Una temporada en el infierno.
Sobre: Impávido coloso, novela de Daniel Samper Pizano

John J. Junieles


 

   
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La novela es la historia privada de las naciones.
H. Balzac

Ya veremos, muy luego,
después de todo esto
qué tierra no nos olvida.

Jorge García Usta

Balzac dice que la novela es la historia privada de las naciones, el novelista Sergio Ramírez reflexiona al respecto: “No es como decía Balzac, que la historia privada es la historia de las naciones sino al revés, la vida pública se convierte en la historia privada. Y hasta para contar una historia de adulterio, de amor, o de celos, siempre hay un trasfondo de cañonazos, o de explosiones, o de revoluciones, o de golpes de estado y dictaduras militares. Me parece que es imposible en el escenario de la escritura desligar las dos cosas, hasta la literatura intimista está teñida de hechos públicos.” (Colín, José Juan)

La diversidad de puntos de vista, como parte de un mundo postmoderno, da cuenta del hecho de que ahora nadie tenga la última palabra, ya que para cada cual existe su propia verdad. El hombre es expuesto, por tanto, a diversidad de puntos de vista que le hacen percibir una realidad fragmentada, armándose y desarmándose a cada momento, y que se haya plagada de pasiones e intereses nacidos de la necesidad que cada persona tiene de permanecer, de sentirse pisando suelo firme para intentar formar parte de algo, aunque en el fondo se hallen más perdidos y más solos.

Dentro de la literatura colombiana contemporánea hayamos un libro que encierra dentro de sí grandes sorpresas, dada sus elecciones narrativas y los aspectos que involucran la cotidiana existencia de sus personajes. Se trata de Impávido coloso, de Daniel Samper Pizano, quien es más conocido por sus libros y artículos relacionados directamente con el humor. Pero no es que este texto no encierre momentos cómicos, sino que dentro de su estructura se descubren más componentes que, en conjunto, hacen de él un libro interesante y digno de atención.

En Impávido coloso un grupo de periodistas internacionales es invitado a Brasil para que sean testigos del milagro brasileño a través de “Brasil Export 72”, estrategia del gobierno militar de Garrastazu Médici para mostrar al mundo una cara moderna y eficiente. Es así como asisten, entre otros actos, a la inauguración de una planta petroquímica y a visitar el proyecto de una carretera transamazónica, además de innumerables ruedas de prensa acerca del tema. Pero detrás de ese Brasil pujante se esconde otro Brasil que sufre, que pasa hambre y necesidades, que se muestra inconforme por la represión y que desea ser escuchado en el resto del planeta.

Daniel Samper Pizano utiliza la figura de Carmelo Camacho, un periodista colombiano, para ir llevando de la mano al lector por los intrincados recovecos que esconde el poder. El personaje es testigo de gran cantidad de hechos que permiten visualizar una realidad que grita para ser reconocida. Es así como nos encontramos frente a un libro que aborda diversidad de temas en procura de mostrar las diversas gamas de una realidad, que se yuxtaponen una y otra vez. Esta característica llama indudablemente la atención, ya que es una particularidad que le da fuerza al armazón narrativo contemporáneo, al cual el autor no es ajeno. Parra Sandoval señala que, “tal vez la característica más definitiva y prometedora de la novelística colombiana contemporánea sea la apertura de sus búsquedas en un barroco delta de temas y formas de tratamiento, en un desenfrenado arco iris de lo posible” (Parra Sandoval, 51), aspecto que se manifiesta claramente en la novela que estudiamos, y que le brinda solidez al hecho de que el autor no se queda en la anécdota particular o aislada de un personaje, sino en la búsqueda de los movimientos provocados alrededor del engranaje vivencial de este.

En la novela se hace usa de un narrador omnisciente, que constantemente está atento a los acontecimientos tanto en su forma como en su fondo. Este tipo de narrador permite que el lector vaya construyendo constantemente el armazón mental que le da cuerpo al libro. Samper Pizano no deja que el narrador escamotee en datos que ayuden al mencionado lector, ya que uno de sus propósitos principales radica en dar cuenta de una realidad que, aunque ficcionalizada, toca de cerca la existencia de una Latinoamérica asediada por gobiernos militares y su modos de sociabilización impuestos. Es así como a través del narrador, se hace claro, por ejemplo, el “blindaje” del presidente Garrastazu Médici ante cualquier asedio periodístico:

