La doble construcción de infancia
en los naufragios de Cabeza de Vaca

Andrés Echarri

University of West Georgia, USA
aecharri@westga.edu


 

   
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Introducción

En este ensayo se analizan las construcciones de infancia en Los Naufragios de Cabeza de Vaca, y sus implicaciones ideológicas. Aunque hay varios procesos de infantilización, sugiero que básicamente se da un doble proceso. Por un lado, una imagen picaresca de la niñez en la que el yo autorial se infantiliza para luego narrar su progresivo crecimiento. Por otro lado, una imagen religiosa (católica) de la niñez desde la que se narra la progresiva infantilización del indio. Al final el narrador se construye como un padre espiritual de infantilizados indios, cuyo sometimiento al imperio por asimilación a la ideología católica se propone como alternativa a la coersión militar de los conquistadores. Sin embargo, el bautismo es dual: este padre espiritual deviene aculturado en parte (bautizado) por sus naufragios.

Aunque el debate sobre el nacimiento de la infancia como concepto moderno suele situarla en el siglo XVIII (Aries, Cunningham), en este ensayo se propone implícitamente que este proceso fue gradual, y que el menor, como Otro del adulto, no se circunscribe a esa particular arqueología occidental. Sugiero que un punto importante en la flexión del sujeto como menor, en el nacimiento del menor moderno como Otro, ocurre debido al encuentro ante lo Otro a occidente: América. Así, el menor se incuba y aparece ya en la cultura occidental como Otro en América, dos siglos antes de su nacimiento oficial europeo. Son estos Otros, indios feminizados e infantilizados, quienes darán inicio a la conciencia del Otro como menor, buen salvaje en Rousseau, o, en oposición, niño al que hay que entrenar a manejar un poder que le es inherente como individuo para que devenga un ‘gentleman’ y, sin mezclarse con los Otros, se domine y los domine, según Locke.

La infantilización en LN implica procesos de victimización y negación de agencia. Se vincula además con problemas de comunicación dado que si infante viene del latín ‘in fans’, aquel que no puede hablar, la ignorancia de las lenguas indígenas situa al narrador en un espacio análogo al infantil, de comenzar de nuevo a negociar con los códigos adultos del Otro, para finalmente tras aprenderlos lograr invertir su situación. Por otro lado, la naturaleza americana es construída en LN como carencia (niñez) y abundancia (maternidad), unidas en la imagen de un marsupial. Finalmente, si la niñez remite tanto al pasado como al futuro, el tiempo americano se construye en LN como una prehistoria de la que dependería la historia de España.

En los dieciseis fragmentos del texto en que se escribe la infancia, ésta se nombra ‘hijos’ o ‘hija’ veinte veces, ‘muchacho(s)’ cinco veces, ‘niños’ y ‘criatura’ una vez, y se compara indirectamente a los españoles con menores por estar tras el naufragio “desnudos como nacimos” una vez. Este recuento muestra una construcción básicamente patriarcal, el menor es ante todo hijo, e indio y está repetidamente relacionado con las mujeres (y en un caso con la hembra de un animal).

Estos niños indios referenciales son sujetos pasivos protegidos, asesinados o comerciados por los indios, esclavizados por los conquistadores o traídos por sus padres a ser bautizados por Cabeza de Vaca. Las únicas acciones que realizan son huir o gritar, trabajar después de los doce años buscando su alimento, o jugar maltratando españoles esclavizados.

A partir de estas imágenes de infancia, marginales al centro del discurso, es posible descontruir el texto.

 

Construcción picaresca y católica de la infancia.

