura Comparada -por último- se hermana estrechamente con la concepción de «canon literario», canon que estéticamente “remite a la constitución de formas, modelos o reglas establecidas” y éticamente, a “formas o modelos prescriptivos, que rigen un comportamiento, una actitud (…) que gravan la literatura” [35]; a su vez nuestra mirada sobre el canon puede definirse desde una perspectiva heterogénea con diversas entradas, y que obedeciendo a Goethe, esta heterogeneidad nos sirve para “extender la mirada” sobre el campo de la Comparatística.

Ineludiblemente, en esta extensión de nuestra mirada nos topamos con un fenómeno de nuestra contemporaneidad, el «multiculturalismo», que por muchos ha sido visto como herramienta para debilitar las férreas fronteras de las diversas tradiciones ideológicas de Occidente, a su vez que ha ido borrando las fronteras nacionales y las declaradas identidades asociadas a ellas. El multiculturalismo ha efectuado “un descentramiento político-cultural, donde las prácticas ciudadanas no fluyen hacia un eje de lucha focal [...] sino que se diseminan en una pluralidad de campos de acción, de espacios de negociación de conflictos, territorios e interlocutores [...] en ello encontramos identidades monádicas, híbridas y miméticas. Diversificación y fragmentación aparecen como dos caras de la misma moneda” [36].

En esta diseminación teórica actual, donde el canon queda relegado políticamente “a una estrategia propia de los claustros universitarios” [37], notamos una fuerte irrupción de la problemática del «Otro», de lo no-canonizado, lo cual nos hace reponer la pregunta de Nicolás Rosa: “¿es ajena la disputa sobre el canon a la aparición de los nuevos sujetos sociales?” [38], creemos que el feminismo, la ginocrítica, las reivindicaciones de género, la literatura gay y la lucha de negros, entre otras, conforman lo que Gilbert Chaitin denomina “Literatura Diferencial” [39], explicando que “contrariamente a la literatura comparada […] la literatura diferencial no se encuentra limitada por la supuesta unidad de las cultural occidentales [recordemos nuestra lectura de Auerbach, Bloom y Curtius], sino que toma como uno de sus campos preferidos de investigación la agitada encrucijada entre las literaturas occidentales y las del tercer mundo. En lugar de imponer una unidad etnocéntrica so capa de universalidad y de supuesta objetividad, se buscaría la liberación de diferentes voces para dejarlas ser en su otredad” [40].

La Literatura Diferencial, en su funcionalidad política, milita contra la práctica etnocéntrica de subordinar a la otredad en nombre de la norma establecida, pedagógicamente, instaura la investigación y la enseñanza de discursos en relación unos con los otros, logrando así un nuevo discurso para entender la otredad. En suma, esto no es más que obedecer a la propuesta goetheana y su Weltliteratur.

 

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Notas:

[1] Eckermann, J.P.: Conversaciones con Goethe; en Clásicos Jackson, Vol. XXXVII. W. M. Jackson Inc. Editores (Bs. As., 1949), pág. 185.

[2] Hernández Alfonso, Luis: Prólogo a Nuestra Señora de París, de Víctor Hugo. Aguilar (Madrid, 1963), pág. 25.

[3] Preiswerk, Roy - Perrot, Dominique: Etnocentrismo e historia. Cap. I. Editorial Nueva Imagen (¿), pág. 54.

[4] Op. cit.

[5] Herder, J. G.: Filosofía de la Historia para la educación de la humanidad, Editorial Nova (Bs. As., 1950), pág.59.

[6] Eckermann, J. P., op. cit.

[7] Kirste, Waltraud: Weltliteratur de Goethe, un concepto intercultural. Universidad del País Vasco (Vitoria, 2000), pág. 10.

[8] Prawer, S.S.: ¿Qué es la literatura comparada?, en Orientaciones en literatura comparada. Arco Libros (Madrid, 1998), pág. 25.

[9] Como es el caso de René Wellek y Austin Warren.