La ceremonia resultó peor de lo que cabía esperar. El Palacio estaba repleto y los P.I. (periodistas internacionales) conformaban un minúsculo grupo perdido en medio de una selva de asistentes, como lo había pronosticado el colombiano. Finkelstein no habría podido preguntar nada al Excelentísimo ni aunque el Excelentísimo lo hubiera exigido a las Fuerzas Armadas. Presintiendo preciosa perorata presidencial, Carmelo se escurrió con disimulo hasta situarse al lado de Aguiar. Era la tabla del naufrago. Pero Aguiar tardo poco en descorazonarlo. El Presidente padecía una leve afección a la garganta y había preferido ceder el micrófono al ministro de Planeación, João Paulo Reis Veloso. “Uno de los tipos más aburridos que es posible conocer al sur de Las Vegas”, le explicó en voz baja Aguiar. (Samper Pizano, 63)

El autor de Impávido coloso decide que la narración de su texto debe transcurrir con un ritmo constante, haciendo uso de una precisión que no deja que la historia se ancle en aspectos superfluos, es como una especie de cirujano que se dirige exactamente al punto que requiere tratar; entonces los diálogos entre los diversos personajes resultan ágiles, las descripciones puntuales y, en general, la trama se expone de manera concreta.

 

Multiplicación de las miradas

Las diversas formas de ver la realidad, como hemos dicho, son expuestas en Impávido coloso de manera magistral por este autor colombiano. En el libro nos encontramos, por ejemplo, frente a frente con el punto de vista de tres personajes que, aunque ostentan en principio y aparentemente la misma profesión, distan en sus apreciaciones acerca de lo que debe ser el desarrollo del oficio periodístico. Nos referimos a Carmelo Camacho -periodista colombiano-, León Finkelstein -periodista argentino- y Nicanor Jiménez -“periodista” mexicano.

El primero de ellos es un curtido comunicador que ha pasado por más de uno de estos viajes y piensa que es necesario guardar cierta diplomacia frente a quien hace la invitación del caso. Es así como en cierta ocasión, y ante la posible agudeza en las preguntas que su colega pueda realizar durante una rueda de prensa, le plantea a Finkelstein que:

- ¡Por Dios, Finkelstein! […] ¿Por qué no te limitas a asistir, mirar y aburrirte, como haremos todos? Veo que te falta viajar mucho en esta clase de invitaciones. (Samper Pizano, 59)

La preocupación de Carmelo va dirigida a no molestar a los anfitriones, a aquellos que los han invitado y que muy seguramente -y en forma tácita- esperan de sus invitados la colaboración necesaria al redactar las notas periodísticas. En realidad y a lo largo de la novela, este periodista dedica gran parte de su energía al tema amoroso, ya que se empieza a sentir atraído por Regina, una de las organizadoras del evento, y se empeña en tratar de conquistarla, dejando de lado muchas veces el tema periodístico.

El caso de Finkelstein es especial, ya que se trata de un personaje que mantiene el interés por el objetivo de su profesión -buscar la verdad-, lo que expresa a flor de piel. Se trata de un ser punzante, sarcástico, siempre pendiente del momento justo para hacer la pregunta precisa y atento a cualquier cuestión sospechosa que altere su estado. Su presencia hace que el texto cobre mucha dinámica, ya que su apasionamiento logra que el dispositivo narrativo este en un constante ir y venir que hace que el lector esté siempre a la expectativa. Este personaje no tiene pelos en la lengua, como lo vemos en el siguiente pasaje, en el cual, y durante una correría periodística, hace preguntas críticas acerca de la construcción de la carretera transamazónica:

El argentino se puso de pie -era el único que acostumbraba a ponerse de pie en estas situaciones, como en la escuela- y preguntó si la Carretera Transamazónica iba a significar el genocidio definitivo de los pueblos indígenas. Cardoso comenzó a responder, querido amigo, que esa era otra de las ideas nocivas, pero Finkelstein no lo dejó continuar. Le dijo que no iba a permitir que le escamotearan la respuesta con el truco del folclor, y leyó estadísticas que llevaba anotadas en su libreta […] (Samper Pizano, 135-136)

El rigor periodístico de Finkelstein hace que la crítica social y política se haga presente en la novela, ya que es él quien se encuentra en constante búsqueda de lo velado, de lo que la organización quiere que no se sepa, y en desarrollo de ello busca a aquellos que puedan aportarle datos para descorrer el velo de la impunidad y la represión que pretende ocultar el gobierno brasileño de turno.