LN presenta varios rasgos del género picaresco que le es relativamente contemporáneo. Guillén señala ocho características del género picaresco: 1. Una narrativa sobre una dinámica psico-social en que el pícaro primero es un huérfano. Cabeza de vaca fue huérfano de padre, y su situación de náufrago en las Indias lo situa como huérfano simbólico de España, como un niño desamparado y sin guía -el capitán Narvaez los abandona- aunque ‘inocente’ de su situación. 2. Pseudoautobiografía. En LN la voz del yo se narrativiza, y en esa autoconstrucción verbal son rastreables el disimulo y la ficción. 3. El punto de vista del narrador es parcial y prejuicioso. Aunque se presenta como objetivo, el narrador toma partido, pero hay una transformación (cuasi aculturación) oponible a otras Crónicas de las Indias. 4. Cuestiona la realidad desde una perspectiva filosófica, religiosa o moral. El texto crítica al sistema violento de conquista y ventila su tácita aceptación de la ‘humanidad’ del indio y la posibilidad de aceptar otras cosmovisiones, siempre y cuando se sometan a su fé e idea occidental de ‘humanidad’. 5. La insistencia en el tema de la superviencia y el hambre. En LN la carencia, el hambre, el canibalismo, la desnudez se vinculan. El menor es el más carente, el desnudo en un mundo extraño al que debe adaptarse. 6. El pícaro observa varias condiciones colectivas (pasa frecuentemente por varios amos). Es un ‘half-outsider’, de dudosa moral y experto en el engaño. El narrador de LN pasa de amo en amo, observa distintas culturas, se vé en distintos roles (tesorero real, náufrago, esclavo, mercader, chamán y escritor del texto), y aprende distintos idiomas. El pícaro engaña para sobrevivir, el autor asume esta estrategia de camuflaje del débil para presentarse como chamán ante los indios y como predicador de la fé ante la corona, dado que las crónicas de indias son siempre un servicio que busca una recompensa. 7. El pícaro se mueve horizontalmente por el espacio y verticamente por la sociedad. El narrador realiza ambos movimientos; en su difícil trayectoria hacia México va ascendiendo mientras disminuyen los indios, de niño alegórico pasa a ser padre espiritual de estos infantilizados indios. 8. La novela picaresca es episódica, aparentemente el único enlace es el héroe (o antihéroe). Aunque hay diversos episodios en LN ligados sólo por la voz narrativa, hay una muy pensada unidad. LN tiene una estructura circular, pues se abre con presagios (sonidos indígenas en medio de una tempestad) y termina con presagios (una mora habría ya previsto las vicisitudes). Es el Otro (indígena o moro) lo que abre y cierra el texto, lo que si es relacionable con la ficción de caballerías, también situa al texto como un discurso central español rodeado de lo no europeo, una cosmovisión eurocentrista fascinada/asustada frente a lo Otro que, si lo rodea, también es situado al margen, en los extramuros de la civilización. Relacionando esta circularidad con construcciones de infancia, hay un juego de sentidos. Por un lado, es clara la peripecia del narrador desde la adultez en España, sufriendo una infantilización forzada por la naturaleza de América (tormenta como inversión del mundo) y por los indios que lo esclavizan, para luego progresivamente crecer y a su vez dominar a los indios infantilizándolos culturalmente, y finalmente retornar a España otra vez como un adulto. Esa es la línea central y circular del texto. Pero a esa línea el Otro, como círculo, la rodea. La línea circular obvia va y vuelve a Europa, pasando por las Indias, y por eso las rodea, dominándolas verbal y ‘espiritualmente’. Alegóricamente, se pretende poseerlas, y la imagen remite tanto a un patriarcalismo que feminiza lo indígena, como a una infantilización matriarcal: Es la ideología católica que se relaciona con el método de conquista propuesto por Las Casas: asimilación ideológica en vez de coersión militar. Es decir, la dominación de la Indias se da por un patriarcalismo bifurcado: un padre militar que masacra y viola, y una madre manipuladora ‘espiritual’ que aniña y somete al catolicismo.

Por otro lado, a esta linea circular que encierra al indio infantilizado, la rodea sin embargo otro círculo, donde se invierten los roles. Este otro círculo es el Otro indio como posibilidad y amenaza. Es necesario notar entonces que la centralidad tiene un valor contradictorio: domina y es amenazada. Por eso, la niñez aparece como el tercer espacio, sin voz, que posibilita dualidades en conflicto. La niñez está adentro y afuera, y es definida desde afuera de ella. Por eso el círculo exterior en LN construye al Otro indio como menor, sitiando a este discurso central patriarcal adulto como una novedad ficcional pero también, como una amenaza, un nuevo significado, un nuevo mundo.