[10] Recordemos que hemos marcado tres ejes puntuales en la composición de la Weltliteratur, a saber: la Cultural Nacional, la Identidad Nacional y la Literatura Nacional.

[11] Lo traducimos como “comienzo, origen, procedencia, cimiento, punto de partida”; también como “mando, poder, autoridad”.

[12] Pensemos en los análisis literarios y culturales de E. Auerbach, de E. Curtius o de H. Bloom.

[13] Lo traducimos como “fin, acabamiento, término, resultado, salida, estado de lo que está acabado o ha llegado a su fin”.

[14] Bernheimer, Charles: Revista de Filología y Literatura Comparada, (¿) pág. 24. [dentro del contexto de la Posguerra].

[15] Derrida, Jacques: Dos ensayos. Editorial Anagrama (Barcelona, 1967), pág. 21: “...los instrumentos que encuentra alrededor suyo a su disposición, que ya están ahí, que no habían sido concebidos especialmente para la operación para la cual se les emplea y a la cual se les intenta adaptar por tanteos, no dudando en cambiarlos cada vez que resulte necesario, en ensayar varios a la vez...” .

[16] Crespo, Marcela: La problemática del exilio: espacio de confluencias, http://www.salvador.edu.ar/un1-7-gramma-01-03-15

[17] Op. cit.

[18] Valentine, Charles A.: La cultura de la pobreza. Crítica y contrapropuestas, cap. I. Amarrortu Editores (Bs. As. ¿).

[19] Kirste, Waltraud: op. cit., pág. 14.

[20] Anónimo, apartado XXXIV págs. 173 y 175. Ed. Bosch (Barcelona, 1996).

[21] Marx, Carlos - Engels, Federico: Manifiesto del Partido Comunista, Editores Mexicanos Unidos, (México, 1997), págs. 59 y 60.

[22] Wellek Rene - Warren, Austin: Teoría literaria, Editorial Gredos (Madrid, 1966), cap. V.

[23] Nauper, Cristina.: “La tematología comparatista: entre teoría y práctica”, pág. 14.

[24] Ídem.

[25] Nauper, C.: “La tematología comparatística: entre teoría y práctica”, Arco Libros (Madrid, 2001), pág. 20.

[26] Wellek, Rene - Warren, Austin: op. cit., cap. V.

[27] Borges, Jorge Luis: Otras inquisiciones, en Obras Completas, Tomo II, Emecé Editores (Barcelona, 1996), pág. 88.

[28] Borges, Jorge Luis, op. cit., págs. 88 y 89.

[29] Remak, Henry H. H.: El futuro de la literatura comparada, en Orientaciones en literatura comparada, Arco Libros (Madrid, 1998), págs. 136 y 137.

[30] Kushner, Eva: ¿Hacia una tipología de los estudios de literatura comparada?, en Orientaciones de literatura comparada, Arco Libros (Madrid, 1998), pág. 187 y siguientes.

[31] Rosa, Nicolás: Liturgias y profanaciones, en Dominios de la literatura. Acerca del Canon, Editorial Losada (Bs. As., 1998), pág. 81.

[32] Auerbach, Erich: Mimesis (México, 1996).

[33] Curtius, Ernst R.: Literatura europea y Edad Media latina, Fondo de Cultura Económica (México, 1975).

[34] Rosa, Nicolás, op. cit., pág. 61.

[35] Rosa, Nicolás, op. cit. pág. 60.

[36] Hopenhayn, Martín: Multiculturalismo proactive: una reflexión para iniciar el debate, en Nuevos retos de las políticas frente a la Globalización, (Barcelona, 2000) cap. I.

[37] Rosa, Nicolás: op. cit., pág. 82.

[38] Rosa, Nicolás: op. cit., pág. 68.

[39] Chaitin, Gilbert: Otredad. La literature comparada y la diferencia, Editorial Gredos (Madrid, 1998).

[40] Chaitin, Gilbert: op. cit. pág. 163.

 

© Damián Leandro Sarro 2006

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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