Nicanor Jiménez, por su parte, es un hombre que padece de cáncer, razón por al cual los jefes del periódico lo enviaron al evento para que, además de conocer el país, llevara todos los documentos que le dieran los anfitriones. En realidad él no es periodista, sino que trabaja con la parte de transportes del diario al que va a representar. Su objetivo radica en disfrutar el tiempo lo más tranquilamente posible, sin hacer daño a nadie, y su mayor preocupación está en llevar recuerdos a sus nietos. Esto último lo lleva a que en una ocasión cometa un ridículo monumental:

[…] en la mitad del enorme corredor, estaba Nicanor Jiménez paralizado por la vergüenza; en la mano derecha sostenía aún las asas desprendidas del maletín, mientras a su alrededor se esparcía el contenido de la valija rota: ceniceros con inscripciones de los hoteles donde se habían alojado, multitud de frasquitos de champú y acondicionador, tres Biblias en inglés, peinillas, gorros de baño, jabones, brilladores de zapatos, sobres estampados, papeles bolígrafos […] Regina y el colombiano guardaron de cualquier manera lo salvable del pequeño botín en el maletín desorejado de Nicanor, e intentaron tranquilizar a su dueño, cuyas manos temblorosas no atinaban a recoger los recuerdos desparramados. “Son para mis nietos”, repetía en voz baja: “Les encantan estas tonterías”. (Samper Pizano, 120-121).

Este personaje humilde y callado le da un especial toque humano a la novela, ya que hace reflexionar acerca de la realidad del ser humano, de sus debilidades y miedos, de las pequeñas y grandes batallas que libra en su interior, del mundo que lo rodea e intenta aplastarlo y que lo hace sentir débil pero al que, a la vez, el hombre trata de acoplarse y resignarse.

En estos tres personajes, como vemos, se descubren puntos de vista disímiles frente a lo que para cada uno de ellos significa el viaje. Son esas diversas formas de ver el mundo las que se desperdigan por el texto y lo hacen interesante. Samper Pizano logra captar los movimientos internos, las pulsaciones, que acompañan a los personajes y que los someten a estar solos en su fuero interno. Esa sensibilidad brindada al texto, lo impregna de matices sorprendentes que bifurcan una y otra vez los caminos que recorren los personajes y la manera en que el lector los observa. Y es que, por ejemplo, es distinto lo que se piensa de un ser como Nicanor Jiménez antes y después de conocer su realidad. Esos juegos hacen que quien se enfrenta al texto, sepa manejar adecuadamente los cambios que se van produciendo en el transcurso del mismo, para evitar así apreciaciones erróneas que no permitirían su comprensión adecuada. Es necesario, por tanto, sensibilizarse frente a la narración propuesta, lo cual puede verse, si se quiere, como un llamado de atención para mirar y entender el mundo de ese otro que se mueve alrededor. Es ser capaz de observar el mundo fragmentado que nos muestra el postmodernismo y, ante el panorama expuesto, reflexionar, tarea que, si así lo quiere, corre por parte del lector.

Mostrar diversos puntos de vista de una realidad y ser capaz de vislumbrar las distintas miradas a través de los personajes o historias contadas en la narración, es una tarea que haba muy bien del carácter observador y atento del autor. Bajtin señala que, “el primer momento de la actividad estética es la vivencia: yo he de vivir (ver y conocer) aquello que está viviendo el otro, he de ponerme en su sitio, como si coincidiera con él (en qué forma es posible esta vivencia, es decir, el problema psicológico de la vivencia ajena, lo dejamos de lado; para nosotros es suficiente el indiscutible hecho de que, dentro de ciertos límites, tal vivencia se vuelve posible)” (Bajtín, 1998:30). Y esto es posible sólo a partir de una mirada que pueda ser capaz de ir más allá de la apreciación de las vivencias ajenas como un hecho digno de pesar o de admiración únicamente; y es que el autor debe saber concientizarse ética o estéticamente del hecho en particular para poderlo plasmar en las páginas del libro, de manera que no aparezca como una mera reacción primaria a un hecho que considera digno de atención o de crítica. Samper Pizano, precisamente, logra transmitir de manera estética las ideas que elabora, de tal forma que va más allá de la obviedad y utiliza su labor de escritor para hacer uso de las diferentes maneras que pueden darse en el momento en que alguno de sus personajes se enfrenta a su particular realidad, claro está, dentro de los límites que le permite el texto artístico.