 

Articulaciones textuales de infancia referencial en LN.

Desde la primera cita los niños indios son asociados a las mujeres, como indefensión y botín de guerra. Esta construcción es un leitmotivo textual. Luego son alegorizados como cría animal de un marsupial que arriesga su vida por protegerlos [1]. De mujer a animal protector, la infancia es el Otro de una naturaleza nueva.

Luego el espejo se invierte: los indios traen a sus hijos para que vean a los españoles desfallecidos y desnudos, a los que alimentan. La niñez aparece como curiosidad ante lo Otro [2]. Luego se alegoriza la infancia propia, otro giro del espejo: españoles desnudos como niños recién nacidos, y al mismo tiempo como esqueletos, como niños muertos [3]. A continuación se contrapone al canibalismo de algunos españoles la cultura de ciertos indios por el tratamiento que dan a sus niños. El niño implica la posibilidad de continuidad de la comunidad, al protegerlos se preservan a sí mismos.

“Es la gente del mundo que más aman a sus hijos y mejor tratamiento les hacen; y cuando acaece que a alguno se le muere el hijo, llóranle los padres y los parientes, y todo el pueblo, y el llanto dura un año cumplido. […] A todos los defuntos lloran de esta manera, salvo a los viejos, de quien no hacen caso, porque dicen que ya han pasado su tiempo, y de ellos ningún provecho hay: antes ocupan la tierra y quitan el mantenimiento a los niños” (76s)

Esta imagen del Otro se invierte inmediatamente ligando niñez indígena con crueldad, holgazanería y abuso por el maltrato de algunos españoles esclavizados por los indios [4]. Acá se desliza la niñez de la Indias como peligro para Europa, lo cual se resuelve curiosamente en el siguiente pasaje. La pregunta es: ¿son idílicos o salvajes estos niños?

Al contrario del buen tratamiento que dan a los niños ciertos indios, otros matan a sus propios hijos y o los venden si son ajenos. Es la niñez como objeto de cambio y peligro (si son niñas, las matan para que no se reproduzcan sus enemigos), son riqueza peligrosa. Lo curioso en el pasaje es como el narrador hace una inversión: el sueño de una india de que un español causará la muerte de su hijo provoca que los indios maten a este español (lo que demostraría que los indios protegen a sus niños de acuerdo a sus patrones culturales). Pero el autor argumenta inmediatamente que los indios matan a sus niños por sueños, deslizando así el peligro del español al niño, y convirtiendo este asesinato indio de protección de sus niños en asesinato de los mismos. Entonces el menor es víctima y el español infantilizado [5]. Todo el texto es deconstruible por este pasaje. La amenaza del Yo adulto (España) sobre el Otro menor (indio) es convertida en la amenaza de lo atávico Otro (América como barbarie) sobre el Yo infantilizado (niño indio equiparado a español en poder de los indios). Así el viejo mundo trata de pasar por nuevo, e implica tanto aculturación como necesidad de apropiación de la infancia en términos de paternidad cultural. Eso explica el siguiente pasaje.

Cuando el narrador ya es shamán los niños indios aparecen como necesitados de bautismo, la niñez como enfermedad (pecado original) curable por el bautismo, y los españoles como hijos del sol (niños de Dios) capaces de resucitar muertos [6]. Este momento es crucial porque organiza la jerarquía que pone a Dios (ambiguamente indio e hispano) como el padre del hijo español quien se convierte en padre del hijo indio.

Por eso, se vuelve en el texto a la imagen del indio como infancia marsupial necesitada de leche que mama hasta los doce años, dada la carencia material americana. Los menores se construyen como medio de perduración de la comunidad [7]. Y por eso, extrapolando culturas, el narrador vuelve a subrayar como los indios les traen a sus hijos para que los bendigan, es decir, se los construye como menores deseosos de ser indoctrinados, y de contribuir económicamente pagando su vasallaje, y se sugiere que esa es la mejor forma de continuación de la cultura imperial [8].