 

Carmelo Camacho o Finkelstein: ¿resignación o conciencia?

Es innegable que Impávido coloso envuelve en su interior una crítica punzante a varios aspectos relacionados con la sociedad. Milán Kundera afirma que “todas las novelas de todos los tiempos se orientan hacia el enigma del yo” (Kundera, 33), y dentro de ese enigma se haya inmerso el cuestionamiento al movimiento del yo propio y ajeno, razón por la cual la crítica dentro de la novela tiene que ver, no pocas veces, con las preocupaciones internas, posiblemente inconscientes, del autor. Veamos en el texto de Samper Pizano dos temas que forman parte de ese querer descubrir, o por lo menos acercarse, a enigmas que, a pesar de su posible cotidianeidad, ciernen sobre sí mantos que los hacen dignos de atención: la labor periodística y los gobiernos latinoamericanos.

Es cierto que el autor no se muestra partidario de uno u otro bando, pero sí se perciben entre líneas ciertos ataques a la manera de hacer periodismo en la actualidad. ¿El periodista debe ser amigo de las fuentes aún a costa de la veracidad total en su información? ¿Debe acaso mantener su rigor periodístico aunque eso signifique no tener contentos a aquellos que lo invitan a conocer determinado lugar o información? Daniel Samper conoce el oficio periodístico y muy seguramente en su vida ha conocido personas como Carmelo o Finkelstein. Es decir, con cierta resignación ante las aparentes limitaciones de su profesión o, por el contrario, con pasión al desempeñar su labor con todas las de la ley. A partir de Nicanor Jiménez, el fingido periodista, desde el inicio de la novela se pone sobre el tapete el tema de los intereses que se mueven alrededor del mundo de la información, Es así como este personaje le dice a Carmelo que:

Aquí dice que todos los gastos son por cuenta de la “organización”. (Samper Pizano, 18)

Esto de plano muestra que se lanza al aire un tácito pedido de parte de la organización hacia el periodista, para que este muestre cierta reciprocidad -dadas las atenciones brindadas- en el momento de escribir su nota. Como vimos antes, Carmelo es de esos periodistas que siguen ese pequeño contrato implícito, y que prefieren no amargarse el viaje ni amargárselo a quienes lo han convidado. Pero también está Finkelstein, quien hace el contrapeso. Mientras que el primero ya va rondando las seis décadas, el segundo se haya alrededor de los treinta años. Cuando Carmelo le pide que guarde cierta mesura y le recuerda ese contrato tácito entre periodista y fuente, Finkelstein le responde con apasionamiento que:

Yo no he firmado nada, viejo: yo soy un periodista al que le dan la oportunidad de conocer una realidad, y quiere buscarla más allá de lo que sus anfitriones pretenden. Es mi misión. Pero no soy una pieza publicitaria. (Samper Pizano, 41)

Quizá los años han conducido a Carmelo a resignarse, a sentirse obligado a cierta diplomacia requerida. Pero el argentino Finkelstein aún mantiene viva la llama de la esencia periodística. Al lector no le resulta difícil entender lo que separa a uno de otro periodista: la intensidad del amor por su profesión. A Carmelo Camacho quizá no se le ha acabado pero sí la ha dejado adormecer, mientras que Finkelstein la mantiene intacta. En un mundo como el actual, y más específicamente en una región como la latinoamericana, resulta imprescindible que el oficio del periodista mantenga una de sus propiedades originales: la independencia. ¿Pero cómo mantenerla cuando son las fuentes las que invitan, pagan y transportan a los periodistas a los lugares que ellas quieren que conozcan? ¿Cómo hacerlo cuando las jefaturas de redacción y los periodistas ceden ante el tácito contrato? Es una situación que en Impávido coloso se muestra de manera abierta y que hace reflexionar acerca del trabajo periodístico, dejando mal parada a la independencia que es tan necesaria en dicha labor.

Otro tema que se toca en la novela es el de la represión física y psicológica que nace desde los gobiernos de turno. Aunque la historia del texto se ubica en un Brasil de principios de los setenta, no es una situación ajena al tiempo actual de Latinoamérica. Cada gobierno, como es sabido, trata de manejar la información a su acomodo, buscando el beneficio que espera, ya que poder hacerlo les hace ganar poder ante el mundo. En Impávido coloso la organización de “Brasil Export 72” trata de mostrar un país pujante, digno de admiración, donde toda la sociedad en general va a salir ganando por cuenta del “milagro brasilero”, que llevará al país hacia los puestos de vanguardia en la región. Esa es la imagen que el gobierno quiere que el mundo conozca, pero detrás de ello se haya esa otra Brasil que sufre, que no tiene oportunidades, que se haya inmersa en la pobreza y el sufrimiento, llena de necesidades insatisfechas. Manaus es una ciudad en la que se observan claramente los contrastes entre una y otra Brasil. Los periodistas llegan allí conducidos por la organización para que sean testigos de las ventajas que la carretera transmazónica traerá a la región, pero van observando la realidad de un país que dicha organización no estaba interesada en dar a conocer:

En el bus, Carmelo había tomado asiento al lado de Aguiar. Observaban en silencio el espectáculo que desfilaba por las ventanillas. Esquinas salpicadas de putas regordetas con vestidos que les venían pequeños; vendedores de comidas callejeras, malandros que conversaban sentados en los sardineles balanceando en la boca un palillo de dientes; música estrepitosa que se mezclaba con más músicas; y en todas partes niños, niños semidesnudos; niños descalzos que jugaban a la pelota en calles embarradas, niños que se peleaban, niños que reían, niños que miraban con curiosidad el paso del bus, niños que estiraban la mano al vehículo de los turistas, niños que roían una mazorca o un pan, niños que fumaban colillas recogidas del suelo, niños que ajustaban cuentas a patadas con el perro que les había robado un trozo de comida…

-Bienvenido al Milagro brasileño versión amazónica, forastero -le dijo Aguiar. (Samper Pizano, 128).

Ese otro milagro del que con tono irónico habla el adjunto de prensa del Ministerio de Industria y Comercio, Virgilio Vicente Aguiar -otro de los miembros de la organización del tour, aunque con un reciente pasado comunista-, debe ser el de sobrevivir en ese mar de necesidades. Estar vivo en medio de un lugar donde los niños luchan la comida con los perros y donde el futuro es marcadamente incierto, muestra los desfases a los que se ve sometida una sociedad cuando un gobierno quiere alimentar su imagen, sin preocuparse por los seres marginales que habitan el país. En el mismo Manaus, Carmelo recuerda un hecho sucedido durante su niñez, en Colombia; en uno de los ríos de este último país:

Corría el rumor de que cada mañana aparecían flotando en las aguas sucias dos, tres, cinco cadáveres recogidos y aportados por otros ríos tributarios -el Ambeima, el Cucuana, el Ortega, el Saldaña- procedentes de las regiones donde imperaba la violencia política. Su abuelo decía que eran cadáveres de liberales asesinados por la Policía conservadora. Carmelo nunca llego a ver ningún cuerpo. Pero su padre sí, justamente un domingo en que iban camino al restaurante popular. (Samper Pizano, 134)

Pero, ¿qué lleva a Carmelo a recordar este hecho? En un pasaje del libro, el periodista y sus demás colegas se encuentran en Salvador de Bahía. El tiene la extraña sensación de que es un lugar que ya había conocido, y de pronto su mente le permite entender la razón por la cual tiene esa impresión:

De repente, en medio de esas mercancías que abrumaban el paso y el olor a dendê que parecía seguirlos como un perro y la conversación musical de las vendedoras negras, Camacho entendió lo que estaba pasando y se le ofreció, como si de una revelación se tratara, la explicación del déjà-vu: era el Caribe. Aunque Salvador de Bahía se encontraba a miles de kilómetros de Cartagena de Indias, de Kingston o de San Juan de Puerto Rico; aunque se hallaba más cerca del trópico de Capricornio que del Ecuador, era una capital del Caribe. El mismo mar, la misma gente, los mismos olores, la misma humedad aplastante, el mismo calor. El mismo salitre en lo muros, como una lepra. Incluso, el mismo aviso oxidado de coca-cola y los mismos vendedores de cigarrillos al menudeo. (Samper Pizano, 93-94).