El ritualismo de la repetición textual es obvio: otra vez les traen niños para que los toquen y santiguen. Este rito indica que el futuro (niñez) de los indios se entrega a su autoridad espiritual patriarcal. Aunque no se dice, normalmente al bautismo le sigue la imposición de un nombre: es la imposición de la autoridad paternal, de la cultura occidental, sobre unos indios sumisos como niños [9].

En oposición a este patriarcalismo ideológico se critica el método violento de los conquistadores: los niños son botín de guerra, esclavizados (lo que claramente invierte la situación inicial del autor esclavo-niño del indio):

“Anduvimos mucha tierra, y toda la hallamos despoblada […] por miedo de los cristianos. […] contáronnos cómo otras veces habían entrado los cristianos por la tierra, y habían destruido y quemado los pueblos, y llevado la mitad de los hombres y todas las mujeres y muchachos, y que los que de sus manos se habían podido escapar andaban huyendo.”(127)

El último pasaje sobre menores revela la inversión final, el sentido de la infantilización en el texto porque los hijos de los indios principales son bautizados, es decir, la sumisión es calculada:

“todos los de aquella provincia, que eran amigos de los cristianos, como tuvieron noticia de nosotros, nos vinieron a ver, y nos trujeron cuentas y plumas, y nosotros les mandamos que hiciesen iglesias y pusiesen cruces en ellas […] y hecimos traer los hijos de los principales señores y baptizarlos” (136)

 

Conclusiones

1.- En los Naufragios se yuxtaponen básicamente dos construcciones alegóricas de infancia: a) la niñez pícarezca (que infantiliza al autor); b) la niñez de acuerdo al catolicismo (que infantiliza al indio).

2.- Los menores referenciales, son indios sin agencia ni voz. En la proto-antropología textual se contraponen patrones culturales indígenas con respecto a los niños. Por un lado, se enfatiza el cuidado que tienen por ellos, lo que implicaría un tácito reconocimiento de su humanidad como tesis opuesta a la de los indios animalizados o sin alma. Por otro lado, se describen maltratos, abandono, asesinatos o comercio de menores dentro de otros grupos indígenas. Al final del texto se denuncia la esclavitud física de menores indígenas por los conquistadores.

3.- Los menores indígenas referenciales, en relación a los españoles -de los que se va exceptuando paulatinamente Cabeza de vaca- son la única riqueza de los indios y simultáneamente los más necesitados de protección. Son botín de guerra, pieza de rescate.

4.- América se alegoriza como infancia, a la vez carencia y posibilidad: la naturaleza americana es otra, nueva, en general hostil y carente (aunque esto se invierte al final). Es una madre seca que sin embargo da de mamar a sus niños hasta los doce años, un marsupial. Además América es infancia como posibilidad y amenaza: lo Otro rodeado y que rodea lo propio.

5.- La niñez congrega el pasado y el futuro. Como pasado asume connotaciones de barbarie y maravilla, como futuro es posibilidad y temor.

6.- Por lo anterior, el sentido del texto con relación a la niñez es ambivalente: la inversión es ambigua porque por un lado el niño bautizado es el indio, pero por otro lado el autor termina un tanto aculturado, bautizado por las aguas de sus naufragios.

 

Notas:

[1] “que trae los hijos en una bolsa que en la barriga tiene; y todo el tiempo que son pequeños los trae allí, hasta que saben buscar de comer; y si acaso están fuera buscando de comer, y acude gente, la madre no huye hasta que los ha recogido en su bolsa.” (56)

[2] ”hicieron venir sus mujeres y hijos para que nos viesen” (71)

[3] “desnudos como nascimos y perdido todo lo que traíamos, y aunque todo valía poco, para entonces valía mucho. Y como entonces era por noviembre, y el frio muy grande, y nosotros tales que con poca dificultad nos podían contar los huesos, estábamos hechos propia figura de la muerte.”(72)