Este fragmento nos permite actualizar el tema de la violencia y las injusticias sociales, porque no se trata solamente de la situación de un país en particular, sino de toda una región, de ese Caribe latinoamericano que es tan parecido en cualquier parte. El mismo olor, la misma humedad, la misma trasgresión a los derechos humanos, el mismo abandono gubernamental y no exclusivamente en épocas pasadas, porque esa misma sensación es la que se percibe en la actualidad, la situación no ha cambiado, el Caribe sigue siendo el mismo lugar en el que aquellos que ostentan el poder manipulan la información, el dinero, los puestos públicos y la vida política en general. Sí, el Caribe como se nos plantea en el texto -ya sea en Manaus, Salvador de Bahía o Cartagena, entre otras-, es el mismo en todas partes y, como vemos, en todas las épocas, un Caribe donde impera la violencia, donde no se respeta la diferencia y donde se callan las voces de aquellos que, por una u otra razón, piensan diferente.

Es aquí donde se vienen a unir los dos temas de esta parte del estudio: el periodismo y la injusticia social. Una región sin independencia y excelentes criterios periodísticos, se ve abocada a continuar sumida en el desamparo. El periodismo está en la obligación de mostrar y difundir los hechos tal como son, con todas las caras de una realidad, ya sean positivas o negativas, a pesar de las consecuencias. Finkelstein lo entendió así, y por eso pagó las consecuencias de su osadía. Primero, se sabotea su trabajo al no permitírsele asistir a una rueda de prensa, argumentando un problema en las comunicaciones que llevó a un malentendido con el horario; segundo, se presentan seguimientos a su labor periodística por parte de elementos de oficinas de inteligencia del gobierno; tercero, hay intentos de manipularlo mediante una joven que se muestra supuestamente interesado en él; cuarto, Ramses Guimaraes -subsecretario del Ministerio del Interior- entra a su habitación y roba documentos de propiedad del periodista; y quinto, el periodista desaparece extrañamente y sin explicación alguna, luego de que Ramses descubre que Finkelstein averigua su pasado como interrogador de inteligencia militar. En últimas, los demás periodistas vuelven a su país pensando en sus propios problemas, nadie vuelve a acordarse del colega argentino, todo queda allí. Samper Pizano expone en Impávido coloso el tema de la independencia periodística y las manipulaciones del poder de manera persuasiva y clara, mostrando un profundo conocimiento acerca del contenido que ficcionaliza en su texto y conjugando de forma magistral la crítica hacia factores que tienen que ver con los ámbitos político, social y periodístico; Anderson señala que en un texto narrativo, “no hay duda de que el novelista es quien ve la novela” (Anderson, 724), y Samper Pizano demuestra que la sabe ver y dibujar en grafos ante el lector, dejando muchos de los temas abiertos y a consideración de este último, es decir, el autor sugiere y propone, pero a la vez, es capaz de dejar un amplio espacio para, si se quiere, exista una necesaria reflexión.

 

El impávido coloso y el efecto burbuja

El impávido coloso al cual se refiere el título del libro es, lógicamente, Brasil, un país que por su extensión y desarrollo no pasa desapercibido tanto en Latinoamérica como en el mundo entero; sin embargo, en la novela de Samper Pizano descubrimos a un impávido coloso que no se encuentra bien en su interior. Es así como ante el lector se revela el juego de palabras entre el título y la realidad que se narra en la historia. Brasil mira más allá de sus fronteras, pero se olvida de mirar hacia dentro, se anquilosa impertérritamente ignorando su propia situación.

Es la historia latinoamericana en general la que se cuenta en la novela. Y es que no se trata tan sólo de ese Brasil impasible ante las necesidades de sus hijos, porque, como ya vimos, el Caribe es uno sólo. Sánchez Jiménez señala que, “tenemos la impresión de que resulta inevitable el hallazgo de tipicidades en el tramado de cualquier texto literario, de lo que da cuenta la lectura sociológica y antropológica, y que de ello se deriva cierto conocimiento de lo propio y lo ajeno” (Sánchez Jiménez, 46-47). Estos dos últimos elementos se cruzan en el tejido novelesco para generar en el lector la sensación de familiaridad frente a las situaciones que se cuentan, razón por la cual podemos hablar de temas universales, que tocan lo vivencial y tocante al ser humano.