[4] “Preguntámosles qué tales estaban los vivos; dijéronnos que muy maltratados, porque los muchachos y otros indios, que entre ellos son muy holgazanes y de mal trato, les daban muchas coces y bofetones y palos, y que esta era la vida que ellos tenían.”(83)

[5] “ellos le contaron cómo habían tenido allí a Esquivel, y cómo estando allí se quiso huir porque una mujer había soñado que le había de matar un hijo, y los indios fueron tras él y lo mataron […] Esto hacen éstos por una costumbre que tienen, y es que matan sus mismos hijos por sueños, y a sus hijas en naciendo las dejan comer a perros, y las echan por ahí. La razón por que ellos lo hacen es, según ellos dicen, porque todos los de la tierra son sus enemigos y con ellos tienen continua guerra; y que si acaso casasen sus hijas, multiplicarían tanto sus enemigos, que los sujetarían y tomarían por esclavos. […] Nosotros les dijimos que por qué no las casaban con ellos mismos. Y también entre ellos dijeron que era cosa fea casarlas con sus parientes, y que era muy mejor matarlas que darlas a sus parientes ni a sus enemigos. […] Matan sus hijos y mercan los ajenos. […] No tienen tanto amor a sus hijos como los que arriba dijimos.”(88s)

[6] “Esto causó muy gran admiración y espanto, y en toda la tierra no se hablaba de otra cosa. Todos aquellos a quien esta fama llegaba nos venían a buscar para que los curásemos y santiguásemos a sus hijos […] y decían que verdaderamente nosotros éramos hijos del sol.”(98s)

[7] “todos los indios que hasta esta tierra vimos tienen por costumbre desde el día que sus mujeres se sienten preñadas no dormir juntos hasta que pasen dos años que han criado a sus hijos, los cuales maman hasta que son de edad de doce años; que ya entonces están en edad que por sí saben buscar de comer.. Preguntámoles que por que los criaban así, y decían que por la mucha hambre que en la tierra había, que acontecía muchas veces, como nosotros viamos, estar dos o tres días sin comer, y las veces cuatro; y por esta causa los dejaban mamar, porque en los tiempos de hambre no muriesen; y ya que algunos escapasen, saldrían muy delicados y de pocas fuerzas; y si acaso acontece caer enfermos algunos, dejanlos morir en aquellos campos si no es hijo, y todos los demás, si no pueden ir con ellos, se quedan; mas para llevar a un hijo o hermano, se cargan y los llevan a cuestas […] los que tienen hijos permanecen con sus mujeres y no las dejan.”(104)

[8] “Después que nos partimos de los que dejamos llorando, fuímonos con los otros a sus casa, y de los que en ellas estaban fuimos bien rescebidos y trujeron sus hijos para que les tocásemos las manos, y dábannos mucha harina.”(109)

[9] “Toda esta gente venía a nosotros a que los tocásemos y santiguásemos; y eran en esto tan importunos que con gran trabajo lo sufríamos, porque dolientes y sanos, todos querían ir santiguados. Acontescía muchas veces que de las mujeres que con nosotros iban parían algunas, y luego en nasciendo nos traían la criatura a que la santiguásemos y tocásemos. Acompañabannos siempre hasta darnos entregados a otros, y entre todas estas gentes se tenía por muy cierto que veníamos del cielo.”(124)

 

Bibliografía

Aries, Philippe. Centuries of Childhood: A social History of Family Life. New York: Vintage, 1962.

Cunningham, Hugh. Children and Childhood in Western Society Since 1500. New York, 2005.

Guillén, Claudio. “Toward a definition of the Picaresque” En: Literature as System. Princeton: P.U.Press, 1971.

Cabeza de Vaca, Alvar Nuñez. Naufragios y comentarios. Ed. Roberto Ferrando. Madrid: Historia 16, 1984.

Gomez Yebra, Antonio. El niño-pícaro literario de los siglos de oro. Barcelona: Anthropos, 1988.

 

© Andrés Echarri 2007

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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