En un pasaje del texto, Aguiar le dice a Carmelo que tiene que aprender mucho del impávido coloso, y agrega:

- Brasil: el mas impávido de los colosos, el mas colosal de lo impávidos. Incluso agregaría que es el más impávido de los impávidos y el más colosal de los colosos. (Samper Pizano, 42-43)

¿Y por qué razón el impávido coloso sigue tan impávido? La respuesta nos es sugerida con otro pasaje de la misma novela, en el cual Carmelo habla acerca del efecto burbuja. Y es que aunque el personaje lo nombra para tratar temas de índole sentimental, se trata de un elemento que, de una u otra forma, configura las entre líneas de la obra. Al referirse al efecto mencionado, Carmelo afirma que mientras ocurre:

[…] dejas de ser tú, por un tiempo, y pasas a encarnar tu personaje. Mejor dicho: te vuelves un personaje que tú inventas para la ocasión. A lo mejor es un personaje en el que sobresalen condiciones que no tienes en la vida normal. (Samper Pizano, 84)

El Brasil de la novela se ha metido en la burbuja y toma el papel de ese impávido coloso, encarnando a un personaje que ciertamente no es en esencia. Pero indiscutiblemente se trata de una burbuja que tarde o temprano se rompe, momento en el cual su verdadera identidad saldrá a flote. Dentro de la obra este hecho resulta esperanzador porque romper la burbuja, aunque puede resultar doloroso, representa la oportunidad de autoevaluarse, de encontrarse cara a cara con la realidad en carne viva, es el momento de recomenzar el camino, si se quiere con más experiencia. Y es que así como hacia el final del libro se rompe la burbuja que envuelve a Carmelo, mostrando a un ser débil y abatido -muy distinto al que habíamos conocido en el transcurrir de la historia, surge la posibilidad de que el país despierte, se agite, caiga y se levante nuevamente. Carmelo simboliza a ese impávido coloso que se niega a mirar hacia adentro, que se muestra como un hombre racional, tranquilo, libre de situaciones que lo sorprendan, pero que termina siendo un ser humano como cualquier otro, con sus luchas internas, sus sentimientos enredados y derrotado por sus pasiones. En la novela, Brasil -Latinoamérica- no se ha descubierto a sí misma, sigue jugando a representar el papel que quiere mostrar hacia afuera, pero surge la esperanza de que la burbuja estalle y, por fin, se reconozca. En este sentido, el texto encierra una gran profundidad, lo cual es otra clara muestra de que el autor no se ha quedado en la mera anécdota, sino que labora en la búsqueda de elementos estéticos que lo llevan a construir un andamiaje que conjuga lo humano, lo político y lo social de manera artística y finamente dibujada.

Impávido coloso es un llamado para que el ser humano logre, en cierta forma, el equilibrio, el lograr combinar lo centrífugo con lo centrípeto. Para entenderlo mejor, veamos este fragmento en el cual Carmelo le explica a Regina que:

— Los centrífugos buscan nuevos conocidos, adoran los diálogos sobre otros países y otras culturas, quieren enriquecerse, escapan hacia fuera… […] —Los centrípetos prefieren lo contrario, lo que les es familiar y conocido […] El centrípeto huye hacia adentro: allí se siente tibio, seguro, sabroso… (Samper Pizano, 52-53)

Conseguir mirar hacia fuera pero a la vez hacia adentro viene a convertirse en una especie de estado ideal. Entender que no se trata de mirar hacia un solo punto, sino que se hace necesario reconocer que existen infinidad de miradas, es uno de los elementos aglutinantes del texto. Cuando la burbuja se rompe el hombre reconoce su condición, su lugar en el mundo; el problema radica en que el poder es asumido por hombres que prefieren no hacer caso a esos otros puntos de vista, son centrífugos en cuanto a que escapan hacia fuera -interpretando el papel que les conviene- olvidando a su pueblo, y cuando son centrípetos lo hacen para huir hacia adentro suyo y no hacia adentro de su país, solo se escuchan a sí mismos, distorsionan las ideas y rompen el equilibrio. La novela, sin duda, nos habla de ese marcado desequilibrio, de una Latinoamérica con muchas voces pero con pocos oídos.

 

Postales finales de un largo viaje

Impávido coloso es una de esas novelas con muchos elementos por descubrir, que muestra una forma narrativa congruente con las nuevas tendencias, en cuanto a que es uno de esos textos que, “indaga sobre la condición de desarraigo y nostalgia del hombre contemporáneo. Los espacios frecuentemente urbanos, muestran una sociedad congestionada donde el individuo se encuentra alienado y perseguido (Robledo, Osorio y Jaramillo, 59). Y es que el hecho de que el elemento de la ciudad sea el marco en el cual ocurren los hechos narrados, da cuenta de la preocupación del autor por ese espacio en el cual se desarrollan infinidad de historias que encierran muchos aspectos relacionados con la problemática del hombre actual.

No se pueden dejar de lado los tintes humorísticos que a veces se mezclan con la gravedad de las pequeñas tragedias individuales, como por ejemplo el ya narrado pasaje en el cual las maletas de Nicanor Jiménez se abren cayendo al piso -y ante muchísimos testigos- los frasquitos de champú de los hoteles, las toallas, etc. Aspectos como este logran imprimirle a la narración un toque agridulce, que a la vez que hace reír al espectador logra conmoverlo.

El lenguaje utilizado por el autor es focalizado, en cuanto a que este “forma la perspectiva y la cosmovisión” (Bal, 127) dentro de la narración. Es decir, los lineamientos utilizados en cuanto a este elemento no se salen de un curso natural dentro de la novela, lo que implica verosimilitud y dinamismo. Se destacan, igualmente, los diálogos, ya que no cansan al lector y son precisos y profundos; los personajes se expresan con palabras que indudablemente tienen que ver con el lenguaje cotidiano, lo que le genera al lector una cierta familiaridad frente a lo que se le narra.

Resulta interesante además la forma en que se cuenta la novela a partir de un hecho histórico que logra actualizarse. Esto tiene que ver con el empleo de expresiones que se hacen comunes hacia finales del siglo XX y comienzos del XXI, donde se hace memoria del pasado histórico, social y cultural y se trata de armonizar lo que se encuentra separado. Y es que literatura de este tipo permite constatar, que propuestas relacionadas con la novela histórica quieren acercarse a una revisión de la conciencia íntima de los pueblos, a un mirar hacia atrás para comprender y entender el pasado y los acontecimientos que lo han enmarcado. Por tal razón, la novela puede verse como una denuncia social acerca de hechos políticos y militares que han señalado el camino no sólo de un Brasil sino también de una Latinoamérica contemporánea.

Impávido coloso es una novela digna de leerse despojándose de cualquier prejuicio. Su tono logra enamorar al lector, conduciéndolo con eficacia por los caminos donde se cruzan muchas de las mejores y las peores pasiones del hombre, pero siempre con ese dejo esperanzador que aún desde el epígrafe se presiente:

O amor será eterno novamente
E o juízo final
A historia do bem e do mal
Quero ter olhos para ver
A maldade desaparecer.
        (Nelson Cavaquinho-Elcio Soares)

(El amor será eterno nuevamente
es el juicio final
La historia del bien y del mal
quiero tener ojos para ver
desaparecer la maldad)

 

Bibliografía

1. Colín, José Juan. "Para no desperdiciar mi vida sin escribir". Entrevista con Sergio Ramírez. En: Revista Letras Hispanas-Universidad de Nevada, Las Vegas. Vol.2, 2005.
http://letrashispanas.unlv.edu/Vol2/EntrevistaSergioR.htm

2. Anderson Imbert, Enrique. “Formas en la novela contemporánea”. En: Lectura crítica de la literatura americana. Vanguardias y tomas de posesión. Selección, prólogo y notas de Saúl Sosnowski. Caracas: Ayacucho, 1997.

3. Bajtín, Mijail. Estética de la creación verbal. Madrid: Siglo XXI Editores, 1998.

4. Bal, Mieke. Teoría de la narrativa. Barcelona: Cátedra, 1990.

5. Giraldo, Luz Mary. “Narrativa colombiana de fin de siglo: entre la utopía y el vacío (1970-1996)”. En: Crítica y ficción. Bogotá: Magisterio, 1998.

6. Kundera, Milán. El arte de la novela. Barcelona: Tusquets, 1987.

7. Parra Sandoval, Rodrigo. La profecía de Flaubert. En: Crítica y ficción. Bogotá: Magisterio, 1998.

8. Robledo, Ángela; Osorio, Betty; y Jaramillo, María Mercedes. “Estudio preliminar”. En: Literatura y cultura narrativa colombiana del siglo XX Tomo I. La nación moderna. Identidad. Bogotá: Ministerio de Cultura, 2000.

9. Sánchez Jiménez, Francisco. “El espejismo del logógrafo”. En: Crítica y ficción. Bogotá: Magisterio, 1998.

10. Samper Pizano, Daniel. Impávido coloso. Bogotá: Alfaguara, 2003.

 

© John J. Junieles 2007

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero35/dsamper.html